Crónicas desde "La Antesala del Infierno" (parte 2)
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Crónicas desde "La Antesala del Infierno" (parte 2)

Una matrimonio que vive junto a las vías ayuda a los migrantes para que su paso por Tierra Blanca, una de las zonas más peligrosas de México dentro de la ruta del migrante, sea menos traumático. ¿Qué los motiva a compadecerse de estas personas ante la mirada crítica de sus vecinos?
Por Manu Ureste
27 de diciembre, 2012
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El sueño americano. Se estima que alrededor de 400 mil migrantes ilegales, procedentes en su mayoría de países centroamericanos, transitan al año por México en un intento desesperado por cruzar la frontera de los EUA.  //Foto: Manu Ureste

El sueño americano. Se estima que alrededor de 400 mil migrantes ilegales, procedentes en su mayoría de países centroamericanos, transitan al año por México en un intento desesperado por cruzar la frontera de los EUA. //Foto: Manu Ureste

Las notas del acordeón que componen la melodía de un nuevo corrido fluyen por el altavoz del teléfono celular de Jorge para diluirse progresivamente con cada pisada al frente. “Yo tengo fe en tu memoria –se alcanza a escuchar a lo lejos- y siempre me has protegido/ mis cargamentos me llegan sanos a Estados Unidos/ Por eso tú eres Malverde/ Mi santito preferido”.

En pocos minutos Miguel y Jorge, y los otros dos migrantes que no quisieron hablar –uno de ellos es un tipo de gesto sombrío que permaneció durante toda la entrevista acostado sobre una colcha, con los ojos ocultos bajo la visera de una gorra y con la mano derecha en alto para evitar que se manchara el aparatoso vendaje que la envolvía por completo- se quedan atrás, al amparo de la interminable fila de vagones que hay estacionados en el llamado patio de carga, un hangar al aire libre de varios kilómetros donde los operarios de la compañía Ferrosur dan mantenimiento a los trenes que desfilan cada hora por este punto de paso obligado para todo convoy que se dirija al Norte, y por el que se calcula transitan en un solo día hasta tres mil indocumentados a lomos de La Bestia.

Un dato este último, sin duda, demasiado jugoso para los cárteles del crimen organizado, los cuales han lanzado especialmente en los últimos tiempos auténticas oleadas de secuestros y asesinatos en esta zona tristemente considerada como la más peligrosa dentro de la llamada ruta del migrante.

Situación que, a su vez, ha obligado a que varios destacamentos del Ejército mexicano se instalen permanentemente en la ciudad, y a que reconocidos activistas como el sacerdote Alejandro Solalinde encabezara multitudinarias marchas como la Caravana Paso a Paso por La Paz, durante la cual unos trescientos centroamericanos se concentraron en la vieja estación de Tierra Blanca para exigir a las autoridades que se pusieran “la mano en la conciencia y el corazón” y tomaran de una vez “cartas en el asunto”.

“También Dios fue migrante. Y si Él lo fue… ¿por qué no vamos a mirar por los indocumentados?”

Hace un par de minutos que quedó atrás el ecuador imaginario que divide en dos la jornada.

A pocos metros de distancia, muy cerca de un cruce a desnivel, se levanta un establecimiento de dos pisos y fachada amplia pintada recientemente en un color blanco algo diluido. En la entrada, pasando por una larguísima puerta corrediza de hierro, Hilda e Isidro se afanan para descargar de la batea de una camioneta un par de grandes bolsas repletas de piezas de pan que van amontonando poco a poco sobre una mesa blanca de plástico junto a unos costalitos que contienen un par de kilogramos de arroz y frijoles negros.

