Macanudo #1, historietas contra el caos
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Macanudo #1, historietas contra el caos

Por Moisés Castillo
10 de noviembre, 2012
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En diciembre de 2001 Argentina recibió un nocaut: se impuso el “corralito” y nadie podía disponer de sus ahorros bancarios. El entonces gobierno de Fernando de la Rúa impulsó una ley para evitar la fuga de capitales del sistema bancario y quedaron “atrapados” 66 mil millones de dólares. Como sucede en estos casos, los inversionistas-empresarios estaban bien informados y sacaron del país sudamericano casi 15 mil millones de dólares. En Buenos Aires y en otras provincias la consigna era unánime “¡que se vayan todos!”.

En ese año comenzó la peor crisis económica y política de Argentina. Apareció una tempestad social que hundió a cinco presidentes en tan sólo dos semanas: Fernando de la Rúa, Ramón Puerta, Eduardo Camaño, Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde. El caos era evidente en las calles y en el ánimo de las personas. Y Ricardo Liniers Siri comenzaba a publicar sus historietas, a contracorriente del pesimismo social, en el diario La Nación. Es decir, sus historias mínimas contenían un humor blanco e inocente. En esos momentos ser “macanudo” –positivo, simpático- era raro y casi un pecado mortal.

Para el monero Liniers, a pesar de que miles de familias perdieron su dinero, la gente buena seguía en el país. Le parecía falsa esa sensación de que todo había terminado tan de repente. Así que captó como nadie los detalles de la vida cotidiana y los trasladó a sus tiras diarias con personajes entrañables como Enriqueta y su oso Madariaga, Z 25-el robot sensible, El hombre que traduce los nombres de las películas, Gente que anda por ahí, Los pingüinos, El misterioso hombre de negro, entre otros.

Liniers se autodefine como un periodista de lo “chiquito”. No le interesan las cosas globales o si bajaron las acciones de las empresas del hombre más rico del mundo, sino una idea verdadera que le genere simpatía como una partida de ajedrez, las relaciones imposibles entre parejas, peleas entre perros y gatos, charlas entre amigos, los juegos entre el dueño y su perro, o lo peligroso de ducharse en una casa ajena.

Todo mundo piensa que Liniers es su alias pero, en realidad, es su segundo nombre. Coincide que así se llama un barrio de Buenos Aires y decidió firmar sus cartones de esa manera en vez de Ricardo Siri que, según el hincha de Boca Juniors, no es la gran cosa. A sus 28 años ingresó a las páginas del diario conservador La Nación, gracias a la historietista Maitena que define su obra como una “alegría melancólica en las antípodas de la felicidad idiota. Liniers dibuja un mundo duro con absoluta delicadeza. Su trabajo es lindo y divertido”.

-Este es tu primer libro editado en México, ¿cómo fue el acercamiento con Sexto Piso?

Es lindísima la edición, estoy feliz. Fue un contacto gradual: primero vino uno de los editores a Buenos Aires, llamó por teléfono, charlamos y se llevó algunos libros. Moría por una edición en México, ya había venido acá a los 18 años con unos amigos y siempre me quedó en la cabeza de volver. Me encanta la cultura y la comida mexicana. En casa le ponemos picante a todo para que parezca. Mis libros estaban en Brasil, Francia, Italia, República Checa pero no había salido en México. Y ahora se dio la gira con Kevin Johansen –cantautor argentino- y al mismo tiempo la Galería Vértigo me invitó a hacer una muestra. La editorial se entusiasmó para sacar el libro, así que se generó una especie de Perestroika y vine a hacer todo lo que sé: recitales, pintar, dibujar y presentar el libro. Me abrieron las puertas. Lo lindo de Macanudo #1 es que habrá más números hasta el #9. Por lo menos tendré ocho excusas más para volver.

-¿Cómo definiste los matices de humor de tus personajes?

