En los partidos, la discapacidad no existe: Wendy García
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En los partidos,
la discapacidad no existe: Wendy García

Tiene 31 años y desde hace 14 integra la selección nacional femenil de basqutebol de silla de ruedas. Es una de las cartas fuertes para Londres 2012.
Por Erika Flores
28 de agosto, 2012
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Wendy García cree firmemente que el deporte la eligió a ella y no al revés. Por eso asegura que cuando juega  basquetbol lo hace de manera tan natural, que es como si siempre lo hubiera practicado; y que en los partidos la palabra discapacidad no existe. “Sólo por la silla de ruedas lo soy, tengo 31 años y desde hace catorce integro la Sección Nacional del equipo de basquetbol paralímpico femenino” dice.

Aunque no lo recuerda, esta atleta chilanga sí caminó durante nueve meses. Fue antes del accidente automovilístico que tuvo al año y medio de edad; por eso quedó paralítica. Pero no extraña haberlo hecho pues sus recuerdos inician con la mecedora en que vivió desde los dos años. De niña, su único acercamiento al deporte fue en la materia de educación física que para ella se redujo a tareas y trabajos manuales.

A los catorce años, Wendy quiso sacar su energía a través de la natación. Fue al deportivo de la Clínica 23 en San Juan de Aragón y ahí vio que un grupo de personas jugaba básquetbol en silla de ruedas. Tres cosas la sorprendieron: que no era la única discapacitada, que otros estaban en condiciones más difíciles que la suya y que el juego era rudo. En ese momento cambió su elección inicial y se integró a una vida  independiente, deportiva, que le permitió empoderarse como mujer y atleta.

Primero cambió la silla ortopédica tradicional por otra moderna más ligera y flexible; luego aprendió a desplazarse en ésta y a jugar en las sillas deportivas que son más anchas en la parte baja; después empezó a disfrutar de la combinación de estrategia, adrenalina y coraje en cada partido. “Aquí no hay de ¡ay me duele, me pegaste! Aquí es te caes, te levantas; te pegan, pues medio te sobas y le sigues porque eso es parte del juego; fue emocionante ver cómo todos se movían sin problema. Al principio me caí mil veces y me dije que aprendería aunque me cayera mil 500 más. Hice mis pininos y tres años después a los 17, ya estaba seleccionada”. Un año después, en Sydney, era atleta paralímpica.

¿Pobrecita?

El maquillaje de Wendy es suave y deja lucir sus ojos grandes; su cabello ondulado está recogido en una coleta que deja ver el pequeño tatuaje de su nuca: una combinación de flores en diversos tonos pastel. Su silla personal es color negro y se desplaza con naturalidad por las instalaciones del Centro Paralímpico Mexicano; delante de sí empuja la silla deportiva. En sus piernas carga Blackberry, llaves y botella de agua. A nadie sorprende que en un dos por tres se cambie sola de una silla a otra o bien suba a su auto y maneje como lo hace cualquiera. Sólo requiere apoyo para subir ambas en la cajuela del coche.

Nadie imaginaría que en la primaria y secundaria requería del empujón de sus amigos para subir o bajar de piso hasta llegar al salón de clases. Tenía que ser así porque los profesores le decían que era muy complicado cambiar al grupo a un salón en la planta baja; por eso, regularmente, se perdía de los recreos escolares para así evitar las escaleras.

Ese fue uno de sus mayores logros, explica con franqueza, adaptarse a una vida que le era complicada. Por eso decidió enfrentar las escaleras, tratar con personas que no creían en su capacidad, vencer prejuicios, sobreprotección, lástima o el calificativo de ‘pobrecita’ que ella se encargó de borrar.

En el baloncesto Wendy puede jugar como ‘core’ (movedor) y/o ala; este deporte le permitió acceder al resto del mundo pues después de Sydney participó en los Juegos de Atenas 2004 y Beijing 2008.

En los últimos dos años, el equipo obtuvo el segundo lugar en la Copa Mundial de Birmingham (Inglaterra), el sexto a nivel  mundial y el quinto en los Juegos Parapanamericanos de Guadalajara. Del 11 al 22 de agosto acudió a un campamento de entrenamiento en Holanda y el día 23 llegó a Londres.

Todo el equipo practica tres veces al día y lleva una rutina específica de pesas y tácticas en cancha. Wendy adelanta el objetivo que se plantearon en estos paralímpicos mundiales “desplazar al equipo alemán considerado el mejor del mundo así como a los equipos Chino y Australiano que tienen muy buen nivel. Queremos calificar en una buena posición, mejorar el noveno lugar que obtuvimos el Beijín y de ser posible traer una medalla. Es complicado porque el nivel de competencia lo es, pero no imposible”.

A nivel individual esta basquetbolista también logró un papel destacado. En la Copa América (2004) fue seleccionada como parte del ‘Dream Team’ en su género y ha ocupado los primeros lugares dentro del Club Jalisco, al que pertenece. Sin embargo la profesión deportiva no impidió que concluyera la carrera de psicología, misma que ejerce dentro de la Federación de Deportistas en sillas de ruedas.

