Un Mayor de tropa nueva
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Un Mayor de tropa nueva

El Mayor Fidel Balderas es un militar con 36 años en el Ejército. En los últimos seis lo han comisionado a las regiones más violentas de México. Conoce los peligros de la “guerra” contra el narco. A sus cuadrillas les trata de inculcar la filosofía de “no dejarse doblegar” por los delincuentes..
Por Francisco Sandoval Alarcón
20 de noviembre, 2012
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I.-Cada vez que el Mayor de Caballería Fidel Balderas es enviado al norte de México a una nueva misión, su esposa Norma le reza a la Virgen de Guadalupe, le prende una veladora, le llama por teléfono a sus hijos Fidel y José Antonio y un día antes del viaje se reúnen para comer en familia. Cuando están en la mesa cenando su esposa e hijos le desean suerte. Lo animan. Le piden tener precaución para regresar con bien. Fidel les dice que en ese tiempo la comunicación será mínima. Que los grupos criminales utilizan tecnología de “punta” para rastrear llamadas y les recuerda que deben ser cautelosos al platicar con extraños. Nada de proporcionar información de su trabajo y mucho menos revelar direcciones o teléfonos.

Fidel no siente miedo, peso sabe que su vida estará en riesgo todo el tiempo. Serán noches de dormir poco, a lo mucho cinco horas. De iniciar la jornada a las 5 de la mañana y terminarla poco antes de la medianoche. Serán días de enfrentarse a células del narcotráfico vinculadas a los cárteles de Sinaloa, Arellano Félix o Zetas. De patrullar calles. De dirigir decomisos de armas y drogas. De elaborar reportes y hacer labores administrativas en sus ratos libres. De ser líder y guía de los grupos que estarán a su mando. De andarse con mucho cuidado. De no llamar la atención de los criminales.

Cuando llega la hora de partir su esposa lo llena de bendiciones. Ella se muestra preocupada y triste. Discuten. No hay poder humano que la consuele. Sólo los rezos que le ofrece a la Guadalupana le dan algo de esperanza. Es consciente que a su marido lo mandan a los estados con una fuerte presencia de cárteles de la droga y que existe la probabilidad que sea herido o muerto en combate. Entonces, para darse ánimo, piensa lo siguiente: Es la carrera que escogió su esposo y debe apoyarlo. Para marcharse tranquilo o por lo menos no tan preocupado, Fidel trata de conectarse emocionalmente con Norma. Platica con ella para hacerla “entrar en razón”. Primero le habla sobre lo delicado de su trabajo y la enorme responsabilidad que tiene; después le dice que es la misma rutina que ha seguido desde hace 36 años y que tiene que ser fuerte para “velar” por sus hijos y nietos; finalmente le promete que volverá a salvo, que sólo le faltan unos cuantos años para el retiro y que su objetivo es continuar con vida para subir de rango.

II.-El Mayor Balderas camina por la explanada principal del Campo Militar número uno, donde se desarrolla una exposición que pretende vincular, por primera vez, a la sociedad con el Ejército Mexicano.

Los soldados se cuadran y saludan. Él responde con una leve sonrisa.

“Cuando todos te saludan”, dice con tono de párroco de iglesia “es que ya llevas varios años en esto”.

Viste uniforme militar: pantalón y camisa verdes, así como una gorra con una estrella negra en la frente. Tiene 53 años y mide 1.70 metros. Es de espalda ancha, su cara es alargada y su piel morena clara lo hace ver 10 años más joven. Ese día, a la una de la tarde, está a cargo de un grupo de cabos y oficiales de caballería, que participan en la exposición “La Gran Fuerza de México”.

El Mayor sortea un par de vallas de un salto. Después se acomoda la gorra con la estrella. “Antes la estrella era dorada”, dice sin muestras de agitación por el salto que acaba de dar. El distintivo dorado de la gorra fue suplido por uno negro tras el levantamiento armado del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas, en 1994, cuando un grupo de indígenas armados ocuparon varios de los municipios de ese estado el mismo día que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Fue la década en que también se empieza a hablar con mayor constancia de la rivalidad entre los carteles de los hermanos Arellano Félix y el de Sinaloa en el norte del país.

