10% de trabajadoras mexicanas se dedican al empleo doméstico
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10% de trabajadoras mexicanas se dedican al empleo doméstico

El más reciente informe de la OIT revela que el número de personas dedicadas a prestar servicios domésticos en hogares particulares de México prácticamente se duplicó en 10 años.
Por Paris Martínez
14 de enero, 2013
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En México, 1 millón 700 mil mujeres se dedican al trabajo doméstico, lo que representa 10% de la fuerza productiva femenil nacional, las cuales están sometidas a un régimen salarial de “explotación”, que les otorga sólo la mitad de lo que se paga en otros empleos equiparables, así como a la práctica del “pago en especie”, que pervive en el país, según el más reciente estudio en la materia elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Publicado la semana pasada, el informe global de la OIT revela que, de 1995 a la fecha, el número de personas dedicadas a prestar servicios domésticos en hogares particulares de México prácticamente se duplicó, al pasar de 1 millón hace 15 años, a 1.9 millones en 2010; y de esta cifra, se destaca, 89.5% corresponde a mujeres.

Echa, a continuación, un ojo sobre algunos de los rasgos más distinguibles del trabajo doméstico en México, una de las labores más susceptible a la explotación, los bajos salarios, la cancelación de derechos y la falta de protección legal, tal como lo describe en sus conclusiones el organismo internacional, fenómeno que desde 2012 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía puso sobre la mesa de disección.

Una actividad “feminizada en extremo”

En México, una de cada diez mujeres trabajadoras se dedican al ramo “doméstico”, lo que revela, según Perfil Sociodemográfico de los trabajadores domésticos remunerados, del INEGI, que se trata de una “actividad feminizada en extremo”, en buena medida debido a que “las actividades inherentes al mantenimiento del hogar y el cuidado de sus habitantes, aún en el ámbito laboral, se siguen considerando propias del empleo femenino”.

Ésta es una tendencia mundial que, a decir de la OIT, evidencia que “una de las principales oportunidades de trabajo asalariado para las mujeres es el trabajo doméstico”, aunque advierte que “las precarias condiciones laborales y la insuficiente cobertura legal (que caracterizan esta rama del mercado laboral) también afectan en mayor medida a las mujeres y refuerzan, así, las disparidades de género en relación con el acceso a un trabajo decente”.

Así, por ejemplo, del millón 700 mil mujeres que se dedican a labores domésticas en México, 76% se encuentran solas, ya sea sin pareja, separadas o divorciadas; 21% son “hijas” que trabajan en el servicio doméstico para apoyar el ingreso familiar; 76.3% carece de prestaciones laborales, 44% no cuenta siquiera con servicios de salud; 29% son las únicas responsables del mantenimiento familiar y 25% gana apenas un salario mínimo.

Además, destaca el INEGI, “a mayor rango de ingreso derivado del trabajo doméstico, aumenta la diferencia por género, pues mientras de cada 100 hombres reciben más de tres salarios mínimos, sólo 8 de cada 100 mujeres alcanzan este monto”.

Las estadísticas oficiales revelan también que 1% de las empleadas domésticas mexicanas son mujeres con licenciatura o estudios de posgrado, en tanto que una de cada diez carece totalmente de estudios.

Del total de estas mujeres, además, 82% están dedicadas a labores de limpieza y mantenimiento doméstico; 8.6% cuidan niños, discapacitados o ancianos en casas particulares; 7.6% lavan y planchan ropa ajena; y 1.7% son cocineras.

Cabe destacar que, según la OIT, en el mundo, una de cada 13 mujeres trabajadoras se dedican al ramo doméstico, cifra que aumenta a 1 de cada 4 en América Latina.

La mitad de lo que vale…

La falta de reconocimiento del trabajo doméstico es un fenómeno, destaca la OIT, que se sufre en todo el orbe; sin embargo, abunda, en el mundo hispanohablante es tal la desvalorización que el mismo término “trabajo doméstico” debió ser suplido por “trabajo del hogar” en la traducción al español de la Convención establecida en 2011 sobre esta materia, dado que en algunos países tiene un uso “peyorativo”.

Un reflejo directo de esta falta de valorización del trabajo doméstico es su poca remuneración, en contraste con otros trabajos que requieren el mismo esfuerzo y preparación.

En México, por ejemplo, por el trabajo doméstico se paga en promedio 49% menos que por otras labores análogas (como trabajos de limpieza, cuidado de personas o lavado de ropa en establecimientos comerciales).

