Vivir de franelera, la pelea diaria por una calle
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Vivir de franelera, la pelea diaria por una calle

El conflicto por una calle llegó al Ministerio Público, donde una viuda denuncia amenazas y pide que la dejen trabajar en la calle que "le heredó" su esposo.
Por Erika Flores
2 de enero, 2013
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Desde hace cinco años Honorina Humildad cuida los autos de la calle de Enrico Martínez esquina con Tolsá, junto a la Ciudadela. Pero no es un trabajo tranquilo pues en octubre de 2011 comenzó a padecer las amenazas físicas, psicológicas y de muerte que le ha hecho Diana, otra franelera que trabaja en esa calle. Cada una a su modo pelea por el lugar y los autos que ahí se estacionan ya que aseguran es la herencia que les quedó de “El Charro” tras su muerte el 06 de septiembre de 2010.

Antonio Arnulfo Alamillo era aficionado al canto por eso sus amigos lo apodaron así. Él vivió muy rápido: a los 15 nació su primera hija y a los 34 ya era abuelo. Fue policía auxiliar en diferentes lugares y en uno de sus empleos conoció a Honorina -quien ya tenía un hijo-; en 1990 se juntaron (era la tercera esposa para él) y tuvieron una hija, Adriana.

De policía a cuida coches

Para ser franelero sólo se necesita una calle y a principios de la década del 2000 “El Charro” comenzó este nuevo empleo en la calle de Mesones; en el 2007 se fue a la calle de Enrico Martínez donde llevó a su esposa para que le ayudara a trabajar con los autos de los empleados y visitantes de la Biblioteca México, tienda ISSSTE y Televisa Chapultepec entre otros.

Según Honorina Humildad en esos días Diana le pidió ayuda a su marido. Acababa de salir del penal de Santa Martha, iba acompañada de otra mujer de nombre Angélica y tenía necesidad para mantener a su hijo Manuel. Por eso le pidió en préstamo algunos espacios con la promesa de regresarlos después; “El Charro” accedió y le dio seis lugares que estaban a la altura de la biblioteca; pero no contaba con que después ella le quitaría siete espacios más y que le pintaría cuernos para devolverle nada. Desde ahí se dio una relación extraña entre ellos; unos días eran mienta madres y otros tantos buenos cuates. ¿Cuál era su vínculo en verdad? Una versión es que Diana decía ser su sobrina; la otra que “El Charro” era el padre de su hijo.

A mediados del 2010, Diana desapareció. Honorina atestiguó cuando Angélica llamó a su esposo y le pidió una cooperación para sacar a Diana de la cárcel porque la policía la había encontrado en un coche robado. Los vecinos también ayudaron; al poco tiempo Diana reapareció y estuvo tranquila unos días pero después volvió a las andadas.

Para entonces la relación entre Honorina y su esposo ya estaba en crisis. Peleaban con frecuencia por que él ya no daba dinero a la casa, comenzó a beber en exceso sin importarle la hipertensión y la arritmia cardiaca que padecía; incluso hubo algunos momentos de maltrato y según se sabe, hasta le aparecieron otras mujeres con los respectivos hijos. Una semana antes de la celebración del Bicentenario, “El Charro” murió en su esquina de trabajo. Quienes vieron la escena dicen que estaba bebiendo con unos amigos y que en el forcejeo por una botella cayó de espaldas en la banqueta y se golpeó la nuca. A la mañana siguiente su esposa se enteró porque un policía la buscó en su casa para pedirle que fuera a reconocer el cadáver.

¿Calle heredada?

Muerto “El Charro” había que seguir trabajando; por eso Honorina regresó el 20 de septiembre a Enrico Martínez para continuar en el mismo oficio acompañada de su hijo; la sorpresa fue que Diana ya se había adueñado de la calle completa. Entonces -para recuperar ‘su’ espacio- acudió a la Secretaría del Trabajo del DF para tramitar el permiso y credencial correspondiente. Fue atendida por Francisco Gordillo, subdirector de Previsión Social de la Zona Metropolitana, quien le dijo “a usted ya la conozco, yo no sé quién le pidió sus papeles pero los lugares no se heredan. Yo ya tengo la persona a la que le voy a dar su calle. Hágale como pueda o váyase al Estado de México. ‘El Charro’ me platicó que ustedes estaban separados así que no le voy a dar nada. Sus papeles pueden entrar pero no saldrán avalados”.

Honorina buscó a Diana y le pidió sus lugares de regreso. “Me dijo que le había pagado 700 pesos a Gordillo para que el permiso saliera a nombre de su hijo Manuel. No entendí y cuando regresé a la Secretaría a preguntar me dijeron que sabían que Manuel era hijo de mi marido. No creo que sea cierto pero si así fuera ¿dónde queda Adriana? Ella sí es hija de mi difunto” explica.

