El periodismo cultural, el patito feo de las publicaciones
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El periodismo cultural, el patito feo de las publicaciones

Por Moisés Castillo
22 de diciembre, 2012
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Hace un par de años, el escritor Huberto Batis dijo que el enemigo número uno de la cultura era el PAN y sus presidentes. “No existe una cultura viva, vigorosa”, sentenciaba el ex director de “Sábado”, el mítico suplemento del Unomasuno. Y vaya que fue visionario. En ese sentido, el periodista Humberto Musacchio asegura que existe un fenómeno singular: cuando hay grandes momentos de la cultura también hay excelentes publicaciones culturales. Así lo demuestra en su libro monumental México: 200 años de periodismo cultural (Conaculta, 2012), un retrato quirúrgico de los mejores medios impresos y etapas de la cultura nacional.

Esta obra, que consta de tres tomos, documenta también las épocas de sequía de los dos primeros siglos de vida independiente del país. En el tomo I –el único disponible hasta el momento-, el autor presenta plumas famosas y desconocidas, publicaciones olvidadas, debates polémicos que se ventilaron en medios como el Diario de México (1805), El Iris (1826), El Apuntador (1841), El Renacimiento (1869), El Artista (1874), La Juventud Literaria (1887), Revista Azul (1894), Revista Moderna (1898), Savia Moderna (1906), entre otros.

El viaje de los primeros cien años es fascinante, no sólo porque se muestra el estilo de escritura del siglo XIX sino también por la evolución de géneros periodísticos como la noticia, la crónica, la columna, la semblanza y la poesía como armas políticas. El escritor sonorense conformó un equipo multidisciplinario para saltar al proceso de seleccionar, presentar y reseñar la historia del periodismo cultural.

Asimismo la elegante edición facsimilar muestra cómo eran las tipografías, viñetas, litografías, ilustraciones, fotografías y grabados en volantes, diarios y revistas. Estamos frente a una síntesis perfecta e inédita que redescubre el arte y las letras mexicanas tal y como fueron publicadas. México: 200 años de periodismo cultural es una guía imprescindible para traspasar un laberinto casi interminable.

El periodismo es tan viejo como la imprenta. Y Humberto, con más de cuatro décadas dedicadas a la investigación de la historia del periodismo en sus diversas vertientes, caminó y avanzó gracias a su buen gusto e inteligencia para ordenar un pasado-presente entre toneladas de información. Para esta obra se tomaron 34 mil fotografías de ejemplares antiguos de los acervos de la Hemeroteca Nacional, Biblioteca México, Biblioteca Lerdo de Tejada y el Archivo General de la Nación.

Por eso dice que en la selección contó igualmente la influencia de los autores y sus producciones, entraron en juego elementos como lo “oportuno” para iluminar una época. Es decir, entender cómo vieron sus contemporáneos a nuestros creadores y cómo se vieron ellos mismos.

Humberto Musacchio

Humberto Musacchio

-¿Cómo fue construyendo esta cronología de dos siglos de periodismo cultural?

Creo que el periodismo cultural acompaña el desarrollo de la cultura mexicana. Por eso no incluyo textos extranjeros salvo en casos extraordinarios como los escritos por Víctor Hugo, presencia aplastante del siglo XIX. En general es contar la historia del periodismo y en ella el reflejo de la historia de la cultura en México. El asunto era conciliar la inmediatez inherente al periodismo con la trascendencia de los textos que valían la pena por su estética y su influencia.

-De los primeros 100 años, ¿qué plumas y qué publicaciones destacaría?

Empiezo la antología con textos de El Diario de México, que fue fundado en 1805 por Jacobo de Villaurrutia y el escritor oaxaqueño Carlos María de Bustamante. Tomo textos de 1810 que es el año en que comienza la investigación. El Diario de México fue el órgano de expresión de nuestra primera mafia literaria, un grupo de poetas neoclásicos. Incluyo también unos trabajos literarios que aparecen en la prensa insurgente que sobre todo es poesía, cantos a los líderes independentistas. En el México independiente hay varias publicaciones pero me parece que la más destacable de ellas en los años 20 del siglo XIX es El Iris. Fue el primer medio totalmente cultural que hubo en México. Además fue el primer periódico ilustrado con litografías elaboradas por el italiano Claudio Linati.