¡Véanos!

“Todos saben que tenemos mejores resultados que los deportistas convencionales, pero irónicamente somos los menos apoyados; nuestro deporte no se remunera como debe ser” señala la atleta y enlista sus argumentos: sus becas mensuales ascienden a casi diez mil pesos, mientras que las de un deportista no discapacitado son mucho mayores que eso; carecen de un buen presupuesto que permita al equipo tener más salidas nacionales o extranjeras para jugar con otros rivales; y además no tienen un equipo multidisciplinario (médico y masajista) que viaje con ellos. “Sería increíble que México llegara al nivel de otros países donde el atleta se dedica exclusivamente a entrenar porque ese es su trabajo, sin preocuparse por si le cortarán la luz por falta de pago” subrayó.

Dice que con la publicidad ocurre lo mismo porque aunque los patrocinadores reconocen que los atletas paralímpicos son increíbles también afirman que no dan ‘imagen’. Por eso esta basquetbolista califica dicha actitud como discriminatoria, en el contexto de una sociedad donde no hay cultura para mirar la valía de los discapacitados.

Wendy ha viajado a más de quince países y a su regreso de Londres empezará a considerar la posibilidad de retirarse porque le gustaría embarazarse, hacer una maestría y seguir compaginando ambas carreras de manera más relajada. En un balance final de su vida asegura que las cosas pasan por algo. “Cualquiera puede ser triunfador. El secreto es no verte vencido aunque tengas el marcador en contra; el partido no acaba hasta que pitan, pero si te vences antes se acabó en ese momento”.

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Las 2 causas científicas por las que se cayeron las Torres Gemelas tras el impacto de los aviones el 11 de septiembre de 2001

El violento choque de dos aviones contra los edificios más altos de Nueva York fue el comienzo de una secuencia de horror que redujo a escombros los emblemáticos colosos de acero y concreto.
7 de septiembre, 2021
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MITEl 11 de septiembre de 2001 dos aviones Boeing 767 embistieron las Torres Gemelas, que con sus 110 pisos eran los edificios más altos de Nueva York.

El primer avión chocó contra la torre norte a las 8:45 de la mañana. El edificio ardió durante 102 minutos y luego, a las 10:28 a.m. se derrumbó en solo 11 segundos.

Dieciocho minutos después del primer choque, a las 9:03 a.m., el segundo avión impactó la torre sur. El rascacielos resistió en llamas durante 56 minutos, tras lo cual, a las 9:59 a.m., colapsó en 9 segundos.

“Luego del increíble sonido del edificio colapsando, en pocos segundos todo se volvió más oscuro que la noche, sin sonido, y no podía respirar”, recuerda Bruno Dellinger, un sobreviviente que trabajaba en el piso 47 de la torre norte.

“Estaba convencido de que estaba muerto, porque el cerebro no alcanza a procesar algo como esto”, dice Dellinger en su testimonio compartido por el Museo y Monumento Conmemorativo del 11 de septiembre en Nueva York.

Trayectoria aviones

BBC

El saldo fueron 2.606 personas muertas.

Torres Gemelas

Getty
Las torres resistieron varios minutos antes de venirse abajo.

¿Por qué se cayeron las torres?

“La respuesta aceptada por toda la gente seria es que las torres se vinieron abajo porque fueron objeto de un ataque terrorista“, le dice a BBC Mundo el ingeniero civil Eduardo Kausel, profesor emérito en el Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Justo después de los ataques, Kausel fue el líder de una serie de estudios y publicaciones en las que expertos del MIT analizaron las causas de los derrumbes desde el punto de vista estructural, de ingeniería y arquitectónico.

La respuesta de Kausel encierra una serie de fenómenos físicos y químicos que desataron una catástrofe que nadie, para ese entonces, era capaz de imaginar.

Combinación fatal

Los estudios del MIT, que se publicaron en 2002, coinciden en gran parte con los hallazgos del reporte que el gobierno de Estados Unidos le encargó al Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST, por sus siglas en inglés) para averiguar por qué se cayeron las torres, y cuya versión final se publicó en 2008.

Torres Gemelas

Getty
En 2001 las Torres Gemelas eran los edificios más altos de Nueva York.

Tanto el MIT como el NIST concluyen que las torres se derrumbaron debido, principalmente, a la combinación de dos factores:

• El severo daño estructural que causaron los choques de los aviones en cada edificio

• La cadena de incendios que se expandieron a lo largo de varios pisos

“Si no hubiese habido incendio, los edificios no se habrían derrumbado”, dice Kausel.

“Y si hubiese habido únicamente incendio, sin el daño estructural, tampoco se habrían venido abajo”.

“Las torres tenían mucha resistencia”, dice el ingeniero.

El informe del NIST, por su parte, afirma que existen documentos oficiales que indican que las torres estaban diseñadas para soportar el impacto de un avión Boeing 707, que era la aeronave comercial más grande que existía al momento de ser diseñadas.

Torres Gemelas

Getty
Las torres quedaron reducidas a escombros.