Lo que quería en este libro es que fuera un espacio muy libre. No deseaba casarme con un registro de humor como otros caricaturistas, un solo personaje y crear historias alrededor de él. Cuando hice Macanudo sabía que no iba a crear un solo personaje y, lo más importante, evitar un registro único de humor. Procuré que hubiera humor absurdo, surrealista, negro, humor político. Lo que a mí se me plazca, pero para que no me pasara esta sensación de sentirme encerrado. Y fueron apareciendo los personajes. Enriqueta es un personaje clásico. Calvin, Mafalda y Charlie Brown son los arquetipos de humor historieta y que me encantan. Entonces dije “cuál es mi personaje de esos, investigo y hago memoria de cómo era de chico”. Así salió Enriqueta. El misterioso hombre de negro es un absurdo total, es como cuando no se me ocurre un remate para un chiste. Hay pingüinos que son muy divertidos de dibujar, son como el Chaplin de la fauna, son fáciles de hacerlos graciosos. Hay duendes para hacer un humor más delirante. Voy encontrando personajes para tirar líneas nuevas de humor.

-Como el robot sensible…

Creo que soy la víctima de mis propios chistes. Por ejemplo, estoy viendo una película, me conmueve y lloras. Es divertido reírse de uno mismo, de esas situaciones. Porque nos pasa a todos. Los hombres dirán “yo nunca”, pero lo hacen. Con el robot sensible me burlo de mí mismo.

-¿Cuáles son los retos de hacer una tira diaria?

Hay una frase de Schulz –creador de Charlie Brown- que dice que hacer una historieta diaria es hacer todos los días lo mismo y no repetirse. Y hay un poco de eso. Tengo que estar todos los días con una idea distinta, en el humor si no hay sorpresa nada funciona. Es muy difícil hacer humor, si te cuento un chiste y ya sabes cómo termina dirás “ah, sí ya sabía”. Tiene que haber sorpresa dentro de la historieta. Por otro lado, nunca subestimo al público. Hay mucho en Macanudo que está abierto a la interpretación del lector. Si veo que la idea es linda, pero no  encuentro un chiste notable, mejor que quede esa idea linda y que la gente se divierta y la interprete como quiera.

-Diseñaste la tapa de un disco de Kevin Johansen y Andrés Calamaro, ¿cuáles son las diferencias entre hacer una tira y la portada de un álbum? 

Cuando hago proyectos paralelos a Macanudo lo que no quiero hacer es más de lo mismo. Cuando pinto es muy diferente a lo que hago con las historietas, que es un trabajo más racional donde vas contando una idea, una historia. En cambio cuando pinto es como una cosa más intuitiva, voy manchando y la mancha me lleva a otra cosa. Desde que comienzo a pintar no sé hacia donde voy a terminar, en cambio con la historieta sí. Con la tapa de los discos trabajo un poco así, pongo la música y escucho el disco. Por ejemplo, la tapa de Kevin estuve con él a la hora de grabar y veía que era muy meticuloso, sacaba ruiditos. Y la portada de ese disco (Logo, 2007) la hice con muchas rayitas, como muy obsesivamente. La de Calamaro (La lengua popular 2007) es de un estilo muy diferente a la de Kevin: más guitarras, una cosa más rockera. Usé pintura acrílica, más exagerado, hay cabezas sueltas. La portada te crea una cierta atmósfera.

-De esta compilación 2002-2003 de Macanudo #1, ¿cuál es tu historieta favorita?

Cuando llegué a La Nación fui haciendo sobre la marcha experimentos. Dibujaba pingüinos en una historieta anterior –Bonjour, Página/12- , El hombre que traduce las películas. Se me ocurriría a veces hacer cosas de los Simpsons “no debo malgastar mi tiempo”. Ya ves, los músicos también hacen covers, yo también hago los míos. Y de repente aparecieron personajes como Enriqueta, que se volvieron recurrentes.

