Un Congreso de interés para los cibernautas
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Un Congreso de interés para los cibernautas

Este fin de semana fue inaugurado el segundo Congreso Global de Propiedad Intelectual e Interés Público en Río de Janeiro, Brasil
Por Antonio Martínez
16 de diciembre, 2012
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Propiedad Intelectual. Imagen: CM

Propiedad Intelectual. Imagen: CM

Rio de Janeiro, Brasil.- Este sábado fue inaugurado el segundo Congreso Global de Propiedad Intelectual e Interés Público en Río de Janeiro, Brasil, organizado por la Fundación Getulio Vargas, el Washington College of Law de la American University, la American Asembly de la Universidad de Columbia, el proyecto Open Air, el Centro para la Sociedad e Internet y el Centro Internacional de Comercio de Desarrollo Sustentable.

El evento termina el próximo 17 de diciembre y está enfocado a la propiedad intelectual, los derechos humanos, internet, tratados internacionales, cultura digital, censura y acceso al conocimiento.

El congreso se enmarca en medio de dos discusiones internacionales sobre el control de internet, por un lado la recién terminada Conferencia Mundial de Telecomunicaciones, que no logró tener un acuerdo en las conclusiones finales, y por el otro las negociaciones del Acuerdo de Asociación Transpacífico en Nueva Zelanda que ha dejado a un lado la discusión de propiedad intelectual para la siguiente ronda de negociación. En ambos casos la constante se encuentra en la exclusión de la sociedad civil de las discusiones.

Los trabajos de este segundo congreso están divididos en tres partes: el primer día con conferencias abiertas al público, el segundo día con sesiones de trabajo temático y el tercero con talleres y una sesión plenaria. Las conferencias del día inaugural se dividieron en tres bloques: “el momento actual”,“retrospectiva” y “el futuro por delante”.

El momento actual: Copyright, ACTA y Derechos Humanos

En este bloque se explicó el contexto de las políticas de propiedad intelectual hoy día, además se dio ejemplo de alternativas de participación en la construcción de las mismas. La primera ponencia estuvo a cargo del periodista Tim Lee, y habló sobre el copyright y la política, se enfocó al partido republicano en Estados Unidos y su acercamiento con el tema, puso a la luz el caso de Derek Khana quien escribió un reporte sobre el tema, donde hace una crítica exhaustiva al actual régimen de propiedad intelectual. El reporte fue hecho por el Comité de Estudios para los representantes del partido republicano y que fue despedido tras presiones de cabilderos de la industria.

Por su parte el periodista inglés Glyn Moody habló sobre ACTA y la importancia que ha tenido para la articulación de un discurso de propiedad intelectual distinto al de la industria-gobierno. La profesora de la Universidad de Haifa Niva Elkin-Koren se pronunció por replantear el sistema de copyright y sus objetivos desde una óptica más amplia. El asesor legal de la Red del Tercer Mundo en la India K M Gopakumar habló sobre la importancia de los derechos humanos en la discusión sobre derechos de propiedad intelectual y cómo estos últimos jamás deben comprometer a los primeros.

El contexto regional lo ofrecieron la abogada Carolina Botero de la Fundación Karisma y Pedro Paranaguá  asesor del partido de los trabajadores de Brasil. Botero habló de la experiencia de la Ley Lleras y cómo los tratados comerciales que afectan estos temas se disfrazan en cada país y por su parte Paranaguá describió el proceso para la Ley-marco de internet en Brasil que involucró a más de 2 mil 300 participantes y una herramienta digital que le permitió a toda la ciudadanía participar, también explicó que esta iniciativa está atorada por los intereses de la industria en Brasil.

Retrospectiva

El profesor Joe Karaganis de la American Assembly habló de cómo se ha conformado la agenda por el interés público en el tema de propiedad intelectual la última década y el comportamiento de los financiadores que han decrecido a partir del año 2008, fundaciones como Fordo Macarthur han dejado de dar dinero a las iniciativas relacionadas con propiedad intelectual. Pese a que Google es uno de los patrocinadores del evento, Karaganis advirtió sobre los fondeadores únicos como un peligro para el trabajo independiente.

