Cómo van a cambiarnos la vida los nuevos mapas digitales
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Cómo van a cambiarnos la vida los nuevos mapas digitales

Para ciertas generaciones hoy es difícil recordar una época en la que se usaban mapas desplegables.
Por Simon Garfield BBC
26 de octubre, 2012
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Con los mapas digitales y la tecnología del sistema de posicionamiento global (GPS, por sus siglas en inglés) es casi imposible perderse hoy en día. Pero, ¿cómo afectará la desaparición de los mapas de papel la forma en que vivimos?

¿Se ha perdido recientemente? Disfrute de la sensación mientras pueda, porque cada vez es más difícil.

Pertenecemos a una raza curiosa y siempre nos ha gustado saber dónde estamos, pero ahora es casi imposible no saberlo -nuestros teléfonos, computadoras y navegadores satelitales actualizan continuamente nuestras coordenadas- y a través de ellos seguimos nuestro propio rastro.

Alguna vez fueron privilegio exclusivo de ricos y poderosos, pero en la actualidad los mapas y sistemas de orientación parecen casi un derecho natural, hasta el punto en que si no cumplen con nuestras expectativas, nos sentimos desvalidos, verdaderamente desorientados.

Para los menores de 25 años es difícil recordar una época en la que usábamos mapas desplegables (o que se compraban plegados y nunca se podían volver a doblar igual).

Sin embargo, una novísima generación de cartógrafos tiene en sus manos los mapas más influyentes de nuestra vida.

No cargan con la responsabilidad de representar nuestros paisajes con coordenadas y contornos delicadamente trazados, con símbolos reconocibles y puntos de referencia relevantes.

El mapa del astrónomo grecorromano Ptolomeo es del año 150.

Los nuevos mapas son diseñados por técnicos y expertos en píxeles, que probablemente se preocupen más por la velocidad de carga de pantalla que por la ausencia de ciertas partes en un mapa de, por ejemplo, Manchester o Chicago.

Hay, sin embargo, una reacción visible. Organizaciones como OpenStreetMap permiten que los usuarios se conviertan en cartógrafos digitales, al mejor estilo Wikipedia, al agregar áreas o información local a un mapa global.

Además, hay en internet indicios de una pasión renovada por los mapas dibujados a mano, que ofrecen una visión personal -y a veces con sentido del humor- de nuestras vidas y destacan entre la uniformidad corporativa de las grandes empresas de mapas.

El centro del mundo

Pero hoy en día estamos literalmente en el centro de nuestros mapas, lo cual es tan útil como egocéntrico.

Hace mil años, Jerusalén se erigía en el centro del mundo cristiano. Si uno vivía en China, ese centro era Youzhou.

Ahora somos nosotros, un punto verde que titila en las pantallas portátiles.

Ya no viajamos de “A” a “B” sino de “Mí” a “B”, y únicamente por nostalgia desplegamos mapas sobre nuestro regazo cuando viajamos en auto.

Es muy posible caminar, teléfono en mano, de una punta de una ciudad a otra sin levantar la vista. Y lo que nos perdemos es histórico, social y monumental.

En los automóviles, el GPS puede guiarnos fácilmente de un país a otro, y podemos llegar a destino sin tener ni idea de cómo llegamos hasta allí.

De camino desde Londres a Cornwall, en Reino Unido, los conductores podrían viajar escuchando un programa radial sobre el sitio arqueológio de Stonehenge sin darse cuenta de que lo acaban de pasar a su derecha en la carretera.

El primer mapa que muestra América fue creado en 1500 por el español Juan de la Cosa.

Ahora tendemos a mirar sólo unos pocos metros hacia adelante, una distancia bastante menor que la que utilizaban nuestros ancestros para avistar a sus presas cuando vivían en las cavernas.

Capacidad espacial

Existe otro problema: los mapas digitales nos están encogiendo el cerebro.

El científico Richard Dawkins ha sugerido que el dibujo de mapas pudo haber sido el estímulo decisivo -incluso más que el desarrollo del lenguaje- para que nuestro cerebro creciera y superara los obstáculos que dejaron atrás a otros simios.

