Esclavos del narco: Los Niños de Tumaco
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Esclavos del narco: Los Niños de Tumaco

Una investigación hecha por cuatro medios latinoamericanos, entre ellos Animal Político, de cómo el narco hace que personas con distintos perfiles, desde niños hasta adultos, y profesionales, trabajen para ellos a la fuerza.
Por Verdad Abierta (Colombia)
1 de noviembre, 2012
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Insight Crime  presenta un especial realizado por cuatro medios latinoamericanos sobre crimen organizado y derechos humanos. El primer especial fue sobre desplazamiento forzado en México, Colombia, Guatemala y El Salvador.

Este segundo, que hemos presentado esta semana es sobre esclavos del narco. Los hombres, mujeres, niños y profesionales que se convirtieron en trabajadores forzados para grupos delictivos.

Animal Político ya te presentó tres partes:

Esclavos del narco: Profesionistas forzados

Esclavos del narco: Los niños del hampa

Esclavos del narco: Migrantes, la presa de caza

Hoy presentamos el reportaje de Verdad Abierta, un sitio colombiano que investigó sobre los niños de Tumaco, reclutados para servir a grupos criminales en ese país.

 Niños de Tumaco, carne de varios cañones

Los grupos criminales y las guerrillas intentan reclutar a los adolescentes del puerto colombiano sobre el Pacífico, principal productor de cocaína del país. Sus madres tratan de salvarlos, pero la pelea contra la violencia y la indolencia estatal es muy desigual.

Vea el especial completo de VerdadAbierta aquí

Anteayer la señora F se puso a llorar. Amaneció sin un centavo. Su vecina, tan pobre como ella, le dijo que no llorara y le regaló 500 pesos. Se compró unos pancitos, pero le ha sido difícil tragarlos sin nada para tomar. Desgrana sus lamentos con la cadencia dulce de las gentes del Pacífico colombiano. Se vino con los cuatro nietos al hombro del cacaotal que tenía en Magüí-Payán hace unos años, después de que le mataran a su hija porque “la cogieron cambiada”: unos guerrilleros la confundieron con otra del mismo nombre y la fusilaron.

Verdad abierta.

Verdad abierta.

Hoy sin embargo, la abuela está contenta. Con nuestra visita puede mostrarnos orgullosa el diploma y la medalla que le trajo el otro día su nieto mayor de 16 años. Los ganó en el campo donde entrena en Cali a donde un reclutador se lo llevó después de que lo vio meter cuatro goles en un partido de fútbol escolar. Todavía no lo pasan por la televisión, pero si le va bien, todos estarán a salvo.

Verdad abierta.

Verdad abierta.

El barrio donde vive la señora F, como tantos otros de Tumaco, el segundo puerto de Colombia en el Pacífico, está derramándose por fuera del suelo habitable de la isla. Sus casas de madera hacen equilibrio en unos palos torcidos clavados entre la basura, el manglar y el sedimento barroso del mar. Sólo las sostienen la buena voluntad y la infinita paciencia con la que sus residentes aguardan que algo cambie. Por las calles asfaltadas con cáscara de coco molida corren los niños harapientos, descalzos y sonrientes.

Verdad abierta.

Un tipo, que desentona por su mala cara y sus recias botas, finge comprar algo en la tienda, mientras mira de reojo a los periodistas que visitan sus dominios. La gente se pone nerviosa. Una señora les hace señas a los reporteros que se alejen de allí. A la salida del barrio, había otros dos hombres armados vigilando.

Verdad abierta.

Es lo más cerca que se ve al otro tipo de reclutadores de los niños de Tumaco, aquellos que también se los llevan a campos a entrenar y eventualmente, también los llevarán a aparecer en la tele. Con ellos sin embargo, no aprenderán a hacer chilenas o goles olímpicos como quizás lo consiga el nieto de Fanny con sus instructores en Cali. Cuando los levantadores criminales se los lleven, los jóvenes se cultivarán como informantes, prostitutas, sicarios y si aciertan a borrarse pronto la conciencia, su medalla de méritos consistirá en una moto o un fusil.

Verdad abierta.

Verdad abierta.

Dijo una profesora de piel perfecta y ojos tristes de otro barrio, a la que la daba tanto miedo hablar que ni siquiera dejó grabar la charla, que se están llevando dos o tres jóvenes por semana. Nadie más tiene cifras reales porque el alistamiento es clandestino y la prohibición de denunciarlo se impone con terror. De los niños, los reclutadores criminales prefieren los más serios y silenciosos; también, los fuertes y los más pobres y sufridos, y preferiblemente que estén entre los 12 y los 14 años. Entre más jovencitos, más fáciles de manipular. De las niñas, siempre buscan a las más bonitas.

