Hidalgo, Pino Suárez y Pantitlán, las más peligrosas bajo tierra
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Hidalgo, Pino Suárez y Pantitlán, las más peligrosas bajo tierra

Entre 2008 y el primer semestre de 2011, en la red conformada por 175 estaciones fueron denunciados mil 239 casos de abuso sexual
Por Gabriela Gutiérrez M.
5 de agosto, 2012
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Metro de la Ciudad de México. Foto: Cuartoscuro.

Las estaciones más peligrosas del Metro de la Ciudad de México son Hidalgo (con transbordo entre líneas 2 y 3), Pino Suárez (con transbordo entre líneas 1 y 2) y Pantitlán (donde convergen líneas 1, 5, 9 y A).

La estadística oficial, obtenida a través de mecanismos de transparencia, señala que entre 2008 y el primer semestre de 2011, en la red conformada por 175 estaciones fueron denunciados mil 239 casos de abuso sexual, con mil 283 probables responsables detenidos, lo que indica que, en la mayoría de los casos, los ofensores sexuales actúan solos. La estación con mayor incidencia en este rubro fue Hidalgo, con 144 actos reportados en el periodo; seguida por Pino Suárez, con 82, y Pantitlán, con 65.

El liderazgo delincuencial de las tres estaciones se repitió en materia de robo, delito por el cual fueron denunciados en el mismo periodo mil 56 probables actos ilícitos y detenidas mil 254 personas relacionadas con ellos. Las posiciones entre las tres estaciones variaron ligeramente de la siguiente manera: en primer lugar Pantitlán, con 110 reportes; después Hidalgo, con 79, y Pino Suárez, con 55.

Francisco Bojórquez, Director del Metro, señala que la tendencia delictiva al interior del sistema de transporte ha ido a la baja desde que se implementó el sistema de videovigilancia: “Cuando empezamos a operar con el sistema (2009) llegamos a detectar a 16 bandas delictivas. Ahorita ya no hay bandas, las que operan son células de dos personas o individualmente”.

Sobre el comportamiento de los grupos delincuenciales, Bojorquez señala: “Los delincuentes respetan sus zonas. Si el día de ayer un delincuente robó a un usuario, ponle que en unos días no regrese, pero va a regresar porque esa es su zona de trabajo. Incluso tienen horarios”.

El Big Brother subterráneo

Actualmente se encuentran instaladas cinco mil 300 cámaras de video al interior de las estaciones del Metro. Mil 900 de ellas dentro de vagones de las líneas 1 (Pantitlán-Observatorio) y 2 (Cuatro Caminos-Tasqueña), en fase de prueba.

El objetivo del Gobierno del Distrito Federal (GDF) al poner en marcha este sistema de videovigilancia fue el de inhibir los delitos; sin embargo, Gabriel Regino, experto en seguridad y ex subsecretario de Seguridad Pública del DF, difiere, pues asegura que las cámaras no deben ser vistas como un sistema inhibidor del delito, sino reactivo para la identificación e investigación de la comisión de los mismos: “no son inhibidoras de la conducta delictiva, sino coadyuvantes para la detención, investigación y detección de personas que están cometiendo delitos”.

En cuanto a recursos humanos, cuatro mil 180 elementos de seguridad (980 vigilantes adscritos al Metro y tres mil 200 elementos de la Policía Auxiliar, Bancaría y del Estado de México) velan por la seguridad de 4.5 millones de usuarios al día, es decir, un guardia por más de mil usuarios, promedio.

Bojórquez Hernández asevera que al actual sistema aún falta por sumar: “dos mil policías más; cámaras de vigilancia en vagones; y 320 binomios de detectores de metales y revisión de rayos X, para asegurar los 350 accesos a todas las estaciones (actualmente sólo se cuentan con 30)”.

El Metro del DF, catalogado entre los más seguros de América Latina, basa su resultado en la estadística oficial, la cual no refleja la comisión real de delitos, toda vez que la mayoría de estos no son reportados debido a las dificultades para poder reportarlos ante las autoridades.

Y para aquellos pocos que sí reportan los delitos, el viacrucis apenas comienza. Una vez que el probable ofensor es detenido, los vigilantes o policías solicitan el apoyo de una patrulla para trasladarlo a la agencia de Ministerio Público más cercana, a donde la víctima tendrá que dirigirse por sus propios medios. Sin embargo, el apoyo policíaco puede tardar horas, lapso en el que algunos ofendidos desisten.