Durante siglos, los mapas nos han guiado y han contribuido a desarrollar todo lo que nos hace humanos, y todavía marcan y delinean nuestra historia.

Es pronto para saber si la pérdida de la capacidad espacial y de la perspectiva -y de la habilidad de recordar puntos de referencia- hará que se reduzca esa zona del hipocampo cerebral que sirve como motor para tales destrezas, pero es muy probable.

Un estudio del cerebro de taxistas mostró una expansión de ese área en concreto debido, según se cree, a la memorización de muchos kilómetros de mapas urbanos.

Como el cartógrafo e historiador Jerry Brotton observó recientemente, los mapas digitales se encuentran en la fase de “impresora de matriz de puntos”, lo que significa que es una etapa incipiente, borrosa y descentrada, aunque irreversible.

No hay dudas de que aumentarán el alcance, la exactitud y la naturaleza personalizada de los mapas digitales, y de que crecerá la influencia de las compañías de mapeo en nuestra vida cotidiana.

Este mapa del año 1795 divide al mundo en los hemisferios oriental y occidental.

Exploradores

La sede de Google Maps está ubicada en la ciudad de Mountain View (que quiere decir “vista desde la montaña”), en California, pero cuando visité sus oficinas para hablar sobre el futuro de los mapas, me guiaron hasta una sala de reuniones sin ventanas y con el nombre de un famoso explorador.

Ví que todas las salas tenían nombres similares, y que la compañía había mandado a hacer un poste de señalización de madera para indicar el camino a sus empleados.

La señal había sido descascarada adrede para que pareciera antigua -como si fuera de la época del popular héroe estadounidense Davy Crockett- y los nombres tallados en sus carteles resumían el heroico esfuerzo humano que hizo falta para cartografiar el mundo antes de que los satélites hicieran que esta tarea fuera obsoleta.

Estaba inscrito Marco Polo, como Francis Drake, Vasco de Gama, Magallanes, Lewis y Clark y Ernest Shackleton.

Era una señal bonita, pero sobre todo transmitía muy bien un mensaje: ahora manda Google, y dirige a sus todopoderosos empleados hacia las salas desde las que, de uno en uno, nos dirigirán al resto de nosotros alrededor del mundo.

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COVID: la conversación en un autobús que llevó a salvar cientos de miles de vidas

Un encuentro de dos científicos en un autobús condujo a un ensayo clínico para encontrar tratamientos para salvar vidas de enfermos de COVID-19.
27 de marzo, 2021
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El ensayo clínico llamado RECOVERY (Random Evaluation of Covid-19 Therapy o Evaluación aleatoria de terapias para covid-19) inició en marzo de 2020 para probar medicamentos que ya existían en pacientes con covid y estudiar si éstos tenían un efecto sobre la enfermedad. Gracias a este ensayo se han salvado cientos de miles de vidas.

Todo comenzó en el autobús número 18 en Londres. Mientras se abría paso entre el tráfico, dos pasajeros estaban enfrascados en una conversación.

Lo que acordaron en ese trayecto, que tuvo lugar antes del confinamiento en la ciudad por covid-19, cambiaría el curso de la pandemia y posiblemente el futuro de la medicina.

Llevó al trabajo conjunto de investigadores, el Servicio Nacional de Salud británico (NHS) y 40.000 pacientes de covid en un esfuerzo especialmente adaptado a un sistema nacional de salud pública.

Y salvaría la vida de cientos de miles de pacientes de covid en todo el mundo. La conversación de estos dos pasajeros llevó a la creación del ensayo clínico Recovery.

Los dos pasajeros del autobús eran el profesor Martin Landray, médico y diseñador de ensayos de fármacos a gran escala, y Jeremy Farrar, director de Wellcome Trust, uno de los mayores organismos de financiamiento para investigación médica del mundo y uno de los fundadores de Recovery.

La fecha era el 9 de marzo de 2020. Ambos discutían la pandemia inminente, las escenas que se veían en Italia, que fue el primer país de Europa en sentir el impacto devastador del virus, y la inevitabilidad de que Reino Unido se enfrentaría a lo mismo.