Durante este segmento, gran parte de la discusión estuvo centrado en el tema del acceso a la salud, pues es en este sector donde se puede ver más de cerca el vínculo entre los derechos de propiedad intelectual y el ejercicio de derechos fundamentales.James Love, Germán Velásquez y Renata Reis explicaron este fenómenos desde distintas ópticas cuyo hilo conductor fue la propuesta para desligar la investigación y desarrollo del precio final de los medicamentos, así como una denuncia por la privatización de la Organización Mundial de la Salud a cargo de fundaciones como la Gates, de acuerdo a Velásquez apenas el 18% de los recursos de la OMS proviene de los Estados miembro. Hubo un pronunciamiento porque el acceso a la salud se volviera a ver como un bien público y no como un negocio.

El futuro por delante

Esta sección presentada por Rolando Lemos trató de hacer una prospectiva de los años siguientes. Los conferencistas fueron Teresa Hackett, Claudia Chamas, Matthias Lamping, Chidi Oguamanam y Jeremy de Beer, Sunil Abraham y Carolina Rossini. Se abordaron distintos temas del debate que vendrá los años siguientes, entre las contantes se reconoce la necesidad porque cada tratado internacional en la materia deba pasar por procesos democráticos, Carolina Rossini de la Electronic Frontier Foundation se refirió a la falta de este proceso como “lavado de política”.

Otro de los temas que se alertó como importante hacia el futuro es el acceso a los medicamentos y que la OMS vuelva a retomar su vocación por el interés público, así como la regionalización de acuerdos como ACTA, tal es el caso del Acuerdo de Asociación Transpacífico del que México es parte o el CETA negociado por Europa y Canadá.

Para este domingo se tienen proyectadas dos sesiones donde se abordarán de manera temática los incentivos a la producción cultural, las limitaciones y excepciones del copyright, el acceso a medicinas, la relación de los consumidores e intermediarios, los recursos educativos abiertos y el desarrollo e innovación de la propiedad intelectual.

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Rusia invade Ucrania: qué son los ‘bonos de guerra’ y cómo pueden ayudar a Kiev ante el ataque ruso

El gobierno ucraniano está recurriendo a este viejo ejercicio de recaudación para financiar las operaciones militares ante la ofensiva de Rusia.
2 de marzo, 2022
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A medida que avanza la invasión rusa sobre Ucrania, el gobierno de Volodymyr Zelensky está buscando a contrarreloj la forma de financiar a sus Fuerzas Armadas y la costosa defensa de su país.

El escenario es complejo: después de una importante inversión y modernización del poderío militar de Rusia, los ucranianos son superados en armas y en número de soldados, sin contar la capacidad aérea ucraniana, que es muchísimo menor a la rusa.

Además, su economía está paralizada por la guerra, con escasa capacidad de recaudación y precios disparados como el del petróleo.

En ese contexto, el Ministerio de Finanzas ucraniano anunció esta semana que recurrirán a un viejo instrumento financiero para apoyar a sus tropas: el llamado “bono de guerra”.

“En un momento de agresión militar de la Federación Rusa, el Ministerio de Finanzas ofrece a los ciudadanos, empresas e inversores extranjeros apoyar el presupuesto de Ucrania invirtiendo en bonos del gobierno militar”, explicó el ministerio a través de su cuenta de Twitter.

https://twitter.com/ua_minfin/status/1498319436633329666

Según especificó el gobierno de Zelensky, cada bono tendrá un valor nominal de 1.000 grivnas ucranianas (US$33) y la tasa de interés “se determinará en la subasta”.

“Los ingresos de los bonos se utilizarán para satisfacer las necesidades de las Fuerzas Armadas de Ucrania”, agregó.

En una reunión con inversionistas extranjeros, la cartera de finanzas también dio señales de tranquilidad al mercado, asegurando que no incumplirán con sus deudas existentes.

El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky.

