Marley, retrato de un mito
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Marley, retrato de un mito

Marley es una película notable de dos horas y media de duración, en la que la figura del principal exponente de la historia del reggae es homenajeada en su totalidad. De su génesis como músico en la bulliciosa y semirural ciudad de Kingston a principios de los sesenta, hasta su muerte prematura en 1981, la vida de Bob Marley es recorrida con ayuda de extraordinarios materiales de archivo, muchos de ellos inéditos.
22 de diciembre, 2012
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Por Gustavo E. Ramírez Carrasco (@gustavorami_)

Muchos de nosotros, miembros de una generación posterior al establecimiento de la música pop, escuchamos a los Beatles, los Rolling Stones o los Bee Gees en las tornamesas y las radiograbadoras de nuestros padres. Las estaciones retro de radio, concebidas para audiencias encapsuladas en la nostalgia de los años dorados del rock, mantuvieron muy viva la imagen sonora de una era de rebeldía que llevó a un gran número de artistas (sobre todo anglosajones) a convertirse en símbolos internacionales de ruptura con la modernidad. Bob Marley, muy seguramente el jamaiquino más famoso de la historia –no sólo del rock–, es uno de los casos más connotados de la explosión de mitos mediáticos generados en los últimos años del treceavo Baktún (para ponernos mayas en tiempos del fin del mundo).

Hace más o menos dos años, dos después de haber estrenado Shine a Light (2008) en salas IMAX de Estados Unidos y Europa, Martin Scorsese anunció la realización de un documental sobre el legendario líder de The Wailers, la banda jamaiquina que puso a las orejas del mundo occidental sobre el pequeño país antillano. El proyecto se sumaría a otros documentales biográficos sobre figuras emblemáticas del rock como Bob Dylan (No Direction Home, 2005) y George Harrison (George Harrison: Living in the Material World, 2011), películas que recorrían la carrera de los músicos desde sus inicios. El proyecto, sin embargo, nunca fue realizado por el director de La última tentación de Cristo que, “por razones de agenda” (mejor me voy a hacer cosas que dejen más dinero), lo dejó de lado. Fue, no obstante, retomando por Kevin MacDonald, un cineasta escocés más joven, conocido en años recientes por haber realizado documentales como Touching the Void (2004)y Life in a Day (2011), además de dos buenas películas de ficción del “género histórico”: El último rey de Escocia (2006) y El águila de la legión perdida (2011).

Marley Cinesapiens

Marley, el resultado de la incursión de MacDonald en el cine rockumental, es una película notable de dos horas y media de duración, en la que la figura del principal exponente de la historia del reggae es homenajeada en su totalidad. De su génesis como músico en la bulliciosa y semirural ciudad de Kingston a principios de los sesenta, hasta su muerte prematura en 1981, la vida de Bob Marley es recorrida con ayuda de extraordinarios materiales de archivo, muchos de ellos inéditos: fotografías familiares de su infancia y adolescencia, películas en 8 o 16 mm. de las giras de The Wailers por Europa y Estados Unidos y un sinnúmero de notas periodísticas e imágenes televisivas que constatan su monumental éxito –casi a niveles de culto religioso– desde mediados de los setenta.

Decenas de entrevistas con familiares, colegas y amigos cercanos dan testimonio de la evolución artística de Marley, siempre marcada por influencias musicales precedidas de cambios políticos profundos  (como  la independencia de Jamaica),  en una época de transformaciones sustanciales en la que la que, a diferencia de años recientes, las certidumbres ideológicas también formaban parte de la escena creativa más popular.

El acercamiento de Marley al movimiento rastafari y su papel fundamental en su posterior expansión se amalgama en la obra total del cantante jamaiquino. Consiente de ello y deseoso de explotar el argumento en esa dirección, MacDonald emplea la búsqueda religiosa del músico como hilo conductor del retrato, ya sea filtrada a través de una edición impecable de las imágenes (a cargo de Dan Glendenning, editor de series y documentales de televisión –se nota muchísimo–), o adherida a la potente dosis de ritmos caribeños apareados con rock, que además de los más grandes éxitos de Bob Marley y TheWailers, componen la banda sonora de la película.

Si Marley, como leía hace unos días en la crítica de un colega, puede verse como una apología un tanto desmedida a la figura del rockstar rasta (lo es, sin duda), representa bien, por otro lado, la visión que millones de fans alrededor del mundo (incluido el director, obviamente) tienen sobre el autor de éxitos generacionales como One Love y No Woman No Cry, canciones que todos, fans y no fans, hemos escuchado alguna vez, escupidas desde una vieja radio de local comercial o entonadas por músicos de camión.  La película de MacDonald es un mapa eufórico del culto a un músico, y al menos de mi perspectiva personal funciona, y funciona muy bien.

 

Parte de la 54 Muestra Internacional de la Cineteca Nacional, Marley es además uno de nuestros estrenos de diciembre. Para revisar fechas y horarios de exhibición, ingresa a nuestra página.

 

*Gustavo E. Ramírez Carrasco (@gustavorami_) es antropólogo, trabaja en distintos proyectos de la Cineteca Nacional, entre los que destaca Icónica.

