Crónicas desde "La Antesala del Infierno" (parte 1)
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

Crónicas desde "La Antesala del Infierno" (parte 1)

Animal Político viaja hasta Tierra Blanca, la ciudad con mayor índice de secuestros de indocumentados en el estado de Veracruz junto a Coatzacoalcos, Orizaba y Medias Aguas. En las siguientes tres crónicas convergen historias de delincuencia, esperanza, compasión y desaliento con un único y terrible protagonista: La Bestia.
Por Manu Ureste
26 de diciembre, 2012
Comparte
Tierra Blanca1

Miguel es uno de los 400 mil indocumentados que, se calcula, intentan cruzar al año de manera ilegal la frontera de Estados Unidos. //Foto: Manu Ureste

Un escapulario con diferentes representaciones de la Virgen de GuadalupeLos Cinco Misterios de la Santa Fe le abraza con delicadeza las filosas vértebras del cuello. Se trata de un rosario sencillo, moldeado en madera común y pintado a mano con un barniz de tonalidad oscura, que le bordea por entre los sobresalientes huesos de la clavícula, baja por el torso robusto y amplio cincelado a base de press banca, y culmina junto a la cara de un grotesco payaso en la boca del estómago.

Miguel –llamémosle así- tiene tatuajes por todo el cuerpo.

Por el pecho, abdomen, hombros, brazos, manos, y hasta por los pómulos y las orejas, le afloran caras demoníacas que se entremezclan con hojas de mariguana, emblemas en inglés y español –When I ride on my enemies, en el costado derecho; Qué falta me hace mi padre, en el izquierdo; Mi querida madre Alba, en la espalda-; retratos tipo Manga de mujeres empuñando pistolas, calaveras que ríen, y una lágrima perenne que se desliza por el ojo derecho junto a tres escalofriantes puntos que dan cuenta, sobre el pómulo izquierdo, de una frenética vida loca.

-Oye compa, ¿y tú eres de la mara?

La  pregunta retumba en medio de un sepulcral silencio que es únicamente interrumpido por un ay-ya-ya-yaí, al estilo mariachi, que sale del altavoz de uno de esos celulares que pueden adquirirse en cualquier tienda de autoservicio.

“Esta gente es peligrosa –narra el corrido entre alegres notas de acordeón- no toleran ni un reclamo/ al que les falta el respeto, lueguito les dan pa’bajo/ ellos ajustan cuentas, siempre al estilo italiano”.

Miguel no dice nada.

Sólo sonríe de medio lado mientras permanece apoyado contra el vagón de la compañía Cemex que lo resguarda del intenso calor, y mantiene los ojos negros y ligeramente rasgados fijos en el sendero hipnótico que forman los durmientes de la vía. En el suelo, otros tres migrantes y un joven que dice tener 16 años y nacionalidad mexicana miran de reojo algo malhumorados al periodista que se les aproxima, mientras descansan tumbados entre piedras angostas, latas de cerveza, un par de tenis que se secan al sol, dos bolsas por las que asoma ropa, los restos de un pantalón sucio hecho jirones, y dos botellas de plástico con el cuello degollado y restos de pegamento Resistol en su interior.

-No, mi hermano. ¿Cómo crees? –Miguel responde con un tono de molestia-. Perdí a alguien y lo sigo llorando –se explica-. Por eso me tatué la lágrima.

“Viví mis años locos por mi cuenta, como una forma de sobrevivir a la calle”

Tras la respuesta, el hondureño “criado en California” saca la mano del bolsillo del pantalón ancho que lleva caído por debajo de la cintura y que deja a la vista el elástico de un calzón azul, y se rasca el pómulo con la uña del dedo meñique.

-Ah wey, ¿lo dices por esto? –Pregunta con una amplia sonrisa, como si acabara de percatarse de que lleva los tres puntos locos dibujados en la piel-. Bueno, sí. He vivido mi vida loca –encoge los hombros con las manos metidas de nuevo en los bolsillos-. Pero nunca he andado con la Mara Salvatrucha, ni con Barrio 18, ni con ninguna pandilla. Viví mis años locos yo solito y por mi cuenta, como una forma de sobrevivir a la calle”.

Hace ahora una pausa de varios segundos y ladea la vista rasgada hacia ese punto infinito donde convergen las vías.

“No lo niego –se arranca de nuevo sin dejar de mirar el sendero-, viví mi vida loca... Pero no soy un delincuente”.

