Planean clonar especies amenazadas en Brasil
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Planean clonar especies amenazadas en Brasil

El jaguar y el aguará guazú, algunos de los candidatos en este esfuerzo complementario de conservación de bosques, ríos y reservas.
Por Paula Adamo Idoeta BBC Sao Paulo
16 de noviembre, 2012
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Embrapa, la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria, vinculada al Ministerio de Agricultura del país, planea clonar especies en peligro de extinción en Brasil, como el jaguar (Panthera onca).

Otras especies consideradas son el aguará guazú (del guaraní para zorro grande), conocido localmente como lobo-guará (Chrysocyonbrachyurus) y el cérvido denominado guazú virá, llamado “veado catingueiro” (Mazama gouazoubira).

El proyecto aún depende de la aprobación del departamento jurídico de Emprapa y no tiene un plazo concreto de ejecución, pero si tuviera éxito sería el primer caso de clonación de un animal silvestre en el país.

La iniciativa es impulsada en colaboración con el Jardín Zoológico de Brasilia, que será el destino final de los animales clonados.

“Hace dos años recolectamos material genético de animales muertos en la región del Cerrado, fallecidos en zoológicos o víctimas, por ejemplo, de accidentes en carreteras”, le dijo a la BBC el investigador de Embrapa Carlos Frederico Martins. El Cerrado es la vasta región de sabana tropical de Brasil, con una extensión aproximada de dos millones de km cuadrados.

“Ahora surgió la idea de recolectar material no sólo en el Cerrado sino en otros biomas y también de animales vivos y faunas exóticas, para inseminación artificial y clonación”.

Una de las técnicas que serán usadas es similar a la aplicada en el caso de la oveja Dolly, el primer mamífero clonado partir de una célula adulta por científicos en Escocia.

“Es la técnica de transferencia de núcleos. Retiramos el núcleo del ovocito (célula que da origen al óvulo) y lo sustituimos por el de la célula del individuo que será clonado, del cual tenemos material genético”, dijo Martins, quien es médico veterinario con especialización en reproducción animal.

Experiencia en bovinos

Embrapa tiene un banco con 420 muestras de material de ocho especies de animales.

Una vez que se obtenga la aprobación del departamento jurídico de la organización, también se buscará el visto bueno de Ibama, el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables.

Martins no se aventura a dar un plazo para la primera clonación, pero prevé años de investigación.

“Ya tenemos la tecnología para clonar bovinos. Ahora queremos transferir esa tecnología a la clonación de animales silvestres, en especies en las que nunca fue utilizada”, dijo el científico a la BBC.

“Pero aún en bovinos se trata de una técnica que puede ser ineficiente en algunos casos por lo que debemos avanzar con cuidado. Se sabe aún poco sobre la aplicación de estas técnicas a animales silvestres”.

Los científicos comenzarán con el estudio de especies que no necesariamente corren riesgo inminente de extinción, pero cuya población ha declinado. Los animales clonados serán mantenidos en el zoológico para ser monitoreados.

El Jardín Zoológico de Brasilia, por su parte, creará un nuevo laboratorio para su trabajo con Embrapa.

Ambas instituciones recaudarán fondos para el proyecto, pero Martins no se adelanta a estimar un costo final.

“La clonación de un bovino puede costar de US$14.000 a US$24.000. No sabemos si esos valores serán los mismos para los animales silvestres”.

Atención internacional

El aguará guzú (zorro grande en guaraní), otro de los animales estudiados, suele mantenerse oculto durante el día.

El proyecto brasileño despertó gran atención a nivel internacional. La versión online de la revista especializada británica New Scientist dedicó una nota al tema, destacando la primera clonación desarrollada por Embrapa en 2001, una vaca que recibió el nombre de Victoria y que falleció el año pasado. Desde entonces, la institución ha clonado más de 100 animales, principalmente bovinos y equinos.