 

 

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El punto débil del COVID que encontró una científica mexicana (y cómo puede servir para neutralizarlo)

La física mexicana Mónica Olvera de la Cruz detectó con su equipo de científicos que el nuevo coronavirus tiene un componente que puede ser bloqueado para evitar su transmisión al cuerpo humano.
Getty Images
18 de agosto, 2020
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Como especialista en física enfocada en la ciencia de los materiales, la doctora mexicana Mónica Olvera trabajaba en sus propios desarrollos tecnológicos hasta que la pandemia de COVID-19 cambió las cosas.

Un familiar suyo enfermó de gravedad en México, lo cual llevó a la científica a enfocar sus estudios en entender cómo el virus SARS-CoV-2 interactúa con el cuerpo humano a un nivel físico-biológico.

“Yo no tenía nada qué ver con medicina. Yo soy científica en ciencia de materiales. Pero a la hora de ver este problema tan fuerte, entramos en acción”, dice a BBC Mundo la especialista.

Su equipo en la Universidad Northwestern (Estados Unidos) analizó las diferencias entre el coronavirus que causó la epidemia SARS de 2003 y el causante de la enfermedad COVID-19.

Y encontró un punto débil con el que se le puede atacar.

“Estamos bloqueando el virus”, señala al explicar cómo su experimento a nivel molecular ha reducido de manera inicial en 30% la conexión del patógeno con los receptores humanos.

Una ilustración del SARS-CoV-2 atacando una célula

Getty Images
Las espigas (amarillas) del coronavirus se conectan a las células AC2 (en turquesa) del cuerpo. Si se impidiera eso, se neutralizaría.

“Antes de entrar el virus (en el cuerpo), sí podemos atacarlo para que ya no tenga tanta energía de atracción, que no sea capaz de infectar. Y si entra, que esté bloqueado el sitio”, explica la científica.

“Es otra manera de curar. Esto no son anticuerpos , los cuales tienen el problema de que pueden hacer resistente al virus. Hay muchos casos en los que los virus se vuelven resistentes a los anticuerpos”, añade.

En tres meses Olvera espera diseñar un polímero -un compuesto químico- que triplique la efectividad del bloqueo y que esto se convierta en una forma de proteger al cuerpo de un virus tan contagioso como el SARS-CoV-2.

¿Cuál fue el hallazgo?

El SARS-CoV-2 ingresa al cuerpo a través de sus proteínas S, que hacen contacto con la enzima convertidora de angiotensina (AC2) de las células humanas.

Las células AC2 también están presentes en el corazón, en el estómago, en el riñón, “por eso cuando uno se infecta (con el virus SARS-CoV-2, este) puede dañarlos”, explica Olvera.

Gráfico de cómo se reproduce el coronavirus en el cuerpo

BBC

Así que en su estudio, hecho en colaboración con el doctor Baofu Qiao, detectó que el SARS-CoV-2 tiene conexiones con cargas positivas en la proteína espiga (o spike) de su corona que pueden ser bloqueadas.

“La energía de atracción entre ese grupo que está en la spike y las células epiteliales era más débil en el primer coronavirus que en el SARS-CoV-2″, explica Olvera.

“Nos dimos cuenta de que si mutábamos los que no estaban en el de 2003, la atracción con el receptor bajaba. Nada más lo mutamos y bajó muchísimo su atracción“, añade.

El trabajo de bloqueo se dio en uno de los tres grupos de la proteína espiga, lo que redujo en un 30% la capacidad del virus para conectarse con el receptor, en este caso las células del cuerpo.

A diferencia de otras investigaciones, Olvera y Qiao detectaron un sitio con carga positiva, llamado sitio de escisión polibásico, a 10 nanómetros (algo sorprendentemente “lejano” de la base, en términos de esas mediciones) en la proteína espiga.

https://www.youtube.com/watch?v=Zh_SVHJGVHw&t=5s

Así que si se obtiene un polímero que bloquee los tres grupos, como lo están investigando, el resultado podría triplicarse y hacer que el nuevo coronavirus tuviera muy poca oportunidad de atacar al organismo.

“Yo quiero diseñar uno que ataque a todos. Es muy complicado, es un diseño difícil. Pero la idea es crear una protección bajo un diseño que funcione y quede probado en un laboratorio”, señala la científica.

¿Cómo puede adoptarse en la medicina?

El proceso de crear un polímero que actúe contra las espigas del SARS-CoV-2 puede tomar de dos a tres meses.

Una vez creado, habría que elegir un medio de administración. Olvera considera que podría funcionar a través de un aerosol, con las ventajas que eso tiene.

“Los virus son tremendos. Pueden usar las cápsidas de otros virus y el ARN, duplicarse y mutar”, advierte.

Y es que las vacunas en las que trabajan a contrarreloj varios países y organizaciones enfrentan el problema de que los anticuerpos que generen puedan ser inefectivos ante mutaciones del SARS-CoV-2.

“Nosotros queremos crear algo que no sea biológico, que no cree resistencia. Evitar que el virus encuentre otras maneras de salir adelante. Creemos que puede ser una manera de debilitar el virus, diferente a lo que se está haciendo”, añade.

Si las mutaciones mantuvieran los mismos grupos polibásicos para atraer células receptoras del cuerpo, el remedio seguiría funcionando.

El trabajo desde diferentes ángulos de la ciencia, como la física en el caso de Olvera, puede aportar soluciones a un problema que afecta a toda la humanidad.

“Se está haciendo un esfuerzo enorme. Todos estamos de alguna manera relacionados con esto, es un problema mundial y qué mejor que todos los científicos estén trabajando en esto”, dice la científica mexicana.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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