Huelga de sexo, ¿el último recurso?
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Huelga de sexo, ¿el último recurso?

El primer antecedente de las huelgas de sexo se remonta a antes de Cristo y hay casos muy recientes, Animal Político te presenta un historial.
Por Dalila Chagoya
28 de agosto, 2012
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Isabelle Ameganvi, líder de la oposición en Togo, llama a las mujeres a realizar una huelga de sexo. Foto: AP.

Cuando de conseguir algo se trata, las huelgas son uno de los recursos que ayudan a ejercer presión. Huelga de brazos caídos, huelga de hambre y huelga de sexo.

Sí. La huelga de pierna cruzada es muy antigua, tanto que el primer antecedente del que se tiene registro les sorprenderá, pero no será menos soprendente que los casos más actuales que se han realizado:

Un grupo de mujeres, integrantes del grupo defensor de los derechos civiles “Salvemos Togo”, anunció que realizarán una huelga de sexo durante una semana con el objetivo, dijeron, de exigir la renuncia del presidente de aquel país, Faure Gnassingbé.

Sin embargo, ésta no es la única manifestación de este tipo que se ha presentado, pues sus antecedentes vienen de Grecia, con la obra de Lisístrata de Aristófanes.

La obra fue representada en el 411 a. C.,  cuando la ciudad estaba perdiendo la guerra y sufría a la vez una verdadera guerra civil; la obra nos ofrece la ilusión de la paz. Lisístrata se apoya en antiguos rituales donde enfrentan coros de hombres y mujeres, en el mundo al revés (triunfo de las mujeres sobre los hombres) y el de la huelga sexual de las mujeres.

Otro caso se dio en 2003, cuando la huelga de sexo fue clave para la paz en Liberia, cuando Leymah Gbowee y la asociación Women of Liberia Mass Action for Peace organizó una protesta no violenta y lograron la paz después de 14 años que duraba la Segunda Guerra Civil Liberiana.

Durante 2009, un grupo de mujeres de Kenia organizaron una huelga encabezada por la esposa del presidente y el primer ministro para forzar a los rivales políticos a llegar a acuerdos, además llamaron a las prostitutas a incluirse al movimiento.

En 2009, las mujeres de Irka, en Turquía, convocaron a huelga para que sus maridos solucionaran la escasez de agua en la localidad, pues aseguraban que ellos no hacían nada por resolver el problema.

El alcalde de la localidad, Osman Arslan, aseguró que los hombres de la villa están padeciendo la protesta y advirtió que de continuar la situación “la falta de agua en el pueblo se convertirá en motivo de divorcios”.

En Colombia, en 1997, el jefe de la Fuerzas Militares de Colombia, el general Manuel Bonnet pidió una huelga a las esposas y novias de los miembros de las guerrillas, de los narcotraficantes y de los paramilitares para lograr un alto el fuego. Los guerrilleros ridiculizaron las iniciativas, señalando el hecho de que había más de dos mil mujeres en su ejército.

Además, hubo otra huelga en 2006, donde esposas y novias de los miembros de una banda de Pereira en Colombia, iniciaron la “Huelga de piernas cruzadas” para frenar la violencia de las pandillas, en respuesta a las 480 muertes por violencia de las pandillas en la región.

Para 2011 la historia se repitió, pero en el municipio Barbacoas, donde las mujeres dejaron sin sexo a los hombres hasta que les arreglaran la carretera principal que une a la localidad con el resto del país.

La huelga funcionó y el proyecto salió adelante con el apoyo del Ministro de Transporte.

En Bélgica, durante 2011, después de que pasaron 241 días sin acuerdos, la senadora socialista, Marleen Temmeran, convocó a una huelga de sexo para presionar la formación de un gobierno como debe ser.

“Hacemos un llamamiento a las mujeres, incluidas las parejas de los negociadores, a hacer una huelga de sexo con la esperanza de que eso acelere las cosas”, explicó la senadora.