 

Miguel lleva numeroso tatuajes por todo el cuerpo. //Foto: Manu Ureste

Miguel asegura que vivió su ‘vida loca’ como una forma de sobrevivir a la calle, y no como una forma de pertenencia a una pandilla //Foto: Manu Ureste

****

Estamos en Tierra Blanca, un municipio del hermoso pero convulsionado estado de Veracruz, el cual suma algo más de 90 mil habitantes que platican con un agradable y bullanguero acento cantadito –difícil de captar a la primera, sobre todo para el foráneo- propio de estas latitudes alegres donde se baila un rápido y rítmico Son Jarocho, y al que, cuentan las crónicas locales, los poetas llamaban La novia del sol debido a que en esta zona de la cuenca del Papaloapan en la que predomina el cultivo de caña de azúcar, la cría de ganado, y la industria vidriera, el mercurio puede dilatarse hasta los 50 centígrados… a la sombra.

“A Tierra Blanca también se la conoce como La antesala del infierno, comenta ajustándose la guayabera un veterano periodista local mientras camina por la vieja estación donde se encuentra uno de los símbolos más representativos de la ciudad: Mi Prieta Linda, una locomotora de vapor, “orgullosa y preciosa como una Diosa”, a la que grupos de música como Los socios del ritmo le dedican canciones con “puro ritmo caliente” para ensalzar la tradición ferrocarrilera de este municipio.

Sin embargo, la referencia a esta tierra con fama de bronca y hospitalaria a partes iguales como la antesala del infierno va mucho más allá de las temperaturas que soportan los parroquianos incluso durante el relativo invierno: de acuerdo con organismos como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y ONG´s como Amnistía Internacional, y el albergue Hermanos en el Camino –liderado por el sacerdote Alejandro Solalinde-, Tierra Blanca es, junto a Coatzacoalcos, Orizaba y Medias Aguas, la ciudad con mayor índice de secuestros de indocumentados en Veracruz, estado que, a su vez, se encuentra dentro de la lista negra de entidades más peligrosas para quienes buscan alcanzar la frontera norte arriba del tren al que llaman La Bestia.

De ahí que a la ruta conformada por Tuxtepec-Tres Valles-Tierra Blanca se la conozca, debido al incesante número de secuestros y asesinatos de indocumentados, con el sobrenombre de El Triángulo de las Bermudas.

-Me asaltaron dos veces en el ferrocarril –empieza a narrar Miguel, que acepta la entrevista con la condición de que el resto de los presentes también participe en la plática, como si de una reunión informal entre amigos se tratara –” bien, si es así como platicando sí te la acepto”, dice-. Fue más para abajo, por el sur. Estábamos como ahora, descansando mientras esperábamos a que llegara el tren para subirnos al vagón y seguir con el camino, y de pronto aparecieron unos pandilleros de la nada –chasquea los dedos-. Nos empezaron a golpear y a gritar que les diéramos todo cuanto traíamos, o si no… ahí mismo todos nos moríamos.

 Tierra Blanca es, junto a Coatzacoalcos, Orizaba y Medias Aguas, la ciudad con mayor índice de secuestros de indocumentados en Veracruz

Esta es la segunda vez que Miguel sale de Honduras rumbo a California, Estados Unidos.

A pesar de haberse criado durante buena parte de su vida en la glamurosa ciudad de Los Ángeles –allí trabajaba cambiando el tejado de las casas-, él es uno de los 2.6 millones de sin papeles hispanos que se buscan la vida en la llamada tierra de las oportunidades. Por lo que, explica, a pesar de tener una casa y una familia que lo espera “del otro lado”, no tuvo más remedio que entrar de nuevo a México ilegalmente subido a bordo de un neumático de camión que hacía las veces de balsa para atravesar el río Suchiate, un estrecho y poco profundo afluente que separa la frontera de Guatemala con México, al que también se le conoce como Paso del Coyote por ser ruta habitual para el trasiego de todo tipo de mercancías: desde refrescos, tabaco o azúcar, hasta drogas, armas, y por supuesto, seres humanos.

Una vez en suelo azteca –refiere el hondureño-, se aferró a los hierros de La Bestia, un ferrocarril de mercancías que se calcula transporta al año a más de 400 mil indocumentados que marchan en una desesperada búsqueda por alcanzar la frontera Norte, a pesar del riesgo de quedar fatalmente mutilados por las ruedas del tren o sufrir a manos de los cárteles del crimen organizado un muy probable atraco, secuestro, violación, asesinato… o todo ello a la vez.