Mafalda, Aragonés y censura

Macanudo es una tira que por personajes emblemáticos como la pequeña Enriqueta, ha sido considerada como la “Mafalda” de las nuevas generaciones. A Liniers le parece un halago increíble porque es como si tocara tres notas y dijeran que es el nuevo Lennon. Pero para él esa creación de Quino significa el gol de Maradona a los ingleses en el mundial de 1986, el Guernica. Es decir, es uno de los momentos más grandiosos e irrepetibles de la cultura. La gran diferencia entre esas niñas es que Enriqueta es el recuerdo de su infancia: un chico tímido y solitario.

Mientras su hermana bailaba y cantaba, él prefería leer historietas como Tintín, Mafalda, Snoopy, Calvin y Hobbes, Asterix y la MAD, que fue fundamental para que siguiera la ruta de hacer cartones. Su padre le compraba la revista gringa para inculcarle el inglés, pero descubrió al dibujante Sergio Aragonés -legendario por contar pequeños chistes en los márgenes de la revista gringa- y fue toda una experiencia fantástica.

“Aragonés era como un Dios. Era increíble porque sus dibujos eran mudos, el humor mudo es el más difícil de hacer, por eso Chaplin fue un genio. Sólo con imágenes contaba la historia. La cantidad de chistes que metía era irreal. Recuerdo una tapa de la cara de Alfred Neuman con dibujitos y chistecitos de Aragonés. Desde los 11 años era obsesión pura”.

Asegura que nunca le han censurado un cartón, porque sabe que publica en una publicación conservadora y tiene que cuidar las formas de su lenguaje escrito y visual. Alguna vez quiso hacer un chiste de un hombre visco, pero le dijeron que no por respeto a los lectores. Sin embargo, a lo largo de una década sus editores han respetado su labor, jamás le han dado “línea” de cómo armar sus cartones. Desde 2002 publica diariamente Macanudo, que se ha convertido en la más popular de Argentina, de varios países latinoamericanos y europeos.

Dice que antes no se podían hacer historietas por cuestiones políticas o económicas, pero ahora cualquiera puede hacer cartones sobre Gaza o el ADN. Hay un “momento de oro” editorial y creativo. Por eso, Liniers sigue levantándose temprano; de la cama al restirador, dibuja un boceto, después desayuna y regresa a terminar la historia. Esas son las ventajas de trabajar en casa y encontrar la mayor fuente de inspiración en sus dos pequeñas: Matilda y Clementina.

Hasta el día de hoy sigue la máxima de uno de sus ídolos, el dibujante estadounidense Bill Watterson: “la sorpresa es la esencia del humor. Así que al hacer una tira diaria, el desafío es sorprenderse a uno mismo”.

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Coronavirus: los países de América Latina cuyas economías tardarán más en recuperarse de la pandemia

América Latina será la región más golpeada del mundo, pero algunos países están más preparados que otros. Los analistas apuntan a los más endeudados como los que más tardarán en reponerse del golpe del virus.
13 de octubre, 2020
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Mujer esperando

EPA
No todos los países tendrán que esperar lo mismo para recuperar su nivel de PIB.

Todos los informes económicos que publican los organismos internacionales repiten la advertencia: América Latina será la región más golpeada por la pandemia de coronavirus.

Para la Comisión Económica de América Latina y el Caribe (Cepal) se trata de la mayor crisis económica en un siglo para la región.

Pese a que empieza a detectar señales positivas inesperadas, el Banco Mundial calculó que el Producto Interno Bruto del área caerá un 7,9% en 2020, un desplome sin precedentes en la historia reciente.

Pero Abhijit Surya, analista especializado en América Latina de la Unidad de Inteligencia Económica de “The Economist” advierte: “Hay países que se van recuperar muy rápidamente, como Chile o Uruguay, y otros que tienen muchos problemas que no lograrán superar hasta probablemente 2023 ó 2024″.

En realidad, determinar cuándo un país se ha recuperado de una crisis no es sencillo y los economistas tienen diferentes ideas sobre cuáles son los indicadores que hay que observar para ello.

