Mujer y crónica ¿una mancuerna difícil?
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Mujer y crónica ¿una mancuerna difícil?

Mujeres periodistas de Puerto Rico, Chile y Brasil reflexionan sobre sobre ser cronista, mujer y joven en América Latina
Por Dulce Ramos @Wikiramos
14 de octubre, 2012
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Cuatro mujeres y  12 hombres formaron parte del ‘Confeccionario de Nuevos Cronistas’. Tres mesas en las que jóvenes periodistas de América Latina destacados en la crónica, debatieron sobre la forma en que construyen sus historias.

¿Por qué sólo la cuarta parte de los 16 invitados al ‘Confeccionario’ fueron mujeres? ¿La mancuerna ‘mujer y crónica’ es difícil de lograr? ¿Es distinta la ‘mirada femenina’ cuando se relata un momento de la realidad?

Rocío Montes, de Chile; Carol Pires, de Brasil, Ana Teresa Toro, de Puerto Rico y Daniela Rea, de México, son las cuatro periodistas cuyo trabajo mereció un lugar entre los nuevos contadores de historias que participaron en el coloquio ‘Nuevos Cronistas de Indias’ finalizado el viernes. Ninguna de ellas supera los 35 años y dos de ellas aún no alcanzan los 30.

Las tres primeras compartieron con Animal Político sus reflexiones sobre ser cronista, mujer y joven en América Latina. 

“En mi país la Policía no le habla a las mujeres. ¿Cómo iba a hacer una crónica policial?”
Ana Teresa Toro, Diario ‘El Nuevo Día’

Ser mujer y joven influye al hacer crónica desde el primer momento. “Lo primero que uno tiene es esta cara y este cuerpo y sí hay un trato diferente”.

Ajustarse a los momentos  y a las personas para poder entrar al mundo que quiere conocer y relatar ha sido una herramienta para Ana Teresa, de 28 años y admiradora de las crónicas de Elena Poniatowska. (“Es una referencia obligada para cualquiera que quiera tirarse a la calle, dice).

Ser tomada a la ligera es quizá el mayor peligro de ser una cronista joven, pero lo positivo, dice con una sonrisa, es que no tiene miedo alguno a cometer errores.

Si bien Ana Teresa señala que la familia ejerce un peso cuando la mujer desea volcarse a la crónica, género que exige tiempo,  también pone en la discusión que existen espacios que la mujer no ha ocupado.

“Hubo un momento en que cubrí temas policiales y en mi País la policía no le habla a las mujeres. ¿Como iba a lograr esa gran crónica policial que quería hacer si los códigos sociales están viciados? Tengo que moverme por otros lados. Y no es un lamento. Sé que funciona así y sabiéndolo, uno puede bordear para hacer crónicas importantes”.

“En la profesión periodística la desigualdad es manifiesta”
Rocío Montes, Diario ‘La Tercera’

Entre la mirada de un cronista y una cronista no hay diferencias mayores según esta subeditora de reportajes de 32 años. Puesta a señalar alguna, Rocío Montes menciona  sin afán de “dar cátedra”, que las mujeres tienen “una obsesión informativa distinta a la de los hombres”.

“Las grandes cronistas tienen una mayor obsesión por los datos, por el detalle”, comenta tras un paseo por el centro de San Ángel al terminar el coloquio ‘Nuevos Cronistas’.

Más allá de miradas femeninas o masculinas, una crónica, para esta santiaguina, resulta mejor cuando uno es arrojado y busca llegar a donde otros no lo han hecho. A finales del mes pasado, Montes recorrió la región del Biobío, al centro del país, en búsqueda de un yerno del fallecido Presidente Salvador Allende, que se volvió ermitaño.

“Me metí sola por caminos de tierra, sin señal de celular. Sin acceso a ayuda, con largas horas de espera junto a un río en el que tenías que pedir a gritos que te fueran a buscar con un funicular”.

El arrojo sirve, pero cuando a lo largo de su carrera ha visto como excelentes periodistas se quedan en el camino por tener que elegir entre trabajo y la familia, esta cronista agradece que sus jefes y sus compañeros jamás le hayan planteado el ser mujer como una limitante para lograr trabajos como que menciona.

“En la profesión periodística la desigualdad está mucho más manifiesta. En algún momento muchas se dirimen entre ser periodistas o madres y ambas son difíciles. Se van en busca de mejores horarios que, lamentablemente, el periodismo no da”.