“Lo que acordamos en ese viaje en autobús fue que el tsunami llegaría en un par de semanas y teníamos que tener un ensayo en funcionamiento en dos semanas”, explica el profesor Landray al programa Inside Health de la BBC.

“Nueve días después, se inscribió al primer paciente, y el año que pasó ha sido extraordinario”, agrega.

Dos semanas antes, el profesor Landray le había enviado un correo electrónico a Jeremy Farrar para subrayar la importancia de los ensayos.

Lo que pasó a ser uno de los momentos más importantes en el enlace de vínculos científicos comenzó cuando Farrar respondió: “Será mejor que hable con Peter”.

Píldoras de dexametasona

Science Photo Library
El ensayo Recovery ha salvado la vida de cientos de miles de pacientes de covid en todo el mundo.

Las campanas de alarma ya habían estado sonando para el profesor Peter Horby desde el 2 de enero, cuando surgieron informes de una “neumonía viral” en Wuhan, China.

Para Horby, esto tenía todas las características del síndrome respiratorio agudo severo (o SARS) de 2003.

“Para mí estaba bastante claro que había un problema que podría salirse de control si no teníamos cuidado”, señala el profesor Horby, un destacado experto en enfermedades nuevas y emergentes.

Ya había ayudado a establecer dos ensayos de medicamentos en Wuhan, pero debido al confinamiento allí, no obtuvieron ningún resultado.

“Las salas de hospitales estaban abarrotadas”

Juntos, el profesor Horby y el profesor Landray formarían el eje científico que definiría el tratamiento de covid.

Se vieron impulsados por los errores del pasado. El peligro en una pandemia es que todos empiezan a correr como pollos sin cabeza y los científicos y médicos actúan solos, cada uno probando diferentes tratamientos en un pequeño número de pacientes; creando mucho ruido, pero sin respuestas.

El ruido ya estaba aumentando. Se presentaba como evidencia ensayos con una decena de pacientes o experimentos con células en un laboratorio.

Incluso el presidente Donald Trump estaba proclamando los beneficios del medicamento contra la malaria hidroxicloroquina, cuando la evidencia era escasa o inexistente.

El objetivo de Recovery era brindar claridad en medio del caos.

Hubo cuatro claves en el éxito de Recovery:

  • Se puso en marcha rápidamente, en un mundo en el que las pruebas pueden tardar más de un año en configurarse.
  • Era grande, involucraba a todos los hospitales de pacientes graves y a uno de cada 10 pacientes con covid en Reino Unido, por lo que incluso se pudo encontrar medicamentos que tuvieran solo un beneficio moderado.
  • Los pacientes fueron asignados al azar para recibir atención estándar o un medicamento experimental, de modo que los médicos pudieran ver la diferencia entre los dos.
  • Y fue simple.
Una dosis de dexametasona

Reuters
Uno de los fármacos involucrados en el ensayo fue la dexametasona, un esteroide.

El Recovery tuvo un marcado contraste con el ensayo clínico moderno, que se arrastra bajo el peso de la burocracia, los contratos con todos los hospitales, los criterios estrictos sobre los participantes y una gran cantidad de trabajo para quienes miden y recopilan datos.

Si el ensayo iba a tener éxito, era necesario trabajar en salas sometidas a una intensa presión.

“Las salas estaban abarrotadas, los médicos estaban abrumados con pacientes enfermos. Para que un ensayo clínico funcione, este no puede interferir con la atención médica”, dice la Dra. Raha West, médica de cuidados intensivos en Buckinghamshire, quien dirigió el ensayo en su hospital.

“Con el Recovery esto fue fácil”.

El profesor Landray dice que “eliminaron todo” para que el Recovery fuera tan básico que inscribir a un paciente en el ensayo era tan fácil como recetar el medicamento.

Uno de los primeros desafíos fue decidir qué medicamentos deberían estar involucrados.

El coronavirus era una entidad nueva, un desconocido sin reglamentos a seguir.

El profesor Horby y el profesor Landray seleccionaron los medicamentos más prometedores para enfermedades similares o los que habían surgido de las pocas investigaciones sobre covid.

Si el paciente quería participar, su médico seleccionaría en una computadora cuáles de los medicamentos involucrados en el ensayo eran seguros según el historial médico del paciente y la computadora decidiría qué medicamentos se debían administrar.

