¿En qué condiciones viven los presos en Islas Marías?

La investigadora Catalina Pérez Correa viajó a Islas Marías para comprobar cuál es la situación que viven los presos en esta cárcel del archipiélago, donde el pasado día 2 se registró un motín.

¿En qué condiciones viven los presos en Islas Marías?
El pasado sábado 2 de febrero se registró un motín en el penal de Islas Marías. //Foto: Cuartoscuro
El pasado sábado 2 de febrero se registró un motín en el penal de Islas Marías. //Foto: Cuartoscuro
El pasado sábado 2 de febrero se registró un motín en el penal de Islas Marías. //Foto: Cuartoscuro

El pasado sábado día 2 de febrero más de 600 presos en Islas Marías se amotinaron, en demanda de mejoras en las condiciones de vida. Se reportó que los reos demandaban mejor alimentación, mejor atención médica y un cese a los severos castigos impuestos por custodios.

Previamente al estallido del motín, la investigadora Catalina Pérez Correa viajó a Islas Marías durante el levantamiento de la Primera Encuesta realizada a población interna en Centros Federales de Readaptación Social del CIDE, para comprobar cuál es la situación que viven los presos en esta cárcel del archipiélago, ubicada a poco más de 100 kilómetros de la costa.

Aquí el texto completo de Catalina Pérez Correa:

El pasado sábado más de 600 presos en Islas Marías se amotinaron, en demanda de mejoras en las condiciones de vida. Se reportó que los presos demandaban mejor alimentación, mejor atención médica y un cese a los severos castigos impuestos por custodios. Hace pocos meses, durante el levantamiento de la Primera Encuesta realizada a población interna en Centros Federales de Readaptación Social del CIDE, tuve oportunidad de visitar Islas Marías.

Durante una semana recorrimos y encuestamos a más de 600 internos en los cinco centros de la Isla. A lo largo de las entrevistas, escuchamos muchas de las quejas que hoy se han transformado en exigencias. Ofrezco aquí una pequeña viñeta del contexto en que se suscitó este motín, uno más en un rosario de motines que se han dado en las prisiones del país en años recientes.

Las Islas Marías no son el paraíso penitenciario en que muchos piensan. Ciertamente, alguna vez, la Isla fue una colonia penitenciaria en la que los presos vivían en casas junto con sus familias y trabajaban el costo de mantener la Isla fue haciendo inviable el proyecto y poco a poco los presos liberados y sus familiares volvieron a tierra firme y las autoridades dejaron de mandar nuevos internos a la Isla. Las casas se derrumbaron, las tuberías se oxidaron y la Isla quedó prácticamente deshabitada.

A principios del gobierno de Felipe Calderón había aproximadamente 900 presos en la Isla. Durante el sexenio, sin embargo, se dio nueva vida a este proyecto del Porfiriato con la construcción de nuevos centros y el traslado masivo de presos. Los más de 8 mil internos de la Isla hoy usan uniformes, viven en dormitorios de hasta 200 internos (aunque el promedio de personas por dormitorio es de 20) y se ajustan a estrictos horarios y rutinas.

Los centros que hoy operan en la isla varían bastante y sin duda, Laguna del Toro -donde, según se reporta, inició la protesta- es el que más carencias tiene en términos de servicios e infraestructura. Pero las carencias en la Isla son transversales e incluyen la falta de trabajo y de actividades, las enormes dificultades que enfrentan para recibir visitas de familiares, la mala comida, la escasez de agua potable y bebible, la imposición de castigos excesivos y no reglamentados y la falta de medicamentos.

En la encuesta del CIDE, poco más de la mitad, el 55% de los internos, consideraron que disponen de agua suficiente para su aseo personal; el resto que la cantidad que les proporcionan es insuficiente. Sólo 13% de los internos en Islas dijeron que no se les proporcionaba agua para beber. Sin embargo, muchos de los internos que entrevistamos reportaron que el agua para beber no está debidamente tratada y que a veces tiene color café, contiene sal y les causa enfermedades gastrointestinales. Según nos reportaron algunos internos, el agua para el aseo es racionada a 20 litros de agua (dos cubetas) por interno al día. Esta ración de agua debe alcanzar para que cada interno lave su ropa, se bañe, le jale a los sanitarios y se lave las manos.

En el Centro Morelos, donde están internados más de 2,700 hombres, las cocinas –administradas por una empresa privada- deben preparar tres comidas diarias para casa interno. Aunque la mayoría de los internos consideró que la cantidad de la comida era suficiente, la calidad de los alimentos fue mal evaluada: el 49.4% dijo que era mala o muy mala; el 40.6% la calificó de regular y apenas el 10% la consideró buena o muy buena. No sorprende, pues resulta difícil pensar que en la preparación de 2700 comidas se puede poner atención a la calidad.

El tema de las visitas fue uno de los temas más recurrentes durante el levantamiento de la encuesta. Para poder visitar a un interno, los familiares deben primero ser aprobados por el consejo. El proceso lleva un plazo mínimo de 6 meses en el que los familiares deben entregar una serie de documentos. Una vez aprobada la visita, se realiza un sorteo para decidir qué internos pueden recibir visita y cuándo. Los lugares en el barco son contados, como también lo son los espacios para recibir a familiares en la Isla.

Los familiares deben viajar hasta el puerto de Mazatlán para abordar el barco de la Marina que llega a la Isla una vez a la semana. Una vez en la Isla, cada familiar es sometido a una inspección rigurosa que implica la revisión de su equipaje y de su cuerpo. Cada prenda es inspeccionada y la persona debe desvestirse para mostrar que no trae artículos de contrabando. Las visitas deben permanecer una semana en la Isla y volver con el barco al concluir la semana.

Los costos del viaje son impagables para muchos. Algunas familias arruinadas por el proceso penal y por la pérdida de un ingreso por parte del ahora interno, no pueden costear el viaje o ausentarse de sus casas por tanto tiempo. Otros, no logran cumplir con los complicados tramites que exige la institución. A veces, simplemente no consiguen los documentos necesarios. Algunos internos, además, optan por no someter a sus familiares al viaje y lo que implica la visita. Esto explica las escasas visitas que reciben los internos de la Isla: casi el 90% de los internos de la Isla reportó no haber recibido visitas nunca.

Si el propósito principal de la pena es, como lo establece nuestra Constitución, la reinserción social, resulta cuestionable un sistema penitenciario que obliga a los internos a cercenar los lazos familiares. Un sistema que aísla a las personas de sus seres queridos, y sus relaciones sociales y que además los maltrata y denigra difícilmente es un sistema orientado a lograr este propósito.

La Suprema Corte ha declarado que purgar penas cerca de sus comunidades en un derecho de los reos, y tiene sentido que así sea, si lo que buscamos es reintegrar con éxito a los internos. La decisión de construir las prisiones en una isla en medio del Pacífico, sin embargo, no parece obedecer ni a la Constitución, ni a la Corte ni al sentido común.

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