2013: ¿El fin del subsidio a los combustibles?
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2013: ¿El fin del subsidio a los combustibles?

17 de diciembre, 2012
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Por Antonio De la Cuesta Colunga

Durante la presentación del Paquete Económico 2013, el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Luis Videgaray, no sólo anunció un recorte al subsidio que anualmente se programa para calcular el precio oficial de la gasolina, sino que el esquema bajo el cual opera dicho distorsionador económico requerirá ser revisado en los próximos meses. Por supuesto que las reacciones no se hicieron esperar, tanto de quienes aplaudieron la declaración porque argumentan que los subsidios a los combustibles fósiles fomentan el uso irracional de los mismos y reducen los incentivos a transitar hacia energías renovables y más limpias, como de aquellos que se oponen a su reducción o eliminación por considerar nocivo el efecto de ello en los bolsillos de los consumidores de menores ingresos. Esta discusión tan polarizada tiene ya varios años y no ha llegado a ningún lado dado lo irreconciliable de las posturas. No obstante, este debate está a punto de quedar sin materia.

La realidad es que los precios internacionales, no nada más de la gasolina, sino también de otro combustible subsidiado, el gas LP, están cerca de empatarse con el precio de venta al público en México. En pocas palabras, el control de precios podría, en un futuro no muy lejano, ser más perjudicial para las personas de menores ingresos, que liberar los precios a la dinámica de la oferta y la demanda. En la actualidad, este fenómeno es más claro en el caso del gas LP, cuyo precio internacional tiene una constante tendencia a la baja por el creciente auge del gas natural para uso industrial y el descenso de la demanda del LP para consumo residencial, sobretodo en Estados Unidos. Así, de mantenerse el esquema vigente de deslizamiento mensual del precio del gas LP (el cual, desde 2010 a la fecha, ha subido cerca de 30%), pronto se estaría recibiendo un “subsidio negativo” a través del control de precios. Además, ante el precio más competitivo del gas natural y su mayor eficiencia energética respecto al LP, quienes tuvieran acceso al primero estarían en ventaja sobre aquellos que no. La cuestión es que, en México, las redes de gas natural domiciliario aún se encuentran en ciernes; esto sin mencionar la desinformación existente acerca de los beneficios del gas natural y de las presiones de varios distribuidores de gas LP que ven en riesgo su negocio con la competencia. A final de cuentas, el principal perjudicado tanto por el control de precios, como por la manipulación del mercado, es el consumidor, quien no tiene acceso pleno a todas las opciones y, por tanto, no tiene verdadera libertad de elegir.

Por otra parte, el tema de la gasolina es bastante más complejo (al igual que la estructura de operación de su subsidio, cuyo modelo se basa primordialmente en la sub-recaudación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios). Para mayor detalle sobre cómo funciona el subsidio ver este estudio de CIDAC. Si bien hoy el precio internacional se encuentra entre 25 y 30 centavos de dólar más caro que en México, la tendencia hace que el llamado “gasolinazo” –el aumento mensual al combustible que ha sido constante desde el descongelamiento de su precio en 2010—no tarde mucho en también empatarlos. Mientras tanto, es cierto que el esquema de fijación de precios vigente sí mantiene la gasolina barata y, en apariencia, ayuda a los consumidores, en particular a los de menores ingresos. Sin embargo, está comprobado que el 30% más rico de la población recibe cerca de 35% del monto de los subsidios a los combustibles. Por el contrario, el 30% más pobre apenas accede a 17% del mismo. Esto se debe a lo que los técnicos en la materia denominan “regresividad”, o sea, cuando una política pensada con el propósito de beneficiar a los que menos tienen, acaban dando mayores ventajas a quienes tienen mayores capacidades económicas para consumir. De hecho, tal como lo señaló el senador del PT, Marco Antonio Blásquez, en el marco de los posicionamientos partidistas en las discusiones de la Ley de Ingresos 2013, todo subsidio ligado al consumo es regresivo; cierto. La diferencia estriba en el tipo de mercancía que se consume. En tiempos donde se ha llegado a un consenso sobre el daño que causan los combustibles fósiles al medio ambiente, tanto desde el punto de vista de la contaminación que generan, como de su ineficiencia energética, resulta incongruente continuar incentivando su uso por la vía del subsidio. En suma, la transición a energías más limpias pierde fuerza, ya que se invierten más recursos para subsidiar fuentes de energía tradicional, en vez de fomentar la investigación y desarrollo de métodos para hacer de las energías alternativas más accesibles al público en general. Asimismo, el concepto de autosuficiencia energética seguirá siendo un ideal, si no se encuentran formas de hacerla más barata y accesible, sin necesidad de distorsiones económicas. La artificialidad de la fijación de precios nunca podrá ir de la mano con una economía verdaderamente sustentable.

