Los días de Assange en la embajada de Ecuador
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Los días de Assange en la embajada de Ecuador

Además, una línea de tiempo sobre los momentos clave de la historia de Wikileaks.
17 de agosto, 2012
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AP- Julian Assange vive en un edificio exclusivo en uno de los distritos más elegantes de Londres, pero no tiene posibilidades de arrellanarse en el lujo.

El fundador de WikiLeaks está restringido a un espacio limitado dentro de la embajada de Ecuador en el Reino Unido. Si sale a la calle será detenido por la Policía británica y extraditado a Suecia para que sea interrogado sobre las denuncias de ataque sexual en su contra.

El alguna vez trotamundos y especialista en informática de 41 años de edad ha pasado casi dos meses en la embajada del país latinoamericano, que el jueves le concedió asilo, pero Ecuador carece de algún medio claro para conseguir que Assange eluda a los policías instalados en los alrededores, suba a un avión y salga de Gran Bretaña.

La embajada de Ecuador se compone de un apartamento en la planta baja, con unas 10 habitaciones en total, dentro de un imponente conjunto de apartamentos de ladrillo rojo en la elegante zona de Knightsbridge, prácticamente colindante con la tienda departamental de lujo Harrods.

La legación no tiene dormitorios ni otro espacio para alojar a huéspedes. Las personas que han visitado a Assange dicen que vive en una oficina que ha sido habilitada con una cama, teléfono y conexión a internet.

También se instaló una ducha y la embajada tiene una cocinita. Assange también ha recibido entregas de pizza y de otros alimentos.

“No se parece nada al Hilton”, describió Gavin MacFadyen, un simpatizante que se ha reunido con Assange en la misión diplomática.

Una caminadora mecánica permite realizar ejercicio físico y una lámpara solar ofrece la posibilidad de compensar la falta de luz del Sol.

La madre de Assange, Christine, ha dicho que los amigos que lo visitan “ponen música y lo invitan a bailar”.

Sin embargo, Christine Assange ha también ha expresado inquietud por la salud de su hijo. El mes pasado dijo que Julian padecía un estrés grave debido a las varias semanas de confinamiento y a los más de 18 meses de batallas legales en medio de las rigurosas condiciones de la libertad condicional en Gran Bretaña.

“Está sometido a mucho estrés. Ha sido un estrés prolongado desde hace casi dos años y en condiciones que son similares a la detención”, manifestó.

De acuerdo con especialistas, la situación en que se encuentra Assange podría tener secuelas psicológicas.

“Está atrapado en tierra de nadie”, dijo el profesor de Psicología Cary Cooper, que labora en la Universidad Lancaster de Inglaterra.

“Una de las cosas que le causa más estrés a las personas es que no tengan ningún control”, explicó. “No tiene ninguno. El control está en manos de terceros: el gobierno británico y el gobierno ecuatoriano, no en las suyas”.

Desde cualquier perspectiva, Assange ha tenido 18 meses perturbadores. Desde diciembre de 2010, cuando fue aprehendido en Londres a petición de Suecia, Assange había estado en libertad condicional y debía reportarse diario ante las autoridades policiales, llevar un aparato electrónico y vivir en un domicilio designado. Pasó más de un año en Inglaterra en la vivienda rural de su simpatizante de Wikileaks y ex periodista Vaughan Smith.

Esa vivienda es una mansión campestre en un terreno de 240 hectáreas (600 acres). El espacio vital de Assangue se ha estrechado drásticamente desde entonces.

Smith, quien visitó a Assange esta semana, afirmó que su amigo resistía bien.

“Vive en una pequeña habitación que difícilmente puede considerarse cómoda”, dijo Smith al periódico Evening Standard. “Como persona, sin embargo, es el más feliz en una computadora haciendo su trabajo. Está lidiando bien”.

“Era el mismo Julián de cuando se quedaba conmigo. No es una persona sentimental y por lo tanto no extraña las cosas que otras personas extrañarían. Está concentrado en el trabajo”.

Hay pocos precedentes de la situación en que se Assange se encuentra. Uno de los más famosos es el caso del cardenal católico Jozsef Mindszenty, quien se refugió en la embajada de Estados Unidos en Budapest en 1956 y allí permaneció 15 años.

Pocos creen que el estancamiento presente se prolongue tanto tiempo.

Cooper dijo que el desenlace más probable, salvo un acuerdo diplomático entre Gran Bretaña y Ecuador, es que el aislamiento y el confinamiento pesen sobre Assange y al final lo hagan salir de la embajada, incluso si eso significa la detención.

“En última instancia, el encarcelamiento social lo orillará a salir”, estimó Cooper. “No sé cuándo sucederá, pero creo que va a salir”.

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Los países que no han registrado ningún caso de COVID (y el precio por evitarlo)

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25 de agosto, 2020
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Hasta 1982, las lejanas y paradisíacas islas de Palaos no contaban con ningún hotel.

