Música para correr: ¿sirve o no para motivar a los deportistas?
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Música para correr: ¿sirve o no para motivar a los deportistas?

9 de agosto, 2012
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Al escucharla es difícil no pensar en gente corriendo en cámara lenta con mirada beata en su rostro, a lo largo de una playa barrida por el viento y en anticuados pantaloncillos cortos.

Se trata del efecto de la partitura original compuesta en 1981 por el tecladista griego Evangelos Odysseas Papathanassiou, conocido como Vangelis, para la película “Carros de fuego”.

Es la misma melodía que durante la inauguración de Londres 2012 acompañó la parodia del filme del comediante Mr. Bean.

Pero ¿es realmente ese el tipo de música que ayuda a legiones de corredores aficionados a encarar el pavimento, el parque y la ruta de cada fin de semana?

El psicólogo del deporte de la Universidad de Brunel, Costas Karageorghis, cree que se trata de una canción poderosa para los corredores. Pero sobre todo para poner a la gente en el estado de ánimo correcto para correr.

Karageorghis es autor del libro Dentro de la Psicología del Deporte y ha realizado una serie de estudios que sugieren un vínculo entre la música y el éxito del desempeño deportivo.

“Para el corredor medio, hace que la experiencia sea más placentera. Cuando se usa con prudencia, la música puede elevar los niveles de rendimiento y mejorar el estado de ánimo”, dice, comparando el efecto al de “una droga suave”, que también ayuda a distraer a un corredor y disimular su sensación de fatiga.

Uso y beneficios

La música es más eficaz cuando se utiliza de forma sincrónica -es decir, cuando las zancadas coinciden con los componentes rítmicos de la música, explica Karageorghis.

Pero también se puede utilizar de forma asincrónica -mientras se corre, pero sin coordinar los movimientos con ella. El mejor ritmo para este caso es de entre 125 a 140 compases (beats) por minuto, dice.

La mala noticia para los deportistas olímpicos es que estos resultados se aplican sólo a los aficionados. Los atletas de élite no parecen obtener los mismos beneficios.

Sin embargo, según reporta The New York Times, el famoso corredor de fondo etíope Haile Gebrselassie pide que toquen la canción tecno (fusión entre scat y música dance) Scatman de Scatman John durante sus carreras de 10.000 metros.

El editor de la revista Runners World, Andy Dixon, está de acuerdo en que la música puede ser útil. Él la escucha sólo en sus carreras largas, a menudo de más de dos horas.

“Las carreras se ponen muy monótonas y un poco aburridas. La música para mí realmente me impulsa después de una hora…. para sacudirme de una especie de estado de trance”.

Pero hay corredores que en realidad no les gusta que la música los “distraiga del esfuerzo o de la monotonía de correr”, dice Dixon.

“Soporífera”

Entonces, ¿cómo entró la música de Carros de Fuego al panteón de los clásicos?

“Es una pista de tempo lento”, dice Karageorghis. “No es particularmente estimulante. (Pero) es muy eficaz para los participantes de ejercicios recreativos y deportistas de élite como un precursor para el entrenamiento y la competencia”.

“Cuando escuchamos la música, evoca de inmediato imágenes heroicas -como una lucha olímpica por la gloria- que los retrata corriendo en una playa desierta en pantalones cortos blancos, esforzándose al máximo”.

Chris Harwood de la Universidad de Loughborough, profesor de psicología aplicada al deporte, está de acuerdo en que su atractivo se debe a las imágenes y al estado de ánimo que evoca.

“Se asocia la música con las imágenes de la película, que tienen que ver con pasar a través de la barrera del dolor y la superación de la adversidad”, asegura.

Dixon, sin embargo, dice la melodía es demasiado lenta para darle impulso.

“Personalmente, no me dice nada. Es casi un sacrilegio decir eso, porque es una especie de canción emblemática en los maratones de las grandes ciudades. En cuanto a su ritmo, es hipnótica, casi hasta el punto de ser soporífera”.

Las mejores melodías

La música que la gente escucha es tan variada y compleja como los diferentes tipos de corredores que existen.

Hay quienes evitan por completo la música. Otros que prefieren entrenar y escuchar el canto y susurro de la fauna y flora. O aquellos que necesitan escuchar el latido de su propio corazón y el ritmo de su aliento.

Pero para aquellos que son “corredores musicales” siempre hay una canción favorita.

Según una encuesta global de Runners Worldde este año, el 55% de los encuestados escucha música mientras corre.

Pero ¿qué les da ese empuje extra, que hace la diferencia entre un terminar sin pena ni gloria o un sprint final triunfal? ¿Qué les acelera el corazón, les despierta el alma y les empuja las extremidades?

“No hay nada como escuchar la intro de Welcome to the Jungle (de Guns N ‘Roses) cuando se está luchando por poner un pie delante del otro”, dice Adam Phillips, quien corrió su primer maratón en 2010. “También la guitarra y la introducción de Hammond en Shock Of The Lightning (de Oasis) sólo me hace seguir adelante y empujando más fuerte”.