Desde entonces, las medidas de precaución tomadas por los militares se hicieron mucho más estrictas, una de ellas fue cambiarle de color a la estrella para que no llamara la atención, lo que resulta casi imposible para un Mayor que no sólo tiene la misión de combatir a los narcotraficantes, sino que además representa el alto mando del Ejército cuando se trata de abrir sus puertas y recibir a miles de visitantes. Un chiquillo de ocho años edad asistente a la exposición, se le acerca para preguntarle en qué zonas se encuentran las actividades programadas para niños. El Mayor se detiene apaciblemente y con el dedo índice le señala el área. El rechoncho chiquillo le da las gracias.

La aparición del niño lo motiva a contar que tiene cinco nietos, a quienes adorada. De toda su familia siempre ha recibido apoyo: en el caso de su esposa, desde que se hicieron novios en 1980, y en el caso de sus hijos y nietos, desde que tuvieron uso de razón sobre el riesgo que corría su padre y abuelo. Lo anterior lo platica sin perder de vista el corral de caballos entrenados por él y su cuadrilla, llevados exclusivamente para la exposición. El Mayor voltea de vez en cuando para supervisar los movimientos que hacen los oficiales a su cargo. Uno de esos militares es el que porta la botarga de Juancho. La función de ese personaje no va más allá de tomarse fotografías con los niños. Es la personificación de un sargento. Mide alrededor de dos metros, sus ojos son grandes como pelotas de beisbol, tiene el mentón partido, así como un bigote negro y ancho que provoca risas. Es una de las principales atracciones de los niños que visitan la exposición.

“La idea es crear un vínculo entre sociedad y Ejército”, platica el Mayor Balderas para referirse al hecho de que el Ejército este abriendo sus puertas a la población civil. Lo dice justo cuando un grupo de hombres se fotografían con las armas colocadas en los diferentes módulos del evento. Algunas de estas personas traen la cara pintada estilo Rambo y en otros casos, como el de dos sonrientes señoras, portan la casaca y el casco que usan los militares en sus combates. Todos terminan posando para la foto. El módulo de Infantería es uno de los más atractivos para los visitantes adultos.

En él se exhiben las armas de alto calibre con las cuales el Ejército le hace frente a grupos criminales como “Los Zetas”, “La Familia” o el “Cártel de Sinaloa”. Allí se encuentran algunos de los más de mil 500 morteros y lanzagranadas, construidos por el Ejercito en la última década, capaces en algunos casos de destruir camionetas blindadas como las que usan las células del narcotráfico para sus trabajos ilícitos. Son precisamente esas armas con las que terminan posando los visitantes. La cifra de muertos, tanto de civiles, delincuentes y militares, así como las denuncias por violaciones a los derechos humanos y delitos de lesa humanidad, es un tema que sólo aparece en los reportes de prensa, en informes de organismos de derechos humanos o cuando en ocasiones especiales comparece algún funcionario vinculado a la seguridad nacional, pero no en este evento.

III.-El Mayor Balderas toma asiento en una banca. En algunos momentos se muestra relajado. Como si al platicar lo del vínculo que pretende crear el Ejército con la sociedad se liberase de esa rigidez que suele acompañar a los militares. Sin perder de vista a su cuadrilla, reconoce que en “varias” ocasiones su vida ha corrido peligro al estar comisionado a alguna ciudad con problemas de violencia. Aun así asegura que “nunca” se atemorizó por las amenazas, porque siguió al pie de la letra las recomendaciones que le han dado los Generales con los que ha trabajo.

“No dejarse doblegar”.

Esa es una lección que a su vez trata de inculcar a los oficiales y cabos que tiene bajo su mando, la mayoría de ellos con la edad de sus hijos.

Uno de esos Generales fue Sergio Aponte Polito, aquel Comandante de la Segunda Región Militar que a través de una serie de cartas denunció supuestos actos de corrupción en el Gobierno de Baja California.

El Mayor Balderas estuvo comisionado en Tijuana, Baja California, en la época en que el Cártel de Sinaloa intentó arrebatarle la plaza al clan de los Hermanos Arellano Félix, la organización que controla desde a mediados de los años ochenta el tráfico de drogas en esa ciudad del noroeste de México.

Fueron tiempos de enfrentamientos entre células criminales y soldados del Ejército. Como aquella tarde del 15 de octubre de 2008 cuando el cabo de infantería Ángel Aguilar, integrante del Quinto Batallón de Fuerzas Especiales, fue asesinado en un tiroteo registrado en la colonia Los Santos. En esa ocasión, se toparon con un grupo de criminales armados, quienes en la huída se refugiaron en una casa que usaban como escondite. Los hechos sucedieron a media cuadra de una escuela secundaria, así como a menos de 200 metros de las instalaciones de la Cruz Roja y de un almacén de víveres y electrodomésticos muy visitado por los tijuanenses. Soldados y delincuentes se enfrentaron a balazos. Estudiantes y vecinos eran desalojados de la zona ante el peligro de quedar en el fuego cruzado. En los poco más de 20 minutos que duro el tiroteo, cuatro delincuentes murieron, pero también el cabo Aguilar, de 28 años, despedido con honores, un día después, por sus compañeros.

