¿En qué condiciones viven los presos en Islas Marías?
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¿En qué condiciones viven los presos en Islas Marías?

La investigadora Catalina Pérez Correa viajó a Islas Marías para comprobar cuál es la situación que viven los presos en esta cárcel del archipiélago, donde el pasado día 2 se registró un motín.
Por Redacción Animal Político
8 de febrero, 2013
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El pasado sábado 2 de febrero se registró un motín en el penal de Islas Marías. //Foto: Cuartoscuro

El pasado sábado 2 de febrero se registró un motín en el penal de Islas Marías. //Foto: Cuartoscuro

El pasado sábado día 2 de febrero más de 600 presos en Islas Marías se amotinaron, en demanda de mejoras en las condiciones de vida. Se reportó que los reos demandaban mejor alimentación, mejor atención médica y un cese a los severos castigos impuestos por custodios.

Previamente al estallido del motín, la investigadora Catalina Pérez Correa viajó a Islas Marías durante el levantamiento de la Primera Encuesta realizada a población interna en Centros Federales de Readaptación Social del CIDE, para comprobar cuál es la situación que viven los presos en esta cárcel del archipiélago, ubicada a poco más de 100 kilómetros de la costa.

Aquí el texto completo de Catalina Pérez Correa:

El pasado sábado más de 600 presos en Islas Marías se amotinaron, en demanda de mejoras en las condiciones de vida. Se reportó que los presos demandaban mejor alimentación, mejor atención médica y un cese a los severos castigos impuestos por custodios. Hace pocos meses, durante el levantamiento de la Primera Encuesta realizada a población interna en Centros Federales de Readaptación Social del CIDE, tuve oportunidad de visitar Islas Marías.

Durante una semana recorrimos y encuestamos a más de 600 internos en los cinco centros de la Isla. A lo largo de las entrevistas, escuchamos muchas de las quejas que hoy se han transformado en exigencias. Ofrezco aquí una pequeña viñeta del contexto en que se suscitó este motín, uno más en un rosario de motines que se han dado en las prisiones del país en años recientes.

Las Islas Marías no son el paraíso penitenciario en que muchos piensan. Ciertamente, alguna vez, la Isla fue una colonia penitenciaria en la que los presos vivían en casas junto con sus familias y trabajaban el costo de mantener la Isla fue haciendo inviable el proyecto y poco a poco los presos liberados y sus familiares volvieron a tierra firme y las autoridades dejaron de mandar nuevos internos a la Isla. Las casas se derrumbaron, las tuberías se oxidaron y la Isla quedó prácticamente deshabitada.

A principios del gobierno de Felipe Calderón había aproximadamente 900 presos en la Isla. Durante el sexenio, sin embargo, se dio nueva vida a este proyecto del Porfiriato con la construcción de nuevos centros y el traslado masivo de presos. Los más de 8 mil internos de la Isla hoy usan uniformes, viven en dormitorios de hasta 200 internos (aunque el promedio de personas por dormitorio es de 20) y se ajustan a estrictos horarios y rutinas.

Los centros que hoy operan en la isla varían bastante y sin duda, Laguna del Toro -donde, según se reporta, inició la protesta- es el que más carencias tiene en términos de servicios e infraestructura. Pero las carencias en la Isla son transversales e incluyen la falta de trabajo y de actividades, las enormes dificultades que enfrentan para recibir visitas de familiares, la mala comida, la escasez de agua potable y bebible, la imposición de castigos excesivos y no reglamentados y la falta de medicamentos.

En la encuesta del CIDE, poco más de la mitad, el 55% de los internos, consideraron que disponen de agua suficiente para su aseo personal; el resto que la cantidad que les proporcionan es insuficiente. Sólo 13% de los internos en Islas dijeron que no se les proporcionaba agua para beber. Sin embargo, muchos de los internos que entrevistamos reportaron que el agua para beber no está debidamente tratada y que a veces tiene color café, contiene sal y les causa enfermedades gastrointestinales. Según nos reportaron algunos internos, el agua para el aseo es racionada a 20 litros de agua (dos cubetas) por interno al día. Esta ración de agua debe alcanzar para que cada interno lave su ropa, se bañe, le jale a los sanitarios y se lave las manos.