-¿Cómo calificaría la vida cultural en esos años de guerras continuas?

En esas décadas la vida cultural en México no fue muy rica porque el país vivió una permanentemente guerra civil de 1810 hasta 1867. Por cierto, durante la guerra contra los franceses se publicó un periodiquito que se llamó El Pito Real, que editaba Vicente Riva Palacio y que se burla del emperador Maximiliano y toda esa ridiculez. Ahí se publican, por primera vez, los versos de “Adiós a mamá Carlota”. Es un periódico que se pitorrea de todas las formalidades del Imperio. Afortunadamente tengo en mi colección el número que trae esos versos que cantó todo el país. Paráfrasis del “¡Adiós, oh, patria mía!”, de Ignacio Rodríguez Galván. Para no alargarme con la lista diré que el siglo XIX cierra con dos publicaciones de enorme importancia para las letras mexicanas como son la Revista Azul y la Revista Moderna. Ésta última es ilustrada por el gran Julio Ruelas junto con otros artistas como Germán Gedovius. Podemos leer textos que hoy nos parecerían muy osados o que de plano estarían prohibidos. Hay sobre todo una ilustración que publica Ruelas que me parece que todavía escandalizaría a las buenas conciencias: “Cristo crucificado”, que ve hacia abajo donde está María Magdalena mostrando unos senos generosos y acariciando una serpiente de forma fálica.

-De los últimos 100 años, ¿qué es lo que no se conoce del periodismo cultural?

El suplemento “El Gallo Ilustrado”, del periódico El Día era muy bueno. También tomé como eje el suplemento de El Nacional porque es de fácil acceso. Es muy difícil que las colecciones estén completas; sin embargo, en el caso de El Nacional estaban casi todos los números. En la segunda mitad del siglo XX lo dirigió Juan Rejano, ahí empezamos muchos escritores, muchos periodistas culturales que hemos seguido en este mundo de las letras. Hay varios más como “La Onda” del periódico Novedades, que fue un suplemento importantísimo con un aire juvenil, pícaro, una publicación espléndida con grandes plumas. Después fue “La letra y la imagen” de El Universal, un suplemento dirigido por Eduardo Lizalde. Está también “El semanario cultural” del Novedades donde Pepe de la Colina hizo un muy buen trabajo, un gran suplemento hasta que desapareció el periódico. Hay que decir que los suplementos culturales generalmente están hechos con poco dinero. Por ejemplo, el celebérrimo suplemento “México en la cultura” que dirigió Fernando Benítez en los años 50 o “La Cultura en México”, suplemento de la revista Siempre!, eran famosos y prestigiados. Era muy prestigioso colaborar en ellos pero pagaban muy mal. El periodismo cultural siempre ha sido el patito feo de las publicaciones.

-Es en esta etapa donde aparece el término de las “mafias literarias”…

El gran suplemento de la década de los 50 es “México en la cultura”, que dirige Fernando Benítez en Novedades, donde se refleja todo este movimiento literario y también se omite, se margina a los que no son simpatizantes del grupo. Benítez forma una mafia literaria poderosa, inteligente, productiva, pero el que no estaba con él no existía. Benítez fue el gran maestro del ninguneo y un gran maestro del periodismo cultural. Esa receta que decía “fuera del grupo no existía nadie” se reproduce cuando encabeza el suplemento “La cultura en México”, de Siempre!

-¿Hubo algunas plumas o  textos que lo sorprendieron por su calidad?