La situación se agravó cuando Diana, Angélica y Manuel comenzaron a presionar para correrla. Aparecían coches con rayones, llantas ponchadas, sin espejos o de plano abiertos. “Quieren quedarse con todo, a veces pasan y gritan que somos unas mierdas, que me van a traer a pan y agua ¡hasta amenazan con golpear o matar a mi hijo! Tengo clientes que mejor se han ido porque ya las conocen” asegura Honorina.

El conflicto llegó al Ministerio Público, donde la viuda denunció las amenazas y pidió que la dejen trabajar la calle que de manera implícita dice que le heredó “El Charro”; exigió que Diana los deje en paz y les devuelva los trece lugares que les quitó. También levantó una queja en la Comisión de Derechos Humanos del DF para averiguar por qué la Secretaría del Trabajo no le ha querido tramitar su credencial.

El último enfrentamiento fue cuando Diana y Angélica golpearon a Honorina y a su hijo por lo que Diana fue remitida al juzgado cívico donde permaneció 25 horas arrestada; a Angélica no la detuvieron porque huyó. Pero Honorina acudió de nuevo a la PGJDF donde un ministerio público las hizo firmar un pacto de no agresión. No obstante las amenazas siguen, aunque veladas. “Quiero que me devuelvan los lugares que me heredó mi esposo ‘El Charro’ porque en el fondo nadie ha resuelto eso; en la Secretaría del Trabajo Gordillo Moguel se hace ‘pato’ y no arregla nada; sólo nos dejan en la misma calle a las dos, separadas por unos metros de distancia”.

Desde mediados del 2011 inició la reglamentación para franeleros y a la fecha no ha terminado:

1. La Secretaría del Trabajo del DF informó que 7 mil franeleros fueron regularizados. En teoría cada uno recibirá credencial de no asalariado y chaleco (con número económico y teléfono de quejas). En teoría estará prohibido apartar lugares y cobrar cuotas obligatorias al automovilista, por lo que sólo podrían tener una cooperación voluntaria. Pero en la práctica esto no sucede.

2. ¿Quiere quejarse de algún franelero? Tendrá que hacerlo por escrito a la Dirección General de Trabajo y Previsión Social del DF.

En suspenso…

1. En diciembre del 2010 la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, pospuso la votación de un dictamen que propone arrestar de 20 a 36 horas a aquellos franeleros que trabajen sin permiso. A un mes de terminar la actual legislatura, no hay fecha para que éste sea votado.

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Shibu Philip

Trabajo en casa y COVID-19: 'Vigilo a mis empleados con un programa que toma fotos de sus pantallas'

Muchas personas se encuentran con dificultades para trabajar desde casa, pero ¿ayudaría a mejorar su productividad la tecnología de vigilancia?
Shibu Philip
29 de septiembre, 2020
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Shibu Philip

Shibu Philip
La firma de Shibu Philip ha utilizado el software de vigilancia Hubstaff durante el último año y medio.

Shibu Philip dice que sabe lo que es “perder un poco de tiempo en el trabajo”.

Es el fundador de Transcend, una pequeña empresa con sede en Londres que compra productos de belleza al por mayor y los revende online.

Durante el último año y medio, ha utilizado el software Hubstaff para realizar un seguimiento pormenorizado de las horas de trabajo de sus trabajadores, para saber qué teclean, cuáles son los movimientos de su ratón y los sitios web que visitan.

Con siete empleados en la India, dice que el software le garantiza que tienen “cierto nivel de responsabilidad” y ayuda a cubrir la diferencia horaria.

“Yo mismo me conozco. La gente puede tomarse un descanso extra de 10 minutos aquí o allá. Es bueno tener una forma automática de monitorear lo que están haciendo”, dice Shibu.

“Al mirar las capturas de pantalla y el tiempo que todos dedican a determinadas tareas, sé si siguen los procedimientos o no”.

“Y, si lo están haciendo mejor de lo que esperaba, también estudio el material recopilado y les pido que compartan ese conocimiento con el resto del equipo para que todos podamos mejorar”, dice.

Los empleados son plenamente conscientes de que el software está activo.

Además, pueden eliminar el tiempo dedicado a visitar sitios web que podrían haber sido registrados por accidente durante su descanso, por ejemplo, agrega Shibu.

Trabajando desde la cama

Getty Images
Si eres de los que ha tenido que colocar la laptop sobre una pila de libros de cocina durante la pandemia o te ha tocado quejarte de la velocidad del internet de tu casa, no estás solo.