Dixon tiene una afición por Hit Me with Your Rhythm Stick de Ian Dury y los Blockheads.

“Tiene esa cualidad cinética real. Me pone una sonrisa en la cara. Además, creo que tiene un compás por minuto que coincide bastante bien con mi ritmo de carrera”.

Karageorghis dice que su canción favorita para correr tendría que ser Más Que Nada, de Sergio Mendes.

“Me hace sentir muy bien. Me da energía. Le pone un resorte a mi paso. Le da la vuelta o modula mi estado de ánimo. Cada vez que escucho esa canción, se me levanta el ánimo por completo”, opina.

El corredor de maratón Ian Bennett dice que la mejor pista para correr esMonaer de Underworld. “Parece que me da energía -y es tan frenética y loca que me permite ir más allá de cualquier otra cosa”.

Karageorghis ha compilado una lista de “Las 20 mejores canciones motivacionales de todos los tiempos”, basada en su investigación. La número uno es Eye of the Tiger de Survivor.

No podría ser más diferente de Carros de fuego.

Las 20 canciones motivacionales

  1. Eye Of The Tiger – Survivor (109 BPM)
  2. Don’t Stop Me Now – Queen (154 BPM)
  3. Beat It – Michael Jackson (139 BPM)
  4. I Like To Move It – Reel 2 Real ft The Mad Stuntman (123 BPM)
  5. Push It – Salt-N-Pepa (130 BPM)
  6. Pump It – Black Eyed Peas 154 BPM)
  7. Born To Run – Bruce Springsteen (148 BPM)
  8. The Power – Snap (109 BPM)
  9. The Best – Tina Turner (104 BPM)
  10. Physical – Olivia Newton-John (124 BPM)
  11. I’m Sexy And I Know It – LMFAO (130 BPM)
  12. I Like The Way – BodyRockers (128 BPM)
  13. Moves Like Jagger – Maroon 5 ft Christina Aguilera (128 BPM)
  14. I Got You (I Feel Good) – James Brown (144 BPM)
  15. Lose Yourself – Eminem (88 BPM)
  16. Jump – Van Halen (130 BPM)
  17. Single Ladies – Beyonce (97 BPM)
  18. Run To You – Bryan Adams 126 BPM)
  19. Don’t Stop The Music – Rihanna (123 BPM)
  20. Blame It On The Boogie – The Jackson 5 (113 BPM)

Recopilación del Dr. Karagorghis

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Cómo una joven encontró a su familia 26 años después gracias a una foto en WhatsApp

Una niña que quedó huérfana en el genocidio de 1994 en Ruanda ha encontrado a sus familiares gracias a las redes sociales. Esta es su historia.
24 de septiembre, 2020
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Grace Umutoni de niña, a la izquierda, y en una imagen actual.

Grace Umutoni
“¿Me conocen?” Grace Umutoni publicó fotos de cuando era niña en las redes.

Para Grace Umtoni lo ocurrido ha sido “un milagro” obra de las redes sociales.

Umtoni quedó huérfana cuando solo tenía dos años. En 1994 sus padres fueron víctimas del genocidio que se cobró miles de vidas en Ruanda. Años después, ha podido encontrarse con algunos familiares.

La mujer, que no conocía su verdadero nombre, publicó fotos suyas de niña en grupos de WhatsApp, Facebook y Twitter el pasado abril con la esperanza de que miembros de su familia la reconocieran y pudiera reunirse con ellos.

Sus intentos anteriores, a través de cauces más formales, no habían dado resultado.

Todo lo que esta enfermera de 28 años sabía de su historia es que la habían llevado a un orfanato en Kigali, la capital ruandesa, después de encontrarla en el barrio de Nyamirambo. También fue acogido allí su hermano, de 4 años, que murió después.

En Ruanda hay miles de niños como ella, que perdieron a sus padres entre las 800,000 víctimas que se estima dejó la matanza sistemática de miembros de la etnia tutsi y hutus moderados en cien días de genocidio.

Muchos siguen buscando a su familia.

Después de que publicara sus fotos, aparecieron algunas personas que dijeron ser parientes suyos, pero pasaron meses hasta que apareció alguien que de veras parecía serlo.

Antoine Rugagi había visto las fotos en WhatsApp y se puso en contacto con ella para decirle que se parecía mucho a su hermana, Liliose Kamukama, muerta en el genocidio.

“El milagro por el que había estado rezando”

“Cuando lo vi, yo también noté que nos parecíamos”, le dijo Umtoni a la BBC.

“Pero solos las pruebas de ADN podían confirmar si éramos parientes, así que nos hicimos unas en Kigali en julio”.

Umutoni viajó desde el distrito de Gakenke, donde vive, mientras que Rugagi llegó desde Gisenyi, en el oeste, para que pudieran recoger los resultados juntos.

Grace Umutoni y su tío Antoine Rugagi .

