close
Suscríbete a nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Desplazados del narco en México: El Triángulo Dorado
Una investigación hecha por cuatro medios latinoamericanos, entre ellos Animal Político, de cómo el narco ha forzado al abandono de miles de hogares.
Por Francisco Sandoval Alarcón
5 de octubre, 2012
Comparte

Insight Crime  presenta un especial realizado por cuatro medios latinoamericanos sobre crimen organizado y derechos humanos. El primer especial es sobre desplazamiento forzado en México, Colombia, Guatemala y El Salvador.

Animal Político fue a los lugares con más desplazamientos forzados en el país: Sinaloa, Ciudad Juárez y Tijuana, para tomar testimonios de cómo el narco ha provocado que miles de familias abandonen el lugar donde vivieron por años para irse a un lugar más seguro.

Lee el primer reportaje completo:

La fuga del “Triángulo Dorado”

Dentro de una investigación hecha por cuatro medios latinoamericanos, entre ellos Animal Político, de cómo el narco ha forzado al abandono de miles de hogares. De septiembre de 2011 a febrero de 2012, cientos de familias huyeron de la Sierra de Sinaloa luego que células del narco asesinaran a lugareños y quemaran casas. A casi un año del éxodo, los pueblos continúan abandonados.

***

Jorge tenía las manos embarradas de masa cuando escuchó los disparos que acabaron con la vida de su vecino Juan.

Estaba preparando las tortillas del desayuno cuando se percató de aquellos disparos y los gritos de amenaza.

Tenía miedo pero se mantuvo sereno. Así lo vieron aquel fin de semana de septiembre de 2011 los integrantes de su familia cuando les pidió que juntaran algunas pertenencias porque se marcharían de San José de los Hornos, pueblo localizado en el “Triangulo Dorado” de México, como se le conoce a esa franja compuesta por las regiones de Sinaloa, Durango y Chihuahua, en las estribaciones de la Sierra Madre Occidental.

Jorge se detuvo un momento para pensar lo que debía hacer. Fue así que comenzó a recolectar víveres, encendió el motor de la camioneta pick-up y llamó por celular a sus amigos de Ocurague para advertirles que los pistoleros se dirigían hacia aquel pueblo.

—Son 30 y van armados. Mataron a Juan y van para allá. Mejor váyanse —dijo.

En San José los Hornos hay cerca de 100 casas distribuidas en tres caminos agrestes. La tierra de los alrededores está rodeada de pinos y las colinas que la bordean resaltan la belleza natural del pueblo.

En el camino principal, de unos cinco metros de ancho, se encuentran asentadas las casas más vistosas, como por ejemplo, una color amarillo con una pequeña cúpula en el techo, que hace 10 meses fue quemada por un grupo de pistoleros (“gavilleros” les llaman en Sinaloa).

Jorge y sus vecinos intuyeron que a diferencia de los homicidios ocurridos en los últimos 4 años, en esta ocasión la intención era intimidar a todos, aunque no tuvieran injerencia en la siembra o transporte de drogas, rompiendo el “orden” que hasta ese momento se vivía y que consistía en respetar los rangos de las personas vinculadas con el negocio y las que no tenían ningún tipo de relación con las actividades

Ese mismo día, Jorge, con su familia y 100 familias más, abandonaron el pueblo. Para el gobierno mexicano el desplazamiento forzado por violencia parece no existir, a pesar que se trata de un fenómeno persistente. Cuando en el 2011 el Consejo Noruego para Refugiados, publicó un informe que estimaba que en los últimos 10 años México había registrado el desplazamiento de poco más de 160 mil personas por diferentes motivos, entre ellos la violencia, el Secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, minimizó la cifra argumentando que desconocían la metodología del estudio. —

No se tienen suficientes datos ni se tiene realmente los elementos para poder determinar si realmente está sucediendo un fenómeno de esa naturaleza que formalmente tuviera que estar atendiendo el Estado Mexicano. Esa es la posición del gobierno como tal — dijo Max Alberto Diener Sala, subsecretario de la Subdirección de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, cuando se le preguntó sobre este problema.

Esa falta de reconocimiento oficial, ha impedido que organismos como la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR), pueda tener una estrategia para enfrentar el fenómeno.—Es muy preocupante desde la perspectiva de las personas afectadas, pues en la práctica lo que significa es que estas víctimas no reciben atención adecuada porque el Gobierno no los reconoce, y porque además bloquea a que otros organismos, como el ACNUR, hagan un trabajo —dice Sebastián Albuja, representante del Observatorio del Desplazamiento Interno del Consejo Noruego para los Refugiados, quien comenta que las autoridades mexicanas están obligadas a elaborar un estudio a nivel nacional que permita tener una idea exacta de la magnitud del desplazamiento forzado, como el que pretende impulsar la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), que en palabras del Quinto Visitador, Fernando Batista, busca influir en la política pública y en un reconocimiento oficial del problema.

***

Jorge es un hombre de sonrisa alegre. Nació y creció en San José los Hornos. Al igual que sus padres, se ha dedicado a la siembra de maíz y frijol, así como a la crianza de ganado.

Su identidad, como la de algunas personas que aparecen en la historia, se cambió a petición de los entrevistados.

—Hasta hace 4 años vivíamos muy tranquilos, nadie nos molestaba. La gente que se dedicaba a la siembra de goma (amapola) y marihuana, la podía vender libremente. El Ejército venía regularmente, hacía decomisos, pero se iba. A los que no nos dedicábamos a ese negocio no nos decían nada, nos dejaban tranquilos —dice Jorge sentado en la cocina de su nueva casa, mientras encima de la fogonera hierve una olla de frijoles que serán su desayuno.

