Para recordar a Eric Hobsbawm...
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Para recordar a Eric Hobsbawm...

Por Omar Granados
2 de octubre, 2012
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Eric Hobsbawm en enero de 1976.

Eric John Ernest Hobsbawm (9 de junio de 1917, Alejandría, Egipto – 1 de octubre de 2012, Londres, Inglaterra), pensador e historiador marxista, es considerado un pensador clave de la historia del siglo XX y es conocido por su trilogía Tres Eras : La Era de la Revolución: Europa 1789–1848 (de 1962), La Era del Capital: 1848-1875 (de 1975) y La Era del Imperio: 1875–1914 (de 1987), a la cual añadió en 1994 La Era de los Extremos, publicada en español como Historia del siglo XX. La más reciente publicación de Hobsbawm fue su autobiografía, publicada en inglés como Interesting Times.

 Hobsbawm nació el mismo año de la revolución bolchevique -lo cual definiría su vida- y se crió en Viena y Berlín, aunque sus padres -de origen judío- le siguieron hablando en inglés en casa. Sus padres murieron en 1929, por lo cual él y su hermana Nancy fueron adoptados por su tía materna Gretl Grün y por su tío paterno Sydney Hobsbaum, quienes terminarían casándose y teniendo un hijo. En 1933, Eric acompañado de su familia migra a Londres.

Ya en Londres, Eric Hobsbawm se educó en el King’s College, de Cambridge, donde obtuvo su doctorado. Formó parte de una sociedad secreta (y posteriormente famosa) de la élite intelectual llamada los Apóstoles de Cambridge, considerada parte de las juventudes comunistas, de donde se lograba la entrada directa al Partido Comunista de la Gran Bretaña.

Durante la Segunda Guerra Mundial, sirvió en el cuerpo de Ingenieros y en los Cuerpos Educativos de la Armada Real. Se casó primero con Muriel Seaman en 1943 y se divorció en 1951, para casarse posteriormente y luego con Marlene Schwarz, con quien tuvo dos hijos, Julia Hobsbawm y Andy Hobsbawm, a los que hay que agregar a Joshua, de una relación anterior.

En 1947, fue profesor de Historia en el Birkbeck College, de la Universidad de Londres, posteriormente fue profesor visitante en Stanford en los años 60. En 1978 entró a formar parte de la Academia Británica y se retiró en 1982, aunque continuó como profesor visitante, durante algunos meses al año, en The New School for Social Research en Manhattan hasta 1997. Fue profesor emérito del departamento de ciencias políticas de The New School for Social Research hasta su muerte. En 2008 fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Gerona

Hobsbawm, escribió extensamente sobre una gran variedad de temas y leyó en muchos idiomas, entre ellos  inglés, alemán, francés, español e italiano con fluidez y sabía leer en holandés, portugués y catalán.  Escribió sobre el capitalismo, el comunismo, la guerra, sobre algunos países, la muerte de sus padres, la esencia de la historia misma, sobre música (Sobre el Jazz y sobre el Flamenco) sobre los libros de texto y su relación con la historia; y como historiador marxista se centró en el análisis de la “revolución dual”, donde incluía los cambios llevados por las simultáneas  Revolución francesa y Revolución industrial británica; estudió a los que llamó “los bandidos sociales”, un fenómeno que consideró como una espontánea e impredecible forma de rebelión. Otro de los intereses de Hobsbawm fue el desarrollo de las tradiciones sociales, mientras que su trabajo estudia el concepto y la realidad del Estado-Nación durante su desarrollo y la construcción de muchas tradiciones, las cuales, -aseguró- son inventadas por élites nacionales para justificar la existencia e importancia de sus respectivas naciones.

Hobsbawm escribió sobre otros temas con el seudónimo “Frankie Newton” en tributo al trompetista comunista de la banda de Billie Holiday (otro momento del jazz en su vida), fue crítico de jazz en el New Statesman y escribió en muchas revistas intelectuales sobre temas diversos, la barbarie en la edad moderna, el movimiento obrero y el larguísimo conflicto entre anarquismo y comunismo.

