Surplus: libros relevantes desde Oaxaca
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Surplus: libros relevantes desde Oaxaca

Sur+ es un proyecto rebelde con inquietudes políticas y sociales, una editorial que navega a contracorriente pero que está sucediendo en las narices del mundo.
Por Moisés Castillo
6 de octubre, 2012
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Nadie llega a nada solo. Nunca se sabe lo que una persona podría hacer por ti algún día. Y gracias a la astucia del crítico de arte, John Berger, nació surplus ediciones (sur+) como una necesidad de publicar narrativa, poesía y ensayo de autores poco conocidos en el país, y cuya obra cuestiona constantemente el estado de las cosas del mundo.

En 2007 vino por primera vez a México el también pintor y novelista inglés –en 1972 fue ganador del Premio Booker Prize por su novela “G”- y en Chiapas conversó unos momentos con Pablo Rojas, entonces editor de revistas y periódicos. Éste le preguntó cómo podía conseguir su libro “Un séptimo hombre” y el ensayista simplemente respondió: “publíquenlo”.

La filosofía punk de “hazlo tú mismo” tuvo un desenlace mágico: en febrero de 2011 apareció la primera edición de esta obra publicada originalmente en 1975. Un viaje intenso sobre la migración y la condición de los trabajadores migrantes en Europa. Las historias de Berger y las fotografías de Jean Mohr presentan una misma narración de la huída dolorosa que implica abandonar a la familia.

A partir de esa charla todo se movió y ahora sur+ tiene una decena de libros de calidad a precios accesibles. Desde hace tres años y medio se unieron los talentos de escritores y editores como Regina Lira, Gabriela Jáuregui, Gabriel Elías y Saúl Hernández. Además lograron conformar un equipo estable de correctores y diseñadores, integrado por Patricia Salinas, Alejandro Reyes, Amandine Semat y Gabriela Díaz.

Pablo Rojas, uno de los editores asociados, explica cómo sobrevive esta editorial independiente con sede en Oaxaca y cuáles son las estrategias que siguen para llegar a más lectores sin morir en el intento. Sur+ es un proyecto rebelde con inquietudes políticas y sociales, una editorial que navega a contracorriente pero que está sucediendo en las narices del mundo.

Gabriel Elías, John Gibler y Arturo Guerrero. //Foto: Agustine Sacha

-¿Cuáles han sido los obstáculos a los que se han enfrentado en estos años?

En el proceso de aprendizaje cometimos muchos errores. Pero tal vez el obstáculo más fuerte ha sido la distribución y la visibilidad en los grandes almacenes de libros. Una cosa es llegar a la gran librería de cadena, pero otra muy distinta es que te pongan en un lugar visible. Acceder a las mesas de novedades es casi imposible. Generalmente, salvo excepciones, nos han puesto en el pasillo Z, estante Q. Hay poca confianza de esas librerías hacia las editoriales nuevas o independientes. Un obstáculo interno, ha sido tratar de dedicarle más tiempo a la editorial y sus tareas. Ninguno de los que participamos en sur+ vivimos de esto. Intentamos que sea una editorial autosustentable, pero todavía no es posible.

-¿Por qué crear una editorial en un país que no lee? ¿Cómo sobrevive un proyecto editorial de este tipo?

Creemos que las cifras dicen parte de la verdad, no toda. Es decir, es cierto que los lectores no son tantos, pero hay otros que potencialmente se acercarían si el libro-objeto no fuera tan caro. Gran parte del problema es la situación económica general de un país como México. ¿Cómo sobrevivimos? Todavía no lo sabemos, no sabemos cómo y si será duradera la sobrevivencia. Creemos que al abrir una editorial independiente se sabe de antemano que puede tratarse de un proyecto destinado al fracaso. Pero no hacer el intento tampoco nos sirve. Creemos que lo que hacemos parte de una urgencia y una necesidad, y en ese sentido seguiremos intentando.

Gabriela Jauregui, Chris Abani, y Gabriel Elías. //Foto: Agustine Sacha

¿Cómo se inserta sur+ en el mercado editorial? ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de que un autor publique en una editorial independiente?

