Los narcos son sentimentales y románticos
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Los narcos son sentimentales y románticos

Así los define el autor sinaloense Élmer Mendoza, quien desea que su obra trascienda “como una genialidad”, y no como narco-literatura o narco-poesía.
Por Manu Ureste
4 de noviembre, 2012
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El escritor Élmer Mendoza es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. //Foto: Cuartoscuro

Piiii, piiiiiii….

Así una, dos, tres, cuatro y hasta cinco veces. Momento en que, tras un breve suspiro, una voz sutil de mujer contesta con un escueto ¿diga? al otro lado del aparato y pregunta, fría y rigurosa como la mañana que apenas empieza a desperezarse sobre el cielo denso de la ciudad de México, si ya tenemos programada una cita para esta entrevista.

-Si, espere un momento. No cuelgue.

El sonido metálico del segundero orbitando alrededor de los minutos y las horas retumba en la inmensidad de este departamento estilo vintage con vistas a la Torre Mayor y al paseo de Reforma desde el que se hace la presente llamada.

Son poco más de las diez, marca la conjunción de las manecillas.

Al otro lado del teléfono, todavía nada.

Sólo el eco vacío de una llamada aún sin respuesta.

Tic-tac, tic-tac

Sobre la mesa, una taza de café acompaña el lento transcurrir del tiempo junto a una cajetilla de Benson & Hedges, un cenicero de latón colmado de colillas aplastadas, y una hoja de libreta repleta de direcciones garabateadas, algunas preguntas para esta entrevista y un nombre escrito en grandes letras mayúsculas: ÉLMER MENDOZA.

-Sí, ¿bueno?

'Nombre de perro', la última novela de Élmer Mendoza que acaba de llegar a las librerías mexicanas.

La voz suena lejana. Pero echando un vistazo a la fotografía en blanco y negro que acompaña a la reseña de Nombre de perro (Tusquets), la nueva entrega de la saga del detective El Zurdo Mendieta que acaba de llegar a las librerías tras La prueba del ácido y Balas de Plata, al otro lado de los doce dígitos con lada de Culiacán se puede adivinar el rostro de un hombre de tez morena, nariz contundente pero sin llegar a ser grotesca, barba grisácea que se extiende como una carrera de hormigas por la mandíbula, labio inferior y barbilla, pelo ensortijado más oscuro que blanco a pesar de sus 62 años, y unos lentes de montura ovalada a través de los cuales un par de ojos  oscuros, limpios y curiosos, observan al frente ligeramente entornados.

-¡Todo listo muchacho! Cuando quieras empezamos.

Clic.

Se activa el speaker.

Su forma de hablar, seca pero melodiosa -muy al estilo de su Culiacán natal-, confunde en un primer intercambio de palabras. Tanto, que cualquiera que platique con el escritor por primera vez se preguntará un par de veces antes de articular palabra si al otro lado del hilo está en realidad Élmer Mendoza, el catedrático de la Universidad Autónoma de Sinaloa, escritor miembro de la Real Academia Mexicana de la lengua, y autor de poemas, cuentos, crónicas y novelas, o uno de esos personajes que emergen del mundo del narcotráfico para irrumpir en las páginas de alguna de sus obras más exitosas como El amante de Janis Joplin, Cóbraselo caro, o Buenos Muchachos. Unos títulos, a partir de las cuales, parte de la crítica lo ha definido con términos como narcoescritornarcopoeta el escritor del narco; etiquetas que, explicará a continuación en esta entrevista con Animal Político, Mendoza ni acepta ni rechaza. Más bien parece que le aburren.

-¿No le molesta que lo definan con un prefijo tan inquietante como el de narco-tal o narco-cual? –la pregunta es a quemarropa, casi sin presentación de por medio-. Quiero decir, debido a que el tema del narcotráfico es un tema tan recurrente en su obra y…

Neh –interrumpe la exposición de la pregunta, seco.

-Pero… ¿no le incomoda al menos que definan así su obra?

N’hombre, pues imagínate –deja espacio para un silencio algo tenso-. Con todos los problemas que tiene el mundo y que yo me molestara por algo así. Soy una persona que se molesta por otro tipo de cosas.

-¿Por ejemplo?

-Por ejemplo me molesta la miseria de México y del mundo; el hecho de que estemos en manos de gandayas, que no haya respeto por las reglas, el sentido perdedor que todavía tienen muchos mexicanos… Eso, entre otras cosas.

-Cuando habla de gandayas, ¿se refiere a políticos o a esos narcotraficantes de sus novelas?