El fármaco dexametasona, un esteroide antiguo y barato que ya se había utilizado en infecciones respiratorias, se convirtió rápidamente en una fuente de controversia.

La reacción fue dura y rápida y se acusó a los dos expertos de comportamiento poco ético y peligroso.

La dexametasona calma el sistema inmunológico y algunos argumentaron que era lo peor que se podía hacer cuando el cuerpo estaba combatiendo una infección.

“Tengo un cajón lleno de cartas que me dicen que estoy matando gente”, me dijo el profesor Horby. Pero lo tranquiliza saber que también tiene un cajón de “cartas de amor y correos de elogios”.

Saltando de alegría

dexametasona

Getty Images
El tratamiento con dexametasona se convirtió en política del NHS y el resto del mundo lo siguió rápidamente.

Cada fármaco que probaron fue puesto a prueba porque pensaron que existía la posibilidad de que funcionara. La dexametasona fue el primero que lo demostró.

Apenas 100 días después de ese trascendental viaje en autobús, el profesor Landray y el profesor Horby se prepararon para contarle al mundo sus hallazgos.

Sabían que estaban a punto de cambiar el tratamiento para los pacientes en todas partes y habían pasado una semana repasando los números repetidamente para estar seguros.

El 16 de junio estaban listos.

“Fue un resultado hermoso, hermoso”, dice el profesor Landray.

El profesor Horby recuerda a su jefe saltando de alegría al otro lado de una videollamada cuando transmitió los resultados.

Para quienes estaban conectados a un ventilador, como Katherine Millbank, el fármaco redujo la posibilidad de morir en un tercio.

Ella fue una de las primeras pacientes que obtuvo el medicamento en el ensayo.

Cuando las enfermeras corrieron las cortinas alrededor de su cama, todos los que estaban en la sala de cuidados intensivos la aplaudieron.

“Estoy eternamente agradecida con todos ellos por salvarme”, le dijo Katharine a Inside Health.

Cuatro horas después del anuncio, el tratamiento con dexametasona se convirtió en política del NHS y el resto del mundo lo siguió rápidamente.

La doctora Raha West rompió a llorar cuando llegaron los resultados. Todos los pacientes que inscribió en el ensayo terminaron recibiendo dexametasona.

“Nunca lo olvidaré, fue muy emotivo”.

Ahora se estima que la dexametasona sola ha salvado cientos de miles de vidas; posiblemente más de un millón.

El Recovery mostró que otro fármaco, tocilizumab, también salva vidas.

Pero el ensayo también se enfrentó a fracasos. El fármaco contra la malaria hidroxicloroquina, la combinación de lopinavir / ritonavir que se usan contra el VIH y el antibiótico azitromicina habían sido promocionados, pero finalmente se demostró que no tenían ningún efecto.

Su éxito dependió de la disposición de los pacientes, que en uno de los momentos más espantosos de sus vidas, estuvieron dispuestos a participar.

Aiden Temple, de 10 años, que tenía un trastorno inmunológico poco común después de contraer el virus, quiso hacer la diferencia.

“Fue muy aterrador, pero me sentí bastante orgulloso de poder ayudar a otras personas a mejorar rápidamente”, dijo.

También se necesitaron los esfuerzos de miles de médicos y enfermeras, así como de un equipo de unos 20 científicos en Oxford, para recopilar y analizar los datos.

El Recovery logró algo que ninguna otra prueba ha obtenido. Ya tiene garantizado un lugar en los libros de historia solo por su papel en la pandemia de covid.

La esperanza es que sea un catalizador de cambio en la medicina para hacer ensayos de estilo Recovery que brinden respuestas sobre los mejores tratamientos para otras infecciones, como la fiebre de Lassa, o que finalmente demuestren si las píldoras de vitamina D son la cura para todo lo que a menudo se dice que son.

“Creo que ha establecido un nuevo estándar para lo que se puede lograr y no solo durante las pandemias”, me dijo el profesor Landray.

“Sería una farsa si volviéramos a una situación en la que a veces se necesitan años para que un ensayo despegue”.


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