Getty Images

Y es que a los inversionistas les preocupa que la invasión por parte de Rusia empuje a Kiev a dejar de pagar su deuda. Por lo mismo, en los últimos días ha habido una fuerte caída en los precios de los bonos de circulación de Ucrania.

Ante esta difícil situación, los “bonos de guerra” parecen ser una buena salida (o, al menos, un respiro) para financiar su defensa. La recaudación —que comenzó este martes—logró recaudar en un día aproximadamente U$270 millones.

Pero ¿qué son realmente estos bonos y cuándo se ha recurrido a ellos en la historia reciente?

¿Qué són?

Los bonos de guerra —similar a otros instrumentos de deuda—, son deudas que un determinado Estado adquiere con inversionistas (particular o institucionales), la cual se compromete a devolverle en un plazo determinado con los intereses correspondientes.

En estos casos, el dinero se emplea específicamente para financiar las operaciones militares durante un período de conflicto bélico.

Los "bonos de guerra" son para financiar las Fuerzas Armadas de Ucrania.

Getty Images
Los “bonos de guerra” son para financiar a las Fuerzas Armadas de Ucrania.

Normalmente, este ejercicio de recaudación ofrece un tipo de rendimiento por debajo de la media y con un alto porcentaje de riesgo pues, si se pierde la guerra, es posible que también el dinero invertido.

Así, se suele atraer a los inversionistas apelando al patriotismo y a las emociones de los ciudadanos que quieran ayudar en la defensa de un país.

Ucrania, por ejemplo, ha llamado a apoyar a su nación “en tiempos difíciles”.

Los bonos de guerra también son un medio para controlar la inflación al sacar dinero de circulación de una economía estimulada en medio de los conflictos bélicos.

¿En qué otros momentos de la historia se ha recurrido a ellos?

Esta no es la primera vez en la historia que se recurre a este instrumento financiero para apoyar a las Fuerzas Armadas de un determinado país en momentos de guerra.

Estados Unidos también emitió este tipo de bonos para financiar parte del gasto en su defensa durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

Propaganda estadounidense 1917.

Getty Images

Entre 1917 y 1918, el gobierno estadounidense emitió los llamados “Liberty Bonds”, creando una campaña masiva con el fin de popularizar los bonos a través de llamados patrióticos. En la campaña incluso participaron artistas famosos, entre ellos, Charles Chaplin y la actriz Ethel Barrymore.

Hoy se cree que esta herramienta de financiamiento fue vital para la recaudación de fondos en la defensa del país.

Luego, en 1940, se repitió la historia.

A pesar de que se evaluó la posibilidad de cobrar impuestos para el financiamiento de las Fuerzas Armadas, finalmente se recurrió nuevamente a los bonos —esta vez se les llamó “War Bonds” o “Victory Bonds”— tras el ataque japonés a Pearl Habour en 1941.

Un llamado a comprar bonos de guerra en Times Square, en la ciudad de Nueva York, en 1940.

Getty Images
Un llamado a comprar bonos de guerra en Times Square, en la ciudad de Nueva York, en 1940.

Reino Unido también emitió bonos de guerra en 1917.

La frase propagandística para atraer este tipo de inversión decía: “Si no puede luchar, puede ayudar a su país invirtiendo todo lo que pueda en Bonos del Tesoro Público al 5%… A diferencia del soldado, el inversionista no corre ningún riesgo”.

Los medios de comunicación de ese país también se unieron a las peticiones de recaudación.

En su momento, la revista política británica The Spectator, escribió: “Es el pueblo de Gran Bretaña quien debe proporcionar el efectivo para financiar la guerra”.

Propaganda estadounidense de 1943.

Getty Images
Propaganda estadounidense de 1943.

Canadá también adoptó los bonos de guerra como una forma de inyectarle recursos a su defensa durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

El país logró involucrar a millones de canadienses a través de agresivas campañas con voluntarios que ofrecían los llamados “bonos de la victoria” de puerta en puerta y a corporaciones privadas.

“Los bonos de la victoria ayudarán a detener esto” o “trae a casa con el bono de la victoria” eran algunos de los sloganes de la época.


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