‪Mi administración rescató a Juárez: Calderón en Harvard‬
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‪Mi administración rescató a Juárez: Calderón en Harvard‬

En un artículo publicado en la Latin American Policy Journal de Harvard Calderón resalta la innovadora estrategia que su gobierno implementó para reducir la violencia en Ciudad Juárez, Chihuahua: el programa Todos Somos Juárez (TSJ).
Por Redacción Animal Político
19 de febrero, 2013
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Calderon_No_More_Weapons-1En un artículo publicado en el Latin American Policy Journal de la Universidad de Harvard y titulado “Todos Somos Juárez: Una estrategia innovadora para enfrentar el crimen y la violencia“, el ex presidente Felipe Calderón resalta la innovadora estrategia que su gobierno implementó para reducir la violencia en Ciudad Juárez, Chihuahua: el programa Todos Somos Juárez (TSJ).

Basándose en indicadores de homicidios del gobierno federal, Calderón detalla que la violencia se redujo en esa urbe gracias a la estrategia TSJ con la que además de enviar fuerzas federales para “restaurar el orden y proteger a la gente”, se dio apoyo a las autoridades locales y se fortaleció el tejido social. “El efecto combinado de estas acciones ha resultado en una reducción tangible de la delincuencia. En enero de 2010, la violencia fue generalizada, y 216 homicidios fueron reportados en la urbe ese mes. Desde octubre de 2010, la tasa de homicidios ha mostrado una disminución significativa. En enero de 2012, los asesinatos registrados bajaron a 84 por mes, una disminución del 71% desde el punto más alto (ver Figura 2). El secuestro y la extorsión también se han reducido drásticamente,” apunta el ex mandatario.

Aquí les dejamos el texto íntegro en español:

Todos somos Juárez: Una estrategia innovadora para enfrentar el crimen y la violencia

En los últimos años, México ha vivido una situación de seguridad pública muy compleja. Durante décadas se les permitió a las organizaciones criminales crecer y ganar fuerza, algo que afectó gravemente la vida de los ciudadanos en los pueblos y ciudades alrededor de la República. Sin embargo, pocos lugares han alcanzado niveles tan dramáticos como Ciudad Juárez, donde la violencia y el crimen crecieron de manera sistemática, debido a tres factores principales:

– En primer lugar, la expansión de las organizaciones criminales en la diversificación de su principal línea de negocio; de la exportación de drogas ilegales a los EU al narcomenudeo en México. Debido a que Juárez representa un punto de entrada estratégico a los Estados Unidos y un mercado rentable de drogas a la vez, dos grandes carteles comenzaron una lucha violenta por el control de la ciudad. Estas organizaciones también comenzaron a llevar a cabo nuevas actividades delictivas, como lo son robo, secuestro y extorsión.

– En segundo lugar, la debilidad de las agencias policiacas locales. Los grupos criminales se ocuparon de controlar a los mandos policiacos municipales y estatales, primero por vías de corrupción y luego a través de amenazas. Atrapados entre unirse a las filas de los carteles o morir, y sin el apoyo de los superiores, los policías locales dejaron de proteger a la población de la delincuencia.

– En tercer lugar, un grave debilitamiento del tejido social. El libre comercio creó una fuerte expansión del sector manufacturero de exportación en México. Los mexicanos comenzaron a migrar a las ciudades fronterizas industriales, como Ciudad Juárez, en busca de mejores oportunidades de trabajo. La población de la ciudad creció a un factor de 2,3 entre 1980 y 2010. Mientras que los recién llegados a menudo encontraban trabajos mejor pagados, se establecieron en zonas que carecían de servicios básicos como agua, electricidad, alcantarillado y calles pavimentadas. Estos vecindarios también carecían de una atención de la salud adecuada, y de infraestructura educativa y recreativa para los jóvenes. Esto, combinado con problemas tales como una baja cohesión social, contribuyó a la proliferación del uso de drogas, de la violencia y de las pandillas entre jóvenes vulnerables. Años antes del momento cúspide de la violencia relacionada al narcotráfico, Ciudad Juárez ya tenía una grave crisis social, que tuvo como su consecuencia más trágica, los asesinatos violentos e impunes de decenas de mujeres, a finales de 1990 y principios de 2000.