Verdad abierta.

Los milicianos de la guerrilla de las Farc y los integrantes de Los Rastrojos – una banda criminal con presencia nacional –han instalado su control en los enclenques barrios de Tumaco como Viento Libre, Panamá, Nuevo Horizonte, Los Ángeles-California, la mayoría, en las comunas cuatro y cinco de esta ciudad, de 161.000 habitantes. Hacen sentir su poder paseándose armados, imponiendo horarios y reglas a la gente indefensa, o cobrando vacunas a los modestos comerciantes, o endulzándoles el oído a los niños para que se sumen a su causa, definida casi siempre en forma vaga. Les dicen que en esa vida que llevan solo habrá miseria; que sólo por hacer un mandado se ganan un jean o un celular; que hay que rebelarse contra el abandono en que los tienen; que tendrán sueldo, un arma, serán alguien, serán respetados.

Verdad abierta.

Verdad abierta.

Tumaco no es el único lugar donde guerrillas y bandas criminales reclutan jóvenes a la fuerza en Colombia. En toda la costa Pacífica, desde la frontera con Ecuador hasta la de Panamá, en el oriente cerca a Venezuela, en los Llanos Orientales, en barrios de las principales ciudades, los armados meten a los menores en sus guerras porque es fácil mandonearlos, adoctrinarlos, abusar de ellos, ponerlos en la primera fila del peligro. En 20 de los 32 departamentos colombianos hay reclutamiento de menores, según cuentas de la Defensoría del Pueblo. Un polémico estudio del tema, “Como corderos entre lobos”, aseguró este año que son 18 mil los niños en la filas del crimen organizado y la insurgencia. Otros expertos sostienen que la cifra no tiene suficiente fundamento, y que la real es de la tercera parte. En lo que sí coinciden es que Tumaco es un punto crítico, quizás el peor del país.

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Ana Paula Jiménez, la joven mexicana que no deja de ganar medallas en matemáticas

Nacida en Ciudad de México, se convirtió este año en la primera mexicana en ganar dos medallas de bronce en la Olimpiada Internacional de Matemáticas.
9 de octubre, 2020
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“Supóngase que a un tablero de ajedrez estándar de 8×8 se le eliminan dos esquinas diagonalmente opuestas, dejando 62 casillas. ¿Es posible colocar 31 piezas de dominó de tamaño 2×1 recubriendo todo el tablero?”.

Cuando Ana Paula Jiménez leyó este enunciado, más conocido como el “Problema del tablero de ajedrez” que fue propuesto por el filósofo analítico Max Black en 1946, se enamoró de las matemáticas para siempre.

Por una razón muy sencilla: “Cuando lo leí, me di cuenta que resolver problemas de matemáticas no era solo ese proceso repetitivo y aburrido, sino que se podía y debía utilizar la creatividad”, le cuenta a BBC Mundo.

Desde entonces eso se convirtió en su pasión. En los últimos seis años, Jiménez ha ganado más de 24 medallas en olimpiadas nacionales e internacionales de matemáticas.

Entre ellas, dos medallas de oro en la Olimpiada Matemática Europea Femenina y dos preseas de bronce en la prestigiosa Olimpiada Internacional de Matemáticas (IMO, por sus siglas en inglés).

Fue la primera mexicana en hacerlo, y por esa razón recibió el premio Maryam Mirzakhani -en honor a la primera mujer en recibir la Medalla Fields, el Nobel de las matemáticas- que se le otorga a la mujer con mejores resultados en las IMO en América del Norte.

“No ha sido fácil. Dedicarme a esto ha hecho que me pierda de algunas cosas durante mi adolescencia, pero he logrado otras como por ejemplo ayudar a quitar el prejuicio de que las mujeres no somos buenas para las matemáticas”, explica Jiménez.

“No me llamaban tanto la atención”

Los primeros recuerdos de Jiménez, quien nació en el año 2001, y las matemáticas se remontan a cuando estaba en el jardín de infantes y las profesoras comenzaron a enseñarle sobre sumas, decenas y centenas.

Pero durante gran parte de la primaria y principios de la secundaria las matemáticas no le atrajeron demasiado.

Siempre me parecieron muy repetitivas y no es que me atrajeran tanto como para pasar cuatro o cinco horas diarias como hago ahora“, nos contó la joven.

El cambio radical ocurrió en primero de secundaria. En su colegio comenzaron a organizar una serie de pruebas con el fin de ver quiénes podían participar en las competencias estatales de matemáticas.

“Pasé varias pruebas y finalmente fui escogida”, relata.

Para prepararse para las pruebas estatales, Ana Paula comenzó una serie de sesiones de entrenamientos.

Fue entonces cuando se encontró con problemas como el enunciado de Black y otros similares.

