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Compartir también es cosa de chimpancés

Un estudio reciente sugiere que nuestro sentido de la equidad se asemeja al de los chimpancés.
19 de enero, 2013
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chimp

Que los seres humanos nos comportemos como animales no tiene por qué tener una connotación negativa. Un estudio reciente sugiere que nuestro sentido de la equidad se asemeja al de los chimpancés.

La conclusión está basada en un experimento que analizó el comportamiento de estos animales mediante una prueba llamada “el juego del ultimátum”.

Este test, que tradicionalmente se aplica a estudios económicos, examina la manera en la que dos individuos deciden cómo dividir una suma determinada de dinero.

En la versión adaptada, dos chimpancés fueron puestos a prueba: tenían que elegir como repartirse una porción de bananas. El resultado parece haber puesto al descubierto su lado más generoso.

El estudio, publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS, por sus siglas en inglés), formó parte de una iniciativa por descubrir las rutas evolutivas de por qué compartimos, incluso cuando no tiene un sentido económico.

Los científicos dicen que esta justicia innata es una base importante de sociedades cooperativas como la nuestra.

Juego limpio

chimpanceLa científica que dirigió el trabajo, Darby Proctor, del Centro Nacional de Investigación de Primates de Yerkes, de la Universidad de Emory (EE.UU.), explicó por qué ella y sus colegas escogieron el juego del ultimátum para su experimento.

Durante el juego, a un participante se le entrega una cantidad de dinero y se le pide que “le haga una oferta” al segundo jugador.

Si el segundo participante la acepta, el dinero se divide según corresponde.

Pero si el segundo jugador rechaza la oferta, ambos participantes se quedan sin nada.

Esta es la base de la justicia versus la ventaja económica. De igual manera, si el primer jugador propone una división egoísta y desigual, el segundo puede rechazarla.

Es exactamente lo que ocurre con los seres humanos.

A pesar de que tiene más sentido económico regalar lo menos posible y aceptar cualquier oferta que se propone, las personas tienden a realizar ofertas que se consideran “justas” y a rechazar las propuestas desiguales o “injustas”.

Proctor y sus colegas entrenaron a los chimpancés para participar en un juego similar, utilizando fichas de colores para representar recompensas (bananas).

“Tratamos de adaptarlo para que se asemejara al dinero”, explicó la investigadora.

“Los entrenamos con dos fichas distintas.Tomar una ficha blanca significaba dividir la comida por igual y la ficha azul conllevaba a que el primer chimpancé obtuviera más comida que el segundo”.

Los investigadores le dieron al primer chimpancé la opción de escoger entre ambas, para después ofrecérsela al otro participante.

Al igual que en la versión humana del juego, si el segundo aceptaba la ficha, ambos animales recibían su recompensa.

Tres pares de chimpancés participaron en este juego, y los resultados revelaron que los animales tendían a ofrecer una distribución justa y equitativa de su comida.

En otro experimento, el equipo repitió la prueba con 20 niños entre las edades de dos y siete años. Descubrieron que tanto los niños pequeños como los chimpancés “respondían como lo hacen normalmente los seres humanos adultos”, al optar por una división equitativa del premio.

Un pasado compartido

“Nuestro objetivo es descubrir la ruta evolutiva del sentido de compartir de los humanos”, afirmó Proctor.

“Tanto los chimpancés como las personas son sumamente cooperativos, se dedican a la caza en conjunto, comparten la comida y cuidan a los hijos de los demás”.

“Así que es probable que la justicia haya sido necesaria para la evolución de la cooperación”.

“Parece ser que el sentido humano de la justicia ha estado presente en los primates por lo menos desde que los seres humanos y los chimpancés tomaron rumbos distintos”.

Por su parte, la doctora Susanne Shultz, de la Universidad de Manchester, subrayó que el estudio era muy interesante y mostraba “la posibilidad de que los chimpancés tengan conciencia del sentido de justicia”.

“Es interesante que al cambiar el diseño del estudio, principalmente al no usar recompensas de comida directamente, se dé esta respuesta en los chimpancés”, le dijo Shultz a la BBC.

Y dijo que no quedaba claro hasta qué punto los chimpancés entendían la lógica del juego y que, teniendo en cuenta que solo participaron seis simios en el estudio, eran necesarias más pruebas para demostrar con precisión su relación con la equidad.

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#YoSoyAnimal
Kate McHenry

'La pérdida de olfato por coronavirus hizo que la carne me sepa a gasolina'

Un fenómeno llamado parosmia ha dejado a algunos sobrevivientes de coronavirus en un mundo de esencias distorsionadas.
Kate McHenry
31 de agosto, 2020
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Perder la facultad de oler y degustar son dos síntomas asociados a la COVID-19.

Mientras muchos han recuperado sus sentidos, otros sufren un fenómeno llamado parosmia en el que tienen los sabores y olores distorsionados.