El diario británico The Guardian señaló que muchos conservacionistas ven con reservas la posible clonación de animales amenazados, temiendo que ello desvíe el foco de atención de la preocupación fundamental: proteger el hábitat natural de esos animales.

Martins dijo a la BBC que el proyecto de Embrapa no busca convertirse en la herramienta principal de conservación de las especies estudiadas y recuerda que la clonación disminuye la variedad genética en el reino animal.

“Es algo complementario a los esfuerzos de conservación de bosques, ríos y reservas”, señaló el investigador.

“Nuestro objetivo principal es estudiar esta técnica, ver cómo funciona y si es posible producir animales de nuestros biomas, para cuando los necesitemos”.

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#YoSoyAnimal
Karol Czinege/EyeEm/Getty Images

¿Por qué nos gusta tanto la comida crujiente? (y cómo el sonido se convirtió en el sabor olvidado)

Decimos que comemos con los ojos, ¿pero sabías que también puedes comer con los oídos? Por extraño que parezca, los sonidos - y especialmente lo crujiente y crocante - tienen mucho que ver con la experiencia culinaria.
Karol Czinege/EyeEm/Getty Images
18 de octubre, 2020
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El sonido es el sabor olvidado. No solo comemos con la boca, con la nariz o con los ojos. También lo hacemos con el oído.

Lo dice el experto en psicología experimental Charles Spence, que lleva casi dos décadas investigando cómo nuestro cerebro procesa información de cada uno de nuestro sentidos, y cómo comprender eso puede ayudarnos a diseñar mejores alimentos (o unos que nos agraden más).

“Desde el crujido de la comida, hasta el ruido del empaquetado, el roce de la cuchara en el plato o la música que escuchamos mientras comemos; todos los sonidos afectan a nuestra experiencia culinaria, unos más que otros, y también al sabor”, le cuenta a BBC Mundo.

Spence, autor de Gastrophysics: the new science of eating (“Gastrofísica: La nueva ciencia de la comida“, 2017), dirige el laboratorio Crossmodal Research de la Universidad de Oxford, Reino Unido, integrado por especialistas en psicología, neurociencia y cocina. También colabora con chefs de renombre -como el español Ferrán Adriá o el británico Heston Blumenthal- para crear experiencias culinarias “multisensoriales”.

Y es que, según el científico, comer es una experiencia mucho más multisensorial de lo que solemos reconocer, sobre todo a nivel auditivo.

No es el único que lo piensa. “Hay varias cosas que nos hacen sentirnos satisfechos con la comida: el olor, el gusto y la textura, en la que incluimos el sonido”, le dice a BBC Mundo la consultora en alimentación Amanda Miles-Ricketts. “Y no hay nada más satisfactorio que algo crujiente o crocante”.

"No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella".", Source: Charles Spence, Source description: psicólogo experimental, Universidad de Oxford, Image:

Precisamente, la preferencia del ser humano por lo crujiente es algo que lleva años fascinando a Spence.

Uno de sus mayores logros es haber creado un ruido electrónicamente modificado de la papa frita para convencer al consumidor de que era más crujiente. Fue un experimento que surgió de la pregunta de si el sabor de una papa frita sería diferente si alteramos su crujido. Y resultó que sí.

La Universidad de Harvard le entregó por ello un Ig Nobel, una parodia del prestigioso galardón “para hacer reír, y luego pensar”.

Pero la cuestión de por qué nos gusta tanto la comida crujiente tiene un trasfondo más serio de lo que parece.

niño comiendo alitas de pollo

Chakarin Wattanamongkol/Getty Images
¿Te entró el apetito?

“Cuando hicimos ese experimento en 2009 era difícil creer que habría interés en el tema, pero desde entonces han surgido muchos trabajos y experimentos para combinar diferentes sonidos y sabores”.

¿Qué nos pasa con la comida crujiente?

“La comida rápida suele ser crujiente, crocante, casi siempre ruidosa”, dice Spence. “A nadie le gusta la idea de una papa frita esponjosa, incluso aunque sepamos que tiene todos los elementos que le dan ese sabor”, comenta el psicólogo.