“¿Por qué nació esta idea de ayudar a los migrantes? –Isidro repite en voz alta la pregunta mientras le pide a un joven que les ayude para terminar de bajar las bolsas-. La verdad, es una cosa que no sé muy bien cómo explicarla. Creo que se debe a un sentimiento de compasión que nos nace, tal vez en agradecimiento de lo bien que nos ha ido a nosotros en la vida…”. “Y además –añade Hilda cerrando los puntos suspensivos- porque también Dios fue un migrante. Y si Dios lo fue, ¿por qué no vamos a mirar por ellos?”.

Sin embargo, no todos profesan la fe de este matrimonio de edad madura, ni el mismo sentimiento de compasión hacia quienes llegan hasta la puerta de este establecimiento suplicando por una botella de agua, algo de comida, un medicamento para rebajar la fiebre, calzado con el que cubrir los pies desnudos, o un poco de alcohol cutáneo para tratar las múltiples heridas que les deja el camino.

“Aquí hemos atendido de todo –asegura Hilda con los ojos negros muy abiertos-. Desde niños, mujeres, ancianos, hombres que han perdido una pierna, un brazo… de todo. Muchos nos llegan con los pies destrozados y en sangre viva porque sudan y se les moja el calzado y se les rompe. Otros vienen con el cuerpo picoteado porque duermen en el monte, en el suelo, o en donde pueden. Otros llegan hirviendo en calentura y sin un peso para comprar una pastilla, y otros vomitando después de días enteros sin comer ni beber nada…”.

Quizá por ello, comenta, muchas de esas personas ven en esta modesta purificadora de agua un oasis –dicho de manera literal- en plena travesía por su particular desierto. “La mera verdad, si viera la desesperación que tiene esa gente por el hambre… no lo iba a creer”, continúa relatando esta veracruzana que “en épocas fuertes” ha llegado a preparar con lo que aporta de sus posibilidades y los donativos que recibe de algunas cadenas de súper mercados y de particulares, “comidas hasta para seiscientos o setecientos muchachos en un solo día”.

“Cualquiera puede pensar –se quita el delantal color rojo vino, lo enrolla entre las manos y se sienta en una silla de plástico- ¡cómo van a comer arroz así solo, sin nada más! Pero, para ellos es algo maravilloso poder comer algo, lo que sea. Si la gente saliera un poco de su mundo y viera esas escenas, estoy segura de que se volverían mucho más sensibles al dolor. Porque cuando no se sabe sufrir, no se aprecia lo que es en verdad. Me gustaría que supieran cómo vienen viajando en ese tren, las humillaciones a las que se ven sometidos. Muchos dicen que ‘quién los manda salir de sus países’. Pero ellos no salen por gusto, sino porque que se ven obligados a dejar atrás a sus padres, a sus hijos, a todos sus familiares y amigos que sufren mucho al verlos partir, obligados por la necesidad y el hambre”.

“Es duro ver cómo sufren los migrantes ahí arriba en el tren. Una cosa es verlo por la tele… y otra que tú lo vivas con ellos”

Tras la última respuesta, Hilda empieza a tragar saliva con dificultad y ladea la cabeza en dirección a los raíles del tren.

“Es duro de ver –repite varias veces casi en un susurro-. Porque una cosa es verlo por la tele y otra que tú lo vivas”. En una ocasión –recuerda en voz alta- estábamos friendo tortillas porque ya se nos había acabado la comida para repartir. ¿Y me podrás creer que así como salían las tortillas del aceite hirviendo, así se las comían? Yo les decía: ‘Oye mijo, que te va a hacer daño. Espérate un poquito a que se enfríen’. Pero ellos me respondían –hace una pausa y saca del bolsillo del pantalón de faena un pañuelo arrugado -: ‘No madrecita, es que si usted viera… ya traigo tres días ahí arriba sin comer nada. El hambre es tanta que no sentimos ni lo caliente'”.

