El voto popular NO elige al presidente en EU. ¿Entonces?
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El voto popular NO elige al presidente en EU. ¿Entonces?

En Estados Unidos el voto popular directo no elige el presidente. Esa función recae sobre un colegio electoral de 538 electores provenientes de los 50 estados y el Distrito de Columbia (la capital) que depositan los votos por el candidato que haya ganado en su estado. Quien acumule 270 o más votos electorales, gana la presidencia.
6 de noviembre, 2012
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Foto: AP

En Estados Unidos el voto popular directo no elige el presidente. Esa función recae sobre un colegio electoral de 538 electores provenientes de los 50 estados y el Distrito de Columbia (la capital) que depositan los votos por el candidato que haya ganado en su estado. Quien acumule 270 o más votos electorales, gana la presidencia.

El colegio electoral fue instituido por los representantes de los estados que conformaron la unión de la república, a finales del siglo XVIII, con el propósito de proteger los intereses de cada estado individual y evitar el dominio de las regiones más pobladas del país.

Por lo general, quien gana el voto electoral gana también el voto popular pero ha habido antecedentes en los que sucedió lo contrario, por lo que los críticos dicen que el sistema es anticuado, antidemocrático y no representa los intereses del pueblo.

También podría darse un empate de votos electorales y, de ocurrir, la decisión final podría recaer sobre la Cámara de Representantes y donde las delegaciones de cada estado votan en bloque o sea, un voto por delegación. Se podría dar el caso que el presidente sea elegido con apenas 26 votos.

Cambiar el sistema, sin embargo, sería una jaqueca constitucional.

Elaborado con información de BBC Mundo.

Estados grandes vs. pequeños

En 1787, representantes de los 13 estados que se unieron para formar los Estados Unidos de América y el Distrito de Columbia se reunieron en una Convención Constitucional para discutir la mejor manera de elegir a sus líderes que fuera justa, equilibrada y representativa de todos.

La elección directa por voto popular se descartó en aras de proteger a los estados más pequeños del poder de los grandes. Hay que recordar que la independencia de los estados era, y sigue siendo, parte fundamental de la estructura política del país.

Los estados con menor población temían que sus intereses no fueran abordados a nivel nacional. Particularmente los estados sureños con muchos esclavos, como Virginia, cuya población con derecho al voto era reducida, así que en una elección popular directa no ejercería mucha influencia.

Se decidió crear un colegio electoral al que cada estado aporta electores según el tamaño de su población pero con ciertos ajustes para equilibrar las cosas. El número de electores de cada estado se establece de acuerdo a cuántos representantes envía la Cámara Baja y cuántos senadores a la Cámara Alta.

Como los estados con mayor población envían más representantes a la Cámara Baja, es lógico que tengan más electores en el colegio electoral, pero se ajusta con los electores correspondientes a los senadores puesto que cada estado envía únicamente dos al Congreso, no importa su tamaño.

El Distrito de Columbia, Washington DC, por no ser un estado no tiene ni senadores ni representantes con voto en el Congreso pero se le otorgan tres electores para los comicios presidenciales como parte del mismo método de controles y ajustes.

En la actualidad, 538 miembros conforman el colegio electoral. California, el estado más populoso, aporta 55; Wyoming, uno de los menos poblados, aporta tres.

A cada estado le corresponde un cierto número de electores según el tamaño de su población. Mapa: BBC Mundo.

Estados con más votos electorales:

California 55

Texas 38

Florida 29

Nueva York

Illinois 20

Pensilvania 20

Ohio 18

El ganador se lo lleva todo

Cada estado realiza su propia elección presidencial interna. Básicamente, cuando el ciudadano de un estado deposita su voto por un candidato presidencial su deseo es que se envíen todos los electores de su estado al colegio electoral a votar por el candidato que escogió y así se hace si ese candidato obtiene la mayoría del voto popular en el estado.

Aunque no es ley en todos los estados, los electores tienen el compromiso de depositar sus votos electorales a favor del candidato que ganó en sus estados. En 2012, quien reciba 270 o más votos electorales gana la presidencia de Estados Unidos.

Sin embargo, es un sistema en el que el ganador se queda con todo y el que muchos consideran ha tergiversado la representación del pueblo en sus líderes y la forma como estos hacen campaña.

