¿Dónde vive la gente más feliz del mundo?
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¿Dónde vive la gente más feliz del mundo?

Siete de los diez países con las personas más felices están en un continente.
19 de diciembre, 2012
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La gente más feliz del mundo no está en Qatar, la nación de mayor riqueza económica según varios criterios de evaluación. Tampoco reside en Japón, el país con la mayor esperanza de vida, ni en Canadá, que pese a ser líder mundial en el número de graduados de la educación superior no figura siquiera en los 10 primeros puestos cuando de felicidad se trata.

Una encuesta a casi 150.000 personas en todo el mundo reveló que siete de los 10 países con las actitudes más positivas en su población se encuentran en América Latina.

“En Guate, la cultura es de personas amigables que siempre están sonriendo”, dijo Luz Castillo, de 30 años, quien da lecciones de surfing. “Además, todos los chapines, a pesar de los problemas que enfrentamos, estamos rodeados de mucha belleza natural que nos permite escaparnos. Somos el país de la eterna primavera y ese clima influye mucho”.

Gallup Inc preguntó en el último año a cerca de mil personas en cada uno de los 148 países abarcados por su estudio si sentían que descansaban lo suficiente, se les trataba con respeto, sonreían o reían mucho, aprendían o hacían algo interesante, y si experimentaban sentimientos de gozo.

En Panamá y Paraguay, el 85% de los entrevistados respondieron afirmativamente a las cinco preguntas, con lo que esos países se ubicaron en los dos primeros lugares de la lista. Muy de cerca les siguen El Salvador, Venezuela, Trinidad y Tobago, Tailandia, Guatemala, Filipinas, Ecuador y Costa Rica.

La gente que reportó menos emociones positivas vive en Singapur, la ciudad-estado adinerada y ordenada que figura entre los países más desarrollados del mundo. Otras naciones ricas se ubicaron también en lugares sorprendentemente bajos en la lista. Alemania y Francia empataron con el empobrecido estado africano de Somalilandia, en el 47mo puesto.

Las naciones prósperas pueden ser también profundamente desdichadas. Y los países pobres pueden desbordar felicidad o al menos mostrarse bastante optimistas.

Se trata de una paradoja con implicaciones serias para un ámbito de estudio relativamente nuevo y controvertido, que se denomina economía de la felicidad. Este campo abarca las mejoras que puede realizar un gobierno para elevar el grado de satisfacción de su gente, más allá de mediciones tradicionales como esperanza de vida, ingreso per cápita y niveles de educación superior.

El reino de Bután, en el Himalaya, mide sus políticas por el impacto que tienen sobre un concepto denominado Felicidad Nacional Bruta.

El primer ministro británico, David Cameron, anunció un programa nacional de bienestar en 2010, como parte de una promesa para mejorar la vida de los ciudadanos tras los efectos de la recesión global. Una encuesta enviada a los domicilios de 200.000 británicos hace preguntas del tipo: “¿cuán satisfecho está usted con su vida actual?”

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que agrupa a 34 de los países más desarrollados del mundo, creó recientemente su Índice para una Vida Mejor, que permite a la gente comparar los distintos países con base en su calidad de vida, además del bienestar económico.

Algunos expertos consideran que ésta vía es peligrosa, pues permitiría que algunos gobiernos utilicen las percepciones públicas como una excusa para hacer caso omiso a los problemas. Algunos dijeron que, como un ejemplo de los riesgos, la encuesta de Gallup presenta quizás datos distorsionados, ante la propensión cultural que tendrían los latinoamericanos a evitar las declaraciones negativas, sin importar cómo se sientan en realidad.

“Mi reacción inmediata indica que esto está influido por distorsiones culturales”, dijo Eduardo Lora, quien estudió las mediciones estadísticas de la felicidad como ex jefe de economistas del Banco Interamericano de Desarrollo.

Lo que dice la literatura empírica es que algunas culturas tienden a responder a cualquier tipo de cuestión de una manera más positiva”, dijo Lora, nacido en Colombia, la undécima nación más feliz.

En cuanto a los 10 países menos positivos, no fue raro encontrar a algunos ahí, como el caso de Irak, Yemen, Afganistán y Haití. Armenia ocupó el penúltimo peldaño.

“Sentirse infeliz es parte de la mentalidad nacional aquí”, dijo Agaron Adibekian, sociólogo en Ereván, la capital de Armenia. “A los armenios les gusta el duelo, ha habido muchas tragedias en la historia de la nación. Los estadounidenses siguen sonriendo y evitan compartir sus problemas con otros. Y los armenios se avergüenzan de tener éxito”.

Estados Unidos ocupó el 35to lugar.

Jon Clifton, socio de Gallup, reconoció que la encuesta midió en parte la tendencia cultural a expresar ciertas emociones positivas o negativas. Pero consideró que los escépticos no deberían menospreciar la expresión de las emociones positivas como un fenómeno importante en sí mismo.

