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El violento futuro del Cártel del Golfo
La Secretaría de Marina capturó a Jorge Eduardo Costilla Sánchez, El Coss, a quien se consideraba el líder de la facción más grande del grupo que desde 2010 estaba dividido.
13 de septiembre, 2012
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La Secretaría de Marina presentó esta mañana a 'El Coss', presunto líder del cártel del Golfo. //Foto: Cuartoscuro

En Matamoros, Tamaulipas, ciudad fronteriza con Estados Unidos, muchos recuerdan los días en que Juan Nepomuceno Guerra, aparentemente próspero empresario, recibía diariamente en su restaurante a decenas de personas que le pedían favores: dinero, empleo para los hijos, regañar al esposo bebedor…

Era la década de los años 70. La leyenda urbana cuenta que Juan N. Guerra, como se conocía al anciano, ayudaba a todos, sin problema.

La historia nada tendría de particular sino fuera porque Guerra era el fundador de una próspera organización de contrabandistas que años después se convertiría en el Cartel del Golfo, una de las organizaciones de tráfico de drogas más fuertes y violentas de México y que ahora podría desvanecerse, según coinciden analistas y autoridades.

La Secretaría de Marina capturó a Jorge Eduardo Costilla Sánchez, El Coss, a quien se consideraba el líder de la facción más grande del grupo que desde 2010 estaba dividido.

De acuerdo con analistas, la detención pone fin al liderazgo histórico del Cartel, y abre paso a una guerra interna por ocupar el territorio que aún controla.

Desde hace varios años El Coss mantenía una cruenta disputa con el Cartel de Los Zetas, formado por ex militares y que durante más de una década se mantuvo como el brazo armado de la organización.

La batalla ha dejado cientos de personas asesinadas y desaparecidas en varias partes del país, de acuerdo con organizaciones civiles y autoridades.

Un escenario que podría agudizarse. Días antes de la captura de El Coss fue detenido el líder de otra facción, Mario Cárdenas Guillén. Sin los líderes principales, anticipan analistas, el Cártel vivirá una nueva guerra entre grupos más pequeños.

De ser así, eso se sumará a la sangrienta disputa que se vive en el seno de los Zetas entre sus dos principales líderes, Heriberto Lazcano (alias El Lazca o Z3) y Miguel Ángel Treviño Morales (alias Z40).

Pasado

Antes que se le conociera como Cartel del Golfo la organización de Juan N. Guerra se dedicaba fundamentalmente a la importación ilegal de mercancías.

Hasta 1986 las fronteras de México estaban virtualmente cerradas al comercio de muchos productos, desde aparatos electrónicos, perfumes, dentífricos y licor, hasta maquinaria industrial.

Una de las principales rutas de contrabando era la llamada Frontera Chica, la región norte de Tamaulipas que colinda con el estado de Texas, en Estados Unidos.

En este sitio operaba la banda de Guerra, que según han documentado académicos y autoridades cambió su perfil a fines de la década de los 80, cuando el país se abrió al comercio internacional.

Fue una de las razones. La otra se atribuye a que el fundador del grupo dejó el mando a su sobrino, Juan Agarcía Ábrego, quien cambió el tráfico de mercancía por la exportación de droga, especialmente cocaína.

Así nació el Cártel del Golfo, que durante la década de los 90 fue una de las organizaciones de narcotráfico más grandes de México y que pudo convivir con otros grupos como el de Sinaloa o Juárez por una razón,cuentan especialistas: todos tenían su propia ruta de operación.

García Abrego fue detenido en 1996, y dos años después su lugar fue ocupado por Osiel Cárdenas Guillén quien para mantener su liderazgo contrató a una treintena de ex soldados de élite como su guardia personal.

Este nuevo grupo se hizo llamar Los Zetas, que años después, tras la extradición de su jefe a Estados Unidos, se separaron del Cartel y se convirtieron en uno de los grupos más violentos y peligrosos de México y Centroamérica, según autoridades mexicanas y la agencia antidrogas estadounidense, la DEA.

Futuro

¿Cuál es el destino del Cartel del Golfo?

Según autoridades y especialistas la organización está seriamente mermada tras la captura de El Coss y Mario Cárdenas Guillén.

De hecho, el Cartel había perdido mucha de su influencia no sólo por la ruptura con Los Zetas, sino por la división de los grupos que encabezaban estos dos líderes.

Para sobrevivir El Coss se había asociado con el Cartel de Sinaloa -otrora el principal enemigo de su organización- cuyo líder visible es Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, y quien desde 2005 pretende apoderarse de la ruta de tráfico en la llamada Frontera Chica.

Es una de las regiones más disputadas por la delincuencia organizada.

En una de las ciudades de la zona, Nuevo Laredo, se realiza la tercera parte del comercio entre México y Estados Unidos, además que a lo largo de la frontera existen cientos de caminos clandestinos por donde suelen cruzar cargamentos de drogas y armas.

Matamoros, la otra ciudad más grande de la región, era la sede del Cartel del Golfo y ahora, según analistas, Los Zetas tratarán de apoderarse del territorio.

No será fácil, pues algunos de los grupos fieles a El Coss podrían mantener la alianza con El Chapo, considerado el narcotraficante más poderoso de México.