Nos insertamos en el mercado como una más del abanico de editoriales independientes que, por fortuna, son muchas. El mercado es duro, pero muchas editoriales pequeñas, independientes, han abierto brecha para que los lectores nos volteen a ver o a leer. Tumbona Ediciones siempre ha insistido en la organización de las pequeñas editoriales; ahí está también la Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes y otros esfuerzos. Entre editoriales independientes no nos vemos como competencia, cada una tiene su línea y un público lector. Existe, por ejemplo, la librería “La Jícara” en Oaxaca, dedicada a las editoriales independientes y le va bien. Por otro lado, no sabemos si le trae ventajas a un autor publicar con nosotros. Pensamos que ya nuestro sello es sólido, pero tenemos problemas para ser visibles en los grandes almacenes de libros. Lo que sí, es que nosotros damos salida a libros distintos, no queremos competir con las grandes editoriales. Nuestros libros, tratamientos y temas son diferentes. Deben serlo. Apostamos por autores o libros con menos salida en México y ésa es nuestra apuesta.

¿Cómo seleccionan a sus autores? ¿Cuáles son los criterios que usan para decir “esta novela sí, este escritor no”?

Uff, gran pregunta. Surplus dice de sí misma que es una editorial de izquierda, lo que sea que eso signifique hoy. Creemos que nuestros libros y autores tienen una propuesta política y estética clara. Es decir, los textos que nos interesan, por utilizar palabras de Cristina Rivera Garza, son estética y políticamente relevantes. Nosotros decimos que somos lo que publicamos y por eso los libros nos deben gustar mucho. Podríamos decir, en ese sentido, que suscribimos lo que dicen nuestros autores. Es una apuesta. Decimos que “no” cuando no creemos que vaya con la idea de la editorial, cuando no nos gusta. Para la línea de sur+ es igual de importante lo que sí publicamos que lo que decidimos no publicar. El género no nos importa: publicamos poesía, novela, ensayo, y tenemos una colección sobre temas de migración y periodismo.

-¿La editorial tiene una ideología definida hacia lo social? ¿La idea es que los identifiquen como una editorial “comprometida” con temas políticos-sociales?

Sí. La línea editorial no sale de la nada. Es decir, no la escogimos: es lo que somos, y la compartimos los cinco editores y el equipo que trabaja con nosotros. No hacemos los libros para que nos identifiquen como “comprometidos”, no es la idea. La idea es que nuestros libros gusten por lo que son y porque tienen una línea política clara. Por ejemplo, tenemos una posición muy clara respecto al dolor que han dejado los más de 60 mil muertos en estos últimos años. Tenemos una posición muy clara respecto a la migración y sus tragedias, evitables todas. Y creemos que nuestros libros dicen eso.

-¿Están involucrados en todo el proceso creativo de hacer un libro (diseño de portada, edición, impresión, distribución, difusión)?

La idea general es que estemos involucrados en todos los aspectos de la edición y participamos en todo el proceso, aunque a veces nuestros conocimientos en algunas áreas nos impongan límites. Por ejemplo, no tenemos imprenta, así que trabajamos con unos muy buenos impresores en la ciudad de Oaxaca. Una distribuidora pequeña nos hace llegar a librerías, pero desde la dictaminación, corrección, formación, y diseño editorial, hasta la difusión, estamos involucrados. Siempre es bueno pedir ayuda, y mucha gente nos ha echado la mano. El número de títulos que sacamos está relacionado con la posibilidad de involucrarnos con ellos de principio a fin. No queremos sacar más si no podemos estar en todo el proceso. No tenemos aspiraciones de volvernos una editorial enorme, ésa es parte también de la ventaja de las editoriales independientes: queremos hacer los libros que nos gustan y queremos hacerlos bien.

-¿Cuál ha sido el libro que mejor le ha ido y cuál les trae buenos recuerdos?

Sin lugar a dudas, al libro que mejor le ha ido es a “Netamorfosis”, una antología de cuentos del barrio de Tepito, escritos por los participantes de un taller que se llama Sótano de los olvidados. El nombre dice todo. De hecho es nuestro único título agotado. Aunque se ha vendido mucho también “Dolerse”, de Cristina Rivera Garza. Buenos recuerdos, el primero: “El tiempo se volvió cuero”, la primera antología en castellano de Tom Raworth, un gran poeta inglés. Con ése empezamos a aprender y también cometimos todos los errores que pudimos. El reto principal es el de siempre, llegar a más lectores sin morir en el intento.

-¿Por qué tener como sede Oaxaca?

