Una prueba revela el daño que causa el alcohol
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Una prueba revela el daño que causa el alcohol

Científicos británicos crearon un análisis de sangre que muestra si el hígado ha sufrido daños no aparentes debido al consumo de alcohol.
29 de agosto, 2012
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Científicos británicos estudian el daño que causa el alcohol en el organismo // Foto: Cuartoscuro

Científicos británicos crearon un análisis de sangre que muestra si el hígado ha sufrido daños no aparentes debido al consumo de alcohol.

La prueba, que utiliza el código de semáforo para revelar el nivel del daño, podrá ofrecerse a las personas que beben regularmente más alcohol del nivel que se recomienda como seguro, afirman los científicos.

Según los expertos, será una herramienta valiosa porque muchas personas no suelen reconocer que beben en exceso y los daños causados en el hígado sólo son aparentes cuando están en niveles avanzados y el órgano comienza a fallar.

Hasta cierto grado el hígado suele tener la capacidad de sanarse a sí mismo, pero cuando es sometido a un embate continuo el daño se vuelve irreparable.

Incluso cuando un paciente con daño hepático deja de beber totalmente suele ser demasiado tarde y las complicaciones son mortales.

La nueva prueba muestra los resultados en colores: el verde significa que es poco probable que haya daño hepático, el amarillo señala que la probabilidad de daño es de 50% y el rojo indica que es muy probable que el hígado esté dañado y que la enfermedad es potencialmente irreversible.

El análisis combina una prueba hepática que los médicos ya utilizan de forma rutinaria con otros dos exámenes que miden el nivel de cicatrización en el órgano, un trastorno llamado fibrosis hepática.

Los investigadores de la Universidad de Southampton (Inglaterra) que diseñaron el análisis sometieron a más de 1.000 pacientes a la prueba.

Daño y prognosis

Los resultados mostraron que el análisis también puede realizar una prognosis de la enfermedad del hígado.

Según los investigadores, entre los pacientes que mostraron un código rojo (50%) y que fueron sometidos a un seguimiento, cerca de 25% murió dentro de los siguientes cinco años.

Sin embargo, agregan, ninguno de los que mostraron código verde murió o desarrolló complicaciones.

Los detalles de la investigación aparecen en la publicación British Journal of General Practice (Revista Británica de Medicina General).

Tal como le explica a la BBC el doctor Nick Sheron, quien desarrolló el análisis, “ésta es una herramienta poderosa y un mensaje para la gente”.

“Si un paciente muestra el color amarillo podemos decirle que ‘no estamos absolutamente seguros pero tiene una probabilidad de 50:50 de tener acumulación de cicatrices en el hígado, y tiene una probabilidad significativa de morir en los siguientes cinco años'”.

“Hemos visto que para la mayoría de los pacientes esta advertencia es buen estímulo para dejar de beber o al menos reducir su consumo a niveles seguros”.

El doctor Sheron agrega que, por lo general, la gente acepta someterse a la prueba.

“La gente tiene una inmensa curiosidad sobre si su consumo de alcohol le está produciendo daños. Y quieren someterse a la prueba”, dice el científico.

No sólo quienes beben más alcohol del recomendado están en riesgo de daño hepático. La gente que bebe y que tiene sobrepeso o aquéllos con diabetes tipo 2 también pueden someterse al análisis, afirma el doctor Sheron.

Según el profesor Ian Gilmore, presidente de la organización Alcohol Health Alliance, “uno de los desafíos con la enfermedad hepática es la naturaleza silenciosa del trastorno, que sólo se detecta cuando ya es demasiado tarde para poder revertir el daño”.

“Este amplio estudio de Sheron y sus colegas en Southampton puede ser realmente útil para guiar al paciente indicado hacia la atención especializada de forma oportuna”, agrega.

En Reino Unido, el gobierno recomienda a los hombres no beber más de tres o cuatro unidades diarias de alcohol (dos copas regulares de vino o dos botellas pequeñas de cerveza blanca) y a las mujeres dos o tres unidades (un vaso regular de vino o una botella pequeña de cerveza clara).

Pero también se aconseja tener dos o tres días libres de alcohol a la semana para ayudar al hígado a recuperarse después de beber incluso cantidades pequeñas de alcohol.

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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