¿Por qué sólo el 14.3% de los aspirantes entraron a UNAM, IPN y UAM?
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¿Por qué sólo el 14.3% de los aspirantes entraron a UNAM, IPN y UAM?

18 de agosto, 2012
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Biblioteca Central de la UNAM. Foto: Cuartoscuro.

La demanda para ingresar al sistema de educación superior en México rebasa los espacios que ofrecen las instituciones a los jóvenes que buscan continuar con sus estudios y evitar un largo peregrinaje donde las opciones no llenan sus expectativas y a veces los llevan a desertar.

Simplemente para este ciclo escolar sólo el 14.3 por ciento de los alumnos que presentaron examen de colocación para la UNAM, el IPN y la UAM fueron aceptados.

Esta situación genera zozobra, enojo y preocupación en los estudiantes, que anhelan consolidar una carrera profesional.

Una opción para para aminorar el número de estudiantes que no fueron aceptados es la que ofrecen organismos o instituciones, como el Instituto Nacional de Becas (Inbec), quien llevó a cabo la quinta edición del Becatón.

Este evento que desde 2007 organiza el Inbec, busca brindar una oportunidad de estudios a los adolescentes a través de becas con apoyos del 40 al 100 por ciento de los costos en las mensualidades y la inscripción.

Asimismo la Secretaría de Educación Pública (SEP) en coordinación con el Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve) llevó a cabo la primera Feria de Educación Superior “Más Oportunidades”, a fin de presentar una alternativa a los egresados del nivel medio superior.

Al respecto el subsecretario de Educación Superior de la SEP, Rodolfo Tuirán, aseveró en la inauguración de la feria, que se tiene una idea errónea de que la matrícula de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) no ha crecido en los últimos años, “no es así ya que el número de estudiantes se incrementó en 47 mil profesionistas en estas tres instituciones, entre 2006 y 2011”.

No obstante, resaltó que este incremento de lugares no es ni la mínima parte de lo que la ciudad de México necesita para brindar una oportunidad de estudios superiores a los jóvenes que egresan del nivel medio superior.

Ya que, dijo, el 78 por ciento de los bachilleres elige como primera opción de estudios a la UNAM, el 66 por ciento como segunda oportunidad al IPN, y para el 44 por ciento la UAM es su tercera elección, “no hay universidad que pueda seguir el paso de semejantes preferencias”, sostuvo.

En ese sentido llamó a los estudiantes a que tomen en cuenta todas las opciones educativas, ya que alguna podría cumplir sus expectativas, “en la zona metropolitana hay, además de los tres grandes centros educativos, un total de 414 instituciones de educación superior que ofrecen alrededor de tres mil diferentes programas educativos”.

Pese a que en la Feria se dieron cita alrededor de 100 instituciones educativas, entre universidades públicas y privadas, los asistentes salían con caras de inconformidad y de no haber llenado sus expectativas.

“Esto es una burla, según iba a haber universidades públicas, y yo solo vi una, la del Estado de México, que solo nos ofrece los lugares que le sobraron, si tu quieres una carrera pero si ya llenaron su cupo no te toman en cuenta para esa (carrera) y te ofrecen otra”, señaló Blanca Rosa Velasco, egresada del Conalep 2.

Por su parte, Ignacio Ramírez platicó que llegó a la Feria con la ilusión de encontrar un lugar, sino en una escuela pública si quizá en alguna particular que le ayudara económicamente a través de una beca, pues dice que él salió del Colegio de Bachilleres número 3, en Iztacalco, con un promedio de 9.2 y se merece seguir estudiando.

“Yo le puse muchas ganas al examen para entrar a la UNAM, buscaba un lugar para estudiar, ahí, la licenciatura en Derecho. Pero a pesar de que me la pasé estudiando la guía que te venden no me quedé, yo creo que no revisan los exámenes que hacemos, pues estoy seguro que tuve los aciertos que decía la gaceta”, expresó.

Con un semblante desencajado expresó: “creo que me tendré que esperar un año sin estudiar, quizá me ponga a trabajar, aunque mis papás no quieren, dicen que me va a gustar el dinero y dejaré la escuela, pero sino pasaré a ser parte de los ´ninis´ un año, pues en mi caso no podría pagar una carrera como la que quiero”.

En el evento el funcionario federal hizo hincapié en las carreras en modalidad abierta o a distancia lo que podría disminuir la demanda del sistema escolarizado y tradicional, además de que los estudiantes pueden trabajar al mismo tiempo de continuar con su preparación académica.