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El patio de carga, en Tierra Blanca. //Foto: Jesús Lazcano, periodista

Se calcula que por el llamado ‘patio de carga’, en Tierra Blanca, transitan en un solo día hasta 3 mil indocumentados a lomos de La Bestia. //Foto: Jesús Lazcano, periodista

Todas las piezas de pan están desperdigadas sobre la mesa, listas para ser repartidas. Sin embargo, las grandes ollas de acero inoxidable permanecen apoyadas contra una pared de cemento sin estucar secándose al sol, mientras un par de mesas con publicidad de una compañía refresquera lucen vacías y en un completo silencio.

“Ayer atendimos solo a unos treinta migrantes”, comenta Hilda al percatarse que el repotero escudriña el local vacío y escribe algo en la libreta. “Es por la época de frío. Muchos ya van de vuelta para sus países de origen porque más para arriba el clima está muy duro y no lo soportan”.

Cuando habla de “más para arriba”, Hilda se refiere a la zona centro del contrastante Estado de Veracruz. En concreto, a la zona montañosa de Córdoba, Amatlán y Orizaba, lugares por los que el tren pasa cargado de indocumentados y en los que, a diferencia del calor asfixiante de Tierra Blanca, en invierno el termómetro puede llegar a marcar valores por debajo de los cero grados debido a la fuerte humedad y a la proximidad del majestuoso Pico de Orizaba, la montaña más alta de México con algo más de seis mil metros de altura. “Por allí el clima está muy duro. Y claro, imagínate. Con ese frío y con la lluvia cayéndoles fuerte… Muchos se tapan solo con una bolsa de plástico –hace otra pausa enfática-. Eso y la esperanza es todo el abrigo que traen“.

“En las vías hay de todo: nos ha tocado gente muy buena, pero también hay escorias…  Pero nosotros no hacemos distinción entre buenos y malos

– Oiga –interrumpe el reportero-. ¿Y nunca han tenido problemas estando tan cerca de las vías? Recientemente en el albergue para migrantes que hay en Lechería, en el estado de México, tuvo que cerrar sus instalaciones debido a que los pobladores denunciaron intentos de agresión, robos y violación por parte de los indocumentados hacia los lugareños. Asimismo, en Orizaba la casa del migrante fue cerrada en el 2009 también por las continuas quejas de los pobladores…

“Mira, desafortunadamente, ahí va de todo –interviene en la conversación Isidro mientras una ruidosa locomotora sin vagones pasa a muy pocos metros de distancia de la purificadora y un par de coches esperan pacientes frente a una señal corroída por el paso del tiempo y con forma de equis que les advierte, o más bien amenaza, que tengan Cuidado con el tren-. Nos ha tocado gente muy buena, muy honrada. Pero también hay escorias –admite con el gesto sombrío-. Inclusive, hay gente que se hace pasar por ellos y que luego va pidiendo dinero por las calles. A esos los llamamos ‘centroamericanos pirata’. Y sí, entre miles y miles de gentes que por aquí pasan, puede que por ahí haya hasta algún violador, ratero, asesino, pandillero, o no sé qué tanto. Pero nosotros no podemos señalar a nadie, ni hacemos distinción entre buenos y malos –vuelve a recuperar el tono amable-. La ayuda que nosotros brindamos es pareja para todos. No hacemos distinción. Mientras no se manifiesten contra nosotros… todo estará bien. Y hasta ahorita no hemos tenido problema”.

-¿Tampoco con los vecinos del municipio?

“Bueno… -encoje los hombros- parece que algunos se molestan con lo que hacemos, pero no nos importa. Nosotros, simplemente, tratamos de ayudar al pueblo”.

