Londres 2012: su majestad el atletismo, el rey de los juegos
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Londres 2012: su majestad el atletismo, el rey de los juegos

La gloria en un instante, en un abrir y cerrar de ojos. No hay un momento deportivo tan perfecto como los 100 metros, por la brevedad, la belleza, la intensidad y lo que representa.
Por Raúl Fain Binda BBC Mundo
3 de agosto, 2012
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Ha comenzado el atletismo, el deporte rey de los Juegos Olímpicos. El atletismo nos conecta con el pasado, es el cable a tierra que descarga las neurosis del mundo moderno, con su simple narrativa del atleta que corre, salta o arroja. Esta sencillez tiene mucho que ver con la fascinación que despierta.

Para correr 100 metros no se necesita un reglamento complicado ni el control de un árbitro inglés con un silbato: los atletas se colocan en la partida, toman aire, se concentran, aprietan los dientes y corren. Ya está, así de simple.

El público reconoce esta importancia y tradicionalmente ha festejado de manera especial al atleta que le ofrece la satisfacción más breve y fugaz de todas, al que corre durante diez segundos y se retira coronado de gloria.

La gloria en un instante, en un abrir y cerrar de ojos. No hay un momento deportivo tan perfecto como los 100 metros, por la brevedad, la belleza, la intensidad y lo que representa.

Jesse Owens

“Una vida de entrenamiento por 10 segundos”, dijo una vez Jesse Owens, el velocista más famoso de la historia, a quien también se le atribuye uno de los comentarios políticos más filosos que conozco: “Hitler no me desairó, fue el presidente (Roosevelt) el que me desairó, porque ni me envió un telegrama”.

Y este otro: “Todos me palmeaban la espalda y me daban la mano, pero ninguno me ofrecía un trabajo”.

Porque conviene recordar que los juegos olímpicos, que muchos interpretan como una de las ceremonias más importantes del igualitarismo internacional, tienen un origen elitista y estaban reservados a los varones que no necesitaban trabajar.

Otra característica importante, que hasta cierto punto ha determinado la importancia relativa del atletismo, la natación y la gimnasia en los Juegos, es la rivalidad entre franceses e ingleses en la organización del deporte moderno.

Enfoques diferentes

Los británicos han sido brillantes en la reglamentación de numerosos deportes, mientras que los franceses se han especializado en la creación de estructuras internacionales para su práctica en todo el mundo, algo que inicialmente no les interesaba a sus vecinos.

Es bien sabido que para poder organizar la FIFA, que fue una idea francesa, se debió ofrecer a los británicos el privilegio de tener cuatro representaciones en vez de una, así como el virtual control de la Junta que reglamenta el juego.

En la organización del Comité Olímpico Internacional, que es anterior, todos sus presidentes fueron franco parlantes entre 1894 y 1952, cuando finalmente se eligió a un estadounidense. Ahora es titular un belga… también francófono.

Ningún británico ha sido presidente del COI. Bueno, Lord Killanin (1972-1980) nació en Londres, donde era “de la casa”, pero por sus ancestros representó a Irlanda y es la bandera de ese país la que aparece en los registros oficiales.

Buena parte de la evolución del deporte organizado durante el siglo XX ha estado marcado por esta división de áreas de influencia y por el deseo de mantener fuera de las Olimpiadas juegos como el fútbol, el rugby y el cricket, los más representativos de la forma británica de organizar el deporte.

La natación

Los dos atletas olímpicos más célebres de la actualidad (esto puede cambiar, en realidad ya está cambiando), Usain Bolt y Michael Phelps, practican los dos deportes más representativos de los Juegos, junto con la gimnasia.

Si el atletismo es el rey, la natación es la reina en la imaginación popular.

Los tres grandes deportes olímpicos se caracterizan también por la variedad de las especialidades que ofrecen en el programa de los juegos.

Correr, saltar, arrojar. Estas tres acciones básicas abarcan casi todo lo que puede hacer un atleta por sí mismo, sin pelota, bicicleta, caballo o espada.

También puede hacer ejercicios rítmicos, o arrojarse al agua, claro.