Uno de los que más a menudo se utilizan es el Producto Interno Bruto, el valor total de los bienes y servicios producidos en un país en un periodo determinado.

Pese a las dudas que genera sobre el comportamiento de la economía el virus, para el que aún no hay disponible una vacuna efectiva, se espera que el PIB de la mayoría de los países latinoamericanos vuelva a crecer ya en 2021.

Pero el PIB regional no recuperará los niveles previos a la pandemia al menos hasta 2023.

En algunos países esa ardua senda hacia la recuperación de la riqueza perdida podría ser aún más larga.

Surya indica que “a los países que puedan mantener por más tiempo los estímulos a la economía les irá mejor en la fase de recuperación”.

Deuda fiscal en América Latina. (como % del PIB). .

Como sucedió en otros lugares, cuando el coronavirus golpeó a los países de la región, los gobiernos que pudieron permitírselo comenzaron a adoptar medidas para apoyar a la economía, desde las ayudas directas a las familias puestas en marcha en Brasil por el presidente Jair Bolsonaro, hasta los programas de compra de deuda pública adoptados por los bancos centrales de Chile y Colombia.

El objetivo era apoyar el crecimiento y la actividad en un momento en el que el virus los deprimía sin piedad.

Pero la persistencia de la pandemia obligará a los países a mantener este esfuerzo extra y nadie sabe por cuánto tiempo.

En palabras de Martín Rama, economista jefe para la región del Banco Mundial: “Cuando empezó la pandemia se aplicaron estímulos como si se tratara de un esprint; ahora vemos que va a ser más bien una maratón”.

¿Quiénes son los peor equipados para una carrera de fondo de estas características?

Los economistas lo tienen claro. A mayor endeudamiento, mayor riesgo. Cuanto mayor sea la deuda de un país, menor margen tendrá para seguir apoyando a sus empresas y ciudadanos.

Estos son los países con el pronóstico más oscuro en la América Latina pandémica.

Argentina

Con una de las cuarentenas más largas y estrictas de la región, la de argentina es una de las economías que más ha sufrido y el Banco Mundial estima que el país cerrará 2020 con un 12,3% menos en su PIB y casi el doble de pobres que a comienzos de año.

El gobierno de Alberto Fernández aplicó medidas de estímulo por valor del 3,5% del PIB, pero Argentina, agobiada por problemas de solvencia desde hace décadas no puede mantener ese esfuerzo indefinidamente.

Buenos Aires.

Reuters
La economía argentina sigue lastrada por su alto endeudamiento.

Surya señala que “en algún momento las van a tener que retirar porque no es sostenible fiscalmente”.

Fernández logró un respiro a comienzos de año cuando acordó con los acreedores una reestructuración de más de US$66.000 millones de la deuda vencida.

William Jackson, analista de la consultora británica Capital Economics le dijo a BBC Mundo que “el gobierno actuó rápido en la reestructuración de la deuda, pero en realidad lo que hizo fue aplazar un problema que va volver a plantearse a mediados de la década”.

Alberto Ramos, investigador para América Latina de la firma Goldman Sachs tampoco es optimista. “Argentina tiene mucha dificultad e incertidumbre, pese a la reestructuración, porque tiene un gran déficit fiscal que se está monetizando y esto está generando mucha presión cambiaria”.

Esta dinámica amenaza con agravar la espiral de la inflación, aumento de los precios, en la que la economía argentina lleva años atrapada, un lastre para el crecimiento.

A todo ello se suman los controles cambiarios y de precios que entorpecen la actividad económica y que, a juicio de los analistas, disuaden a potenciales inversores.

El Banco Mundial cree que el PIB de Argentina no recuperará su nivel anterior a la pandemia antes de 2023.

Ecuador

Ecuador también acordó recientemente una reestructuración de su deuda, que alcanza ya el 68,9% de su PIB. Un obstáculo demasiado grande para hacer el esfuerzo fiscal que requiere la situación actual.