Las simpatías políticas de Hobsbawm se definieron en una etapa temprana de su vida y para su época en el bachillerato se unió a la Asociación de Alumnos Socialistas que era la fachada de la Liga de Juventudes Comunistas. Posteriormente, en el King’s College de Cambridge, perteneció  a los famosos “Apóstoles”, uno de los lugares desde donde conseguías entrar al Partido Comunista de la Gran Bretaña. Instalado desde 1947 en el Colegio Bikbeck para educación adulta en Londres (del cual sería presidente), Hobsbawm era un dirigente natural del grupo de historiadores del Partido Comunista Británico desde 1946 a 1956 y posteriormente seguiría en su búsqueda histórica en donde encuentra a los precursores de la vanguardia de izquierda que fueron los predecesores de los movimientos de izquierda del siglo XX.

Pero además de esta breve biografía, recordemos a Hobsbawm con algunos de sus dichos y de sus textos:

Sobre la esencia del Partido Comunista clásico: “El Partido… tenía la primera, o más precisamente, la única propiedad real de nuestras vidas. Sus exigencias tenían prioridad absoluta. Nosotros aceptamos esta disciplina y jerarquía. Nosotros aceptamos la obligación absoluta de seguir las líneas que el partido proponía para nuestras vidas, aun cuando no estábamos de acuerdo con ellas…Hacíamos lo que nos ordenaban …sin importar qué ordenaran hubiéramos obedecido… Si el partido te ordenaba abandonar a tu esposa o amante, lo hacías.” Citado por un columnista de The Telegraph.

Sobre la globalización y Marx: “Mientras muchos sociólogos creen haber inventado la pólvora con la palabra “globalización”, el mundo capitalista que emergió en los años ’90 era increíblemente semejante al mundo anticipado por Marx.” –Citado por la Gaceta Mercantil.

Sobre Marx:  “Si un pensador dejó una marca indeleble en el siglo XX, ese fue Marx“. -Citado hoy.

Sobre Lula:  “El hombre que ayudó a cambiar el equilibrio del mundo“. -Citado por AFP.

Sobre el destino del trabajo de Marx: “Marx, supongo, fue salvado por el colapso de la Unión Soviética -pero no necesariamente el marxismo, porque la Unión Soviética era un Estado marxista de un solo tipo. Está muy claro que por algún tiempo la gran parte de la gente interesada en Marx y el marxismoeran críticos de la Unión Soviética y la veían como una desviación del camino original. Por otro lado, tiene que recordar que el marxismo como fenómeno intelectual y político depende de la atmósfera política. Y todos los socialistas fueron heridos en gran medida por la caída de la Unión Soviética, simplemente porque el ejemplo de tener a alguna parte del mundo llamándose a sí misma socialista, los inspiraba, así como los ha inspirado la mayor parte del siglo XX. No fue sino hasta el inicio de este siglo que el interés en Marxha revivido de nuevo.” -citado por NewStatesman.com

Sobre su carrera académica: Todo historiador tiene su vida privada, un asiento privado desde el cual puede sondear el mundo. Mi propio asiento está construido, entre otros materiales, de una niñez en la Viena de los años 1920’s; los años del ascenso de Hitler en Berlín, lo cual determinó mi opinión política y mi interés en la historia; y la Inglaterra y en especial el Cambridge de los 1930’s, lo cual confirmó mis posiciones.” -Cátedra en Creighton, Inglaterra en 1993.

Sobre la historia: La historia está siendo inventada en vastas cantidades … es más importante tener historiadores ahora, especialmente historiadores escépticos, que en cualquier momento previo.” 2002 Entrevista con el diario Observer.

Sobre el comunismo: Fui un leal miembro del Partido Comunista por dos décadas hasta 1956, por lo tanto estuve callado sobre muchas cosas sobre las cuales no es razonable estar callado.” Entrevista en 2002.