Además, 91% de los empleados domésticos, hombres o mujeres, carece de cobertura médica; 83.6% no goza de vacaciones y 73% no recibe aguinaldo al finalizar el año.

Por ello, concluye el INEGI, cerca de 900 mil personas dedicadas a labores domésticas en México no cuentan con ningún tipo de prestación laboral, ni siquiera las que son obligatorias por ley.

Y a ello se añade que, según la Organización Internacional del Trabajo, en el país sobrevive la práctica del “pago en especie”, una de las “prácticas abusivas a las que es particularmente vulnerable el trabajo doméstico”, particularmente relacionado con las deducciones que el patrón impone a los trabajadores domésticos, por “hospedaje y comida”.

Dónde están, cómo son…

Según el censo 2010 del INEGI, 7 de cada 10 trabajadores domésticos en México tienen entre 20 y 49 años de edad.

También destaca que 8 de cada cien no saben leer ni escribir, así como que 1 de cada 10 habla alguna lengua indígena.

Los datos oficiales ubican a Yucatán y Morelos como los estados que mayor oferta de trabajo doméstico ostentan, con 5% de la ocupación nacional.

Además, un cuarto de los y las empleadas domésticas que laboran en el país nacieron en una entidad distinta a la que el la actualidad laboran, de tal  suerte que, por ejemplo, 83% de los trabajadores del hogar que operan en Quintana Roo son migrantes.

Y, en la Ciudad de México, 1 de cada 2 empleados domésticos provienen de otros estados.

Cabe destacar que en 2010, el INEGI detectó al menos 16 mil 440 profesionistas con licenciatura o posgrado en labores domésticas, 8 mil 955 de los cuales se dedican a trabajos de limpieza; 4 mil 283 son niñeras, o bien cuidan a discapacitados o ancianos; otros mil 928 son choferes;  912 lavan y planchan ropa ajena; y 362 son cocineros particulares.

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6 consejos para negociar de manera más efectiva en el trabajo (y qué es lo que nunca deberías hacer)

Jonathan Booth, experto en negociación de la universidad británica London School of Economics, comparte con algunas de las claves para llegar a un mejor resultado.
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10 de agosto, 2020
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Mujeres conversando

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“Ninguno de nosotros puede evitar una negociación”, dice Jonathan Booth, explicando que hasta en las situaciones laborales más cotidianas existen habilidades negociadoras que pueden ayudarte a conseguir tus objetivos.

Cuando hablamos de negociar, no solo de trata de cerrar un negocio o conseguir un aumento de salario.

Hay negociaciones más cotidianas que, aunque no terminen con un resultado cuantificable en dinero, son igualmente importantes.

Por ejemplo, necesitas habilidades para negociar un día libre, para que la carga de trabajo sea equitativa o para defender un punto de vista que puede marcar el desarrollo de tu carrera profesional.

Jonathan Booth, profesor de comportamiento organizacional y gestión de recursos humanos de la universidad británica London School of Economics (LSE), quien además se especializa en educación para ejecutivos sobre negociación, dice que los pasos para tener éxito son aplicables en cualquier ámbito laboral.

“Ninguno de nosotros puede evitar una negociación”, le dice Booth a BBC Mundo, ya que es parte de la dinámica de nuestras vidas profesionales. como cuando hay que determinar los términos de un nuevo acuerdo o superar conflictos con colegas.

Lo más desafiante, afirma, es cuando estás negociando con una contraparte competitiva que no está dispuesta a perder y, por lo tanto, no le interesa llegar a un punto medio para facilitar un acuerdo donde los participantes obtengan algún beneficio, situación que en inglés se llama win-win.

Enfrentado a esa situación, es recomendable explorar si existen posibilidades de crear un escenario donde cada negociador se levante de la mesa con algún beneficio.

Para avanzar en este enfoque es importante “estar dispuesto a hacer preguntas, compartir información y priorizar la creatividad”, apunta Booth.

Estos son seis consejos que habitualmente utilizan los mejores negociadores, según el académico de LSE.


1. Acercarse a la contraparte y establecer una relación cordial

No se trata, necesariamente, de ir juntos al bar de la esquina, pero una llamada telefónica o una breve reunión previa, puede allanar el camino antes de que se establezca una negociación formal.

Si no están las condiciones como para un contacto previo a la negociación, es importante investigar por otros medios quién es tu contraparte.

Personas conversando

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Es importante, dice el académico, crear las condiciones donde cada negociador se levante de la mesa con algún beneficio.