¿Vagos en casa?

Dado que muchas personas alrededor del mundo trabajan ahora desde casa debido a la pandemia, la demanda de software que monitorea la actividad de los empleados ha registrado un repunte.

Hubstaff, con sede en Estados Unidos, dice que su número de clientes en Reino Unido se ha multiplicado por cuatro desde febrero.

Otra empresa llamada Sneek ofrece tecnología que toma fotos de los trabajadores a través de la cámara del laptop y las comparte para que las vean el resto de sus colegas.

Aunque se describe a sí misma como una plataforma de comunicación, su programa permite tomar una foto cada minuto.

Su cofundador, Del Currie, le dijo a la BBC que sus usuarios habían aumentado cinco veces durante el confinamiento, sumando casi 20.000 clientes en total.

Un estudio reciente realizado por académicos de la Universidad de Cardiff y la Universidad de Southampton, ambos en Reino Unido, descubrió que un temor común entre los jefes es que los trabajadores que no están a la vista “holgazanearán”, aunque los periodos de cuarentena tampoco parecen haber afectado mucho a la producción.

La encuesta también sugirió que un tercio de los que trabajan desde casa sentían que su productividad también había disminuido.

Pero ¿es la tecnología la respuesta para identificar a aquellos que podrían estar holgazaneando o para ayudar a aquellos que luchan por adaptarse a trabajar desde la mesa de la cocina a tiempo completo?


Me hubiera sentido mal de haber sabido que me vigilaban”

Josh

BBC
El fotógrafo Josh dice que tuvo problemas tanto con la logística como con la motivación

Josh, un fotógrafo de 26 años que vive en Londres, admite que lo que más le costó de trabajar desde casa fue la caída de su productividad.

Establecer un estudio improvisado en la cocina de su piso compartido de tres habitaciones fue un desafío logístico, pero también de motivación.

“Algunos días lo lograba, pero otros me sentaba y me quedaba mirando mis sandalias un buen rato, pensando: ‘No puedo hacer esto’. Es muy fácil hacer la colada o prepararte una taza de té. En casa encuentras formas de distraerte con bastante facilidad“.

Está agradecido de que su jefe no utilice ningún software de seguimiento con él.

“En aquellos días en los que era un poco más difícil estar motivado, me habría sentido mal si hubiera sabido que alguien estaba controlando mi productividad”, dice.

Josh sospecha desde hace mucho tiempo que tiene un trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH), lo que puede dificultar la concentración y la gestión del tiempo. Su médico está de acuerdo, aunque todavía está en lista de espera para una prueba.

Ha vuelto a la oficina recientemente y valora mucho tener más interacción cara a cara.

“Allí me encuentro una rutina, una estructura que realmente me ancla y me ayuda a superarlo todo”.


Trabajador en casa

Getty Images
Desde que se impusieron las restricciones para evitar la propagación del covid-19, las compañías han tenido que diseñar soluciones de emergencia para que sus empleados puedan trabajar desde casa.

Con cautela y políticas escritas

Aunque algunos jefes que usan software de seguimiento argumentan que es una herramienta válida para mantener la productividad, una investigación del Instituto de Colegiados en Personal y Desarrollo (CIPD), una asociación de profesionales del sector de recursos humanos con sede en Londres, sugiere que la vigilancia en un entorno laboral puede dañar la confianza.

“Monitorear el comportamiento de los empleados puede ser una forma justificable de reducir la mala conducta y potencialmente ayudar a gestionar el tiempo”, dice Jonny Gifford, asesor de investigación de comportamiento organizacional en el CIPD.

“Sin embargo, los empleadores deben tener políticas claras para que los trabajadores sepan cómo pueden ser monitoreados y, lo que es más importante, el sistema debe ser proporcionado”.

Los empleadores obtendrán “resultados mucho mejores” si apoyan a sus trabajadores, añade, “en lugar de centrarse en medidas de entrada potencialmente irrelevantes, como el número de pulsaciones en el teclado”.

Jonathan Rennie, socio del bufete de abogados británico TLT, también insta a las empresas que estén considerando la posibilidad de introducir dicho software con cautela.

“Los empleadores tienen la obligación legal implícita de mantener la confianza de sus trabajadores y deben ser conscientes de cómo podrían reaccionar ante la implementación masiva de software de monitoreo”, dice.

Sugiere que cualquier empresa que utilice software de monitoreo debería tener políticas escritas que expliquen cómo y por qué se está utilizando.

También debería haber una guía clara para los administradores y salvaguardas para prevenir el uso indebido o el “monitoreo excesivo”, dice.


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