Académicos proponen clubes sociales de cannabis para el DF
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Cuartoscuro

Académicos proponen clubes sociales de cannabis para el DF

En la propuesta, señalan que en el DF hay 75 mil consumidores de mariguana, que el mercado vale 28 millones de dólares al año y que el 40 % de los remitidos por narcomenudeo al Ministerio Público son consumidores.
Cuartoscuro
Por Francisco Sandoval Alarcón
12 de noviembre, 2012
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¿Te imaginas un club donde todos sus socios fumen cannabis, en el que a través de cuotas se  financien plantíos de mariguana y  se pueda tener acceso a una ración de 60 gramos al mes sin necesidad de contribuir financieramente a los grupos del narcotráfico?

Lo anterior sería posible en el Distrito Federal (DF) si los diputados federales en México, retoman  la iniciativa del Colectivo por una Política Integral hacía las Drogas A.C (CUPIHD), cuyos integrantes, entre los que se encuentran reconocidos académicos universitarios,  realizaron un estudio titulado la “Mariguana en el DF.  El mercado y sus dimensiones: una propuesta para usuarios y autoridades”, en el que proponen la puesta en marcha de “clubes sociales de cannabis”.

En España, actualmente operan 22 clubes de este tipo, los cuales gestionan la siembra de cannabis para sus socios. Hay quienes se asocian con fines terapéuticos, pero también por cuestiones recreativas. La medida fue implementada  como una alternativa para que los consumidores de la planta no se enfrentaran a las redes del narcomenudeo. Los clubes están sometidos a la autorización de la autoridad administrativa estatal.

En el informe elaborado por Carlos Zamudio Angles y Jorge Hernández Tinajero, se dice que estos clubes son “una excelente oportunidad para crear un nuevo ambiente en el uso de la mariguana”, en el que se garantizan los derechos de los usuarios, pero en el que además se tenga “control e información” sobre ellos, evitando de paso los circuitos delictivos asociados al comercio ilegal.

En el Distrito Federal, según las estimaciones hechas por los investigadores, alrededor de 75 mil personas fuman mariguana, lo que corresponde al 92% de “los clientes” del mercado negro de las drogas en la ciudad. El gasto semanal promedio de los usuarios es de 99 pesos, de ahí que el valor anual de su mercado lo valuaran en 380 millones de pesos, algo así como 28 millones de dólares.

Las cifras de la Secretaría de Seguridad Pública del DF,  dan cuenta de 27 mil personas puestas a disposición del Ministerio Público (MP) por delitos contra la salud en la modalidad de narcomenudeo. Los números son de enero de 2009 y mayo de 2012, lo que arroja un promedio anual de ocho mil 800 personas detenidas, es decir  24 remisiones diarias. De esas remisiones, el 10 % eran contra dos o más personas y el 90 % contra una sola. Según la Procuraduría General de la República (PGR), 40 % de los remitidos eran consumidores -90% de ellos de mariguana-.

Los datos desglasados en el informe de 85 cuartillas, llevó a los investigadores a desarrollar una hipótesis en la que sugieren que las detenciones realizadas por la policía del DF en materia de narcomenudeo –desde el 2009 un decreto dio facultades a las autoridades del DF y de todos los municipios de México, para investigar este delito-,  se realizan con mucho más frecuencia en flagrancia, que como producto de un trabajo de inteligencia.

No sólo eso. Evidenciaron el casi nulo resultado de la policía para identificar y detener a las personas que encabezan las bandas del narcomenudeo.  La conclusión, es que la labor de la Policía del DF se ha enfocado a detener  a consumidores y vendedores, éstos últimos fácilmente reemplazables por las bandas del narcomenudeo.

Si a esto le sumamos que los detenidos por consumo tienen que ser liberados porque la ley no castiga este acto y que una encuesta practicada a más de 300 consumidores de mariguana reveló que dos de cada tres habían sido extorsionados por la policía, estamos hablando de limitaciones de una política centrada en combatir la oferta a través de la mera clausura de puntos de venta o la captura de quienes la consumen.

La alternativa que lanzan para tratar de erradicar a las redes del narcomenudeo en el DF, es la implementación de los clubes de cannabis. Aseguran que estas asociaciones brindarían una serie de ventajas reales para los usuarios, ya que garantiza seguridad jurídica en ejercicio de sus derechos.