En el Centro Morelos, donde están internados más de 2,700 hombres, las cocinas –administradas por una empresa privada- deben preparar tres comidas diarias para casa interno. Aunque la mayoría de los internos consideró que la cantidad de la comida era suficiente, la calidad de los alimentos fue mal evaluada: el 49.4% dijo que era mala o muy mala; el 40.6% la calificó de regular y apenas el 10% la consideró buena o muy buena. No sorprende, pues resulta difícil pensar que en la preparación de 2700 comidas se puede poner atención a la calidad.

El tema de las visitas fue uno de los temas más recurrentes durante el levantamiento de la encuesta. Para poder visitar a un interno, los familiares deben primero ser aprobados por el consejo. El proceso lleva un plazo mínimo de 6 meses en el que los familiares deben entregar una serie de documentos. Una vez aprobada la visita, se realiza un sorteo para decidir qué internos pueden recibir visita y cuándo. Los lugares en el barco son contados, como también lo son los espacios para recibir a familiares en la Isla.

Los familiares deben viajar hasta el puerto de Mazatlán para abordar el barco de la Marina que llega a la Isla una vez a la semana. Una vez en la Isla, cada familiar es sometido a una inspección rigurosa que implica la revisión de su equipaje y de su cuerpo. Cada prenda es inspeccionada y la persona debe desvestirse para mostrar que no trae artículos de contrabando. Las visitas deben permanecer una semana en la Isla y volver con el barco al concluir la semana.

Los costos del viaje son impagables para muchos. Algunas familias arruinadas por el proceso penal y por la pérdida de un ingreso por parte del ahora interno, no pueden costear el viaje o ausentarse de sus casas por tanto tiempo. Otros, no logran cumplir con los complicados tramites que exige la institución. A veces, simplemente no consiguen los documentos necesarios. Algunos internos, además, optan por no someter a sus familiares al viaje y lo que implica la visita. Esto explica las escasas visitas que reciben los internos de la Isla: casi el 90% de los internos de la Isla reportó no haber recibido visitas nunca.

Si el propósito principal de la pena es, como lo establece nuestra Constitución, la reinserción social, resulta cuestionable un sistema penitenciario que obliga a los internos a cercenar los lazos familiares. Un sistema que aísla a las personas de sus seres queridos, y sus relaciones sociales y que además los maltrata y denigra difícilmente es un sistema orientado a lograr este propósito.

La Suprema Corte ha declarado que purgar penas cerca de sus comunidades en un derecho de los reos, y tiene sentido que así sea, si lo que buscamos es reintegrar con éxito a los internos. La decisión de construir las prisiones en una isla en medio del Pacífico, sin embargo, no parece obedecer ni a la Constitución, ni a la Corte ni al sentido común.

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Tanya Dalton

Cómo reducir el estrés en la pandemia de COVID en 3 simples pasos

La demanda de atenciones relacionadas con la salud mental han aumentado durante los meses en que la COVID-19 se ha propagado por el mundo. ¿Cómo enfrentar los altos niveles de estrés y ansiedad que provoca la pandemia? Esta es una de las herramientas que puede ayudarte.
Tanya Dalton
19 de noviembre, 2020
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La pandemia de COVID-19 ha dejado ya más de 40 millones de personas infectadas en el mundo y más de un millón de víctimas fatales.

Quienes no han sido afectados de manera directa por el virus, probablemente han tenido que hacer cambios en su vida para adaptarse a las presiones familiares, económicas o laborales que la pandemia ha impuesto en un contexto de incertidumbre.