Por su parte, Hilda se muestra más crítica que su marido y lamenta que la gente todavía vea extraño que alguien ayude al prójimo sin obtener a cambio una retribución económica o algún tipo de beneficio. “¡Pero si son seres humanos!”, exclama frunciendo el ceño y dibujando en su rostro un gesto de no comprender nada. “Todos tenemos que ser más sensibles al dolor para que esto algún día cambie –dice con los dos puños cerrados-. Porque, de veras, ¡se siente tan bonito dar sin esperar nada a cambio! Te echan tantas bendiciones… que se siente maravilloso. ¿El dinero? –Pregunta, retórica- El dinero se va. Te mueres y no te llevas nada. Lo único que te llevas es el sentimiento de que serviste a alguien que lo necesitaba. A mí la verdad no me importa lo que la gente nos diga. Porque sólo Dios sabe por qué hace las cosas y yo, con su bendición, tengo suficiente pago“, concluye la veracruzana que, a pesar de que reitera en numeras ocasiones durante la conversación que “aún hay mucha gente de aquí que mira raro a los indocumentados, como si fueran seres extraños”, destaca por otra parte que en Tierra Blanca también hay gente solidaria “con los hermanos de Centroamérica”.

“No nos importa lo que la gente diga sobre nuestra labor. Sólo Dios sabe por qué hace las cosas y nosotros, con su bendición, tenemos suficiente pago”

“No somos nosotros solitos ¿eh? –Apunta con el dedo índice estirado hacia las bolsas llenas de arroz y frijoles que hay sobre la mesa-. Yo siempre les digo a los migrantes que esto es un equipo. Porque hay gente de aquí que vienen y nos apoyan donando doscientos o trescientos panes para que los repartamos entre ellos. Otros vienen y nos dan huevos, arroz y frijoles, y con eso nos completamos entre todos para que puedan comer algo”.

– ¿Pero, qué les parece que Tierra Blanca sea conocida a nivel nacional por ser un foco rojo en cuanto al secuestro y asesinato de indocumentados? Dicen que a esta zona se la conoce como El Triángulo de las Bermudas porque los cárteles del crimen organizado y los pandilleros desaparecen a cientos de personas y…

– Bueno, bueno –Isidro corta en seco la exposición de la pregunta con la palma de la mano en alto, como si no quisiera escuchar más al respecto-. Parece que últimamente ya no está tan mal la situación –comenta cauteloso y se ajusta los lentes-. Antes sí era una cosa horrible.

– ¿A qué se refiere?

– A muchas cosas feas. A cómo los golpeaban, los maltrataban, los correteaban por toda la ciudad…

– ¿Quiénes? ¿La Policía? ¿Migración?  

– No… no –alza de nuevo la mano al aire en un gesto automático, eléctrico-. Los maleantes son los que van contra ellos. Ni la Policía ni Migración se meten ahí.

– Sí, pero en marzo del año 2010 diversos medios de comunicación se hicieron eco de la detención por parte del Ejército de al menos cien elementos de la Policía del municipio, acusados de presuntos nexos con el crimen organizado, así como de tráfico y extorsión de migrantes de origen centroamericano. (Cabe señalar que tras el operativo sorpresa, solo 13 de los 98 policías fueron puestos en arraigo preventivo, de acuerdo con la Procuraduría General de Justicia del Estado).

– Pues… –se ajusta de nuevo los lentes y cruza, visiblemente incómodo, los brazos sobre el abdomen-. Pues sí, en los periódicos puedes leer todo eso. Ya sabes, ¿no?

Isidro pone una sonrisa de partida de póker y da por zanjado el tema.

 

****

Por Tierra Blanca es común la presencia de 'migrantes

Por Tierra Blanca es común la presencia de ‘centroamericanos pirata’.

Tres migrantes de aspecto campesino, de poco más de un metro sesenta de altura,  muy morenos y vestidos con pantalón y camisa holgadas, cinturón apurado hasta el último agujero, tenis deportivos en aparente buen estado, gorra con propaganda electoral y mochilas color negro a la espalda, asoman la cara por entre los barrotes de la puerta corrediza de hierro, como no queriendo interrumpir la plática, y solicitan de buenas maneras unos pesos para la cabina de monedas que hay instalada en la esquina de la purificadora, a escasos metros del sendero por el que transita el tren del que probablemente acaban de bajar.