La muerte del cabo Aguilar se suma a la de otros 106 militares que han caído en enfrentamientos armados en el marco de la “guerra” contra el narcotráfico. Esto ha generado que muchos militares, como el Mayor Balderas, tengan que extremar precauciones al salir comisionados. Un oficial de infantería que atiende uno de los módulos de la exposición, con residencia en Monterrey, Nuevo León, relata que en sus días libres sale a la calle sin identificación que lo vincule con el Ejército. Aparte, se deja crecer el pelo para que no lo ubiquen por el corte a rape que suelen usar los militares. No bebe, no platica con extraños, no sale a lugares de “mala fama” y siempre regresa temprano a su casa. Lleva una vida tranquila.

Nuevo León es uno de los estados más golpeados por la violencia. En octubre de 2008, 11 militares fueron asesinados a golpes y navajazos en esa región. Los primeros reportes de las investigaciones arrojaron que el posible móvil de los crímenes era una “venganza” a la labor que realizaban en las zonas donde confluyen células delincuenciales vinculadas con los cárteles del Golfo, Zetas, Pacífico y Juárez.

El mayor Balderas confiesa que a su esposa le agrada la idea que en esos momentos se encuentre comisionado en la Ciudad de México. Recuerda que hace dos años, cuando lo enviaron a Tamaulipas a encargarse del patrullaje en las calles, Norma se molestó mucho al grado que sostuvieron una pequeña discusión. Conocedora de la violencia en Tamaulipas, que ese año dejó 1,830 muertos -cifra que la sitúo como la segunda entidad del país con el mayor número de asesinatos, sólo por debajo de Chihuahua- no le gustó que enviaran a su marido a ese norteño estado mexicano, donde han muerto 24 militares en enfrentamientos. Tres de estas muertes ocurrieron el 17 de junio de 2010, cuando los militares se agarraron a balazos con dos células criminales conformadas por los Zetas. Se trata de una banda criminal de militares desertores, quienes conforman el grupo del narcotráfico que más bajas le ha ocasionado al Ejército en seis años. En promedio, siete de cada diez militares “caídos” en enfrentamientos armados murieron en estados controlados por los Zetas.

Hasta hace 7 años, el Mayor Balderas y su esposa no discutían por las comisiones que le ordenaban en el Ejército. Los roces comenzaron a surgir a raíz de que el Gobierno Federal anunció, en diciembre de 2006, una ofensiva militar en Michoacán para combatir a los cárteles de la droga. La presencia del Ejército en Michoacán generó una especie de estado de sitio contra los grupos criminales asentados en la región, sirviendo como ejemplo para reproducir la ofensiva en estados con problemas similares. Fue así como en Baja California, Jalisco, Guerrero, Durango y Sinaloa, se incrementó la presencia militar, dejando como saldo una escalada de violencia y muerte, no sólo por la pugna existente entre bandas rivales, si no por los enfrentamientos que solían repeler o iniciar los militares.

Las cifras del INEGI dan cuenta de esa escalada violenta. De los 8 mil 867 homicidios registrados en 2007, se pasó a 27 mil 199 en 2011. Estamos hablando que las muertes se triplicaron en cinco años. En suma se contabilizan 95 mil 632 homicidios en ese periodo, de los cuales más del 60 por ciento se encontraban vinculados a la “guerra” contra el narco, según el recuento hecho por la prensa y las organizaciones civiles. Entre las víctimas no sólo había militares o delincuentes, también civiles que nada tenían que ver con actividades delictivas, pero que fueron alcanzados por las balas de militares y narcos. “Bajas colaterales”, les llama el Gobierno.

IV.- “La vida de un militar con familia es difícil”, reconoce el Mayor Balderas, quien confiesa que han sido varias las ocasiones en las que se ha tenido que perder los cumpleaños de sus hijos y nietos.

