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"En México, los fotoperiodistas lo arriesgan todo": Louie Palu

El fotoperiodista estadounidense da a Animal Político una entrevista exclusiva para hablar sobre su experiencia a lo largo de la frontera norte del país.
Por Manu Ureste
8 de enero, 2013
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El fotoperiodista estadounidense Louie Palu viajó al norte de México para retratar su visión sobre las autoridades y los cárteles de la droga que operan en la zona. //Foto: Louie Palu

En 2010, tras varios años de cubrir conflictos en Irak y Afganistán fruto de la War on Terror lanzada por la administración Bush como respuesta al 11-S, el fotoperiodista estadounidense Louie Palu empacó la cámara en la mochila y tomó una decisión: viajar al norte de México para retratar su visión sobre las autoridades y los cárteles de la droga que operan en la zona. Un par de años y miles de kilómetros recorridos después, el resultado es la serie fotográfica ‘Retratando la frontera: De Tijuana a Laredo’, un paseo visual donde Palu relata su viaje a través de cinco ciudades fronterizas en las que el narcotráfico ha impuesto su ley: Juárez, Tijuana, Nogales, Laredo y Monterrey.

“El problema de trabajar en México es que no ves de dónde viene el peligro y que hay pocos caminos con protección. Si me encontrara en peligro en Afganistán, podría recurrir a una base militar estadounidense para conseguir ayuda. En México, uno no puede confiar en la policía”, explica el autor de series fotográficas publicadas en medios del prestigio de The New York Times o Time en una entrevista con Animal Político, en la que platica sobre la poca atención que la llamada guerra contra el narco (y sus miles de víctimas) genera del lado estadounidense, cuáles fueron los principales retos que enfrentó para llevar a cabo su trabajo en una de las fronteras más peligrosas del mundo, así como de los desafíos físicos y psicológicos que todo fotoperiodista debe afrontar en territorio hostil. “Mi mayor miedo en México -asegura a lo largo de esta entrevista- era que alguien me secuestrara en la noche”.

“Tras varios meses de trabajo en la frontera, lo que más me sorprendió fue que el gobierno mexicano no tiene ningún tipo de control en estados como Tamaulipas”

ANIMAL POLÍTICO (AP): En primer lugar, platícanos sobre tu decisión de cubrir la situación de la frontera entre México y EU. ¿Cuál fue el objetivo que te planteaste cuando tomaste la decisión de retratar con tu cámara toda la frontera norte?

LOUIE PALU (LP): Siempre me atraen las historias que considero no han tenido la atención suficiente. En 2006-2007, cuando estaba trabajando en Afganistán, toda la atención estaba enfocada en Irak y la guerra en Afganistán se olvidó casi por completo. En 2010, casi al término de mi estancia allí, ya tenía la mirada fija en Latinoamérica. Creo que si consideramos todo lo que ha pasado desde que comenzó la “guerra contra el narco”, México ha recibido muy poca cobertura en Estados Unidos en comparación con la excesiva que ha tenido el Medio Oriente.

Tomada de la cuenta de Twitter de @loupalu.

Louie Palu ha cubierto conflictos en lugares como Irak y Afganistán, y ha publicado series fotográficas sobre Guantánamo. //Foto: tomada de la cuenta de Twitter de @loupalu.

AP: ¿Cómo se prepara un fotoperiodista para realizar un viaje a lo largo de una de las fronteras más peligrosas del mundo? 

LP: Lo primero que hice fue encontrar contactos en ambos lados de la frontera; escritores, fotógrafos, poetas, políticos, sacerdotes, trabajadores sociales y humanitarios. Fui construyendo una red de personas a quienes pudiera hablar para informarme sobre la situación y los peligros del día a día en lugares específicos. Sin embargo, los contactos más importantes siempre están en las comunidades, y hacer ese contacto toma tiempo. Necesitas conocerlos y que te conozcan a ti, recorrer sus calles; siempre serán las mejores fuentes. En mi experiencia, los mejores guías son aquellos que generalmente no son abordados por los medios: dueños de restaurantes, vendedores de la calle. No busqué ningún tipo de inmunidad oficial. En Canadá crecí rodeado de todo tipo de crimen organizado, así que aprendí a moverme en ambientes peligrosos. Además, durante los años que viví en Kandahar, Afganistán, también aprendí a pasar desapercibido frente a aquellos que buscan lastimar a otros.