El pueblo donde nació Jorge, forma parte de una red de 13 comunidades serranas en Sinaloa localizadas en el “Triángulo Dorado”, justo en los límites de los municipios de Sinaloa de Leyva y Badiraguato. Hasta finales del siglo XIX los pobladores de esas comunidades se dedicaban exclusivamente al cultivo de maíz, frijol, manzana, chabacano, higo y cítricos. Además trabajaban en la minería. Fue hasta 1905, con el cierre de la casa de moneda en Culiacán y la crisis que se vivió por aquellos años, lo que empujó a cientos de familias a cultivar amapola, planta que llegó a Sinaloa con la comunidad China asentada ahí desde 1885. Fueron los chinos los que trajeron la semilla a México para sembrarla y consumirla con fines recreativos. La crisis financiera local y la demanda que tenía la planta (ya transformada en goma de opio y procesada en heroína) en Estados Unidos, la convirtieron en menos de tres décadas, en un negocio muy redituable donde las autoridades locales y federales se beneficiaban abiertamente con sus ganancias.—Lo hicieron para aliviar los dolores de los soldados que participaron en la Primera Guerra Mundial —dice Eleuterio Ríos Espinoza, ex diputado de Badiraguato y dos veces Secretario de Gobierno en el Estado, uno de los sinaloenses que, a sus 76 años de edad, conoce mejor que nadie la dinámica que se ha dado en esa región serrana durante el último siglo.

Autor del libro “Sinaloa, sociedad y violencia”, publicado en 1991, sostiene la hipótesis (no compartida por otros estudiosos del tema que le atribuyen este auge exclusivamente a los chinos), que el “boom” de la producción de amapola y mariguana en Sinaloa se dio por la intervención de Estados Unidos en la década de 1910. Lo que es un hecho es que en la actualidad, Estados Unidos tiene en México a uno de sus principales proveedores de heroína para uso recreativo.

Hace poco más de un año, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) presentó un informe en el que mostró su preocupación por el incremento de sembradíos de amapola en México y el crecimiento de consumidores de heroína mexicana en Estados Unidos.

Hasta antes de 2008, es decir a un siglo del auge del cultivo de amapola en la Sierra de Sinaloa, eran comunidades donde se vivía prósperamente. Casi todas las familias eran dueñas de una camioneta o una cuatrimoto, que en el mercado se cotizan hasta en 4 mil dólares. Además, la mayoría de las viviendas contaban con televisión satelital. Eran comunidades que mantenían una tensa calma con los narcotraficantes dedicados a su negocio sin intervenir en la rutina diaria del pueblo. La siembra de droga, le inyectaba recursos a la economía local generando una burbuja de bonanza donde todos se beneficiaban directamente o indirectamente. En el caso de los lugareños que no sembraban droga, no eran molestados por las personas que si lo hacían. Todos convivían en aparente paz y no había conflictos importantes, aparte de los asesinatos aislados por ajuste de cuentas entre bandas y los decomisos esporádicos del Ejército, que en los últimos 10 años habían convertido a este “triángulo” territorial en la región con mayor número de plantíos de marihuana destruidos en el país. La altura del terreno (mil 200 a 2 mil metros por encima del nivel del mar) favorece estos cultivos, tanto así que por cada cien hectáreas encontradas por el Ejército, 60 provenían de los estados que conforman el “Triángulo”, que la convierten en una zona dependiente de esa actividad, donde no sólo hay personas que la siembran, sino también quienes se encargan de cuidar los sembradíos, recogerlos, transportarlos y venderlos a los cárteles del narcotráfico.

***

Aquel día en que Jorge decidió abandonar su finca, justo cuando conducía su camioneta, observó por el espejo retrovisor que otras familias del pueblo lo seguían. Como él, decidieron huir de San José los Hornos aquel sábado 24 de septiembre de 2011. Kilómetros más adelante, cuando ya se encontraba fuera de la colina donde están asentados los pueblos, observó que los pistoleros incendiaron varias casas en Ocurague.

Después se enteraría que se trataba del mismo grupo de sicarios que semanas atrás había asesinado a Fabián, otro habitante de San José los Hornos. Luego de cometer el crimen de este hombre, los responsables incendiaron su casa, la de la cúpula en el techo. También quemaron la tienda de abarrotes y dos viviendas más. Antes de marcharse, amenazaron a todos en la comunidad con asesinarlos en caso de resistirse a trabajar para ellos.

El asesinato de su vecino Juan, quien tenía varios años desligado del negocio, sólo vino a confirmar las sospechas de que los pistoleros pretendían intimidarlos. Al escuchar los disparos dedujeron que su muerte fue una especie de ultimátum.

La necropsia practicada a Juan, arrojó que su cuerpo presentaba huellas de tortura y 40 orificios de bala. Hay quienes sostienen que a Juan lo torturaron toda la noche. Por la mañana, con una soga amarrada al cuello, lo arrastraron varios metros por un camino de terracería. Agonizante le descargaron las balas de sus rifles.

***

—Son puros “plebes” (muchachos) de 15 a 20 años. Los traen de Juárez y Navolato. Algunos trabajan para los Beltrán, otros para el Cártel de Juárez y los Zetas —platica Jorge después de darle un sorbo a su taza de café y recordar que a estos jóvenes pistoleros los comenzaron a ver desde 2008.