Al respecto el Director de las carreras de Economía de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey Campus Santa Fe, el doctor Raymundo Tenorio Aguilar, explicó en entrevista con Notimex que el nuevo sistema de aprendizaje como es la educación virtual es lo del futuro y hay que apostarle a ese sistema.

“Hoy en día las universidades con educación virtual, a distancia y en línea son dirigidas para clase media, pues con la situación económica que se vive actualmente, a los padres de familia se les complica mantener una educación de nivel superior y además las familias mexicanas no son solo de tener un hijo, sino varios”, subrayó Tenorio Aguilar.

Destacó que las licenciaturas en línea son un modelo diseñado para personas que trabajan y estudian a la vez, pues les permite organizar sus horarios y deberes sin desatender sus responsabilidades y su preparación.

Además enfatizó que, en la actualidad, no hay pretextos para que los adolescentes no se preparen académicamente pues este sistema virtual les permite desarrollarse en todos los aspectos.

Agregó que “el que quiere estudiar lo hace con o sin ayuda de sus padres, sino se quedó en una institución pública lo puede hacer en una abierta o de manera virtual, además hay escuelas que cuentan con esquemas de crédito para financiar la carrera a los estudiantes”.

Destacó que hay instituciones en que en los planes de estudio permiten pagar la carrera después de haberla terminado y de esa manera no se lastima la economía familiar.

En la Feria “Más oportunidades”, Tuirán Gutiérrez exhortó a los jóvenes a buscar otra mejor opción para su educación pues dijo que también deben voltear a ver las carreras que no tienen tanta demanda, que en ellas pueden encontrar satisfacción profesional.

“Los jóvenes deben saber que en México los contadores y administradores suman más de un millón 820 mil; los ingenieros mecánicos y en sistemas alrededor de 900 mil; los maestros de educación prescolar y primaria y pedagogos más de 825 mil; los abogados son 750 mil y los médicos 350 mil. Significa que tan sólo en ocho carreras se concentra el 58 por ciento de los profesionistas en el país”, indicó.

Para el ciclo 2012-2013 se presentaron 190 mil exámenes para la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), institución que sólo dio lugar a 17 mil 500 alumnos; en tanto para el Instituto Politécnico Nacional (IPN) fueron 90 mil estudiantes los que concursaron por un espacio, sin embargo sólo fueron aceptados 24 mil.

Por su parte la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) recibió 87 mil exámenes por parte de los jóvenes estudiantes, pero sólo 11 mil consiguieron un lugar para seguir su preparación educativa.

Todos estos números se traducen en un rechazo de 85.7 por ciento de alumnos que buscaban un número en la matrícula de las tres instituciones educativas, a nivel superior, lo que significa que 314 mil 500 alumnos no consiguieron un lugar en esos planteles y sólo 14.3 por ciento ingresaron.

Rodolfo Tuirán reconoció que lo que México necesita es impulsar la educación para que los jóvenes construyan un mejor futuro lo que se verá reflejado en el país.

“Como dijo el poeta uruguayo Mario Benedetti, a las y los jóvenes les queda situarse en una historia que es la suya, tender manos que ayudan, abrir puertas entre el corazón propio y el ajeno y, sobre todo, les queda hacer futuro”, finalizó el subsecretario.

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El gas usado para "desinfectar" a mexicanos en EU que sirvió como ejemplo a la Alemania nazi

Durante décadas, trabajadores mexicanos que cruzaban a Estados Unidos fueron inspeccionados y fumigados con pesticidas para prevenir enfermedades infecciosas. Décadas después, cientos describieron la experiencia como humillante y vergonzosa.
4 de septiembre, 2021
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En 1956, los braceros eran fumigados con DDT como parte del proceso de entrada a Estados Unidos.

CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU

Muchos no sabían qué les estaban rociando, pero era tan extendido su uso que le apodaron “el polvo”.

La fotografía que abre esta nota es especialmente destacada por historiadores en Estados Unidos y algunos describen la escena capturada como “un momento atroz”.

En ella un funcionario enmascarado fumiga la cara de un joven mexicano desnudo con el pesticida DDT en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas, mientras que otros esperan en fila detrás mientras sujetan sus pertenencias.

La tomó el neoyorquino Leonard Nadel en 1956 mientras documentaba el programa Bracero, bajo el que al menos 4 millones de mexicanos migraron temporalmente a Estados Unidos para trabajar entre 1942 y 1964.