AP: De todo lo que el lente de tu cámara registró en las cinco ciudades fronterizas que recorriste… ¿qué fue lo que más se te quedó impregnado en la retina? 

LP: Es una pregunta difícil. Creo que lo que más me impactó fue todo lo que no pude capturar. Por la violencia, muchos me aconsejaron jamás visitar Nuevo Laredo o Tamaulipas. Pero tras varios meses lo que más me sorprendió fue que el gobierno parece no tener ningún tipo de control en estados como Tamaulipas. Me encantaría visitar Tamaulipas algún día para trabajar sin sentirme amenazado.

“Es lamentable que el Ejército mexicano esté completamente cerrado a tratar con periodistas; para mí, la negativa es una muestra clara de la falta de transparencia”

AP: ¿Cómo fue la respuesta de tus contactos, de gobierno y de asociaciones civiles? ¿Hubo apertura para un periodista extranjero?

LP: En el DF, nadie tenía problemas para hablar, especialmente los políticos. Pero en la frontera, las cosas fueron muy diferentes. Encontré enormes discrepancias entre el panorama fronterizo de los políticos y el de los periodistas. Inicialmente, las personas que viven en lugares violentos suelen ser renuentes a que alguien fotografíe su realidad, principalmente por temor a alguna represalia o asesinato. Conmigo, la gente fue muy abierta y dispuesta a ayudar en lo que pudieran; han sufrido mucho y buscan que todos, incluido su propio gobierno, se enteren de lo que está pasando. Mis contactos me advertían evitar tal lugar o tal persona. El problema es que tarde o temprano, si frecuentas mucho algún lugar, la gente te va reconociendo y en la mayoría de los casos, no podrás saber de qué lado está la persona interesada o por qué razón buscan conocerte.

Es lamentable que el Ejército mexicano esté completamente cerrado a tratar con periodistas. Distintos funcionaron me prometieron en ocasiones llevarme como testigo en algún operativo;  al final, acababan negándomelo o dejándome de contestar los correos. Es lamentable, porque en mi carrera he tenido la oportunidad de acompañar a distintas unidades militares en sus operativos, y la negativa para mí es una muestra clara de la falta de transparencia que hay en el Ejército mexicano.

Fotografía perteneciente a la serie Afghanistan: Garmsir Marines. //Fotografía: Louie Palu

Durante su trabajo en Afganistán, Louie Palu llevó a cabo una serie fotográfica de retratos sobre soldados. La imagen pertenece a la serie ‘Afghanistan: Garmsir Marines’. //Fotografía: Louie Palu

AP: Una vez retratada la situación en la frontera norte, ¿considerarías hacer un fotorreportaje sobre la frontera sur y la problemática de la migración ilegal?

LP: Todavía hay lugares en la frontera norte donde me gustaría trabajar, como Tamaulipas. Definitivamente me interesaría retratar la frontera sur, aunque he oído que es aún más peligrosa que la frontera norte. Me interesa también capturar el lado estadounidense, cómo éste está impregnado de identidad mexicana como si todavía fuera parte de México. Muchos de los estadounidenses que viven ahí tienen más raíces mexicanas que americanas. Eso me atrae mucho. La primera vez que visité México fue en 1991 al estado de Oaxaca. Me acuerdo que cuando la gente se enteraba que era fotógrafo, me invitaban a sus casas a comer o a tomar; jamás me pidieron dinero o algo más a cambio.

“Los fotoperiodistas mexicanos son de los mejores del mundo; lo arriesgan todo”

AP: Sin duda, la llamada guerra contra el narco ha dejado tras de sí miles de muertos y también miles de historias contadas de muy diversas maneras. ¿Cómo ves la situación actual del fotoperiodismo en México?

LP: He trabajado con y alrededor de muchos fotoperiodistas mexicanos y creo que son de los mejores fotógrafos del mundo. Lo arriesgan todo y trágicamente, muchos han fallecido por ello. Creo que al gobierno mexicano le falta mucho por hacer para proteger a sus periodistas, empezando por investigar, juzgar y castigar a los responsables de los asesinatos ya ocurridos. Para mí, fotógrafos como Julián Cardona y Graciela Iturbide han sido grandes maestros con una facilidad para retratar aquello que las palabras no pueden relatar. Los admiro y han sido enormes inspiraciones para mi trabajo.

