Holtville, cementerio del inmigrante desconocido
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Holtville, cementerio del inmigrante desconocido

El cementerio de Holtville tiene cientos de tumbas que pertenecen a personas desconocidas, en las cuales se presume hay migrantes indocumentados que fracasaron en sus intentos de cruzar la frontera entre México y Estados Unidos.
22 de agosto, 2012
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Son 50 hileras de huecos mal cavados, rellenos luego con una tierra seca y polvorienta que no conoce pasto: tumbas sin lápidas, marcadas cada una con un ladrillo marrón y un nombre repetido, “John Doe” o “Jane Doe”.

Así clasifican los estadounidenses a los muertos no identificados y el cementerio de Holtville los tiene en abundancia: la mitad de casi 700 tumbas pertenecen a personas desconocidas, la mayoría de las cuales se presume fueron migrantes indocumentados que fracasaron en sus intentos de cruzar la frontera entre México y Estados Unidos, a menos de 15 kilómetros de aquí.

Los peritajes forenses no alcanzan para devolverles la identidad: no están registrados en las bases de datos de las autoridades estadounidenses y a veces ni siquiera sus familias los buscan. Los presumen vivos en el país al que viajaron persiguiendo el “sueño americano”.

Pero allí están, en tumbas que paga el estado, obligado por ley a dar entierro a quienes no pueden costearlo. Tumbas que nadie visita.

“Las familias no tienen dinero ni saben dónde están. Por eso ni servicio (religioso) se les hace”, dice el cuidador Martín Sánchez, un mexicano de piel ajada por el sol tras 27 años de rastrillar tierra sobre los ataúdes.

Aunque no existen cifras certeras, se estima que entre 180 y 280 personas mueren cada año intentando entrar a Estados Unidos por el sur. Y aunque el flujo migratorio está en baja, el número de decesos se ha mantenido constante.

“Es que la travesía se ha vuelto más peligrosa. Hay más agentes, la presencia del narcotráfico ha incrementado la violencia y hay también muchos que se aventuran por terrenos más inhóspitos por creerlos menos controlados”, dice a BBC Mundo Enrique Morones, director de la organización pro-inmigrante Ángeles de la Frontera.

“No olvidados”

Los entierros de NN (no name, sin nombre) en Holtville, en medio del desértico Valle Imperial de California, comenzaron a mediados de los ’90, cuando quedó chico otro camposanto vecino al tiempo que comenzó a aumentar el número de cuerpos.

Coincidió con la Operación Gatekeeper, establecida durante el gobierno de Bill Clinton para detener los ingresos no autorizados, así como con la construcción de la valla divisoria.

Desde 1993, la frontera se ha cobrado al menos 3.800 vidas, según las cifras más conservadoras; algunas organizaciones –como la Coalición de Derechos Humanos de Tucson- hablan de más de 6.000. De ellos, unos mil están sepultados sin nombre.

Cada mes, el activista Morones viaja a Holtville con un grupo de estudiantes secundarios para “mantener viva la memoria”.

“Estos cientos de seres humanos todavía no descansan en paz. Ni servicio digno, ni pasto tienen, ni familias enteradas de que han muerto. Esto es una crisis humanitaria, aquí mismo dentro de Estados Unidos”, opina Morones, mientras sus alumnos clavan cruces de madera pintadas en colores chillones con una inscripción: “No Olvidados”.

Aquí, dice Morones, está el mayor cementerio de NNs civiles de Estados Unidos, detrás del de Arlington, que es de carácter militar y alberga a soldados desconocidos.

Paradójicamente, los cuerpos que llegan son cada vez menos: sólo 2 fueron sepultados en el último año. Por cuestiones de costos, la Oficina Pública se inclina cada vez más por la cremación de los no identificados, con lo que se ahorran unos US$1.000 por cada lote de tierra en Holtville.

Desierto vigilado

A esta altura de la frontera californiana, el desierto blanco donde el termómetro marca 50 grados centígrados parece tierra de nadie.

Apenas unas matas achaparradas, ondulaciones leves del terreno y una montaña que llaman El Centinela. Del otro lado, México. Aquí no hay muro elevado, sino unas estructuras de hierro clavadas en la arena para impedir el cruce de vehículos.

Cualquier podría pasar caminando entre las vallas, sin siquiera torcer el cuerpo de lado. Pero la geografía engaña: unas cuarenta cámaras de seguridad y más de 1.200 agentes de la Patrulla Fronteriza vigilan noche y día un tramo de apenas 55 kilómetros de límite binacional.

Los arrestos aquí no son noticia, son unos 100 diarios. 33.000 en 2011, una décima parte del total reportado por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, en inglés), la mayoría en el vecino estado de Arizona.

“Tenemos más cercas, más sensores de movimiento, cámaras infrarrojas portátiles y otras en las torres, más equipo… de todo, pues, para hacer detenciones en cuestión de minutos”, asegura el agente supervisor Adrián Corona.