Si un candidato gana por un voto directo en California, se lleva todos los votos electorales, 55. De la misma manera, si gana por cinco mil votos directos en Wyoming, se lleva apenas tres votos electorales.

Dixie Swanson, ex asesora de un grupo de presión en Washington y autora de la trilogía “El Presidente Accidental”, aboga por el establecimiento del voto popular para la elección presidencial.

“El sistema que tenemos es muy enredado y no representa la voluntad del pueblo”, dijo a BBC Mundo. “Los estadounidenses somos un pueblo sencillo, vamos a votar por Romney o por Obama y no queremos intermediarios entre nosotros y nuestro voto.

Estados olvidados

Swanson dice que con el ganador en un estado llevándose todos los votos electorales se viola el derecho fundamental de “una persona un voto”. Añade que, para propósitos de campaña, los candidatos solo se concentran en aquellos estados donde tienen posibilidad de ganar, olvidándose del resto.

“Dedican toda su atención a los estados ‘péndulo’ como Florida, donde dicen lo que allí quieren oír para ganar ese voto y luego van a Iowa a decir otro tanto para llevarse la elección allí”, comentó.

Lo que señala Dixie Swanson se puede resaltar con el poco tiempo que han dedicado Barack Obama y Mitt Romney a estados como California, Nueva York o Nueva Jersey, que están asegurados para el presidente, o en Texas, Arizona y los estados del sur, firmemente en el bolsillo del candidato republicano.

La autora de “El Presidente Accidental” sostiene que la manera como los candidatos juegan con el sistema de voto electoral ha eliminado el propósito original de reconocimiento a todos, no importa el tamaño. Con la adopción del voto popular, los candidatos tendrían que dirigirse a toda la nación, sostiene.

El colegio electoral no ha cambiado. Solo fracasado. 1824 fue al la cámara de representantes. 1876, 1888 y 2000. La persona que ganó el voto popular perdió el electoral y no fue presidente. Pero ya está anticuado.

“Somos un solo país. Ya tenemos mucha oportunidad de tener representación estatal en la Cámara de Representantes y el Senado. No es necesario poner una barrera entre el pueblo y la elección del presidente”.

Para Swanson, el fracaso del colegio electoral es patente cuando el presidente es elegido por ellos más no por el voto popular. Esto sucedió ya en 1824, 1876, 1888 y, más recientemente, en 2000, cuando George W. Bush ganó la presidencia contra Al Gore con 271 votos electorales pero no con la mayoría del voto popular.

“No queremos tener Bush contra Gore otra vez. Dependemos de la certidumbre de nuestras elecciones de lo contrario sufre la transición suave de poder, sufre la democracia y sufre el pueblo pues no es su decisión quién gana”, recalcó Swanson.

Empates y otras particularidades

Con una elección basada en el voto popular, en el que se cuentan millones de sufragios, la posibilidad de un empate es prácticamente inexistente. Con el sistema del voto colegiado, en el que se manejan apenas 538 votos, esa posibilidad es mayor. En las elecciones de 2012, por lo menos, los analistas han formulado 38 escenarios posibles donde se puede dar un empate entre los dos candidatos.

Aquí las cosas se complicarían, pues no todos los estados requieren que sus electores se adhieran al candidato que se les ha encomendado según el resultado de la votación popular.

En la elección de Bush contra Gore, fue una pesadilla para este país. Tenemos un periodo de transición entre la elección e inauguración. Son dos meses y medios cruciales para una transición suave. Con el colegio electoral, si hay un empate, no sabremos hasta la primera semana de enero quién será presidente.

Si algún elector decide cambiar el voto -se les conoce como electores infieles- sería concebible que una persona que nadie conoce, determine quién sea el próximo presidente. “Eso simplemente viola todos los principios democráticos de nuestro país”, advirtió Dixie Swanson.

Se han dado incidentes en que los electores cambian de parecer pero no afectan el resultado de la elección. Pero en esta ocasión, la contienda es tan cerrada que eso podría pasar. Podría volverse en una batalla campal entre electores.

Si persiste el empate, quedaría en manos de la Cámara Baja elegir al presidente. En ese caso cada delegación de cada estado tiene derecho a un voto. Los representantes de cada estado tendrían que decidir entre ellos por quién dar su voto conjunto y, como se pronostica que esta cámara tendrá mayoría republicana, Mitt Romney sería presidente en caso de empate.