Hasta antes del asesinato de Juan, a ese grupo le atribuían 11 asesinatos en la zona. El móvil casi en todos los casos: acabar con los operadores de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, quien además de haber nacido en el pueblo de La Tuna, Badiraguato —500 metros cuesta abajo de San José los Hornos—, es el narcotraficante más buscado de México y el continente. Por información que lleve a su captura, Estados Unidos ofrece 7 millones de dólares. Es de acuerdo con la lista de la revista estadounidense Forbes, uno de los hombres más ricos del planeta con una fortuna calculada en más de mil millones de dólares. En el plano criminal, es el narcotraficante mexicano con más enemigo dentro del mundo de los cárteles de la droga. Prueba de ello es la rivalidad que sostiene con la organización que fundaron los hermanos Beltrán Leyva, que hasta principios de 2008 trabajaban como una megaorganización de la droga.

Los jefes de estos grupos comenzaron sembrando marihuana y amapola de manera independiente al igual que muchos pobladores del “Triángulo”, pero la captura y el asesinato de los capos que controlaban el trafico y la distribución de las drogas, aunado a sus ambiciones personales, los llevaron a convertirse en una especie de “Federación del narcotráfico”, les llamaban las autoridades en Estados Unidos hasta donde han extendido el negocio.

Según el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) en México, la rivalidad entre la organización de “El Chapo” y los “Betrán” surgió a principios de 2008 tras el encarcelamiento de Alfredo Beltrán Leyva. La captura del narcotraficante, “generó la pérdida de confianza” entre ambos grupos, transformándose en “una espiral de violencia en Sinaloa, Nayarit, Sonora, Durango y partes de Jalisco y Guerrero”. En dos años de rivalidad, se les atribuían el 26% de los homicidios ocurridos en el país desde que el gobierno mexicano le declaró la “guerra” al narco en diciembre de 2006.

Tras la ruptura de “El Chapo” con sus antiguos socios, los Beltrán se aliaron con los Zetas y con el Cártel de Juárez, con quienes conformaron grupos de sicarios para enfrentar a operadores de Guzmán en su territorio. Lo anterior generó que el “Chapo” aplicara el mismo método en las comunidades controladas por sus enemigos. La violencia que vivió San José los Hornos, se ha repetido por espacios de tres años en por los menos 60 pueblos del “Triángulo Dorado”, cuyos habitantes huyeron por la rivalidad existente entre los grupos criminales. Tanto en pueblos serranos de Sinaloa, Durango y Chihuahua se han registrado asesinatos y desplazamientos de comunidades enteras por esas pugnas.

***

Tuvieron que pasar ocho meses desde el desplazamiento de Jorge y su familia para que el gobernador sinaloense, Mario López, reconociera públicamente que en la zona serrana del Estado, existen comunidades abandonadas por la violencia. Lo hizo el 14 de mayo de 2012, cuando recorrió en helicóptero algunos pueblos abandonados y se reunió con familias de desplazados.

En la reunión, el gobernador escuchó las historias de los desplazados. Ahí los afectados expresaron sus razones para salirse de sus pueblos y le describieron el miedo que tenían de ser asesinados en caso de regresar. Tres personas que estuvieron en el encuentro, aseguran que en una parte de la plática el gobernador los “regañó”. Les reclamó el silencio que habían guardo por años al solapar la siembra de drogas, pero finalmente se comprometió a incrementar la vigilancia en la Sierra del Estado. —Lo haremos con el apoyo del Ejército y la Policía Estatal —dijo.

La Secretaría de Desarrollo Social y Humano de Sinaloa difundió, una semana después de la visita del gobernador, un padrón de comunidades “desplazadas” en la sierra. En el documento de dos cuartillas, reconocen el desplazamiento de mil 203 familias sólo en Sinaloa. Se desplazaron “de sus lugares de origen por diversas causas, como la sequía, la búsqueda de alternativas de estudio para sus hijos, mejores opciones de ingreso, o a raíz de la inseguridad”.

Estas familias habitaban 65 comunidades serranas pertenecientes a siete municipios sinaloenses. Se trata de un promedio de 5 mil personas desplazadas, si se toma en cuenta cada familia está compuesta por cuatro integrantes. —Que la autoridad minimice el tema de los desplazados por la violencia diciendo que son por sequía o que son menos, evidencia su falta de voluntad para implementar una política emergente que atienda el problema —asegura Leonel Aguirre, presidente de la Comisión de Defensa de Derechos Humanos en Sinaloa, una de las voces críticas sobre el desplazamiento forzado que se ha dado en la zona serrana del Estado.

Sentado frente al escritorio de su oficina, donde hay apilados documentos y oficios por firmar, Aguirre platica que de acuerdo con sus propias estimaciones pudieran existir entre 25 mil y 30 mil desplazados en el Estado, sin contar los de Chihuahua y Durango. —Es un cálculo, porque en estos momentos ningún organismo o dependencia cuenta con algún estudio certero o fundamentado que nos permita saber qué está ocurriendo en Sinaloa. Lo que sí sabemos, es que el gobierno actúa erróneamente al prometer la presencia del Ejército, porque no es con soldados como vas a generar, a mediano y corto plazo, paz y tranquilidad en las zonas afectadas.

***

—Quisiera volver con mi familia pero tengo miedo de que los plebes regresen y nos asesinen —comenta Jorge, quien tras su desayuno se alista, junto a otros hombres desplazados, para regresar a San José los Hornos y otros pueblos abandonados del “Triángulo Dorado”, para constatar en qué condiciones se encuentran sus tierras de siembra.