Sobre el socialismo y el capitalismo: La impotencia enfrenta a aquellos que creen en lo que suma un capitalismo puro, sin Estado, capitalismo de mercado, una suerte de anarquismo burgués internacional, y a aquellos que creen en un socialismo planificado sin contaminación de los privados buscando ganancia. Ambos están en la bancarrota. El futuro, como el presente y el pasado, pertenece a las economías mixtas en las cuales lo público y lo privado están juntos de una forma u otra, ¿Pero, cómo? Ese es el problema para todos hoy en día, pero especialmente para la gente en la izquierda.” 2009 Guardian article.

Sobre la muerte de sus padres: En la noche del viernes 8 de febrero de 1929 mi padre regresó de otro de sus crecientes y desesperadas visitas al pueblo en busca de dinero que pudiera ganar o pedir prestado y colapsó frente la puerta de nuestra casa. Mi madre escuchó sus lamentos a través de la ventana de las escaleras y cuando la abrió ante el aire frío de ese invierno alpino espectacularmente frío, ella lo escuchó llamándola. En unos pocos minutos murió… Agonizante, condenó a muerte a mi madre … ‘Algo se ha roto dentro de mí’, le escribió a su hermana.” – Interesting Times, sus memorias publicadas en 2002.

Sobre Tony Blair: Los primeros ministros laboristas que ven la gloria como señores de la guerra –señores de la guerra subordinados, particularmente- efectivamente me indigna.” Entrevista en 2002.

Sobre las naciones: Las naciones existen no solo como funciones de un tipo particular de estado territorial o la aspiración de establecer uno … sino también en el contexto de una etapa particular del desarrollo tecnológico y económico. La mayoría de los estudiantes actualmente estarían de acuerdo estarían de acuerdo con que los lenguajes nacionales, hablados o escritos, no pueden emerger como tales sin antes imprimirlos, enseñarlos masivamente, y por lo tanto, crear escuelas masivamente. Incluso, ha sido afirmado que el italiano popular hablado como una jerga es capaz de expresarse completamente en la forma en que lo hace un lenguaje del siglo XX, fuera de la esfera de la comunicación doméstica del cara a cara, y sólo se construye hoy en función de las necesidades de la programación de la televisión nacional.” Naciones y nacionalismo desde 1970, publicado en 1990.

Sobre la guerra en el siglo XX: Viví la Primera Guerra Mundial, cuando entre 10 y 20 millones de personas murieron. En aquel momento los británicos, los franceses y los alemanes creyeron que eraq necesario. Nosotros estamos en contra. En la Segunda Guerra Mundial murieron 50 millones. ¿Valió la pena el sacrificio? Yo francamente no puedo enfrentar la idea de que no lo valía. No puedo afirmar que todo sería mejor si el mundo fuera dirigido por Adolf Hitler.” -Perfil de The Guardian de 2002.

Sobre la guerra en el Siglo XXI: Un pronóstico tentativo: no es probable que la guerra en el Siglo XXI sea tan letal y asesina como lo fue en el Siglo XX. Pero la violencia armada, creando sufrimiento y pérdidas desproporcionadamente, permanecerá omnipresente y endémica –ocasionalmente epidémica– en una gran parte del mundo. El prospecto de un siglo en paz, es remoto.” Artículo de 2002 en Counterpunch.

Sobre los libreros del cuarto en que escrbe:La mayoría de ellos están llenos de ediciones extranjeras de mis libros. Su número me impresiona y satisface y siguen llegando mientras nuevos títulos son traducidos y algunos más en mercados vernáculos –como el hindi, el vietnamieta– se abren. Como no puedo leer la mayoría de ellos, no sirven otro propósito que como récord bibliográfico y, por momentos, cuando falta el coraje, como recordatorio de que un viejo cosmopolita no ha fallado enteramente en 50 años de intentar comunicarse con los lectores de historia del mundo.” Artículo de 2008 en The Guardian.