Estaba claro que esta situación no era sostenible. Se necesitaban políticas públicas innovadoras para restaurar el orden y el tejido social. Es por eso que mi administración puso en marcha una estrategia para rescatar a Ciudad Juárez, que consta de tres elementos principales:

Primero, enviamos al Ejército y a la Policía Federal para restaurar la ley y el orden y proteger a la gente. Esto, junto con otros componentes de la estrategia, ha conducido a una reducción en la violencia y la delincuencia.

Segundo, el gobierno federal sigue apoyando a las autoridades estatales y municipales a reconstruir sus instituciones de seguridad pública, ya que estos son constitucionalmente responsables de la seguridad de sus ciudadanos. De hecho las agencias federales sólo apoyan a los Estados en situaciones de emergencia.

Tercero, pusimos en marcha un programa ambicioso para la reconstrucción del tejido social al que llamamos “Todos Somos Juárez” (TSJ). Dicho programa tiene el objetivo de resolver las raíces sociales de la inseguridad. Tiene tres características principales: la participación comunitaria, un enfoque holístico e integral, y la coordinación y corresponsabilidad de los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal). Los líderes comunitarios participaron en el diseño, la implementación y la supervisión de este programa. Incluyeron en él, una amplia gama de áreas, entre ellas seguridad pública, desarrollo económico, empleo, educación, salud y desarrollo social. Para cada una de estas áreas, ha sido creado un consejo cívico.

Todos incluyeron representantes comunitarios y de los tres niveles de gobierno, para garantizar una coordinación y participación comunitaria permanente.

Tras un intenso proceso de discusión entre los tres niveles de gobierno y la sociedad civil, fueron diseñadas una serie de intervenciones políticas para abordar no sólo los efectos sino también las causas de la violencia y el crimen. En un principio, esto resultó en 160 acciones concretas, con una inversión federal sin precedentes de $ 263 millones en 2010. En 2011, los consejos acordaron 118 acciones adicionales, con una inversión federal de $ 138 millones. El 74 por ciento de este presupuesto fue destinado a la inversión social en salud, educación, cultura, deporte y recreación (ver Figura 1).

TSJ ha tenido algunos logros notables, entre los que destacan:

– Educación, cultura y deportes. Más de mil escuelas fueron incluidas en el programa “Escuelas Seguras”, el cual promueve un ambiente seguro a través de planes de prevención de la adicción y la violencia. 71 escuelas en las áreas urbanas de bajo nivel extendieron sus horarios de clase, lo que permite a los estudiantes mejorar su educación. Por ejemplo, la Tarahumara

– Educación Secundaria a Distancia- construido en un vecindario indígena marginado – se incluye tanto en las escuelas seguras como en los programas de horarios escolares extendidos. El número de becas también incrementó dramáticamente, y se realzó la infraestructura escolar, especialmente en zonas previamente desatendidas de la ciudad. Por ejemplo, 14.552 nuevas becas fueron entregadas a estudiantes de preparatoria y universidad, y la infraestructura básica de 205 escuelas fue mejorada. Además, se construyeron cinco nuevas escuelas preparatorias y una universidad; y cuatro nuevos edificios fueron completados en tres colegios para así aumentar la capacidad del sistema de educación pública en los barrios marginados. En el barrio de Anapra, una zona particularmente descuidada y que aún carecía de transporte público, se construyó un nuevo campus de la Universidad Politécnica de Ciudad Juárez. Este nuevo campus permite a 900 jóvenes obtener un título universitario sin tener que desplazarse de su propia comunidad.

– Salud. La cobertura universal de la salud se logró a través de un esfuerzo masivo de afiliación al Seguro Popular, el programa de seguro médico gratuito del gobierno federal. Cuatro grandes instalaciones de atención de salud fueron construidas y una remodelada; además de que se les dio un impulso importante a los programas para prevenir y tratar la adicción a las drogas. Y, con el fin de satisfacer la demanda de atención de la salud de los niños, hemos mejorado las instalaciones y optimizado el funcionamiento del Hospital de Niños de Ciudad Juárez.