Lo dice con esa nostalgia de haber perdido en la adolescencia a su padre, un modesto rejoneador de la colonia Tacubaya, quien cuidaba los caballos de un médico adinerado. La enfermedad y muerte de su padre, significaron tiempos difíciles para Fidel y sus 11 hermanos. Su madre tuvo que asumir el rol de proveedora por algunos años, hasta que se enamoró de un Capitán Segundo de Caballería, con quien procreó tres hijos más. Fue ese Militar quien un día le dijo a Fidel, entonces metido a las fuerzas básicas de Club América con la esperanza de llegar a ser futbolista profesional, que la carrera que pretendía era difícil porque cualquier lesión podía acabar con sus aspiraciones. Le planteó la posibilidad de enrolarse al Ejército, donde siempre tendría un trabajo seguro y bien remunerado. El 1 de septiembre de 1975, con apenas 15 años de edad, Fidel Balderas ingresó al Colegio Militar.

En la actualidad el Mayor Balderas no pierde la esperanza de escalar un grado más y colgarse la estrella de Teniente Coronel. Con 36 años de servicio y cuatro para jubilarse, comenta que una vez en el retiro tendrá tiempo para estar más tiempo con su familia, leer novelas de historia y dirigir una asociación civil dedicada a brindar terapias con caballos a niños con problemas motrices, a la cual pertenece desde hace un año a invitación de los padres de familia.

El Mayor se levanta de la banca para regresar a su módulo. Ahí un Cabo de Caballería, quien es el militar que porta la botarga del Juancho, lo espera con un par de gorditas que le ha comprado para el almuerzo.

“Los muchachos tienen muchas consideraciones conmigo”, comenta El Mayor, quien por sus orígenes y su rol en el Ejército, se asemeja más a Espiridión Sifuentes, aquel humilde mozo de hacienda descrito en el libro “Tropa Vieja” del General Francisco Urquizo, autor preferido del Mayor, quien en la Revolución mexicana se convierte en testigo y protagonista de una lucha de campesinos contra campesinos, en tanto la clase dominante de la época se reparte el poder.

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6 consejos para negociar de manera más efectiva en el trabajo (y qué es lo que nunca deberías hacer)

Jonathan Booth, experto en negociación de la universidad británica London School of Economics, comparte con algunas de las claves para llegar a un mejor resultado.
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10 de agosto, 2020
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“Ninguno de nosotros puede evitar una negociación”, dice Jonathan Booth, explicando que hasta en las situaciones laborales más cotidianas existen habilidades negociadoras que pueden ayudarte a conseguir tus objetivos.

Cuando hablamos de negociar, no solo de trata de cerrar un negocio o conseguir un aumento de salario.

Hay negociaciones más cotidianas que, aunque no terminen con un resultado cuantificable en dinero, son igualmente importantes.

Por ejemplo, necesitas habilidades para negociar un día libre, para que la carga de trabajo sea equitativa o para defender un punto de vista que puede marcar el desarrollo de tu carrera profesional.

Jonathan Booth, profesor de comportamiento organizacional y gestión de recursos humanos de la universidad británica London School of Economics (LSE), quien además se especializa en educación para ejecutivos sobre negociación, dice que los pasos para tener éxito son aplicables en cualquier ámbito laboral.

“Ninguno de nosotros puede evitar una negociación”, le dice Booth a BBC Mundo, ya que es parte de la dinámica de nuestras vidas profesionales. como cuando hay que determinar los términos de un nuevo acuerdo o superar conflictos con colegas.

Lo más desafiante, afirma, es cuando estás negociando con una contraparte competitiva que no está dispuesta a perder y, por lo tanto, no le interesa llegar a un punto medio para facilitar un acuerdo donde los participantes obtengan algún beneficio, situación que en inglés se llama win-win.

Enfrentado a esa situación, es recomendable explorar si existen posibilidades de crear un escenario donde cada negociador se levante de la mesa con algún beneficio.

Para avanzar en este enfoque es importante “estar dispuesto a hacer preguntas, compartir información y priorizar la creatividad”, apunta Booth.

Estos son seis consejos que habitualmente utilizan los mejores negociadores, según el académico de LSE.


1. Acercarse a la contraparte y establecer una relación cordial

No se trata, necesariamente, de ir juntos al bar de la esquina, pero una llamada telefónica o una breve reunión previa, puede allanar el camino antes de que se establezca una negociación formal.

Si no están las condiciones como para un contacto previo a la negociación, es importante investigar por otros medios quién es tu contraparte.

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Es importante, dice el académico, crear las condiciones donde cada negociador se levante de la mesa con algún beneficio.

