El silencio se quedó en San Cristóbal
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El silencio se quedó en San Cristóbal

Los indios rebeldes salieron ayer al asalto de San Cristobal de las Casas, tal como hicieran el 1 de enero de 1994, pero sin armas de fuego. Esta vez, el arma fue ese mismo silencio que algunos, erroneamente, interpretaron como falta de aliento.
Por Paris Martínez
22 de diciembre, 2012
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Fotografía: Víctor Galindo González

Fotografía: Víctor Galindo González

I.

El rumor de que el Ejército Zapatista preparaba una acción contundente para este viernes, 21 de diciembre, corría desde un día antes por las calles de San Cristóbal de las Casas. Lo comentaban por lo bajo lo mismo empleados de cafés y restaurantes, que vendedores de periódicos y taxistas. Nadie, sin embargo, sabía lo que, exactamente, habría de ocurrir.

Por eso, cuando a las 8 de la mañana se hizo presente un grupo de seis encapuchados ante la Catedral de este municipio chiapaneco, para clavetear tablones sobre la cabina de una pick up, los comerciantes de la zona, temerosos de que sus ventas bajaran, pretendieron tranquilizarse. El templete, dijo la dueña de una cafetería, “está muy chico, nada más nos espantaron”.

Y es que, acostumbrados al discurso simbolista de los zapatistas, los habitantes de San Cristóbal creen ver una señal de debilidad en la estrechez y modestia de este templete al que, en silencio absoluto, los encapuchados añaden rampas laterales. Luego aguardan, rodeados por algunos turistas, activistas y simpatizantes, manteniendo a todos a raya sólo con la vista.

La llovizna, además, persuade a los curiosos de permanecer más de unos minutos observando al pequeño grupo de zapatistas. “En esto quedaron”, dice un hombre robusto, que deambula por la plaza con su esposa prendida del brazo. “En esto quedaron”, y señala con una mueca despectiva al puñado de indígenas que, solitarios, comparten bolsas negras para cubrirse un poco del agua.

¿Quién podría imaginar que en este pequeño templete, elevado acaso a un metro de las valdozas, y de no más de tres metros cuadrados de superficie, habrían de caber 15 mil indígenas?

Ciertamente, nadie lo vio venir.

Fotografía: Víctor Galindo González

Fotografía: Víctor Galindo González

II.

En el último lustro, el perfil turístico de San Cristóbal de las Casas ha variado. Ha caído, por ejemplo, la oleada de “turistas revolucionarios” que, desde 1994, tras el levantamiento indígena, solían inundar sus calles. Por sus plazas no deambula más el ejército de artesanos que acostumbraba vender todo tipo de muñequitos encapuchados, los cuales llegaron a ser el souvenir emblemático de este lugar.

Y, de hecho, ya ni los policías de tránsito conocen la ubicación de algunos de los puntos de reunión más socorridos por los simbatizantes del EZLN en la década posterior a su alzamiento, tal como el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, y que hoy los uniformados confunden con restaurantes o refaccionarias automotrices, si alguien, incauto, se acerca a pedirles su orientación.

La fiebre zapatista, pues, de la que tanto se benefició el comercio de San Cristóbal, parece, a los ojos de algunos, haber pasado de moda, y si algo se comentaba aquí, a últimas fechas, acerca del Ejército Zapatista, era acaso sobre su aparente pérdida de respaldo popular, o sobre las supuestas divisiones intercomunitarias que iban soterrando, poco a poco, a las Juntas de Buen Gobierno, el proyecto que los rebeldes instituyeron en 2003 para agrupar a sus 42 municipios autónomos.

Es como si una neblina, tan común en esta zona de Chiapas, hubiera cubierto a los indígenas rebeldes (a los que hace 19 años Jacobo Zabludovsky gustaba de llamar “profesionales de la violencia” o “transgresores de la paz”, en su noticiario 24 Horas), hasta hacerlos desaparecer (como Jacobo quería) de la vista de los coletos, que es el término con el que se distinguían los habitantes de San Cristóbal que reclamaban línea directa con antepasados españoles.

Y es de entre esa misma bruma que, este viernes, los indios rebeldes han salido al asalto de esta ciudad colonial, tal como hicieran el 1 de enero de 1994, pero esta vez sin armas de fuego. Esta vez, el arma fue ese mismo silencio que algunos, erroneamente, interpretaron como falta de aliento.

