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Encuentran osamentas en Sonora (y es buena noticia)

Hallaron al sureste de Sonora un cementerio prehispánico de mil años de antigüedad que podría cambiar lo que se pensaba sobre los pueblos mesoamericanos.
Por Omar Granados
19 de noviembre, 2012
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Recientemente fue localizado al sureste del estado de Sonora un cementerio prehispánico de mil años de antigüedad, de donde se pudieron recuperar los restos de 25 individuos, mayoritariamente hombres, cuyas edades están entre los 5 meses de nacidos y los 45 años. La arqueóloga Cristina García Moreno (@LaCrispix), directora el proyecto financiado por la Arizona State University y aprobado por el Consejo de Arqueología del INAH, platicó al respecto con Animal Político.

Adulto masculino entre 28 y 30 años de edad con deformación craneal y mutilación dental. Foto: Arqueóloga Cristina García Moreno.

El hallazgo realizado en Ónavas, al sureste de Sonora, es de gran importancia pues podría cambiar lo que hasta ahora se pensaba que era el límite de influencia de los pueblos mesoamericanos, según comentó Cristina García Moreno, quien fuera investigadora del Centro INAH Sonora por varios años. La investigadora fue contratada por la Universidad Estatal de Arizona para dirigir este proyecto al sur de Sonora hace ya cinco años, de los cuales los últimos dos ha estado en el poblado de Ónavas.

La influencia de Mesoamérica en Sonora

La importancia del descubrimiento es que los hallazgos en los restos hacen pensar en una importante influencia de sociedades mesoamericanas en el sur de Sonora, mucho más al norte de lo que se pensaba con anterioridad. “Por las características de los individuos que fueron encontrados en Ónavas, sobre todo a partir de la deformación del cráneo y la mutilación en los dientes, éstos se relacionan y se conectan sociedades más al sur de México, por ejemplo de Michoacán, Nayarit, Jalisco,  y, a su vez, con Mesoamérica, la zona cultural más conocida”, afirmó la arqueóloga Cristina García Moreno.

“Nunca nos imaginamos que al sur de Sonora existieran estos cambios pues es muy diferente con lo que existe en gran parte del estado”, esto hace pensar en “una migración desde el centro de México hacia el occidente y luego hacia el norte, las cuales traen todo el bagaje de las sociedades del centro , las cuales estaban más desarrolladas, que tenían otra ideología, otra economía.”

El hallazgo fue fechado en el año 943 D.C. a partir de la costilla de uno de las osamentas y de forma más precisa permite llegar a la conclusión de que “la influencia mesoamericana alcanzó al sur del estado de Sonora”, de acuerdo con García Moreno, quien precisa que no es que Mesoamérica como tal haya llegado a esta zona del país, sino que al menos la llegada de pobladores del sur, habrían llevado su influencia más al norte de lo que se había pensado hasta el momento.

El hallazgo

Actualmente, especialistas continúan los análisis sobre las osamentas encontradas y el equipo de la arqueóloga mexicana prepara un informe para el INAH, mientras realizan un proyecto y una nueva solicitud con la cual espera regresar el próximo año al poblado para continuar con la investigación de campo.

García Moreno, egresada de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), previamente vivió en Sonora durante seis años, en los cuales trabajó para el Centro INAH Sonora, afirmó que el trabajo de un arqueólogo es “caminar, encontrar sitios arqueológicos” y explicó que su equipo fue a las comunidades y habló con la gente, quien realmente camina todas las zonas de la entidad y así fue como dieron con este hallazgo arqueológico. García Moreno afirmó que el hallazgo fue gracias a la información proporcionada por los habitantes del poblado de Ónavas, quienes reportaron que a partir de algunos trabajos realizados para construir un canal de riego, fueron encontrados varios huesos humanos y un sinnúmero de ornamentos manufacturados en concha.

Vista general donde se muestra el entierro de cuatro individuos en distintos momentos en el tiempo. Foto: Arqueóloga Cristina García Moreno.