Por ejemplo, buscar en redes sociales información que pueda ser útil antes de sentarse a discutir. Indagar qué trabajos previos ha realizado, cuáles son sus motivaciones, sus intereses. Y si es posible, descubrir cómo han sido los resultados de negociaciones previas donde ha participado la contraparte.

Incluso si la confianza solo se extiende al establecimiento de reglas y procedimientos básicos, al menos eso permitirá que los participantes se sientan más cómodos.

2. Meterse en sus zapatos (y caminar un poco dentro de ellos)

Otra técnica que ayuda en el proceso es tratar de entender la perspectiva de la contraparte, incluso aunque no estés de acuerdo. Eso permite tener una comprensión más racional de la otra persona y descubrir qué busca.

También le hace ver al otro que estás prestando atención y que entiendes lo que propone, aunque las posiciones sean divergentes.

La idea es tratar de encontrar una solución integradora para evitar que el conflicto escale y se transforme en una discusión que no avanza.

3. Compartir información

Aunque puede sonar poco estratégico a primera vista, lo cierto es que compartir información es importante.

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“No vayas a una negociación sin estar preparado. Planificar y prepararse son la clave para el éxito”, apunta el experto.

Una negociación constructiva está relacionada con la reciprocidad. Entonces, tomar la iniciativa -y estar dispuesto a parecer vulnerable- puede ayudar a conseguir información de la contraparte y mover la conversación a tu favor.

Es como ceder un poco para conseguir algo a cambio. Es posible que tu buena disposición a compartir información empuje a los otros a seguir tu ejemplo, abriendo el diálogo.

Cuando los negociadores ven que las partes están dispuestas a trabajar juntas, se puede mantener un intercambio positivo.

4. Priorizar la creatividad

En cualquier negociación es probable que encuentres problemas o elementos inesperados a medida que avanzan las conversaciones.

En esta circunstancias se requiere ser creativo y buscar soluciones que den una respuesta a las distintas necesidades. Y para ser creativo con las propuestas tienes que saber quién es la persona que está al frente y qué busca.

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Antes de sentarse a negociar, siempre hay que investigar quién es tu contraparte.

Es útil trazar la percepción de los intereses de todos lo que están en la mesa. Si los problemas que se discuten tienen varias partes, vale la pena desglosarlos y usar la creatividad para que los otros se integren a la discusión.

En esto es clave hacer las preguntas correctas para aprender de la información nueva que consigues de los otros negociadores y así generar múltiples ideas que permitan crear posibles soluciones.

5. Plantear las cosas de manera colectiva

En vez de plantear el diálogo de manera individual, al estilo de “mi posición es esta”, “tu posición es esta”, es conveniente tratar de conducir la conversación hacia un diálogo colectivo.

También puede ser útil traer a la mesa ejemplos de negociaciones previas donde hayas participado y cuyos resultados arrojaron un beneficio mutuo.

En este punto hay que tener cuidado porque al mostrar mucha experiencia, puedes parecer intimidante o puedes ser percibido por los demás como que los estás subestimando.

6. Minimizar las amenazas

Si tus contrapartes utilizan amenazas, tendrás que encontrar maneras de bloquearlas o prevenir que vuelvan a aparecer en la mesa de negociación.

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“Si tus contrapartes utilizan amenazas, tendrás que encontrar maneras de bloquearlas o prevenir que vuelvan a aparecer”, argumenta Booth.

Básicamente se trata de minimizar la tensión. Lo primero es encontrar un asunto en que todos los negociadores estén interesados para mover la discusión hacia otro lado, o encontrar puntos donde haya acuerdo.

Si descubres cuáles son las cartas del juego de los demás, tienes más opciones de mover las piezas a tu favor, con el fin de encontrar una solución de beneficio mutuo.

¿Qué se puede hacer cuando aparece un elemento inesperado?

“Si eso ocurre, le puedes hacer preguntas para que la contraparte aclare de qué se trata el asunto”, dice Booth.

Ahora bien, “si lo nuevo realmente te ha tomado por sorpresa, trata de evitar que la otra parte se dé cuenta“.

Un alternativa es hacer una pausa en la negociación y ganar tiempo para investigar y evaluar el nuevo escenario, ya que así puedes saber si necesitas traer nuevos recursos a la mesa y explorar otros caminos para lograr un acuerdo.

Y sobre qué es lo que nunca deberías hacer al enfrentar una negociación, Booth es muy claro: “No vayas a una negociación sin estar preparado. Planificar y prepararse son la clave para el éxito”.


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