"Comer es casi todo"
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"Comer es casi todo"

Martín Caparrós, autor de “Entre Dientes. Crónicas Comilonas”, nos narra su propia experiencia culinaria al comer un perro
13 de enero, 2013
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Foto: www.estilodevida.latam.msn.com

Foto: www.estilodevida.latam.msn.com

Después de respirar, comer es lo más inherente a estar vivo. El comer es una actividad inevitable pero que pese a su generalidad como necesidad básica ha desarrollado una multiplicidad de formas de llevarse a cabo, en juego semántico: de conjugarse.

Lo que se come y cómo se come es uno de los elementos más particulares de una cultura. Es un sello peculiar que distingue a una sociedad de otra, incluso un miembro de una familia de otro. “Comer es casi todo”, dice el cronista argentino Martín Caparrós, cuando se apresta a narrar su propia experiencia culinaria ante un perro, pero no un perro cualquiera, el can que posteriormente le servirían al plato.

La historia es sencilla, pero no por ello pobre en los ingredientes que el periodista añade en cada línea para relatar su insistencia por sentarse ante un plato de cánido y degustarlo como parte de una práctica que ha convertido en base durante sus recorridos por distintos países: engullir una muestra, un pedazo alimenticio, de esa cultura entre la cual se encuentre.

“Comer es casi todo, como coger es casi todo, como poder es casi todo […] comer define: lo que comemos nos define, lo que querríamos comer, lo que hemos comido, la decisión de comer o no ciertas comidas, la posibilidad o no de comer ciertas comidas, lo que estamos dispuestos a hacer para comer ciertas comidas o comer a secas nos define”.

Finalmente, el perro no es tan agradable a su paladar y los resultados de la persecución del plato “tradicional” de Corea del Sur, se vierten y sirven bien distribuidos y por tiempos en “Entre Dientes. Crónicas Comilonas” en el que Caparrós utiliza la crónica periodística como instrumento para contar esa experiencia de lo que es comer.

El libro editado por Almadía, en su colección Crónicas Gastronómicas incluye tanto la búsqueda del platillo cánido como otra de carácter imaginario en la que la comida es un continuo proceso, sin detenerse, un ciclo imparable, donde comer es además revelación de secretos ocultos en sabores.

Se trata de un libro breve, que reúne un total de cuatro textos, más el prólogo del escritor mexicano Juan Villoro, que funciona a manera de aperitivo para lo que vendrá posteriormente en un texto que a decir del autor  reúne algunos “refritos” de trabajos suyos con temas gastronómicos escritos entre 1990 y 2011.

“Asando can” es quizá por esa naturaleza de la sociedad en general de amarrarse afectivamente a sus perros, el que más se antoja. El resultado es una historia veloz que invita al lector a seguir a Caparrós en sus ires y venires para poder ir a comer perro y sacarse la idea de la cabeza, y cuyo ritmo baja al final como la misma emoción del cronista al encontrarse con un platillo que prácticamente no puede comer.

Siendo la comida algo tan básico, tema recurrente en la narrativa, incluso la periodística, el libro es pretexto para hablar con Caparrós sobre la propia crónica en sí, en cómo evitar que se pierda en “cositas” y “raritos” como la propia comida tradicional de un sitio puede ser, o que sucumba ante la subjetividad de quien escribe, así como el problema con la extensión que un texto pueda tener y que son elementos que el cronista maneja para bien en la redacción de sus Crónicas Comilonas, algo que podría salirle mal preparado a otros.

De entrada, cómo entender la crónica: ¿un género escrito que incluso va más allá del periodismo y de la literatura, como un género de escritura, un lenguaje que se acerca a esta necesidad de los humanos de asir la realidad, de atraparla y poder contarla?

Martín Caparrós: Lo que pasa es que yo creo que toda forma de relato, ya sea una crónica, una novela, una noticia, una foto o el material de un noticiero son intentos de asir la realidad de algún modo, como la música o la pintura. Lo que pasa es que la crónica quizá lo haga más evidente y explícito, en la medida que propone que hará todo lo posible por reproducir  una situación determinada. Suele decirse que ahí donde una nota periodística corriente te diría: “la situación era emocionante”, la crónica tiene que poner en escena algo que te emocione.

Se requiere no solo asir esa realidad, sino darle un gancho, algo que jale al lector…

MC: De alguno modo ponerla en escena para que te produzca, a ti lector, las sensaciones, las reflexiones, las intuiciones que le produciría a quien estuviese delante de ello.

