El riesgo de creer que el porno es sexo normal
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El riesgo de creer que el porno es sexo normal

¿Visión distorsionada sobre las relaciones sexuales?
Por Vanessa Barford y Nomia Iqbal BBC
6 de noviembre, 2012
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Muchos adolescentes miran pornografía. Ocurrió en el pasado, sucede en el presente y seguirá pasando en el futuro. Pero ¿este material les da una visión distorsionada sobre las relaciones sexuales? ¿Hay algo que se pueda hacer al respecto?

Para muchos padres, la idea de que sus hijos observan o están expuestos a pornografía en internet es una pesadilla.

Pero con el acceso a la tecnología y la proliferación de teléfonos inteligentes, tabletas u otros dispositivos, son muchos los que han decidido mirar hacia al lado y aceptar lo inevitable.

No hay una estadística clara sobre cuántos jóvenes acceden a pornografía en la red, o qué frecuente lo hacen.

En 2011, un estudio impulsado por la Unión Europea reveló que un cuarto de los niños y adolescentes entre 9 y 16 años de edad han visto imágenes sexuales y sólo un 11% lo ha hecho en páginas web.

La cifra aumenta a medida que van creciendo y un tercio de los jóvenes de 16 a 18 años han visto fotos sexuales en sus celulares en la escuela, varias veces al mes.

Objeto de estudio

La Asociación Nacional de Directores de Colegios en Reino Unido está haciendo un llamado para que los niños sean enseñados, “de una forma apropiada a su edad”, sobre el impacto de la pornografía como parte del programa de estudios nacional. Así, desde los 10 años, los niños podrán aprender sobre la seguridad en internet y serán prevenidos sobre el contenido, mientras que los adolescentes tendrán una explicación más detallada.

“Los niños están creciendo en un mundo claramente sexualizado y parte de ello se debe al fácil acceso que tienen a pornografía en internet. Ellos necesitan la habilidad para lidiar con eso”, advirtió el asesor de la policía Sion Humphreys.

Lo que más preocupa es que los jóvenes conducirán sus vidas personales, y en especial sus vidas sexuales de adultos, de acuerdo a lo que ellos han visto. En otras palabras, que la pornografía no muestra un sexo “normal”.

Cindy Gallop, una ejecutiva de la industria de la publicidad que se convirtió en una empresaria de la web, creó una página en la que compara el sexo en el “mundo pornográfico” con el “mundo real”.

Gallop, quien habló sobre este tema en la conferencia TED en 2009, se refirió a que la “omnipresencia, la libertad de acceso a la pornografía online, combinado con la renuencia de la sociedad de hablar de sexo”, ha derivado en que “el porno se ha convertido en la educación sexual por defecto”.

Algunos analistas han resaltado como la apariencia y el estilo del mundo de la pornografía se ha popularizado, como sucede con “el estilo brasileño de depilación, que ahora es considerado normal por muchos en Estados Unidos y en el Reino Unido”.

Un informe del Ministerio del Interior del Reino Unido en 2010 advirtió sobre la lenta, pero constante exposición de los jóvenes a imágenes sexuales, incluyendo pornografía, lo que distorsiona su percepción sobre ellos mismos, alentando a los hombres a ser más machistas y dominantes y a las mujeres a mostrarse más “permisivas y disponibles”.

Puntos de vista

Rebecca, de 17 años, dice que la pornografía le cambia las expectativas a los chicos de cómo deben lucir las chicas. “Pelo largo, grandes tetas, culo grande. Si yo tuviera el pelo corto, los chicos preguntarían ¿por qué el pelo corto? Deberías dejarlo crecer”.

Una experiencia similar fue la de Karen, de 20 años. Ella cuenta que a los 16 años, su novio y sus amigos veían pornografía en internet “como si fuera un pasatiempo”. Ella dice que su novio solía verlo delante de ella, copiando lo que veía.

“Pensé que había algo malo en mí por no disfrutarlo”, dice ella.

Una encuesta de personas entre 16-24 años de edad, llevada a cabo por la Universidad de Plymouth y el Centro por un Internet más Seguro en el Reino Unido encontró que uno de cada tres admitió que la pornografía había afectado sus relaciones.

Pero encontrar una prueba concluyente sobre el cambio que produce en el comportamiento sexual entre los adolescentes es difícil de conseguir.

Por el momento, la enseñanza sobre el sexo y las relaciones no es obligatoria en Inglaterra, a diferencia de otras partes del Reino Unido, aunque forma parte del programa de estudios nacional.

Las escuelas secundarias dan clases de biología, pero depende de cada una de ellas como imparten la parte del sexo y los padres tienen el derecho de retirar a sus hijos de cualquier educación sexual.