AP: En la primavera de 2011, más de 700 medios de comunicación mexicanos firmaron un acuerdo sobre cómo cubrir el tema de la violencia causada por el crimen organizado. Entre los puntos de este acuerdo se encontraba el no convertirse en portavoces de los grupos criminales y en limitar la difusión de fotografías explícitas de violencia. En su opinión, ¿las imágenes explícitas alimentan únicamente el morbo… o son necesarias para retratar la realidad de una situación tan preocupante para millones de mexicanos?

LP: Esta es una pregunta muy importante. Es cierto que en distintas ocasiones, el crimen organizado ha utilizado a los medios de comunicación para enviar mensajes, intimidar al público y propagar el miedo. Sin embargo, sin la seguridad y las reformas judiciales necesarias para proteger a los medios en comunidades y ciudades vulnerables, el crimen organizado, que se encuentra fuera del alcance de la ley, continuará ejerciendo su influencia sobre todas las áreas de la vida diaria mexicana, incluyendo gobierno y medios de comunicación.

Cuando hablo de seguridad y reformas judiciales, lo hago para describir en términos generales el tema de la impunidad en el país. Considero que la impunidad es uno de los temas principales que estimulan la violencia en México; el hecho de que pocos sean procesados y condenados por sus crímenes. He platicado con vendedores de periódicos en los lugares más violentos que me explican que cuando más venden, es cuando hay imágenes violentas en primera plana. Creo que en general, a la gente le interesa enterarse de lo que está pasando en su país, pero creo que ahora, el problema radica también en todos los no-periodistas que han comenzado a tomar fotos violentas y subirlas a internet, contribuyendo al enorme “ruido” visual que está impactando a muchos mexicanos. Es trabajo de los editores de los medios hacer una evaluación, preguntarse si dicha foto contribuye o informa algo o solamente impacta y alimenta morbos.

“A los jóvenes fotoperiodistas siempre les recalco que, a la hora de cubrir un conflicto armado, uno debe estar completamente consciente del trauma psicológico que tendrán que enfrentar. Muy pocos se preparan para ello”

El trabajo del fotoperiodista estadounidense ha sido publicado en diversos medios como The New Yorker, The New York Times, Time, Newsweek y The Economist. //Foto: Louie Palu

El trabajo del fotoperiodista estadounidense ha sido publicado en diversos medios como The New Yorker, The New York Times, Time, Newsweek y The Economist. //Foto: Louie Palu

AP: Reporteros que cubren conflictos como Jon Lee Anderson, o el español Jon Sistiaga, aseguran que el miedo les ha salvado en muchas ocasiones de perder la vida durante la cobertura de una crisis armada. Tú que has cubierto las guerras de Irak y Afganistán, ¿qué medidas tomas para poder retratar la realidad y al mismo tiempo no perder la vida en el intento? ¿Qué consejo tienes para jóvenes fotoperiodistas que quieren dedicarse a cubrir conflictos armados?

LP: El tema que más he querido recalcar a jóvenes fotoperiodistas en el cubrimiento de un conflicto armado, es que uno debe estar completamente consciente del trauma psicológico que tendrán que enfrentar haciéndolo. Muy pocos se preparan para ello. Creo que existe un momento en el que pierdes permanentemente una parte de ti en aquella ola continua de tragedia y violencia que estás presenciando. Tengo muchos amigos y colegas que han desarrollado enfermedades mentales a partir de su trabajo. Sería bueno que existiera una especie de grupo de apoyo que pudiera dar asesorías y orientación anónima a distintos medios de comunicación y periodistas que cubren violencia en México. Por el lado físico del peligro, creo que es cuestión de aceptar, desde muy temprano, que hay un peligro inherente en este tipo de profesión.