– Desarrollo social. Diecinueve espacios públicos ubicados en zonas urbanas pobres, incluidas instalaciones deportivas, parques y centros comunitarios, fueron rescatados o mejorados. El impacto de esta inversión social puede ejemplificarse con el caso de Alan, un niño de 9 años que conocí la última vez que visité Ciudad Juárez. Alan solía pasar su tiempo en las calles del barrio Felipe Ángeles, donde estaba en riesgo de involucrarse con pandillas o convertirse en víctima de la violencia y las drogas. Construimos un centro comunitario en dicho barrio, y ahora Alan, junto con otros niños de esta zona anteriormente abandonada, disfrutan de su tiempo libre en un lugar seguro, donde tienen la oportunidad de practicar deportes y participar con otros niños en actividades recreativas.

– También abordamos el tema de la pobreza, al duplicar el número de familias beneficiadas por el programa Oportunidades – que proporciona subsidios a familias de bajos ingresos que inscriben a sus hijos en la escuela y los llevan a visitar médicas rutinarias. Oportunidades cubre ahora 21.808 de los hogares en la ciudad. Y la red de guarderías subsidiadas aumentaron significativamente de 60 a 105 centros, que ahora benefician a 3.700 niños.

– Desarrollo económico y empleo. Préstamos fueron concedidos a 1379 pequeñas y medianas empresas, lo que permitió la conservación de 18.073 puestos de trabajo. Además, 10.240 personas en búsqueda de empleo recibieron becas de formación y 25.872 personas participaron en talleres de habilidades básicas.

– Seguridad. Para aumentar la capacidad cumplimiento de la ley, alrededor de 5.000 agentes de la Policía Federal fueron desplegados en Ciudad Juárez: 4.500 con deberes de patrullar y 500 dedicados a la investigación, la inteligencia y las divisiones anti-narcóticos. Se prestó especial atención a fortalecer los esfuerzos contra el secuestro y la extorsión, que conforman las mayores preocupaciones de los ciudadanos de Ciudad Juárez.

El efecto combinado de estas acciones ha resultado en una reducción tangible de la delincuencia. En enero de 2010, la violencia fue generalizada, y 216 homicidios fueron reportados en la urbe ese mes. Desde octubre de 2010, la tasa de homicidios ha mostrado una disminución significativa. En enero de 2012, los asesinatos registrados bajaron a 84 por mes, una disminución del 71% desde el punto más alto (ver Figura 2). El secuestro y la extorsión también se han reducido drásticamente.

En febrero de 2012, visité el nuevo centro deportivo en Villas de Salvarcar, un vecindario que ha sido azotado por terribles incidentes de violencia pandillera. Allí tuve la oportunidad de presenciar cómo esta comunidad ha sido profundamente transformada: cómo ahora los niños están organizados, no en pandillas, sino en las ligas de fútbol y béisbol. Ahora tienen una biblioteca comunitaria, donde leí un cuento a unos cuantos niños pequeños. Lo más importante es que la gente de Villas de Salvarcar ha retomado con éxito sus espacios públicos. Este es quizás el ejemplo más claro de la profunda transformación que ha sufrido Ciudad Juárez .

En resumen, Todos Somos Juárez nos ha enseñado cuatro lecciones útiles:

1. La delincuencia y la violencia tienen muchas causas. Por lo tanto, un enfoque holístico de políticas públicas es necesario, uno que no sólo aborde los desafíos del orden público, sino también de los retos económicos, educativos, laborales y de salud, que tienen influencia en la situación de seguridad.

2. La participación comunitaria es clave para hacer eficaz a la política pública. Los miembros de una comunidad necesitan tener un papel destacado en cualquier programa de lucha contra la delincuencia para tener éxito. En el caso de Ciudad Juárez, la comunidad se organizó bien y estaba dispuesta a participar en la reconstrucción de su ciudad. Sin embargo, en zonas donde este recurso social no está presente, se podría empezar por el fortalecimiento de las organizaciones de base. Otro hecho importante que hay que tener en cuenta es que los jóvenes son particularmente vulnerables a la delincuencia y la violencia, y para identificar sus propios problemas y desarrollar soluciones innovadoras para enfrentarlos, deben ser tomados en cuenta como actores clave de la problemática.

3- La coordinación entre las autoridades es crucial. El régimen federal de México es un intrincado conjunto de normas e instituciones que dan responsabilidades específicas a las autoridades federal, estatales y municipales. La alineación de los esfuerzos de estas autoridades en un contexto democrático ha sido un reto para México. TSJ nos ha demostrado que la coordinación es imprescindible para que el país tenga éxito en su batalla contra la inseguridad.