“El riesgo más grande es enamorarse de los personajes. Hay que ser intuitiva”
Carol Pires, Revista Piauí

En las facultades de periodismo en Brasil hay una evidente mayoría de mujeres. Lo mismo pasa en fuentes como el Congreso, donde estuvo asignada por años. Por ello, Carol Pires, la más joven de las cuatro nuevas cronistas con sólo 26 años, se pregunta por qué no hay tantas editoras, jefas de redacción, cronistas…

“No creo que haya sido decisión de la Fundación, sino consecuencia de algo”, dice en un español fluido que conserva la musicalidad del portugués. Si bien en los medios hay políticas machistas que dificultan la llegada a ciertas posiciones, reconoce que la crónica demanda tiempo y viajes.

“Es algo casi biológico. Nosotras tenemos las tetas y un niño no se puede quedar sin mamá. Si tuviera un hijo tal vez no podría dedicar tantas horas a trabajar, a escribir”.

Admiradora de las crónicas de Alma Guillermoprieto y Leila Guerrero, Pires cree que las ventajas de las mujeres que se vuelcan hacia este género periodístico son la percepción de los detalles  y la intuición.

Haber nacido en Brasilia, capital política de su país, le dio a esta joven una cercanía inmediata con la política; por ello ha enfocado sus crónicas en el poder y sus protagonistas. El riesgo más grande que hay en ello, dice, es enamorarse de los personajes que retrata en los textos.

“No me quiero engañar por los políticos. Debes tratar de encontrar lo que tiene de humano, de honesto, pero debes ser intuitiva y saber que un político siempre tratará de hacerte creer que lo que dice es verdad”.

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India: los desesperados mensajes para salvar a pacientes con COVID

Avani Singh es una de las miles de personas en India que ha tenido que recurrir a las redes sociales para obtener ayuda para su familia.
1 de mayo, 2021
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Mientras una segunda ola de coronavirus causa estragos en India, con más de 350 mil  casos reportados a diario, las familias de los enfermos de covid-19 buscan desesperadamente ayuda en las redes sociales.

Desde la mañana hasta la noche, rastrean cuentas en Instagram, dejan mensajes en grupos de WhatsApp y revisan sus guías telefónicas. Buscan camas en un hospital, oxígeno, el fármaco remdesivir y donaciones de sangre.

Es caótico y abrumador. Un mensaje de WhatsApp comienza a circular: “Dos camas de UCI libres. Minutos después, ya no lo están. Pasaron a ser ocupadas por quien llegó primero.

Otro mensaje: “Se necesita con urgencia concentrador de oxígeno. Por favor, ayuda”.

A medida que el sistema de salud se debilita, es la comunidad, el esfuerzo personal y la suerte lo que decide entre la vida y la muerte.

La demanda supera a la oferta. Y los enfermos no pueden darse el lujo de perder tiempo.

“Buscamos en 200 lugares una cama de hospital”

Cuando comencé a redactar este artículo el viernes, hablé con un hombre que buscaba oxígeno en WhatsApp para su primo de 30 años en Uttar Pradesh, un estado en el norte de India. Cuando terminé de escribir el domingo, había muerto.

Otros están agotados y traumatizados, después de días cargando en sus hombros el peso de encontrar un tratamiento que salve la vida a sus seres queridos.

“Son las 6 de la mañana, la hora a la que comenzamos las llamadas. Nos informamos de cuáles son las necesidades de mi abuelo para el día -oxígeno e inyecciones- lo compartimos en WhatsApp y llamamos a todas las personas que conocemos”, explica Avani Singh.

Avani Singh con su abuelo, de 94 años, enfermo de covid en Delhi.

Avani Singh
Avani Singh con su abuelo, de 94 años, enfermo de covid en Delhi.

Su abuelo de 94 años está muy enfermo de covid en Delhi.

Desde su casa en Estados Unidos, Avani y su madre, Amrita, describen una extensa red de familiares, amigos, parientes y contactos profesionales, muchas veces lejanos, que les ayudaron cuando el abuelo cayó enfermo y su salud se deterioró rápidamente.

“Usamos todos los contactos que tenemos. Yo buscaba en las redes sociales. Algunas páginas que sigo dicen ‘tal lugar confirmado, tiene cama de UCI’ o ‘este sitio tiene oxígeno’. Entre todos probamos unos 200 lugares“, explica Avani.

Finalmente, a través de un amigo de la escuela, encontraron un hospital con camas, pero descubrieron que no tenía oxígeno. En esos momentos, el padre de Avani estaba inconsciente.