Más allá del análisis, el futuro tendrá un escenario que, dicen especialistas, va en contra de lo que ha prometido el presidente electo, Enrique Peña Nieto: más violencia.

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Más dióxido de carbono: la paradójica propuesta contra el cambio climático
Investigadores de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, quieren transformar un gas dañino en otro menos dañino para mejorar las actuales condiciones climáticas.
Getty Images
28 de mayo, 2019
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Suena como una teoría ilógica: la idea de lanzar intencionalmente más dióxido de carbono a la atmósfera para mejorar las actuales condiciones climáticas que tantos científicos advierten que amenazan la vida en la tierra tal cual la conocemos.

Pero eso es lo que plantean los investigadores de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, con una propuesta de convertir un gas invernadero dañino en otro menos dañino y así ayudar a reducir el cambio climático.

Los investigadores añaden que la estrategia también podría generar ingresos económicos para quienes la adopten.

El estudio, publicado en Nature Sustainability -un sitio especializado en políticas y soluciones de sostenibilidad- describe un potencial proceso mediante el cual el metano, un extremadamente potente gas invernadero, se convierte en dióxido de carbono, un gas que tiene menos impacto en el cambio climático.

En 2018, el metano -generado en su mayoría por actividad humana- alcanzó concentraciones atmosféricas dos veces y media mas grandes que en los niveles preindustriales.

Aunque la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera es mucho mayor, el metano es 84 veces más potente en términos de su efecto sobre el calentamiento global a través de los primeros 20 años desde cuando es despedido al aire.

Además, sostienen los científicos, las fuentes de emisiones de metano -resultado de los cultivos de arroz y crianza de ganado, por ejemplo- pueden ser muy difíciles y costosas de eliminar.

Beneficio neto

Por eso arguyen que el intercambio de un gas por el otro representa un beneficio neto significativo para el clima.

“Si se perfecciona, esta tecnología podría revertir las concentraciones de metano y otros gases en la atmósfera a niveles preindustriales”, indicó Rob Jackson, profesor de Ciencia del Sistema Tierra de la Universidad de Stanford y líder del proyecto.

La mayoría de las propuestas para estabilizar la temperatura global a 2° centígrados por encima de los niveles preindustriales dependen de las estrategias que combinan tanto la reducción de más dióxido de carbono entrando en la atmósfera como la eliminación de las cantidades ya existentes a través de la siembra de más árboles y otras técnicas de captura de carbono.

Pero estas reducciones de dióxido de carbono típicamente contemplan el retiro de cientos de miles de millones de toneladas y, sin embargo, no restauran la atmósfera a sus niveles preindustriales.

En contraste, dicen los investigadores, las concentraciones de metano podrían reducirse a niveles preindustriales con sólo remover 3.200 millones de toneladas de ese gas de la atmósfera y convirtiéndolos en cantidades de dióxido de carbono equivalente a las emisiones de unos cuantos meses de actividad industrial.

Según alegan los científicos de Stanford, su estrategia podría eliminar aproximadamente una sexta parte de todas las causas actuales del calentamiento global.

“Es una alternativa para compensar estas emisiones vía la eliminación del gas metano para que no haya un efecto neto en el calentamiento de la atmósfera”, explicó Chris Field, coautor de la propuesta y director del Instituto Stanford Woods para el Medio Ambiente.

¿Cómo se haría la conversión?

A nivel molecular el metano tiene mucha energía atrapada. Es un combustible que usamos para la calefacción o para cocinar.

Pero está en concentraciones tan pequeñas en la atmósfera, que atraparlo presenta complicaciones, y tan diluido, que no se puede quemar.

Los investigadores proponen un escenario de enormes estructuras de abanicos que succionen el aire y lo pasen por cámaras giratorias que contienen unos químicos llamados zeolitas que actúan como catalizadores.

Los zeolitas son minerales con amplias superficies microporosas que pueden retener moléculas como cobre y hierro y servirían como un filtro para atrapar el metano y convertirlo en dióxido de carbono.

Ese dióxido de carbono se despediría otra vez a la atmósfera a través del calentamiento de las moléculas atrapadas.

Aunque hay otra opción de almacenar el metano y convertirlo en otros productos, esta sería demasiado costosa y añadiría complejidad al proceso.

Negocio rentable

Según el profesor Rob Jackson hay un mercado que se puede crear para esta tecnología, que vendría de gente, compañías o países dispuestos a pagar para retirar los gases de la atmósfera.

“Ya hay un precio que pagar para la emisión de gases invernadero. Ya está en práctica en varios lugares del mundo y se expandirán en las próximas décadas”, declaró en un video de la Universidad de Stanford emitido por las redes sociales.

El proceso de convertir metano en dióxido de carbono podría ser rentable con un precio impuesto a las emisiones de carbono mediante una política apropiada, sostiene el estudio.

Si en este siglo los precios para compensar por esas emisiones de carbono suben a US$500 o más por tonelada, como la mayoría de los modelos proyectan, cada tonelada de metano retirada podría valer más de US$12.000.

Un complejo de filtros de zeolita del tamaño de una cancha de fútbol podría genera millones de dólares al año en ingresos, mientras que retira metano dañino de la atmósfera, aseguran.


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