El esquema fue inicialmente establecido para compensar la ausencia de trabajadores estadounidenses debido al reclutamiento militar durante la Segunda Guerra Mundial.

Un trabajador se registra en el programa Bracero.

Getty Images
Millones de mexicanos campesinos y obreros participaron en el programa Bracero en Estados Unidos.

El DDT se empleó hasta mediados de los 60 en los inmigrantes para prevenir la propagación de malaria y tifus y su uso fue posteriormente prohibido en EE.UU. en 1972.

Hoy en día está clasificado por el gobierno de ese país y autoridades internacionales como un “probable carcinógeno humano”.

Pero este no fue el único pesticida empleado para “desinfectar” a inmigrantes mexicanos en la frontera entre México y EE.UU. por décadas.

Años antes de la implementación del programa Bracero, otro insecticida fue utilizado en centros de recepción de visitantes y pasaría a servir como ejemplo a funcionarios del nazismo en Alemania.

Zyklon B

David Dorado Romo, historiador y cronista de El Paso y Ciudad Juárez, dio con un artículo en una revista científica alemana de 1937 que lo dejó atónito.

El escrito incluía dos fotografías de “cámaras de despiojado” en El Paso, Texas.

Su autor, el químico alemán Gerhard Peters, destacaba las imágenes para ilustrar “la efectividad del Zyklon B (un pesticida a base de cianuro) como un agente para matar plagas indeseables”, escribe Romo en su libro Ringside Seat to a Revolution (“Asiento en primera fila a una revolución”).

“Peters se convirtió en el director de operaciones de Degesch, una de las dos firmas que adquirió la patente del Zyklon B en 1940 para producirlo masivamente”, describe.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis utilizaron el gas en dosis concentradas para matar a millones de judíos.

Un funcionario fronterizo estadounidense les habla a un grupo de refugiados mexicanos en el Puente Internacional de El Paso, en Texas. Año 1916.

Getty Images
Las inspecciones y requerimientos en la frontera entre EE.UU. y México en El Paso se endurecieron a partir de 1916.

Aunque en El Paso no se utilizó para el mismo fin, ya se estaba empleando desde 1929 por funcionarios fronterizos para fumigar la ropa y los zapatos de inmigrantes mexicanos en el Puente Internacional Santa Fe, que conecta esa ciudad con Ciudad Juárez.

Las inspecciones habían iniciado formalmente en 1917, amplía el historiador, cuando las autoridades estadounidenses empezaron a imponer restricciones sobre los cruces fronterizos en sectores como El Paso.

El alcalde de la ciudad en esa época, Tom Lea, se refería a los mexicanos como “sucios piojosos indigentes” que “sin duda, van a traer y propagar el tifus”.

Pero entre 1915 y 1917, menos de 10 residentes de El Paso habían muerto del tifus epidémico, recogió Romo en su libro.

Aún así, los mexicanos considerados de “segunda clase” eran sometidos a exhaustivos chequeos que incluían duchas con agua caliente y revisiones de los migrantes desnudos. A los que le encontraban piojos, “les rapaban la cabeza y les afeitaban todo el cuerpo”, señala Romo a BBC Mundo.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Tan solo en 1917, al menos 120.000 personas fueron examinadas en el centro de El Paso.

Romo y otros historiadores hablan de un contexto en el que las ideas eugenésicas cobraban fuerza y se manifestaban a través de nociones discriminatorias y racistas.

“No hay que comparar peras con manzanas, pero el Holocausto no fue un hecho aislado y la frontera entre EE.UU. y México sirvió como un centro de experimentación importante de esas ideas”, advierte Romo.

“¿Sabe qué es la vergüenza?”

Cuando inicia el programa Bracero en 1942 ya estaba extendido el uso de diferentes químicos como el kerosén en centros de inspección fronterizos.

Aunque el gobierno de EE.UU. alabó a los mexicanos que se enlistaban como “soldados de la producción” y de la tierra en ese tiempo, con los años surgieron cientos de testimonios de trabajadores que señalaron sus experiencias como vergonzosas y humillantes.

La historiadora Mireya Loza recuerda en conversación con BBC Mundo que la imagen del trabajador rociado con DDT en la cara era la que más afectaba a los antiguos participantes del programa con los que habló.