La arqueóloga mexicana lamentó que tras el hallazgo de las osamentas y previo a la llegada de su equipo de trabajo se perdieron muchos restos, “pues platicando con la gente que  realizó el canal de riesgo ellos comentan todo lo que vieron y que simplemente fue dejado al lado de la obra y que alguien más tomó.” García Moreno afirmó que estas osamentas que fueron encontradas originalmente en Ónavas, “están perdidas”, y no sólo eso, sino que “generalmente pasa eso, se los llevan, a veces los venden, lo cual es ilegal, pero hay desconocimiento.” Este tipo de saqueo es generalizado en México sin importar el estrato social, pues son cosas que se desconocen, afirmó Cristina García, para quien los recursos con los que cuenta el INAH son insuficientes para realizar una cobertura nacional, pues en estados como Sonora, “el segundo estado más grande de la república y hay cinco arqueólogos de base.”

Otra razón por la que el INAH no ha podido controlar el saqueo a sitiós arqueológicos, es la falta de recursos, pues muchas veces no se puede responder a avisos de hallazgos en zonas retiradas, pues “no siempre hay personal, no siempre hay recursos.”

Fue durante 2011  que el Proyecto Arqueológico Sur de Sonora, financiado por la Arizona State University a través del Dr. Ben Nelson y con un grupo de tres arqueólogos dirigidos por la Arqlga. Cristina García Moreno, comenzaron las excavaciones en Ónavas, continuando durante los primeros meses de 2012 con la ayuda de un grupo de bioarqueólogos de la Universidad de Arizona.

Adulto masculino entre 40 y 45 años con deformación craneal y concha de tortuga sobre el abdomen. Foto: Arqueóloga Cristina García Moreno.

Si bien la investigación sigue en proceso, a partir de las fechas obtenidas por radiocarbono, sabemos que este cementerio fue utilizado desde el 943 d.C. hasta el 1393 d.C. por un grupo de Pima bajos conocidos como Nebomes. Las fuentes históricas los describen como “gente avanzada en arquitectura, vestimenta y comida” viviendo de la agricultura y probablemente guerreros, pero también diestros en la elaboración de ornamentos en concha marina, como lo muestran los aretes, pendientes, cuentas, narigueras y brazaletes con los que se encontraron ataviados algunos de los individuos.

Al menos a 13 individuos se les realizó una deformación craneal conocida como fronto-occipital durante su vida y a cinco de ellos además se les modificaron los dientes, tal vez como un rito de paso hacia la pubertad. Estas prácticas culturales no son comunes en el área cultural del noroeste de México y Suroeste de Estados Unidos, pero sí en el área de Mesoamérica y Occidente de México, sobre todo, características muy similares se han encontrado en grupos prehispánicos del sur de Sinaloa y norte de Nayarit. Por lo que indudablemente, la presencia de la modificación del cráneo y dientes en el sureste de Sonora extiende el límite Norte conocido hasta ahora de la práctica de estas actividades, y vincula a estas poblaciones dentro del corredor de influencias Occidente de México – Noroeste/Suroeste.

 

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Aquí está el punto terrestre más profundo del planeta y esto revela del futuro

El hallazgo brinda pistas sobre cómo el calentamiento del planeta podría afectar a los glaciares en los próximos años.
14 de diciembre, 2019
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El punto terrestre más profundo del planeta está en el este de la Antártica, bajo el glaciar Denman.

Este cañón lleno de hielo alcanza una profundidad de 3,5 km debajo del nivel del mar. Solo en los océanos es posible encontrar valles igual de profundos.

A modo de comparación, el terreno expuesto más bajo de la Tierra, en la costa del mar Muerto, está a solo 413 metros por debajo del nivel del mar.

El nuevo hallazgo está incluido en un nuevo mapa del “continente blanco” llamado BedMachine Antarctic (“la máquina del fondo antártico”), que revela la forma de la roca debajo de la capa de hielo con un nivel de detalle sin precedentes.

Las características de este valle resultarán claves para la comprensión de cómo el sur polar podría cambiar en el futuro.

“Este es sin duda el retrato más preciso hasta ahora de lo que se encuentra debajo de la capa de hielo de la Antártica”, dijo Mathieu Morlighem, profesor del Departamento de Ciencias de Sistemas Terrestres de la Universidad de California Irvine, quien trabajó en este proyecto durante 6 años.