Los oficiales son, también, quienes muchas veces encuentran los cuerpos de migrantes fallecidos.

“Nadie puede sobrevivir en este calor por más de dos horas, sobre todo en verano. Las condiciones son extremas, pero eso no detiene a la gente”, señala Corona a BBC Mundo.

La mayoría perece por deshidratación aguda. Otros, heridos o enfermos, son abandonados por el grupo, generalmente liderado por un “coyote” a quien los migrantes pagan para asistirlos en el cruce.

Algunos resultan víctimas de la violencia adjudicada al narcotráfico, e incluso sobre la Patrulla pesan acusaciones de abusos: hace unos días, un mexicano fue presuntamente baleado por un oficial de Texas, en un episodio que está siendo investigado.

Pero las estadísticas señalan que, después del calor, es el agua la que más mata: un tercio de los decesos en este sector ocurren en el Canal All-American, construido en los años ‘30 para irrigar el Valle Imperial, que corre paralelo a la frontera y tiene 75 metros de ancho.

“El agua se mueve mucho más rápido de lo que parece. Se ve fácil de nadar, pero una vez en la corriente es difícil salirse”, señala a BBC Mundo el agente J. Priest, de la unidad BOARSTAR (de Búsqueda, Trauma y Rescate) de la Patrulla Fronteriza.

Respuesta forense

Los cuerpos que entrega la Patrulla y otros que son hallados –en canales subsidiarios del All-American, por ejemplo, arrastrados por las aguas- son la primera responsabilidad de la Oficina Forense.

El año pasado han recibido unos 40, calcula el supervisor Thomas García. El último, hace apenas dos días, fue el de una mujer de 29 años, deshidratada.

En su oficina -repleta de muebles de archivo con carpetas blancas, una para cada caso- se guarda el detalle de lo que llega: a veces apenas huesos sueltos, zapatos gastados, ropa con etiquetas “Hecho en México”, estampas religiosas, algún amuleto que supo ser compañía de viaje.

Las autopsias resuelven 40% de los casos. Los tatuajes ayudan, así como cualquier seña particular que pueda ser identificada por familiares o las huellas dactilares para aquellos que han sido deportados en el pasado y ya figuran en los registros de las autoridades federales.

“Si mueren en el desierto y los cuerpos no se encuentran pronto, la actividad animal deteriora los restos, dice García a BBC Mundo. Los coyotes comen incluso los huesos”.

Cuando la ciencia forense se agota, los NN son cremados o enterrados en el cementerio de Holtville.

Cada uno deja detrás una carpeta blanca: John o Jane Doe en la etiqueta, “causa de muerte indeterminada”, datos de ADN, fotos de restos humanos, fotos si acaso de alguna pertenencia. Casos que se mantienen abiertos, a la espera de que alguien, alguna vez, les devuelva su nombre.

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COVID-19: lo que se sabe de la abrupta caída de casos en Sudamérica

Luego de haber sido el epicentro mundial de la pandemia, los países de América del Sur han registrado un fuerte descenso en los casos de COVID-19.
14 de septiembre, 2021
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A mediados de junio, mientras el resto del mundo experimentaba bajos números de infecciones por el nuevo coronavirus, América del Sur estaba convertida en el epicentro de la pandemia.

Siete de las 10 naciones del mundo con más muertes diarias per cápita estaban en la región: la tasa de Brasil era siete veces la de India, mientras que Colombia y Argentina sumaban una cifra que equivalía a tres veces la registrada en todo el continente africano.

Con apenas 5% de la población mundial, Sudamérica registraba una tasa de muertes per cápita que era equivalente a ocho veces la cifra mundial.

Pero eso ya es cosa del pasado.

A finales de junio, la cifra de contagios comenzó a descender de forma consistente hasta convertir a la región en una de las zonas del mundo donde la pandemia parece estar mejor controlada.

Así, mientras para este lunes el promedio semanal de casos confirmados por cada 100.000 habitantes era de 52 en Reino Unido y de 43 en Estados Unidos, Brasil solamente llegaba a 8, Argentina a 6 y Colombia a 3, de acuerdo con cifras de Our World in Data.

Países como Uruguay, que a inicios de junio llegó a tener 100 casos por cada 100.000 habitantes, ahora solamente tienen 4; mientras que Paraguay que registró hasta 40 casos ahora no llega ni a 1 por cada 100.000 habitantes.

Evolución de casos de covid-19 en Sudamérica. Número de contagios promedio diarios por cada 100.000 habitantes. Evolución de los casos confirmados de covid-19 en Sudamerica entre junio y septiembre de 2021. .

Esta disminución de contagios ha sido clave para que Sudamérica sea en la actualidad una de las regiones del mundo que está registrando menos casos de covid-19.

Pero ¿cómo se explica esta abrupta caída de los contagios en Sudamérica?