Raúl N., vigilante del Metro desde hace 16 años, asegura que ha visto a las víctimas de algún robo o abuso sexual pasar del encono, a la angustia, a la desolación y finalmente al abandono del caso, antes de encontrar los medios para transportar al presunto delincuente: “He visto casos de tres hasta ocho horas. Las personas están en el Metro porque se dirigen a un lado que los esperan, al trabajo o a su casa. Son muy pocas las que se esperan. Y si no hay denunciante, no podemos retenerlos”.

En este sentido, se busca que el sistema de videovigilancia también incentive la denuncia, pues se cuenta con más probabilidades de ubicar y detener al presunto delincuente, por lo que Bojórquez Hernández señala: “Si alguien tiene una queja o quiere presentar una denuncia, le preguntamos en qué estación, a qué hora y podemos ver lo que quedó grabado y con eso recuperar la imagen. (Los videos) quedan grabados por siete días. A partir del octavo se borra la información… La información en video le sirve a la Procuraduría para iniciar su investigación”.

Siete días quedan guardados los videos tomados por las cámaras de seguridad del Metro y es el tiempo del que disponen los usuarios víctimas de algún delito para solicitar ver las imágenes y proceder a denunciar.

Comparativo internacional

Aquí la cifra de robos en la Comunidad de Metros (Comet), que integra a los metros de Beijing, Berlin, Guangzhou, Hong Kong, Londres, Madrid, Moscú, Nueva York, París, Santiago, Shanghai, Sao Paulo, Taipei y la Ciudad de México.

ROBOS X CADA 100 MIL USUARIOS

Londres                  0.626
Madrid                  0.224
Shangai                  0.105
Nueva York                  0.078
Moscú                  0.060
Hong Kong                  0.057
México                  0.029
Beijing                  0.026
París                  0.005

 

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'Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga'

Mike Nicolás Durán es el primer colombiano en ser reconocido como persona trans en el registro civil. Aunque su lucha aún no termina, porque le falta la cédula, el caso se ha convertido en un paradigma para esta comunidad en el país.
22 de octubre, 2021
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Mike Nicolás Durán, un jovial bogotano de 30 años que vive en Medellín, fue el primer colombiano en ser identificado como una persona transexual en el registro civil.

Tras una odisea legal de dos años que contó con la asesoría de Alejandro Diez y Manuela Gómez, abogados del grupo de sexualidad diversa del consultorio jurídico de la universidad EAFIT, el 7 de mayo de este año Mike celebró la T en la inscripción como quien se ganó la lotería.

Ahora, sin embargo, está en vísperas de saber si ganó su última batalla: que su cédula también lo identifique con una T.

“Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga para que se respete mi integridad y mi dignidad”, le dice a BBC Mundo.

El género trans en los documentos de identidad ya existe en países como Chile, México y Argentina. “Pero en Colombia, que es el país donde te piden la cédula para todo, estaba pendiente”, dice Durán.

Juli Salamanca, de la fundación Red Comunitaria Trans, celebra el caso de Mike como “un triunfo político para el movimiento trans, un paso hacia la igualdad de derechos”, pero añade que “el reto es pasar de lo simbólico a lo material, porque su implementación (para todos y todas) será una prueba para las instituciones”.

Mike Nicolás dedicó dos años a llamar, mandar cartas y radicar documentos; interpuso dos acciones legales —conocidas como tutelas— que debió impugnar e insistió de todas las formas posibles para que le reconocieran su género no binario en los documentos de identidad.

Él sabe que la lucha no es solo por su propio bien.

Mike Nicolás Durán

BBC
Mike Nicolás Durán en entrevista por Zoom con BBC Mundo.

En Colombia piden cédula para todo, desde para entrar a un edificio hasta a un banco.

Y yo, cada vez que voy a un banco, llego con el miedo de si me van a atender o no, porque cada vez que yo muestro mi cédula, la gente me mira como un bicho raro, (como pensando): “Acá dice que es mujer, pero usted parece un hombre.

Entonces sí o sí tienes que cambiar de cédula cuando haces una transición de género.

Porque, en mi caso, colocar una M tampoco está bien, porque si un policía me quiere requisar, por ejemplo, tengo que soportar que toque mis genitales.

Entonces, para proteger mi integridad y dignidad, una M o una F en la cédula no sirve: necesito la T.

Uno nunca termina de conocerse: cada día vas aprendiendo cosas nuevas. Y al irme conociendo me di cuenta que los no binarios existen, que tú puedes ser hombre con cuerpo de mujer o mujer con cuerpo de hombre sin tener que tomar hormonas o tomando.