“Esas expresiones son una realidad, y eso es exactamente lo que tratamos de cuantificar”, dijo. “Creo que hay una emotividad más positiva en estos países”.

Algunos latinoamericanos dijeron que la encuesta abordó un tema fundamental en sus países, un hábito compartido por millones de personas que se enfocan en los aspectos positivos de la vida, como los amigos, la familia y la religión, pese a las dificultades cotidianas.

Carlos Martínez estaba sentado a la mesa con 11 colegas, trabajadores de la construcción, en un restaurante de la capital panameña. Compartía con ellos empanadas de maíz, pollo frito y café antes de dirigirse al trabajo en uno de los cientos de edificios que se han construido durante un auge económico de un año, apoyado en parte en el éxito del Canal de Panamá. La bonanza ha abatido los índices de desempleo pero también ha agravado el tránsito de vehículos y los índices de delincuencia.

Martínez se dijo infeliz por la criminalidad, pero “contento” con su familia.

“Pero de manera general, feliz, porque es un país con mucha riqueza natural, que es importante para el mundo”, dijo, en referencia al Canal. “Como caribeños, somos gente de fiesta, de comer bien y vivir lo mejor que se pueda. Aquí tenemos muchas posibilidades, sólo hay que sacrificarse un poco más”.

Singapur se ubica 32 lugares arriba de Panamá en el Índice de Desarrollo Humano, pero la situación se invierte en la encuesta de la felicidad. Y el panorama parecía desolador el miércoles para Richard Low, ejecutivo de 33 años en la próspera metrópolis asiática.

“Trabajamos como perros y nos pagan con maní. Apenas hay tiempo para las fiestas o para relajarse, porque siempre hay que pensar en lo que viene, en cuándo vence el siguiente plazo o cuándo es la siguiente reunión. No hay una percepción del equilibrio entre el trabajo y la vida aquí”, lamentó.

En Paraguay, empatado prácticamente con Panamá como la nación más positiva, la vendedora callejera María Solís consideró que las adversidades económicas no deben atentar contra la felicidad.

La vida es corta y no hay motivos para estar triste“, comentó. “Porque aunque seamos ricos, los problemas siempre existirán”. Debemos reírnos de nosotros mismos”.

AP.

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Cómo crear un sistema de alerta de enfermedades infecciosas basado en el modelo para detectar hambrunas

Las pandemias no surgen de repente: comienza con el brote de una enfermedad infecciosa que se transforma en una epidemia local, que luego se propaga entre sus vecinos, y adquiere el potencial de convertirse en global. ¿Cómo detectar estos primeros signos?
5 de agosto, 2020
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“Para todos los desastres —ya sean hambrunas, terremotos o tsunamis— necesitamos recibir una alerta lo más temprano posible”. Y las pandemias no son la excepción.

Esta es la reflexión de Andrew Natsios, profesor de la Universidad de Texas A&M y director del Instituto Scowcroft de Asuntos Internacionales, en Estados Unidos, quien sostiene que del mismo modo que se puede predecir una crisis alimentaria analizando una serie de variables, también se puede estimar cuándo un brote de una enfermedad infecciosa tiene el potencial de salirse de control.

Crear un método de alerta temprana (que denomina Sistema de Advertencia Temprana de Pandemias, PEWES, por sus siglas en inglés) serviría para evitar que se produzca, asegura el profesor, quien también se encargó de administrar la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) entre 2001 y 2006.

“Una pandemia no surge de repente: comienza con un brote de una enfermedad que luego se transforma en una epidemia localizada, después se propaga a otros países y más tarde se convierte en una pandemia que puede tener el potencial de transformarse en global”, le explica a BBC Mundo.

¿Pero cómo funcionaría este sistema? ¿En que datos se basaría para hacer esta predicción? ¿Y no existen ya otros sistemas de alerta temprana de pandemias?

Entierros y multitudes en los hospitales

El sistema, explica el profesor, sería similar a la Red de Sistemas de Alerta Temprana de Hambrunas, (FEWES, por sus siglas en inglés), un modelo exitoso desarrollado por USAID tras la devastadora hambruna de 1985 en Etiopía que dejó cerca de un millón de muertos.

Cementerio en Brasil

Getty Images
La aparición de una gran cantidad de nuevas fosas es un elemento que indica qué algo fuera de lo normal está ocurriendo en un lugar determinado.

Desde su implementación, recalca Natsios, este programa “ha logrado predecir todas las hambrunas en los territorios bajo su responsabilidad en los últimos 40, 50 años”.

Este sistema utiliza imágenes satelitales para evaluar qué está ocurriendo en el terreno, datos sobre el comercio de granos y ganado, del clima, así como reportes de expertos en alimentos, científicos agrícolas y empresarios que ingresan información a la red cuando notan que algo no está bien.

Con esta información produce mapas de acceso gratuito de zonas con inseguridad alimentaria y análisis sobre los problemas que se están gestando en el mundo.

En el caso de una pandemia, informes de profesionales de la salud locales en distintas regiones del globo podrían contribuir con información relevante.