Por otra parte, según la Constitución, el Senado estaría encargado de elegir vicepresidente y, como se prevé que estará controlado por los demócratas, ese cargo recaería sobre Joe Biden. Serían un presidente republicano y un vicepresidente demócrata generando seguramente un gobierno muy curioso.

“Hay algunos que piensan que no sería una mala idea tener un verdadero gobierno bipartidista pero eso no es por lo que votamos”, expresó Dixie Swanson.

Aunque los partidos políticos en algunos estados se oponen a cambiar el sistema electoral porque estiman que perderían influencia, varias encuestas indican que hay apoyo para adoptar el sistema de elección popular directa.

Eso requeriría un cambio a la Constitución, lo que significa la aprobación de dos terceras partes en ambas cámaras del Congreso y la aprobación de tres cuartas partes de las legislaturas estatales. Como van las cosas en Estados Unidos, el horno no está para bollos.

 

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'Me mandaban coronas de muerto': ser trans en México, el segundo país del mundo con más agresiones al colectivo

Kenya Cuevas dice que es una sobreviviente. Ha presenciado la violencia machista en la familia, la calle y la justicia en México, así como un transfeminicidio que cambió su vida.
31 de marzo, 2022
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Ser una persona trans es difícil en cualquier parte del mundo, pero en México puede implicar la muerte.

En 2021 se colocó como el segundo país con más asesinatos de personas trans en el mundo (46 casos), solo superado por Brasil (92), según el monitoreo de la organización Transgender Europe.

Y la violencia cotidiana contra la comunidad no es menor alarmante.

Kenya Cuevas Fuentes lo ha vivido.

Desde los 9 años huyó de la violencia machista en su casa y a esa edad entró al mundo del trabajo sexual, con la explotación, violencia y consumo de drogas que conlleva.

En 2016 vivió un momento transformador de su vida al ser testigo del asesinato de una amiga, el primer transfeminicidio reconocido como tal por las autoridades en México.

Con motivo del Día Internacional de la Visibilidad Transgénero, Cuevas cuenta su historia, que refleja cómo vivir como una persona trans en una sociedad transfóbica puede convertirse en un riesgo de muerte.


Soy una mujer sobreviviente.

Una mujer luchadora que ha tenido que pasar por procesos de vida difíciles, que inició su vida en una familia disfuncional, prácticamente desde que yo recuerdo.

Soy la menor de siete hermanos y ellos siempre eran violentos. Eran mucho mayores que yo y uno de ellos era alcohólico. Mi madre vivía en Estados Unidos y mi padre tenía otra familia.

Estábamos al resguardo de mi abuela materna, que nos educó con valores. Sin embargo, también había mucho machismo, poca información sobre la diversidad LGBT, no había un reconocimiento claro de la identidad de género, la expresión de género en esos años .

Y esto generaba una violencia en la que fui creciendo.

Pero las escenas importantes que yo recuerdo y que transformaron mi vida ocurrieron a los 9 años.

A esa edad mi abuela fallece de un paro cardíaco y yo siendo la menor me quedo al resguardo de mis hermanos, que eran los primeros actores de la violencia familiar. Una de mis hermanas murió y quedamos seis.

Kenya Cuevas

Mahia Mishelle

Y la violencia crecía. No me daban de comer, no me llevaban a la escuela, no me atendían. Cuando salí a buscar comida encontré un empleo y a ganar un dinero. Y al darse cuenta mis hermanos me dijeron “aquí quien trabaja da un gasto” y me quitaban mi sueldo.

Y llegó el momento en que me cansé de que mis hermanos me golpearan, me discriminaran.

“Haz lo que te pidan”

Un día me salí a caminar al centro de la ciudad, a la Alameda Central, y yo no sabía qué hacer con mi vida, pero lo único que sabía era que ya no quería regresar a mi casa, a esta violencia.

Llegó la noche, y en la oscuridad, una mujer caminó hacia mí. Yo no sabía que era una mujer trans, pero mi corazón en ese momento se identificó con esa mujer, quería ser como ella.

Me dijo “ponte a trabajar, habla con los señores de los carros y te van a llevar aquí a la vuelta, te van a pagar tanto dinero y haz lo que te pidan”. Así fueron sus palabras textuales.

Yo obedecí, hablé con uno de un carro y me llevó al hotel mientras yo le platicaba mi historia de vida, de mi mamá y mis hermanos. Lloré y lloré y le decía “yo quiero quedarme contigo”.

