Sólo sé estar solo en el Metro
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Sólo sé estar solo en el Metro

Bienvenidos al viaje sin retorno de Emmanuel Peña, quien imagina y retrata la vida diaria del Metro capitalino a través de las páginas de un álbum ilustrado
Por Moisés Castillo
18 de agosto, 2012
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El libro del Metro, de Emmanuel Peña.

Abordar un vagón del Metro de la Ciudad de México es convertirse en un ser anónimo como cualquiera. Miles de historias, rostros, olores y sabores se encapsulan en un tiempo subterráneo. El Metro es el único lugar del DF que no discrimina: todos caben a empujones a las ocho de la mañana en la estación Centro Médico o Hidalgo. En casos extremos hay que ser un verdadero tackle de futbol americano para entrar a esa lata de sardinas y no correr el riesgo de llegar otra vez tarde a la oficina o al colegio.

¿Qué cosas hemos vivido en el metro? Recuerdo que en la prepa casi siempre me quedaba completamente dormido de la estación La Paz a Pantitlán y nuevamente de Pantitlán a Politécnico. Como si estuviera dopado o borracho me sumergía en un sueño profundo, hasta que un poli movía mi hombro y me decía: “Ya llegamos, joven. No se lo vaya a llevar el tren”. No es justificación, pero recorrí diario 22 estaciones de ida y 22 de vuelta durante tres largos años.

Un caso de carcajadas interminables fue cuando vi a mi amigo de Cuernavaca extender su brazo derecho y hacerle la parada al Metro en la estación Nativitas. Algo que no es agradable y que aún lamento es no haber comprado la novela “El obsceno pájaro de la noche”, en Pino Suárez rosa. Era una edición semi nueva de Alfaguara que costaba 40 pesos. La sigo buscando desde hace 10 años. Inconseguible.

Viajar en el Metro es una experiencia surrealista, sorprendente: un niño  cuida a un guajolote y lo jala con un mecate como si fuera un perro; un joven extiende una manta con vidrios filosos y se lanza de espaldas para conseguir unas monedas; un señor se cree Mauricio Garcés y le cierra el ojo a una chica, que no sabe cómo esquivar esas miradas lascivas; toda la discografía de los Beatles o huevos de dinosaurio a tan sólo ¡10 pesos! Un cruzazulino pensando en el ansiado título, recordando una y otra vez aquel penal de Carlos Hermosillo.

O como dice el “Libro del Metro” (La Caja de Cerillos Ediciones 2012): “Nos vemos en Balderas a las 2:15, debajo del reloj. ¿Cómo ser puntual debajo de un reloj que nunca está a la hora?”. Este es el viaje sin retorno de Emmanuel Peña, quien imagina y retrata la vida diaria del Metro capitalino. El álbum ilustrado ofrece la historia de una gallina perdida, nueve vagones, más de 500 personajes diversos y, por si fuera poco, una serie de frases irónicas de Juan Casas.

Emmanuel vivía por el Estadio Azteca y tenía que trasladarse diario a la Condesa, y la mejor opción –o la menos peor y la más barata- era abordar el Metro Taxqueña, trasbordar en Chabacano y luego bajarse en Chilpancingo. En esas horas comenzó a dibujar para liberarse de la asfixia de estar encerrado en un vagón ruidoso y “oliendo la fragancia del que no se baña”.

Acumuló en cuatro años cientos de bocetos y encontró en Juan Casas a un cómplice perfecto para que el paseo fuera más placentero y venturoso. Su maestro de literatura del “Bachillerato Cruz Azul” abrió una cuenta de Twitter y subía frases de Metro. Comenzaron a interactuar y a intercambiar historias, personajes y expresiones para encontrarles un lugar en las ilustraciones. A su vez, los editores Andrea Fuentes, Alejandro Cruz y Miguel Escamilla colocaron con buena puntería esos monólogos, pensamientos irreales y slogans cotidianos.

Emmanuel Peña

-¿Por qué decidiste que el motivo del viaje fuera una niña persiguiendo a su gallina?

Lo de la gallina fue una excusa, pero después sentí que era un hallazgo porque es súper absurdo que alguien pierda una gallina y la persiga. Si a mí se me perdiera una gallina, me haría menso y me bajaría del Metro. Hace como un mes, me estaba bajando del vagón y a lado de mí estaba un señor que traía una gallinita chiquita como la de mi cuento. Puede pasar realmente, fue algo que se me ocurrió y que me motivó también a seguirla, a trabajar la idea.

