Discriminación y desigualdades provocan desilusión con la democracia: Ricardo Raphael
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Discriminación y desigualdades provocan desilusión con la democracia: Ricardo Raphael

Por Omar Granados
28 de octubre, 2012
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Tras la reciente publicación del Reporte sobre la discriminación en México 2012, realizado para el (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), donde fue el coordinador, el investigador y periodista Ricardo Raphael charló con Animal Político sobre las formas de la dscriminación y su diagnóstico realizado este año. Ricardo Raphael hizo énfasis en quela democracia no es sólo elecciones, sino que se requiere de igualdad ante la ley, ante el Estado y entre las personas,y sentenció: “democracia que no iguala ese trato diferenciado entre las personas, no es democracia, es más bien una aristocracia participativa.”

Foto: Especial.

¿La democracia no ha podido contra la discriminación?

“Es un hecho que la democracia no pasa solamente por el hecho de votar y ser votado, aunque algunos así lo plantean”, afirmó el periodista y agregó que “se requiere de igualdad ante la ley, ante el Estado y entre las personas”, pues cuando, por el contrario, las leyes o la justicia no tienden a la igualdad, existe una desilución y una decepción con la democracia en la sociedad.

“Desde esta perspectiva, si queremos una mejor democracia, hay que hacer que se avance al siguiente tramo, el cual es el de la igualdad de trato del Estado.” Por el incumplimiento con estas determinaciones es que para el académico Ricardo Raphael las mediciones como el Latinobarómetro registran tan malas calificaciones para la democracia como régimen. “Y anuque el país ha crecido en matria económica, sigue siendo abismal la desigualdad en el ingreso, de oportunidades, y mientras esto siga así, esto que tenemos no será una democracia consolidada, al tiempo que se vuelve un territorio propicio para el autoritarismo y el populismo.”

Para el coordinador del estudio sobre discriminación del Conapred, la democracia no puede igualar económicamente de forma directa, sin embargo, afirmó que la “democracia que no iguala ese trato diferenciado entre las personas, no es democracia, podría ser más bien una aristocracia participativa”

¿Dónde estamos hoy con relación a hace doce años y cómo fue el régimen priista en la lucha contra la discriminación?

“La cultura discriminadora en nuestro país viene de la época pre-colonial, mientras que la colonia construyó un cierre social muy rígido”, es decir, que se generaron conductas que marcaban un trato diferenciado ente los ciudadanos por diferentes motivos, como las diferencias que había entre los que nacían en México o en Europa, los que provenían de sangre española.” Raphael reflexionó que en el siglo XIX se construyó un cierre social basado en el fenotipo, en el siglo XX se construyó una división marcada por el dinero o posición social, mientras queda por definirse qué marcará el siglo XXI en el país que fuera llamado por Humboldt “el país más desigual del mundo.”

Además, el régimen del que provenimos en el siglo XX, el presidencialismo priista, en opinión de Ricardo Raphael, no tenía una tendencia a la desigualdad, pero debido a la ausencia de controles democráticos en el país durante el régimen priista “puede ser más impune en lo que toca a la discriminación.”

Por otra parte, en opinión del académico e investigador, el gobierno del PAN impulsó muchas iniciativas de ley y creó muchos organismos contra la desigualdad, pero esto no resuelve la desigualdad automáticamente, en un contexto en el que la desaparición de estas diferencias “es el tema prioritario.”

¿Tiene un análisis de qué sucederá en el próximo gobierno en materia de discriminación?

El investigador Ricardo Raphael afirmó que ha escuchado con cuidado los compromisos del próximo gobierno en materia de discriminación y resalta que ha visto en los planteamientos de Peña una promesa de resolver cosas que no se han resuelto hasta el momento, habla de un país que requiere una mejor cohesión social y un sistema de protección distinto, sin embargo, “no he escuchado los cómos de Peña Nieto”, dijo el periodista y recordó que lo ideal seria que los deseos populares “nutrieran de cómos” al próximo presidente.

¿Por qué el machismo, la misoginia, la homofobia, el clasismo, la diferencia étnica, son las principales formas de discriminación en el país?