Entre la inmunidad y otras incógnitas

“Lo primero que le diría es que creo que no lo tenemos del todo claro“, responde Andrés Vecino, investigador en sistemas de salud del Departamento de Salud Internacional de la Escuela de Salud Pública John Hopkins (Estados Unidos).

El investigador recuerda que esta no es la primera vez que ocurre un descenso de casos que parece anunciar que se acerca el final de la pandemia y luego se produce otra ola de contagios que demuestra que no era así.

“Es importante decir que no sabemos exactamente qué es esto y que el hecho de que estén bajando los casos ahora no quiere decir que vaya a pasar en el futuro. Quiero recordar lo que pasó en India, donde había un conteo de casos relativamente bajo para su población y después vimos el gran incremento de casos con la variante delta”, advierte el experto a BBC Mundo.

Una mujer prepara una vacuna en Argentina.

Getty Images
En los últimos meses, los países de Sudamérica han avanzado en las vacunaciones.

La doctora Carla Domingues, que dirigió el programa de inmunización de Brasil hasta 2019, hizo recientemente una advertencia similar. “Es un fenómeno que no sabemos cómo explicar”, dijo esta epidemióloga al diario The New York Times.

No obstante, los especialistas dan algunas claves: entre ellas, la vacunación. Los países sudamericanos han acelerado el ritmo de las inoculaciones en los últimos tiempos, algo que según numerosos expertos podría haber contribuido a frenar los contagios.

Vecino coincide, pero no apunta solamente hacia las vacunas sino, de forma más amplia, a la inmunidad adquirida por parte de la población de la región tanto por vía de las inyecciones como de los contagios.

“Creo que hay más o menos consenso en que es posible que la reducción de casos en Sudamérica puede estar relacionada con algún grado de inmunidad de la población”, destaca.

El experto explica que las diferentes vacunas que se han estado aplicando en los países de la región son un elemento importante a considerar, como también lo es la inmunidad alcanzada por quienes ya tuvieron la infección.

“Muchas personas en algunos de esos países se han infectado. Un estudio reciente que hicieron en 12 ciudades de Colombia muestra que el 89% de las personas de esas localidades ya se infectaron. Con eso uno empieza a pensar que es posible que en algunos sitios haya unos niveles de infección tan altos que ya empezamos a ver una reducción de la enfermedad”, indica el experto.

Vecino advierte que, dado que la población no es homogénea, este dato no puede interpretarse como que 9 de cada 10 personas que uno encuentre en las calles de esas ciudades ya tuvo covid-19, por lo que no hay que confiarse.

“Los individuos se relacionan en grupos, entonces es posible que haya grupos de personas que todavía, por ejemplo, no se hayan infectado ni hayan sido vacunadas y esos grupos de personas pueden tener brotes si llega, por ejemplo, una variante altamente transmisible como la omega, como la delta o como la gama -las 3 que ya están en Latinoamérica-, por lo que pueden obviamente causar un incremento en casos y muertes”, explica.

“Habiendo dicho eso, es posible que el nivel de inmunidad adquirido por las vacunas y por la infección previa sea una de las razones por las cuales estamos viendo menor transmisión hoy”, agrega.

Aplicando las medidas correctas

Ciro Ugarte, director de Emergencias en Salud de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), confirma por su parte que hubo una disminución de los casos y las muertes en casi todos los países de Sudamérica, con excepción de Venezuela.

Ugarte explica que la OPS está trabajando con los ministerios de Salud y con los expertos de la región para estudiar estas tendencias, así como las razones por las cuales se ha mantenido este descenso, y apunta al endurecimiento de las medidas de control luego del incremento significativo de los casos en la región entre finales de 2020 y los primeros meses de 2021.

Los países implementaron medidas mucho más estrictas respecto al distanciamiento físico, al movimiento de personas, al uso mandatario de mascarillas, iniciaron la vacunación y la ampliaron a otros grupos, principalmente a aquellos que estaban en mayor riesgo. Todo esto puede explicar en parte esta tendencia”, incide Ugarte en respuesta a una consulta de BBC Mundo.

El director, sin embargo, previno a la región en contra de caer en la complacencia.

“Hemos visto que cuando los casos disminuyen es porque estamos haciendo bien las cosas. Es decir, estamos implementando las medidas de salud pública que se ha probado una y otra vez que siguen sirviendo”, destaca.

“Lo peor que nos podría ocurrir y que podría ocurrir con los países de América del Sur es que ahora que están con menos casos relajen las medidas porque eso es una gran oportunidad para el virus para transmitirse de persona a persona”, alerta.

Personas usando mascarillas en el metro de Medellín.

Getty Images
La OPS insta a que los países de la región mantengan las medidas de precacución para evitar los contagios.

Así, aunque el número de casos sea bajo en estos momentos, Ugarte considera que lo procedente es no bajar la guardia:

“Nuestra recomendación a toda la población de América del Sur que está viendo que la transmisión es cada vez menor es tomar en cuenta que estamos en esa fase porque se han tomado las medidas adecuadas. No las relajemos”.


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