-El Dr. Alderete destaca la “inspiración” de más de 500 personajes diversos, ¿cómo imaginar tantos rostros y situaciones? 

Dibujé los personajes en muchos momentos. Entonces si un día te sientas a dibujar te salen de una forma los rostros y también tiene que ver mucho con el estado de ánimo y lo que te encuentras ese día en el Metro. Por eso hay como muchas calidades de línea. Hay una página donde sí hay como tres imágenes iguales, pero lo hice a propósito, un poco como los surrealistas que repetían cosas. Salen tres tipos que cargan un pastelito y están ahí sentados.

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-También vi a un cruzazulino frustrado pensando en la copa…

Sí, todos los cementeros tenemos esa espinita. En este libro tuve oportunidad de plasmar todas las ideas que traigo, cosas que se te van ocurriendo y que vas acumulando a lo largo de los años. Ahí está representado mi equipo de futbol, y de repente hay unos retratos que son de gente que conozco.

-Algo que sí está muy presente son los pasajeros devotos de San Judas Tadeo…

Creo que son de las escenas que más se repiten. A ese tema le dediqué una página completa. Desde la primer página hay un señor cargando en su espalda a un San Judas gigantesco. Me llama mucho la atención cómo se ven y hacen su ritual. Se me hace muy simpático que vayan con sus esculturas enormes pidiéndote dinero, porque esa es otra forma de ganar dinero. Se puede hacer un gran listado de las distintas maneras de sacar dinero en los vagones del Metro.

-En este sentido, hay una frase que es certera: “Algún día habrá más vendedores, limosneros y vigilantes que viajeros”.

Sí, se vuelve contundente esa idea a ciertas horas del día. He viajado muchas veces por la noche, están los vagones casi vacíos y todavía se sube el que te vende discos, dulces, impermeables. Es una invasión constante.

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-¿Qué te agrada y qué te desagrada de viajar en Metro?

Aún sigo viajando diario. Ahora creo que viajo más, tengo el camino de Eugenia hasta CU. Me gusta porque llego en 15 minutos, es un recorrido largo y en poco tiempo estoy en el sur, eso está muy bien. Y odio lo mismo que todos: que te aplasten, que a veces no puedas salir, que si te descuidas te pueden volar algo que anda asomado de la mochila. También hay lugares exclusivos para la gente que usa bastón o para las mujeres embarazadas y que no se respetan, eso también me molesta.

Guernica, Kasparavicius y General Anaya 

A sus 25 años, Emmanuel Peña ha realizado ilustraciones para revistas como Indie Rocks, Belio Magazin, Chacota, Los suicidas, Residente y viñetas para La Gaceta del Fondo de Cultura Económica. También ha ilustrado libros del Colegio de México y del Conaculta como el de Jorge Ibargüengoitia “Piezas y cuentos para niños”.

Estudió diseño gráfico en la Universidad del Valle de México y dice que siempre le gustó dibujar. De pequeño tenía problemas motrices, por lo que jugaba mucho con plastilina y calcaba dibujos de súper héroes. En una clase de preparatoria dijeron que el que hiciera una reproducción del cuadro “Guernica” tendría un punto extra en el examen final. En un par de días la hizo con resultados excelentes. Quedó tan bien que su maestra se la compró. Eso lo motivó para seguir trazando y creando personajes raros y entrañables.

-¿Este libro nos ayuda a entender y mirar al otro en un espacio público?

En el Metro todos hacemos viajes muy particulares, vamos muy aislados. Cuando llegas a interactuar es porque vas acompañado o lo que venden te interesa. Pero en general, a nadie nos gusta interactuar, nadie hace amigos en el Metro. Incluso, cuando alguien quiere bajar no quieres responder, ni voltear a ver al otro. Siento que es muy aislado viajar en el Metro, a pesar de la cercanía de cuerpos.

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-¿Tienes alguna estación del Metro favorita?

Me movía mucho en la línea azul. Me quedaba de ver siempre con mis amigos en General Anaya, tal vez podría ser esa. También casi siempre mis viajes eran al Zócalo cuando no quería ir al servicio social. Creo que esas son mis favoritas.

-¿Cuáles son tus principales influencias?