Juan Villoro es un excelente periodista cultural, lo demostró en el suplemento de La Jornada. Pero las mafias de hoy tienen sus propias publicaciones, Nexos o Letras Libres. Son revistas sectarias porque son de grupos que comparten una visión de la cultura. No necesariamente es peyorativo llamarlas sectarias, hacen un aporte al presentar su punto de vista sobre temas de la vida pública y cultural del país. Esas revistas funcionan como “capilla”. Son publicaciones que sirven para elogiar, encubrir a sus miembros o quienes las dirigen. Octavio Paz fue un creador de revistas culturales que le permitió convertirse en el sumo sacerdote de la cultura mexicana.

¿Algunos autores-periodistas jóvenes sobresalientes?

Hay muy buenos periodistas en estos últimos años como Heriberto Yépez, me parece de una inteligencia excepcional. Pero nos falta perspectiva para entender y juzgar el periodismo de nuestro tiempo. Muchos compañeros que empiezan a ejercer el periodismo cultural tienen la idea que este género empezó ayer y pues no, tiene una historia tan vieja como el periodismo mismo.

-¿Cuál ha sido la “época de oro” del periodismo cultural?

El periodismo cultural acompaña los diversos momentos del desarrollo cultural del país. Menciono los años 20 o los 50 porque me parecen muy importantes. Pero los 40 son fundamentales por la llegada de los intelectuales del exilio español que confluyen con escritores mexicanos. Hay una gran cantidad de revistas e instituciones educativas. En los 50 llega el exilio guatemalteco, en los 70 el exilio argentino, chileno, huyendo de las dictaduras y se enriquecen nuestras publicaciones culturales. El suplemento de Siempre!, “Sábado” del Unomasuno es muestra de que cuando hay grandes momentos de la cultura también hay grandes suplementos. Cuando la cultura está a la baja también el periodismo cultural.

-¿Cómo se explica la carencia de suplementos culturales en los diarios nacionales? ¿La cultura no vende o no interesa?

Hay la firme creencia de los dueños de los medios, directores y editores de publicaciones periódicas que el periodismo cultural no vende. Sin embargo, es demostrable que los últimos 30 años el periodismo cultural se ha convertido en un buen negocio porque hay anunciantes de plana completa o media plana. Por ejemplo, Conaculta, Bellas Artes, Antropología, las grandes editoriales españolas, el FCE, las universidades. Hay anunciantes pero me parece que hay un gran prejuicio contra el periodismo cultural. Siempre digo que la sección internacional no tiene anunciantes y sin embargo no dejan de publicarla.

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Qué es el friluftsliv de los escandinavos y cómo puedes aplicarlo en la pandemia de COVID

Friluftsliv significa literalmente "vida al aire libre" y comprende todas las actividades que permiten entrar en contacto con la naturaleza. ¿Cómo puedes ponerla en práctica?
Getty Images
11 de octubre, 2020
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Los escandinavos aman tanto la naturaleza que su pasión tiene hasta nombre propio: friluftsliv.

La expresión significa literalmente “vida al aire libre” y fue popularizada en la década de 1850 por el dramaturgo y poeta noruego Henrik Ibsen.

El autor de “Casa de muñecas” utilizó el término para describir la importancia de pasar tiempo en lugares remotos para el propio bienestar físico y espiritual.

Ahora que la pandemia de COVID-19 ha llevado a imponer confinamientos generalizados, esta práctica podría resultar beneficiosa para la salud física y mental, siempre y cuando se cumplan las medidas de distanciamiento social y demás precauciones para evitar los contagios.

¿Cómo puedes aplicarla en tu día a día?

Arraigo

Hoy en día, suecos, noruegos y daneses usan la expresión friluftsliv de manera amplia para referirse a actividades diversas como correr en un parque o bosque a la hora del almuerzo, ir al trabajo en bicicleta, reunirse con amigos en una sauna junto al lago (con chapuzón en el agua fría incluido) o simplemente relajarse en una cabaña de montaña.

Todos los países escandinavos tienen leyes similares que le permiten a la gente caminar o acampar prácticamente en cualquier lugar, siempre y cuando muestren respeto por la naturaleza, la vida silvestre y los lugareños.

Una mujer meditando en un área verde.