Ese año se inauguró el primer alojamiento turístico y desde entonces, este país, rodeada por las aguas celestes del océano Pacífico, ha disfrutado del auge del turismo.

En 2019 llegaron a Palaos 90.000 turistas, cinco veces la población total.

Según los datos recogidos por el FMI (Fondo Monetario Internacional), en 2017 el turismo representó el 40% del PIB del país.

Pero eso fue antes de la pandemia de covid-19.

Vista aérea de unos islotes de Palaos.

Getty Images
La República de Palaos se halla en un privilegiado enclave de Oceanía.

Las fronteras de Palaos han permanecido cerradas desde finales de marzo y es uno de los diez países del mundo sin casos confirmados (contando sólo los países miembros plenos de Naciones Unidas y excluyendo a Corea del Norte y Turkmenistán).

Sin embargo, aunque no se ha registrado ni un solo caso, el virus de alguna manera sí ha devastado el país.

Los hoteles están cerrados, los restaurantes vacíos y las tiendas de souvenirs no venden nada.

Los únicos huéspedes que tienen ahora los hoteles son los residentes que regresan a la isla y están obligados a guardar cuarentena.


Países sin casos registrados de covid-19

  • Palaos
  • Micronesia
  • Islas Marshall
  • Nauru
  • Kiribati
  • Islas Salomón
  • Tuvalu
  • Samoa
  • Tonga
  • Vanuatu

“El océano aquí es mucho más bonito que en cualquier otro lugar del mundo”, dice Brian Lee, gerente y copropietario del Hotel Palau.

Es el océano azul celeste lo que mantuvo ocupado a Brian.

Antes de la pandemia, sus 54 habitaciones tenían una ocupación del 70% al 80%.

Pero cuando las fronteras se cerraron, no hubo nada a lo que recurrir.

“Es un país pequeño, así que es normal que la gente local no se quede en Palaos”, dice Brian.

El hotel tiene alrededor de 20 empleados y los ha mantenido a todos, aunque con horario reducido.

“Trato de encontrarles trabajo haciendo otras tareas como mantenimiento, renovación, etc”, dice.

Sin embargo, los hoteles vacíos no pueden mantenerse ni renovarse para siempre.

Buzo en aguas de Palaos

Reinhard Dirscherl/ Getty Images
Los arrecifes de coral de Palaos son el principal atractivo para muchos visitantes.

“Puedo estar así otro medio año”, dice Brian.

“Pero luego es probable que tenga que cerrar”.

Apoyo estatal

Brian no culpa al gobierno, que ha ofrecido apoyo financiero a los residentes y, después de todo, ha mantenido alejado al virus.

“Creo que han hecho un buen trabajo”, dice.

Y, sin embargo, para que el primer hotel que hubo en Palaos sobreviva, algo tiene que cambiar pronto.

El presidente anunció recientemente que los viajes aéreos “esenciales” podrían reanudarse el 1 de septiembre.

Mientras tanto, ha habido rumores de que se instauraría un “corredor aéreo” con Taiwán que permitiría la visita de turistas.

Pero para Brian, la medida podría llegar demasiado tarde.

Islas del Pacífico

BBC

“Creo que tienen que empezar a reabrir de nuevo. Tal vez podamos tener burbujas de viajes con Nueva Zelanda y países del entorno”, dice.

“De lo contrario, nadie podrá sobrevivir aquí”.

El caso de las Islas Marshall

A unos 4.000 km al este a través del vasto Océano Pacífico, las Islas Marshall también permanecen libres de covid-19.

Pero, como Palaos, no tener casos también ha tenido un impacto.

El Hotel Robert Reimers se encuentra en una franja de tierra en el atolón principal, Majuro, con una laguna a un lado y el océano al otro.

Atolón Bikini

Getty Images
El atolón Bikini es uno de los más famosos de las Islas Marshall.

Antes de la pandemia, las 37 habitaciones tenían una ocupación del 75% al 88%.

Sus huéspedes llegaban principalmente de Asia, del Pacífico o “el continente” (Estados Unidos).

Desde que se cerraron las fronteras a principios de marzo, la ocupación ha caído a entre el 3% y el 5%.

“Algunos de nuestros huéspedes vienen de las islas exteriores”, dice Sophia Fowler, que trabaja para el grupo hotelero.

“Pero no muchos”.

A nivel nacional, se espera que el país pierda más de 700 puestos de trabajo en la recesión post-covid, la mayor caída desde 1997.

De ellos, 258 estarán en el sector de hoteles y restaurantes.

También la pesca

Pero el autoaislamiento afecta a sectores más allá del turismo, y las Islas Marshall dependen mucho menos de los turistas que Palaos.

El problema para estas islas es la industria pesquera.

Para mantener el país libre de covid-19, los barcos que han estado en países infectados tienen prohibido ingresar a sus puertos.

Otros barcos, incluidos los buques tanque de combustible y los portacontenedores, deben pasar 14 días en el mar antes de atracar.