Por ejemplo, buscar en redes sociales información que pueda ser útil antes de sentarse a discutir. Indagar qué trabajos previos ha realizado, cuáles son sus motivaciones, sus intereses. Y si es posible, descubrir cómo han sido los resultados de negociaciones previas donde ha participado la contraparte.

Incluso si la confianza solo se extiende al establecimiento de reglas y procedimientos básicos, al menos eso permitirá que los participantes se sientan más cómodos.

2. Meterse en sus zapatos (y caminar un poco dentro de ellos)

Otra técnica que ayuda en el proceso es tratar de entender la perspectiva de la contraparte, incluso aunque no estés de acuerdo. Eso permite tener una comprensión más racional de la otra persona y descubrir qué busca.

También le hace ver al otro que estás prestando atención y que entiendes lo que propone, aunque las posiciones sean divergentes.

La idea es tratar de encontrar una solución integradora para evitar que el conflicto escale y se transforme en una discusión que no avanza.

3. Compartir información

Aunque puede sonar poco estratégico a primera vista, lo cierto es que compartir información es importante.

Pareja conversando

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“No vayas a una negociación sin estar preparado. Planificar y prepararse son la clave para el éxito”, apunta el experto.

Una negociación constructiva está relacionada con la reciprocidad. Entonces, tomar la iniciativa -y estar dispuesto a parecer vulnerable- puede ayudar a conseguir información de la contraparte y mover la conversación a tu favor.

Es como ceder un poco para conseguir algo a cambio. Es posible que tu buena disposición a compartir información empuje a los otros a seguir tu ejemplo, abriendo el diálogo.

Cuando los negociadores ven que las partes están dispuestas a trabajar juntas, se puede mantener un intercambio positivo.

4. Priorizar la creatividad

En cualquier negociación es probable que encuentres problemas o elementos inesperados a medida que avanzan las conversaciones.

En esta circunstancias se requiere ser creativo y buscar soluciones que den una respuesta a las distintas necesidades. Y para ser creativo con las propuestas tienes que saber quién es la persona que está al frente y qué busca.

Pareja conversando online

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Antes de sentarse a negociar, siempre hay que investigar quién es tu contraparte.

Es útil trazar la percepción de los intereses de todos lo que están en la mesa. Si los problemas que se discuten tienen varias partes, vale la pena desglosarlos y usar la creatividad para que los otros se integren a la discusión.

En esto es clave hacer las preguntas correctas para aprender de la información nueva que consigues de los otros negociadores y así generar múltiples ideas que permitan crear posibles soluciones.

5. Plantear las cosas de manera colectiva

En vez de plantear el diálogo de manera individual, al estilo de “mi posición es esta”, “tu posición es esta”, es conveniente tratar de conducir la conversación hacia un diálogo colectivo.

También puede ser útil traer a la mesa ejemplos de negociaciones previas donde hayas participado y cuyos resultados arrojaron un beneficio mutuo.

En este punto hay que tener cuidado porque al mostrar mucha experiencia, puedes parecer intimidante o puedes ser percibido por los demás como que los estás subestimando.

6. Minimizar las amenazas

Si tus contrapartes utilizan amenazas, tendrás que encontrar maneras de bloquearlas o prevenir que vuelvan a aparecer en la mesa de negociación.

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“Si tus contrapartes utilizan amenazas, tendrás que encontrar maneras de bloquearlas o prevenir que vuelvan a aparecer”, argumenta Booth.

Básicamente se trata de minimizar la tensión. Lo primero es encontrar un asunto en que todos los negociadores estén interesados para mover la discusión hacia otro lado, o encontrar puntos donde haya acuerdo.

Si descubres cuáles son las cartas del juego de los demás, tienes más opciones de mover las piezas a tu favor, con el fin de encontrar una solución de beneficio mutuo.

¿Qué se puede hacer cuando aparece un elemento inesperado?

“Si eso ocurre, le puedes hacer preguntas para que la contraparte aclare de qué se trata el asunto”, dice Booth.

Ahora bien, “si lo nuevo realmente te ha tomado por sorpresa, trata de evitar que la otra parte se dé cuenta“.

Un alternativa es hacer una pausa en la negociación y ganar tiempo para investigar y evaluar el nuevo escenario, ya que así puedes saber si necesitas traer nuevos recursos a la mesa y explorar otros caminos para lograr un acuerdo.

Y sobre qué es lo que nunca deberías hacer al enfrentar una negociación, Booth es muy claro: “No vayas a una negociación sin estar preparado. Planificar y prepararse son la clave para el éxito”.


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