-Cuando digo gandayas me refiero a todos aquéllos que se aprovechan de puestos y de situaciones para dañar a personas o impedir el progreso del país. A eso me refiero.

-Volvamos a la relación entre el narcotráfico y la literatura –retomamos el hilo inicial de la conversación-. Hoy día, los quioscos y las librerías están repletos de libros, revistas, y periódicos con títulos y fotografías que hacen referencia a personajes como El Chapo Guzmán, El Mayo Zambada, o más recientemente El Lazca. En su opinión, ¿la llamada narcoliteratura, o el narcoperiodismo, es ya un género en sí mismo, o una moda fruto de la coyuntura que vive el país?

Mendoza respira hondo y se toma su tiempo.

-Creo que es una mezcla –contesta como quien exhala el humo de un cigarro tras una profunda bocanada-. Es una moda, sí. Pero entre los autores que están publicando sobre el tema, creo que sí tienen un trabajo detrás que se toman muy en serio. Es decir, más que pensar en el tema del narcotráfico en cuestión, están pensando en hacer una pieza literaria. Y opino que esa es la base. Porque la literatura puede tratar cualquier tema, siempre y cuando sea eso precisamente, literatura, y no simplemente un testimonio en una región y en un tiempo específico. Hay que tener en cuenta que la literatura tiene sus reglas y la mayoría tienen que ver con el lenguaje, con el ritmo, con estructuras y formas de contar las cosas, y no tanto con un tema determinado.

-Sí, pero parece claro que la llamada Guerra contra el narco fue el detonante de este ‘boom’ de publicaciones que, por cierto, se venden muy bien.

-Claro, es que es inevitable –apunta ahora sí presto-. Y es que, imagínate: en México tenemos 10 mil muertos por año, y son muertes que parece que no van a ser castigadas. Y esto… impacta hasta al más frío. Y claro que eso cada quien lo manifiesta en lo que hace; incluso en quienes no se dedican a ningún arte te vas a encontrar que el narcotráfico siempre es algo que está presente en las conversaciones. Tú no platicas más de diez o quince minutos con un amigo sin que aparezca por ahí algo que tenga que ver con la violencia, porque se trata de un estado emocional que México está viviendo, y los escritores siempre están a la caza de esos estados emocionales. ¡Y no sólo los escritores! Ahí tienes también a los músicos, los cineastas, los artistas plásticos… Todo el mundo está impactado por lo que ocurre en México y lo está expresando de alguna manera.

-Uno de los lugares que tradicionalmente han estado más afectados por el narcotráfico en México es, precisamente, Culiacán. Viviendo en esta ciudad… ¿es imposible no escribir sobre el narcotráfico y todo lo que lo rodea?

-No, no… tanto como eso no –rechaza con un tono desenfadado-. En Culiacán tenemos 60 o 70 años viviendo con esto, y de alguna manera mi generación ya está acostumbrada a la presencia de los narcos, a sus formas de operar, a su disposición de los enemigos… Es algo que ya no nos afecta. Por eso en Culiacán hay escritores de todo tipo: de intrigas, amorosos, históricos, y hasta de los que nos atrevemos a tratar el tema de la violencia.

“Entendería que a un autor, como a mí mismo, de pronto se nos escapara unas líneas de admiración por estos tipos, quizá contrariando que más bien deberíamos hacer apología del Estado, pero lo cierto es que este Estado no da razones para admirarlo”

-No falta quienes consideran que escribir sobre el narco y todo lo que lo rodea –esa narcocultura que retrata el estilo de vida ostentoso de dinero, poder y corridos sobre matanzas-, es una forma de hacer apología de la violencia. ¿Usted qué opina?

Mmmm… No estoy muy seguro de que sea apología –contesta midiendo muy bien su respuesta tras un titubeo prolongado-. Al menos lo que yo hago tiene que ver más con señalar los niveles de corrupción que hay en México. Porque si hay una violencia tan exacerbada en el país se debe a que está sucediendo algo que no es natural. No obstante, los niveles de apología no siempre se pueden evitar; existe como una mínima admiración por esos tipos que se han atrevido a controlar el Estado y que han hecho que les declaren una guerra en la que hay muchos muertos, y han involucrado a un montón de jóvenes ‘ninis’ a los que están dando salida, aunque les cueste la vida. Pero igual esto no es algo nuevo: la sociedad mexicana viene arrastrando desde siempre niveles de corrupción muy altos.