4- Dirigiendo esfuerzos se obtienen mejores resultados. TSJ es un ejemplo de un programa bien focalizado, ya que tiene concentrados sus recursos en aquellas áreas de la ciudad que demandan atención prioritaria. Estas áreas han sido descuidadas durante años, convirtiéndose así en vulnerables a la delincuencia y la violencia.

A pesar de los desafíos, Ciudad Juárez es un lugar de progreso. Es una de las 10 ciudades principales en México, en términos de inversión extranjera directa, y entre las 15 principales en términos de competitividad. Es el hogar de una de las bases industriales más tecnológicamente avanzadas en el país, especializadas en áreas clave como son la electrónica, la informática y automotriz. Era fundamental actuar con decisión y ayudar a la gente de Juárez a resolver la situación de la inseguridad. Hemos logrado resultados positivos, no limitándonos a sólo escuchar a los juarenses, sino invitándolos a resolver el problema con nosotros. Todavía queda mucho que hacer, pero hoy podemos afirmar con confianza, que Juárez está recuperándose poco a poco.

Otras ciudades de la región también han sido sometidos a tratamientos similares a los que en Ciudad Juárez. Es importante compartir experiencias con el fin de averiguar lo que ha funcionado y lo que no. La delincuencia no es un problema local o nacional. La delincuencia y la violencia son amenazas transnacionales que requieren de una respuesta internacional coordinada. Cada nación tiene que asumir su responsabilidad. México está haciendo su parte, pero se requieren esfuerzos similares en otras partes del continente. En particular, es esencial que las naciones con una alta demanda de drogas hagan un esfuerzo por reducir su demanda, ya que esto es lo que da a las organizaciones criminales su poder financiero. Si esto no es posible, las soluciones alternativas, incluyendo soluciones de mercado, debe ser discutido con el fin de debilitar su poder económico. También es importante frenar el lavado de dinero y detener la venta de armas de asalto a organizaciones criminales. Sólo haciendo frente a estos problemas seremos capaces de construir un hemisferio más seguro. Mientras, México continuará luchando para garantizar la seguridad pública y el estado de derecho mediante la implementación de políticas integrales como es el caso de “Todos Somos Juárez”.

Aquí el artículo original.

*Nota publicada el 18 de febrero de 2013.

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Día de Muertos: de dónde viene la relación especial de México con la muerte

Mientras en muchos lugares el Día de Muertos está marcado por lágrimas y tristeza, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos.
1 de noviembre, 2020
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“El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte acaba por negar a la vida”.

Pocas frases como esta de Octavio Paz definen mejor la postura que los mexicanos mantienen ante la muerte y de la que presumen con tremendo orgullo cada año en el Día de Muertos.

Mientras en buena parte del planeta esta fecha está marcada por la tristeza y las lágrimas, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos que se cree que regresan a nuestro mundo por un día.

Y lejos de perder fuerza con el paso de los años, esta particular manera de celebrar el Día de Muertos va pasando de generación en generación. Como en el caso de Gabriela Luna, una joven de Ciudad de México que asumió esta tradición tras la pérdida de su abuela materna.

“Ella ponía un altar gigante, así que cuando se va, yo asumo la tradición que ella me enseñó y le dedico la ofrenda cada año. Para mí es una forma de no perder una costumbre en la que siento que los que no están, me acompañan”, le dice a BBC Mundo.

Gabriela Luna

GABRIELA LUNA
Gabriela comenzó a colocar cada año su altar de muertos tras el fallecimiento de su abuela materna.

“Sin duda genera una identidad para nosotros los mexicanos, porque muy en el núcleo de esta práctica se encuentra nuestro código principal: la familia”, asegura esta artista del modelado de lana.

La pandemia de covid-19 limita esta vez las tradicionales visitas a cementerios y panteones de México por parte de familiares que, cada año, comparten con quienes ya no están su comida y música favoritas.

También impedirá los clásicos desfiles donde la catrina, la icónica calavera sonriente popularizada por Diego Rivera, era su mayor símbolo.

Se trata de un Día de Muertos lleno de misticismo que provoca curiosidad y fascinación a partes iguales en el resto del mundo… aunque también confunde a quienes les cuesta comprender esta posición de los mexicanos ante la muerte.