En el caso de la natación, se trata de un deporte que ofrece por lo menos cuatro estilos diferentes para recorrer la misma distancia.

Spitz, Phelps, Bolt

Esto explica la formidable capacidad de los grandes nadadores para coleccionar medallas: ¿recuerdan a Mark Spitz, el antecesor de Phelps? Siete oros en 1972.

Pero es obvio que Phelps ha necesitado hacer un esfuerzo mucho mayor para alcanzar una fama comparable con la de Bolt.

Al jamaiquino le bastaron un par de carreras en Pekín 2008 para ser el atleta más famoso y celebrado del mundo, mientras que Phelps debió acumular una variada colección de oros para ganar un reconocimiento semejante.

La personalidad de Bolt, tan cautivadora, tiene algo que ver con esto, pero también importa el poder de sugestión de los 100 metros planos, que en la imaginación popular se ha convertido en el símbolo de la excelencia deportiva.

Y un tal Weissmuller

El reconocimiento de los logros deportivos experimentó una transformación formidable a comienzos del siglo XX con el desarrollo del cine, que permitió al público ver en los noticieros, antes de las películas, las hazañas de sus héroes.

Uno de los primeros triunfadores gracias a esta percepción moderna fue justamente un nadador, Johnny Weissmuller (estadounidense, nacido en la que hoy es Rumania), el Phelps de los años 20 ganador de cinco oros.

Todavía hoy podemos verlo en las viejas películas de Tarzán, en televisión, zambulléndose y nadando para salvar a Jane de ser devorada por un cocodrilo.

La imagen actual de Bolt y Phelps tiene mucho que ver con una repetición del mismo fenómeno: la televisión es ahora lo que el cine fue hace 90 años.

¿Y el maratón?

La británica Jessica Ennis, izquierda, compite en la prueba de las vallas en el heptatlón de los Juegos Olímpicos el viernes, 3 de agosto de 2012, en Londres.

Pero la supremacía del atletismo como deporte olímpico es indiscutible.

Llama la atención, sin embargo, que todos recuerden al ganador de los 100 metros, aunque no sea Bolt, y relativamente pocos recuerden al ganador del maratón, que ofrece un espectáculo apasionante durante más de dos horas.

(Hablamos del público en general, no de los aficionados al atletismo.)

El maratón ejerció una fascinación muy fuerte durante las primeras décadas del movimiento olímpico, debido a su carga de homenaje al ideal griego de excelencia (o la imagen moderna de ese ideal), que nosotros hemos perdido.

Mucho se ha quedado en el camino, y hasta la distancia original, de unos 40 kilómetros (la distancia aproximada entre Maratón y Atenas), se fijó en 42 km 195 metros en 1908, para que la llegada coincidiera exactamente con el palco real en el estadio de White City, en Londres.

Un compromiso muy propio de la época.

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COVID-19: el gráfico que te ayuda a evaluar el riesgo de contagio en una reunión social

Científicos de la Universidad de Oxford y MIT advierten que hay que considerar distintos factores como la ventilación del local o el volumen de voz de los asistentes, entre otros.
9 de octubre, 2020
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¿Cuán seguro es atender a un evento o reunión en medio de la pandemia de covid-19?

Con el número de casos todavía en aumento en todo el mundo, puede que te preguntes cuán prudente es asistir a esa reunión familiar o a ese cumpleaños que te invitaron.

Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, y del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos, quiere ayudar al público a evaluar el riesgo en cada situación.

Para eso, idearon una tabla que clasifica el riesgo según la cantidad de asistentes, si usan o no mascarillas, la actividad que hacen (si hablan, cantan, gritan o están en silencio) y el nivel de ventilación del local.

El artículo original fue publicado en el British Medical Journal (Revista Médica Británica).

“El riesgo de infección está determinado por muchos factores y todos ellos están conectados. Aún no hay ningún estudio que determine el riesgo absoluto, pero queremos empoderar a la gente para que evalúe el riesgo relativo a cada situación“, dice a BBC Mundo Lydia Bourouiba, directora del laboratorio de dinámica de fluidos en la transmisión de enfermedades de Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y una de las autoras del estudio.