En su laboratorio de Oxford, ha podido demostrar que las diferentes frecuencias de crujidos pueden alterar cómo percibimos su sabor o incluso que algunos alimentos nos parezcan de mejor o de peor calidad.

“Es una reacción instantánea en nuestro cerebro”, dice Spence. “Todavía estamos investigando por qué nos atrae tanto lo crujiente, pero existen varias teorías”.

“Una de ellas parte de que las verduras y los vegetales más ‘ruidosos’ suelen ser más frescos (y viceversa), por lo que asociamos lo crujiente con lo saludable“.

“Por otro lado (y paradójicamente), algunos alimentos crujientes -como las galletas, los cereales o las frituras- suelen tener un alto contenido en grasa…. y a nuestro cerebro le gusta la idea de grasa, lo cual explicaría nuestra preferencia por ese sonido”.

cereales

Getty Images
Cuando comes algo crujiente, prestas más atención a lo que ocurre dentro de tu boca.

A Miles-Ricketts -que tiene una marca propia de tés especializada en salud y bienestar que lanzó tras sufrir problemas en la piel- le preocupa eso. “Al margen de las manzanas, que obviamente son saludables, los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes. No es pura coincidencia“.

“Finalmente”, añade Spence, “otra teoría que surgió hace un par de años es que cuando empezamos a degustar algo nos suele resultar más sabroso, y nuestro cerebro se va adaptando y desconectando a medida que le parece menos ‘interesante’, pero cuando comes algo ruidoso eso dirige tu atención hacia tu boca, lo cual ayuda a que el sabor se quede por más tiempo”.

Eso significaría que puede que nos guste más la comida crujiente porque sentimos que su sabor dura más.

Pero la cuestión de la experiencia sensorial -y sonora- de la comida va más allá de lo crujiente.

Maridaje fonético

“Piensa en el sonido cuando abres una lata, una botella, el corcho del vino o incluso el del microondas. Todo ello afecta a nuestra experiencia y a cómo percibimos el sabor”, explica Spence. “No es casualidad que las papas fritas se vendan en bolsas de plástico especialmente ruidosas; es puro marketing intuitivo”.

Y así como los ruidos afectan al sabor, también lo hace la música.

"Los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes".", Source: Amanda Miles-Ricketts, Source description: consultora en alimentación y fundadora de Niche Tea, Image:

Spence y su equipo han investigado cómo los sabores dulces y agrios suelen asociarse con notas de alta frecuencia, mientras que los amargos equivalen a notas de baja frecuencia.

“Si, por ejemplo, escuchas cierta música mientras tomas una taza de café o comes una porción de chocolate, puedes intensificar su dulzura“, explica Spence.

Es lo que él llama “sazonar fonéticamente” la comida.

El científico asegura que muchas marcas y músicos se han interesado por esta técnica y ya están poniendo en prácticas maneras de combinar sabores y sonidos para mejorar la experiencia culinaria y responder a la pregunta de “cuál es el sonido de su sabor”.

Miles-Ricketts cree que cada vez más actores en la industria alimentaria tienen en cuenta la “funcionalidad y el propósito de sus productos” y el hecho de que la alimentación es “una experiencia multisensorial”.

papas fritas

Getty Images
¡Ese “crunch” es muy deseable!

“Podríamos incluso aprovechar esto para comer de forma más saludable”, propone Spence. “Podríamos comer con menos azúcar si añadimos un poco de ‘música dulce’ para sazonar alimentos, en lugar de la alta música de algunos restaurantes que, de hecho, suprime nuestra capacidad de saborear adecuadamente”.

“Así como maridamos ciertos alimentos con ciertos vinos, podemos maridar sabores con sonidos y formas“.

“Muchos nunca habrían imaginado que la música puede alterar el sabor de la comida, pero es todo un nuevo campo por explorar. ¿Por qué no maridar un sabor con un sonido?”

“No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella”.


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