Trabajadores sexuales en Ciudad de México

Getty Images

Él se sorprendió pero me dijo: “No puedo llevarte conmigo. Pero te voy a dejar la habitación pagada por una semana y dinero para que comas”.

Tenía 9 años y fue mi primer cliente en el trabajo sexual. Obviamente tuve mucho dolor, fue mi primera práctica sexual y yo no sabía cómo reaccionar.

“Te vamos a arreglar”

Me di cuenta que era un hotel que hospedaba a mujeres trans que ejercían el trabajo sexual.

Todo el tiempo las mujeres vivimos violentadas también en un tema de vivienda, porque la gente que renta departamentos no nos acepta y eso hace que los hoteles sean como nuestra residencia.

Les decían “vestidas”, porque en ese momento “trans” no existían.

Me acerqué a una y le dije “yo quiero ser como tú”, y con el dinero que había ganado me llevaron a un local de pelucas y accesorios de todos colores y sabores.

Compramos una peluca, pestañas, maquillaje, de todo. Yo estaba muy emocionada y me empezaron a arreglar. Y recuerdo una frase que fue muy tajante: “Esta es la primera y la única vez que te vamos a arreglar. Si tú no aprendes es por pendeja”.

Puse muchísima atención y fue el primer momento en que pude arreglarme, con esta figura arreglada, afeminada.

Me quedé contemplando el espejo, pues fue uno de los momentos más felices de mi vida porque logré identificarme y verme realmente como esa mujer que vivió engañada y encerrada en un cuerpo varonil.

Kenya Cuevas

Mahia Mishelle

Y me dijeron “vámonos a trabajar, porque ya te acabaste tu dinero y qué vas a comer mañana”.

“Me quedé en la calle”

Me presentaron con una madrota, a quien le dijeron que yo era menor de edad: “Es nuestra hija”.

Y recuerdo muy bien que Angélica, como se llamaba, respondió: “Pues a mí me vale madre si es menor de edad o no, a mí que me den mi renta de 1,500 pesos y que se ponga a trabajar”.

Era uno de los puntos “permitidos” para el trabajo sexual en Ciudad de México.

Todo el mundo quería irse conmigo y me iba muy bien. Muchos años después entendí por qué: era una niña de 9 años. Por obvias razones llegué a tener una clientela alta.

Ya cuando pasó la “novedad”, bajó el trabajo, pero entonces encuentro otra parte del trabajo sexual. Y es que hay otros clientes que buscan una compañía para consumir sustancias, tener fiestas.

Y si no le entras a ese tipo de dinámicas, no trabajas.

Yo seguía siendo una niña con mucho resentimiento, con mucho dolor, mucho sufrimiento real. Y fui presa fácil de las drogas, de esa puerta falsa.

Trabajadores sexuales en Ciudad de México

Getty Images

Eso fue deteriorándome. Ya no pagaba la renta, ya no comía, todo me lo chingaba en la droga. Perdí todo y me quedé en la calle.

Eso me llevó a vivir 20 años de mi vida en esas condiciones. Limpiando parabrisas, viviendo en los parques. Cuando alguien me llevaba al hotel, era mi oportunidad de bañarme y lavar mi ropa.

En todo ese proceso viví mucho en las drogas. Y a pesar de entrar a rehabilitación, la abstinencia me hacía caer de nuevo al consumo, además de que no había una comprensión por mi identidad de género y no me permitían ser yo.

Al llegar a la mayoría de edad, como eran programas para menores, ya no me permitían el acceso. Tenía que pedir monedas en la calle o a mis conocidas.

“Los custodios me vendían”

Después de 20 años de esta vida, un día en 1999 llegué a comprar droga a un picadero. Y ahí de pronto tiran la puerta y gritan “¡policía judicial!”

Nos tiran al suelo y la vieja que vendía la droga la avienta a un lado mío.

“¿Desde cuándo vendes?”, me preguntó un policía. “No, pues yo no vendo, jefe, vine solo por mis piedritas”, le dije.

Me mandaron a la cárcel por “posesión, distribución y venta de cocaína” que entonces era mucho más penado.

En el Reclusorio Norte violentaban a las mujeres trans. A mí me llegaron a violar. Los custodios me vendían con internos para sus fiestas y orgías nocturnas de las personas que realmente vendían droga y secuestraban y tenían mucho dinero.

