Los israelíes van a las urnas: ¿qué está en juego?
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Los israelíes van a las urnas: ¿qué está en juego?

El proceso de paz con los palestinos, su relación con la comunidad internacional y la crisis del programa nuclear iraní, platos fuertes de las elecciones de este martes en Israel. BBC Mundo le da las claves de los comicios.
22 de enero, 2013
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Un judío ultraortodoxo vota en la localidad israelí de Bnie Brak durante las elecciones parlamentarias del martes 22 de enero de 2013 en las que se prevé la continuación de Benjamin Netanyahu como primer ministro. //Foto: AP

Un judío ultraortodoxo vota en la localidad israelí de Bnie Brak durante las elecciones parlamentarias de hoy en las que se prevé la continuación de Benjamin Netanyahu como primer ministro. //Foto: AP

Los israelíes van este martes a las urnas en unos comicios que pueden tener implicaciones para el proceso de paz con los palestinos, su relación con la comunidad internacional y la crisis del programa nuclear iraní.

BBC Mundo le cuenta lo que se juega Israel en estos comicios.

¿Por qué se celebran ahora las elecciones?

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, convocó elecciones anticipadas en octubre pasado.

Los comicios no deberían haberse celebrado hasta octubre de 2013, pero la decisión de adelantarlos se precipitó por la falta de un acuerdo respecto a los presupuestos anuales dentro de su coalición.

Desde su llegada al poder en 2009, Netanyahu ha liderado una de las coaliciones gubernamentales más exitosas en la historia reciente de Israel y ha gozado de altos índices de popularidad. Por su parte, los partidos opositores han puesto todos sus esfuerzos en tratar de volver a conectar con el electorado.

Las elecciones anticipadas son vistas como una vía para que Netanyahu capitalice su aparente ventaja y renueve su mandato.

¿Cuáles son los principales asuntos electorales?

Depende a quién se le pregunte. Por lo general y para la mayoría de la gente, la seguridad nacional y las políticas para ocuparse del conflicto con los palestinos son los temas clave. Sin embargo, hay otros problemas que también preocupan a los israelíes.

Según una encuesta reciente, por primera vez en años, la mayoría de los israelíes sitúan los asuntos socioeconómicos a la par de las cuestiones de seguridad a la hora de emitir su voto.

En 2011 y durante semanas, Jerusalén y Tel Aviv fueron escenario de protestas inéditas contra los elevados costos de vida en una clara señal de enfado con el gobierno de Netanyahu. Además, según un informe reciente del Instituto del Seguro Nacional de Israel, casi uno de cada cuatro israelíes viven en la pobreza.

Para tratar de frenar el descontento popular, especialmente entre clase media -cada vez más ahogada- el Partido Laborista ha centrado su campaña casi exclusivamente en reformas sociales y económicas. Según las encuestas, el partido podría recuperarse de su actual posición marginal y convertirse en el segundo mayor partido del Knesset (el parlamento israelí).

Sin embargo, para Netanyahu, que tiene como eslogan de campaña “Un primer ministro fuerte, un Israel fuerte”, la seguridad es el tema más importante y la percepción de amenaza del programa nuclear iraní, el asunto central.

Netanyahu ha advertido desde hace tiempo del peligro de que Irán tenga capacidad de obtener armas nucleares, una petición que ha reforzado recientemente.

Netanyahu ha prometido que no permitirá que Irán enriquezca uranio para usos militares, algo que, según ha advertido, ese país podría conseguir el próximo verano.

Además, ha dejado claro que estaría preparado para lanzar una ofensiva para detener a Irán si todo lo demás falla.

“Impedir un Irán nuclear ha sido y será mi principal objetivo como primer ministro”, afirmó Netanyahu pocos días antes de las elecciones.

¿Quién concurre a las elecciones?

Hay 34 partidos que concurren a las elecciones (en el actual parlamento están representados 14) que van desde la extrema derecha a la extrema izquierda y de los judíos ultraortodoxos a los árabes que viven en zonas israelíes.

También han surgido nuevos partidos desde las elecciones, entre los que destacan los ultranacionalistas religiosos del partido Bayit Yehudi (Hogar Judío), con Naftali Bennett a la cabeza, un millonario del mundo de la tecnología y exconsejero de Netanyahu.

Otros nuevos partidos que están marcando hitos son el centrista secular Yesh Atid (Hay futuro) liderado por Yair Lapid, un personaje popular de la televisión israelí y el centrista Hatnua (El Movimiento), fundado por la exlíder de Kadima Tzipi Livni.

Según las encuestas, Kadima -en la actualidad, el partido que cuenta con mayor representación en el parlamento con 28 escaños- podría ser barrido en las urnas.