Con un déficit fiscal que se ha disparado hasta el 8,9% este año, Ecuador se enfrenta al más difícil reto de aumentar sus ingresos fiscales sin ahogar aún más su ya golpeada economía.

“Podríamos ver un retorno a la austeridad cuando la economía aún está sufriendo”, indica Jackson.

Mujer en Ecuador.

Reuters
Ecuador ha sido muy afectado por el virus y su economía se resentirá.

Los analistas del Banco Mundial señalan que la economía ecuatoriana necesita “reformas estructurales”, pero cuando en octubre de 2019 el presidente Lenín Moreno intentó aumentar los impuestos al combustible para así incrementar los ingresos del Estado se encontró con masivas protestas que le obligaron a rectificar.

Ramos advierte que “el clima de tensión política se mantiene en el país y podría afectar al crecimiento”.

Ecuador es otro de los candidatos a no recuperar su PIB de 2019 al menos hasta 2023.

México

La recuperación será también probablemente mas lenta en México.

Al contrario que a Argentina o a Ecuador, su lastre no será la deuda.

El presidente Andrés Manuel López Obrador llegó al poder con la promesa de sanear las cuentas públicas y reducir el déficit público, y la pandemia no parece haberlo desviado de su objetivo.

“En circunstancias normales eso está bien, pero en este momento necesitas más gasto público”, dice Surya.

AMLO

Reuters
El presidente de México prioriza frenar el déficit y muchos economistas que creen que no es el momento de eso.

El gobierno mexicano ha sido uno de los más reacios a aplicar medidas de apoyo a la economía, lo que probablemente explique en parte que el PIB mexicano vaya a reducirse en torno a un 10% en 2020.

La caída del turismo, clave para México, también ha golpeado la economía, y lo peor es que los expertos coinciden en que ese será uno de los últimos sectores en recuperarse.

El descenso de los precios del petróleo tampoco ayuda a México, que, paradójicamente, podría estar también ante su gran oportunidad.

Los problemas en el transporte y el peligro potencial de restricciones aduaneras han llevado a “una tendencia global a acercar las cadenas de suministro a los mercados, y México está muy cerca del gran mercado que es Estados Unidos”, afirma Surta.

Pero, según señala Ramos, de Goldman Sachs, el gobierno de López Obrador, “no ha creado el ambiente más favorable a los negocios”.

Venezuela

Sin cifras oficiales desde hace años, el Banco Mundial no incluye a Venezuela en sus análisis, pero según apunta Jackson, de Capital Economics, en un contexto de precios del petróleo bajos “las cosas no harán sino empeorar en un país que ya era una tragedia antes de la pandemia”.

La Unidad de Inteligencia Económica de The Economist” cree que el país perderá este año cerca de un 30% de su PIB en 2020, con lo que desde que Nicolás Maduro llegó al poder acumulará una caída cercana al 70%.

El gobierno venezolano culpa a las sanciones de Estados Unidos de sus problemas económicos, mientras que la mayoría de observadores los achacan a la mala política económica del gobierno y a graves problemas estructurales de la economía venezolana.

Ningún informe pronostica cuándo el PIB de Venezuela dejará de caer y tampoco cuándo recuperará su nivel de 2019.

Según la ONU, un tercio de los venezolanos no recibe comida suficiente y millones de ellos han abandonado su país en los últimos años.


Datos positivos inesperados

Pese al sombrío panorama general, el último informe del Banco Mundial detectó algunos datos positivos inesperados para América Latina.

El comercio mundial está volviendo a niveles prepandemia, lo que favorece a los países de la regiónque dependen de las exportaciones de materias primas, cuyo precio en los mercados internacionales se ha mantenido, quizá favorecido por la recuperación vigorosa de la demanda de China.

También se ha mantenido el volumen de remesas. Pese a un pronunciado descenso inicial, los migrantes latinoamericanos siguen enviando dinero que ha ayudado a sostenerse a muchos en sus países de origen.

También han sido más “robustos” de lo esperado las medidas de estímulo aplicadas por gobiernos y bancos centrales.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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