Todo es culpa de Harry Potter
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Todo es culpa de Harry Potter

Ésta es la historia del lector que se mantenía pasivo en la intimidad de su libro, se reveló y comenzó a gritarle al mundo qué le gustaba y por qué le gustaba.
Por Paola Morales @PaolaMoralesM
13 de noviembre, 2012
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Conferencia de Gemma Lluch durante el ciclo "La lectura como vínculo de la diversidad cultural".

Corría mucho tiempo atrás cuando había unos agentes obscuros, al estilo Michael Ende, que decidían que leíamos y por qué debíamos leerlo.

Pero un día alguien creó una cosa intangible y poderosa, como el aire, que se llama internet y entonces muchos se dieron cuenta que ahí cabía todo para todos.

Entonces, el lector, que se mantenía pasivo en la intimidad de su libro, se reveló y comenzó a gritarle al mundo qué le gustaba y por qué le gustaba.

Fue cuando esos hombres grises endianos se volvieron visibles y comenzaron a rascar en las entrañas de la red qué era lo que a sus sublevados lectores les gustaba.

Tal vez este sea el acto de magia más grande que ha hecho Harry Potter, el niño-adolescente-mago nacido de la pluma de J.K Rowling: Hacer visible a la industria editorial que ahora la tendencia la marcaban los lectores y no las editoriales, ni los promotores de lectura, ni las escuelas ni los papás… llegó entonces el poder del lector.

En el marco de la conferencia “Cuando el lector toma la palabra: la web 2.0, ¿una autopista a la diversidad?”, dentro del ciclo “La lectura como vínculo de la diversidad cultural” que se lleva al cabo en la 32ª Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ), la doctora Gemma Lluch (@gemmalluch) explicó que el relato ha dejado de estar en las escuelas, en las recomendaciones de los docentes y va directamente al lector, quien crea hoy el mercado editorial a través de sus loables recomendaciones o sus encarnizadas críticas a través de Twitter, Facebook o su propio blog.

Tomemos como ejemplo el caso de una joven que en Twitter se hace llamar Lady Maria Rochester (@cazadoradesyl), con casi 2 mil seguidores, y que en su sui generis biografía escribe: “Encontrar Narnia es mi meta y recibir la carta de Hogwarts fue mi alivio. En tierras heladas luche junto a Iorek y la Brujula dorada me fue robada. Para eso corrí en busca de Frodo y hacia Mordor me llevaba. Tras ese largo camino que recorrí, el final de mi viaje llegaba y a Mr Rochester y otros personajes de cuento…”.

Aquí pueden checar su blog, donde encontrarán, claro, todo tipo de reseñas literarias.

Lluch explicó que en internet el lector joven se vuelve extrovertido porque este medio casi no le impone barreras; hay un fuerte apoyo para crear y compartir; encuentra tutoría informal; sus contribuciones son valoradas; hay una conexión social con otros de su especie; y, principalmente, se siente en libertad para contribuir sin necesidad de tener un horario, un filtro ni verse obligado a publicar con cierta periodicidad.

Así, la industria editorial se encuentra temblando ante estos nuevos agentes literarios y/o editores que van dictando las obras por las cuales la industria tiene que pelear con uñas y dientes. Hoy, el lector joven es un creador, un scout, un trendseller

Otro ejemplo de la promoción de la lectura que se hace en la actualidad a través de internet es el proyecto “Poesía, eres tú”, impulsado por profesores de lengua española y literatura en España, el cual consiste en confeccionar un videopoemario colectivo, con poemas seleccionados, recitados y comentados por alumnos de diferentes edades:

Para Lluch, en este tiempo de internet, las editoriales deben centrarse los siguientes puntos para la promoción y la mediación de la lectura:

*Hacer de la cooperación un método: Para el nuevo lector, la lectura es una actividad creadora de ámbito de comunicación, donde puede decir lo que piensa, lo que le gustaría leer y recibir retroalimentación.
*Tener como pauta la sencillez, pues el nuevo lector no se distingue por su cultura si no, a decir de Lluch, por su consumo.
*Hacer del etiquetado un sistema, por ejemplo, utilizando hashtags.
*Tener como principio la participación, pues el nuevo lector no entiende la lectura como un actividad aislada o que aísla.
*Renovar constantemente sus recursos.
*Hacer de la experimentación su norma.