Para llegar a San José y los pueblos que lo rodean, una ruta es salir de Surutato. Se trata de un pueblo situado a mil 460 metros de altitud, fundado en los primeros años de 1800, casi a la par de la Independencia mexicana. A decir de autoridades locales, es en la actualidad una de las comunidades que ha logrado mantenerse al margen del negocio de las drogas por la puesta en marcha de proyectos exitosos de cultivo, como son la siembra de chiles y tomates de granja. Es justo ahí, donde poco más de 400 personas de comunidades que conforman el “Triángulo Dorado”, bajaron para refugiarse por la violencia registrada en la última semana de septiembre de 2011. Jorge y compañía siguen la ruta de Surutato para llegar a sus pueblos. Durante el trayecto, que se prolonga por más de una hora, se dan cuenta que el paraje se encuentra despejado de sicarios. Por precaución conducen a menos de 20 kilómetros por hora, pues cualquier derrape puede sacarlos de la vereda y llevarlos hasta el fondo de alguna barranca, que en ese lugar abundan. El trayecto está bordeado de pinos y el aire que se respira es limpio. En algunas curvas, se pueden apreciar los riscos de las montañas que bordean la Sierra Madre Occidental. Todo el trayecto es verde y mientras más se avanza, el frío provoca ganas de abrigarse . En ningún momento se observa presencia terrestre de policías o militares. En el cielo, dos helicópteros del Ejército sobrevuelan el lugar. —Son los que fumigan los sembradíos de marihuana —comenta uno de los visitantes, justo en el momento en que Jorge detiene la pick-up frente a la casa que era de Fabián, otro vecino asesinado.

La vivienda se encuentra resumida a muebles y paredes quemadas. En la que era la sala, hay fotografías familiares regadas por todo el piso. En la cochera, una camioneta calcinada se encuentra estacionada en uno de los cajones. En la casa contigua, balearon la fachada. Si no fuera por un grupo de vacas y mulas que caminan sin rumbo fijo, se podría decir que San José los Hornos es un pueblo fantasma. Ocasionalmente las bestias resoplan ante la presencia de quienes solían ser sus amos. Nada queda del resplandor de aquel pueblo que los fines de semana solía ser muy bullicioso. Con niños jugando en los patios y motos circulando regularmente por la calle principal.

En Ocurague, pueblo situado a 10 minutos de San José los Hornos, la postal es similar. La diferencia es que ahí sí quedan algunas personas. Cuando Jorge y comitiva llegaron, dos hombres jóvenes a bordo de una camioneta, los recibieron con familiaridad. Se trata de dos jefes de familia que decidieron quedarse a proteger sus pertenencias. Estos dos hombres, a su vez, forman parte de un grupo más numeroso de personas que cuida de otras comunidades abandonadas. Gracias a esa vigilancia, han evitado nuevas incursiones violentas. Por cuestiones de seguridad, los vigilantes no revelan los nombres de los pueblos bajo su resguardo, pero aseguran que son la mitad de ellos.

Luego de saludarse e intercambiar comentarios sobre la situación de sus familias, los recién llegados bajan de la camioneta una hielera cargada de cervezas. Mientras destapan la primera ronda, uno de los vigilantes les pide que regresen a cuidar los pueblos.

—Es necesario que regresen. Ahora es cuando debemos demostrar que estamos bien puestos. Que no vamos a dejar que se queden con las tierras —dice mientras los integrantes del grupo le dan un trago a sus respectivas cervezas.

—La gente tiene miedo, creen que todavía no es momento —responde uno de los visitantes.

—Esa es la única manera para proteger los pueblos y demostrar que no nos vamos a dejar —insiste el vigilante, mientras Jorge escuchaba atento la conversación.

***

Dos meses después de la visita a San José y Ocurague, la mayoría de los pueblos seguían abandonados. Ni policías, ni militares, patrullaban la zona por tierra.

—Nosotros no tenemos información de pueblos abandonados —respondió un alto mando de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), cuando Animal Político solicitó una entrevista para hablar del desplazamiento forzado que se está dando en la sierra de Sinaloa y otros estados productores de droga en el país como Michoacán, donde también se han reportado desplazamientos en comunidades donde se siembra amapola y marihuana. Si bien el Ejército dice no tener información de ese fenómeno, lo cierto es que desde hace más de 3 décadas han implementado operativos para la erradicación de drogas, consistente en sobrevuelos y destrucción de sembradíos.

—Es un conflicto tiene que ver con el vacío de poder que se vive en la zona serrana del estado —dice Marco Santos, Jefe de Información del Periódico Noroeste en Sinaloa, quien comenta que los lugareños de la sierra de Sinaloa, Durango y Chihuahua no son los únicos que han tenido que huir de sus comunidades por la violencia. Hay casos de familias de empresarios y políticos que ante los secuestros, extorsiones, balaceras y asesinatos ocurridos en las principales ciudades de Sinaloa, se han tenido que ir al extranjero o a otros estados. —Se trata del Jet Set de la política —agrega Santos.

***

Jorge regresa a su casa al atardecer. Antes de salir de Ocurague, uno de los vecinos le pidió ayuda para sacar algunas pertenencias, así que no tuvo más remedio que cargar muebles, trastes, láminas y cajas. Aun así, dice no sentirse agotado. —Cansancio el que sientes cuando tienes que remover la tierra para abrir surcos —comenta sin perder esa alegría que suele caracterizar a la gente en la Sierra de Sinaloa.

Antes de llegar a su nueva casa, compartida con otras familias desplazadas, un perro sale al paso de Jorge para recibirlo. El animal desconfía por la apariencia de su amo, quien de pies a cabeza se encuentra cubierto por una gruesa capa de tierra. Dentro de la vivienda, las familias esperan a Jorge.