La sede es natural porque vivimos aquí. Y porque aquí se hace todo el proceso de producción del libro: aquí se dictamina, se corrige, se diseña, se forma, se imprime. Es verdad, algunos como Saúl y Patricia, siempre han vivido en Oaxaca, pero a los que llegamos después nos sorprendió la cantidad de cosas que pasaban y siguen pasando. Es una ciudad viva en lo político y en lo cultural, y esa mezcla ha resultado fértil para que muchos esfuerzos se vayan forjando. Nuestro esfuerzo también es para descentralizar las dinámicas editoriales que siguen teniendo su centro natural en el DF. Aquí está Almadía, una editorial que ha crecido mucho y que ha dado visibilidad al mundo editorial en Oaxaca.

Este año sur+ sacó 10 libros, entre ellos la más reciente novela “Cuando hallen las sombras”, de Tania Barberán. La editorial independiente estará en Guadalajara para mostrar seis títulos, algunos los presentarán por invitación de la FIL (como “Manual práctico del Odio”, de Ferréz) y otros por invitación del Encuentro de Periodistas que cada año organiza la Universidad de Guadalajara (“Bajo las cenizas”, antologado por Marcela Turati; “Los migrantes que no importan”, de Óscar Martínez; y “Morir en México”, de John Gibler).

Todo inicio es incierto, pero sur+ tuvo días venturosos desde sus primeros pasos. Autores destacados como John Berger, Tom Raworth, Juan Felipe Herrera (poeta chicano) dieron un sí a ciegas al equipo editorial cuando sabían que su experiencia en la edición de libros era casi nula. Gracias a esa generosidad provocó que otros escritores reconocidos se sumaran al proyectoSin embargo, sur+ también pasó momentos difíciles como la muerte de Matteo Dean, periodista independiente italiano que, apenas un par de meses antes de que saliera su libro “Ser migrante”, cerró sus ojos.

http://www.surplusediciones.org/

 

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India: los desesperados mensajes para salvar a pacientes con COVID

Avani Singh es una de las miles de personas en India que ha tenido que recurrir a las redes sociales para obtener ayuda para su familia.
1 de mayo, 2021
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Mientras una segunda ola de coronavirus causa estragos en India, con más de 350 mil  casos reportados a diario, las familias de los enfermos de covid-19 buscan desesperadamente ayuda en las redes sociales.

Desde la mañana hasta la noche, rastrean cuentas en Instagram, dejan mensajes en grupos de WhatsApp y revisan sus guías telefónicas. Buscan camas en un hospital, oxígeno, el fármaco remdesivir y donaciones de sangre.

Es caótico y abrumador. Un mensaje de WhatsApp comienza a circular: “Dos camas de UCI libres. Minutos después, ya no lo están. Pasaron a ser ocupadas por quien llegó primero.

Otro mensaje: “Se necesita con urgencia concentrador de oxígeno. Por favor, ayuda”.

A medida que el sistema de salud se debilita, es la comunidad, el esfuerzo personal y la suerte lo que decide entre la vida y la muerte.

La demanda supera a la oferta. Y los enfermos no pueden darse el lujo de perder tiempo.

“Buscamos en 200 lugares una cama de hospital”

Cuando comencé a redactar este artículo el viernes, hablé con un hombre que buscaba oxígeno en WhatsApp para su primo de 30 años en Uttar Pradesh, un estado en el norte de India. Cuando terminé de escribir el domingo, había muerto.

Otros están agotados y traumatizados, después de días cargando en sus hombros el peso de encontrar un tratamiento que salve la vida a sus seres queridos.

“Son las 6 de la mañana, la hora a la que comenzamos las llamadas. Nos informamos de cuáles son las necesidades de mi abuelo para el día -oxígeno e inyecciones- lo compartimos en WhatsApp y llamamos a todas las personas que conocemos”, explica Avani Singh.

Avani Singh con su abuelo, de 94 años, enfermo de covid en Delhi.

Avani Singh
Avani Singh con su abuelo, de 94 años, enfermo de covid en Delhi.

Su abuelo de 94 años está muy enfermo de covid en Delhi.

Desde su casa en Estados Unidos, Avani y su madre, Amrita, describen una extensa red de familiares, amigos, parientes y contactos profesionales, muchas veces lejanos, que les ayudaron cuando el abuelo cayó enfermo y su salud se deterioró rápidamente.

“Usamos todos los contactos que tenemos. Yo buscaba en las redes sociales. Algunas páginas que sigo dicen ‘tal lugar confirmado, tiene cama de UCI’ o ‘este sitio tiene oxígeno’. Entre todos probamos unos 200 lugares“, explica Avani.