“Cada uno de estos temas son síntomas”, respondió el académico y agregó que “el diagnóstico se realiza a partir de los síntomas.” Machismo, xenofobia, antisemitismo, homofobia, “son todos síntomas de una enfermedad bastante más grande,  donde el ser humano ha sabido construir un cierre social  a partir de estigmas o marcadores,  que sirven para adminsitrar los privilegios. Pueden ser estigmas simples, pero fáciles de comunicar: hombre-mujer, negro-blanco, heterosexual-homosexual, judío-católico.” Al mismo tiempo, la construcción de derechos de los grupos vulnerables en estas relaciones “van ampliando ese cierre social, eliminando conductas de exclusión, por ejemplo, el fin de la esclavitud, el voto a las mujeres, el matrimonio entre personas del mismo sexo.”  Por otro lado el hecho de que haya estas formas de discriminación en el país, significa -para el coordinador del estudio de la discriminación en México- que se ha hecho una tarea insuficiente en esas áreas y que habrá que seguir trabajando.

¿Está de acuerdo con la idea que es el Estado quien debe encargarse de luchar contra la discriminación, o debe esta acción recaer en la sociedad?

“Yo creo que el cierre social se debe abrir con el Estado y con la sociedad, aunque no hay ninguna fórmula que explique que deba ser el Estado o la sociedad”, quien deba llevar la vanguardia en la lucha contra la discriminación, afirmó Ricardo Raphael y agregó que,en su opinión, lo mejor en este caso es la acción d la sociedad por encima de la respuesta del Estado. “Cuando la sociedad dice ‘hasta aquí con la intolerancia’ y se da cuenta que discriminar es lo natural y no discriminar es artificial, un hecho aprendido, ve la necesidad de aprender a no discriminar.” Por estas razones, Ricardo Raphael afirmó estar convencido de la necesidad de que la sociedad participe primordialmente en la lucha contra estas conductas excluyentes.

El Conapred cambia de enfoque con este nuevo estudio poniendo un énfasis en los principales ejes de la discriminación en el país, dejando a un lado el enfoque sobre los grupos vulnerables que tuvo esta década el Consejo. ¿A qué se debe este cambio?

México lleva poco tiempo, no más de diez años, de haber elaborado el primer diagnóstico de la situación con la comisión de Estudios Contra la Discriminación, la cual coordinaba Ricardo Raphael. “En aquella ocasión -tengo que decirlo con franqueza- imitamos la manera como se aproximaba las organizaciones internacionales al tema de la discriminación. Entre las organizaciones están ONU Mujeres, Unicef, PNUD, las cuales se aproximan a la desigualdad por grupos, lo cual hicimos también, para poder hacer un diagnóstico que lo que se trataba de observar, que era en medir qué tanto estaba el grupo en situación de discriminación, padecía mecánicas inequitativas o desiguales y esto sirvió mucho para construir la agenda de la primera década del siglo XXI, tan es así que después de Conapred vinieron Inmujeres, La ley contra la violencia contra mujeres, Conadis, La Ley General para Inclusión de Personas con Discapacidad, la Comisión para el Desarrollo de Poblaciones Indígenas, y una gama de organismos dedicados a proteger cada uno dedicado a proteger vulnerabilidades.”

Sin embargo, a pesar de que consideró este como un buen paso, afirmó que “hoy estamos siendo víctimas del éxito de aquella aproximación, la cual mostraba que los grupos tenían problemas, pero sin explicar por qué, es decir, dejaba sin explicar muchas de las mecánicas o procesos discriminatorios. Por lo tanto, la pregunta cambió de lugar, y ahora en lugar de averiguar el estado en que se encuentran los grupos en situación de vulnerabilidad, ahora se pregunta ‘¿Qué produce discriminación?’ El resultado es que se observa una serie de mecánicas, de procesos, estigmas, marcadores sociales, de prejuicios, de discursos, en fin, que lo que van haciendo es de manera sistemática, en todo tiempo y lugar, de manera siempre injusta y asimétrica, reproducir discriminación contra una o varias personas, pertenecientes a uno o varios grupos.”