Getty Images
Sentarse y relajarse en un área verde califica como friluftsliv.

Según los datos de 2017 de la agencia estadística del gobierno de Suecia, alrededor de un tercio de los ciudadanos de ese país realiza actividades al aire libre al menos una vez a la semana. Y más de la mitad de la población tiene acceso a una casa de verano en el campo o en la costa.

Muchas empresas escandinavas incluso incentivan a sus empleados a pasar más tiempo al aire libre en horas de trabajo.

Existen incluso exenciones de impuestos para las firmas que incentivan el friluftsliv. De esta manera, compañías en algunos de estos países pueden subsidiar las actividades deportivas del personal.

“Todo esto demuestra claramente que la obsesión escandinava por el friluftsliv está más arraigada que las raíces de los omnipresentes abedules”, dice Maddy Savage, periodista de BBC Worklife, en un artículo sobre el tema publicado en 2017.

Tanto, que por ejemplo, en Noruega, han sabido mantener la práctica durante la pandemia e incluso, reforzarla.

Friluftsliv en pandemia

“Cuando la pandemia llegó a Noruega y todo se cerró, la naturaleza se mantuvo abierta 24 horas al día, 7 días a la semana. Así es como la gente podía mantenerse físicamente activa, caminando y corriendo en la naturaleza”, dijo Siri Meland, de Norsk Friluftsliv, una coalición de grupos de actividades al aire libre de Noruega, a BBC Mundo.

“La gente usaba árboles, piedras y elementos naturales en lugar de máquinas de ejercicio”.

Piernas estiradas sobre el pasto.

Getty Images
Puedes simplemente descansar en un parque…

“Con la pandemia, la frecuencia de las personas que hacen friluftsliv ha aumentado, al igual que su popularidad, especialmente entre los jóvenes”, aseguró.

Meland detalló que durante este verano, 1,5 millones de noruegos durmieron en una carpa o en una hamaca al aire libre.

“Pero la atención también se centra en lo bueno que es para la salud mental salir y, por ejemplo, dar un paseo por la naturaleza o el bosque junto a su casa”, añadió.

Friluftsliv en otros lugares

Aunque otros países no tengan la misma historia o infraestructura para la promoción del friluftsliv, es un concepto que puede exportarse fácilmente, según dijo Angeliqa Mejstedt, autora de Vandringsbloggen, un blog sueco sobre esta práctica, a Maddy Savage, de BBC Worklife.

“No tienes que comprar muchos equipos o cosas costosas para hacerlo. Usa la naturaleza cerca de donde vives”, dijo Lasse Heimdal, exsecretario general de Norsk Friluftsliv al programa The World de la Public Radio International (PRI) en septiembre.

Si vas a compartir la experiencia de la naturaleza con amigos o familiares, asegúrate de llevar mascarilla, mantener el distanciamiento social y tomar todas precauciones para evitar la propagación del COVID-19.

“No hay problema mientras sigas los consejos de las autoridades de salud”, dijo Meland.

Heimdal señaló también que pasar tiempo al aire libre produce una gran cantidad de beneficios.

“Es social, es saludable”, le dijo a PRI. “Es bueno para tu cuerpo y bueno para tu mente”.

Pero friluftsliv “no solo significa participar en deportes al aire libre”, aclaró.

“Es mucho más (que esquiar o patinar). Son todo tipo de actividades en la naturaleza”, dijo. “También estar en la naturaleza, descansar en la naturaleza. No solo se relaciona con la actividad física, sino con las experiencias en la naturaleza en una amplia gama”.

“Salir a caminar en un entorno verde es lo más fácil para todos”, dijo Meland. “La ciencia muestra que te sientes menos estresado después de solo diez minutos caminando en un entorno verde”.

Sentarse en un parque y compartir té, por ejemplo, también funciona como friluftsliv.

“Relajarse, observar la tranquilidad, descansar, estar en la naturaleza, disfrutar del olor del café en una hoguera, es friluftsliv”, dijo también Meland.


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