“Pasamos las fiestas aquí, en la vía. Tanto Nochebuena como Navidad –recuerda Miguel y a continuación señala, haciendo un gesto con la barbilla, a otro connacional que está sentado sobre el durmiente-. Aquí estuvimos los dos celebrando como pudimos. No teníamos nada que comer, ni para beber, ni tampoco ropa limpia, ni abrigo para la noche. Pero, gracias a Dios, algunas personas que viven por aquí –apunta hacia las casitas de techo de lámina y paredes de madera que se levantan junto a los rieles- se acercaban de vez en cuando y nos daban un taco, un refresco para el calor, una botella de agua… Todo estuvo bien, aunque sí fue triste, para qué digo que no. Muy triste. Porque uno tiene la familia lejos…

Miguel guarda silencio esquivando la mirada para dirigirla nuevamente a ese punto imaginario en el horizonte donde el óxido anaranjado de los raíles se funde con el azul intenso de esta calurosa mañana.

“Pero bueno -se arranca de nuevo-, mejor no acordarse mucho de la familia, ¿no? Es lo mejor para que no haigan tristezas. Por eso ni les hablo. Yo creo que cuando esté en la frontera les marcaré por teléfono, pero antes no. Sufren demasiado“.

Tierra Blanca //Foto: Manu Ureste

A la ruta conformada por Tuxtepec-Tres Valles-Tierra Blanca se la conoce, debido al número de secuestros de indocumentados registrados en la zona, con el sobrenombre de ‘El Triángulo de las Bermudas’. //Foto: Manu Ureste

****

Jorge jura que tiene 18 años y una fe ciega en Jesús Malverde, una especie de Robin Hood mexicano el cual, cuenta la leyenda, a principios del siglo XX  fue un popular bandolero que se dedicaba a robar a los hacendados y familias más adineradas de los Altos de Culiacán, en el norteño estado de Sinaloa, para repartir el botín entre los más pobres.

-Él era una buena persona -balbucea el natural de Puerto Cortés, Honduras, masticando las palabras y entreabriendo muy lentamente los párpados sin dejar de acariciar con los dedos la efigie de este Ángel de los Pobres, que luce un largo y frondoso mostacho vernáculo, cejas rectangulares muy pobladas, una impoluta camisa vaquera blanca, y cara de galán al estilo Jorge Negrete, cuya leyenda se ha visto alimentada en la actualidad en gran parte por las historias que cuentan narcotraficantes y sicarios, quienes aseguran haber visto a este santo –aunque la Iglesia lo considera una superstición- en medio de balaceras en las que ha intervenido salvándoles la vida. De ahí que en la cultura del barrio, Malverde sea más conocido como El santo de los narcos.

“Malverde era muy bueno –insiste-. Una persona de la que solo se puede hablar bien bonito. A mí siempre me ha protegido, por eso lo llevo aquí conmigo.

“Malverde siempre me ha protegido, por es lo llevo aquí conmigo”

A continuación, Jorge guarda silencio. Bebe pausadamente cerveza de una lata que tiene a su derecha y rebusca, a petición de Miguel, otro corrido en la memoria de su teléfono celular.

-¿A qué te dedicabas en tu país? ¿Estudiabas?

Jorge sonríe como si acabara de escuchar una estupidez. Toma otro trago, se limpia con el dorso de la mano el hilillo que se le escapa por la comisura de los labios gruesos, se ajusta la gorra negra en la que lleva un gallo de pelea bordado en hilo blanco junto al emblema Nunca gano, pero cómo me divierto, y lanza a continuación una mirada vidriosa, glauca, mientras empieza a frotarse una y otra vez el tobillo del pie derecho que trae sujeto bajo el calcetín con un aparatoso vendaje.

“¿Qué qué hacía? –pregunta, retórico-. Pues trabajá, qué voy hacé” –contesta lentamente, casi en un balbuceo y con los ojos macilentos y enrojecidos -. Yo nunca pude estudiá. Me hacía mucha falta el billete“.

 

Indocumentados descansan al amparo de un vagón, en espera a que llegue el tren que los lleve hasta Orizaba. //Foto: Jesús Lazcano, periodista veracruzano.