Es decir: no hay una forma correcta de ser o no ser, porque la diversidad es algo que no se puede encerrar en un solo círculo.

Así fue como me di cuenta de que, si la ciencia me reconoce como persona trans, ¿por qué el Estado no lo hace?


Un decreto de 2015 les dio a las personas trans la posibilidad de cambiar la referencia a su género en sus documentos, pero las trabas en el proceso burocrático han impedido que la ley se cumpla.

Además, la T no estaba tipificada en el sistema de la Registraduría Nacional del Estado Civil y, en el caso de Mike, varias veces les dijeron a los abogados que no podían cambiar todo un sistema de registro nacional por una sola persona.

“Tenemos que continuar haciendo una veeduría para que las instituciones reconozcan las implicaciones de la T en el registro de nacimiento en áreas como la salud, educación, el servicio militar, entre otras”, dice Salamanca, la activista trans.


Algo que me gusta de mí ahora es mi voz, porque no es tan femenina ni tan masculina. A veces es un poco más lo uno y a veces más lo otro. Esa es la diversidad que a mí me gusta y me representa.

Para nosotros no hay nada más importante que nos reconozcan e identifiquen tal y como somos: no como hombres que ahora son mujeres o mujeres que ahora son hombres, sino como personas trans, punto.


Mike nació en Bogotá bajo el nombre de Eliana Mayerli. Allí tuvo a su primer hijo a los 15 años, luego tuvo otros dos y pasó 11 años con el padre de ellos.

Desde niño ha tenido una enfermedad cerebral y otra en los ojos. Y cuenta que fue por eso, además de por su proceso de transición de género, que dejó el trabajo al que se dedicó por una década: la vigilancia.

Hoy estudia inglés con una beca con la intención de irse a vivir a Canadá y tiene esposa: Linda María Cáceres, una estilista a la conoció casi al tiempo que empezó a tomar hormonas, en 2019.

Cáceres, así como los abogados de EAFIT, ha sido un acompañamiento clave en todo el proceso y le ha insistido en seguir luchando por sus derechos a pesar de todos los obstáculos legales y de salud.


Estuve 11 años viviendo una vida que quizás no quería, porque estaba ocultando mi propia identidad, hasta el punto de que explotó y la depresión me empezó a ganar. Llegué a pensar que me quería suicidar.

Eso, pensé, les podía generar problemas a mis hijos, y por eso hace siete años tomé la decisión de irme para Medellín.

Apenas llegué acá salí como lesbiana. La gente me dejó de llamar Eliana y apareció una nueva persona que se llamaba Mayerli.

Pero a medida que pasó el tiempo me di cuenta de que me gustaba más lo masculino, un estilo más brusquito, más de niño.

Y mi pareja de ese momento, una mujer, me decía que no me cortara el cabello. Pero sobrepuse el amor propio, me corté el cabello y empecé una nueva vida con el nombre de Mike Nicolás.

Cuando les quise contar a mis hijos de mi transición y la posibilidad de hacerme las cirugías, el mayor me dijo que él ya sabía que yo quería ser hombre. Me dijo que era normal, porque toda la gente cambia.

Eso fue el impulso más importante para tomar la decisión de cambiar.


Por la histerectomía —una cirugía para extirpar el útero— y una mastectomía con la que se le removió el tejido mamario, Durán no pagó un peso, gracias a que son tratamientos incluidos en el paquete de su prestador de salud.

En Colombia, así como en varios países de América Latina, la ley exige a las entidades de salud pública brindar el servicio de cambio de sexo, incluyendo el tratamiento hormonal.

Mike, a pesar de haber tenido que pelear contra la burocracia, logró hacer su transición en apenas un par de años y sin tener que pagar.


La presión social por mantener mi vida como era fue muy fuerte: me decían que era bonita, que lo mío era un problema psiquiátrico, que estaba poseída, que esto era una obra de satanás.

Me han dicho tantas cosas, que si yo fuera débil, me habría hecho daño a mí mismo o me habría echado para atrás. Yo digo que por eso es que muchos trans se suicidan.

Pero al final yo fui cogiéndole gusto, un sabor, a que la gente me mirara como el raro en la calle, porque me siento original, me siento diferente.

Ya no tengo problema con que me digan que estoy loco, que estoy endemoniado, porque esa es la forma de que la gente se eduque y entienda que los trans somos parte de la sociedad.


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https://www.youtube.com/watch?v=eeU0dpGZPZ8

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