Según un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 130 países, la demanda de consultas relacionadas con problemas de salud mental se ha incrementado, mientras que los sistemas de salud no dan abasto para responder a esos requerimientos.

Los especialistas hablan de una “crisis de salud mental sin precedentes”, donde una de las causas son los altos niveles de estrés.

Tanya Dalton, consultora especializada en productividad laboral, fundadora de la firma estadounidense Inkwell Press y autora de The Joy of Missing Out (“La alegría de perderse las cosas”), se ha especializado en el trabajo con mujeres.

En estos meses le ha tocado ver cómo muchas de ellas han aumentado su autoexigencia para responder a las demandas del trabajo y de su vida familiar, particularmente aquellas que suelen ser perfeccionistas y que, por ese motivo,no se permiten fallar.

“Tenemos que ser agresivamente imperfectos”, dice Dalton en diálogo con BBC Mundo, refiriéndose a la urgente necesidad de aceptar la imperfección como parte de nuestras vidas de una manera frontal.

No basta, explica, con bajar las revoluciones y reducir el número de tareas. Lo que se requiere es un profundo cambio de mentalidad que permita aceptar la imperfección en nuestras vidas como algo natural.

Una ilustración con personas usando mascarillas

Getty
“Está bien sentirse vulnerables”, argumenta Dalton.

Y ahora, en tiempos de pandemia, es el mejor momento para hacerlo. “Está bien sentirse vulnerable porque todos nos estamos sintiendo de esa manera”.

“En todos mis años de experiencia, he visto cómo ese cambio de mentalidad las ayuda enormemente en el trabajo y en sus vidas”, señala.

Estos son tres simples pasos para ser agresivamente imperfectos y bajar los niveles de estrés, según la consultora.

1. Priorizar lo que es importante y urgente

Se trata de identificar las tareas que nos llevan hacia objetivos a largo plazo y que tienen una fecha límite apremiante.

Para eso, hay que ponerlas en la parte superior de una listay darles máxima prioridad.

El problema es que cuando las personas están corriendo contra el reloj, no queda espacio para innovar o para encontrar soluciones creativas. Ahí es donde entra el segundo nivel.

2. Desarrollar lo que es importante, pero no urgente

En el segundo nivel están las actividades que nos acercan a nuestros objetivos finales porque se centran en la planificación futura y la superación personal, pero no tienen una fecha límite inminente.

Y precisamente porque no tienen un plazo a cumplir de manera urgente, es muy fácil que desaparezcan completamente del radar.

Es importante dejarles un espacio, dice Dalton, porque se trata de las actividades y proyectos que eventualmente aumentarán las posibilidades de un mejor desempeño laboral y personal.

3. Adaptarse (dejando de lado las cosas sin importancia)

En el tercer nivel entran las cosas sin mayor importancia, que no ayudan a alcanzar las metas a largo plazo pero que hacen muchísimo ruido.

Por ejemplo, cualquier tarea cotidiana del hogar como lavar los platos. O cumplir con un compromiso extralaboral simplemente porque nos sentimos obligados a hacerlo.

Una ilustración que muestra a una mujer sentada en posición de yoga frente a un reloj

BBC
Dalton plantea que es necesario priorizar las tareas partiendo por las cosas que son importantes y urgentes al mismo tiempo.

Por eso, hay ocasiones en que hay que decir que no. “No pasa nada si la cocina es un desastre”, apunta Dalton. Si se tiene que hacer más tarde o incluso mañana… tendrá que quedar para después.

Lo bueno de hacer una lista de cuestiones importantes, agrega, es que dejamos de desperdiciar energía pensando en qué viene a continuación y, en cambio, trabajamos por prioridades.

“Centrarse en nuestras prioridades es lo que separa a los ocupados de los verdaderamente productivos”, apunta.

“Pasé años sintiendo que todos los días se quedaban cortos. Finalmente me desperté y me di cuenta de que no existe lo perfecto”.

“Es hora de liberarse”, concluye.


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