"Las matemáticas son arte"", Source: Ana Paula Jiménez, Source description: Medallista de Oro en Olimpiadas de Matemáticas, Image:

“Ahí me di cuenta que las matemáticas no solo eran mucho más complejas, sino que había que ser creativos para resolver la mayoría de los problemas. Y eso hizo que me apasionara por esto”, cuenta.

Una pasión que la llevaría a múltiples victorias.

Medallas nacionales e internacionales

Cuando le pregunto cuándo fue la primera vez que se ganó una medalla en una competencia de números, recuerda con exactitud el año: 2015.

Pero le cuesta responder cuántos años tenía al momento de ganarla.

“Creo que tenía 14… Fue una medalla de oro en unos nacionales en Mexicali. Ahí comenzó todo”, relata.

Jiménez tiene claro que la complejidad de los números solo puede ser descifrada después de muchas horas de trabajo y estudio.

Para las competencias estatales y nacionales -ella representa a Ciudad de México, donde nació- tiene una rutina de tres horas diarias de estudio.

Pero cuando se trata de ir a competir en torneos internacionales como las IMO o las Olimpiadas Europeas de mujeres, el asunto se vuelve más serio: concentrada y aislada en un lugar con sesiones diarias de casi nueve horas.

Ana Paula con sus medallas

Ana Paula Jimenez.
Ana Paula Jiménez ha recibido cerca de 24 medallas por su pasión por las matemáticas.

Todo esto acompañado por tutores y personas que guían a los competidores durante las prácticas.

“Nos pasamos las nueve horas resolviendo problemas. Es como el entrenamiento de un atleta para los Olímpicos”, señala.

Y como atleta para las olimpiadas, también tienen trabajos específicos para mejorar en sus campos.

“Se trabaja en cuatro áreas: geometría, álgebra, teoría de números y matemáticas discretas”, dice.

“Me va muy bien en geometría y en general tengo que trabajar un poco más en álgebra. Pero creo que me va bien en todas en general”.

¿Y no es mucho tiempo dedicado a resolver solo problemas? Responde que ella tiene claro el por qué de esas sesiones intensas.

“Una prueba en una olimpiada internacional dura cuatro horas. Te dan tres problemas para resolver en cuatro horas”, relata.

Olimpiadas internacionales

Hace cuatro años comenzó a competir de manera internacional, tras la experiencia adquirida en competencias nacionales.

Después de ganar cuatro medallas, dos de oro y dos de plata en las Olimpiadas Europeas Femeninas, uno de los más grandes retos le llegó en 2019: la Olimpiada Internacional de Matemáticas, que se realizó en la localidad de Bath, en el suroeste de Reino Unido.

Medalla de oro para Ana Paula Jimenez

Getty Images
Jiménez recibió una medalla de oro en la Olimpiada Matemática Europea Femenina.

“Es un reto, porque solo el 10% de quienes compiten allí son mujeres, así que se siente bastante presión”, señala.

En Bath, después de varias tensas pruebas, logró quedarse con la medalla de bronce.

“Fue muy emocionante, porque durante varios días compartes con personas de todo alrededor del mundo que también tienen esta misma pasión por las matemáticas”, señala Jiménez.

Este año, de forma virtual, volvió a repetir la hazaña. Se convirtió en la primera mujer mexicana en ganar dos medallas de bronce en una IMO.

Mujeres y matemáticas

Uno de los reconocimientos que recibió se debió a su notable desempeño en las IMO, el premio Maryam Mirzakhani.

Este galardón fue creado en 2017 para reconocer el desempeño de las mujeres en las Olimpiadas Internacionales. Ese mismo año falleció, a los 40 años, la matemática iraní Maryam Mirzakhani, quien ha sido la única mujer en recibir la medalla Fields, considerada el Nobel de esta disciplina.

Para mí fue muy importante ese reconocimiento, porque algo que queda claro desde que entras en esto es que hay un prejuicio de que las mujeres no somos buenas para las matemáticas”, señala.

“Y para mí fue muy importante tener en mi proceso a otras mujeres como entrenadoras. Por ejemplo, Olga Medrano, que fue la primera mexicana en ganar una medalla en las Olimpiadas Europeas”, agrega.

Ahora Jiménez terminó el colegio y entró en la universidad, por supuesto siguiendo la carrera de matemáticas.

“Para mí las matemáticas son arte. Pero también ganas. Dedicación. Perseverancia. Es algo que ha estado presente en mi vida durante mucho tiempo”, concluye.

A punto de colgar, le pregunto cuál es la solución al problema enunciado por Black.

“La solución es que el rompecabezas que él propone no se puede completar. Pero cuesta bastante tiempo llegar a esa respuesta”.


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