Tras la contestación, el narrador sinaloense hace una pausa y antes de que se le vuelva a preguntar añade a lo expuesto:

-Pero yo entendería que a un autor, como a mí mismo, de pronto se nos escapara unas líneas de admiración por estos tipos, quizá un poco contrariando que más bien deberíamos hacer apología del Estado, pero lo cierto es que este Estado no da razones para admirarlo o hablar bien de él.

“Los niveles de apología no siempre se pueden evitar; existe como una mínima admiración por esos tipos que se han atrevido a controlar el Estado y que han hecho que les declaren una guerra”

-Máxime cuando van más de 60 mil muertos como resultado del enfrentamiento entre esos tipos de los que usted habla y el Estado, ¿no?

-Sí, sí. La situación se ha salido de control… O bueno, la sacaron del control –ríe, enigmático-. Y pues ahí están las consecuencias.

-¿Qué cree que va a pasar con el nuevo gobierno?

-Tengo fe en el general Naranjo por el trabajo que ha hecho en Colombia; creo que es una invitación acertada. Aunque no me gusta que en aquel país se robusteció muchísimo el mercado interno de droga. Es decir –traga saliva y se explica- si hace unos 10 años los adictos tenían problema para conseguir una línea, ahora parece que la venden hasta en los supermercados. En México tendrán que cuidar mucho esto, porque saldría muy caro que además de la gran cantidad de adictos que tenemos se incremente aún más la cifra. Deben hacer un análisis muy serio, e insisto en la idea de que deben reunir a los expertos, a los sociólogos, a los juristas, a los militares, a los policías especializados… Que converjan para crear un plan que igual no será rápido, ya que se ha descompuesto mucho el asunto, pero que termine por resolverlo. Porque una solución militar, que es lo que hizo este gobierno, no va a funcionar.

“Tengo fe en el general Naranjo por el trabajo que ha hecho en Colombia; creo que es una invitación acertada”

-Pongámonos optimistas. Si mañana el problema del narco desapareciera de México… ¿se agotaría la fuente de inspiración para muchos escritores?

-No, yo creo que más bien se limpiaría el ambiente de libros oportunistas. Porque la delincuencia está llena de historias: no me alcanzaría la vida para escribir todas las que conozco, que son bastante fuertes e interesantísimas. Hay muchísimo material para trabajar.

-Hablemos de su obra. En novelas como El amante de Janis Joplin leemos cómo el personaje principal se mueve permanentemente entre la violencia del narco y el humor, la inocencia, la ternura, e incluso el amor. ¿Estos ingredientes tienen cabida en un mundo de salvajes como es el del tráfico de drogas?

-Absolutamente –afirma rotundo-. Los narcos, por lo menos los registros que yo tengo, son hombres sentimentales, muy religiosos y que tienen un fuerte sentimiento de querer recuperar a los hijos para que ellos sí estudien; se trata de personas que son bastante románticas.

“Los narcos son hombres sentimentales, religiosos y románticos”

Elmer Mendoza, durante el fin de temporada de la obra teatral, "El Narco Negocia con Dios" realizado en el foro Shakespeare. //Foto: Cuartoscuro

-Novelas como La Reina del Sur giran en torno a la vida y obra de grandes capos de la droga. ¿No le gustaría escribir una novela con un personaje como Teresa Mendoza como protagonista?

-Sí hombre, cómo no –afirma con ese deje de Culiacán tan pronunciado-. Son personajes intensísimos, pero sería un trabajo descomunal crear un personaje tan interesante y original después de Vito Corleone o de la propia Teresa Mendoza de Arturo Pérez Reverte. Además, estando ahí estas dos obras maestras lo mejor es dejarlas que sobrevivan por los siglos –ríe-.

“Pérez-Reverte ha sido muy importante para ganar lectores en España y sobre todo para ganar respeto; somos hermanos”

-Hablando de Arturo Pérez-Reverte… además de llamarle “maestro” cada vez que tiene oportunidad, le dedicó unas palabras en La Reina del Sur. ¿Cómo es su relación con el escritor español?

-Mi relación con Pérez Reverte es de amistad fraternal, somos hermanos. Y es una amistad real, ¿eh? –enfatiza-. Arturo ha sido muy importante para mí, para ganar lectores en España y sobre todo para ganar respeto. Él ha conseguido que haya mucha gente que se interese por mi obra, y eso sólo lo hace un hermano. Para mí es un tipo honesto, que no teme a nada. Sabe que su obra es insustituible y puede darse el lujo de ayudar a los amigos.

-Al igual que su amigo, usted es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. ¿Es usted tan apasionado como Pérez-Reverte a la hora de escribir artículos en defensa del correcto uso de la lengua española?