Pues creo que sigo en una búsqueda. Me gusta ver el trabajo de otros ilustradores y eso lo hago desde la secundaria. Compraba revistas de rock y entonces veía el trabajo de Betteo, Mr. Kone, Dr. Alderete. En ese tiempo no sabía realmente quiénes eran hasta que entré a estudiar diseño y ya dimensioné la calidad de esos autores. Luego hubo otro momento en que quería copiarle a otro artista, pero luego me dí cuenta que él tenía su estilo y tuve que encontrar el mío dentro de mis posibilidades. Por ejemplo, un tiempo quise hacer acuarela y me encanta Kasparavicius, pero yo nunca voy a pintar como Kasparavicius. Entonces lo que puedo hacer es pintar a partir de mis habilidades, hasta donde yo dé. Quiero ser honesto con el dibujo y con lo que quiero transmitir.

-¿En qué situación se encuentra la novela gráfica en México? Parece que las editoriales están apoyando más a estos proyectos literarios…

A mí no me gusta la novela gráfica, no me gusta el cómic. Mi libro no se parece a ese tipo de trabajos. Realmente no me había puesto a pensar en eso. No sé si llamarlo una novela gráfica porque no tiene un relato en forma, es una historia con dibujos y frases. A mí me gusta más el nombre de álbum ilustrado. El álbum ilustrado en México no se produce tanto. Siento que no hay mucha producción y más bien las editoriales hacen traducciones.

Cuando estamos en el Metro en silencio observamos a la gente, tal vez la reconocemos o nos reconocen. ¿Hemos visto a un desconocido más de una vez en el Metro? O como dice Juan Casas: “No hay rostro más desconcertante que aquel que nos mira desde el vagón de enfrente y luego se va sin despedirse”. Las soledades del Metro, ¿a dónde irán?

La presentación del “Libro del Metro” será el miércoles 12 de septiembre a las 7pm, en Vértigo Galería (Colima 23 Loc. A, Col Roma Norte) 

 

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6 consejos para negociar de manera más efectiva en el trabajo (y qué es lo que nunca deberías hacer)

Jonathan Booth, experto en negociación de la universidad británica London School of Economics, comparte con algunas de las claves para llegar a un mejor resultado.
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10 de agosto, 2020
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Mujeres conversando

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“Ninguno de nosotros puede evitar una negociación”, dice Jonathan Booth, explicando que hasta en las situaciones laborales más cotidianas existen habilidades negociadoras que pueden ayudarte a conseguir tus objetivos.

Cuando hablamos de negociar, no solo de trata de cerrar un negocio o conseguir un aumento de salario.

Hay negociaciones más cotidianas que, aunque no terminen con un resultado cuantificable en dinero, son igualmente importantes.

Por ejemplo, necesitas habilidades para negociar un día libre, para que la carga de trabajo sea equitativa o para defender un punto de vista que puede marcar el desarrollo de tu carrera profesional.

Jonathan Booth, profesor de comportamiento organizacional y gestión de recursos humanos de la universidad británica London School of Economics (LSE), quien además se especializa en educación para ejecutivos sobre negociación, dice que los pasos para tener éxito son aplicables en cualquier ámbito laboral.

“Ninguno de nosotros puede evitar una negociación”, le dice Booth a BBC Mundo, ya que es parte de la dinámica de nuestras vidas profesionales. como cuando hay que determinar los términos de un nuevo acuerdo o superar conflictos con colegas.

Lo más desafiante, afirma, es cuando estás negociando con una contraparte competitiva que no está dispuesta a perder y, por lo tanto, no le interesa llegar a un punto medio para facilitar un acuerdo donde los participantes obtengan algún beneficio, situación que en inglés se llama win-win.

Enfrentado a esa situación, es recomendable explorar si existen posibilidades de crear un escenario donde cada negociador se levante de la mesa con algún beneficio.

Para avanzar en este enfoque es importante “estar dispuesto a hacer preguntas, compartir información y priorizar la creatividad”, apunta Booth.

Estos son seis consejos que habitualmente utilizan los mejores negociadores, según el académico de LSE.


1. Acercarse a la contraparte y establecer una relación cordial

No se trata, necesariamente, de ir juntos al bar de la esquina, pero una llamada telefónica o una breve reunión previa, puede allanar el camino antes de que se establezca una negociación formal.

Si no están las condiciones como para un contacto previo a la negociación, es importante investigar por otros medios quién es tu contraparte.

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Es importante, dice el académico, crear las condiciones donde cada negociador se levante de la mesa con algún beneficio.