“Es para el teléfono”, dice con un tono de voz prácticamente inaudible el más joven de los tres. Isidro mete la mano en el bolsillo y les da varias monedas. De inmediato, el que aparenta más edad y jerarquía en el pequeño grupo de tres, descuelga el auricular, marca una larga serie de números, y empieza a hablar con alguien al otro lado del hilo.

– ¿Llegaron en el tren? –La pregunta va dirigida a los otros dos migrantes que permanecen en silencio junto a la cabina telefónica-.

Ninguno contesta.

– Que si vienen ustedes en el tren –repregunta un tanto brusco Isidro, elevando la voz-.

– Sí, llevamos tres días viajando –contesta al fin el de mayor edad que acaba de colgar de manera súbita el auricular del teléfono-. Desde Tapachula hasta aquí, tres días.

– ¿Tuvieron algún problema en el tren?

– No, no –menea la cabeza-. Ningún problema.

– ¿Nada? –Insiste el reportero-. ¿Nada de nada?

Pero sus ojos desconfían ante tanta pregunta.

– Nada –niega tajante-. Para qué le voy a decir que hay… si no hay. Está todo tranquilo. Más adelante… solo Dios sabe.

A continuación, los tres dan las gracias con una reverencia casi imperceptible y una sonrisa nerviosa, y ponen fin a la escueta conversación para comenzar a caminar hacia el interior de la ciudad y perderse en cuestión de segundos por los entresijos de Tierra Blanca.

– Ahí tienes tres centroamericanos pirata –comenta Isidro aún con los brazos cruzados y con una mueca burlona en la boca.

– ¿Por qué lo dice?

– Porque esos son más de Chiapas que todo.

Se carcajea.

****

Migrantes a su paso por Tierra Blanca. //Foto: Manu Ureste

Migrantes a su paso por Tierra Blanca. //Foto: Manu Ureste

“Seguiremos ayudando a los migrantes hasta que la fuerza nos acompañe. Pero no sabemos hasta cuándo será eso… Porque esta es la historia de nunca acabar”

Ha transcurrido más de hora y media de entrevista y los menesteres diarios del establecimiento empiezan a amontonarse. En la libreta quedaron anotados algunos detalles de la anterior anécdota con los tres centroamericanos supuestamente apócrifos y tras echar un rápido vistazo al reloj la prudencia, y el estómago, aconseja continuar con el camino y buscar algo para comer.

– Díganme –Se les pregunta a modo de despedida ya desde el otro lado de la puerta corrediza-: ¿Hasta cuándo piensan apoyar a los indocumentados?

– Hasta donde Dios nos dé vida –asevera Hilda mirando al cielo-. A veces se puede y a veces no, pero… hasta donde Dios nos dé vida acá vamos a seguir.

Por su parte, Isidro se muestra más terrenal que su esposa y, aunque no pierde la esperanza ni la fe que comparte con ella, es consciente de que la realidad en las vías no invita precisamente al optimismo.

-Seguiremos hasta que la fuerza nos acompañe. Pero no sabemos hasta cuándo será eso porque esta es la historia de nunca acabar –afirma tras pensar durante unos instantes la respuesta-. Sería muy bonito y maravilloso salir un día y ver que ningún indocumentado viene en ese tren, porque implicaría que en sus países hay mucho progreso y que estas personas tienen un buen trabajo para vivir sin necesidad de salir al extranjero a jugarse la vida por un pedazo de pan. Eso sería maravilloso, ¿no cree? –Se le ilumina la mirada-. Realmente maravilloso.

Lee aquí Crónicas desde ‘La Antesala del Infierno’ (parte 1)

 

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Génesis II, la "iglesia" acusada de vender una falsa solución milagrosa contra el COVID

El "arzobispo" Mark Grenon y tres de sus hijos están acusados de vender fraudulentamente una solución para elaborar dióxido de cloro como cura "milagrosa" para distintas enfermedades. La iglesia tiene ramificaciones en América Latina.
26 de agosto, 2020
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La Iglesia Genesis II de la Salud y la Sanación fue creada para “brindar salud a toda la humanidad”. O al menos eso afirman sus miembros.