Ante la presente situación económica global, la eficiencia en el gasto y la recaudación es la única fórmula posible para la supervivencia de las finanzas públicas de los países. Sin embargo, los excesos del asistencialismo, la corrupción, y la indisciplina en el endeudamiento, entre otros factores, son tentaciones omnipresentes que, cuando se cae en ellas, cobran facturas muy costosas a la larga. En México lo vemos con el sistema de pensiones y jubilaciones, cuya insolvencia –aún con el uso de pasivos contingentes—pronto podría ser una realidad. En cuanto al subsidio a los combustibles en general, y de la gasolina en particular, éste cada vez más implica un problema de solvencia para las finanzas públicas. Por ejemplo, el secretario Videgaray anunció un recorte al monto del subsidio aplicado al precio de las gasolinas por casi 10 mil millones de pesos respecto al ejercicio fiscal anterior. Ahora bien, esta cifra sólo considera como referencia la estimación plasmada en el Paquete Económico 2012 –la cual ascendía a 51,269 millones de pesos—y no en la cantidad real de dinero que el gobierno destinó para el particular. Según cifras del subsecretario de Ingresos de la SHCP, Miguel Messmacher, en el año que está por concluir, el subsidio a las gasolinas habría superado los 200 mil millones de pesos. De hecho, hace unos meses, en mayo de 2012, cuando Messmacher era el encargado de la Unidad de Planeación Económica de la misma dependencia, el funcionario alertaba de que la estimación original para el subsidio –los 51.2 mil millones mencionados anteriormente—ya se había agotado apenas en los primeros tres meses del año. Así, aunque se proyectaba un gasto determinado para subsidiar las gasolinas, el gobierno tuvo la flexibilidad para ajustarse y terminó erogando el cuádruple de lo estimado.  Si no se replantea el esquema del subsidio, la historia podría repetirse en 2013.

Todos sabemos de lo impopular de la medida de reducir o eliminar cualquier tipo de subsidio, ya que las personas lo perciben como un beneficio directo a sus capacidades de gasto. No obstante, al analizar la cuestión con mayor amplitud, es posible observar que, en realidad, subsidios como el de la gasolina y el gas LP, además de distorsionar el mercado, desincentivan la competencia y los esfuerzos por encontrar mejores alternativas en el rubro de los energéticos. En suma, cancelan la posibilidad de que los consumidores puedan acceder a la opción que mejor les convenga desde el punto de vista de su precio y calidad de una mercancía o servicio. Ahora bien, más allá de que no benefician más a los que menos tienen, los subsidios en general irrumpen con una premisa básica de justicia: no se está pagando lo justo por lo que se consume. Esto tiende a fomentar consumos irracionales, ya que no hay incentivos para usar eficientemente un recurso determinado. Al final, también es congruente con la justicia tener mecanismos enfocados en ayudar a los menos favorecidos económica y socialmente. No obstante, ese numeroso grupo de población –sobretodo en países con los índices considerables de pobreza como lo tiene México—, tiene derecho a no ser timada y esclavizada por retóricas populistas que les venden beneficios cortoplacistas cuya aplicación sólo tiende a perpetuar su estatus al fondo de la pirámide económica. Cualquier palanca de desarrollo que tenga como fulcro el asistencialismo malentendido y la dádiva, siempre acabará por quebrarse.

* Antonio De la Cuesta Colunga es investigador de CIDAC: [email protected]

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Julia "Butterfly" Hill

Julia, la mujer que pasó 738 días en la cima de una secuoya milenaria para evitar que la talaran

La activista se comprometió a ocupar el árbol, ubicado en un bosque del norte de California, pensando que pasaría allí como máximo un mes.
Julia "Butterfly" Hill
16 de agosto, 2020
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¿Qué harías tú para evitar que un majestuoso árbol de 1,500 años fuera víctima de las sierras de una maderera?

¿Arriesgarías tu vida, habitando un espacio en las alturas no más grande que una cama sencilla, a la intemperie, pasando frío, hambre, dolor y aislamiento?

¿Cuánto aguantarías?

Pues Julia “Butterfly” Hill, una activista medioambiental, vivió en la cima de una milenaria secuoya en el norte de California durante 738 días para evitar que la talaran.

Sólo aceptó ponerle fin a su increíble protesta y bajar del árbol después de ganar su batalla para protegerlo, así como el área que lo rodeaba.

Varios activistas han ocupado árboles, pero se cree que la protesta de Julia es la que más ha durado.

“Creo que a quien quiera talar un árbol de estos debería ordenársele vivir en él durante dos años”, dijo al programa Witness del Servicio Mundial de la BBC sobre su hazaña.