Reclusorio Norte de Ciudad de México

Getty Images

Ahí las personas trans teníamos que satisfacer a muchas personas.

Y un día me peleé con un interno que me quería violentar. Tenía una navaja, pero logré quitársela y se la enterré en el estómago. Y eso motivó a que me trasladaran al penal de Santa Marta Acatitla .

Salí después de 10 años y tres rebajas de sentencia.

Un juez determinó mi absolución del delito porque consideraba que yo no había sido la responsable de las sustancias que habían encontrado. Me dicen “gracias por participar, uste no fue, discúlpenos”.

“Ese día cambió mi vida rotundamente”

Ya había dejado las drogas y al salir me empiezo a capacitar en un proceso de aprendizaje, en la promoción contra el VIH y empiezo a dar consejería, aplicación de pruebas. Y empiezo a aplicar esto con las trabajadoras sexuales, que eran mis compañeras.

Empecé a encontrar que muchas trabajadoras sabían desde hace mucho tiempo que tenían VIH pero no se habían atendido. Otras que ni se imaginaban que vivían con VIH. Las que decían que sí les daba miedo pero no usaban protección.

De 2010 a 2016 me profesionalicé en estos acompañamientos de activismo que realizaba aunque no fuera visible porque lo hacía entre el trabajo sexual. Me decía “que lo que haga mi mano derecha no lo sepa la izquierda”.

Al llegar el 30 de septiembre de 2016, ese día cambió mi vida rotundamente.

Fui testigo del transfeminicidio de Paola Buenrostro, mi amiga, una mujer trans de 24 años que fue asesinada. Era mi compañera desde hacía muchos años en el trabajo sexual.

Varias rechazamos a un sujeto que solicitó servicio sexual, pero Paola aceptó subirse al vehículo y cuando avanza unos pocos metros, escuchamos gritos de auxilio: “¡Kenya, Kenya!”

Vi cómo forcejeaban y escuché tres detonaciones de armas de fuego.

Me quedé impactada, no me podía mover. Y él al darse cuenta de que vi todo, me miró fijamente a los ojos, me apuntó con el arma y accionó el gatillo.

Una ofrenda para Paola Buenrostro

Getty Images

Todavía claramente tengo la imagen de su dedo jalando el gatillo, pero no sale la bala porque el arma se encasquilló. Así que pude detenerlo.

Llega una patrulla y lo detienen en flagrancia, con mi amiga agonizando, con el arma en la mano. Y yo grabé un video que publiqué poco después.

Pero entonces nos encontramos con un sistema discriminatorio, violatorio de derechos humanos, de no acceso a la justicia y criminalizante de las mujeres trans y el trabajo sexual, por sus propios prejuicios y creencias y posturas políticas.

Me negaron el acceso al caso porque dijeron que no era testigo sino una “curiosa” en el lugar.

Me las arreglé para tener un documento de acceso a una audiencia y cuando el juez preguntó si había un testigo, el Ministerio Público me dijo “te invito a que te vayas para que no contamines la audiencia”.

Una ofrenda para Paola Buenrostro

Getty Images

Yo sin saber de leyes, sin saber leer ni escribir, pero confiando en las autoridades y pensando que el hombre fue detenido en el lugar de los hechos, pensé que lo iban a tener en la cárcel.

Pero el juez lo dejó en libertad porque el Ministerio Público no llevó pruebas.

Amenazamos al fiscal y nos entregaron el cuerpo. Lo llevamos a la avenida Insurgentes y su ataúd lo pusimos ahí.

Fue nuestra manera de gritarle a la sociedad que a las mujeres trans nos mataban y a nadie le importaba, que a las mujeres trans no nos reconocían, nos violentaban, no nos daban oportunidades laborales, ni de salud, ni de vivienda, ni de derechos humanos.

Una protesta por el caso Paola Buenrostro

Getty Images

Pareciera que todo el mundo tiene la autorización de golpearnos y violentarnos. Y eso fue un impacto ante los medios de comunicación.

Entonces fue que empezó toda una lucha de visibilidad.

La Casa de las Muñecas Tiresias

Empezamos a exponer este problema sistemático e institucional en todos los procesos de nuestra vida. Cómo ya hemos normalizado la violencia en nuestras vidas, interiorizándola y llevándola hasta con nuestras propias pares.

