Por qué los adolescentes pueden alcanzar grandes marcas deportivas
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Por qué los adolescentes pueden alcanzar grandes marcas deportivas

Dos adolescentes nadadoras, Ye Shiwen y Ruta Meilutyte, han marcado hasta ahora momentos memorables en los Juegos Olímpicos de Londres.
1 de agosto, 2012
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Ruta Meilutyte. Foto: AP

Dos adolescentes nadadoras, Ye Shiwen y Ruta Meilutyte, han marcado hasta ahora momentos memorables en los Juegos Olímpicos de Londres.

La joven china de 16 años ha ganado dos medallas de oro y un récord mundial en los 400 metros combinado.

En el tramo final de esa carrera Ye dejó atónitos a los espectadores: logró 28,93 segundos en los últimos 50 metros, más rápido incluso que los 29,10 segundos del estadounidense Ryan Lochte en la final de varones de la misma carrera.

Y en esos últimos 50 metros superó con extraordinaria facilidad a su principal rival, la estadounidense Elizabeth Beisel.

Aunque el entrenador estadounidense cuestionó su ejecución -y numerosos medios internacionales, entre ellos la BBC se hicieron eco de sus sospechas-, la joven negó cualquier mal comportamiento. Y también se informó que la adolescente ha sido sometida a varias pruebas de dopaje y nunca ha dado un resultado positivo.

La propia Ye se ha comportando con gran naturalidad y ha declarado a los periodistas que “todavía debe mejorar en varios aspectos”.

Pero, ¿es posible que una adolescente cuyo organismo todavía está desarrollándose pueda continuar perfeccionando su rendimiento?

Mejoras drásticas

Según los expertos sí es perfectamente posible ver mejoras drásticas en los adolescentes competidores.

La adolescente china ya ha demostrado este tipo de “mejoras drásticas”.

Su tiempo en la carrera de 400 metros fue siete segundos más rápido que el que obtuvo en los campeonatos mundiales el año pasado.

“Se trata de fortaleza y resistencia, lo cual significa que los jóvenes nadadores son capaces de entrenar más duro y más largo a una menor edad que alguien que participa, por ejemplo, en carreras de velocidad, lo cual requiere principalmente potencia”

Y no es la única joven nadadora que está mostrando enormes progresos.

La lituana Ruta Meilutyte de 15 años obtuvo el oro en los 100 metros pecho. Su mejor tiempo hasta ahora, que marcó en la semifinal, fue 2,5 segundos más rápido que el que obtuvo en los Juegos Olímpicos Juveniles Europeos hace un año.

El australiano Ian Thorpe, que obtuvo cinco oros olímpicos señala que la forma como el organismo se desarrolla durante los años de la adolescencia hace posible llevar a cabo estas proezas.

Cuando tenía 15 años, Thorpe logró mejorar su propio récord cinco segundos en los 400 metros libre, con lo cual logró el récord mundial.

En el caso de Ye Shiwen, dicen los expertos, su “pequeña y ligera” estructura corporal es el físico ideal para este tipo de evento.

Pero ese factor no es el único que importa.

“Con ella quizás se ha encontrado una combinación de una niña muy, muy talentosa, que puede trabajar muy, muy duro, y que tiene la forma corporal perfecta”, señala Adrian Moorhouse, el nadador británico que obtuvo oro en los 100 metros pecho en los Olímpicos de Seúl en 1988.

“Pero además -agrega- es alguien que puede enfrentar toda la presión que se le presenta”.

Moorhouse logró incrementar cuatro segundos su propio récord cuando tenía 17 años.

Y, ¿qué es lo que permite que un organismo adolescente pueda lograr estas mejoras enormes?

Según el profesor John Brewer, director de deportes de la Universidad de Bedfordshire, Inglaterra, y miembro de la Asociación Olímpica Británica, durante los años de adolescencia el organismo libera hormonas que ayudan al crecimiento corporal y se incrementa el desarrollo muscular y los poderes de resistencia.

“En un corto periodo, el cuerpo se somete a cambios masivos”, dice el profesor Brewer.

“Durante este período el desempeño de los jóvenes atletas puede a veces sufrir, pero al final esto resulta en un organismo que es capaz de un rendimiento mucho mayor”.