Al llegar la nueva oportunidad de hacer otro estudio, Ricardo Raphael cambió el enfoque y optó por tomar los ejes prioritarios de discriminación en México “buscando los problemas más graves y así se llegó al derecho penal, al derecho civil, la salud, la educación, el mundo del trabajo, la alimentación, los derechos politicos, lo derechos al crédito, a la información, a la educación, tras lo cual se descubrió que es más fácil descibrir la mecánica de la discriminación al abordar cada área, siendo este “el gran logro” para el coordinador del reporte.

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El desertor homosexual que escapó de Corea del Norte (y de su matrimonio) y encontró el amor a los 62 años

Jang Yeong-jin huyó de Corea del Norte escapando de un matrimonio sin amor. Ahora se ha prometido con su novio.
22 de marzo, 2021
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Jang

Oh Hwan
A los 62 años, Jang ha encontrado el amor y se va a casar con su novio estadounidense.

La singular historia del único desertor abiertamente homosexual de Corea del Norte fue cubierta por la prensa internacional cuando publicó su autobiografía. Ahora, 25 años después de huir de su país, cuenta a la BBC sus planes para casarse con su novio estadounidense.

Jang Yeong-jin nunca le habían parecido atractivas a las mujeres. Pero no fue hasta la noche de bodas, a los 27 años, que esto le hizo su vida más difícil.

Jang se sintió intensamente incómodo. “No podía poner un dedo sobre mi esposa“, recuerda.

Aunque la pareja finalmente consumó su matrimonio, el sexo era poco habitual.

Cuatro años después, su esposa seguía sin quedar embarazada, y uno de los hermanos de Jang comenzó a averiguar. Jang admitió que jamás se había sentido atraído por una mujer, y su hermano lo mandó rápido al doctor.

“Fui a muchos hospitales en Corea del Norte porque pensé que tenía algún problema“.

Nunca se le ocurrió a Jang, o su familia, que podía haber otra razón por su falta de interés hacia su esposa.

Pruebas médicas

“La homosexualidad no es un concepto en Corea del Norte”, dice.

Si se ve a alguien correr a saludar a un amigo del mismo sexo, se asume que son buenos amigos. De hecho, con frecuencia se ve a adultos del mismo género agarrados de la mano en la calle, explica.

“Corea del Norte es una sociedad totalitaria. Tenemos mucha vida comunitaria, así que es normal para nosotros”.

Echando la vista atrás, Jang piensa que no era el único incomprendido.

Cuando ingresó en el hospital durante un mes para hacer pruebas médicas, conoció a otros pacientes.

“Descubrí que muchos habían tenido una experiencia similar: hombres que no podían sentir nada hacia una mujer”.

Pero explorar lo que realmente sentían era casi imposible.

“En Corea del Norte, si un hombre dice que no le gusta una mujer, la gente piensa que está enfermo”.

Un hombre con el que Jang había servido en el ejército lo visitó varias veces después de ser dado de alta. Le confió que su noche de bodas también había sido un desastre y que ni siquiera podía tomar de la mano a su esposa.

“Creo que era alguien como yo”, reflexiona Jang.

Park Jeong-Won, profesor de leyes en la Universidad Kookmin en Seúl, Corea del Sur, no tiene conocimiento sobre alguna ley explícita en Corea del Norte contra las relaciones homosexuales.

Pero agrega que las leyes del estado contra las relaciones extramaritales y la violación de las costumbres sociales probablemente serían utilizadas para enjuiciar cualquier acto sexual gay.

Jang

Oh Hwan
El caso de Jang se conoció abiertamente cuando publicó su biografía hace 25 años.

Otro académica en Seúl, Kim Seok-hyang, ha entrevistado docenas de desertores sobre esto, y dice que ninguno había escuchado jamás hablar sobre el concepto de homosexualidad.

“Cuando les preguntaba sobre homosexualidad, les costaba entender. Así que tenía que explicarlo a cada persona”, dice Kim, profesora de estudios norcoreanos en la Universidad de Mujeres Ewha.

Todos los desertores le confesaron que si alguien les descubría explorando relaciones con alguien del mismo sexo, serían condenados al ostracismo, incluso posiblemente ejecutados.