“Muchos decían que sentían los efectos del DDT en los ojos, que tenían reacciones alérgicas en la piel y entendieron que no era un tratamiento humano”, dice la profesora de la Universidad de Georgetown.

Un grupo de trabajadores del programa Bracero alzan los brazos y están alineados contra la pared mientras son inspeccionados en una habitación del Centro de Procesamiento en Monterrey, México.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores eran inspeccionados a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Aquí, en un centro de procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

La académica inició su investigación entrevistando a decenas de braceros para un proyecto llamado Bracero History Archive (Archivo Histórico de los Braceros), impulsado por el Museo Nacional de Historia estadounidense Smithsonian.

“Muchos de estos trabajadores dijeron haber sentido algo feo porque era la primera vez que eran desnudados públicamente y frente a varias personas. Para ellos era un shock tremendo estar ahí y que los doctores les hicieran abrir las pompis, la boca; todo revisaban”, describe.

Los trabajadores eran generalmente inspeccionados en sedes administradas por Estados Unidos dentro de México y en ciudades fronterizas como Hidalgo, en Texas.

Además de las fumigaciones, los vacunaban contra la viruela, les hacían exámenes de sangre y de rayos X y les revisaban las manos en busca de callos que demostraran que tenían experiencia en el campo.

Un bracero es vacunado mientras otros esperan en la fila en el Centro de Procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores también eran vacunados contra la viruela.
Un funcionario de gobierno revisa las manos de un aspirante al programa Bracero.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Era común que las manos de los trabajadores fueran revisadas en busca de callos como prueba de que ya trabajaban la tierra.

José Silva, un campesino oriundo de Michoacán que empezó a trabajar desde los 6 años, describió en 2005 con cierto enfado la experiencia que vivió mientras fue bracero durante una entrevista disponible en el Archivo Bracero:

“Por una parte sí fue un buen programa (…) No tuve problema, me ayudé económicamente. Lo que no me gustaba era que nos fumigaron. Sentí vergüenza. ¿Sabe qué es la vergüenza? Todos formados así, sin ropa, y salíamos así caminando y allá en la puerta estaba el hombre con el fumigador. Muy mal. No éramos animales, éramos cristianos, ¿por qué nos fumigaban?“.

Víctor Martínez Alemán, originario de Tlaquiltenango, en Morelos, se enlistó en el programa en 1956 y trabajó en California:

“Nos pasaron, encuerados, delante de todas las muchachas, ya no más nos tapábamos acá pero encuerados para pasar donde nos iban a fumigar, bien fumigados así y todo… A nosotros nos daba vergüenza porque teníamos que pasar como con 20 mujeres (…) Eran todas secretarias. Y con manos atrás, nada de taparse, nada… Nos quería hasta pegar (…) Nunca había yo pasado esas penas pero como yo lo que quería era llegar a Estados Unidos para hacer algo…”.

“Injusticias y abusos”

A través del Archivo Bracero, el gobierno de EE.UU., mediante el Museo Nacional de Historia y diferentes instituciones académicas, reconocen que los trabajadores fueron sometidos a una serie de “injusticias y abusos”.

“Muchos se enfrentaron a alojamiento deficiente, discriminación e incumplimiento de contratos, incluso fueron estafados al recibir sus salarios”, indica el sitio web.

Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Pese a estas investigaciones, ningún presidente o autoridad de alto cargo a nivel nacional en EE.UU. ha ofrecido disculpas públicas ni reparaciones por los efectos negativos que desencadenó el programa, indica la historiadora Mireya Loza.

Tampoco existe una investigación exhaustiva sobre el impacto de pesticidas, incluido el DDT, en la salud de millones de braceros que fueron fumigados.

Aunque el programa culminó hace casi seis décadas, aún queda una generación que vive para contarlo.

Carlos Marentes, activista por los derechos de los campesinos en El Paso, recogió también cientos de testimonios y denuncias de abusos laborales, y las fumigaciones sobresalían entre los recuerdos más amargos de los trabajadores.

“Naturalmente existía un miedo de que trajeran enfermedades contagiosas, pero eso conllevó a una estigmatización“, dice a BBC Mundo.

Para Marentes, el programa Bracero fue un ejemplo claro de “la contradicción en la política de inmigración” de Estados Unidos.

“Por una parte sabemos que los necesitamos (a los inmigrantes), para que hagan todo lo que no podemos o no queremos hacer, pero por otra parte nos han metido en la cabeza que hay que tenerles miedo”, sentencia.



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