Indocumentados descansan al amparo de un vagón, en espera a que llegue el tren que los lleve hasta Orizaba. //Foto: Jesús Lazcano, periodista veracruzano.

****

Plac-placPlac-plac. El sonido del obturador abriéndose y cerrándose mecánicamente congela la imagen de Miguel en la retina de la cámara fotográfica.

-Oye, güero: ¿Y estás fotos se van a ver en el periódico? -pregunta entre las risas de sus compañeros, como quien va a salir por primera vez en la televisión y pide permiso para saludar en directo a su familia y a los amigos del barrio-.

-Entonces, pérame wey -se quita la camiseta de tirantes con la que seca el sudor que le empapa la frente, mete las manos en los bolsillos del pantalón bombacho, y adopta una pose de superstar que recuerda a una de esas portadas de revistas especializadas en hip hop.

-Ya estoy listo, dispara -fija la vista con naturalidad en el lente mientras el cañón del teleobjetivo hace un ruido robótico y lo pone a cuadro para dar paso a los primeros flashes de la improvisada sesión fotográfica.

Al otro lado de la mirilla, como si acaso la cámara ofreciera un refugio desde el que poder mirar sin ser visto, el periodista escudriña de nuevo con detenimiento la minúscula lágrima que le cae por la hendidura del ojo derecho.

La Mara tiene presencia en México a través de cinco mil integrantes en 22 estados, siendo Chiapas, Oaxaca, Edomex, DF, Veracruz y Tamaulipas, “los focos rojos de alarma”

Tal vez sea cierto, y la marca se deba al luto por haber perdido a algún ser querido. Además, por su cuerpo no hay rastros de dibujos con las iniciales MSMS-13, o las palabras Mara Salvatrucha escritas en letra gótica.

No obstante, tampoco es menos cierto que tatuajes como esa lágrima que congela el obturador de la cámara –la cual, dentro de la simbología pandillera, puede representar el grado que ocupa quien la porta dentro de la pandilla, así como el número de enemigos ultimados-, o los llamados tres puntos locos –que hacen referencia al sexo, el luto y la muerte en la vida del pandillero- son muy comunes entre los miembros de La Mara, una banda surgida en los años ochenta en Los Ángeles integrada principalmente por salvadoreños, hondureños y guatemaltecos, considerada por el FBI como una organización transnacional de pandillas criminales con presencia en Estados Unidos, México, Centroamérica e incluso en España.

“Se trata de mercenarios que se alquilan a cualquier cártel con tal de ir beneficiando su pretensión, que es crear un corredor de la droga, desde Colombia, pasando por todos los países hasta llegar a Los Ángeles”, explica David Solís, presidente del Comité Ciudadano de Seguridad Pública de Tijuana, en la obra de los periodistas Jorge Fernández Menéndez y Víctor Ronquillo De los Maras a Los Zetas: Los secretos del narcotráfico, de Colombia a Chicago, quienes aseguran que, “de acuerdo con información oficial” la Mara Salvatrucha tiene presencia en México a través de cinco mil integrantes en 22 estados del país, siendo Chiapas, Oaxaca, estado de México, Distrito Federal, Veracruz y Tamaulipas, “los focos rojos de alarma”.

En otras palabras: estamos en un estado, y en un municipio, donde la presencia de estos pandilleros especializados en el secuestro exprés, robo a gran escala y tráfico de armas y seres humanos, es algo habitual. La cuestión es, surge la pregunta luego de lanzar la última foto y observarla congelada en la pequeña pantalla digital, si quien está frente a la cámara es quien dice ser –un migrante que va en busca de su familia y un futuro-, o si por el contrario, esa lágrima negra y esos tres inquietantes puntos encierran otra historia.

En el llamado 'patio de carga' es muy frecuente la presencia de indocumentados que esperan la llegada de La Bestia para continuar con el camino hacia la frontera norte. //Foto: Manu Ureste

En el llamado ‘patio de carga’ es muy frecuente la presencia de indocumentados que esperan la llegada de La Bestia para continuar con el camino hacia la frontera norte. //Foto: Manu Ureste

-¿Y ya fueron al albergue?

Miguel, que tras la sesión fotográfica se ha puesto de nuevo la camiseta de tirantes, se refiere al centro de acogida para indocumentados que hay caminando unos diez minutos en dirección hacia el sur de la ciudad, junto a las omnipresentes vías del tren. Allí encontraremos a más indocumentados para entrevistar, sugiere el hondureño que incluso se ofrece –si quieren, yo les llevo- a darnos un tour por la zona.