En Afganistán, mi mayor miedo era pisar una mina y perder las piernas. Vi a muchos pisarlas y quedarse sin distintas partes del cuerpo; incluyendo algunos niños. Como fotógrafo, tienes que estar a unos cuantos metros de lo que capturas, mucho más cerca de lo que tiene que estar un periodista sin cámara y por ello, el trabajo de un fotoperiodista es muy riesgoso. En Afganistán cubrí en diversas ocasiones los enfrentamientos entre insurgentes y fuerzas armadas estadounidenses, canadienses o inglesas. El miedo definitivamente te puede salvar pero también puedes morir cuando menos lo esperas por obra de un francotirador, una emboscada o un artefacto explosivo improvisado, un dispositivo plantado en la tierra que suele ser muy fácil de pisar.

El fotoperiodista Louie Palu es conocido a nivel internacional por sus series de Guantánamo, Irak y Afganistán. //Fotografía: Louie Palu

El fotoperiodista Louie Palu es conocido a nivel internacional por sus series de Guantánamo, Irak y Afganistán. //Fotografía: Louie Palu

“En Afganistán, mi mayor miedo era pisar una mina y perder las piernas”

AP: Al hilo de la anterior pregunta, y para concluir, ¿en su opinión qué es más complicado para un fotoperiodista: cubrir una guerra abiertamente declarada –como los casos de Irak o Afganistán-, o llevar a cabo un reportaje en un país donde no existe un conflicto como tal -como en México- pero donde puedes ser un objetivo fácil en cualquier momento?

LP: Ambos son conflictos muy complejos y cada uno tiene sus propios desafíos, especialmente cuando tienes una cámara contigo que delata tu profesión a cada instante. Quisiera empezar por decir que muchos comparan a México con Afganistán, pero Afganistán es completamente distinto. En primer lugar, aquella es una guerra que se ha prolongado durante casi 30 años, por lo que hay muchos más civiles y militares muertos; allá también eres un objetivo fácil, puede ser que aún más que en México. Hay minas terrestres, bombardeos suicidas, secuestros y enfrentamientos crudos que utilizan todo tipo de armas pesadas. Afganistán también es el mayor productor de heroína en el mundo y por ello, también tiene mucho crimen relacionado con el narcotráfico. Además, se encuentra ubicado entre los problemáticos Irán y Pakistán.

Por su parte, México está en el G20 y Afganistán es uno de los más pobres países subdesarrollados del mundo. Irónicamente, son muy parecidos en términos de corrupción e impunidad. El problema de trabajar en México es que no ves de dónde viene el peligro y que hay pocos caminos con protección. Si me encontrara en peligro en Afganistán, podría recurrir a una base militar estadounidense para conseguir ayuda. En México, uno no puede confiar en la policía. Mi mayor miedo en México era que alguien me secuestrara en la noche o que hombres armados me dispararan, simplemente por ser periodista.

“El problema de trabajar en México es que no ves de dónde viene el peligro y que hay pocos caminos con protección; si me encontrara en peligro en Afganistán, podría recurrir a una base militar para conseguir ayuda. En México, uno no puede confiar en la policía”

¿Aún no has visto el trabajo fotográfico de Louie Palu (@loupalu) publicado en Animal Político?

Aquí el especial completo.

 

 

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Gentileza familia Cañizare Simone

La familia argentina que quedó varada por el COVID en otro país y decidió no volver

Una pareja argentina con dos hijos viajaron en marzo a Palma, España, para la boda de un pariente. Los sorprendió la pandemia y quedaron varados. Por la cuarentena, los altos costos de los pasajes de avión y la situación económica en Argentina, decidieron quedarse en España a empezar una nueva vida.
Gentileza familia Cañizare Simone
24 de julio, 2020
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Muchas veces pensaron en emigrar, pero nunca se imaginaron que sería así, de una manera “brusca” y por una pandemia.

Esta es la historia de una familia argentina -mis cuñados para ser más precisos- que el pasado marzo viajó a España para la boda de una sobrina y quedó varada por la cuarentena del nuevo coronavirus.

Mientras los días transcurrían con las fronteras cerradas, con cada vez menos dinero en los bolsillos y sin certezas en el corto plazo tanto sobre la evolución del COVID-19 y la situación económica en Argentina, los Cañizare-Simone, un matrimonio de clase media en sus 40 años con dos hijos, decidieron dejar todo atrás y empezar una nueva vida en el país donde quedaron varados.