Fotografía: Víctor Galindo González

Fotografía: Víctor Galindo González

III.

Es el rumor de los huaraches y botas, sandalias y pies descalzos, el que confirma el anterior rumor sobre una acción contundente de los indígenas. Un rumor que se alza desde el Puente Blanco, la antigua entrada a la ciudad. Un rumor de varios miles de pies en marcha, pertinaz como la llovizna que baña este poblado.

Entran en disciplinada formación de cuatro hileras, que se prolongan más de un kilómetro: cuando la punta llega a Catedral, la retaguardia aún espera su turno de ingresar a San Cristóbal. Vienen de toda la zona bajo control zapatista: el norte y costa de Chiapas, los Altos y la Selva Lacandona.

Son mames, tzeltales, tzotziles, tojolabales, enfundados en chujs (abrigos tradicionales de lana), en calzones de manta, en huipiles, o con pantalones de mezclilla y chamarras plásticas.

Son hombres, mujeres y niños (la mayoría de brazos, entamalados en rebozos). Son jóvenes casi todos, la segunda y tercera generación de zapatistas, quienes, a todas luces, eran todavía niños cuando sus padres tomaron las armas, hace ya casi dos décadas.

Una única prenda es común a todos: el pasamontañas negro, en cuya frente, escrita a plumón sobre pedacitos de tela blanca, pueden leerse los números (del 1 al 16) que indican a qué contingente de la marcha pertenecen, según la comunidad de la que proceden.

Serpentea la procesión por entre las calles de San Cristóbal hasta llegar al templete, al que ascienden, dan tres pasos, y luego bajan, dando paso a los que vienen detrás, sin decir una sola palabra, sino, excepcionalmente, alzando algunos el puño por encima de sus cabezas.

Los espectadores responden inicialmente con suspicacia: “son como cinco mil”, calculan unos; aunque pasados unos minutos, el estimado popular sube, “no –dicen otros–, son como 10 mil”. Pero la marcha no va ni a la mitad. El consenso, al final, es que no son menos de 15 mil indígenas.

Los comerciantes y habitantes de esta cabecera municipal ven luego que, tan pronto descienden del templete, los contingentes toman formación marcial en las calles que rodean Catedral y, también, las que rodean el Palacio Municipal, ese edificio blanco que en 1994 allanaron los rebeldes, fusil en mano.

Pronto, no hay resquicio en el centro de esta localidad que no haya sido ya ocupado por un zapatista.

Los comerciantes los miran impávidos. No saben si deben cerrar sus negocios, vacíos desde antes a causa de la lluvia. No saben si la ciudad ha caído, nuevamente, en control del Ejército Zapatista. No están seguros si San Cristóbal ha sido, otra vez, tomado. Así que esperan que los rebeldes fijen una postura pública, lean uno de sus tradicionales comunicados. Están seguros que así será.

Pero el entendimiento no alcanza para nadie cuando se les ve emprender la retirada, tan ordenadamente como hicieron su arribo.

Es entonces que algunos simpatizantes caen en cuenta de que el acto político, cuya contundencia ansiaban descifrar, ha concluido.

Acostumbrados al discurso simbolista del EZLN, todos saben que acaba de ocurrir algo, pero no saben qué. Todos saben que un mensaje acaba de ser lanzado por aquellos que voltearon los epítetos de Zabludovsky y se autodefinieron como “profesionales de la paz y transgresores de la violencia”. Nadie, sin embargo, entiende exactamente cuál fue dicho mensaje.

Han sido tres horas en que la marabunta de rostros mudos, cubiertos con capuchas negras, fijaron, con su silencio, el pronunciamiento político que todos esperaban.

Y los espectadores ahora se preguntan, ¿cuál es el significado de ese silencio?

La respuesta vino horas después, ya que San Cristóbal había sido desalojada (al igual que los otros cuatro municipios en que esta movilización fue replicada por los rebeldes), de la pluma de su líder, el Subcomandante Marcos: ese silencio, explica en uncomunicado http://www.animalpolitico.com/2012/12/escucharon-comunicado-integro-del-ezln/ emitido ayer mismo, “es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo”.

Y sí, los zapatistas se fueron así como llegaron. Pero el silencio se quedó en San Cristóbal. Ni siquiera la llovizna, de gotas tan diminutas, hacía ruido al caer.