Y a quien haya atestiguado el hecho, o quien lo haya vivido, que se pueda sentir el pulso del hecho.

MC: (Dar) una sensación de mayor proximidad con lo que está sucediendo. Y que te permita, por lo menos te de ilusión, que puedes hacer tus propios juicios sobre eso. En general la prosa periodística viene muy ya definida. Digamos, te dice qué es lo que debes pensar sobre aquello que te está contando. Una buena crónica debería darte la sensación de que eres tú quien está decidiendo qué pensar sobre eso.

En cuanto a la cercanía con lo literario, al estilo más que al género, parece que de pronto algunos jóvenes autores se preocupan más por la parte literaria y se les olvida lo periodístico.

MC: Estoy completamente de acuerdo, siempre lo digo. Y se les olvida de distintas maneras. La manera más obvia es que no se meten en la situación. Es decir, se paran muy afuera, te pintan con mucha elegancia una situación cualquiera, pero sin haberse metido, sin haber hablado con la gente, sin preguntar, sin haber averiguado, sin haber pensado la cuestión, conseguido números, datos, información… lo que llamamos información, que eso es la crónica, está  hecha de información. Que uno la cuente de otra manera no exculpa la obligación absoluta de conseguir esa información.

Por otro lado, la segunda manera en que las crónicas un poco se pierden en lo supuestamente literario, es esta tendencia que hay mucho últimamente de que siempre lo que se cuenta son como raritos, cositas raras

Magnificamos lo pequeño…

MC: Nos quedamos en cosas que bueno, una cada tanto está bien, pero que todo sea historias de raritos, de cositas de curiosidades

Como historias de lugares pequeños, el deportista inusitado, el artista o el pequeño mesero de un restaurante pequeño y perdido, que puede valer también, pero no todo el tiempo…

MC: No está mal, el problema es cuando empieza a ser casi todo eso. Hay tantas cosas fuertes para contar, y con eso no quiere decir ni violentas ni miserables, sino fuertes en la medida en que definen un poco la forma en que vivimos. Hay que buscar cuáles son esas cosas. Pero ciertamente refugiarse en la curiosidad no es la manera.

La otra que veo: el asunto de escribir desde el Yo, la primera persona en la crónica. Existe el riesgo de cargar demasiado la presencia del cronista o ser muy subjetivos

MC: yo creo que una crónica siempre está escrita en primera persona, aunque no sea necesariamente gramatical. Aunque no estés diciendo yo, tú estás eligiendo qué es lo que cuentas, lo que no cuentas, dónde pones los acentos, los énfasis, qué tipo de reflexión provocas y demás, y eso es subjetividad. Es decir, Yo contándote una historia.

Me refiero más el abuso de la primera persona gramatical, estar poniendo yo, o nosotros.

MC: Yo lo que digo es que la gran diferencia es escribir en primera persona o sobre la primera persona. Uno escribe en primera persona en una crónica, luego es si escribe sobre la primera persona. Cuando dice “Yo estaba ahí, y a mí me pareció”… está bien hermano, y a mí que me importa, hacé que tu presencia ahí valga porque me estás contando algo que justificó el hecho de que estuvieras ahí, no porque me decís que estabas ahí.

Sí podías estar ahí o en la casa de tu abuela, a mí me da igual. Lo que me importa de tu presencia ahí es que hayas sido capaz de contarme las cosas de otra manera, no para hacer valer tu presencia o tu… qué se yo, o decir que yo vi no sé qué o no sé cuánto. Me parece mal, eso.

Hay un fenómeno muy interesante en la web ahora con la crónica. Hubo un momento en que se decía que en el periodismo digital que había que escribir corto, que el usuario no leía textos largos. Personalmente creo que si está bien escrito se lee. Veo de pronto ahora que la web se ha vuelto un espacio muy bueno para la crónica. Está más presente ahora.

MC: Yo creo que por suerte más gente se dio cuenta de que una de las características principales de la web es que no tiene límites de espacio…

Aguanta todo, como se dice coloquialmente…

MC: Sí, puedes escribir 300 caracteres o 30 mil y caben, o sea que después alguien lo lea o no, no va a depender de ningún límite externo sino de tu capacidad para hacer 30 mil caracteres que alguien tenga ganas de leer. Pero ya no está más esa excusa de “no, en la revista me dicen que no puedo publicar más de siete mil. Ahí se puede publicar lo que sea.

