En 6 de cada 10 prisiones, los reos mandan: CNDH
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

En 6 de cada 10 prisiones, los reos mandan: CNDH

Al menos 500 internos se han fugado de los reclusorios estatales en los dos últimos años.
Por Redacción Animal Político.
25 de septiembre, 2012
Comparte

Foto: Especial.

El diagnóstico de las prisiones en México que realizó la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) reveló que en el 60% de 100 centros penitenciarios visitados por la institución son los reos quienes tienen el control de la seguridad.

En conferencia de prensa para dar a conocer los resultados del Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria 2011, el titular de la CNDH, Raúl Plascencia, confirmó que las cárceles mexicanas “pasan por una grave crisis”. Un ejemplo de ello es que 53 prisiones están reprobadas porque en ellas los reclusos tienen llaves de seguridad.

El caso más reciente es la fuga de 131 reos del Cereso de Piedras Negras, en Coahuila, en donde, por cierto, los visitadores de la CNDH no pudieron entrar “por ingobernabilidad”.

Una de las recomendaciones de la CNDH es que se destine un custodio por cada 10 internos.

Sin embargo, la situación en Piedras Negras es muy distinta: hay un custodio por cada 70 prisioneros.

Los penales mexicanos, señala el organismo, no están cumpliendo con su función y en ellos hay  una “crisis delicada”.
El mando de los criminales al interior de los centros, llamado por la CNDH, “autogobierno”, permite la repetición de problemas como la aplicación de sanciones disciplinarias que violan los derechos de los internos, tales como la suspensión de la visita familiar, íntima y del defensor.

Otra situación que se agrava con el “autogobierno” es la proliferación de objetos y sustancias prohibidas, la prostitución, cobros para la protección personal, la asignación de “plancha” para dormir, o la violación derechos elementales como el acceso a alimentos o a servicios médicos.

Las autoridades, incapaces de garantizar la integridad de los internos

De 2010 a la fecha, la CNDH ha detectado la muerte de 352 reos en 75 riñas y el fallecimiento de otros dos en igual número de motines. Además, se han fugado 521 internos en 14 hechos.

Para prevenir y atender estas situaciones, la mayoría de los penales, según el Presidente de la CNDH, Raúl Plascencia Villanueva, las autoridades carecen de procedimientos. Tampoco cuentan con un registro de las supervisiones hechas para verificar el funcionamiento de los centros.

Si bien existen manuales para tratar procesos de ingreso o traslado de internos, enfrentar casos de motines y otras medidas para salvaguardar la disciplina en el penal, el diagnóstico revela que las autoridades son omisas en su implementación.

“El estado eroga enormes recursos para el combate a la delincuencia y la detención de criminales, pero prácticamente abandona al interno una vez que se encuentra en prisión”, afirmó Plascencia Villanueva en la presentación del diagnóstico.

 

De la ‘tiendita’ al ‘autogobierno’

En la toma de control de los penales por los internos influye, entre otros factores, la sobrepoblación. Los centros trabajan al 125% de su capacidad según el diagnóstico, pues de 189 mil 397 espacios en los centros, la población carcelaria es de 238 mil 269 reos.

La sobrepoblación y el hacinamiento dan lugar también a la falta de separación entre hombres y mujeres en los centros mixtos, a la deficiencia en el acceso a servicios de salud y a la tortura y maltrato.

El creciente número de internos hizo también crecer las necesidades, mismas que las autoridades fueron incapaces de solventar.

“Se fueron generando situaciones que comenzaron con la tiendita donde se ofrecían productos de consumo personal y que hoy encontramos, venden alcohol. Igualmente logramos detectar el olor a mariguana”, añadió el Presidente de la Comisión.

Respecto de diagnósticos hechos en años anteriores, Plascencia Villanueva asegura que las condiciones que enfrentan los internos se han deteriorado. Las fugas, los motines y otros actos que dejan muertos y lesionados son muestra de lo que ocurre dentro de los penales.

El autogobierno,  afirmó el Presidente de la Comisión, nace mediante las amenazas de los custodios, pero también mediante la corrupción en la que participan los responsables de vigilar los centros.

“Cuando uno logra encontrar que hay bebidas, armas, drogas, es evidente que esto se introduce por la corrupción del personal de custodia”.

