¿Cómo explicar tragedias como el tiroteo de Connecticut?
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¿Cómo explicar tragedias como el tiroteo de Connecticut?

Tras cada matanza colectiva en Estados Unidos, la atención se dirige hacia la política de acceso a las armas. Pero los expertos advierten que es algo más complejo.
15 de diciembre, 2012
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Una mujer espera noticias de su hermana, una profesora, después del incidente en el que se cree han muerto al menos 27 personas.

Cada vez que ocurre una tragedia como la de este viernes en la escuela de primaria Sandy Hook, en Newtown, Connecticut, se reabre el debate sobre el acceso a las armas en Estados Unidos.

En un caso como el de este tiroteo, además, en el que la mayor parte de las víctimas eran niños, los argumentos de unos y otros se tornan más viscerales.

Si bien estas tragedias tienen raíces tan profundas como complejas, la violencia crece por la facilidad del acceso a las armas, que varía de uno a otro estado, aseguran los activistas que abogan por un mayor control de las armas.

Como explica el editor para Norteamérica de la BBC Mark Mardell, los estadounidenses creen que tienen el derecho a poseer armas, no sólo para el deporte o la caza, sino para la autodefensa. Este derecho está consagrado en su documento político más venerado, la Constitución.

Las armas son parte de la vida cotidiana. Es por eso que algunos insisten en que aún se debe permitir que la gente porte armas que han sido diseñadas con el único propósito de matar a mucha gente y rápidamente.

También es por eso que, después de estos tiroteos anteriores, surge la inevitable pregunta. ¿Cambiará algo esta tragedia? La respuesta, dice Mardell, es “por lo general no, pero esta vez, quizás, sólo quizás, pueda ser diferente”.

El presidente Barack Obama, al parecer secándose las lágrimas de sus ojos, dijo: “Hemos sufrido demasiadas de estas tragedias en los últimos años” y agregó que “vamos a tener que tomar medidas significativas para evitar más tragedias como esta”.

Pero vale recordar que después del tiroteo de 2011 en Tucson, Arizona, en el que 13 personas resultaron heridas -entre ellas la congresista Gabrielle Giffords- y seis murieron, también dijo algo similar. Luego no pasó nada.

Aunque desde entonces hubo elecciones, resalta Mardell, y Obama ahora muestra signos de presionar con los temas en los que realmente cree con mayor vigor y confianza.

“Asumir el control de armas sería audaz, y muy difícil. Habrá que ver si su emotivo discurso se traduce en acciones”, agrega Mardell.

Única causa

¿Es justo señalar a las armas como las únicas responsables de estos sucesos que se producen con tanta frecuencia en Estados Unidos?

“Es difícil establecer una causa única para un caso particular”, le dice Allen McConnell, profesor de Psicología Social en la Universidad de Miami, Ohio, a BBC Mundo.

“Según los múltiples estudios realizados en este campo, son varios los factores que aumentan la probabilidad de que alguien cometa un acto así”, añade.

“Lo que hay que ver es en qué medida esos elementos confluyen en una situación determinada, como en este caso el tiroteo de Connecticut”.

McConnell se refiere así a factores sociales pero también a elementos del dominio de la psicopatología, situaciones que pueden hacer que una persona normal se sienta frustrada o que adopte algún tipo de conducta agresiva.

En este punto, se añade a la discusión el análisis sobre el sistema de salud mental estadounidense, que para algunos recibe poca atención e insuficientes recursos por parte del estado.

Ahí es donde comienza el debate entre quienes creen que se debe implantar un mayor control sobre el acceso a las armas y quienes consideran que la reflexión debe ser más profunda y enfocarse en por qué este tipo de matanzas colectivas se dan más en Estados Unidos que en otros países.

¿Glorificación de la violencia?

“No puedes matar a alguien con un arma si no la tienes disponible, pero seguramente no es sólo la disponibilidad de las armas, sino una cultura que modela el uso de esas armas como solución a los problemas, lo que fomenta que sucedan estas masacres”, opina Allen McConnell.