El año pasado en mi blog en El País, que se llama Pamplinas, publiqué una entrevista con un señor, un tipo interesante, realmente una historia muy interesante. Yo creo que tenía 80 mil caracteres.

No hay medio en castellano que publique 80 mil caracteres, y yo pensé bueno, ¿por qué no voy a publicarlo?, si me parece que es lo que merece esta historia. Se publicó y se leyó muchísimo.

Quizá fue de las notas que más se leyeron en mi blog, en el año y medio que lleva publicándose, demostrando que el problema no es que sea largo. El problema si acaso es que sea malo. Pero si no lo es, bueno, y justamente la web lo que te permite es poder elegir, no en función de supuestos límites externos mecánicos, sino en función de la necesidad de cada texto.

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COVID: 6 efectos de la catástrofe generacional en la educación en América Latina

En BBC Mundo te presentamos algunos de los efectos y soluciones de emergencia que se han implementado en varios países.
19 de septiembre, 2020
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Es tan alto el riesgo de contagio al reabrir las escuelas, que en muchos países de América Latina y otras partes del mundo, el sistema educativo tuvo que moverse de la noche a la mañana hacia las clases virtuales.

Pero en las zonas rurales más apartadas o los barrios vulnerables con poca conectividad, las clases online son prácticamente imposibles.

Es ahí, en medio de la emergencia, cuando los maestros reparten guías de trabajo puerta a puerta o dejan los deberes a través de una llamada telefónica.

Sin embargo, hay zonas donde la covid-19 se ha propagado con tanta fuerza que ni siquiera los profesores pueden acercarse a las casas. Y como muchas familias que viven en el campo no tienen teléfono, se ha perdido el contacto.

“Hay niños que se quedaron sin aprender a leer ni escribir”, le dice a BBC Mundo Wilson León, profesor boliviano de primaria en Loman, Chuquisaca, una zona agrícola y ganadera con mínimo acceso a internet.

Wilson León

Wilson León
“Hay niños que se quedaron sin aprender a leer ni escribir”, le dice a BBC Mundo Wilson León, profesor boliviano.

Una de las cosas que más le preocupa es la incertidumbre sobre el futuro de los estudiantes y la imposibilidad de llegar a ellos.

“Donde viven mis alumnos no hay señal de internet”, cuenta León, quien solía caminar durante horas para llevar material educativo casa por casa, algo que ya no puede hacer.

Primero porque en su distrito se han disparado los contagios. Y segundo, porque el gobierno de Bolivia anunció en agosto el cierre anticipado del año escolar, por la falta de condiciones para garantizar el acceso a la educación virtual.

Como resultado, los alumnos fueron promovidos automáticamente al curso siguiente, con un vacío de conocimiento que probablemente será difícil de recuperar.

En América Latina la pandemia de coronavirus provocó el cierre temporal de miles de colegios, afectando a 160 millones de estudiantes, según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

La conectividad debería ser un derecho humano“, argumenta Claudia Uribe, directora de Educación para América Latina de la organización, en diálogo con BBC Mundo.

Pero mientras eso no ocurra, la región está expuesta a “enfrentar una catástrofe generacional” en educación, advierte.

Niñas mexicana estudiando en casa

Getty Images
En América Latina la pandemia de coronavirus provocó el cierre temporal de miles de colegios, afectando a 160 millones de estudiantes.

De hecho, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), calcula que cerca del 20% de la población latinoamericana no tiene acceso adecuado a internet móvil.

Y si no están conectados, la posibilidad de que las familias con hijos sigan las clases, es bastante baja.

Estos son seis efectos que ha provocado la pandemia a nivel educacional:

1. Interrupción del aprendizaje

El efecto más evidente del cierre de escuelas es la interrupción del aprendizaje. Aunque es un problema en todos los niveles educacionales, quienes más lo sufren son los pequeños que están iniciando el ciclo escolar y aquellos a punto de egresar.

Los más pequeños porque, si no adquieren las destrezas básicas como leer y escribir o sumar y restar, se enfrentan a un déficit esencial para avanzar hacia los cursos superiores.

Y los más grandes porque se hacen más difíciles sus perspectivas de ingreso a la educación superior o al mundo laboral.

2. Falta de alimentación

Gran parte de las escuelas públicas en Latinoamérica reparten alimentación gratuita a los niños que no tienen los recursos económicos para financiar el desayuno y el almuerzo.