“Bellos y sagrados”

Una mujer abraza el tronco de un enorme secuoya en el Parque Nacional Secuoya, California

Getty Images
Las secuoyas son árboles monumentales.

Las secuoyas son árboles monumentales, oriundos de California, Estados Unidos..

Pueden crecer hasta alcanzar los 75 metros de altura, tener troncos de nueve metros de diámetro y vivir miles de años.

“Cuando llegué a California por primera vez y entré en el primer bosque ancestral, quedé muy conmovida e impactada por lo bellos y sagrados que son y se sienten”, comentó Julia a la BBC.

Desafortunadamente, desde la colonización del territorio californiano por culturas occidentales, la continua tala de este recurso natural diezmó los bosques.

“Al inicio de mi activismo, tomé conciencia de que el 97% de los bosques de estas secuoyas milenarias ya se había destruido“, explicó.

Aserradores a finales del siglo XIX trabajando en una de las madederas en California

Getty Images
A lo largo de los siglos, la industria maderera en California ha arrasado con los bosques de secuoyas.

En California se inició una forma de protesta a finales de los 70 conocida como la ocupación de árboles (tree sitting, en inglés), viviendo en ellos para protegerlos de la tala.

Julia Hill, a quien apodaron Butterfly (Mariposa) a los siete años, había estado viviendo con unos activistas del medioambiente en el condado de Humboldt, en el norte de California.

El grupo estaba enfrentado a una empresa maderera que talaba las secuoyas de la región.

Necesitaban a alguien que ocupara un árbol para atraer atención a la causa.

Julia se ofreció voluntaria, pensando en que sólo tendría que estar subida al árbol unas dos semanas, tal vez un mes.

La complicada vida en un árbol

Julia Butterfly Hill en su refugio arriba de un secuoya

Getty Images
El refugio de Julia consistía de una plataforma de dos metros por uno y medio, cubierto de una lona de plástico.

El 10 de diciembre de 1997, trepó a un árbol de 55 metros de altura al cual le dio el nombre de Luna. Ahí fue cuando se dio cuenta en qué se había metido.

“Estás atada a una soga de escalar, usas tus manos y pies para lentamente ir subiendo al árbol. A unos 25 metros de altura, cometí el error de mirar hacia abajo. Entré en pánico y me paralicé. Cuando abrí lo ojos otra vez, mantuve la vista fija en Luna a medida que subía”.

Sin embargo, el entorno también le tenía reservadas sorpresas agradables.

“El olor en el bosque es extraordinario. El aire es tan dulce que realmente lo puedes saborear”, describió.

El hogar de Julia en el árbol era una plataforma de dos metros por uno y medio. Más o menos del tamaño de una cama sencilla.

Después de pasar un año subido a ella, pudo armar una segunda plataforma. Se protegía bajo una lona de plástico, su cama se reducía a un saco de dormir y le subían la comida con un lazo.

Julia Butterfly Hill hablando por un teléfono celular dentro de su refugio en el árbol

Getty Images
Julia se comunicaba con los medios por medio de un teléfono celular cargado con energía solar.

Durante ese tiempo tuvo contacto humano, daba entrevistas a los medios a través de un teléfono que funcionaba con energía solar. Pero cuando llegó el momento de enfrentar el mal tiempo, estuvo completamente sola.

“Había mucha humedad y frío. Aun con la lona de plástico que me servía de techo y paredes, hasta la niebla penetraba y la lluvia encontraba pequeños agujeros por donde gotear desde las ramas a la plataforma”, relató

Tuvo que soportar tormentas con vientos de hasta 150 kilómetros por hora, lluvia congelada, granizo y finalmente nieve que destruyeron su refugio, con lo que quedó completamente expuesta a la intemperie.

Las condiciones meteorológicas fueron tan intensas que sufrió congelación severa porque no podía secarse ni calentarse durante semanas.

“Soportar el peor invierno registrado en la historia a 18 pisos de altura, en una pequeña plataforma en el cielo, me desafió en todos los aspectos. Mi deseo de sentir calor y secarme, el miedo a morir. Fue llevada al borde de todos los posibles temores que tenía. Y fue a través de esa experiencia que evolucioné como un ser humano”, afirmó.

Oposición, dudas y nuevo aliento

La empresa maderera Pacific Lumber Company

Getty Images
La empresa maderera hizo todo lo posible para obligar a Julia a bajar del árbol.

Pero no todos estaban igualmente impresionados.

Debido a que realizaba un acto de desobediencia civil -pues estaba en territorio que alguien reclamaba que le pertenecía- se había ganado el disgusto de la empresa maderera.

Estaba determinada a sobrevivir, aunque había algunas personas con igual determinación para obligarla a bajar.