Hodge Leonie, de la organización de caridad Family Lives, ha enseñado a más de 7.000 estudiantes sobre el tema. Leonie es una firme creyente de que los niños tienen que aprender la diferencia entre la pornografía y la realidad y que ya no es pertinente hablar nada más de “cómo se hace un bebé”.

“Los adolescentes son bombardeados con pornografía desde una edad temprana y no pueden escapar de ella. Es condescendiente pretender que ellos no puede hacer frente a las clases porque está claro que pueden.”

Sin embargo, la Unión Nacional de Profesores considera que las clases sobre pornografía es un paso demasiado grande y que sólo se debe hablar si el estudiante lo pide.

Pero, además de enseñar a los niños sobre el impacto de la pornografía, Gallop piensa que también que los padres deben tener un diálogo más abierto con sus hijos.

“La clave es no avergonzarse o decir algo así como ‘las chicas buenas no hacen eso’, y no importa si el niño no quiere escuchar, lo crucial es mantener la línea de comunicación abierta”, dice ella.

Siobhan Freegard, co-fundadora de Netmums, una página dedica al cuidado de los hijos, dice que el tema de la pornografía en internet aparece regularmente en los foros, y hay una creencia generalizada entre las madres que proteger a sus hijos del contenido sexual, o educarlos al respecto, es responsabilidad de los padres.

“Puede ser un campo minado ya que muchos no saben qué hacer ni qué decir. Por ejemplo, una madre soltera tal vez tenga problemas con hijos adolescentes, mientras un padre soltero no sabría cómo abordar el tema con su hija. En hogares muy tradicionales podría, sencillamente, no hablarse del tema”.

“La solución ideal sería que las escuelas y los padres trabajen juntos”, es su conclusión.

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El eclipse que salvó la vida de Cristóbal Colón en su cuarto viaje a América

Por sus conocimientos de astronomía, Cristóbal Colón pudo saber que habría un eclipse mientras estaba en Jamaica. Te contamos cómo lo utilizó para no morir de hambre.
11 de octubre, 2020
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Ilustración de Colón mostrando el eclipse a los nativos. Camille Flammarion 1879.

Getty Images
Hubo un eclipse el 29 de febrero de 1504 y Colón lo supo aprovechar para salvarse del hambre.

Son muchos los historiadores que coinciden en que Cristóbal Colón, el primer navegante europeo que llegó a América, fue un hombre sumamente astuto.

Pese a que tenemos pocas certezas sobre su vida, hay consenso en que su inteligencia y rapidez lo ayudaron en varias oportunidades, tanto a conseguir lo que buscaba como a salvarse de aprietos y necesidades.

Una de esas ocasiones se dio en 1504 cuando el Almirante estaba varado en Jamaica durante su cuarto y último viaje al continente.

Y para lograr lo que quería de los nativos de la isla recurrió a sus extensos conocimientos astronómicos.

“Un genio del engaño”

Colón partió en 1502 hacia América con el propósito de hallar un estrecho marítimo hacia Asia.

Pero tras más de un año navegando había perdido dos embarcaciones y las otras dos estaban muy deterioradas, lo que les impedía continuar.

Así que él y un centenar de hombres terminaron varados en el norte de Jamaica.

Imagen en 3D de las carabelas de Colón.

Getty Images
En su cuarto viaje a América, Colón quedó varado en Jamaica tras el naufragio y deterioro de sus embarcaciones.

No era la primera vez que Colón llegaba a esta isla ni tampoco la había llamado así.

El navegante llegó allí en 1494 y la bautizó como la isla Santiago. Sin embargo, nunca se refirió a ella con ese nombre en su diario del cuarto viaje. Siempre usó Jamaica.

Esa denominación deriva del nombre original de los aborígenes arahuacos que es Xaymaca o Yamaya que significa “tierra de madera y agua”.

El genovés envió a un grupo, comandado por uno de sus colaboradores Diego Méndez de Segura, en canoa a la isla La Española en busca de ayuda para rescatarlos.

Mientras esperaban consiguió intercambiar con los nativos algunas de sus posesiones por comida. Sin embargo, pasaban los días y los meses y el rescate no llegaba.

A finales de 1503, la relación con los indígenas empezó a deteriorarse.

“Se amotinaron y no le querían traer de comer como solían”, cuenta Méndez de Segura en su testamento.

Las memorias de Méndez de Segura y detalles de este último viaje fueron publicadas en 1825 por Martín Fernández de Navarrete en el libro “Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV”.

Si querían sobrevivir, tenían que hacer algo. Y Colón diseñó un plan tan genial como perverso: atemorizar a los aborígenes con un eclipse que ocurriría el 29 de febrero de 1504, justo el día extra de ese año bisiesto.

Retrato de Cristóbal Colón

Getty Images
Colón supo usar la astronomía para engañar a los nativos de Jamaica en 1504.