“Queremos crear un mundo sin enfermedad”, aseguraba en su página web personal uno de sus dos fundadores, Jim Humble, un hombre ya anciano que alguna vez fue buscador de oro en Sudamérica.

Las autoridades de Estados Unidos, sin embargo, tienen una opinión muy diferente de esta “iglesia”, de la que Humble afirma haberse retirado en 2017.

Su otro fundador y actual líder, Mark Grenon, de 62 años, fue arrestado recientemente en Colombia junto a uno de sus hijos, Joseph (32), por petición de la Justicia estadounidense, que les acusa de fabricar, promover y vender una cura fraudulenta contra el coronavirus y otras enfermedades.

Otros dos hijos del “arzobispo” Grenon, Jonathan (34) y Jordan (26), también fueron arrestados en Estados Unidos y están en prisión preventiva.

Según la acusación de la Fiscalía del Distrito Sur de Florida, la familia Grenon supuestamente vendió decenas de miles de botellas de la llamada “Solución Mineral Milagrosa” o MMS (por sus siglas en inglés) como remedio contra todo tipo de dolencias, entre ellas el autismo, la malaria y el cáncer.

La MMS es una solución de clorito de sodio y agua destilada y se vende con las instrucciones de mezclarla con un “activador”, por ejemplo ácido cítrico, para convertirla en dióxido de cloro.

Tanto el clorito de sodio como el dióxido de cloro son los ingredientes activos de algunos desinfectantes, además de tener otros usos industriales como la fabricación de papel.

La sustancia se considera tóxica para el consumo humano.

Además, ninguna autoridad sanitaria reconoce algún posible efecto beneficioso para la salud, y la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) alertó de que puede causar vómitos, diarrea o bajar la tensión sanguínea a niveles peligrosos.

Pero con la crisis sanitaria desatada por la pandemia del coronavirus los Grenon habrían llegado a ingresar US$120.000 al mes por ventas relacionadas con el MMS, según figura en los documentos judiciales consultados por BBC Mundo.

Los cuatro Grenon están acusados formalmente de conspirar para defraudar a EE.UU., conspirar para violar la Ley Federal de Alimentos, Medicamentos y Cosméticos y de resistencia a la autoridad.

Mark Grenon

FreetheGrenons.com
En la página FreetheGrenons.com (Libertad para los Grenon) se piden donaciones para los gastos legales de la familia.

Hasta el momento son los únicos acusados en este caso y la Fiscalía rehusó explicar si existen otras investigaciones en marcha relacionadas con el MMS contra miembros de la Iglesia.

BBC Mundo intentó recabar el testimonio de los Grenon, pero estos no tienen abogado defensor y una persona que dijo ser de su entorno familiar no quiso hacer comentarios sobre el caso.

“Nuestros simples derechos y libertades están siendo atacados como nunca antes. Los gastos legales se acumulan y necesitamos tu ayuda”, se lee en FreetheGrenons.com (Libertad para los Grenon), la página web puesta en marcha para apoyarlos.

Vínculos latinoamericanos

Según la Fiscalía colombiana —que no quiso hacer declaraciones a BBC Mundo por tratarse de un caso abierto en Estados Unidos— los Grenon “también comercializaban la ‘pócima’ en Colombia y, desde Santa Marta, coordinaban envíos a países de África”.

En Santa Marta —donde fueron detenidos, ubicado en el departamento de Magdalena—, la familia operaba además un “centro de restauración” centrado en el MMS, según los documentos que sostuvieron la petición de arresto.

Página web

Ig2.com.ar
Esta página argentina asociada con la Iglesia Génesis II publicita el clorito de sodio “para purificar el agua”.