“Intentaron varias formas de forzarme a bajar: desde cortar mis suministros y alimentos, dejarme con hambre, hasta sonar bocinas a alto volumen durante toda la noche y el día, durante muchos días, para que no pudiera dormir”.

Hubo momentos de duda en que casi se da por vencida.

“Soy un ser humano. Hubo momentos en los que dije ‘no aguanto más’. Momentos en los que me enrosqué en la posición fetal a llorar, ‘no puedo más, ni un minuto más'”, confesó, pero algo siempre pasaba que el daba nuevo aliento.

“Ya fuera una respuesta de la naturaleza, o alguien llegando inesperadamente con algún tipo de obsequio, o un oso que pasaba por el bosque comiendo bayas -es increíble ver un animal así de grande-. Hubo pequeños incidentes como esos, en momentos en que ya no podía más algo ocurría que me decía puedes aguantar. Un respiro más, un momento más”.

Julia arriba de un secuoya con el panorama de un bosque atrás

Getty Images
A pesar de soportar momentos difíciles, la naturaleza le brindó espectáculos maravillosos.

Con el tiempo algunas cosas de la vida en un árbol se volvieron más fáciles, otras más difíciles.

“Después de las tormentas recolectaba ramas y las tejía con los trozos de lona destrozados y mi techo se convirtió en algo parecido a un cesto de ramas, plástico y cinta adhesiva”.

Constantemente tuvo que rehacer su refugio porque el mal tiempo se lo llevaba cada tanto. Aun así persistió.

“No bajé porque había dado mi palabra que no lo haría antes de hacer todo lo que pudiera”, aseguró.

Victoria

La impresionante protesta de dos años de Julia atrajo la atención a lo largo de todo Estados Unidos y más allá. Le dedicaron varias canciones.

El 18 de diciembre de 1999, la protesta de Julia finalmente terminó. Se había llegado a un acuerdo con la compañía maderera.

Julia y los otros activistas habían logrado recaudar US$50.000 y efectivamente pagaron a la maderera para rescatar el árbol y un área aledaña de unos 12.000 metros cuadrados.

Las cámaras captaron el momento dramático cuando la defensora del medio ambiente descendió en lágrimas.

“Fue una sensación extraordinaria cuando toqué tierra por primera vez. La gente pensó que había caído al suelo porque mis músculos no eran lo suficientemente fuertes. Pero, en realidad, caí al suelo porque las emociones, la energía y todas las sensaciones eran tan profundas que no me podía mantener en pie”.

Activismo continuo

Julia Butterfly Hill está convencida de las repercusiones de su acción en la protección de uno de los tesoros naturales de California y el mundo.

Julia es esposada por la policía durante una protesta en Ilinois en 2001

Getty Images
Después de bajar del árbol, Julia continuó con sus protestas ecologistas que resultaron en arrestos.

“Como nada sucede en un vacío, es científicamente imposible no tener algún impacto”, aseguró a la BBC.

Un año después de que Julia bajara de Luna,lasecuoya fue atacada por un vándalo, quien le hizo al tronco un corte de 80cm de profundidad con una sierra.

Tras una intervención delicada de especialistas que lograron estabilizar el árbol, este sigue en pie, así como los demás que lo rodean.

Y a Julia le queda la inigualable experiencia de haber vivido en él durante casi dos años.

“Hubo tantos momentos profundos y bellos”, recuerda.

“Uno de ellos fue cuando la niebla cubrió el valle completamente. Me desperté temprano en la mañana y vi que nada más estaba yo por encima de la niebla y a medida que salía el sol la niebla se convirtió en una laguna de color dorado, rosado, naranja, azul clarísimo. Una laguna arcoíris”.

No obstante, su activismo no terminó con esas impactantes imágenes.

Julia Butterfly Hill cofundó la Circle of Life Foundation (Fundación Círculo de la Vida), que aboga por la transformación de las interacciones humanas con la naturaleza.

De su experiencia ocupando árboles escribió el libro “El legado de Luna: la historia de un árbol, una mujer y la lucha para salvar los secuoyas”.

Julia Butterfly Hill ocupa un árbol en protesta contra el desalojo de agricultores de sus tierras en el área metropolitana de Los Ángeles

Getty Images
En 2006, Julia Butterfly Hill ocupó un árbol en protesta contra el desalojo de agricultores de sus tierras en el área metropolitana de Los Ángeles

En 2002, Hill fue deportada de Ecuador, donde había participado en una protesta contra los planes de la petrolera Occidental de construir un oleoducto que atravesaría territorios indígenas.

Su trabajo en defensa del medioambiente y de los pequeños agricultores continúa, dando charlas, participando en simposios y dictando talleres.


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