Fotografía: Víctor Galindo González

Fotografía: Víctor Galindo González

IV.

Esta irrupción zapatista es la primera de la administración del presidente Enrique Peña Nieto, y sumando las cinco plazas en las que hizo presencia, el EZLN movilizó a cerca de 40 mil indígenas.

En Ocosingo y Altamirano, las concentraciones de las bases de apoyo del grupo rebelde iniciaron en las 8 de la mañana en las afueras de estos poblados, a donde llegaron a bordo de toda clase de vehículos y pequeños camiones, para alinearse en cuatro filas e iniciar su silenciosa caminata hacia la alcaldía.

Además, en Palenque, mientras cientos de turistas admiraban las ceremonias de grupos místicos y los festejos para atraer a los visitantes en la zona arqueológica, organizados con motivo del fin de la cuenta larga maya, unos 6 mil descendientes de dicha civilización llegaron desde sus comunidades, en la Selva Lacandona, para reunirse en el Parque Central.

Es de destacar que, pocos minutos después de las 19:00 horas, tras la aparición del comunicado con la firma del vocero de la guerrilla chiapaneca, la pagina Enlace Zapatista enlacezapatista.ezln.org.mxdonde desde finales de noviembre se anunció que el EZLN daría su “palabra”, quedó deshabilitada.

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¿Las mutaciones están volviendo al COVID-19 más infeccioso?

Si bien se han detectado miles de cambios en el virus, hasta ahora los científicos solo han registrado uno que posiblemente altera su comportamiento.
25 de julio, 2020
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El coronavirus que está amenazando al mundo en este momento no es el mismo que el coronavirus que surgió por primera vez en China.

El SARS-CoV-2, el nombre oficial del virus que causa la enfermedad covid-19, está mutando.

Pero, si bien los científicos han detectado miles de mutaciones, o cambios en el material genético del virus, hasta ahora solo se ha señalado una que podría alterar su comportamiento.

Las preguntas cruciales sobre esta mutación son: ¿esto hace que el virus sea más infeccioso, o letal, en humanos? ¿Y podría representar una amenaza para el éxito de una futura vacuna?

Este coronavirus en realidad está cambiando muy lentamente en comparación con un virus como el de la gripe.

Con niveles relativamente bajos de inmunidad natural en la población, sin vacuna y pocos tratamientos efectivos, no tiene presión para adaptarse.

La mutación señalada, llamada D614G y situada dentro de la proteína espiga -la proteína en forma de punta que el virus utiliza para penetrar en nuestras células- apareció en algún momento después del brote inicial de Wuhan, probablemente en Italia. Ahora se ve en hasta en el 97% de las muestras en todo el mundo.

Ventaja evolutiva

La pregunta es si este dominio significa que la mutación que le da al virus alguna ventaja, o si es solo por casualidad.

coronavirus

Getty Images
La mutación D614G se sitúa dentro de la proteína espiga, la que el virus utiliza para penetrar en nuestras células

Los virus no tienen un gran plan. Mutan constantemente y, si bien algunos cambios ayudan a que un virus se reproduzca, algunos pueden dificultarlo. Otros son simplemente neutrales.

Son un “subproducto del virus que se replica”, dice la doctora Lucy van Dorp, del University College London. “Hacen autostop” sobre el virus sin cambiar su comportamiento.

La mutación que ha surgido podría haberse generalizado solo porque tuvo lugar temprano en el brote y se extendió, algo conocido como el “efecto fundador”. Esto es lo que para la doctora Van Dorp y su equipo probablemente explica que la mutación D614G sea tan común. Pero esto es cada vez más controvertido.

Un número creciente -tal vez la mayoría- de virólogos cree ahora, como explica el doctor Thushan de Silva, de la Universidad de Sheffield, que hay suficientes datos para decir que esta versión del virus tiene una “ventaja selectiva” -una ventaja evolutiva- sobre la versión anterior.

Aunque todavía no hay pruebas suficientes para decir que “es más transmisible” en las personas, dice De Silva, está seguro de que “no es neutral”.

 

Cuando se estudió en condiciones de laboratorio, el virus mutado ingresó con mayor eficacia a las células humanas que aquellos sin la variación, dicen los profesores Hyeryun Choe y Michael Farzan, en la Universidad Scripps en Florida.