Para las editoriales que aún no les cae el veinte, Lluch remarcó la necesidad del uso editorial de las redes sociales como un canal directo con los consumidores; una fuente de información sobre sus consumidores y sus demandas; un canal de promoción del libro y de la marca editorial; las mercadotecnia viral y de experiencia; y, sobre todo, la posibilidad de interactuar con los lectores al instante.

Para lograr lo anterior ya existen cosas tan del nuevo siglo como los booktrailers, claro, pasando por las ya consabidas herramientas como mini sites, blogs, Facebook, Twitter o YouTube.

Aquí algunos ejemplos de booktrailers:

Y aquí puedes ver un par de micrositios creados para la promoción de libros.

La Selección Serie.

Los caminantes.

En el marco del II Encuentro Internacional de Cultura Lectora, que se dio por inaugurado este lunes en la #32FILIJ, se llevan al cabo una serie de conferencias bajo el título “La lectura como vínculo de la diversidad cultural”.

Al ser de acceso restringido (de paga), Animal Político les compartirá a lo largo de la semana algunas de estas ponencias.

Hoy les compartimos la dictada por Gemma Lluch, de la Universitat de Valéncia, bajo el título: “Cuando el lector toma la palabra: la web 2.0, ¿una autopista a la diversidad?”.

El Encuentro Internacional de Cultura Lectora es un ejercicio de reflexión en el que los editores, promotores, escritores y académicos se dan cita para compartir experiencias y exponer sus conocimientos.

Este año, bajo el lema “La lectura como vínculo de la diversidad cultural”, revisa distintos postulados e investigaciones que muestran cómo espacios (públicos o privados) se nutren mutuamente a través de la literatura, en un diálogo que contempla las diferencias como fuente de intercambio, innovación y creatividad.

Gemma Lluch es profesora titular de Universidad del Departament de Filologia Catalana de la Facultat de Filologia, Traducció i Comunicació de la Universitat de València. Doctora en Filologia y Premio Extraordinario de Doctorado de la Universitat de València, imparte docencia en el grado de Filologia Catalana y en los másteres oficiales: Màster Oficial en Assessorament Língüístic i Cultura Literària y Màster Oficial en Lectura y Comprensión de textos de la Universitat de València. También colabora con el Máster de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil del Cepli-UCLM. Forma parte de la Estructura de Recerca Interdisciplinar ERI Lectura de la Universitat de València.

Para conocer más de su trabajo puedes entrar aquí.

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Qué revelan las máquinas tragamonedas sobre el poderoso negocio de la adicción

Son una de las herramientas más rentables del sector del juego, pero muchos jugadores dicen que ganar no es el objetivo. Entonces, ¿por qué no pueden parar de jugar?
6 de septiembre, 2020
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máquina tragamonedas

Getty Images
La idea es ganar… ¿no?

El primer trabajo de Mollie, cuando era una joven adolescente, fue distribuir cambio para máquinas tragamonedas en una base militar. Para cuando llegó a la madurez, Mollie ya no ganaba su salario con las máquinas tragamonedas, sino que se gastaba todo su cheque de pago en atracones de dos días en ellas.

“Incluso cambié mi seguro de vida por dinero para jugar”, le dijo a Natasha Dow Schüll en una habitación de hotel en lo alto del Strip de Las Vegas. Schüll es una antropóloga que ha estado estudiando el mundo de las máquinas tragamonedas durante dos décadas.

Quizás fue apropiado que la conversación haya tenido lugar entre dos mujeres. Los sociólogos a menudo han descrito el juego como una prueba de hombría, desde un James Bond con esmoquin que demuestra sus nervios de acero en la ruleta de alto riesgo y su habilidad en el póquer, hasta los jugadores de peleas de gallos de Bali analizados por el antropólogo Clifford Geertz en la década de 1970.

Las máquinas tragamonedas, sin embargo, no parecen encajar en absoluto. No requieren habilidad ni nervios de acero. Geertz argumentó que eran una distracción para “mujeres, niños, adolescentes… los extremadamente pobres, los socialmente despreciados y los personalmente idiosincrásicos”.

Pero las máquinas tragamonedas no son un juguete. Son fantásticamente rentables y han crecido como una especie invasora.