Aparte, generaría actividad económica para el Estado; eliminaría la necesidad de acudir a los traficantes ilegales; garantizaría estándares de calidad que no se obtienen en el mercado negro y puede acercarse, a través de la propia asociación, a servicios informativos de reducción de riesgos y daños para el cuidado de la salud.

Beneficia además al cultivador de la planta, que encontraría en este espacio una actividad más de sustento como actividad agraria y económica. De ese modo, el productor tiene contacto directo con el usuario y se elimina entre ellos al intermediario, quien cumple en la actualidad con el papel ilegal del proceso, se propone en el documento.

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#YoSoyAnimal

#TheatreCapChallenge, la sencilla idea que "está salvando vidas" en las salas de operación

Cuando el británico Rob Hackett apareció en el quirófano con su nombre y profesión escrito en el gorro, recibió varias burlas. Pero esa sencilla medida ayuda a disminuir lo que es la tercera causa de muerte en Estados Unidos: los errores médicos.
31 de mayo, 2022
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“¿Acaso no puedes recordar tu nombre?”, solían decirle los colegas de Rob Hackett en broma.

Era fines de 2017 y el anestesista británico había decidido empezar a ingresar a las salas de operaciones con su nombre y profesión escritos en el gorro, algo tan vistoso que era ineludible para sus colegas.

Y esa era justamente la idea: que lo detectaran y leyeran con facilidad.

Un año y medio después, su iniciativa #TheatreCapChallenge (“desafío del gorro de quirófano”) se volvió viral y, según Hackett, ya está salvando vidas.

“Desde hace más de 10 años que me enfoco en mejorar la seguridad de los pacientes”, cuenta el médico a BBC Mundo desde Sídney (Australia), donde vive desde hace dos décadas.

Su interés en el tema comenzó tras presenciar la muerte de una madre joven por una serie de “peligros que aún existen”.

“Soy consciente de que otra gran cantidad de personas continúa muriendo innecesariamente por estos mismos problemas”, dice el anestesista.

Esos “peligros” o “problemas” se llaman errores médicos.

En Estados Unidos, por ejemplo, los errores médicos son la tercera causa de muerte, según un estudio realizado por la Universidad Johns Hopkins y publicado en la revista British Medical Journal en 2016.

Principales causas de muerte en EE.UU.. . .

Y, de acuerdo con la última guía para cirugías seguras de la Organización Mundial de la Salud, la comunicación es la raíz de 70% de los “miles de eventos adversos reportados (dentro de los quirófanos) entre 1995 y 2005” .

Hackett ha sido testigo directo o indirecto de todo ello.

Durante sus 12 años como anestesista, ha sabido de estudiantes a los que piden que terminen una operación porque los confunden con novatos en fase de entrenamiento.

O pacientes que sufren infartos porque no recibieron la compresión torácica (maniobra de primeros auxilios) a tiempo por la sencilla razón de que nadie en la sala quirúrgica se dio por aludido cuando se dio la orden.

Así que se propuso buscar medidas para cambiarlo.

#TheatreCapChallenge

“Conocí la llamada ciencia de los factores humanos a principios de 2015 y el tema me motivó aún más después de asistir a una serie de presentaciones del experto en seguridad médica (Rollin) ‘Terry’ Fairbanks”, cuenta Hackett.

Médicos operando.

Getty Images
La comunicación dentro de la sala de operaciones es la raíz del 70% de los “eventos adversos”, dice la OMS.

Fue en esa época que intentó introducir en la sala de operaciones lo que definió como “otra iniciativa obvia de seguridad”: “Fui sometido a intensas amenazas e intimidaciones por parte del personal de mayor jerarquía dentro de uno de mis propios hospitales”.

“Tal vez fue entonces cuando me di cuenta de que había pocas posibilidades de cambio y mejora dentro de los marcos de asistencia sanitaria existentes”, agrega.

Abandonó esa idea pero seguía pensando que algo debía cambiar.

La idea de los gorros con nombres llegó de una forma inesperada: leyendo el libro de autoayuda “Cómo ganar amigos e influir sobre las personasdel estadounidense Dale Carnegie.