Los cambios en las proteínas espiga que usa el virus para adherirse a las células humanas parecen permitirle “pegarse mejor y funcionar de manera más eficiente”.

Pero ahí es donde pusieron el límite.

El profesor Farzan dijo que las proteínas espiga de estos virus eran diferentes de una manera que era “consistente con, pero no demostraba, una mayor transmisibilidad”.

Pruebas de laboratorio

En el Genome Technology Center de la Universidad de Nueva York, el doctor Neville Sanjana, quien normalmente pasa su tiempo trabajando en la tecnología de edición genética CRISPR, ha ido un paso más allá.

Su equipo editó un virus para que tuviera esta alteración en la proteína espiga y lo enfrentó contra un virus SARS-CoV-2 real del brote inicial de Wuhan, sin la mutación, en las células de los tejidos humanos. Él cree que los resultados demuestran que el virus mutado es más transmisible que la versión original, al menos en el laboratorio.

Van Dorp señala que “no está claro” cuán representativos son estos resultados de la transmisión en pacientes reales. Pero el profesor Farzan dice que estas “marcadas diferencias biológicas” fueron “lo suficientemente sustanciales como para inclinar un poco la evidencia” a favor de la idea de que la mutación está haciendo que el virus se propague mejor.

Fuera de una placa Petri, hay alguna evidencia indirecta de que esta mutación hace que el coronavirus sea más transmisible en humanos. Dos estudios han sugerido que los pacientes con este virus mutado tienen mayores cantidades del virus en sus muestras de hisopos.

Sin embargo, no encontraron evidencia de que esas personas se enfermaran o permanecieran en el hospital por más tiempo.

coronavirus particles in pink

SCIENCE PHOTO LIBRARY
Dos estudios han sugerido que los pacientes con la versión mutada del coronavirus tienen mayores cantidades del virus en sus muestras de hisopos.

En general, que sea más transmisible no significa que un virus sea más letal; de hecho, suele ser cierto lo contrario. No hay evidencia de que este coronavirus haya mutado para enfermar más o menos a los pacientes.

Pero incluso cuando se trata de transmisibilidad, la carga viral es solo una indicación de qué tan bien se está propagando el virus dentro de una sola persona. No explica necesariamente lo eficaz que es infectando a otros.

El “estándar de oro” de la investigación, un ensayo controlado, aún no se ha llevado a cabo. Eso podría implicar, por ejemplo, infectar a los animales con una u otra variante del virus para ver cuál se propaga más en una población.

La profesora Bette Korber, del Laboratorio Nacional de Los Álamos en EE.UU. e investigadora principal de uno de los estudios, dijo que no había consenso, pero la idea de que la mutación aumenta la carga viral de los pacientes es “cada vez menos controvertida a medida que se acumulan más datos”.

La mutación es la pandemia

Cuando se trata de observar a la población en su conjunto, es difícil observar que el virus se vuelva más (o menos) infeccioso. Su curso ha sido alterado drásticamente por intervenciones, incluidas las medidas de cuarentena.

Pero la profesora Korber dice que el hecho de que la variante ahora parece ser dominante en todas partes, incluso en China, indica que puede ser más eficaz en la transmisión entre las personas que la versión original. Cada vez que las dos versiones estuvieron en circulación al mismo tiempo, la nueva variante se impuso.

Gente con mascarilla paseando en Barcelona.

Getty Images
Una de las medidas adoptadas para evitar la propagación del virus es el uso de mascarillas.

De hecho, la variante D614G es tan dominante que ahora es la pandemia. Y lo lleva siendo desde algún tiempo, tal vez incluso desde el comienzo de la epidemia en lugares como Reino Unido y la costa este de EE.UU.

Entonces, aunque la evidencia está aumentando de que esta mutación no es neutral, no necesariamente cambia la forma en que debemos pensar sobre el virus y su propagación.

En un apunte más tranquilizador, la mayoría de las vacunas en desarrollo se basan en una región diferente de la espiga, por lo que esto no debería tener un impacto en su desarrollo.

Y hay alguna evidencia de que la nueva forma es igual de sensible a los anticuerpos, lo que puede protegerte contra una infección una vez que la hayas tenido o hayas sido vacunado.

Pero dado que la ciencia del covid-19 se mueve tan rápido, esto es algo que todos los científicos, donde sea que se sitúen sobre el significado de las mutaciones actuales, estarán vigilando.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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