-Gracias hermano, ya fuimos –pasamos de puntillas por el asunto-. Pero no nos quisieron abrir la puerta. Nos dijeron que se requería de una cita previa para poder acceder al inmueble y…

El hondureño se rasca la cabeza, contrariado.

-Pues es que –afirma con un cierto tono de lamento en su voz- la mera verdad, sí está habiendo un chingo de desmadre. Por eso no confían en nadie, ya sabes…

-Pero, ¿cómo desmadre?

-Pues… -duda por momentos si continuar con la frase y a continuación baja la voz- Es que llegan aquellos en la noche con la camioneta… y te levantan.

-¿Quiénes? ¿Migración?

-¡Cuál migra! –suelta espontáneo una carcajada y acto seguido vuelve a bajar la voz mirando a izquierda y derecha, como si temiera haber cometido una imprudencia-. Los maleantes son los que te levantan y te desaparecen pero rápido –chasquea de nuevo los dedos-. Aquí en las vías hay que tener mucho cuidado. Y más ustedes que son periodistas. Y si eres extranjero… menos debieras andar por aquí, güero. Porque te van a ver y luego, luego, van a pensar que traes mucho dinero encima o que tu familia tiene mucha plata en tu país. Así que mejor cuídate.

Hace una breve pausa.

“Porque si aquellos te ven… te van a querer secuestrar”.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Getty Images

¿Por qué América Latina es la región con más muertes en el mundo por COVID?

La efectividad de las medidas implementadas por los 5 países (Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú) con más muertos por COVID-19 en la región se ha visto condicionada por su falta de infraestructura sanitaria y la precariedad laboral.
Getty Images
19 de octubre, 2020
Comparte

Latinoamérica tuvo tiempo para prepararse y enfrentar bien la pandemia. Pero sus condiciones estructurales en economía, vivienda y salubridad terminaron haciendo que el continente se transformara en un lugar propicio para la propagación del COVID-19.

Así lo sugiere la investigación “Respuestas al COVID-19 en cinco países de Latinoamérica”, que revisó los primeros meses de combate a la pandemia en Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú: los países con más muertes del continente según las estadísticas de la Universidad John Hopkins.

Los autores -un equipo multidisciplinario- analizaron las condiciones precovid y las respuestas de los gobiernos a la pandemia.

Entre los factores prepandémicos que identificaron están la alta informalidad laboral, hacinamiento y densidad poblacional, baja infraestructura hospitalaria e incapacidad de los sistemas sanitarios para desplegar mecanismos de testeo y trazabilidad tempranamente.

Todas esas limitantes hacen que “Latinoamérica sea una región más riesgosa” pues merman tanto la capacidad de reacción de los países como la posibilidad de que la población cumpla medidas como la cuarentena, según explica Alejandra Benítez, una de las autoras del estudio.

La investigación también plantea que, aunque algunos países reaccionaron rápido, no lograron revertir estas condiciones de base, porque la ayuda económica a los hogares fue insuficiente o llegó tarde para los grupos que más lo necesitaban.

“Chile, por ejemplo, fue rápido en cerrar aeropuertos y fronteras. También, comparativamente, fue efectivo en el aumento de camas hospitalarias y ventiladores. Pero lo que no se hizo rápido fue la trazabilidad, es decir lo relativo a encontrar a las personas enfermas, aislarlas, hacerles seguimiento. En lo económico hubo respuestas rápidas, pero solo para el sector formal de los trabajadores”, explica Carolina Velasco, también autora de la publicación.

Aeropuerto en Santiago en mayo de 2020.

Getty Images
Chile reaccionó rápido el cierre de aeropuertos y fronteras cuando se desató la primera ola de la pandemia.

Los factores estructurales que impidieron reaccionar bien al COVID-19 podrían implicar otro problema mayor: que la enfermedad se vuelva endémica. El fenómeno ya ha empezado a detectarse en Reino Unido.

Un estudio realizado por Public Health England, una agencia dependiente del Departamento de Salud y Cuidado Social de ese país, mostró que las restricciones aplicadas durante la pandemia han sido poco efectivas en reducir el número de infectados en algunas áreas del norte de Inglaterra, donde el covid-19 está “firmemente instalado”.

Alta vulnerabilidad, pobreza y hacinamiento

Estos lugares son zonas habitadas por minorías étnicas que se caracterizan por alta vulnerabilidad, pobreza y hacinamiento.