-Bueno, es inevitable la polémica, pero creo que es algo positivo, porque hay una preocupación, una curiosidad de la gente por asuntos relacionados con el lenguaje. Nunca había encontrado a tanta gente que me pregunte tanto sobre la lengua. Y ahí estamos: tratando de aclararnos a nosotros mismos y de ayudar a la gente a tener un concepto del idioma que hablamos.

-Probablemente, en el imaginario de muchos la figura de un académico es la de un docente muy estricto y erudito. En cambio, los personajes de sus novelas hablan con el lenguaje de la calle. ¿Cómo se consigue este dominio de la lengua de los bajos fondos sin caer en lo vulgar?

-Hay que tener buen oído –comienza a enumerar-, paciencia para escuchar el idioma de la calle, practicarlo, y después llevarlo al discurso literario muy cuidadosamente. Es decir, hay que invertir todo el tiempo que esta tarea requiera, porque no es nada fácil. Es complicadísimo. A mí por lo menos me cuesta mucho hacer esa mezcla lingüística. No obstante, no temo los riesgos literarios. Lo que temo es que literariamente no pueda conseguir el efecto que pretendo con una novela. Y ese efecto está más allá del significante de los vocablos o incluso la representatividad cultural, porque al final el lenguaje es la vía por la que toda una cultura se expone ante todos, y ese es un aspecto que siempre pongo por delante con mis editores en lengua española y en otros idiomas.

“¿Cómo dominar el lenguaje del barrio? Para mí no hay problema. Yo soy raza: me tocó pandilla, esquina, heridas, navajazos…”

-¿Dominar esa lengua con la que platica el barrio implica bajar a los bajos fondos de la ciudad?

-Para mí eso no es problema, porque yo de ahí vengo –se carcajea-. Yo soy raza: me tocó pandilla, esquina, heridas, navajazos y todas esas cosas de los años 60. Entonces, al contrario, para mí es divertido: es la recuperación de una parte de la memoria de mi ciudad. Aunque ese mismo placer de recordar también puede obstruir que construyas un auténtico discurso literario.

-Pero, pongamos por ejemplo un escritor primerizo que quiere escribir una novela sobre una temática urbana. ¿Sería imprescindible que saliera a las calles de Culiacán, por ejemplo?

-Yo le aconsejaría que no se preocupe tanto de inmiscuirse en los bajos mundos de este fenómeno. Más bien primero deben acudir a lo que fue su aprendizaje dentro de su lengua materna, a lo que aprendieron en su casa, en las escuelas, en el barrio… Porque ahí existen expresiones que hay que crearles el valor correspondiente para que tengan un peso dentro de la literatura.

-¿Cómo ve el panorama actual de escritores jóvenes que han publicado obras con el narcotráfico como eje central?

-Los jóvenes con los que he tenido contacto se me hacen muy buenos, con una obra muy interesante. Puedo mencionarte a Alejandro Almazán, por ejemplo.

“Quiero que mi obra trascienda como una genialidad”

-¿Esos jóvenes escritores son los herederos de Élmer Mendoza?

-Pues ojalá, ¿no? –ríe-. Ojalá y tenga algo que dejar…

-¿Le preocupa eso? ¿Dejar algo que trascienda?

-Sí, sí, claro que me preocupa –contesta de nuevo muy serio-. Si no tuviera una ambición de lograr algo imposible, qué razón tendría para ponerme a escribir a las cinco de la mañana y estar todo el día con esto.

-¿Cómo le gustaría que trascendiera su obra?

Mendoza aspira aire y tras un mmmm de varios segundos suelta a bocajarro:

-Como una genialidad.

-¿Así de claro? –se le pregunta de nuevo para tratar de profundizar en el tema. Sin embargo, el escritor considera que la respuesta es lo bastante contundente para tan solo añadir una carcajada al otro lado del hilo telefónico.

-Dígame, ¿le duele la crítica?

-Ehhh… No, no mucho. Pero las críticas adversas tienen una virtud: son como tableros de advertencia y yo las leo con mucho cuidado. Si mi obra ha mejorado se lo debo tanto a mis críticos que han escrito a favor, pero también a los que lo han hecho en un sentido contrario.

“Las críticas adversas tienen una virtud: son como tableros de advertencia y yo las leo con mucho cuidado”

-¿Ni siquiera cuando esos críticos han escrito muy en contra?