Pero los vínculos internacionales de la Iglesia Génesis II incluyen también seguidores en otros países de América Latina.

La sede estuvo durante un tiempo en la República Dominicana, donde la iglesia organizaba seminarios a un coste de US$1.000 dólares, sin incluir comida ni alojamiento.

Mientras que solo en Chile, Génesis II cuenta con más de 200 ministros y dos obispos, le dijo a BBC Mundo Eyre Pacheco, quien asegura haber alcanzado el rango de ministra en 2013 y ahora es obispo “a cargo de la filial Génesis 227”.

Los “doctores” y “ministros” del MMS son entrenados en seminarios de 10 días y cada estudiante recibe un certificado en el que se le da permiso para abrir una misión o iglesia local, explicaba Humble en un post de 2011.

Y en su libro autopublicado MMS Health Recovery Book (que se traduciría como “Libro de la recuperación de la salud con el MMS”) el cofundador de Génesis II aseguraba que para octubre de 2016 la iglesia contaba con “más de 1.700 ministros de salud entrenados en más de 120 países”.

Ese mismo año Humble, —el autoproclamado “descubridor” de la Solución Mineral Milagrosa— fue ubicado en México por la cadena ABC.

Pero en su página web asegura que se retiró de la iglesia —aunque no del MMS— un año después, para centrarse en investigar y escribir libros.

“No fue religioso para nada”

“Yo me capacité en el uso del MMS con Jim Humble en el año 2013 porque quería aprender cómo ayudar a mi sobrino con cáncer cerebral”, le contó Pacheco a BBC Mundo.

Según la chilena, el MMS salvó a su sobrino.

Iglesia Génesis II

BBC

“Comprenderá usted que una experiencia personal marca profundamente a una persona, por ello me comprometí con la causa de la iglesia y he ayudado a miles en el camino”, dijo.

BBC Mundo se puso en contacto con varias personas en distintos países que aparecieron asociadas a Génesis II, bien en informaciones de medios de comunicación o en páginas de internet relacionadas.

Una de ellas fue Julián Pérez, quien se presenta en internet como presidente de un centro de salud naturista en España, del que le dijo ya estar retirado.

Cola en Bolivia

Reuters
En ciudades como Cochabamba, Bolivia, la población ha llegado a hacer cola para adquirir dióxido de cloro.

En esa página se puede ver su certificado de “obispo” de Génesis II, fechado en 2013, aunque dice que él nunca mantuvo un contacto estrecho con la congregación y que los líderes de la iglesia ignoraron los correos que les envió.

“Yo estaba haciendo una tesis doctoral en terapia electrolítica inversa […] y di con el resultado de lo que Jim Humble había encontrado un poco por casualidad”, relató Pérez.

“Se le estaban muriendo los porteadores en unas minas que fue a explotar […] y les dio a tomar el producto que llevaba para depurar el agua […] y descubrió que el producto curaba la malaria”, le dijo a BBC Mundo.

(Ni la OMS ni ninguna agencia del medicamento reconoce este tipo de tratamiento como cura para la enfermedad).

Y según Pérez —quien dijo haber hecho su tesis para una universidad “alternativa”— Génesis II fue fundada “no con visión religiosa, con conocimientos morales, sino de enseñar a la gente a vivir con más salud, con más dignidad”.

Joseph Grenon

Fiscalía de Colombia
Los Grenon operaban un retiro en la ciudad colombiana de Santa Marta, según documentos del caso.

En lo primero parece coincidir la Fiscalía de Estados Unidos, que acusa a los Grenon de vender el MMS “bajo el disfraz de la Iglesia Genesis II de la Salud y la Sanación, una entidad que pretendidamente crearon en un intento de evitar la regulación gubernamental del MMS“.

Y el propio Grenon explicó el razonamiento en una entrevista de febrero de este año citada en los documentos judiciales del caso.