Aunque esto no fue un tema del estudio, las investigadoras coinciden en que los determinantes que agravaron el impacto del COVID-19 en América Latina -en particular las condiciones de pobreza e informalidad laboral y la debilidad de los sistemas sanitarios- podrían hacer que “se convierta en un virus endémico”.

En el estudio, de hecho, se identificaron zonas y comunas donde, pese a las medidas implementadas, los casos y muertes por COVID-19 no disminuyeron a la velocidad esperada.

Zona en Tijuana, estado de Baja California en México.

Getty Images
Varias zonas con problemas de hacinamiento y pobreza en América Latina podrían hacer que el coronavirus se convierta en un patógeno endémico.

Por ejemplo, las comunas de más bajos ingresos en la Región Metropolitana de Chile; la zona del Amazonas colombiano y las principales ciudades del sureste de Brasil.

La investigación examinó las políticas aplicadas por los cinco países entre febrero y agosto de 2020. Para analizar el nivel de reacción de los gobiernos en comparación con la evolución de la enfermedad, se usó un índice creado por la Universidad de Oxford.

Los gobiernos reaccionan pero el contagio no cesa

Una primera área de estudio es la de mitigación y contención, que se refiere a medidas como cierre de escuelas, cuarentenas, cierre de fronteras o restricción a eventos masivos.

En este tema, dicen los investigadores, casi todos los países (excepto Brasil) reaccionaron tempranamente: muy cerca de cuando se confirmó el primer caso de COVID-19.

Sin embargo, los datos muestran que “no hay una relación evidente entre la capacidad de reacción y los resultados sanitarios”. Ello pues, pese a las medidas adoptadas, los nuevos infectados y la tasa de positividad de COVID-19, “continuaron aumentando”.

Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

Getty Images
De acuerdo a investigadores, Brasil reaccionó tarde en la aplicación de medidas como cierre de escuelas, fronteras y restricciones de eventos públicos.

En el área económica, todos los países, salvo Ecuador, redujeron sus tasas de interés, crearon condiciones para otorgar créditos y establecieron medidas para proteger el empleo.

“Sin embargo, el apoyo para los trabajadores informales y los más vulnerables fue más lento”, dicen los investigadores. Tomando en cuenta las distintas medidas implementadas, Colombia fue el país más rápido en reaccionar desde que comenzó el COVID-19: tardó 16 días.

Los investigadores también compararon la rapidez en la entrega de apoyos económicos en contextos de cuarentena: es decir, con restricciones de movilidad en algunas zonas (aunque éstas no siempre se cumplen, ya que una proporción importante de trabajadores necesita salir a la calle pues vive del ingreso diario).

En el caso de Chile, por ejemplo, desde que se aplicó la cuarentena obligatoria, la primera canasta de alimentos llegó a los 50 días (a un hogar de una comuna de bajos ingresos). En el caso de Colombia, la canasta demoró 9 días y en Brasil tardó 64 días.

Los autores midieron el monto de estímulo económico entregado por cada país en contextos de COVID-19: es decir, el aporte que sale del “bolsillo” del Estado.

Personas haciendo fila en Colombia para hacer tests de coronavirus.

Getty Images
De acuerdo a expertos, Colombia fue uno de los países que más rápido reaccionó en el apoyo a trabajadores informales y vulnerables.

De los cinco casos analizados, Brasil es el que realiza un esfuerzo mayor, gastando alrededor de 880 dólares por habitante (alrededor de 10% del PIB nacional), seguido de Chile, con casi 800 dólares (5.2% del PIB). Colombia y Perú gastaron casi 500 dólares (7.6%) y 380 dólares (5.6%) por habitante.

Ecuador es el país que menos apoyo entrega: 24,8 dólare per cápita y 0.4% del PIB.

Índice de apoyo económico

Ahora, al analizar la magnitud del apoyo económico que se entregó a los hogares tomando en cuenta la evolución de la enfermedad, los datos son menos optimistas.

Por ejemplo, Chile comenzó el período con bajos niveles de apoyo a las familias (menos de 40% según el índice de Oxford, que llega hasta un máximo de 100%), pero éste fue aumentando (75% a mediados de junio). En el caso de Brasil, su índice de apoyo económico fue de 50%.