Protagonistas

Las encontré en masa en 2005, cuando viajé a Las Vegas para escribir sobre teoría del juego en la Serie Mundial de póquer.

Detalle de carnet del mundial de póker 2005

Getty Images
El póker resultó no ser la principal atracción.

Decenas de periodistas se apresuraron a entrevistar a jugadores estrella. Las máquinas tragamonedas parecían un telón de fondo decorativo deprimente pero colorido, que acogían a jugadores obesos y ancianos que las montaban como sillas de ruedas motorizadas.

Fue solo más tarde que me di cuenta de que realmente el Mundial de Póquer era el telón de fondo decorativo. En lo que respecta a los casinos, las máquinas tragamonedas se habían convertido en el evento principal.

No solo en los casinos: la industria del juego de Reino Unido, una vez dominada por las apuestas en las carreras de caballos, se ha vuelto dependiente de una especie de máquina tragamonedas llamada Terminal de apuestas de probabilidades fijas. Cuando el gobierno anunció en 2018 que se reducirían los tamaños máximos de las apuestas, una casa de apuestas respondió diciendo que tendría que cerrar casi 1.000 sedes.

Ganar no importa

Mollie gasta tanto en las máquinas tragamonedas que un hotel de Las Vegas la ha invitado a quedarse allí de forma gratuita. ¿Espera una gran victoria?, pregunta Natasha Dow Schüll. No. Ella sabe que no hay posibilidad de eso.

“Lo que la gente nunca entiende es que no estoy jugando para ganar”.

¿Un jugador al que no le importa ganar? Eso no parece correcto.

máquina tragamonedas

Getty Images
El botín, para jugadores como Mollie, es irrelevante…

Pero durante mucho tiempo hemos intentado entender qué son realmente las máquinas tragamonedas y la lección que tienen que enseñarnos sobre la economía moderna.

La historia

Generalmente se cuenta que las máquinas tragamonedas comenzaron en Estados Unidos alrededor de 1890.

La Compañía de Juguetes Ideal de Chicago fabricó una con cinco tambores giratorios, cada uno con diez naipes. Si, tras insertar una moneda cinco cartas se alineaban en una mano de póker decente, un asistente te daba un premio. Una firma de Brooklyn, Sittman and Pitt, hizo una versión en 1893 que fue popular en Estados Unidos.

Fue entonces que a Charles Fey, un inmigrante de San Francisco desde Baviera, se le ocurrió la idea de simplificar el dispositivo. Con solo tres carretes, el mecanismo se volvió lo suficientemente sencillo como para que la máquina pagara sin la necesidad de un asistente humano.

La máquina fue un éxito en San Francisco, hasta que el taller de Fey fue destruido en un incendio a raíz del terremoto de 1906.

Pareja feliz con jackpot

Getty Images
…aunque para otros jugadores, ganar -a juzgar por esta foto- es emocionante.

Las máquinas tragamonedas modernas son simplemente computadoras en caparazones, con sus gruesas palancas diseñadas para evocar las viejas máquinas mecánicas.

Es este cambio digital lo que ha hecho que las máquinas tragamonedas sean tan rentables. No hay necesidad de preocuparse por alimentarlas con monedas -el trabajo que solía tener la adolescente Mollie- porque los jugadores llevan tarjetas digitales en cordones que los conectan umbilicalmente a las máquinas.

La zona

Los jugadores nunca necesitan moverse; entran en lo que Mollie llama “la zona”, un estado de absorción similar a un trance donde el resto del mundo se disuelve.

Ganar simplemente significa más crédito, y más crédito significa más “T.O.D”, el acrónimo de time on device o tiempo en el dispositivo.

De eso estaba hablando Mollie cuando dijo que no estaba jugando para ganar.

Tres mujeres jugando en máquinas tragamonedas en la piscina

Getty Images
En la zona… de la piscina.

Las máquinas tragamonedas modernas no son como las loterías o la ruleta, en las que los jugadores viven con la esperanza de ganar el premio mayor.

En cambio, tragan apuestas bajas -tal vez 100 apuestas de un centavo, distribuidas en una cuadrícula vertiginosa de posibles combinaciones ganadoras- y constantemente escupen pequeñas ganancias también (si es que se pueden describir como ganancias).