“Es una suerte de mentalidad de Rambo, o del videojuego Call of Duty, como forma de resolver los conflictos”.

El individualismo, la falta de oportunidades y la fascinación por las armas se unen para conformar un caldo de cultivo en el que pueden aparecer figuras como la del autor del tiroteo de la escuela Sandy Hook.

Papel de los medios

Sin ignorar la teoría de quienes creen que los autores de estas matanzas se inspiran en eventos similares ocurridos con anterioridad, según lo cual los medios jugarían un importante rol a la hora de presentar la información sobre estos sucesos.

“En un sentido, tener esa información y noticias nos ayuda como sociedad para entender mejor los desafíos a los que nos enfrentamos”, responde McConnell.

“Lo que me llama la atención es que mucha gente que tiene esos planes, quiere dejar una huella o utilizar su acto como una plataforma para expresar un punto de vista, una idea extremista o su frustración personal”, agrega.

No sólo ocurre en Estados Unidos

En un país de más de 300 millones de habitantes, es arriesgado generalizar y concluir que estas matanzas son síntoma de una sociedad enferma.

“Nuestra cultura tiene elementos, ya sea la segunda enmienda o los medios o las películas o los videojuegos que glorifican la violencia como solución, que seguro hacen que estos eventos sean mas probables en este país”, reconoce Allen McConnell, pero no cree que se pueda afirmar que se trate de una cultura enferma.

Además, el experto recuerda que en este país la información fluye de forma masiva y estos casos reciben más publicidad, por lo que se multiplican sus efectos.

“Esto puede ocurrir en cualquier lugar, pero probablemente hay una serie de aspectos y modelos de la cultura estadounidense que hacen que sea más fácil que pase aquí, pero no sé si es una característica de nuestra sociedad o un reflejo de las diferencias y la historia de este país”, concluye.

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Ruth Bader Ginsburg: por qué la muerte de la jueza de la Corte Suprema de EE.UU. supone un terremoto en una nación ya fracturada

Si el presidente Trump nomina un reemplazante de la magistrada podría alterar por años el equilibrio ideológico del mayor tribunal de justicia del país y aumentar la tensión política a pocas semanas de las elecciones.
19 de septiembre, 2020
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La muerte de un juez de la Corte Suprema de Justicia siempre es algo trascendente en Estados Unidos. Pero la de Ruth Bader Ginsburg supone un terremoto de consecuencias imprevisibles para este país.

Ginsburg, que murió el viernes a los 87 años debido a un cáncer de páncreas, era un ícono feminista y progresista del máximo tribunal judicial de EE.UU. para asuntos como la igualdad de género o la inmigración, el aborto o el matrimonio igualitario.

Su muerte abre ahora la posibilidad de que el presidente Donald Trump nomine a su sucesor en una corte de nueve miembros donde ya ha colocado a dos, y altere así por años el equilibrio ideológico del Supremo a favor de los conservadores.

Como esto ocurre además en un país políticamente polarizado y a pocas semanas de una elección presidencial cargada de tensión, el debate por el reemplazo de Ginsburg amenaza con aumentar la fractura entre republicanos y demócratas.

“Normalmente las nominaciones a la Corte Suprema son un deporte de sangre. Entonces esto va a ser verdaderamente apocalíptico. Hay mucho en juego en esta nominación”, dice Jonathan Turley, un destacado profesor de derecho constitucional en la Universidad George Washington, a BBC Mundo.

Una silla clave

El hecho de que los magistrados de la Corte Suprema ocupen su cargo de manera vitalicia significa que cualquier cambio en la integración tiene efectos duraderos.

Nominada por el presidente Bill Clinton en 1993, Ginsburg formaba parte de un bloque de cuatro jueces progresistas de la corte que solía necesitar de un quinto voto “péndulo” para lograr mayoría.

Ruth Bader Ginsburg

Reuters
Ginsbrurg era parte de un bloque de cuatro jueces progresistas.

En votaciones recientes ese quinto voto lo aportó el juez John Roberts para decisiones sobre inmigración, derechos de homosexuales y otros temas importantes de la “guerra cultural” en este país.