.Las licencias de pesca están suspendidas y se ha rebajado el número de vuelos de carga.

El efecto es claro.

Las Islas Marshall están especializadas en peces de acuario, el más popular es el pez ángel llama, pero las exportaciones cayeron un 50%, según un informe estadounidense.

El envío de atún sashimi se redujo en la misma cantidad.

Otras industrias pesqueras esperan una caída del 30% durante el año.

En resumen, se puede mantener el virus fuera del país, pero luchar contra sus efectos en la economía es distinto.

Así que al final el covid-19 te arrastra de una forma u otra.

Sophia Fowler “espera” que las cosas vuelvan a la normalidad para el país y el Hotel Robert Reimers el próximo año.

¿Pero si no lo hacen?

“Entonces no será un proyecto viable”, dice.

Pero aunque el cierre de las fronteras ha empobrecido a los países sin casos de covid, no todos quieren salir del confinamiento.

El doctor Len Tarivonda es el director de salud pública en Vanuatu, otra isla del Pacífico con una población de 300.000 habitantes.

Aunque trabaja en la capital, Port Vila, es de Ambae, una isla de 10.000 habitantes a unos 275 kilómetros al norte.

“La mayoría de los habitantes prefiere que la frontera se mantenga cerrada el mayor tiempo posible”, cuenta.

“Dicen: ‘No queremos que la enfermedad llegue. Si sucede, básicamente estamos condenados'”.

Alrededor del 80% de la población de Vanuatu vive fuera de las ciudades y de la “economía formal”, dice Tarivonda.

“Y creo que no necesariamente sienten el apuro todavía. Son agricultores de subsistencia, cultivan sus propios alimentos, dependen de la economía local y tradicional”.

No obstante, el país sufrirá.

El Banco Asiático de Desarrollo espera que el PIB caiga casi un 10%, la mayor caída de Vanuatu desde su independencia en 1980.

Anne Pakoa

BBC
Los pueblos rurales de Vanuatu son muy numerosos y carecen de atención médica permanente.

Pero ese retroceso no se debe solo al cierre de fronteras por el covid-19.

En abril, el ciclón tropical Harold azotó gran parte del país, mató a tres personas y afectó a más de la mitad de la población.

“Teníamos sesiones informativas diarias sobre operaciones de emergencia sanitaria”, recuerda Tarivonda.

“Primero discutiríamos sobre el covid, luego sobre el ciclón Harold. Dos desastres al mismo tiempo”.

Sin embargo, la pandemia tendrá un impacto más duradero.

En julio, el gobierno anunció que tenía planes para reabrir la frontera a otros países “seguros” antes del 1 de septiembre.

Pero al aumentar los casos en Australia y Nueva Zelanda, el plan comenzó a retrasarse.

Tarivonda, que forma parte del grupo de trabajo fronterizo junto con funcionarios del gobierno, del sector del turismo y de las aerolíneas, admite que están “casi de vuelta al punto de partida” y no tienen una nueva fecha para la reapertura.

Vanuatu

Getty Images
Vanuatu es otro destino paradisíaco.

Los viajes transfronterizos más pequeños pueden ayudar a Vanuatu.

El ejemplo más reciente es cuando el gobierno permitió que 172 trabajadores viajaran al Territorio del Norte, en Australia, durante seis meses para recoger mangos.

Aunque las remesas ayuden en la situación económica, no son suficientes en un país donde el 35% del PIB proviene del turismo.

Sin prisa

Pero, a pesar de esa necesidad de reabrir las fronteras, Vanuatu no se apresurará en hacerlo.

El doctor Tarivonda recuerda con preocupación el caso de Papua Nueva Guinea, que estuvo casi libre de covid hasta un fuerte aumento a fines de julio.

“Si el virus entra en el país, probablemente será como un incendio forestal, y lo que estamos viendo en Papúa Nueva Guinea refleja por qué estamos preocupados”, dice.

“Dadas nuestras limitaciones y el contexto que tenemos en el Pacífico, la mejor opción es mantener el virus fuera de nuestro país el mayor tiempo posible”.

Funafuti, Tuvalu.

Getty Images
¿Llegará el covid a las remotas islas del Pacífico?

A medida que pasan los meses, aumenta la desesperación en los países cerrados del Pacífico.

Sin embargo, Jonathan Pryke, director del Programa de las Islas del Pacífico en el Instituto Lowry, no tiene ninguna duda de que la única opción para estos países es el autoaislamiento.

“Incluso si mantuvieran sus fronteras abiertas, sus principales mercados turísticos de Australia y Nueva Zelanda no estarían abiertos, ya que han cerrado sus propias fronteras”, dice.

“Así que solo habríamos conseguido lo peor de ambos mundos: una crisis de salud y una crisis económica. Tendremos años y años para ver cuáles fueron las decisiones correctas”.

“Pero echando la vista atrás, nadie duda de que cerrar fue la medida correcta para estos países del Pacífico”, concluye Pryke.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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