3. Familias sin preparación para enseñar

Ya sea que los niños se conecten virtualmente o que reciban guías de trabajo en papel, muchos padres no están preparados para responder preguntas y para asistir todo el proceso de enseñanza.

Niño frente a computador en México

Getty Images
Las familias han tenido que adaptarse a las duras condiciones que imponen los confinamientos y en muchas ocasiones no tienen los conocimientos necesarios para apoyar a los estudiantes de primaria.

Durante la pandemia les ha caído esta gran responsabilidad que habitualmente se suma a las responsabilidades laborales.

4. Desigualdad en el acceso a las clases digitales

En muchas zonas de la región no hay señal de internet y la posibilidad de que algún día llegue es bastante remota.

Hay países en África donde empresas como Google han invertido en planes piloto como el envío de señal a través de globos aerostáticos, pero son iniciativas muy complejas de replicar a una escala más masiva, como le explica a BBC Mundo Valtencir Mendes, especialista en programas de educación e innovación de la Unesco.

“Es difícil implementar esas alternativas porque el costo es muy alto”, apunta.

Estudiantes en México

Getty Images
Cerca del 20% de la población latinoamericana no tiene acceso adecuado a internet móvil.

También hay casas donde sí tienen acceso a internet -a través de la compra de minutos de conexión- pero es un acceso limitado.

Hay padres que me dicen que tienen que elegir entre comprar minutos o comprar comida”, dice una profesora chilena que se enfrenta a este tipo de problemas trabajando en zonas vulnerables de Santiago.

Los expertos coinciden en que, si bien la brecha digital siempre ha existido, la pandemia ha puesto en evidencia las huellas que deja la desigualdad en el acceso tecnológico.

5. Aumento del abandono escolar

Aunque aún no hay cifras sobre el abandono escolar en Latinoamérica durante la pandemia, fuentes consultadas por BBC Mundo en escuelas y organizaciones que trabajan en barrios pobres o zonas alejadas, dicen que hay estudiantes que abandonaron las clases en los últimos meses a raíz de la pandemia.

Niña estudiando

Dalia Dávila
Aún no hay estadísticas regionales, pero los expertos estiman que durante la pandemia aumentará la tasa de abandono escolar.

“El mayor problema es que algunos de esos estudiantes no van a regresar”, dice Uribe, porque algunos se integran directamente al mercado laboral o las niñas se quedan en la casa ayudando a cuidar a los familiares que necesitan asistencia.

6. Violencia doméstica y embarazos prematuros

“Esta crisis ha afectado más a las niñas”, comenta Mendes, porque al permanecer en la casa quedan expuestas a situaciones de abusos o porque simplemente quedan relegadas a las labores del hogar.

La cara más dramática de esta situación es que han aumentado los embarazos prematuros y en algunos países, los matrimonios forzados.

“La mayoría de esas niñas no va a volver al sistema educativo”, agrega, y su vida cambiará para siempre.


Dado que el cierre de escuelas es una situación tan grave, han surgido algunas iniciativas de emergencia que tratan de mitigar en parte los efectos del cierre de las escuelas por parte de gobiernos, empresas o la propia comunidad.

1. Un modelo “modelo híbrido” durante la pandemia

En muchos países de la región, incluidos Brasil y México, los gobiernos centrales y locales han puesto en marcha programas de educación a través de la televisión y la radio, pensando precisamente en las familias sin acceso a internet.

Sin embargo, expertos como Mendes de la Unesco, aseguran que los estudios han demostrado que las clases por televisión son una buena opción si van acompañadas de material impreso, tutorías por teléfono, o algún tipo de seguimiento a los alumnos.

Si son clases por televisión sin ningún otro complemento, no generan buenos resultados.

“Los más efectivos son los modelos híbridos”, plantea Mendes, y cita como ejemplo el plan que se está implementando en Sao Paulo, Brasil, donde combinan clases por televisión, recursos online y contenidos en papel.

Materiales escolares en una mesa

Getty Images
Expertos en educación recomiendan la aplicación de modelos híbridos de educación para enfrentar la emergencia.

Las clases en Sao Paulo se interrumpieron a mediados de marzo con el cierre de 5.400 escuelas y en septiembre han comenzado a reabrir sus puertas solo algunos establecimientos.