Adultos y niños quieren escuchar las noticias sobre la situación de sus pueblos. Cuando lo ven cruzar por la puerta de la cocina, comienzan a bombardearlo con preguntas relacionadas con sus bienes. Jorge les explica que no se han presentado nuevas incursiones y que sus bienes se encuentran a salvo “por el momento”. Después, entre los adultos, comienza una plática que se centra en tres puntos.

La temporada de lluvia que está por venir, el estado en que se encuentran sus tierras y la escasez de víveres. Sobre el primer tema, acuerdan tomar una decisión, lo antes posible, sobre si deben o no regresar a sus pueblos para sembrar ante la llegada de la nueva temporada de lluvia. Luego coinciden sobre el buen estado en que se deben encontrar sus tierras. Finalmente, hablan de la necesidad de conseguir más alimentos, pues las despensas que autoridades municipales y el párroco de la iglesia les entregaron, están por terminarse.

Jorge toma una ducha. Su semblante parece más relajado tras el viaje. Es más, luce contento y sonríe. Juega un rato con su perro y con los bulliciosos chiquillos que se encuentran corriendo por el patio de la casa. Por un momento le pasa por la cabeza regresar al pueblo, pero cae en cuenta que es imposible. Sabe mejor que nadie que no hay condiciones de retornar en paz, que la autoridad no ha cumplido con su palabra de vigilar y que los “gavilleros” siguen incursionando regularmente a la zona. —Regresar ahí sería un suicidio —dice Jorge casi en murmuro, mientras los niños corren detrás de una vieja pelota de trapo y los adultos discuten si es conveniente el regreso a San José los Hornos.

En junio de 2012, dos semanas después de la visita que hiciera Jorge y otros miembros de la comunidad a San José los Hornos, cinco integrantes de una familia fueron asesinados en ese pueblo. A tres de ellos, padre, madre e hijo de 17 años, les dispararon el sábado 16 de junio cuando regresaron para ver en qué condiciones se encontraban sus bienes. Las otras dos víctimas, eran sobrinos de los primeros, quienes tres días después de los homicidios volvieron por venganza. En ambos casos, la autoridad estatal -que en palabras del gobernador sinaloense reforzaría la vigilancia con policías y militares- se enteró de los crímenes 4 días después cuando ya se estaban velando los cuerpos.

Por Guatemala, participa Plaza Pública con el especial “Desplazar para no ser desplazado”.

Por El Salvador, El Faro participa con “La legión de los desplazados”.

Por Colombia, participa La Verdad Abierta con “La Estampida del Miedo en la Frontera“.

*Nota publicada originalmente el 1 de octubre de 2012.

¡Gracias por leer! Ayúdanos a seguir con nuestro trabajo. ¿Cómo? Ahora puedes suscribirte a Animal Político en Facebook. Con tu donativo mensual recibirás contenido especial. Entérate cómo suscribirte aquí. Consulta nuestra lista de preguntas frecuentes aquí.
BBC
El mundo oculto de los médicos cubanos que son enviados a trabajar al extranjero
Miles de doctores cubanos trabajan en misiones médicas internacionales. Aunque es un programa que ha tenido éxito en varias partes del mundo, algunos de ellos cuentan a la BBC que las condiciones en las que se encuentran son de pesadilla.
BBC
16 de mayo, 2019
Comparte

Cuba ha sido reconocida durante mucho tiempo por su diplomacia médica: miles de sus médicos trabajan en misiones internacionales aportando miles de millones de dólares en efectivo para el país.

Aunque las misiones médicas han tenido éxito en numerosos países, donde han aportado tratamiento médico a los sectores más desfavorecidos, según un nuevo informe, algunos de los médicos dicen que las condiciones pueden ser una pesadilla, controlados por funcionarios, sujetos a un toque de queda y enviados a lugares extremadamente peligrosos.

Esta es la historia hecha por el periodista James Badcock.


Para Dayli Coro, la medicina era una vocación.

“Estudié medicina por vocación. Solía dormir entre tres y cuatro horas porque estudié mucho. Trabajé duro en mi primer año de práctica, tomé muchos turnos adicionales. Y ahora, aquí estoy. No puedo ser médico en Cuba. Es muy frustrante”.

Dayli, que ahora tiene 31 años, quería ser especialista en cuidados intensivos.

Dice que después de graduarse, le dijeron que si iba a una misión médica a Venezuela ganaría experiencia en su campo y que ese tiempo contaría como los tres años de servicio social obligatorio que todos los graduados deben completar en Cuba antes de poder acceder a puestos completos.

Aceptó unirse a lo que La Habana llama sus “misiones internacionalistas”, siguiendo un camino recorrido por cientos de miles de médicos cubanos.

Desde 1960, el trabajo de estos médicos en el extranjero ha sido defendido por el gobierno comunista como un símbolo de su solidaridad con personas de todo el mundo.

Fidel Castro describió a los médicos como el “ejército de batas blancas” de Cuba.

Además de ser una fuente de gran orgullo y prestigio, también es un salvavidas económico para el régimen: según las cifras del gobierno cubano y estudios académicos, el plan le aporta a Cuba alrededor de US$8.000 millones por año en moneda extranjera muy necesaria.

Estrictas condiciones

Con más de 30.000 médicos cubanos activos actualmente en 67 países, muchos en América Latina y África, pero también en naciones europeas como Portugal e Italia, las autoridades de Cuba tienen reglas estrictas para intentar evitar que los ciudadanos deserten una vez en el extranjero.

Médicos cubanos en Kenia

Getty Images
Hay médicos cubanos en misiones internacionales en más de 60 países del mundo.