Paciente en China

Getty Images
Profesionales de la salud locales pueden aportar información clave que, en contexto, puede servir de indicador.

Imágenes satelitales permitirían obtener datos clave.

Fotos aéreas de entierros masivos, crematorios trabajando horas adicionales, imágenes que muestren un aumento en el tamaño de grupos que se congregan frente clínicas y hospitales son un material valioso.

No son necesariamente indicadores de un brote, pero sí denotan la presencia de un problema que amerita investigación, por ejemplo.

Agosto, no diciembre

Otra herramienta crucial es el monitoreo de lo que ocurre en internet y de los temas de los que está hablando la gente.

Natsios hace referencia a un estudio reciente de la Universidad de Harvard que combinó dos piezas de información que permitieron llegar a un conclusión interesante.

“Los investigadores observaron imágenes satelitales de aparcamientos, clínicas y hospitales en la zona de Wuhan, donde la pandemia se manifestó a gran escala en China, y notaron un gran aumento de gente en esos lugares en agosto del año pasado”, le dice Natsios a BBC Mundo.

El segundo dato provino de Facebook y Twitter, que reveló que, desde principios de agosto del año pasado, la gente había empezado a hacer preguntas sobre una nueva enfermedad, enumerando todos los síntomas típicos de la covid-19.

Redes sociales

Getty Images
Analizar los temas que la gente discute en las redes sociales puede darnos una pista de si algo está ocurriendo.

“Combinando estos dos datos, es muy probable que hayan descubierto que, de hecho, la pandemia no empezó en diciembre sino en agosto“, explica el profesor.

De haberlo sabido, “incluso si no hubiésemos podido enviar equipos de ayuda sanitaria (dado que China nunca hubiera permitido el ingreso de grupos de EE.UU., Europa o un contingente de la ONU) podríamos haber alertado a las autoridades chinas”.

Natsios no cree que en ese entonces el gobierno chino tuviera conocimiento de la situación: intuye que los funcionarios locales no quisieron enviar malas noticias a Pekín y por eso mantuvieron en secreto esta información.

Equipos de ayuda

No es que los datos que menciona Natsios por separados no existan, “uno puede obtenerlos comprándolos”, explica.

Pero la idea es aunarlos bajo una mismo techo, y ponerlos en un reporte a disposición del público, ONG y demás organismos e instituciones de forma gratuita.

Los equipos de ayuda son la otra pata del sistema de alerta.

La idea, le dice a BBC Mundo Natsios, es utilizar la estructura de los Equipos de Respuesta Frente a Emergencias de USAID para entrenar a profesionales en el terreno que puedan actuar frente a una pandemia y enviar equipos especiales de ayuda de EE.UU. a los países que lo permitan.

Gobiernos autoritarios

Un sistema de alerta temprana es particularmente útil para recabar datos de países con gobiernos autoritarios, poco dispuestos a revelar información, señala Natsios, aunque estos no son los únicos renuentes a presentar información sobre sí mismos poco halagadora.

Ayuda de USAID enviada a Honduras.

Getty Images
Enviar equipos de ayuda es algo que podría hacerse si se tiene conocimiento de que una enfermedad infecciosa se está escapando de control.

“En realidad a ningún gobierno le gusta dar noticias incómodas. Pero en una democracia, hay organizaciones civiles, profesionales, centros de estudio, congresos, parlamentos y medios de noticias independientes que pueden hacer preguntas”, afirma Natsios, mientras que las autocracias carecen de estas instancias de control.

Con un sistema de alerta temprana, se puede obtener información por otros medios con mucha antelación y hacer sonar la alarma para tomar medidas o presionar a algunos gobiernos a que las tomen.

Superposición

Dado el alcance global de este proyecto, es lógico preguntarse si no sería más indicado que cayera bajo la jurisdicción de un organismo internacional, como la ONU, o cualquier otra institución que no tenga una afiliación nacional.

Es más, la ONU ya cuenta con una Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos (GOARN).

¿Qué sentido tiene entonces diversificar recursos y esfuerzos para crear un sistema paralelo?

“No podemos poner todos los ‘huevos humanitarios’ en una canasta, porque a veces los sistemas fallan“, dice Natsios con vehemencia.

Paciente con covid-19

EPA
Saber lo más pronto posible que se avecina una pandemia puede servir para evitar que se produzca.

El problema de un sistema como el de la ONU, es que por la forma en que está organizado los directores ejecutivos tienen derecho a veto, dice el profesor, y menciona el ejemplo del brote de ébola detectado por GOAR en 2014 en África Occidental, del cual no se emitió una alerta porque el funcionario local estimó que esta perjudicaría a la economía regional.

“Y, a veces, también nuestro propio sistema puede fallar”, reconoce. “Por eso tenemos que tener una superposición, una multiplicidad de sistemas, en caso de que se produzcan fallas”.

“Aunar todo en un único sistema internacional sería una idea terrible”, concluye Natsios.

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