 

Faltan custodios y mejorar infraestructura

En Piedras Negras, Coahuila, donde hace una semana se fugaron 133 reos, había 15 custodios para una población de 737 internos, cuando las normas de seguridad recomiendan un custodio por cada 10.

El diagnóstico ha permitido a la CNDH observar otros estados donde hay preocupación porque se generen incidentes violentos o hechos similares a los que provocaron la fuga en Piedras Negras. Esas entidades son Baja California, Campeche, Chiapas, Chihuahua, Colima, el Distrito Federal, Durango, Guerrero y Jalisco. Asimismo, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Sonora, Tabasco, Tamaulipas, Veracruz y Zacatecas son focos potenciales de violencia.

La necesidad de que los penales se modernicen en infraestructura y de que tengan personal de custodia suficiente en número y en capacidades es imperativa para mejorar los centros de reinserción social.

“Recuperar la seguridad pública requiere, entre otras cosas, de un sistema penitenciario articulado y funcional”, puntualizó Plascencia Villanueva.

La lista negra

Con una calificación que va del 0 al 10, los estados cuyos penales resultaron peor evaluados fueron los siguientes.

Nayarit 4.57
Tabasco 4.86
Guerrero 5.13
Oaxaca 5.15
Coahuila 5.21
Quintana Roo 5.44
Nuevo León 5.77
Tamaulipas 5.88
Estado de México 5.89
Distrito Federal 5.99

Con información de Dulce Ramos (@Wikiramos)

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

"Fue un capricho de Pinochet": la historia de los 15 mil libros de García Márquez que quemó el gobierno de Chile

En noviembre de 1986, el gobierno militar de Chile ordenó la incautación del libro 'La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile', del premio Nobel de Literatura, cuando un embarque se dirigía a Santiago.
5 de junio, 2022
Comparte

El 28 de octubre de 1986, después de varios días de viaje, el ‘Peban’, un vapor de bandera panameña, atracó finalmente en el puerto chileno de Valparaíso. Mientras se preparaba para diligenciar los papeles de aduana, la tripulación recibió la noticia de que se procedería con la incautación de una parte del cargamento.

El capitán, que estaba seguro de que todo lo que llevaba en su barco estaba en regla, preguntó cuál era la mercancía que iban a retener.

La respuesta oficial fue la que menos esperaba: “Los libros”, específicamente, 15 mil ejemplares de La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile, escrito por el ganador del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, que habían sido enviados desde el puerto de Buenaventura, en Colombia.

Y que debían llegar a manos de Arturo Navarro, el representante de la editorial Oveja Negra que publicaba los libros del Nobel en aquellos años en Chile.

El libro narraba las peripecias que había que tenido que sortear el cineasta chileno Miguel Littín, quien vivía en el exilio desde el golpe de Estado que llevó a Augusto Pinochet al poder en 1973.

Littín había vuelto a Chile durante dos semanas en 1985 para filmar en la clandestinidad un documental sobre lo que estaba pasando en el país 12 años después de la irrupción militar.

Arturo Navarro

BBC
Arturo Navarro era el representante de la editorial Oveja Negra en Chile.

Luego estrenaría el documental Acta Central de Chile en el Festival de Cine de Venecia del 86.

Pero el libro de García Márquez iba más allá: contaba sobre todo detalles que no aparecían en la cinta, como por ejemplo el encuentro de Littín, quien se había hecho pasar por un empresario uruguayo, con el propio Pinochet en los pasillos del Palacio de La Moneda, donde el presidente de facto no lo reconoció.

“Yo me enteré de la incautación de los libros dos semanas después porque estaba fuera del país”, recuerda Arturo Navarro, tomándose un café bajo la nave central del Museo Nacional de la Memoria en el corazón de Santiago.

Navarro había regresado de un viaje por EU para visitar a su familia cuando se encontró con un mensaje de alerta en el contestador automático de su casa. Era de su agente aduanero y le describía una situación crítica: “Arturo, me dicen que los libros fueron quemados”.

"Esto fue un capricho de Pinochet: no quería ver un libro, mucho menos después del atentado, en el que básicamente describen cómo le habían metido los dedos en la boca"", Source: , Source description: , Image:

Para Navarro, el cargamento era fundamental: era el principal producto que esperaba exponer durante la feria del libro de Santiago, que se iba a celebrar pocas semanas después del incidente.