Los investigadores del NIST, sin embargo, advierten que no encontraron información sobre los criterios y los métodos que se utilizaron para llegar a esa conclusión.

Lo que sí está claro es que, juntos, el impacto y el incendio, produjeron un desenlace fulminante: el colapso de ambas torres.

Cómo estaban construidas las torres

Las Torres Gemelas tenían un diseño que era estándar en la década de los 60, cuando comenzaron a ser construidas.

Cada edificio tenía en el centro un núcleo vertical de acero y hormigón, que albergaba los ascensores y las escaleras.

Cada piso se formaba con una serie de vigas de acero (horizontales) que partían desde ese núcleo y se conectaban con columnas de acero (verticales) para formar las paredes exteriores del edificio.

El entramado de vigas distribuía el peso de cada piso hacia las columnas, mientras que cada piso, a su vez, servía como un soporte lateral que evitaba que las columnas se torcieran, lo que en ingeniería civil se conoce como pandeo.

Torres Gemelas

Getty
Las torres tenían una columna central a partir de la cual salían las vigas que se conectaban con las columnas exteriores.

Toda la estructura de acero estaba recubierta por hormigón, que funcionaba como un protector de vigas y columnas en caso de incendio.

Las vigas y las columnas, además, estaban recubiertas por una delgada capa aislante a prueba de fuego.

Impacto, fuego y aire

Ambas torres fueron golpeadas por modelos distintos de aviones Boeing 767, que son más grandes que un Boeing 707.

El impacto, según el informe del NIST, “dañó severamente” las columnas y desprendió el aislamiento contraincendios que recubría el entramado de vigas y columnas de acero.

“La vibración del choque hizo que el recubrimiento antifuego del acero se fracturara, con lo cual las vigas quedaron más expuestas al fuego“, explica Kausel.

Así, el daño estructural le abrió camino a las llamas, que a su vez iban causando más daño estructural.

Torres Gemelas

Getty
Gran parte del combustible se quemó durante la bola de fuego que se produjo al momento del impactó de los aviones.

Mientras eso ocurría, las temperaturas, que llegaban a los 1.000 °C, hacían que los vidrios de las ventanas se dilataran y se rompieran, con lo cual entraba aire que servía de alimento al fuego.

“El fuego se autoalimentó de aire y por eso se propagó“, dice Kausel.

“Bombas voladoras”

Los datos oficiales estiman que cada avión cargaba cerca de 10.000 galones de combustible (más de 37.850 litros).

“Eran bombas voladoras”, dice Kausel.

Gran parte de ese combustible se quemó durante la bola de fuego que se formó en el momento del impacto, pero también hubo mucho combustible que se derramó a los pisos inferiores de las torres.

Eso hizo que el fuego se expandiera, encontrando a su paso varios objetos inflamables que le permitían seguir avanzando.

Torres Gemelas

Getty
El fuego causó daños severos a las columnas de las torres.

Ese incendio descontrolado tuvo dos efectos principales, explica el ingeniero del MIT.

Primero, el intenso calor hizo que se dilataran las vigas y las losas de cada piso. Esto causó que las losas se separaran de sus vigas.

Además, la dilatación de las vigas también empujó las columnas hacia afuera.

Pero luego hubo un segundo efecto.

Las llamas comenzaron a ablandar el acero de las vigas, volviéndolas maleables.

Eso hizo que lo que antes eran estructuras rígidas, ahora parecieran cuerdas que al arquearse comenzaron a impulsar hacia adentro las columnas a las que estaban unidas.

“Eso fue fatal para las torres”, señala Kausel.

Colapso

En ese momento ya estaban todos los ingredientes para desencadenar el colapso.

Torres Gemelas

Getty
El calor del fuego dilató las vigas, que a su vez empujaron las columnas.

Las columnas ya no estaban totalmente verticales, debido a que las vigas primero las empujaron hacia afuera y luego las halaron hacia adentro, así que comenzaron a pandear.

Así, según el informe del NIST, las columnas iniciaron el colapso arqueándose, mientras las vigas a las que estaban conectadas tiraban de ellas hacia adentro.

El análisis de Kausel, por su parte, añade que, en alguno casos, las vigas halaron tan fuerte de las columnas que destrozaron los pernos que las ataban a las columnas, lo que causó que estos suelos se derrumbasen y los escombros fueran causando sobrepeso en los pisos inferiores.

Esto produjo un estrés adicional a la capacidad de las ya debilitadas columnas.

El resultado fue una caída en cascada.

Torres Gemelas

Getty
Las paredes se derrumbaron “como quien pela un banano”.

Una vez que el edificio entró en caída libre, explica Kausel, el colapso expulsó progresivamente el aire que había entre los pisos, lo que causó un viento fuerte hacia la periferia.

Esto hizo que el derrumbe quedase envuelto en una nube de polvo, y que las paredes externas se derrumbasen hacia afuera, como quien pela un banano, dice el experto.

Ambos edificios se esfumaron en cuestión de segundos, pero el fuego entre los escombros siguió ardiendo durante 100 días.

Veinte años después, el horror y el dolor que causaron los atentados aún no se apagan.


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