Los salarios fueron un fuerte incentivo para que Dayli, originaria de la pequeña ciudad cubana de Camagüey, se uniera a la iniciativa.

Partiendo de lo que era un salario de US$15 al mes en 2011 para los médicos en la isla, Dayli pasó a cobrar US$125 mensuales durante los primeros seis meses en Venezuela, una cifra que aumentó a US$250 después de esos seis meses y a US$325 durante su tercer año.

Su familia en Cuba también recibió un bono de US$50 por mes.

Según un informe de la organización Cuban Prisoners Defenders (CDP), una ONG con sede en España que hace campaña por los derechos humanos en Cuba y está vinculada al grupo opositor Unión Patriótica de Cuba (Unpacu), los médicos reciben en promedio entre el 10% y el 25% del salario pagado por los países de acogida, y el resto se lo quedan las autoridades de Cuba.

Dayli dice que firmó voluntariamente un contrato por un período de tres años, pero no tuvo tiempo de leerlo, ni se le dio una copia personal.

Destino Venezuela

En octubre de 2011, la joven médica fue enviada a una clínica en la ciudad venezolana de El Sombrero, en el centro del país. El puesto era parte del programa Barrio Adentro, que ha distribuido a médicos cubanos en zonas desfavorecidas del país sudamericano desde 2003 como símbolo del apoyo cubano al gobierno del fallecido presidente Hugo Chávez y de su sucesor, Nicolás Maduro.

Venezuela paga por este y otros servicios de los trabajadores cubanos con petróleo.

Dayli Coro con dos menores a los que trató en Venezuela

BBC
Dayli Coro firmó voluntariamente un contrato por tres años para ejercer la medicina en el extranjero.

Dayli dice que se encontró prácticamente en una zona de guerra, en la que se acostumbró a que le apuntaran con un arma.

Venezuela se encontraba en ese momento en medio de una espiral de criminalidad que llevó a alcanzar una tasa de 92 asesinatos por 100.000 habitantes en 2016, según la ONG Observatorio de Violencia de Venezuela. Las cifras del Banco Mundial sitúan el número de 2016 en 56 por 100.000, superada solo por El Salvador y Honduras.

“Había muchas pandillas criminales”, dice Dayli.

“Cuando se enfrentaban, nos traían a sus heridos porque el hospital venezolano local tenía presencia policial y nosotros no. Estos chicos traían a un paciente con 12 o 15 balas en el cuerpo, te apuntaban con sus armas y te decían que tenías que salvarlo. Si él moría, tú también. Ese tipo de cosas sucedían a diario. Era rutinario “, relata.

A menudo, los miembros de la pandilla que ella trataba eran solo adolescentes de 15 y 16 años, dice.

“Tuve uno con una bala en el corazón, otro con cinco en la cabeza. Algunos estaban vivos, pero sabías que si no se les operaba en 20 minutos, morirían, y no teníamos las condiciones necesarias. Ni siquiera teníamos medicinas básicas para tratar a los pacientes allí. Se suponía que había cuatro médicos de cuidados intensivos y normalmente solo había uno de turno”.

médicos cubanos

BBC
Dayli dice que se encontró prácticamente en una zona de guerra al llegar como médica a Venezuela.

Estos pacientes a menudo eran trasladados en ambulancia a un hospital general situado a 45 minutos. A veces, los pandilleros le ordenaban a Dayli que subiera a la ambulancia con ellos, cuenta.

“Una vez una pandilla disparó a una ambulancia y murieron un médico venezolano y el conductor”, agrega Dayli.

“Siempre existía la posibilidad de que la pandilla rival pudiera tratar de acabar con el paciente durante el traslado. Tuve una situación en la que una pandilla rival entró y le disparó al paciente. Yo tenía 24 años, era una chica pequeña y delgada. Pero en un lugar donde hay tanta violencia, desarrollas una increíble frialdad emocional”.

Las misiones médicas quedaron bajo el foco de atención tras la decisión de Cuba de retirar a sus doctores del programa “Más Médicos” en Brasil a raíz de la elección del presidente Jair Bolsonaro el año pasado.

Bolsonaro cuestionó las calificaciones de los médicos cubanos en el país y describió su situación contractual como “trabajo esclavo”, al señalar que solo se quedaban con el 25% de la paga y el resto iba al gobierno cubano.

En respuesta, las autoridades cubanas rechazaron enérgicamente la caracterización y dijeron que “no era aceptable cuestionar la dignidad, el profesionalismo y el altruismo” de su personal médico internacional.


¿Por orden del doctor?

Según el informe del grupo vinculado con la oposición Cuban Prisoners Defenders, realizado a partir del testimonio directo de 46 doctores con experiencia en misiones médicas en el extranjero, además de información pública extraída de declaraciones de otros 64 médicos:

  • El 89% dijo que no tenía conocimiento previo de su destino dentro de un país en particular
  • El 41% dijo que un funcionario cubano le retiró el pasaporte a su llegada al país anfitrión
  • El 91% dijo que había sido vigilado por agentes de seguridad cubanos en su misión, y el mismo porcentaje aseguró que se les pidió que transmitieran información sobre sus colegas a los agentes de seguridad
  • El 57% dijo que no se presentó voluntario para unirse a una misión, sino que se sintió obligado a hacerlo, mientras que el 39% dijo que se sentía fuertemente presionado para servir en el extranjero.

La BBC hizo repetidas solicitudes al gobierno cubano para conocer su opinión, pero no recibió respuesta. La Habana ha seguido defendiendo fuertemente el programa. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ofreció su apoyo a “los héroes de la medicina cubana y latinoamericana” para conmemorar el Día de la Medicina en América Latina en diciembre pasado.