Grace Umutoni
Grace Umutoni y Antoine Rugagi viajaron a Kigali para recoger los resultados de su prueba de ADN.

Resultó ser un gran día para ambos, ya que las pruebas revelaron un 82% de posibilidades de que ambos fueran famlia.

“Estaba impactada. No pude contener mis ganas de expresar mi felicidad. Todavía hoy pienso que estoy en un sueño. Fue el milagro por el que siempre había rezado”, cuenta Umtoni.

Su recién hallado tío le contó que el nombre que le pusieron sus padres tutsis era Yvette Mumporeze.

También le presentó a varios parientes de la rama paterna de la familia, como su tía Marie Josée Tanner Bucura, que lleva meses atrapada en Suiza a causa de la pandemia.

Grace Umutoni y su madre.

Grace Umutoni
Grace Umutoni y su madre, Liliose Kamukama, en una imagen de un álbum familiar.

Ella estaba convencida de que Grace Umtoni era su sobrina antes incluso de conocer el resultado de las pruebas genéticas por el parecido de la mujer de la foto de WhatsApp con el de la niña de los álbumes de la familia.

“Era claramente la hija de mi hermano Aprice Jean Marie Vianney y su esposa, Liliose Kamukama. A los dos los mataron en el genocidio”.

‘Pensamos que ninguno había sobrevivido’

La señora Bucura le contó también el nombre completo de su hermano, que llegó con ella al orfanato, Yves Mucyo, y que había tenido otro hermano, Fabrice, de un año.

El genocidio comenzó horas después de que el avión que transportaba a los presidentes de Ruanda y Burundi, ambos de la etnia hutu, fuera derribado en la noche del 6 de abril de 1994.

Milicias hutus recibieron la instrucción de dar caza a los miembros de la minoría tutsi. El suburbio de Nyamirambo, en Kigali, fue uno de los primeros en ser atacado.

Muchas de personas murieron a machetazos en sus casas o en barricadas levantadas para impedir el paso de quienes trataban de escapar. Algunos lograron ponerse a salvo en iglesias y mezquitas.

La señora Bucura dijo que alguien cómo una mujer agarraba del brazo al pequeño Yves y se lo llevaba corriendo de allí, pero no consiguieron más información. De su hermana no se supo nada.

El genocidio terminó meses después, cuando los rebeldes tutsis del Frente Patriótico Ruandés, liderado por el hoy presidente Paul Kagame, se alzó con el poder.

Cráneos en el Memorial del Genocidio en Kigali.

Reuters
Muchos murieron por golpes de machete, como se aprecia en los cráneos conservados en el Memorial del Genocidio en Kigali.

“Pensamos que ninguno había sobrevivido. Incluso los recordábamos cuando cada abril llegaba el aniversario del genocidio”, explica Bucura.

Umtoni no había podido averiguar sobre su familia y lo único que le contaron es que Yves murió al llegar al orfanato como resultado de las heridas que sufrió por las balas de las milicias hutus de las que huía.

Cuando tenía cuatro años, la niña fue adoptada por una familia tutsi del sur de Ruanda que le dio el nombre de Grace Umtoni.

“Los responsables de mi escuela me ayudaron y volví al orfanato en Kigali para preguntar si había algún rastro de mi pasado, pero no había nada”, dice.

“He vivido siempre en la pena de ser alguien sin raíces, pero seguí rezando por un milagro”.

“Por bien que me tratara la familia adoptiva, no podía dejar de pensar en mi familia biológica, pero tenía muy poca información para siquiera empezar a buscar”.

Ahora tiene curiosidad por saber más de sus padres. Han planeado una gran reunión familiar con parientes que llegaran de diferentes lugares del país y del extranjero, aunque el coronavirus ha obligado a aplazarla.

Entretanto, le han presentado a algunos de sos familiares a través de WhatsApp y ha descubierto que tiene un hermano mayor en Kigali, fruto de una relación anterior de su padre.

“Estamos agradecidos con su familia adoptiva”

Desde 1995, casi 20.000 personas se han vuelto a reunir con sus familias gracias al Comité Internacional de la Cruz Roja.

Su portavoz para Ruanda, Rachel Uwase, asegura que aún siguen recibiendo peticiones de ayuda de gente a la que el genocidio separó de su familia.

En lo que va de 2020, son 99 las personas que se han reencontrado con sus familiares.

Para la señora Bucura, descubrir que su sobrina había sobrevivido es algo que agradece.

“Estamos agradecidos con la familia que la adoptó, le dio un nombre y la crió”.

La joven mantendrá el nombre que le dio su familia adoptiva ya que es el que la ha acompañado la mayor parte de su vida.

Pero le tendrá siempre gratitud a las redes sociales por haberla ayudado a encontrar un sentido de pertenencia.

“Ahora hablo frecuentemente con mi nueva familia”, cuenta.

“He pasado toda mi vida con la sensación de que no tenía raíces, pero ahora me parece una bendición tener tanto a mi familia adoptiva como a la biológica, ambas pendientes de mí”.


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