Día de celebración, no de tristeza

Para entender el origen de esta relación hay que retroceder hasta la Mesoamérica de hace miles de años. Algunos de los pueblos originarios organizaban fiestas para guiar a los muertos en su recorrido al Mictlán, el inframundo de la mitología mexica.

Cementerio en Mexico

Getty Images
Las luces, colores, música y comida favorita de los fallecidos inundan cada año los cementerios de México.

Otros disponían altares con ofrendas para recordar a los muertos y se colocaban cráneos como símbolos de la muerte y el renacimiento.

Según una antigua leyenda, Quetzalcóatl -el dios en forma de serpiente emplumada- bajó al inframundo y depositó su semen sobre unos huesos molidos para dar vida al ser humano, por lo que para aquellos pueblos los restos de huesos simbolizaban de cierto modo la semilla de la vida.

Porque, sin lugar a dudas, si había un mensaje central en estas celebraciones del culto a los muertos era la creencia de que sus almas acaban por regresar al mundo de los vivos.

Así que, ¿por qué asociar el Día de Muertos con la tristeza si, según la cosmovisión indígena, es precisamente el día en que quienes se fueron de nuestro lado nos vienen a visitar?

Pan de muerto

Getty Images
Los mexicanos esperan ansiosos seta época del año par disfrutar del tradicional pan de muerto, que simula tener unos huesos en la parte superior.

Para ellos, la muerte no era otra cosa que un símbolo de la vida que se representa en el altar ofrecido a los difuntos.

Miles de años después, millones de hogares mexicanos siguen colocando con sumo cariño y detalle sus altares en los que se combinan multitud de símbolos, comida, papel picado y fotos de personas fallecidas.

Es precisamente este recuerdo de quienes ya no están lo que permite -junto a la ayuda de las velas y de la olorosa flor de cempasúchil- que las almas de los difuntos encuentren el camino de regreso a casa para convivir con la familia y disfrutar de los alimentos dispuestos en los altares en su honor.

“Es una gran fiesta quizá equiparable a la Navidad de Europa. Es fiesta porque está ese recuerdo de los muertos que regresan. Incluso hay leyendas sobre familias que no ponen ofrenda, y los muertos vienen a recordarles que lo hagan”, dice Andrés Medina, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

La influencia española

Pero la llegada de los españoles a México influyó radicalmente en la celebración de su Día de Muertos.

Por ejemplo, fueron ellos los que hicieron coincidir la fiesta de los muertos de los indígenas -que duraban dos meses- con las celebraciones católicas del Día de Todos los Santos y los Fieles Difuntos (1 y 2 de noviembre).

Desfile por el Día de Muertos en Ciudad de México.

AFP
Aunque el Día de Muertos en México se concentra actualmente en el 1 y 2 de noviembre, las celebraciones tradicionales se prolongaban por dos meses.

En la actualidad, el Día de Muertos mexicano es el resultado de una mezcla de estas dos culturas, de tradiciones precolombinas y católicas.

Aunque a juzgar por lo diferente que son hoy en día las celebraciones en México y España, pareciera que la primera cultura pesó mucho más que la segunda.

Para el escritor y antropólogo Claudio Lomnitz, una de las razones es que el “proceso de modernización” de los rituales sobre la muerte que sucede en Europa y parte de América desde el siglo XVIII no tuvo el mismo efecto en México, que ya se acercaba al final de su etapa colonial.

“España ya entraba en guerra en Europa y la Corona tenía problemas financieros como para preocuparse de esto”, le dice a BBC Mundo el autor de “Ideas de la muerte en México”.

“Además, en México la presencia de la Iglesia -sobre todo en el siglo XIX, pero también antes- era menos fuerte que en España, por lo que el culto popular pudo florecer mucho más al estar menos dominado por el clero”, agrega.

Un hombre con una gran montaña de flores de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil no puede faltar en los altares de muertos en México.

Esta postura ante la celebración continuó aún después de la independencia de México.

“Incluso los liberales como Benito Juárez, que eran muy anticlericales y contrarios a estos rituales que consideraban supersticiosos, acabaron por aceptar esta celebración diciendo que era una fiesta popular nacional y evitando su asociación tan cercana con la Iglesia”, dice el experto.

Lo inédito de la celebración mexicana

Algunas de estas tradiciones del culto a los muertos no son, sin embargo, exclusivos de México: algunas también se pueden encontrar cada Día de Muertos en lugares de Bolivia, Perú, Colombia o parte de Centroamérica, entre otros.