“Para aquellos que luchan por la vida, es lo mismo en un modesto vecindario cubano o en una aldea en el Amazonas. Más que médicos, son guardianes de la virtud humana”, escribió el líder de Cuba.

Experiencias dolorosas

Mientras que Dayli logró al menos evitar caer víctima de la violencia en Venezuela, una compatriota y compañera médica fue menos afortunada.

La médica de familia de 48 años desea ser identificada por el seudónimo “Julia” para ahorrarle a su familia el conocimiento de su terrible experiencia.

Durante sus cinco años de misión en Venezuela, Julia estuvo en el estado de Bolívar.

“Tuve la mala suerte de que el coordinador de la misión se interesara por mí y yo no cedí a sus repulsivas insinuaciones. Hizo que me enviaran a una serie de lugares apartados en zonas rurales”, denuncia.

En un momento dado, junto con otra doctora cubana, fue enviada a una vivienda con un tejado de plástico transparente. Un día, cuando vieron que alguien había forzado la puerta, llamaron al coordinador, pero Julia dice que no hizo nada.

“Luego”, dice, “me desperté una noche, con alguien cerrándome la boca. La médica en la otra habitación estaba gritando. Había dos hombres con pasamontañas, armados”.

Julia dice que fue violada por ambos.

El coordinador de la misión vino a sacar a las dos mujeres del lugar, pero, según Julia, no tuvo consecuencias aparentes ni una reprimenda oficial por haber expuesto a los miembros de su equipo a tal peligro.

Pacientes esperan para ver a médicos cubanos en una clínica en Caracas

Getty Images
Las esperas en las clínicas venezolanas suelen ser largas.

Julia fue trasladada a Caracas, donde recibió medicamentos contra el VIH y sesiones con una psicóloga cubana. “El tratamiento no fue el mejor. El enfoque fue básicamente: ‘No le digas a nadie que esto ha sucedido'”.

Mientras estaba en una misión en Bolivia, Julia desertó a través de la frontera con Chile y ahora vive en España, donde ha solicitado asilo y trabaja como asistente de cirujano.

María (no es su nombre real) es otra médica cubana que dice que su género la convirtió en objetivo. Era una médica de familia de 26 años de edad cuando fue enviada a Guatemala en su primera misión internacional en 2009.

Durante su viaje al estado de Alta Verapaz, el coordinador de la misión comenzó a hablarle de un hombre rico en el área, a quien se refería como “ingeniero”.

María dice: “Insinuó que le gustaban las mujeres cubanas”. Cuenta que le dieron un teléfono celular al que el “ingeniero” comenzó a llamarla todos los días.

Una clínica en La Habana, Cuba

Getty Images
Para Cuba, el programa de médicos internacionales es motivo de orgullo.

“No respondí, e incluso cambié el número, pero igual llamó”, prosigue María. “El coordinador me dijo que me enviarían a casa como castigo si no llegaba a ver a este hombre, y dije que me parecía bien”.

“Mis principios estaban en la cuerda floja. Fui con la idea de ayudar a gente pobre en una misión para mi país. Era tan frustrante. Estaba asustada, pero no podía huir”.

María explica que sus mentores cubanos le quitaron el pasaporte en cuanto llegó a Guatemala.

Después de dos meses resistiendo la presión para ver al hombre, María fue trasladada a otra misión. Unos meses después oyó que el “ingeniero” había sido arrestado en una redada militar, acusado de ser traficante de drogas.

María completó dos años en Guatemala y después se fugó de su siguiente misión en Brasil para acogerse al parole de Estados Unidos, un programa de permiso especial que fue cancelado por el expresidente Barack Obama y que incitaba a los médicos cubanos a desertar para instalarse en EE.UU.

Objetivos semanales

Dayli dice que ella y su equipo en Venezuela tenían que cumplir una serie de objetivos semanales establecidos por los líderes de la misión y relativos al número de vidas salvadas, pacientes ingresados y tratamientos para ciertas enfermedades.

La joven doctora explica que rechazó lo que para ella era una interferencia no ética en los principios honestos de la atención médica.

“Ahí es donde empezaron mis problemas, porque no iba a mentir”, señala. “Si un paciente está listo para irse a casa y tomar medicamentos por vía oral, no voy a hacer que lo ingresen durante cinco días con una vía intravenosa. No puedo decir cuántos pacientes con infarto al corazón voy a tener a la semana”.

Según el informe de la organización CDP, más de la mitad de los 46 médicos con experiencia en misiones internacionales que fueron entrevistados confesaron haber tenido que falsear las estadísticas, inventándose pacientes, consultas y patologías que no existían.

Al exagerar la eficacia de las misiones, las autoridades cubanas pueden, según el informe, pedir más dinero al país de acogida o justificar la ampliación de la misión.

Represalias

Dayli dice que el conflicto que tuvo con sus colegas médicos sénior en El Sombrero por las instrucciones para inflar las estadísticas de tratamientos llevaron a que la colocaran en un destino de menor nivel, en San José de Guaribe, una localidad más rural y tranquila.

Pero las presiones de trabajar sin suficiente equipamiento médico y las órdenes de alcanzar objetivos artificiales o imposibles persistieron.

Una vez llegó una mujer que estaba dando a luz, recuerda Dayli, pero la clínica no tenía los medios necesarios para el parto. Otra vez dice que tuvo que insertar un tubo en un paciente con la luz de su teléfono porque no había combustible para el generador.

Cuenta que su petición de transferir a un hombre con cáncer de pulmón a Caracas fue denegada para que pudiera contar en las estadísticas de la clínica.