Para Kate McHenry, el agua de la pila deja un hedor horrible. Eso, junto a otro desagradable olor que destila al ducharse, significa que incluso el aseo se ha convertido en algo que debe enfrentar.

“Mi champú favorito tiene ahora el olor más asqueroso del mundo”, dijo McHenry.

Tras caer levemente enferma en marzo, esta inglesa de 37 años fue incapaz de oler algo durante cuatro semanas. Su sentido regresó poco a poco, pero a mediados de junio las cosas “empezaron a oler muy raras” y fueron reemplazadas por un “hedor químico horrible”.

Este hecho ha cambiado la vida de McHenry. Ha perdido peso, tiene ansiedad y añora el placer de comer, beber y socializar. Su problema es tan fuerte que este hedor le desborda incluso en lugares donde simplemente se cocina comida.

Le aterra pensar que ha perdido el sentido de olfato para siempre.

Kate McHenry y su pareja Craig Gordon.
Kate McHenry

Kate se siente culpable cuando su pareja le pregunta qué le apetece comer.

“Me encanta las buenas comidas, salir a restaurantes y beber con amigos, pero todo eso se ha ido. La carne me sabe a gasolina y el prosecco a manzana podrida. Si mi novio Craig se come un curry el olor es horrible. Le sale de sus poros y es difícil estar cerca de él”.

“Me entristezco cuando cocino en las tardes. Craig me pregunta qué quiero comer y me siento mal porque no hay nada que me apetezca. Sé que todo tendrá un sabor horrendo. Me asusta quedarme así para siempre”.

Comida que McHenry puede comer.

Kate McHenry
La pasta con queso es uno de los pocos platos que McHenry puede tolerar.

Las personas con covid-19 pueden perder su sentido del olfato porque el virus daña los nervios terminales de sus narices.

La parosmia puede producirse cuando esos nervios se regeneran y el cerebro es incapaz de identificar debidamente el olor real de algo.

Esta condición está habitualmente vinculada a los resfriados comunes, la sinusitis y las lesiones en la cabeza. Los que los sufren describen oler a quemado, humo de cigarro o carne podrida. En algunos casos el olor es tan fuerte que induce al vómito.

Aunque los profesionales reconocen que la parosmia es un signo de recuperación del olfato, para algunas personas puede tardar años en pasar.

Pasquale Hester

Pasquale Hester
Pasquale Hester afirma que lidiar con la parosmia le quita fuerzas.

Lavarse los dientes con sal

Para Pasquale Hester, también de Inglaterra, la pasta de dientes es uno de sus peores enemigos.

El gusto químico que desprende le produce tantas arcadas que ha empezado a lavarse los dientes con sal, que sabe normal para ella.

Como muchos otros afectados por coronavirus, pasaron semanas hasta que mejoró su sentido del olfato. Pero entonces comió curry por su cumpleaños en junio y se dio cuenta de lo distorsionado que estaba su gusto.

“Escupí la comida porque sabía a pintura. Algunas cosas se toleran mejor. El café, el ajo y la cebolla son lo peor. Puedo comer judías verdes y queso. Lo que me está pasando me afecta. No se lo desearía ni al peor enemigo”, dice Hester.

Lo que comer Pasquale Hester

Pasquale Hester
Un plato de judías verdes y queso es de lo poco que Pasquale puede comer.

Brooke Jones empezó con síntomas en abril y dio positivo por covid-19 una semana más tarde. Describe casi todo lo que huele como “carne podrida con algo sacado de una granja”.

Esta estudiante de 20 años hizo una lista de comida que puede tolerar: gofres tostados, pepino y tomate. Lo demás le disgusta.

“Trato de imaginarme el sabor de las cosas. Si como comida china, incluso si no sabe tan bien, me convenzo de que en realidad no está tan mal”.

Brooke Jones

Brooke Jones
Brooke Jones perdió el sentido del gusto y del olfato.

Impacto psicológico

Se desconoce el número de infectados por covid que han tenido parosmia, pero se estima que cientos de miles han perdido el olfato o gusto de forma temporal.

La profesora Claire Hopkis, presidenta de la Sociedad Rinológica Británica, advierte que hay una “creencia incorrecta generalizada” de que la pérdida de olfato por el virus es a corto plazo”.

“Sí, hay una gran probabilidad de recuperación, pero también muchas personas que perderán este sentido por un período largo de tiempo y ese impacto se está infravalorando“, agrega la especialista.

El olfato juega un rol importante en la memoria, el estado de ánimo y las emociones. Aquellos que sufren alguna disfunción se sienten recluidos.

“Cuando intento explicarlo, algunos piensan que es gracioso. Sé que las secuelas del coronavirus pudieron ser mucho peores, pero me afecta y asusta que nadie es capaz de confirmar si mejorará”, confiesa Jones.

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