Según los investigadores, aún cuando los niveles de apoyo económico aumentan, no hay una correlación entre este dato y el número de casos o la tasa de positividad.

Al revés, los casos aumentan o se mantienen. “Esto sugiere que el apoyo en temas de ingreso no tuvo la efectividad esperada, no solo porque la implementación fue lenta, sino porque la magnitud del apoyo fue limitada. El único país que muestra una disminución en la tasa de positividad que coincide con un aumento del indicador es Chile“, explican los autores.

Países con más muertes por coronavirus. Muertes por cada 100.000 personas. .

Esto ocurre en un período en que las cuarentenas fueron más fuertes y comenzó a aplicarse una mejor estrategia de testeo y trazabilidad. Lo anterior lleva a concluir a los investigadores que, en contextos de pandemia, es central una respuesta temprana e integral.

Zonas vulnerables

Los autores identificaron algunas zonas geográficas en las que las medidas implementadas fueron menos efectivas.

En Chile, por ejemplo, el virus evolucionó de manera distinta en diferentes áreas de la Región Metropolitana. En las comunas de mayores ingresos, después de una semana de cuarentena, los casos diarios bajaron; en cambio, en aquellas comunas de menores ingresos (Independencia, San Ramón, La Granja y Recoleta), los casos diarios subieron.

“Estos datos son consistentes con la demora en la entrega de medidas de apoyo económico para los grupos vulnerables. La falta de respuesta económica temprana impidió a las personas quedarse en la casa y, por lo tanto, disminuyó el efecto de las restricciones“, plantean los autores.

En Colombia, la región más afectada en número de casos y muertes es la de Amazonas (32,9 casos y 1.3 muertes por cada 1,000 habitantes), localizada en una provincia donde la informalidad laboral alcanza un 90% y el hacinamiento y la pobreza llegan a 16% y 35%, respectivamente.

Niño navegando en bote en la Amazonía colombiana.

Getty Images
La Amazonía colombiana es la zona más afectada por el coronavirus en todo el país.

En cambio, las zonas de Antioquía y Valle del Cauca, que poseen menores niveles de hacinamiento y pobreza, registran también un menor número de muertes.

En Ecuador, la provincia de Guayas presenta el mayor número de casos y muertos (alrededor de 18,000 y 1,700) y Santa Helena tiene una tasa de muerte de 82.5 por cada 100,000 habitantes. Ambas provincias tienen niveles de desempleo superiores a 20%.

Además, en Guayas los niveles de acceso de la población a servicios básicos y agua potable son bajos (66.6 y 85.7%, respectivamente).

Finalmente en Brasil, la región más impactada en número de casos y muertes es el Sudeste, con un 35% y 45% respectivamente. Esta región alberga al 42% de la población nacional y concentra las ciudades más densamente pobladas y turísticas, como Sao Paulo y Río de Janeiro.

Conclusiones del estudio

El trabajo concluye que las pandemias deben ser abordadas con una mirada integral, tomando en cuenta cuatro ámbitos: estrategias sanitarias y de contención; comunicación de los datos sobre la pandemia y medidas económicas de apoyo, particularmente a los grupos más vulnerables (para que puedan, por ejemplo, quedarse en sus casas aquellos que necesitan salir a trabajar).

Vista aérea de Santa Clara de San Millán en Ecuador.

Getty Images
Las pandemias deben ser abordadas con una mirada integral, tomando en cuenta cuatro ámbitos: estrategias sanitarias y de contención; comunicación de los datos sobre la pandemia y medidas económicas de apoyo, particularmente a los grupos más vulnerables

Es clave contar con una estrategia sistemática de testeo, trazabilidad y seguimiento de casos en etapas tempranas de la pandemia, para contener brotes y evitar detener por largo tiempo la actividad del país, sugieren los autores.

Asimismo, es determinante contar con un buena comunicación y coordinación ya que optimiza la toma de decisiones y da más legitimidad a la autoridad y las estrategias implementadas, mejorando el cumplimiento de las medidas.

Finalmente, los hallazgos también ofrecen algunas luces sobre cómo convivir con una pandemia que estará presente por un buen tiempo. En ello las estrategias de testeo y trazabilidad son fundamentales para la vigilancia activa de casos y brotes.

*Marcela Ramos es investigadora asistente en la Universidad de Glasgow, Escocia, Reino Unido.

*Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer la nota original en este enlace.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

Visita nuestra cobertura especial


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=-V2gDY8mttE&t

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.