“Creamos una aplicación para celulares, negociada con operadores telefónicos, para ofrecer internet gratuito a los estudiantes más pobres y transmitimos clases en dos canales de televisión”, le explica a BBC Mundo Rossieli Soares da Silva , secretario de Educación del estado de Sao Paulo.

Y en México, desde fines de agosto los estudiantes comenzaron a tener clases por televisión tras un acuerdo del gobierno con las televisoras para impartir contenidos a distancia, dado que solo el 56% de los hogares tiene acceso a internet, según cifras oficiales.

Las autoridades esperan producir 4.550 programas de televisión y 640 de radio en español y en lenguas indígenas.

Niña mexicana estudiando en su casa

Getty Images
A fines de agosto el gobierno mexicano decidió impartir clases a través de la televisión.

Sin embargo, sindicatos de maestros han expresado reparos ante la iniciativa, argumentando que el aprendizaje no funciona con la observación de contenidos informativos, sino a través de la interacción con los alumnos.

2. Participación de empresas

Las alianzas entre empresas y gobiernos u organismos internacionales son uno de los caminos más utilizados para aumentar la conectividad. Este año, con la urgencia impuesta por la pandemia, surgieron nuevos proyectos o se expandieron aquellos que ya existían.

Por ejemplo, en Argentina, la empresa Telefónica hizo un acuerdo con el gobierno para dar acceso gratuito a sitios educativos de internet durante la pandemia a familias que no pueden pagar el servicio.

Y en Perú, la misma empresa junto a Facebook, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), crearon “Internet para Todos”, una firma que ofrece servicios a los operadores móviles locales para llegar a zonas remotas.

A escala más pequeña, hay organizaciones que reparten chips, celulares, paquetes con gigas y minutos de conexión, computadores y cualquier herramienta que ayude a mejorar el acceso a internet.

Niñas estudiando

Getty Images
Las alianzas entre empresas y gobierno ha sido esencial para facilitar el acceso a internet en algunas zonas de la región.

Y en las actuales circunstancias, en aquellas zonas donde las familias no tienen ninguna posibilidad de conectarse, hay organizaciones que reparten tinta para las impresoras en colegios, con el fin de que los padres lleven los deberes en papel a la casa.

También hay iniciativas para entrenar a los maestros en habilidades digitales básicas. Es el caso de Unicef y la empresa Tigo-Millicom que han entrenado a cerca de 130.000 docentes en Bolivia y Paraguay.

O lo que está haciendo Technovation Chile, con apoyo de la empresa telefónica Wom y otros fondos internacionales, al distribuir contenidos digitales -que también se pueden descargar e imprimir en papel- en colegios que entregan canastas de alimentos a sus alumnos.

3. Héroes anónimos de las propias comunidades

Aunque existen iniciativas del sector público y privado, lo cierto es que Latinoamérica está lleno de lugares donde los niños quedaron completamente excluidos del sistema escolar.

Mientras sigue propagándose la covid-19, hay ocasiones en que la única alternativa es la ayuda de los vecinos.

Dalia Dávila

Dalia Dávila
La mexicana Dalia Dávila comparte internet desde su tortillería a los niños del barrio.

Vecinos que se consiguen fotocopiadoras para compartir las lecciones, que hacen turnos para compartir los computadores o que se prestan internet.

Incluso hay personas que ayudan a los estudiantes desde su lugar de trabajo.

Eso hace Dalia Dávila, una mexicana de Tlalpan, que comparte el internet de su negocio, “Tortillerías La Abuela”, con los niños del barrio y les facilita un computador portátil, un celular y un televisor.

Para que no estuvieran sentados en el suelo, Dávila convirtió la cajuela de una camioneta en un lugar de aprendizaje. Y lo llamó “El rinconcito de la esperanza”.

Dalia Dávila

Dalia Dávila
Dávila comenzó habilitando la cajuela de una camioneta para que los niños del sector pudieran continuar aprendiendo.

Tanto éxito tuvo su iniciativa, que llegaron personas a ofrecer ayuda económica a través de un “apadrinamiento” a los niños y maestros voluntarios que refuerzan los contenidos que se transmiten por televisión.

“Me conseguí otros lugares cercanos a la tortillería donde los niños siguen aprendiendo”, le dice a BBC Mundo. Ahora tengo entre 50 y 60 niños que vienen a buscar ayuda.

“Estoy muy feliz“, dice emocionada. “Quisiera que todos los niños pudieran estudiar”.


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