Finalmente, a través de un amigo de la escuela, encontraron un hospital con camas, pero descubrieron que no tenía oxígeno. En esos momentos, el padre de Avani estaba inconsciente.

“Entonces publiqué una súplica en Facebook y un amigo sabía de una sala de emergencia con oxígeno. Gracias a ese amigo, mi padre sobrevivió aquella noche“, dice Amrita.

Cuando hablamos el sábado, su perspectiva había mejorado, pero la tarea que tenían por delante Avani y Amrita era conseguir inyecciones de remdesivir. Hicieron algunas llamadas, y el hermano de Amrita en Delhi viajó en auto hasta esos lugares, haciendo unos 160 km en un solo día.

“Mi abuelo es mi mejor amigo. No puedo agradecer lo suficiente a las personas que manejan esas páginas de Instagram por todo lo que están haciendo”, dice Avani.

Pero la información pronto se desactualiza. También les preocupan las informaciones falsas.

“Nos enteramos de que una farmacia tenía los medicamentos pero cuando mi primo llegó allí ya no quedaba ninguno. Abría a las 8:30 de la mañana y la gente llevaba haciendo cola desde medianoche. Solo los 100 primeros recibieron las inyecciones”.

“Ahora venden los medicamentos en el mercado negro. Deberían costar unas 1.200 rupias (US$16) y los venden por 100.000 rupias (US$1.334), y nadie te puede garantizar su autenticidad”, explica Amrita.

Como cualquier sistema que confía en conexiones personales, no todo el mundo recibe una oportunidad justa. El dinero, los contactos familiares y un alto estatus social brindan mayores posibilidades de éxito, así como el acceso a internet y los celulares.

Situaciones desesperadas

En medio del caos, algunas personas tratan de poner algo de orden, centralizando la información, creando grupos comunitarios y usando cuentas de Instagram para hacer circular los contactos.

Arpita Chowdhury, de 20 años, y un grupo de estudiantes en su universidad para mujeres en la capital gestionan una base de datos que ellas mismas recaban y verifican.

Arpita Chowdhury

Arpita Chowdhury
Arpita Chowdhury y otras estudiantes del Lady Shri Ram College, una Universidad en Nueva Delhi, crearon un grupo para coordinar la información en las redes sociales.

“Cambia hora a hora, minuto a minuto. Hace cinco minutos me dijeron que había un hospital con diez camas disponibles, pero cuando llamo ya no hay”, explica.

Con sus compañeras, llama a los números de contacto anunciados en las redes sociales que ofrecen oxígeno, camas, plasma o medicamentos, y publica la información verificada en internet.

Luego responde a las solicitudes de familiares de pacientes con covid que solicitan ayuda.

Es algo que podemos hacer para ayudar, a nivel más básico, dice.

Arpita Chowdhury comparte información verificada en WhatsApp

BBC
“Necesitamos dos camas de hospital para mis abuelos, ¿saben de algo?”, preguntan en un mensaje. “El Colegio Médico Doon tiene camas de UCI”, responden.
Arpita Chowdhury comparte información verificada en WhatsApp

BBC
-“SOS, oxígeno en Agra”. -“De acuerdo, averiguo”. “OXÍGENO. Ubicación: Agra, Uttar Pradesh. Disponible el 23 de abril a las 12 del mediodía. Verificado”.

El viernes, Aditya Gupta me dijo que estaba buscando un concentrador de oxígeno para su primo Saurabh Gupta, gravemente enfermo en Gorakhpur, una ciudad en el estado norteño de Uttar Pradesh en donde hubo un gran aumento de casos y muertes.

Saurabh, un ingeniero de 30 años, era el orgullo y la alegría de su familia. Su padre tenía una pequeña tienda y ahorró para que pudiera tener una educación.

“Visitamos casi todos los hospitales en Gorakhpur. Los hospitales más grandes estaban llenos y el resto nos dijeron: ‘Si logran obtener el oxígeno por su cuenta, podremos aceptar al paciente“, explicó Aditya.

A través de WhatsApp, la familia consiguió un cilindro de oxígeno, pero necesitaban un concentrador para hacerlo funcionar. Estaban agotados el viernes, aunque recibieron garantías de un proveedor de que podrían obtener uno.

Pero el dispositivo que tan desesperadamente necesitaban nunca llegó y Saurabh no puso ser ingresado en el hospital.

El domingo, Aditya me dijo: “Lo perdimos ayer por la mañana, murió delante de sus padres”.

Saurabh Gupta

Aditya Gupta
Saurabh tenía 30 años.

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