Él, que había sido empleado de la Editorial Nacional Quimantú (ampliamente perseguida por el régimen) y había visto a los militares ejercer la destrucción de libros en primera fila, también sabía que el régimen de Pinochet había flexibilizado sus políticas de censura.

En ese contexto, creyó que la incautación debía ser más un malentendido que un acto de represión y decidió viajar a Valparaíso para resolver el problema personalmente.

“El libro ya había sido publicado en capítulos en Chile por una revista (Análisis) meses antes”, señala Navarro. “Sin embargo, lo que me preocupaba es que, de acuerdo a la prensa, la incautación de los libros se debía al mal estado de los contenedores, que me parecía una disculpa inusual”.

Los ejemplares habían quedado bajo el control de la jefatura de Zona en Estado de Emergencia, a cargo de militares.

Cuando Navarro se acercó al edificio castrense donde podría intentar rescatar los libros, percibió de inmediato la tensión que se sentía dentro del gobierno por esos días: un mes y medio antes, el 7 de septiembre, militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez habían estado muy cerca de acabar con la vida de Augusto Pinochet, en un feroz atentado cuando este regresaba a Santiago desde su residencia en el Cajón del Maipó, a unos 50 kilómetros de la capital.

El asalto había dejado cinco escoltas muertos y varios heridos.

“En el edificio logré hablar con un militar de rango medio al que le pedí que al menos me permitiera devolver los libros a Lima”, señala. “Pero después de hacer un par de llamadas, finalmente me dijo: ‘Navarro, no se preocupe, que los libros ya los quemamos'”.

La versión en los medios se mantenía: contenedores en mal estado, lo que podría explicar la incautación, pero nunca la incineración.

Para Navarro, era claro que la orden había venido de arriba y, aunque no tuviera pruebas, no se iba a quedar quieto hasta que la gente supiera que el régimen de Pinochet había mandado a quemar 15 mil volúmenes de nada menos que un premio Nobel.

“Yo sigo sosteniendo que esto fue un capricho de Pinochet: no quería ver un libro, mucho menos después del atentado, en el que básicamente describe cómo le habían metido los dedos en la boca”, afirma Navarro.

La noticia lo dejó abatido y sin ejemplares para la feria.

Entonces, convocó a ruedas de prensa para dar a conocer lo que había pasado, hizo la denuncia pertinente ante la Cámara Chilena del Libro y, aunque dentro del país no hubo mucho eco, en el mundo sí publicaron la noticia.

Navarro guarda recortes de prensa de medios de Grecia, Holanda y EU que hablan de los ejemplares calcinados.

Pero quedaba por saber qué era realmente lo que había pasado. “Yo de verdad no creía nada de lo que me habían dicho. Ni siquiera que los habían quemado”.

Uno de sus colegas le recomendó que el mejor camino para obtener una respuesta del régimen era la vía diplomática, por lo que decidió acudir a la embajada de Colombia, país de donde originalmente habían salido los libros.

“Ahí conocí a Libardo Buitrago, el cónsul colombiano, quien se ofreció a ayudarme”.

Poco después, gracias a la presión de un país extranjero, le llegó al cónsul un papel muy revelador, una carta fechada del 9 de enero de 1987, firmada por el vicealmirante John Howard Balaresque, en la que no solo se confirma la incineración de los libros sino también las razones: a los ejemplares de La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile se les impuso “una medida de censura previa” por considerar que el contenido “transgredía abiertamente las disposiciones constitucionales”.

“Ese papel es el único documento oficial que existe en el que el régimen de Pinochet acepta que quemó libros y que lo hizo por censura. Algo imposible de obtener en esos tiempos”, relata Navarro.

“Y ahora está acá, en el Museo de la Memoria”.

El documento, con firma oficial, le sirvió a la editorial Oveja Negra para poder cobrar el seguro por la pérdida, pero además implantó en la cabeza de Navarro una certeza que no lo abandonó nunca: la cultura sería clave en el fin del régimen.

“Esta represión a los libros, a la cultura, se daría vuelta y terminaría siendo uno de los principales motivos por los que Pinochet saldría del poder. Porque fueron los cantantes, los artistas, los escritores quienes serían fundamentales en la campaña de votar ‘No’ en el plebiscito de 1988 que acabaría con la dictadura”, concluye.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=NMDLd_zwYXY

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.