Un grupo de mujeres en una región violenta de las Filipinas en 2011 organizaron una rebelión más…

En este caso contra sus maridos, que envueltos en una guerra separatista fueron amenazados que mientras se extendiera la violencia, no tendrían sexo con sus mujeres. Su posición ayudó a terminar los enfrentamientos entre los pueblos en la isla rural de Mindanao. La rebelión separatista se organiza desde los años setenta, y muchas familias han sido desplazadas y desde 2008 trabajan por reconstruir su comunidad con la ayuda del alto comisionado de la ONU para Refugiados.

A las mujeres del pueblo se les ocurrió que una huelga de sexo podría ser una forma de reconstruir su villa y traer paz a la región.

Con todo esto, si ustedes hicieran una huelga, ¿por qué sería? #HaríaHuelgaDe…

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'Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga'

Mike Nicolás Durán es el primer colombiano en ser reconocido como persona trans en el registro civil. Aunque su lucha aún no termina, porque le falta la cédula, el caso se ha convertido en un paradigma para esta comunidad en el país.
22 de octubre, 2021
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Mike Nicolás Durán, un jovial bogotano de 30 años que vive en Medellín, fue el primer colombiano en ser identificado como una persona transexual en el registro civil.

Tras una odisea legal de dos años que contó con la asesoría de Alejandro Diez y Manuela Gómez, abogados del grupo de sexualidad diversa del consultorio jurídico de la universidad EAFIT, el 7 de mayo de este año Mike celebró la T en la inscripción como quien se ganó la lotería.

Ahora, sin embargo, está en vísperas de saber si ganó su última batalla: que su cédula también lo identifique con una T.

“Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga para que se respete mi integridad y mi dignidad”, le dice a BBC Mundo.

El género trans en los documentos de identidad ya existe en países como Chile, México y Argentina. “Pero en Colombia, que es el país donde te piden la cédula para todo, estaba pendiente”, dice Durán.

Juli Salamanca, de la fundación Red Comunitaria Trans, celebra el caso de Mike como “un triunfo político para el movimiento trans, un paso hacia la igualdad de derechos”, pero añade que “el reto es pasar de lo simbólico a lo material, porque su implementación (para todos y todas) será una prueba para las instituciones”.

Mike Nicolás dedicó dos años a llamar, mandar cartas y radicar documentos; interpuso dos acciones legales —conocidas como tutelas— que debió impugnar e insistió de todas las formas posibles para que le reconocieran su género no binario en los documentos de identidad.

Él sabe que la lucha no es solo por su propio bien.

Mike Nicolás Durán

BBC
Mike Nicolás Durán en entrevista por Zoom con BBC Mundo.

En Colombia piden cédula para todo, desde para entrar a un edificio hasta a un banco.

Y yo, cada vez que voy a un banco, llego con el miedo de si me van a atender o no, porque cada vez que yo muestro mi cédula, la gente me mira como un bicho raro, (como pensando): “Acá dice que es mujer, pero usted parece un hombre.

Entonces sí o sí tienes que cambiar de cédula cuando haces una transición de género.

Porque, en mi caso, colocar una M tampoco está bien, porque si un policía me quiere requisar, por ejemplo, tengo que soportar que toque mis genitales.

Entonces, para proteger mi integridad y dignidad, una M o una F en la cédula no sirve: necesito la T.

Uno nunca termina de conocerse: cada día vas aprendiendo cosas nuevas. Y al irme conociendo me di cuenta que los no binarios existen, que tú puedes ser hombre con cuerpo de mujer o mujer con cuerpo de hombre sin tener que tomar hormonas o tomando.

Es decir: no hay una forma correcta de ser o no ser, porque la diversidad es algo que no se puede encerrar en un solo círculo.

Así fue como me di cuenta de que, si la ciencia me reconoce como persona trans, ¿por qué el Estado no lo hace?


Un decreto de 2015 les dio a las personas trans la posibilidad de cambiar la referencia a su género en sus documentos, pero las trabas en el proceso burocrático han impedido que la ley se cumpla.