Los presidentes de EE.UU. tienen la potestad de elegir los miembros de la corte, que deben ser ratificados por el Senado, y Trump suele señalar como un logro el haberlo hecho dos veces en menos de cuatro años de mandato.

Si lograse colocar a un tercer magistrado netamente conservador, la Corte pasaría a tener seis jueces instalados por republicanos, mientras el bloque liberal quedaría en una minoría de tres.

Eso puede conducir con el paso del tiempo a alteraciones significativas en diversas ramas del derecho.

“Esta es posiblemente la nominación más importante en la historia de la corte moderna. Hay una serie de doctrinas que actualmente penden de mayorías de cinco a cuatro”, advierte Turley.

Por ejemplo, señala que con un nuevo juez conservador en la corte quizás se abriría el camino para a revertir parcial o totalmente Roe versus Wade, el emblemático caso por el que el tribunal despenalizó el aborto en 1973.

Trump y Kavanaugh

Reuters
Dos de los actuales jueces del Supremo fueron nominados por Donald Trump.

Probablemente consciente de todo esto, Ginsburg indicó en su testamento que su “deseo más ferviente” era que evitaran reemplazarla hasta que asumiera un nuevo presidente, según informó la radio pública estadounidense NPR.

La pregunta ahora es si Trump podrá provocar tal desequilibrio en un Supremo que recientemente ha fallado más de una vez en contra de los intereses del mandatario.

“Aumentará el nivel de furia”

La muerte de Ginsburg le ofrece a Trump la oportunidad de acicatear al electorado conservador y religioso a menos de 50 días de las elecciones, cuando las encuestas lo muestran atrás del candidato demócrata Joe Biden.

De hecho, desde hace semanas Trump señalaba la eventualidad de nominar a un tercer juez del Supremo como una razón para que lo reelijan, por lo que quedan pocas dudas de que intentará hacerlo en los meses que le quedan como presidente.

Mensaje para Ruth Baden Ginsburg

Reuters
Ginsburg pidió en su testamento que no se nombrara un sucesor antes de las elecciones.

Además, el debate que se abre con esto desviará algo la atención de la respuesta de Trump a la pandemia de coronavirus, cuando EE.UU. está a punto de llegar a 200.000 muertos por el covid-19, una cifra que ningún otro país ha registrado.

El Senado está controlado por el Partido Republicano de Trump y su líder allí, Mitch McConnell, anticipó en la misma noche del viernes que en la cámara habrá una votación sobre el juez que nomine el presidente.

Sin embargo, evitó decir cuándo ocurriría esto: si antes o después de las elecciones del 3 de noviembre.

Los republicanos tienen 53 senadores (contra 47 demócratas), pero al menos dos miembros de esa mayoría se manifestaron días atrás reticentes a votar un nuevo juez de la corte tan cerca de las elecciones.

Esto sugiere que el reemplazo de Ginsburg puede volverse una nueva prueba de fuego de la lealtad republicana hacia Trump cuando algunos senadores tienen dificultades para ser reelectos ellos mismos.

Joe Biden

Reuters
Biden también ha dicho que el remplazo de Ginsbrurg debe esperar a las elecciones.

Por otro lado, a la controversia se añade el antecedente de que McConnell bloqueó en 2016 la votación en el Senado de un juez nominado para la corte por el entonces presidente Barack Obama, argumentando que era un año electoral.

Su explicación ahora es que el voto puede proceder porque, a diferencia de cuatro años atrás, el presidente y la mayoría del Senado pertenecen al mismo partido.

Los demócratas se apresuraron a exigir que se espere hasta después de la elección.

“Los votantes deben elegir al presidente y el presidente debe elegir al juez para que lo considere el Senado”, declaró Biden el mismo viernes.

Esto también podría movilizar a favor de Biden a electores de izquierda que aún están inseguros de votar por él.

“No podía imaginar que fuera posible hacer esta elección más divisiva, pero ocurrió: esto agrega un elemento transformador a la elección”, reflexiona Turley. “Esto aumentará el nivel de furia en el país”.


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