Y al mismo tiempo de alzar la voz, empecé a recibir amenazas de muerte por el activismo. Me mandaban coronas florales de muerto, me llamaban para decirme que me iban a matar.

Tuve un atentado en 2017, ingresaron a mi domicilio y ahí mataron a una compañera. Tras esto me negaron la protección como activista y defensora de derechos humanos.

Pero con la insistencia en las denuncias es como hemos logrado que el de Paola Buenrostro fuera reconocido como el primer transfeminicidio de la historia de México.

Un acto de disculpas de la Fiscalía por el caso Paola Buenrostro

FGJCDMX
La Fiscalía de Ciudad de México pidió perdón en 2021 por las omisiones en el caso de Paola Buenrostro.

Es la expresión más violenta que pueda experimentar un ser humano, el transfeminicidio, por la modalidad en cómo nos asesinan.

A partir de entonces fundamos la Casa de las Muñecas Tiresias.

Es una organización sin fines de lucro que da acompañamiento integral para los procesos de identidad, salud, trabajo, vivienda, derechos humanos. De todas las personas diversas y todas las personas que se encuentren en situación de vulnerabilidad: personas de la calle, consumidores de sustancias, trabajadores sexuales, personas con VIH y todo el colectivo LGBT.

Brindamos un albergue para que las mujeres vivan un proceso de deconstrucción y construcción y así mismo de reconocimiento de los derechos propios y que se construyan académicamente y profesionalmente para colocarse en la sociedad.

También nos ocupamos de recuperar los cuerpos de las mujeres que mueren en situación de violencia extrema, para darles cristiana sepultura.

Una actividad en la Casa de las Muñecas Tiresias

CAMTAC

El activismo que hacemos se ha convertido en uno de los más reconocidos del México, pero no solo defendemos a las personas trans, sino que en cualquier causa contra la discriminación ahí va a estar la Casa de las Muñecas Tiresias.

Es parte de un trabajo de responsabilidad y de reconocimiento y de gestión que inició la noche del 30 de septiembre de 2016, cuando mataron a Paola Buenrostro.

“Es algo que te impacta para toda la vida”

Encontrar tu identidad sexual en un entorno incomprensivo es algo que te impacta para toda la vida.

Cuando no se tiene un acompañamiento ni un reconocimiento de esa identidad, lo que hacemos es salir a buscar el lugar donde nos sintamos seguras, donde sí nos identifiquemos.

Es a lo que nos orillan a hacer a las mujeres trans. Salimos de nuestras casas a temprana edad, a vivir la violencia que acabo de relatar.

Lanzan a estas mujeres a la discriminación, a que su expectativa de vida sea de 35 años por la violencia extrema a la que se enfrentan en espacios donde sí son aceptadas como el trabajo sexual, las drogas y los lugares en donde no hay ninguna formación.

Una actividad en la Casa de las Muñecas Tiresias

CAMTAC

¿Qué le diría a un niña que está en este reconocimiento? Que siempre luche por lo que quiera ser. Que no haga lo que los demás quieran que haga. Todo lo que se imagine puede ser real.

Si tú lo imaginas y lo quieres en tu vida, va a ser real. No va a haber ningún impedimento para que tú lo logres.

Sí creo que en México hemos avanzado mucho.

Antes la causa no era visible, no era acompañado de las autoridades, y la comunidad trans estaba más segregada dentro de la comunidad LGBT.

Tras el asesinato de Paola Buerostro fue visible ante la sociedad, los medios, las autoridades y la academia y se ha logrado ante todos los contextos que se requiere inclusión de todas las comunidades poco favorecidas.

A quienes aún sienten transfobia les digo: dense la oportunidad de conocer a personas trans, a personas diversas.

Mujeres trans de Ciudad de México

CAMTAC

Dense cuenta que somos personas que reímos, que cagamos, que sentimos y que lloramos, igual que ellos.

No sean generadores de violencia a través de la ignorancia. Y prepárense para enfrentarse a sí mismos, deconstruyan sus prejuicios, para que no generen ni discursos ni violencia ni odio.

Yo soy una mujer libre y como otras trans, nos podemos desenvolver en cualquier ámbito social, económico, laboral, comunitario, sin problemas.

Y como siempre digo: nuestra mayor venganza es que seamos felices.


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