¿Cómo funcionan las elecciones en Israel?

Israel es una democracia parlamentaria. El Knesset tiene 120 miembros que se eligen cada cuatro años por un sistema de representación proporcional en el que cada partido acumula escaños proporcionales al porcentaje de votos obtenidos a nivel nacional.

Históricamente, esto ha significado que ningún partido independiente ha conseguido ganar las elecciones indiscutiblemente, por lo que Israel ha estado gobernado por coaliciones.

El presidente pide formar gobierno a un miembro del parlamento, generalmente el líder del partido que ha recibido más votos.

Sin embargo, el partido con más representantes no es necesariamente el que forma gobierno.

En 2009, el centrista Kadima venció por un ligero margen al Likud, el partido conservador de Benjamin Netanyahu, pero el presidente Shimon Peres llamó a Netanyahu a formar gobierno porque el apoyo de los partidos de los partidos conservadores le daba la mayoría.

El miembro del parlamento designado tiene 28 días para formar gobierno, un periodo que se puede extender en 14 días más.

Si no se puede formar gobierno en ese periodo, el presidente puede asignar otro miembro del parlamento.

Una vez que se forma gobierno, el primer ministro designado se presenta ante el parlamento para pedir el voto de confianza. Si consigue al menos 61, se forma gobierno.

¿Qué resultados se esperan?

Desde hace tiempo los sondeos otorgan una cómoda victoria a Benjamin Netanyahu y han señalado que la coalición de partidos que lidera podría vencer en las elecciones.

En octubre, su partido Likud unió fuerzas con Yisrael Beitenu para concurrir a las elecciones por la misma lista.

Según las encuestas, ambas formaciones podrían ganar algún escaño menos que en 2009 pero se espera que Likud-Beitenu ganen y formen una coalición con partidos de derecha y ultraortodoxos, lo que les daría una cómoda ventaja de 61 escaños.

La mayor sorpresa de la campaña ha sido el surgimiento del apoyo al partido de Naftali Bennett Bayit Yehudi que ha se ha sumado los apoyos que ha ido perdiendo Likud-Beitenu.

Esa formación se haría con el tercer lugar, lo que le garantizaría un papel importante en el nuevo gobierno.

¿Qué significan las elecciones para el proceso de paz?

Si Netanyahu gana, es poco probable que las conversaciones de paz entre israelíes y palestinos se retomen en breve.

La que se espera sea la nueva coalición gubernamental sería una de las más conservadoras de la historia de Israel.

Se espera que esté firmemente en contra de la creación de un estado palestino y que apoye los asentamientos judíos en Cisjordania.

Días antes de las elecciones, Netanyahu descartó retirar en los próximos años algunos asentamientos considerados ilegales por la comunidad internacional.

Por su parte, Bayit Yehudi aboga por adjuntar zonas de Cisjordania y su presencia en un nuevo gobierno le haría más complicado a Netanyahu otorgar concesiones a los palestinos para avanzar en el proceso de paz.

Netanyahu ha culpado reiteradamente al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, de la ruptura de las conversaciones y este tema apenas se ha mencionado durante la campaña de Likud-Beitenu.

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Ruth Bader Ginsburg: por qué la muerte de la jueza de la Corte Suprema de EE.UU. supone un terremoto en una nación ya fracturada

Si el presidente Trump nomina un reemplazante de la magistrada podría alterar por años el equilibrio ideológico del mayor tribunal de justicia del país y aumentar la tensión política a pocas semanas de las elecciones.
19 de septiembre, 2020
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La muerte de un juez de la Corte Suprema de Justicia siempre es algo trascendente en Estados Unidos. Pero la de Ruth Bader Ginsburg supone un terremoto de consecuencias imprevisibles para este país.

Ginsburg, que murió el viernes a los 87 años debido a un cáncer de páncreas, era un ícono feminista y progresista del máximo tribunal judicial de EE.UU. para asuntos como la igualdad de género o la inmigración, el aborto o el matrimonio igualitario.

Su muerte abre ahora la posibilidad de que el presidente Donald Trump nomine a su sucesor en una corte de nueve miembros donde ya ha colocado a dos, y altere así por años el equilibrio ideológico del Supremo a favor de los conservadores.

Como esto ocurre además en un país políticamente polarizado y a pocas semanas de una elección presidencial cargada de tensión, el debate por el reemplazo de Ginsburg amenaza con aumentar la fractura entre republicanos y demócratas.

“Normalmente las nominaciones a la Corte Suprema son un deporte de sangre. Entonces esto va a ser verdaderamente apocalíptico. Hay mucho en juego en esta nominación”, dice Jonathan Turley, un destacado profesor de derecho constitucional en la Universidad George Washington, a BBC Mundo.