“Cuanto más lo pensaba, más obvia y fantástica me parecía la idea”, confiesa. “Crea una mejora en la atención al paciente y expone los marcos de atención médica en los que nos basamos para resistirnos al cambio”.

Pero a la iniciativa le faltaba masificación.

La idea llegó de la entonces estudiante para partera Alison Brindle, quien propuso usar el hashtag #TheatreCapChallenge en redes sociales, cuenta Hackett.

En Twitter, en los últimos dos meses, el hashtag ha sido usado principalmente en Reino Unido y Estados Unidos, pero Australia, España y México le siguen en menciones, según la herramienta Hashtagify.

Además, organismos como las asociaciones de anestesistas de EE.UU. y Australia han apoyado públicamente la iniciativa.

La Asociación Estadounidense de Asistentes Médico Quirúrgicos, por ejemplo, lo agregó a su lista de políticas e informó: “Es una idea simple y gratuita que ayuda a mejorar la comunicación en una emergencia, especialmente en instituciones más grandes donde puede ser más difícil identificar a colegas y caras nuevas”.

“Experimento psicosocial”

Cuando Hackett comenzó con la iniciativa, creó un video donde explica que “saber los nombres de las personas y sus roles es una habilidad no técnica esencial para el trabajo en equipo”.

En situaciones de emergencia como un paro cardíaco, cuando el personal está corriendo hacia el quirófano, saber “quién es quién” marca la diferencia, continúa.

“Orquestamos al equipo con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir“.

Desde que se convirtió en “el loco” que lleva su nombre escrito en la frente hasta la actualidad, Hackett ha escuchado numerosas críticas.

Las principales, cuenta a BBC Mundo, son el costo, la falta de evidencia científica para llevar adelante la experiencia y la vergüenza de verse “poco profesional”.

Pero Hackett tiene argumentos para cada crítica.

Equipo médico.

Gentileza Rob Hackett
Rob Hackett junto a un equipo médico en Sídney, Australia, donde cada uno tiene su gorro con nombre y profesión.

Si bien hoy en día lleva un gorro con sus datos bordados, en un principio simplemente lo había escrito a mano. Por eso, agrega, el costo de implementación es cero.

Respecto a las pruebas, el británico cita una investigación de la Escuela Imperial de Anestesia de Reino Unido presentada en Londres el año pasado que afirma que los cirujanos saben el nombre de menos de la mitad (44%) del personal médico dentro del quirófano.

“Conocer y reconocer a los miembros del equipo por su nombre ha sido cuantitativa y cualitativamente asociado con una mayor confianza, compromiso laboral y resultados clínicos“, dice otro estudio publicado el año pasado por la revista British Journal of Anaesthesia.

El trabajo, que analizó el impacto de #TheatreCapChallenge en un hospital en Reino Unido, afirma que el recuerdo de nombres aumenta con los gorros, algo que no sucedió en otro estudio que incluyó una chapa identificatoria en el pecho.

Además, de acuerdo a ese mismo estudio, 94% de los anestesistas y enfermeros apoyaron la iniciativa.

“La reacción de los profesionales médicos ha sido fascinante”, confirma Hackett.

Médicos corriendo.

Getty Images
En las emergencias, saber quién es quién ayuda a organizar al equipo médico “con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir”, dice Hackett.

Según una encuesta realizada por PatientSafe Network, una organización sin fines de lucro sobre seguridad del paciente que Hackett dirige, 86% del personal apoya la iniciativa.

El apoyo fue unánime por parte de los estudiantes de enfermería y medicina, aquellos que son nuevos en la atención médica”, dice, agregando que lo mismo ha sucedido con los pacientes.

“Sin embargo, el apoyo fue menor entre quienes tienen la mayor influencia: el personal que ha estado en la industria durante más de 20 años”, reconoce.

Y es aquí donde entra el factor del profesionalismo y prestigio.

En palabras de Hackett, el #TheatreCapChalleng “es como un experimento psicosocial internacional masivo, que expone fácilmente dónde la cultura de la atención médica está fallando”.


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https://www.youtube.com/watch?v=6AMWU9EbdCU

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