¿Cómo es abandonar todo de un día para otro y qué esperan en esta nueva etapa?

Un viaje planeado

Juan (43 años), Valeria (41), Agustín (21) y Julián (14) partieron el 3 de marzo de este año hacia Palma, en Mallorca, la más grande de las Islas Baleares, en España.

El motivo del viaje era la boda de la sobrina de Juan, el 14 de ese mes.

“Veníamos ahorrando para el viaje desde hacía un año”, me cuenta Valeria por teléfono.

Cala Mondragó, en el sur de Mallorca.

Gentileza familia Cañizare Simone
Cala Mondragó, una de las playas en el sur de Mallorca.

En Argentina, la familia vivía en Avellaneda, un barrio del sur del Gran Buenos Aires, donde Valeria trabajaba como empleada administrativa, Juan estaba como encargado en una tienda de arreglos de autos y Agustín, el mayor de los hijos, como repositor de supermercados.

En España los esperaba la familia de Juan: sus padres, hermanos y sobrinos, que, a su vez, emigraron de Argentina en 2001 durante la grave crisis político-económica que atravesó el país y que los había dejado sin empleo.

Cuando los Cañizare-Simone llegaron a Mallorca, a principios de marzo, empezaban a aparecer los primeros casos de COVID-19 en España.

Pero para cuando estaba prevista la ceremonia, “los chicos no sabían si se iban a poder casar porque estaban suspendiendo todo”, explican Valeria y Juan.

Map

Ellos cuentan que la policía llegó a salón de fiestas en Puerto Cristo, en el oeste de la isla, dos veces durante la noche del 14 de marzo, pero finalmente pudieron terminar la celebración.

Al día siguiente inició la cuarentena estricta en el país.

La pandemia

El gobierno español decretó el estado de alarma y la cuarentena nacional a partir del 15 de marzo en España. Argentina hizo lo propio el 19 de marzo.

La familia tenía pasaje de vuelta para el 21, pero las fronteras en Argentina se habían cerrado para esa fecha.

“Nos llenamos de dudas. Siempre pensamos que esto iba a ser algo de días y que íbamos a volver”, recuerda Valeria. “Pero ¿si no era así? ¿Qué hacíamos?”, se pregunta.

En ese momento, mientras cumplían la cuarentena en la casa de uno de los parientes en Manacor, un pueblo a unos 50 km al oeste de Palma, en medio de la angustia y la incertidumbre empezaron a pensar en soluciones alternativas.

La familia durante el casamiento.

Gentileza familia Cañizare Simone
La familia viajó a Mallorca para la boda de una sobrina.

“Más que nada por el tema de plata porque ¿cómo nos íbamos a mantener?”, dicen.

Tres miembros de la familia cuentan con doble nacionalidad (argentina-española), entonces, a finales de marzo, iniciaron los trámites para adquirir el DNI español con la idea de poder conseguir trabajo.

Las esperanzas de poder volver a Argentina no las perdían, pero se fueron diluyendo con las cuatro cancelaciones de vuelos que recibieron entre marzo y junio pasado.

Además estaba la cuestión del dinero. No podían hacerle frente a los 575 euros que les costaba cada pasaje para regresar.

“Los vuelos que podían salir eran los de Aerolíneas Argentinas, (ellos habían adquirido los tickets con Air Europa) y había que comprarlos. Era una plata que no teníamos”, cuentan.

Agustín Cañizare

Gentileza familia Cañizare Simone
Agustín espera encontrar pronto trabajo en su nuevo país.

Cuando les cancelaron el último vuelo en junio y les informaron que Argentina no abriría sus fronteras hasta septiembre, llegó el momento de decidir seriamente cómo seguir.

Los miedos

El momento clave llegó cuando Juan se contactó con su empleador en Argentina y se le informó que existía la posibilidad de tramitar el pase a la sucursal que tiene la compañía en Palma.

“A finales de junio, el mismo día que nos llamaron de recursos humanos de acá, nos avisan del consulado argentino que había un vuelo para volver y ahí les dijimos que no lo tomaríamos“, detalla Valeria.

Ella describe que fue una decisión que tomaron los cuatro integrantes de la familia, pero que los miedos siguen estando presentes.