“No nos pueden arrestar por hacer uno de nuestros sacramentos, y yo sabía esto. Así que por eso…dije hagamos una iglesia. Podríamos haber hecho un templo. Podríamos haber hecho una sinagoga. Podríamos haber hecho una mezquita”, aseguró en esa oportunidad.

— “¿Así que no fue realmente por la religión? ¿Fue para, para de alguna manera, legalizar el uso del MMS?”, preguntó el entrevistador.

— “Así es. No fue religioso para nada”, respondió el “arzobispo” de Génesis II.

El coronavirus, la “llamada de atención”

La gravedad de la crisis del coronavirus ha hecho aflorar un abanico de supuestas soluciones milagrosas o no amparadas en la ciencia, algunas de las cuales han tenido bastante repercusión pública.

Botella de CDS en Bolivia

Reuters
El CDS es otro de los nombres comerciales del dióxido de cloro con supuestos fines médicos.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió en abril que se podría investigar la inyección de desinfectante en el cuerpo para eliminar el virus, aunque luego aseguró que fue una afirmación sarcástica.

Pero para Catherine Hermsen, comisionada asistente de la Oficina de Investigaciones Criminales de la FDA, “la Iglesia Génesis II de la Salud y la Sanación ha puesto de forma activa y deliberada a los consumidores en riesgo”.

“Continuamos protegiendo a la población de conductas criminales que se aprovechan de la pandemia de covid-19″, prometió por su parte Ariana Fajardo Orshan, fiscal del Distrito Sur de Florida.

Eyre Pacheco, sin embargo, cree en la inocencia de los Grenon y confía que “pronto los van a liberar”.

“Esto no es una detención por un delito pues a nadie han perjudicado, sino por ‘violar’ una norma impuesta sin base, es una falta administrativa”, argumentó.

“La FDA no dispone de ningún antecedente fundado para emitir las alertas en torno al MMS […]. Todo lo que indican sobre efectos secundarios del uso del MMS no tiene fundamento”, le dijo a BBC Mundo.

Pero eso no es lo que dicen las autoridades. Y la batalla legal para frenar a la Iglesia Génesis II y las ventas de MMS no solo se da en Estados Unidos.

En Perú, la Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas emitió una alerta en noviembre de 2019 contra los productos que contienen dióxido de cloro o clorito de sodio, entre ellos la MMS (comercializada como “Solución Mineral Milagrosa” o “Solución Mineral Maestra”) pidiendo que no sean consumidos porque pueden causar “graves daños a la salud”.

Donald Trump

Reuters
El presidente estadounidense, Donald Trump, se refirió a los desinfectantes en una rueda de prensa sobre el coronavirus.

Mientras que en Australia la Administración de Bienes Terapéuticos, adscrita al Ministerio de Salud, multó con “US$150.000 a MMS Australia por publicitar ilegalmente la sustancia y ha abierto un procedimiento judicial por publicidad ilegal.

“Yo creo que si está disuelto probablemente hay un riesgo bajo. Pero los consumidores suelen pensar ‘si un poco es bueno, más debe ser aún mejor’. Y ese es el peligro”, le dijo a BBC Mundo Kenneth Harvey, experto australiano en salud pública interesado en publicidad engañosa.

Y hay un peligro quizás mayor, lo que se conoce como daño indirecto.

“Si la gente cree que es una forma efectiva de tratar una condición particular, pueden ignorar otros tratamientos que sí están basados en la evidencia científica”, asegura Harvey.

Según Harvey, la crisis del coronavirus ha sido una “llamada de atención” para las autoridades, de que “no pueden dejar pasar estas cosas”.

“El daño potencial no es tanto su perjuicio para la salud, sino la gente que lo toma y piensa ‘soy inmune, no necesitamos distanciamiento social, ni ponernos mascarillas, porque estamos protegidos por este sacramento mágico”.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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