-No, yo estoy alerta, pero como te digo no me duelen. Hay algunas críticas que enseguida notas la buena intención, y hay otras que no, que simplemente son para, como dicen por aquí, joder al vecino.

-Terminemos por el inicio. Usted publicó su primera novela con cincuenta años de edad. ¿Por qué se tardó tanto?

– Porque, a pesar de que ya había escrito varias novelas, aún no había conseguido lo que yo quería, y lo que quería era contar historias combinando códigos lingüísticos. Cuando lo descubrí, sentí que ya tenía un problema resuelto y las cuatro o cinco novelas que destruí fueron las que me mostraron el camino para llegar hasta mi primera publicación: Un asesino solitario. Por eso tardé mucho, y porque empecé a escribir cuentos, crónicas, teatro, y también porque no tenía editor –suelta otra carcajada-. Lo cierto es que la literatura es un mundo complicado, bastante complicado.

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8 claves para pasar con éxito en una entrevista de trabajo por videollamada

A la hora de enfrentarte a una entrevista de trabajo por Zoom, Skype o FaceTime, hay algunos pasos a seguir que debes tener en cuenta.
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4 de agosto, 2020
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Cada vez son más las entrevistas de trabajo que se realizan por videollamada, ya sea vía Zoom, Skype o FaceTime.

En este nuevo sistema -que el coronavirus ha normalizado- el estrés de los candidatos y la falta de preparación puede jugar malas pasadas.

¿Qué hacer para lograr que una entrevista de este tipo sea exitosa?

El preparador laboral Dominic Joyce compartió con la BBC ocho claves para que des lo mejor de ti en tu próxima videoentrevista.

1. Tu nombre de usuario

“Es lo primero que debes tener en cuenta”, dice Joyce. Estamos hablando del nombre que aparece ligado a tu perfil de Zoom o de cualquier otra herramienta de videollamada.

“Asegúrate de que se ve profesional porque no sabes quién va a ser tu audiencia”, destaca el instructor laboral.

Por ejemplo, fíjate que no tengas ningún apodo ni nombre informal; pon simplemente tu nombre y apellido.++

2. Batería llena

“Comprueba que todos tus dispositivos -laptop, computadora, celular- tienen la batería totalmente cargada y de que están enchufados a la corriente para garantizar que no te quedas sin conexión en mitad de la entrevista”, explica Joyce.

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Ten en cuenta los detalles: tu vestimenta, el fondo que se percibe, el ángulo de la cámara…

3. Inicio de sesión

“Asegúrate de que te proporcionan los detalles correctos para iniciar sesión ”, dice el especialista.

Joyce también aconseja conectarte antes de tiempo para comprobar que el sistema funciona.

“No hay nada peor que llegar tarde para una primera mala impresión”.

4. El ángulo correcto

Otro consejo importante tiene que ver con cómo colocas tu cámara: su ángulo debe ser el “correcto”, dice Joyce.

Básicamente, no debe parecer que tu imagen aparece tomada desde abajo o desde arriba.

“Fíjate en que el ángulo está al nivel de tus ojos y de que el fondo se ve limpio y ordenado”.

5. Lenguaje corporal

“Actúa de la misma manera en que lo harías cara a cara”, recomienda el preparador laboral.

Para ello, recomienda que te coloques bien en la silla, con una postura recta, que hagas contacto visual y que gesticules con las manos para mostrar interés y que estás escuchando activamente.

6. Tecnología

“En cuanto a la tecnología a tu alrededor, asegúrate de apagar tu televisor y altavoces inteligentes, como Alexa”.

“Hace poco hicimos una entrevista con un candidato cuyo Alexa comenzó a recitar la lista de la compra”, recuerda Joyce.

“Es cómico, pero nada profesional”.

joven en videollamada

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Otro dato importante: asegúrate de que la tecnología funciona.

7. Vestimenta

Otro aspecto clave en una entrevista de trabajo por videollamada es la vestimenta.

“Debes vestir de manera apropiada para la ocasión”, señala Joyce.

“Las primeras impresiones cuentan y no quieres que te vean en camiseta y pantalón de estar por casa”.

8. Notas

“Por último, si tomas notas -porque tienes que estar bien preparado- asegúrate de que las escribes en hojas de ‘post-it’ y las colocas a la altura de tus ojos sobre la pantalla de la computadora”, dice Joyce.

“Es mejor eso, y no que estés mirando todo el tiempo hacia abajo en tu cuaderno de notas”.

* Productores BBC News: Dougal Shaw, Ameer Khan y Lora Jones.


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https://www.youtube.com/watch?v=WvEx-abn6yM

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