Jang fue dado de alta con un historial médico limpio. Todas las pruebas médicas solicitadas por su hermano mostraron que no tenía nada malo.

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BBC

La decisión de marcharse

Por otro lado, la esposa de Jang seguía siendo infeliz.

“Pensaba: ‘Debería dejar marchar a esta persona. Deberíamos encontrar una forma de ser felices'”, cuenta el desertor.

Jang solicitó el divorcio. Sin embargo, este proceso no es fácil en Corea del Norte. Se requiere el permiso de un tribunal, y estos priorizan la unidad familiar, dice el profesor de leyes Park Jeong-Won.

Solo autorizan una separación si el matrimonio es visto como una amenaza a la ideología del país, explica.

Fue entonces cuando Jang se dio cuenta que solo le quedaba la opción de huir, de abandonar Corea del Norte. Esto anularía automáticamente su matrimonio y permitiría volver a casarse a su mujer.

Pero el catalizador de su decisión fue una visita del mejor amigo de Jang, un hombre llamado Seoncheol.

Habían crecido juntos en el pueblo norteño de Chongjin. Eran muy cercanos, y dormían en la misma cama cuando uno se quedaba en casa del otro durante la infancia.

Pero cuando crecieron, los sentimientos de Jang por Seoncheol se intensificaron.

“Realmente Seoncheol me gustaba mucho. Todavía sueño con él”.

A veces Seoncheol le visitaba para cenar y, una noche, preocupado por lo tarde que se había hecho, Jang persuadió a Seocheol para que se quedara a dormir.

Unas horas más tarde, Jang se encontró saliendo de su propia cama y acercándose a Seoncheol. Estaba devastado cuando su amigo dormido ni siquiera se movió.

“No sé exactamente qué quería de él, tal vez solo que me abrazara fuerte”, dice Jang.

Aquel momento le hizo sentir que su vida en Corea del Norte había llegado a su fin.

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BBC

La fuga

Jang llegó a Corea del Sur en abril de 1997 arrastrándose por la zona desmilitarizada (DMZ) llena de minas que divide las dos naciones, después de que su ruta inicial le dejara varado en China.

Cruzar la DMZ es tan arriesgado e infrecuente que su fuga fue noticia en el sur.

Zona desmilitarizada en Corea del Norte.

Getty Images
Jang escapó a través de las verjas fortificadas de la zona desmilitarizada llena de minas que divide las dos Coreas.

Las dinámicas en Seúl eran muy distintas a las de Corea del Norte, pero incluso aquí el caso de Jang desconcertó a los funcionarios surcoreanos.

Todos los desertores de Corea del Norte se someten a varias semanas de interrogatorios obligados del Servicio de Inteligencia de Corea del Sur (NIS) para comprobar que no son espías.

Jang fue interrogado durante más de cinco meses porque se resistía a explicar la verdadera razón por la que desertó.

Cuando finalmente admitió que simplemente no se sentía atraído por su esposa, se le permitió quedarse, pero una vez más fue enviado al médico.

“Los funcionarios del NIS me dijeron que debía haber alguna razón por la que no me gustaban las mujeres”.

En aquel tiempo, incluso en el sur había poca conciencia sobre las distintas orientaciones sexuales. Varios doctores le recomendaron buscar ayuda psicológica, pero ignoró sus consejos.

Descubrimiento y decepción

Entonces, en la primavera de 1998, 13 meses después de llegar a Corea del Sur, Jang abrió una revista para leer una entrevista que dio sobre su deserción.

Al pasar la página, descubrió un artículo sobre hombres homosexuales saliendo del armario, con una escena de una película estadounidense que mostraba dos hombres besándose sobre una cama.

Ahí se convenció de que él también era homosexual.

“Cuando vi aquello, supe enseguida que era ese tipo de persona. Por eso no me gustaban las mujeres”.

Aquella revelación transformó la vida de Jang, quien se volvió un cliente habitual de los bares para gays en Seúl.

Pero años después, este nuevo mundo expuso a Jang a un fraude devastador.

En 2004, el dueño de uno de los bares favoritos de Jang le presentó a un auxiliar de vuelo.

Salieron durante tres meses y Jang se enamoró.