Lo que sí hace único el caso de México es cómo “nacionalizó” con orgullo estas costumbres como símbolo del país.

Mural de Diego Rivera

Getty Images
Aunque la Catrina fue mundialmente popularizada por Diego Rivera, el origen de este personaje es la Calavera Garbancera, una figura creada por el caricaturista José Guadalupe Posada.

“En otros países son costumbres folclóricas o pueden verse como algo pasado de moda. Durante años, se inhibió la celebración de muertos por considerarla no moderna o contraria a los valores liberales”, dice Lomnitz.

“En cambio, en México la fiesta creció enormemente. Solo aquí hubo una elaboración cultural de esto como algo que reflejara el espíritu colectivo nacional, es único en esto”.

Y ese nacionalismo fue más exaltado a partir de un episodio clave en la historia del país: la Revolución Mexicana.

“Aparte de la tradición de los pueblos, llegó la promoción de un gobierno con afán de reproducir un discurso nacionalista muy fuerte”, opina Medina, quien celebra que se siga conmemorando este día aunque lamenta que parte de la población no conozca realmente su significado.

“En el Día de los Niños Muertos (1 de noviembre) hay lugares donde grupos de niños van de casa en casa pidiendo su calaverita como ofrenda, un dulce. Ellos representan a esos niños muertos que regresan para esos días, aunque quizá ni lo sepan y para la gente haya perdido esa idea”, le dice a BBC Mundo.

¿Qué refleja esto de los mexicanos?

Para Lomnitz, esta visión ante la muerte refleja la estrecha relación de los mexicanos con sus difuntos. “No con la muerte en general, sino con sus fallecidos”, subraya.

Y por otro lado, cree que pone de manifiesto una sensibilidad y sentido del humor macabro muy especial que el país muestra, por ejemplo, a la hora de utilizar la muerte para hacer críticas político sociales a través de los textos conocidos como “calaveritas literarias”.

El propio André Bretón, el teórico francés considerado padre del surrealismo, calificaba a México como la patria del humor negro por sus numerosas costumbres que concilian la vida y la muerte.

Sin embargo, los expertos niegan que esta celebración suponga que México se burla de la muerte o que no recibe con pena y dolor cuando llega este momento de la vida.

“La celebración de muertos no significa que los mexicanos no tengan miedo a la muerte. Más bien es la alegría porque los muertos regresan. Pero creo que ha habido una malinterpretación, una lectura superficial de nuestra fiesta”, explica Medina.

Imagen de la película "Coco" de Disney Pixar (Foto: Disney Pixar)

BBC
La película “Coco”, de Disney Pixar, popularizó la tradición mexicana del Día de Muertos en medio mundo. (Foto: Disney Pixar)

Esa idea en parte se tiene también en los muchos países en los que el Día de Muertos mexicano se ha hecho muy popular en los últimos años.

Georgina Larruz, mexicana de 30 años que estudia en Rusia , le tuvo que explicar a sus alumnas de español que esa celebración que conocieron en buena parte (como millones de personas en el mundo) gracias a la película animada “Coco” es mucho más que diversión, canciones y alcohol.

“Es una fiesta que nos une como comunidad, y. el hecho de yo poner aquí mi ofrenda, a miles de kilómetros de casa, te hace sentir esa conexión con tu familia, con tus muertos y, en definitiva, con lo que eres”, le dice a BBC Mundo desde Moscú.

Atar de Georgina Larruz

GEORGINA LARRUZ
A Georgina le tocó recurrir a productos rusos para elaborar su pequeño altar de muertos en su residencia estudiantil en Moscú.

Desde Ciudad de México, Gabriela Luna coincide en lo satisfactorio que es pensar que hay un puente gracias al cual, los familiares fallecidos regresan este día “honrándonos y acompañándonos”.

“Ya solo en virtud de eso, me parece que nosotros deberíamos seguir preservando esos colores, que además nos hacen a los mexicanos tan característicos y tan únicos en el mundo”, afirma orgullosa.

Tras la celebración de este atípico Día de Muertos, tendrá que pasar otro año hasta que los recuerdos en la memoria de los vivos en México vuelvan a lograr el regreso, al menos por unas horas, de las almas de sus difuntos.


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