Finalmente, te dejamos una entrevista transmitida en Canal 22 hace unos meses:

Aquí, algunos libros de Hobsbawm completos:

-Marxismo e historia social

-La invención de la tradición, 2012

-En torno a los orígenes de la revolución industrial, 2009

-Historia del Siglo XX, 2000

-Rebeldes primitivos, 1959

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Dominio público

El papa que decretó un confinamiento y salvó a Roma de la peste en el siglo XVII

Hace 400 años Alejandro VII ordenó unas medidas sanitarias que, según los investigadores, hizo que una epidemia de peste tuviera una baja letalidad en la que es hoy la capital de Italia.
Dominio público
18 de abril, 2021
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Era un intelectual, un aficionado al arte y la arquitectura, doctor en filosofía, teología y derecho. Cuando el italiano Fabio Chigi (1599-1667) se convirtió en el papa Alejandro VII, ni en sus peores presagios imaginó que tendría que enfrentarse a una epidemia de peste.

Su reacción, sin embargo, fue contundente.

Aunque la ciencia descubrió la bacteria causante de la peste en 1894 —gracias al bacteriólogo Alexandre Yersin—, el sumo pontífice decretó medidas sanitarias que, según investigadores, contribuyeron a que la letalidad en Roma fuera mucho menor que en otros lugares afectados por la misma epidemia.

Según un estudio del historiador italiano Luca Topi, profesor de la Universidad de Roma La Sapienza, entre 1656 y 1657 la peste mató al 55% de la población de Cerdeña, la mitad de los habitantes de Nápoles y al 60% de los residentes de Génova.

En Roma, en cambio, murieron 9.500 personas de un total de 120.000, menos del 8%. Estos datos fueron publicados en una revista científica italiana en 2017.

Se calcula que distintas olas de la peste arrasaron con cerca de la mitad de la población europea.

Cuando llegaron los primeros reportes de muertes por la epidemia en el entonces reino de Nápoles, Alejandro VII llevaba un año como pontífice.

Representación pictórica de la peste en Italia.
Getty Images

Diversas olas de la peste mataron a casi la mitad de la población europea.

El papa no era sólo el líder del catolicismo. Si hoy es el soberano del diminuto estado del Vaticano, en aquella época mandaba sobre los llamados Estados Pontificios, que comprendían Roma y buena parte de los alrededores; prácticamente todo el centro de la Italia actual.

Esta fascinante historia cuenta cómo muchas de las restricciones que se aplican hoy contra la pandemia de coronavirus dieron resultado en Roma contra la peste hace 400 años.

¿Cuáles fueron las medidas del papa?

Dentro de los dominios papales, el brote ocurrió entre mayo de 1656 y agosto de 1957.

Tan pronto como llegaron las primeras noticias de la peste a Roma, Alejandro VII puso en alerta al Congreso de la Salud, que había sido creado en un brote anterior.

Las medidas de contención se implementaron gradualmente, según la situación se volvía más peligrosa.

El 20 de mayo se promulgó un decreto que suspendía todo comercio con el reino de Nápoles, que ya se encontraba muy afectado.

Cuadro del siglo XVII de la Plaza de San Pedro en El Vaticano.

Getty Images
En el siglo XVII, el papa era la máxima autoridad en los Estados Pontificios, que comprendía la región de Roma y alrededores, prácticamente todo el centro de la actual Italia.

La semana siguiente, el bloqueo se extendió y se prohibió la entrada a Roma de cualquier viajero que viniese de allí.

El 29 de mayo, en la ciudad de Civitavecchia, ubicada en los Estados Pontificios, se registró la llegada de la peste e inmediatamente se impuso la cuarentena.

“En los días y meses siguientes, se aislaron muchas otras localidades de ese territorio”, detalla el historiador Topi en su artículo.

En Roma, la decisión fue radical: se cerraron casi todos los portones de acceso a la ciudad. Solo ocho permanecieron abiertos, pero eran protegidos las 24 horas del día por soldados supervisados por “un noble y un cardenal”.

A partir de entonces, cualquier entrada debía ser justificada y registrada.

El 15 de junio Roma tuvo su primer caso: un soldado napolitano que murió en un hospital. Las normas se endurecieron aún más.

El 20 de junio se implantó una ley que obligaba a los ciudadanos a informar a las autoridades en caso de conocer algún paciente.

Posteriormente, un nuevo dispositivo papal comenzó a obligar a cada párroco y sus asistentes a visitar, cada tres días, todas las casas de sus distritos electorales para identificar y registrar a los enfermos.