El profesor Brewer también cree que puede haber algo sobre la naturaleza de la natación que facilita que los jóvenes atletas sobresalgan.

Fortaleza y resistencia

“Se trata de fortaleza y resistencia, lo cual significa que los jóvenes nadadores son capaces de entrenar más duro y más largo a una menor edad que alguien que participa, por ejemplo, en carreras de velocidad, lo cual requiere principalmente potencia”.

“Esto significa que podemos ver a nadadores que maduran prematuramente”, agrega.

El profesor Craig Williams, experto en salud y ejercicio de la Universidad de Exeter, Inglaterra, quien ha trabajado con jóvenes atletas, está de acuerdo.

“Deportes como la gimnasia y la natación son muy exigentes técnicamente y, por lo tanto, con el entrenamiento correcto los adolescentes pueden destacarse incluso cuando no han logrado su máxima potencia”, dice el experto.

Pero estas mejoras en rendimiento, agrega, también están vinculadas a lograr una madurez tanto mental como física.

“Obviamente los cambios en el organismo ayudan en términos de fortaleza y resistencia, pero el aspecto psicológico también es importante”, señala.

“Tienes que ser capaz de poder manejar la presión y saber cómo desempeñarte. Esto puede marcar una enorme diferencia”.

Pero el desempeño de Ye Shiwen también podría tener una explicación mucho más sencilla.

Es algo que algunos comentaristas ya han resaltado: la enorme población de su país.

“China tiene una enorme reserva de talento con la cual se puede seleccionar lo mejor”, afirma el profesor Brewer.

“Así que no debería sorprendernos cuando surge alguien con un talento excepcional”, agrega.

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NOOA

La Niña está de regreso: qué es y qué significa para el clima en América Latina

El fenómeno climático responsable de crudos inviernos y grandes sequías en todo el mundo ha llegado nuevamente y sus efectos se sentirán por varios meses.
NOOA
18 de octubre, 2021
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La Niña está de vuelta por segundo año consecutivo.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos anunció el jueves que el fenómeno climático responsable de crudos inviernos y grandes sequías en todo el mundo ha llegado nuevamente y hará sentir sus efectos por varios meses.

Según la NOAA, tras un periodo de relativo equilibrio atmosférico desde inicios de año, La Niña se intensificará durante las próximas semanas y no comenzará a debilitarse hasta la primavera de 2022, lo que puede tener un impacto en las lluvias, el final de la temporada de huracanes y la intensidad del próximo invierno boreal.

“Las condiciones de La Niña se han desarrollado y se espera que continúen con un 87% de probabilidad entre diciembre de 2021 y febrero de 2022“, indicó la agencia.

De acuerdo con el comunicado, los expertos comenzaron a notar que el evento climático se aproximaba en el último mes, cuando detectaron varios factores que apuntaban a su desarrollo entre ellos:

  • temperaturas de la superficie del mar por debajo del promedio en el Pacífico ecuatorial
  • anomalías térmicas en la mayor parte del Océano Pacífico central y oriental
  • anomalías en vientos del este en niveles bajos y en los vientos del oeste en los niveles superiores de la atmósfera.

Aunque generalmente los signos de su activación comienzan a detectarse en el verano boreal, ahora, como ocurrió en 2017, La Niña comenzó a manifestarse entrado el otoño.

“Nuestros científicos han estado rastreando el desarrollo potencial de La Niña desde este verano, y fue un factor en el pronóstico de la temporada de huracanes por encima de lo normal que hemos visto desarrollarse”, dijo Mike Halpert, subdirector del Centro de Predicción del Clima de la NOAA.

Pero ¿qué es la Niña y cómo afecta al clima de nuestro planeta y a América Latina?

La Niña

Para entender qué es La Niña es preciso explicar el fenómeno más general en el que se engloba: el llamado evento ENOS o El Niño-Oscilación del Sur.

El Niño es un patrón climático que causa un debilitamiento de los vientos alisios en el hemisferio sur del Pacífico.

Esos vientos, cuando son normales, arrastran las aguas superficiales desde las costas hacia el océano y esto provoca que las aguas frías de las profundidades surjan allí.