El auxiliar de vuelo le pidió a Jang mudarse juntos, pero le explicó que, como vivía con su padrastro, primero debían comprar una casa más grande.

Jang se mudó de su apartamento alquilado y le dio US$82.000 de sus ahorros y todas sus pertenencias.

Nunca más volvió a verle. Acudió cada día a la estación de policía durante dos semanas hasta que le dijeron que se diera por vencido.

Jang jamás pensó que alguien pudiese engañarle de esta manera.

“En Corea del Norte tenemos una vida muy controlada. Si hubiera dicho que alguien me había estafado, el partido lo habría rastreado y castigado con dureza”.

Jang enfermó y fue hospitalizado durante un mes. Piensa que fue producto del estrés. Esto significó perder su trabajo en una fábrica. Como consecuencia, se quedó sin dinero, sin casa y desempleado.

Poco a poco fue reconstruyendo su vida. Consiguió un trabajo como limpiador, ahorró para rentar una nueva casa y comenzó a escribir en su tiempo libre.

De niño ganó una vez un concurso de escritura, pero entonces se requería que los estudiantes solo escribieran para honrar al régimen norcoreano.

Ahora, finalmente, Jang podía escribir lo que quisiera. Su autobiografía A Mark of Red Honor (“La marca del honor rojo”) fue publicada en 2015.

Encontrar el amor

Tomó un largo tiempo antes de que Jang se arriesgara a tener una cita. El año pasado, con 62 años, Jang conoció a Ming-su, el dueño de un restaurante, en un sitio de citas.

Cuatro meses más tarde, Jang viajó a la nación que conocía como “el país de los lobos”, el término despectivo de Pyongyang hacia Estados Unidos.

Pero cuando Jang vio a Min-su esperándolo en la sala de llegadas, su corazón se hundió. Min-su llevaba pantalones cortos y gorra, y dice Jang que esto le decepcionó.

“Al ver cómo se vestía, asumí que era un hombre maleducado y brusco“, dice Jang.

Jang

Jang Yeong-jin
Compartiendo vinos y picnics, la pareja se ha ido conociendo cada vez más.

El confinamiento por coronavirus les dio espacio para conocerse mejor, bebiendo vinos y organizando picnics.

“Cuanto más le conocía, más podía ver su buen carácter. Aunque es ocho años menor que yo, es el tipo de persona que primero se preocupa por los demás”.

Tras dos meses, Min-su decidió proponerle matrimonio.

Ahora Jang está finiquitando sus documentos para probar que su matrimonio en Corea del Norte está terminado y esperan casarse a fines de este año.

“Siempre me sentía miedoso, triste y solitario cuando vivía solo. Soy muy introvertido y sensible, pero él es una persona optimista. Somos buenos el uno para el otro”, dice.

Jang y su prometido.

Jang Yeong-jin
Jang y su prometido tienen varios planes para cuando terminen las restricciones por coronavirus.

Pero a pesar de su felicidad recién descubierta, Jang sigue obsesionado por el impacto que su deserción tuvo en su familia.

Varios de sus parientes fueron desterrados a una aldea remota en el helado norte, un destino brutal para aquellos cuyos familiares se perciben como desleales al régimen. Seis de sus familiares murieron de hambre y enfermedad, incluida su madre y cuatro de sus hermanos.

Jang dice que la única forma en que puede lidiar con esa culpa es escribiendo.

“Siempre que pienso en mi familia es muy doloroso para mí, por eso decidí escribir. Pienso que es la única manera en que puedo compensarle”, reflexiona.

Pero al menos le consuela que su decisión de abandonar Corea del Norte dio nuevas oportunidades a su esposa. Escuchó que había vuelto a casarse.

“Siempre pensé que era muy talentosa, así que me sentí muy feliz por ella”.

Y dice que espera expandir sus horizontes una vez se flexibilicen las restricciones por el coronavirus y quiere visitar Washington, a media hora en auto, con Min-su.

“Escuché que hay muchos bares gay allí. Quiero ir a esos bares con él”.

Mientras tanto, dice que disfruta de la tranquilidad de los suburbios, que describe como si estuviera en un “cuento de hadas”.

Min-su es un nombre falso.


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