El mapa revelado por Morlighem básicamente llena todos los vacíos en los estudios aéreos de la Antártica.

Cálculos y física

Durante décadas, los instrumentos de radar han monitoreado la Antártica, enviando microondas para mirar a través del hielo y rastrear la topografía de roca subyacente.

Pero todavía hay vastas áreas sobre las cuales hay poca o ninguna información.

glaciar Denman

BedMachine/UCI/BAS
El glaciar Denman, de color azul oscuro, tiene 20 km de ancho y 100 km de largo.

“Ha habido muchos intentos de sondear el lecho de Denman, pero cada vez que sobrevolaban el cañón, no lograban verlo en los datos del radar”, explicó el investigador.

Morlighem utilizó los principios de la física para llenar esos vacíos.

Por ejemplo, si se sabe cuánto hielo está entrando en un valle estrecho y qué tan rápido se está moviendo, el volumen de ese hielo se puede calcular, dando una idea de la profundidad y la aspereza del fondo oculto del valle.

Con este método, se pudo calcular que en el glaciar Denman, de 20 km de ancho, el hielo desciende a más de 3.500 m bajo el nivel de mar.

“Las fosas en los océanos son más profundas, pero este es el cañón más profundoen tierra firme“, dijo Morlighem.

En comparación, el punto oceánico más profundo, en la Fosa de las Marianas en el Pacífico occidental, llega a solo 11 km por debajo de la superficie del mar. Hay cañones terrestres que tienen lados más altos, como el Gran Cañón Yarlung Tsangpo en China, pero sus pisos están sobre el nivel del mar.

Detalles fascinantes

Es posible que gran parte de lo que muestra el mapa de Morlighem no se vea, a primera vista, tan diferente de otros mapas del suelo terrestre. Pero una inspección más cercana muestra algunos detalles fascinantes que generarán una discusión considerable entre los expertos en temas polares.

Antártica

Getty
El nuevo mapa puede dar pistas sobre cómo se podrían comportar los glaciares con el calentamiento global.

Por ejemplo, a lo largo de las Montañas Transantárticas hay una serie de glaciares que atraviesan la meseta oriental del continente y se alimentan del Mar de Ross.

Los nuevos datos muestran que debajo de estos glaciares se encuentra una cresta.

Esto será importante si en un futuro el calentamiento desestabiliza la plataforma flotante de hielo que actualmente se encuentra en la parte superior del Mar de Ross. Normalmente se espera que la eliminación de esta plataforma acelere el flujo hacia los glaciares.

Así, la cresta funciona como un estabilizador que protege el hielo que fluye a través de las montañas Transantárticas.

“Si algo le sucede a la plataforma de hielo marino de Ross, en este momento está bien, pero si algo sucede, lo más probable es que no provoque el colapso de la Antártica Oriental a través de estas ‘puertas’.

Si la Antártica Oriental está amenazada, no es por el mar de Ross“, dice Morlighem.

Byrd Glacier

NASA/USGS/Landsat
Las montañanas Transantárticas está atravesadas por una cresta de hielo.

En contraste con la situación estable en las montañas Transantárticas, el mapa muestra que hay pocos impedimentos para un rápido retrocesodel glaciar Thwaites, que tiene el tamaño de Reino Unido, aproximadamente.

A los científicos les preocupa esto porque este glaciar se asienta sobre una base que se inclina hacia la tierra, una geometría que tiende a favorecer la retirada.

El nuevo mapa revela solo dos crestas que podrían actuar como posibles frenos. Luego de sobrepasar estar crestas, el retroceso del glaciar que se derrite podría ser imparable.

El nuevo mapa se incluirá en modelos climáticos que intentan proyectar cómo podría evolucionar la Antártica a medida que las temperaturas en la Tierra aumenten.

Emma Smith, del Instituto Alfred Wegener de Alemania, utiliza esta analogía: “Imagine que vierte un montón de melaza en una superficie plana y observa cómo fluye hacia afuera. Luego vierta la misma melaza en una superficie con muchos grumos y hendiduras, pendientes y crestas: la forma en que se esparcirá la melaza será muy diferente. Ocurre exactamente lo mismo con el hielo de la Antártica”.


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