Cuando El Niño está activo, el agua del océano en la zona ecuatorial está más caliente.

BBC
Cuando El Niño está activo, el agua del océano en la zona ecuatorial está más caliente.

Esa agua fría es lo normal en la zona ecuatorial de la costa de Sudamérica.

Cuando esos vientos alisios se debilitan cesa ese proceso, al agua caliente se acumula y se produce un aumento de la superficie del mar en la costa de Perú y Ecuador, principalmente.

Ahora bien, cuando los alisios son muy fuertes y se refuerza la subida de esa agua fría en la zona ecuatorial y la temperatura del mar está por debajo de lo normal, comienza a manifestarse el fenómeno de La Niña, que viene a ser un patrón climático opuesto a las condiciones de El Niño.

Generalmente, entre las dos fases, ocurre un periodo llamado “zona neutra” (en la que nos encontrábamos hasta hace poco) en la que ninguno de los dos eventos están notablemente activos y las temperaturas están sobre el promedio.

¿Cuáles son sus efectos?

Los efectos de La Niña y el Niño, que van desde sequías a inundaciones, de lluvias intensas a huracanes, dependen siempre de la zona de la oscilación: puede producir indistintamente sequías en Latinoamérica, nevadas intensas en la zona norte de Estados Unidos o sequías en Australia o en las islas del Pacífico.

Y aunque siguen patrones, esto no implica que cada vez que se activen las condiciones se manifiesten de la misma manera: ningún evento de La Niña es como otro.

Aunque los pronósticos más certeros para la actual temporada se conocerán a finales de este mes, la NOAA y otras organizaciones meteorológicas de América Latina prevén “una La Niña de intensidad moderada“.

Esto, sin embargo, no predice por sí mismo las condiciones en las que se manifestará dado que datos históricos revelan que ha habido casos de sequías más severas en eventos débiles o moderados de La Niña que en eventos fuertes a intensos.

En años anteriores, el fenómeno se ha manifestado muy débil, aunque desde 2020 se comenzaron a experimentar síntomas de un potencial fortalecimiento como fue la larga temporada de huracanes del Atlántico, condiciones de sequía en América del Sur y fuertes lluvias en Centroamérica y el norte de Suramérica.

Cómo afectará a América Latina

Generalmente, La Niña se manifiesta en dos formas totalmente diferentes en América Latina: lluvias intensas y abundantes, aumento del caudal de los ríos y posteriores inundaciones en Colombia, Ecuador y el norte de Brasil; y en condiciones de sequía en Perú, Bolivia, el sur de Brasil, Argentina y Chile.

Varios de estos últimos países viven desde el pasado año una intensa sequía, que ha afectado los cultivos, ha secado ríos e impactado la generación hidroeléctrica.

Ahora se teme que La Niña retrase aún más la temporada de lluvias en el Cono Sur y haga de 2022 un año aún más seco.

Mientras, en el noreste de América del Sur han ocurridos deslaves en varios países y en otros, como en Colombia, las represas se encuentran en un 86% de capacidad, casi el doble de los niveles de hace un año, lo que es considerado históricamente alto.

Río Paraná

Getty Images
La sequía ha afectado a varios países de América Latina y ha “secado” ríos como el Paraná.

La NOAA ha señalado que La Niña puede influir en los últimos meses de la actual temporada ciclónica en el Atlántico, que ha sido particularmente activa.

En México, las autoridades meteorológicas indicaron que una nueva activación del evento podría traducirse en una extensión del periodo de lluvias hasta finales de noviembre, así como precipitaciones intensas en algunas partes del país en las que no son frecuentes y luego, un invierno más seco.

En Centroamérica, por su parte, el Comité Regional de Recursos Hidráulicos había pronosticado desde el verano que La Niña podría traer a la región “condiciones más lluviosas que lo normal”, principalmente en la frontera de México con Guatemala, el sur de El Salvador; la parte central de Honduras y en el Pacífico de Costa Rica y Panamá.

La Niña anterior ocurrió durante el invierno de 2020-2021 y con anterioridad, entre 2017 y 2018.

El último evento El Niño tuvo lugar entre 2018 y 2019.


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