Por ejemplo, buscar en redes sociales información que pueda ser útil antes de sentarse a discutir. Indagar qué trabajos previos ha realizado, cuáles son sus motivaciones, sus intereses. Y si es posible, descubrir cómo han sido los resultados de negociaciones previas donde ha participado la contraparte.

Incluso si la confianza solo se extiende al establecimiento de reglas y procedimientos básicos, al menos eso permitirá que los participantes se sientan más cómodos.

2. Meterse en sus zapatos (y caminar un poco dentro de ellos)

Otra técnica que ayuda en el proceso es tratar de entender la perspectiva de la contraparte, incluso aunque no estés de acuerdo. Eso permite tener una comprensión más racional de la otra persona y descubrir qué busca.

También le hace ver al otro que estás prestando atención y que entiendes lo que propone, aunque las posiciones sean divergentes.

La idea es tratar de encontrar una solución integradora para evitar que el conflicto escale y se transforme en una discusión que no avanza.

3. Compartir información

Aunque puede sonar poco estratégico a primera vista, lo cierto es que compartir información es importante.

Pareja conversando

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“No vayas a una negociación sin estar preparado. Planificar y prepararse son la clave para el éxito”, apunta el experto.

Una negociación constructiva está relacionada con la reciprocidad. Entonces, tomar la iniciativa -y estar dispuesto a parecer vulnerable- puede ayudar a conseguir información de la contraparte y mover la conversación a tu favor.

Es como ceder un poco para conseguir algo a cambio. Es posible que tu buena disposición a compartir información empuje a los otros a seguir tu ejemplo, abriendo el diálogo.

Cuando los negociadores ven que las partes están dispuestas a trabajar juntas, se puede mantener un intercambio positivo.

4. Priorizar la creatividad

En cualquier negociación es probable que encuentres problemas o elementos inesperados a medida que avanzan las conversaciones.

En esta circunstancias se requiere ser creativo y buscar soluciones que den una respuesta a las distintas necesidades. Y para ser creativo con las propuestas tienes que saber quién es la persona que está al frente y qué busca.

Pareja conversando online

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Antes de sentarse a negociar, siempre hay que investigar quién es tu contraparte.

Es útil trazar la percepción de los intereses de todos lo que están en la mesa. Si los problemas que se discuten tienen varias partes, vale la pena desglosarlos y usar la creatividad para que los otros se integren a la discusión.

En esto es clave hacer las preguntas correctas para aprender de la información nueva que consigues de los otros negociadores y así generar múltiples ideas que permitan crear posibles soluciones.

5. Plantear las cosas de manera colectiva

En vez de plantear el diálogo de manera individual, al estilo de “mi posición es esta”, “tu posición es esta”, es conveniente tratar de conducir la conversación hacia un diálogo colectivo.

También puede ser útil traer a la mesa ejemplos de negociaciones previas donde hayas participado y cuyos resultados arrojaron un beneficio mutuo.

En este punto hay que tener cuidado porque al mostrar mucha experiencia, puedes parecer intimidante o puedes ser percibido por los demás como que los estás subestimando.

6. Minimizar las amenazas

Si tus contrapartes utilizan amenazas, tendrás que encontrar maneras de bloquearlas o prevenir que vuelvan a aparecer en la mesa de negociación.

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“Si tus contrapartes utilizan amenazas, tendrás que encontrar maneras de bloquearlas o prevenir que vuelvan a aparecer”, argumenta Booth.

Básicamente se trata de minimizar la tensión. Lo primero es encontrar un asunto en que todos los negociadores estén interesados para mover la discusión hacia otro lado, o encontrar puntos donde haya acuerdo.

Si descubres cuáles son las cartas del juego de los demás, tienes más opciones de mover las piezas a tu favor, con el fin de encontrar una solución de beneficio mutuo.

¿Qué se puede hacer cuando aparece un elemento inesperado?

“Si eso ocurre, le puedes hacer preguntas para que la contraparte aclare de qué se trata el asunto”, dice Booth.

Ahora bien, “si lo nuevo realmente te ha tomado por sorpresa, trata de evitar que la otra parte se dé cuenta“.

Un alternativa es hacer una pausa en la negociación y ganar tiempo para investigar y evaluar el nuevo escenario, ya que así puedes saber si necesitas traer nuevos recursos a la mesa y explorar otros caminos para lograr un acuerdo.

Y sobre qué es lo que nunca deberías hacer al enfrentar una negociación, Booth es muy claro: “No vayas a una negociación sin estar preparado. Planificar y prepararse son la clave para el éxito”.


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