Si has hecho 100 apuestas de un centavo y recuperas veinte centavos, ¿es realmente una victoria? Con luces intermitentes y jingles de celebración, la máquina te dirá que sí.

El 18%

En una máquina estudiada por investigadores, 100 giros producían 14 ganancias reales -la máquina devolvía más de lo que el apostador había puesto- y 18 falsas ganancias -en las que el jugador recibía algo con gran fanfarria, pero menos de lo que había apostado-.

El mismo equipo de investigación pasó a demostrar en experimentos de laboratorio que una máquina con esa tasa del 18% de falsas victorias era más adictiva que las máquinas con muchas más o muchas menos falsas victorias.

Los diseñadores de máquinas tragamonedas no investigan por gusto: la industria es ferozmente competitiva.

máquina tragamonedas

Getty Images
El ganador, como siempre, es el casino.

Una máquina de US$10.000 puede pagarse sola en un mes, si atrae a los jugadores. De lo contrario, será reemplazada por una con una olla de palomitas de maíz de la que burbujean bolas de lotería, o una que lance aroma a chocolate en la cara del jugador, o una que, en la voz de Donald Trump, anuncie: “¡estás despedido!”… cualquier cosa para deleitar y sorprender.

Siempre están buscando construir una mejor ratonera, y nosotros somos los ratones.

La fuerza de la adicción

B.F. Skinner, uno de los psicólogos más famosos del siglo XX, no se habría sorprendido.

En la Universidad de Harvard, Skinner solía investigar el comportamiento dándole a ratones que apretaban una palanca la recompensa de una bolita de comida.

En una ocasión, les dio la recompensa de forma intermitente: a veces la bolita salía, otras, no. No había forma de que el ratón lo supiera. Sorprendentemente, la recompensa impredecible fue más motivadora que una recompensa generosa y confiable.

B.F. Skinner

Getty Images
B.F. Skinner no se habría sorprendido.

Los adictos a las tragamonedas como Mollie están igualmente enganchados, absortos en “la zona”.

La antropóloga Natasha Dow Schüll una vez vio imágenes, capturadas con la cámara de seguridad de un casino, de alguien que sufría un ataque cardíaco en una máquina tragamonedas:

“Él… colapsa repentinamente sobre la persona a su lado, que no reacciona en absoluto… dos transeúntes lo estiran, uno de ellos es una enfermera de emergencias fuera de servicio. Pocos jugadores en las inmediaciones se mueven de sus asientos… en menos de un minuto, un oficial de seguridad aparece en la escena con un desfibrilador, le da dos descargas eléctricas al hombre… A pesar del hombre inconsciente que yace literalmente a sus pies, los otros apostadores sigue jugando”.

¿Estás seguro de que a ti no te pasa?

Las investigaciones sugieren que las máquinas tragamonedas pueden crear adictos mucho más rápidamente que otras formas de juego, como loterías, juegos de casino o apuestas deportivas.

Pero igualmente desconcertante es la sensación de que en los últimos años, la psicología de la máquina tragamonedas se ha escapado del casino y ha migrado a nuestros bolsillos.

Los adictos en recuperación evitan ir a lugares donde podrían ver máquinas tragamonedas, pero no hay ningún lugar al que podamos escapar de nuestros teléfonos, y hay muchas buenas razones para estar mirándolos.

Todos hemos visto gente “en la zona”, ajena a sus compañeros o al tráfico porque el teléfono es lo único que importa.

Es ese refuerzo intermitente de nuevo: ¿hay más correo electrónico? ¿Algún “me gusta” en Facebook?

Muchos juegos de computadora son más descarados en el uso de refuerzo intermitente, ofreciendo “cajas de botín” con esos destellos familiares y recompensas impredecibles.

Se parece mucho a un juego de azar, y a menudo son juegos de azar para menores de edad.

~Tim Harford escribe la columna “Economista clandestino” en el diario británico Financial Times. El Servicio Mundial de la BBC transmite la serie 50 Things That Made the Modern Economy. Puedes encontrar más información sobre las fuentes del programa y escuchar todos los episodios o suscribirte al podcast de la serie.


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https://www.youtube.com/watch?v=Yd02AZz63Sw

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