“Entonces publiqué una súplica en Facebook y un amigo sabía de una sala de emergencia con oxígeno. Gracias a ese amigo, mi padre sobrevivió aquella noche“, dice Amrita.

Cuando hablamos el sábado, su perspectiva había mejorado, pero la tarea que tenían por delante Avani y Amrita era conseguir inyecciones de remdesivir. Hicieron algunas llamadas, y el hermano de Amrita en Delhi viajó en auto hasta esos lugares, haciendo unos 160 km en un solo día.

“Mi abuelo es mi mejor amigo. No puedo agradecer lo suficiente a las personas que manejan esas páginas de Instagram por todo lo que están haciendo”, dice Avani.

Pero la información pronto se desactualiza. También les preocupan las informaciones falsas.

“Nos enteramos de que una farmacia tenía los medicamentos pero cuando mi primo llegó allí ya no quedaba ninguno. Abría a las 8:30 de la mañana y la gente llevaba haciendo cola desde medianoche. Solo los 100 primeros recibieron las inyecciones”.

“Ahora venden los medicamentos en el mercado negro. Deberían costar unas 1.200 rupias (US$16) y los venden por 100.000 rupias (US$1.334), y nadie te puede garantizar su autenticidad”, explica Amrita.

Como cualquier sistema que confía en conexiones personales, no todo el mundo recibe una oportunidad justa. El dinero, los contactos familiares y un alto estatus social brindan mayores posibilidades de éxito, así como el acceso a internet y los celulares.

Situaciones desesperadas

En medio del caos, algunas personas tratan de poner algo de orden, centralizando la información, creando grupos comunitarios y usando cuentas de Instagram para hacer circular los contactos.

Arpita Chowdhury, de 20 años, y un grupo de estudiantes en su universidad para mujeres en la capital gestionan una base de datos que ellas mismas recaban y verifican.

Arpita Chowdhury

Arpita Chowdhury
Arpita Chowdhury y otras estudiantes del Lady Shri Ram College, una Universidad en Nueva Delhi, crearon un grupo para coordinar la información en las redes sociales.

“Cambia hora a hora, minuto a minuto. Hace cinco minutos me dijeron que había un hospital con diez camas disponibles, pero cuando llamo ya no hay”, explica.

Con sus compañeras, llama a los números de contacto anunciados en las redes sociales que ofrecen oxígeno, camas, plasma o medicamentos, y publica la información verificada en internet.

Luego responde a las solicitudes de familiares de pacientes con covid que solicitan ayuda.

Es algo que podemos hacer para ayudar, a nivel más básico, dice.

Arpita Chowdhury comparte información verificada en WhatsApp

BBC
“Necesitamos dos camas de hospital para mis abuelos, ¿saben de algo?”, preguntan en un mensaje. “El Colegio Médico Doon tiene camas de UCI”, responden.
Arpita Chowdhury comparte información verificada en WhatsApp

BBC
-“SOS, oxígeno en Agra”. -“De acuerdo, averiguo”. “OXÍGENO. Ubicación: Agra, Uttar Pradesh. Disponible el 23 de abril a las 12 del mediodía. Verificado”.

El viernes, Aditya Gupta me dijo que estaba buscando un concentrador de oxígeno para su primo Saurabh Gupta, gravemente enfermo en Gorakhpur, una ciudad en el estado norteño de Uttar Pradesh en donde hubo un gran aumento de casos y muertes.

Saurabh, un ingeniero de 30 años, era el orgullo y la alegría de su familia. Su padre tenía una pequeña tienda y ahorró para que pudiera tener una educación.

“Visitamos casi todos los hospitales en Gorakhpur. Los hospitales más grandes estaban llenos y el resto nos dijeron: ‘Si logran obtener el oxígeno por su cuenta, podremos aceptar al paciente“, explicó Aditya.

A través de WhatsApp, la familia consiguió un cilindro de oxígeno, pero necesitaban un concentrador para hacerlo funcionar. Estaban agotados el viernes, aunque recibieron garantías de un proveedor de que podrían obtener uno.

Pero el dispositivo que tan desesperadamente necesitaban nunca llegó y Saurabh no puso ser ingresado en el hospital.

El domingo, Aditya me dijo: “Lo perdimos ayer por la mañana, murió delante de sus padres”.

Saurabh Gupta

Aditya Gupta
Saurabh tenía 30 años.

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