Gráfico de evaluación de riesgo

BBC

Por ejemplo, si te invitan a un karaoke en un salón cerrado donde la gente estará gritando y cantando, lo recomendable es quedarse el mínimo tiempo posible y asegurarse de que habrá poca gente. Sin olvidarse de usar la mascarilla.

O quizás puedes sugerir una reunión con los mismos amigos en un sitio abierto, donde sea posible mantener una mayor distancia entre los asistentes. Evita la música alta para que no te veas obligado a gritar.

Distancia, ventilación y tiempo

Estudios más recientes muestran que los virus pueden dispersarse en gotitas en el aire hasta seis u ocho metros, dependiendo de la situación. Por eso, los investigadores argumentan en el artículo que los dos metros de distancia recomendados debe ser, en algunos casos, la distancia mínima – no la máxima – a mantener con alguien.

“La regla de los dos metros no consideraba el cuadro total de la exhalación de partículas suspendidas en el aire y de cómo estas se mueven. Hoy sabemos que no es solo porque mantienes esos dos metros de distancia que estás seguro”, dice Bourouiba.

Una mujer con mascarilla en la calle.

Getty Images
Si vas a un evento social, la mascarilla puede reducir el riesgo de contagio.

Ahí entran otros factores considerados en el gráfico, como la duración del evento o el tiempo que uno permanece en contacto con los asistentes.

¿Pero qué es exactamente un período corto o largo? Según la investigadora, aún es difícil contestar a esa pregunta.

“Algunas agencias de salud están considerando que más de 15 minutos es un período largo. Pero no hay justificación científica para apoyar esa cifra. Por eso decidimos no especificarlo en la tabla”, explica.

De la misma manera, definir si un evento tiene una ocupación alta o baja, según Bourouiba, no depende sólo de cuántas personas hay en local.

También es importante saber si hay suficiente aire fresco y que los asistentes no estén dentro de la zona de respiración ajena. Es decir, tiene que haber más de 25 centímetros de distancia entre la boca y la nariz de uno (que respira de forma normal) y del otro.

“Cada persona debe tener al menos 10 a 15 litros de aire fresco por segundo. No tenemos cómo calcular eso en nuestro día a día, pero esa es una medida importante para los dueños de espacios de eventos, de restaurantes, de oficinas, etc. Ellos tienen que saber si esos espacios necesitan ser ampliados o renovados”, advierte.

Restaurante

Getty Images
En un restaurante, por ejemplo, no basta con tener la ventana abierta, hay que tener en cuenta hacia dónde circula el aire, dice la experta.

Lo más importante, dice Bourouiba, es garantizar la circulación de aire limpio, de preferencia que venga de afuera. “No es suficiente con mover el aire, como hace un ventilador o el aire acondicionado. Hay que renovarlo para diluir las partículas que exhalamos en el aire nuevo.”

Por esa razón, es mejor estar en espacios abiertos o con ventanas que permitan que el aire circule. Y aún así, es importante fijarse en cómo circula.

“En un restaurante, por ejemplo, si hay clientes delante de una ventana abierta, el aire pasará siempre por esas personas llevándose consigo sus gérmenes y posiblemente transmitiéndolos a otras personas”, dice la investigadora del MIT.

¿Qué hacer en cada situación?

Según Lydia Bourouiba, se deben tener algunos cuidados básicos en cada situación de la tabla:

  • Riesgo bajo– Intenta mantener al menos dos metros de distancia y usa la mascarilla. “No porque estés a dos metros significa que puedes quitarte la mascarilla y no porque lleves la mascarilla significa que puedes estar más cerca de la gente”, dice.
  • Riesgo mediano – Sé más riguroso con la regla de los dos metros. Si es posible, toma un poco más de distancia dependiendo de los otros factores.
  • Riesgo alto – Dos metros debe ser la distancia mínima, aunque lo ideal es estar más alejado y usar una mascarilla de buena calidad.

“Sabemos que es complicado, pero intentamos organizar la información de manera que todo el mundo lo entienda, desde la familia que quiere organizar una barbacoa hasta el gerente de la oficina. Todos tendremos que manejar estas situaciones.”, concluye la científica.


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