“La salud de los venezolanos no es importante para la misión”, opina. “Un niño de 11 años murió en mis brazos cuando intentaba colocarle un respirador que no funcionaba”.

Carlos Moisés Ávila, médico cubano

BBC
El doctor cubano Carlos Moisés Ávila no pudo despedirse de su madre antes de que muriera.

Carlos Moisés Ávila relata una historia similar. Este médico de 48 años se unió a una de las primeras misiones en Venezuela en 2004.

“Cada uno teníamos que reportar haber salvado una vida cada día, así que a veces me tocaba agarrar a alguien sano y ponerle una vía”, explica.

“Las medicinas llegaban de Cuba fuera de fecha, así que teníamos que destruirlas y enterrarlas antes de incluirlas en el inventario como usadas para que pudieran ser cobradas. Recibíamos nuestra paga de soldados, que a veces llegaban con meses de retraso y se llevaban medicamentos del hospital”, recuerda.

Carlos dice que se unió a la misión médica para mejorar su situación financiera.

En lugar de tener que arreglárselas con US$20 al mes en Cuba en aquel momento, empezó a ganar US$300 en Brión, en el estado venezolano de Miranda, aunque dice que el gobierno cubano recibía más de 10 veces esa cantidad por cada doctor en el programa Barrio Adentro.

Dayli dice que estaba prohibida toda socialización con venezolanos fuera del trabajo. Los médicos cubanos vivían juntos y tenían que respetar el toque de queda de las 18:00 horas. El coordinador de la misión era un funcionario del servicio de seguridad cubano.

“Te preguntaban sobre tus compañeros de casa en entrevistas semanales”, expone Dayli. “Tenía una red de informantes locales pagados que daban cualquier información sobre ti para detectar posibles desertores”, agrega.

“No se nos permitía tomar un trago con un venezolano o ir a su casa porque le salvaste la vida y querías ver cómo seguía. Si confraternizabas con un disidente, te podían revocar la misión”.

La doctora cubana Dayli Coro en Venezuela

BBC
Dayli Coro explica que no se les permitía socializar con los venezolanos fuera del trabajo.

Propaganda política

Carlos dice que durante los siete años que pasó en Venezuela vio cómo la medicina se usaba como herramienta política con fines propagandísticos, a veces a expensas del código ético de los doctores.

“Durante la campaña de 2004 para el referéndum revocatorio, nos enviaron a los médicos puerta a puerta para dar regalos y medicamentos y ganar apoyos para el entonces presidente Hugo Chávez”, indica.

“También teníamos listas de pacientes según su tendencia política. A los partidarios del gobierno chavista se los anotaba como pacientes de hipertensión y a los opositores como diabéticos. Los primeros recibían mejor tratamiento y toda la información que teníamos sobre los locales se le pasaba a la coordinadora de la misión, una mujer cubana que controlaba todas nuestras relaciones personales y con quién se nos permitía encontrarnos”.

Un reportaje del diario estadounidense The New York Times publicado el pasado marzo citaba a médicos cubanos destinados en Venezuela que describían cómo tuvieron que persuadir a pacientes para que votaran por el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), incluyendo acciones como denegarles tratamiento a partidarios de la oposición y hacer proselitismo en las casas con medicinas de regalo para sobornar a los indecisos.

En respuesta, el gobierno cubano negó las acusaciones y dijo que sus honorables médicos salvaron casi un millón y medio de vidas en Venezuela, además de citar su participación en la lucha contra el ébola en África y el cólera en Haití, entre otros ejemplos.

Carlos también dio el paso de una misión brasileña a Estados Unidos, donde está reconstruyendo su vida en Houston, Texas, como asistente médico.

Ahora no puede visitar Cuba por temor a ser encarcelado por deserción.

En 2018 solicitó una visa humanitaria para visitar a su madre, que tenía cáncer. Le fue denegada y no pudo verla antes de su muerte.

“Así es como juegan, ofreciendo permisos y regalos frente a ti para que la gente acceda. Pronto me di cuenta de que nuestra misión era más política que humanitaria“.

Estudiantes de medicina pasean frente a un hospital de La Habana

Getty Images
El gobierno cubano afirma que sus honorables médicos salvaron casi un millón y medio de vidas en Venezuela.

Dayli llegó a una conclusión similar.

Regresó a Cuba en 2014 donde fue destinada a un hospital sin unidad de cuidados intensivos, una señal clara, dice, de que no tenía el favor de las autoridades. Posteriormente fue suspendida de ejercer la medicina por supuestas ausencias laborales, una acusación que niega.

Cuenta que la empezaron a tratar como una disidente, con un agente de seguridad estatal fuera de su casa que la seguía a todas partes. Su familia y amigos fueron acosados. Finalmente no pudo soportarlo más y en la actualidad está visitando parientes en España, donde quizá decida asentarse.

“Quería ser doctora en Cuba, pero ahora he renunciado a eso. No quiero ser un riesgo para mi familia. Dije lo que pensaba y esta es la consecuencia. Quieren soldados, no médicos”.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga la última versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=GCO92Wbx4Wg

https://www.youtube.com/watch?v=VhMGk9zH0Zo

https://www.youtube.com/watch?v=QWwnV83nGzY

¡Gracias por leer! Ayúdanos a seguir con nuestro trabajo. ¿Cómo? Ahora puedes suscribirte a Animal Político en Facebook. Con tu donativo mensual recibirás contenido especial. Entérate cómo suscribirte aquí. Consulta nuestra lista de preguntas frecuentes aquí.