Luego corrió la noticia de otra muerte, esta vez un pescador de la región del Trastévere.

“Los familiares de la víctima también se infectaron y muchos murieron”, cuenta Raylson Araujo, estudiante de teología de la Universidad Católica Pontificia de Sao Paulo, Brasil, quien también investigó el asunto.

La primera idea fue intentar aislar la región.

Ilustración de Alejandro VII.

Dominio Público
Alejandro VII impuso medidas graduales hasta llegar al confinamiento total.

“El papa también era la autoridad civil. Conforme la epidemia comenzó a extenderse, implementó medidas de aislamiento. Tras prohibir el comercio con Nápoles, decretó otras reglas de distanciamiento social: prohibió reuniones, procesiones y todas las devociones populares”, dice Araujo.

El endurecimiento de las medidas fue gradual hasta llegar al confinamiento total.

“Conforme pasó el tiempo, el papa adoptó nuevas prohibiciones. Las congregaciones en la iglesia fueron suspendidas, las visitas diplomáticas también, al igual que encuentros religiosos y reuniones públicas, se vigilaron los caminos”, enumera Araujo. “Se suspendieron todas las aglomeraciones civiles”.

“Se prohibieron diversas actividades económicas y sociales. Se cancelaron las fiestas y ceremonias públicas, civiles y religiosas”, dice el seminarista Gustavo Catania, filósofo del Monasterio de São Bento de Sao Paulo.

Plaza de San Pedro vacía por las restricciones en Roma.

Getty Images
Al igual que con la pandemia de coronavirus, en el siglo XVII se prohibió asistir a celebraciones religiosas en Roma.

“Se suspendieron los mercados y se echó a algunas personas que vivían en la calle porque podían ser causa de contagio. Se prohibió el cruce nocturno del río Tíber”.

El papa también determinó que nadie debía ayunar, con el objetivo de que la población se alimentanse y mantuviese así más saludable por si se contagiaba.

A todos aquellos que tuvieran al menos una persona infectada en la familia se les prohibió salir de casa. Para garantizar la asistencia, Alejandro VII separó a los sacerdotes y médicos en dos grupos: los que tendrían contacto con los enfermos y los que no, quienes atenderían al resto de la población.

“Preocupaba que los sacerdotes se convirtieran en vectores de la enfermedad”, dice Araujo.

Los médicos tenían prohibido huir de Roma“, dice Catania, señalando que muchos temían infectarse.

Como los pacientes estaban aislados, se creó una red de apoyo a la población.

“Había una previsión de ayuda económica para las familias que no podían salir de casa y algunas personas recibían comida por la ventana“, dice el seminarista.

En los meses de octubre y noviembre, cuando la incidencia de la enfermedad era mayor, incluso se preveía la pena de muerte para quienes infringieran las normas.

Negacionistas y noticias falsas

Sin embargo, no todos admitían la gravedad de la situación.

Hubo quienes la desdeñaron y hasta difundieron bulos.

“Se acusó al papa de inventar la enfermar para su propio beneficio y para ganar popularidad”, comenta Mirticeli Medeiros, investigadora de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma.

Protestas negacionistas en Roma por la pandemia de coronavirus.

Getty Images
Como también ha sucedido en esta pandemia, hubo negacionistas en aquella época que no admitían la existencia de la enfermedad.

“Muchos no querían que el pontífice adoptara estas medidas para no alarmar a la población”, complementa.

Hasta sus colaboradores más cercanos le aconsejaron que no lo hiciera. Temían que, desde el momento en que se hizo pública la gravedad de la situación, a través de decretos y divulgaciones, la economía comenzara a sentir los efectos de este tipo de postura. Pero el papa fue firme y cumplió con su política de salud”.

Araujo compara esos hechos del siglo XVII con el “movimiento de hoy y la resistencia popular” para aceptar la gravedad de la pandemia de coronavirus.

“Comerciantes aconsejaron al papa que no adoptara las medidas, porque el cierre perjudicaba el comercio y la cosecha“, comenta el investigador.