Además, la T no estaba tipificada en el sistema de la Registraduría Nacional del Estado Civil y, en el caso de Mike, varias veces les dijeron a los abogados que no podían cambiar todo un sistema de registro nacional por una sola persona.

“Tenemos que continuar haciendo una veeduría para que las instituciones reconozcan las implicaciones de la T en el registro de nacimiento en áreas como la salud, educación, el servicio militar, entre otras”, dice Salamanca, la activista trans.


Algo que me gusta de mí ahora es mi voz, porque no es tan femenina ni tan masculina. A veces es un poco más lo uno y a veces más lo otro. Esa es la diversidad que a mí me gusta y me representa.

Para nosotros no hay nada más importante que nos reconozcan e identifiquen tal y como somos: no como hombres que ahora son mujeres o mujeres que ahora son hombres, sino como personas trans, punto.


Mike nació en Bogotá bajo el nombre de Eliana Mayerli. Allí tuvo a su primer hijo a los 15 años, luego tuvo otros dos y pasó 11 años con el padre de ellos.

Desde niño ha tenido una enfermedad cerebral y otra en los ojos. Y cuenta que fue por eso, además de por su proceso de transición de género, que dejó el trabajo al que se dedicó por una década: la vigilancia.

Hoy estudia inglés con una beca con la intención de irse a vivir a Canadá y tiene esposa: Linda María Cáceres, una estilista a la conoció casi al tiempo que empezó a tomar hormonas, en 2019.

Cáceres, así como los abogados de EAFIT, ha sido un acompañamiento clave en todo el proceso y le ha insistido en seguir luchando por sus derechos a pesar de todos los obstáculos legales y de salud.


Estuve 11 años viviendo una vida que quizás no quería, porque estaba ocultando mi propia identidad, hasta el punto de que explotó y la depresión me empezó a ganar. Llegué a pensar que me quería suicidar.

Eso, pensé, les podía generar problemas a mis hijos, y por eso hace siete años tomé la decisión de irme para Medellín.

Apenas llegué acá salí como lesbiana. La gente me dejó de llamar Eliana y apareció una nueva persona que se llamaba Mayerli.

Pero a medida que pasó el tiempo me di cuenta de que me gustaba más lo masculino, un estilo más brusquito, más de niño.

Y mi pareja de ese momento, una mujer, me decía que no me cortara el cabello. Pero sobrepuse el amor propio, me corté el cabello y empecé una nueva vida con el nombre de Mike Nicolás.

Cuando les quise contar a mis hijos de mi transición y la posibilidad de hacerme las cirugías, el mayor me dijo que él ya sabía que yo quería ser hombre. Me dijo que era normal, porque toda la gente cambia.

Eso fue el impulso más importante para tomar la decisión de cambiar.


Por la histerectomía —una cirugía para extirpar el útero— y una mastectomía con la que se le removió el tejido mamario, Durán no pagó un peso, gracias a que son tratamientos incluidos en el paquete de su prestador de salud.

En Colombia, así como en varios países de América Latina, la ley exige a las entidades de salud pública brindar el servicio de cambio de sexo, incluyendo el tratamiento hormonal.

Mike, a pesar de haber tenido que pelear contra la burocracia, logró hacer su transición en apenas un par de años y sin tener que pagar.


La presión social por mantener mi vida como era fue muy fuerte: me decían que era bonita, que lo mío era un problema psiquiátrico, que estaba poseída, que esto era una obra de satanás.

Me han dicho tantas cosas, que si yo fuera débil, me habría hecho daño a mí mismo o me habría echado para atrás. Yo digo que por eso es que muchos trans se suicidan.

Pero al final yo fui cogiéndole gusto, un sabor, a que la gente me mirara como el raro en la calle, porque me siento original, me siento diferente.

Ya no tengo problema con que me digan que estoy loco, que estoy endemoniado, porque esa es la forma de que la gente se eduque y entienda que los trans somos parte de la sociedad.


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