“Tengo miedo de que los chicos no se adapten, a que seamos discriminados, a extrañar”, confiesa.

“Temo que los chicos el día de mañana se quieran volver. No sería grave, pero ya me hice a la idea de vivir acá con una mejor calidad de vida. Si yo me veía acá era por la inseguridad que sentíamos allá“, admite.

Si bien Buenos Aires cuenta con un índice de homicidios bajo con respecto a otras capitales de América Latina (4,7 por 100,000 habitantes) esto no quiere decir que el problema de la inseguridad no exista.

Valeria Simone

Gentileza familia Cañizare Simone
Valeria ansía que puedan alquilar una casa para volver a vivir los cuatro juntos.

“La mayoría de las actividades delictivas que ocurren en Buenos Aires se dan en la periferia de la ciudad. Específicamente en barrios formales e informales del Gran Buenos Aires y albergan a la mayoría de los grupos a cargo del tráfico de drogas al menudeo”, detalla Insight Crime, una organización dedicada al estudio del crimen organizado en América Latina y el Caribe.

“Estar con el corazón en la boca cada vez que los chicos salen no me gustaría volver a vivirlo”, dice Juan.

Otro factor que preocupaba a la familia era la incertidumbre laboral en Argentina.

Si bien ellos habían tomado vacaciones, en medio de la cuarentena el regreso a sus puestos de trabajo era incierto y su futuro laboral también.

Todo esto en medio de un país que registró una tasa de desempleo del 10,4% en el primer trimestre de este año, sin contar el impacto de la pandemia, y con más del 30% de la gente en la pobreza.

La esperanza

En Buenos Aires, los dos adolescentes jugaban al balonmano en el club Arsenal de Sarandí.

familia Cañizare Simone

Gentileza familia Cañizare Simone
Pese a las dificultades y la incertidumbre, la familia nunca pierde el humor.

Ahora en Palma, Julián el más pequeño, pudo retomar el entrenamiento en el club local, Sispal Marratxi, y el próximo mes lo hará Agustín.

“Por suerte pude arrancar y al menos puedo pasarla bien un rato“, me cuenta Julián que está empezando a conocer a los compañeros del club mientras espera ingresar a la escuela cuando se retomen las clases tras la pandemia.

“En este tiempo tengo que aprender catalán”, dice, que junto al castellano son las lenguas oficiales de las Islas Baleares.

“Tengo ganas (de empezar), pero más por tener amistades y a alguien para salir, pero por los estudios, no mucho”, asegura riéndose.

Agustín, por su parte, se está acostumbrando como puede y dice que el cambio le resulta extraño.

“Fue brusco, la adaptación me está costando”, reconoce.

Palma de Mallorca el 16 de julio.

Getty Images
La actividad sigue frenada en Malloca por la pandemia, una isla cuya actividad económica fuerte es el turismo.

Cuenta que está buscando empleo, pero con el DNI aún en proceso y en medio de la pandemia, las cosas no son fáciles.

“Estoy buscando trabajo de lo que sea. No estoy para elegir”, afirma.

Pero está esperanzado y le gusta su nuevo país.

“Acá se está bien, se vive de otra forma. Cuando estaba en la calle en Argentina estaba todo el tiempo pendiente de que no se ponga una moto al lado, que venga alguien con un cuchillo o un arma, y acá vas tranquilo. Claro que hay inseguridad, pero es otra mentalidad”, detalla.

“Si todo sale bien como lo pienso, me veo mucho mejor acá que en Argentina”, resume.

India, perra.

Gentileza familia Cañizare Simone
“India”, la perra beagle de 7 años que los espera en Buenos Aires.

La familia recién se está acomodando. Aún no tienen un lugar para vivir todos juntos, ni ropa de verano que ponerse.

Pero están más tranquilos con la decisión tomada y Juan se está adaptando a su nuevo trabajo. “La gente me recibió bien”, afirma.

En Buenos Aires quedó “India”, su perra beagle de 7 años.

“Si hoy tuviera la posibilidad de traspasar la mano por el teléfono y pudiera agarrar una sola cosa, agarro la perra”, asegura Valeria riéndose.

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https://www.youtube.com/watch?v=FkdL3esx7t0

https://www.youtube.com/watch?v=CpXyvmEz-ts

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