“Hubo grupos que acudieron a él para pedirle que no promulgara más medidas de aislamiento. Querían maquillar y tapar la situación para que no se extiendera el pánico y cerraran los comercios”, continúa Araujo.

Hay informes de que un médico divulgó bulos sobre las verdaderas motivaciones del encierro.

“Hizo correr la voz de que tras las decisiones de este papa había intereses políticos”, dice el historiador Victor Missiato, profesor del Colegio Presbiteriano Mackenzie de Brasília.

“Fue acusado de difamación y terminó condenado a trabajar en un hospital, dedicado a curar la peste”.

Victoria contra la enfermedad

Cuando se resolvió el brote en 1657, la celebración estuvo a la altura.

Alejandro VII demostró el renacimiento de la Iglesia con monumentos que hasta hoy marcan El Vaticano, como el conjunto de columnas de la plaza de San Pedro, del escultor y arquitecto barroco Gian Lorenzo Bernini.

Columnas de Bernini en la Plaza San Pedro.

Edison Veiga
Las obras del papa Alejandro VII marcaron el aspecto de El Vaticano hasta hoy.

“En ese periodo era muy común que los papas visibilizaran su soberanía y poder. Los grandes monumentos de Roma de esa época fueron construidos con esa motivación”, contextualiza Medeiros.

“Como el caso de la Fuente de los Cuatro Ríos de la Piazza Navona, la Fontana di Trevi y otros”.

“Alejandro VII era un apasionado del arte y amigo de Bernini. Su comienzo como papa estuvo marcado por la peste”, explica.

“La forma que encontró de apagar aquel periodo sombrío fue invirtiendo en obras colosales. Las columnas de San Pedro representan los brazos abiertos de la Iglesia. La basílica de San Pedro fue restaurada como símbolo de poder temporal, no solo espiritual”.

Otros casos

Este no fue el único momento histórico en el que la Iglesia, en el pasado, cerró sus puertas por brotes y epidemias.

“Hubo otros casos en algunas diócesis de Italia, especialmente en el siglo XIX durante la epidemia de cólera”, recuerda Medeiros. “Entonces se tomaron medidas restrictivas similares”.

Grabado de un mercado durante la epidemia de cólera en Italia.

Getty Images
Durante la epidemia de cólera en el siglo XIX la iglesia tomó restricciones similares en Italia.

Por otro lado, la experta recuerda que en el brote de peste del siglo XIV ocurrió “todo lo contrario”.

“El papa Clemente VI, aislado en el palacio pontificio de Aviñón, en Francia, no parecía muy preocupado por lo que sucedía fuera de los muros de su casa”, apunta la investigadora.

“En esa época la enfermedad era un castigo divino y se producían procesiones y otras aglomeraciones para intentar, según la mentalidad religiosa, de superar el mal”.

En el siglo anterior, la región de Milán se vio muy afectada por la plaga. El cardenal arzobispo Carlo Borromeo también estableció estrictas medidas sanitarias en su circunscripción.

“Propuso una cuarentena general y se decretó a la gente a quedarse en casa hasta resolver la situación. Solo podían irse los que asistían espiritual y materialmente a la población.

El investigador dice que incluso las misas se celebraban “a distancia”.

“Un cura iba a la esquina y celebraba en la calle. Los fieles miraban desde sus ventanas”, explica.

Fe en la ciencia

Al analizar estos episodios del pasado, a menudo similares a los de hoy, hay que tener en cuenta que entonces la ciencia no se valoraba tanto como hoy y que la religión y la política estaban muy entrelazadas.

“En el siglo XVII, el absolutismo era muy fuerte en Europa y estaba ligado al poder de la Iglesia. El poder político y el poder religioso estaban muy mezclados“, explica Missiato.

“En ese momento, la revolución científica aún no se había extendido a las diferentes sociedades del mundo europeo. La creencia en lo divino como entidad definitoria de la paz y el caos todavía se veía como el camino hacia la salvación”.

Por eso el encierro impuesto por Alejandro VII es tan relevante.

“Lo que pasó muestra un alineamiento entre fe y ciencia, una fe con los pies en la tierra“, dice Araujo.


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