Una silla clave

El hecho de que los magistrados de la Corte Suprema ocupen su cargo de manera vitalicia significa que cualquier cambio en la integración tiene efectos duraderos.

Nominada por el presidente Bill Clinton en 1993, Ginsburg formaba parte de un bloque de cuatro jueces progresistas de la corte que solía necesitar de un quinto voto “péndulo” para lograr mayoría.

Ruth Bader Ginsburg

Reuters
Ginsbrurg era parte de un bloque de cuatro jueces progresistas.

En votaciones recientes ese quinto voto lo aportó el juez John Roberts para decisiones sobre inmigración, derechos de homosexuales y otros temas importantes de la “guerra cultural” en este país.

Los presidentes de EE.UU. tienen la potestad de elegir los miembros de la corte, que deben ser ratificados por el Senado, y Trump suele señalar como un logro el haberlo hecho dos veces en menos de cuatro años de mandato.

Si lograse colocar a un tercer magistrado netamente conservador, la Corte pasaría a tener seis jueces instalados por republicanos, mientras el bloque liberal quedaría en una minoría de tres.

Eso puede conducir con el paso del tiempo a alteraciones significativas en diversas ramas del derecho.

“Esta es posiblemente la nominación más importante en la historia de la corte moderna. Hay una serie de doctrinas que actualmente penden de mayorías de cinco a cuatro”, advierte Turley.

Por ejemplo, señala que con un nuevo juez conservador en la corte quizás se abriría el camino para a revertir parcial o totalmente Roe versus Wade, el emblemático caso por el que el tribunal despenalizó el aborto en 1973.

Trump y Kavanaugh

Reuters
Dos de los actuales jueces del Supremo fueron nominados por Donald Trump.

Probablemente consciente de todo esto, Ginsburg indicó en su testamento que su “deseo más ferviente” era que evitaran reemplazarla hasta que asumiera un nuevo presidente, según informó la radio pública estadounidense NPR.

La pregunta ahora es si Trump podrá provocar tal desequilibrio en un Supremo que recientemente ha fallado más de una vez en contra de los intereses del mandatario.

“Aumentará el nivel de furia”

La muerte de Ginsburg le ofrece a Trump la oportunidad de acicatear al electorado conservador y religioso a menos de 50 días de las elecciones, cuando las encuestas lo muestran atrás del candidato demócrata Joe Biden.

De hecho, desde hace semanas Trump señalaba la eventualidad de nominar a un tercer juez del Supremo como una razón para que lo reelijan, por lo que quedan pocas dudas de que intentará hacerlo en los meses que le quedan como presidente.

Mensaje para Ruth Baden Ginsburg

Reuters
Ginsburg pidió en su testamento que no se nombrara un sucesor antes de las elecciones.

Además, el debate que se abre con esto desviará algo la atención de la respuesta de Trump a la pandemia de coronavirus, cuando EE.UU. está a punto de llegar a 200.000 muertos por el covid-19, una cifra que ningún otro país ha registrado.

El Senado está controlado por el Partido Republicano de Trump y su líder allí, Mitch McConnell, anticipó en la misma noche del viernes que en la cámara habrá una votación sobre el juez que nomine el presidente.

Sin embargo, evitó decir cuándo ocurriría esto: si antes o después de las elecciones del 3 de noviembre.

Los republicanos tienen 53 senadores (contra 47 demócratas), pero al menos dos miembros de esa mayoría se manifestaron días atrás reticentes a votar un nuevo juez de la corte tan cerca de las elecciones.

Esto sugiere que el reemplazo de Ginsburg puede volverse una nueva prueba de fuego de la lealtad republicana hacia Trump cuando algunos senadores tienen dificultades para ser reelectos ellos mismos.

Joe Biden

Reuters
Biden también ha dicho que el remplazo de Ginsbrurg debe esperar a las elecciones.

Por otro lado, a la controversia se añade el antecedente de que McConnell bloqueó en 2016 la votación en el Senado de un juez nominado para la corte por el entonces presidente Barack Obama, argumentando que era un año electoral.

Su explicación ahora es que el voto puede proceder porque, a diferencia de cuatro años atrás, el presidente y la mayoría del Senado pertenecen al mismo partido.

Los demócratas se apresuraron a exigir que se espere hasta después de la elección.

“Los votantes deben elegir al presidente y el presidente debe elegir al juez para que lo considere el Senado”, declaró Biden el mismo viernes.

Esto también podría movilizar a favor de Biden a electores de izquierda que aún están inseguros de votar por él.

“No podía imaginar que fuera posible hacer esta elección más divisiva, pero ocurrió: esto agrega un elemento transformador a la elección”, reflexiona Turley. “Esto aumentará el nivel de furia en el país”.


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