Y el navegante sabía por sus estudios que no sería cualquier eclipse, sino uno lunar que teñiría al satélite natural de la Tierra de rojo como la sangre. Podía presentarlo como un castigo divino del cual los nativos no podrían escapar.

“Colón era un genio del engaño. Y esta era una idea salvadora”, le dice a BBC Mundo Antonio Bernal, divulgador científico del Observatorio astronómico de Fabra, en Barcelona, España.

El episodio está extensamente narrado en el libro “El Memorial de los Libros Naufragados”, del historiador inglés Edward Wilson-Lee, sobre el que puedes leer más en el link que sigue.

Dios está enojado

Según el relato de Méndez, “Él (Colón) hizo llamar a todos los caciques y les dijo que se maravillaba de que no le llevaran comida como solían, sabiendo, como les había dicho, que había venido allí por mandato de Dios”.

Les dijo “que Dios estaba enojado con ellos y que se los mostraría aquella noche por señales que haría en el cielo; y como aquella noche era el eclipse de la Luna, casi todo se oscureció”.

Colón reforzó la idea de que Dios provocaba el eclipse por enfado, “porque no le traían de comer y ellos le creyeron y se fueron muy espantados y prometieron que le traerían siempre de comer“, dice el libro de Fernández de Navarrete.

Eclipse lunar de julio de 2018

Getty Images
El eclipse de Luna suele teñir al satélite natural de la Tierra en rojo por unos minutos.

Colón sabía a qué hora empezaba el eclipse y que la Luna se volvería roja.

“El eclipse de Luna tiene dos partes principales: una es el principio, que es la parte parcial, en la que la Luna se ve parcialmente oscura. Y cuando está toda negra, empieza la segunda parte que es la de totalidad”, explica Bernal.

“Este eclipse tenía, además, una característica especial: la Luna se eclipsaba cuando todavía estaba sin salir, debajo del horizonte”, añade.

Entonces cuando apareció en el cielo ya se vio parcialmente oscura.

“Y después de la totalidad, los eclipses de Luna hacen que esta se vea roja, por refracción de la atmosfera terrestre“, detalla.

Esto se debe a que la luz solar no llega directamente a la Luna, sino que parte ella es filtrada por la atmósfera de la Tierra y os colores rojizos y anaranjados se proyectan sobre el satélite natural.

¿Pero por qué estaba Colón tan seguro de que habría un eclipse?

El almanaque

Cristóbal Colón tenía muchos conocimientos a su haber: sabía de navegación, hablaba varias lenguas, y “tenía una escritura muy bonita”, según cuenta Consuelo Varela, profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de España.

“Él era un hombre con una gran capacidad y un ansia de conocer y aprender. Quizás la característica que resaltaría de Colón es su empeño en saber las cosas”, le dice a BBC Mundo la historiadora española experta en temas americanos y en Colón.

Pero sobre todo “Colón conocía el cielo”, agrega Bernal. “Conocía las estrellas y se guiaba por ellas”.

El Almirante era un aficionado a la astronomía y se sabe que en sus viajes llevaba consigo un calendario de eclipses: el almanaque Regiomontano.

Este fue confeccionado por el astrónomo y matemático alemán Johann Müller (1436-1476), cuyo apodo era precisamente “Regiomontano”, que proviene de la traducción latina del nombre de la ciudad alemana donde nació: Königsberg y que significa (Montaña real o Montaña Regia).

Parte del almanaque de Regiomontano con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
El almanaque Regiomontano contaba con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Los calendarios y almanaques impresos eran extremadamente populares en los siglos XV y XVI y proporcionaban a la gente los conocimientos básicos necesarios para planificar sus rutinas diarias.

“Los fenómenos celestes servían para muchas cosas: primero para orientarse, y segundo, la meteorología se predecía con los fenómenos celestes. Hoy sabemos que eso es un error, pero en ese tiempo no se sabía”, explica Bernal.

El almanaque de Regiomontano, en particular, era muy utilizado porque sus cálculos eran muy precisos.

Su creador registró varios eclipses de Luna y su interés lo llevó a hacer la importante observación de que la longitud en el mar se podía determinar calculando distancias lunares.

Incluso en 1472 observó un cometa, 210 años antes de que el astrónomo Edmund Halley lo viera “por primera vez”, destaca la Universidad de Glasgow en sus archivos y colecciones especiales, que cuenta con una copia de este calendario impreso en 1482.

Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Se trataba de una ayuda indispensable para cartógrafos, navegantes y astrólogos.

Fue esa la herramienta que Colón utilizó para “predecir” el eclipse lunar del 29 de febrero de 1504 y salvarse a él y a sus hombres de morir de hambre, hasta que en junio de ese año finalmente llegaron los refuerzos que tanto esperaban.

“Colón era un hombre enormemente listo y esa era la única forma que tenía de asustar a los indios. El sobresalto que se debieron dar los pobres indígenas“, dice bromeando Consuelo Varela.


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