¿Qué pasa hoy en los países de la Primavera Árabe?
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¿Qué pasa hoy en los países de la Primavera Árabe?

Sidi Bouzid, la ciudad tunecina, en medio de protestas luego de que el miércoles, un importante político de la oposición, Chokri Belaid, fue asesinado en la capital del país norafricano.
8 de febrero, 2013
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Sidi Bouzid, la ciudad en Túnez donde hace poco más de dos años el joven Mohammad Bouazizi se prendió fuego en plena plaza pública y desató una revolución popular de indignación que se expandió por una gran parte del mundo árabe, está este viernes tomada por protestas.

El miércoles, un importante político de la oposición tunecina, Chokri Belaid, fue asesinado en la capital del país norafricano, lo que desató una nueva ola de indignación, huelgas y conflictos políticos en el país que vio nacer la ráfaga de revoluciones que derrocó a varios presidentes perpetuados en el poder por décadas en la región.

Su funeral, este viernes, se convirtió en un evento multitudinario, no exento de episodios violentos.

Como en Túnez, en otros países árabes la vida posrevolucionaria ha estado dominada por la tensión política y social. Muchos de quienes se ilusionaron con la llegada de la democracia se han visto decepcionados. Aunque para algunos la esperanza sigue viva.

¿Qué está pasando en los países donde se dio la Primavera Árabe?

Túnez

TUNEZEn enero de 2011, un mes después de que empezó la revolución tunecina, el presidente Ben Ali, en el poder por 24 años, salió exiliado y fue remplazado por un gobierno interino.

Las elecciones de octubre dejaron al partido islamista de Ennahda en el poder, aunque no con mayoría amplia, y desde entonces la tensión en Túnez no ha desaparecido.

Dentro del partido no hay unidad, lo que esta semana quedó demostrado con los roces entre el presidente y el vicepresidente.

Aunque la división social en Túnez se podría entender como un conflicto entre islamistas y seculares, la situación es mucho más compleja que eso.

Dentro del islamismo hay facciones más radicales que otras. El atentado del miércoles, por ejemplo, fue condenado por el gobierno islamista. Pero la oposición, que en apariencia es secular, acusó al partido de incitar los asesinatos políticos.

Varias medidas -como promover las leyes en contra de la igualdad de género- han hecho pensar que el gobierno no es del corte islámico moderado que se pensaba, sino que la ley islámica se está imponiendo constitucionalmente.

Grupos de militantes salafistas, una rama del islamismo suní ortodoxo que exige la imposición de la sharia, han tomado fuerza en varias regiones del país. Se les ha acusado de llevar a cabo ataques a, por ejemplo, hoteles y centros turísticos donde todavía se vende alcohol.

Egipto

EGIPTOLas primeras elecciones después de que Hosni Mubarak, en el poder por 30 años, fue derrocado, dejaron al partido islamista de los Hermanos Musulmanes en el poder y Mohamed Morsi en la presidencia.

Aunque ha habido hostilidad durante los dos años posrevolucionarios, el momento de mayor tensión se produjo a finales de 2012, cuando el presidente impulsó un decreto que le ampliaba los poderes y despojaba a la rama judicial de impugnar sus decisiones.

Aunque Morsi anuló el precepto, esto no evitó que las protestas volvieran a la Plaza Tahrir.

El mes siguiente la Asamblea, dominada por islamistas, aprobó el borrador de una Constitución que restringe la libertad de expresión y fortalece el rol del Islam.

El referendo constitucional se aprobó en medio de violentas protestas de grupos seculares, muchos de ellos eximpulsores de la revolución a favor de la democracia, y denuncias de fraude.

Un año después de que enfrentamientos entre fanáticos de dos equipos de fútbol en la ciudad de Port Said dejaran 79 muertos, nuevas protestas en la ciudad de mayoría secular por la sentencia a los presuntos culpables de la tragedia -que según alegaban fue dictada por el gobierno islamista- dejaron más de 50 personas muertas el pasado mes de enero.

Libia

libiaEl presidente Muamar Gadafi, en el poder por 43 años, fue derrocado ocho meses después de que empezó la revuelta que pedía democracia. Durante ese periodo, una zona de exclusión aérea fue impuesta por la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTÁN) para impedir los ataques del ejército a los rebeldes.

El gobierno interino y el Consejo Nacional de Transición que están en el poder desde entonces se han enfrentado a la amenaza de diferentes grupos que apoyaban a Gadafi.

En septiembre de 2012, el embajador de Estados Unidos fue asesinado en Bengasi, la segunda ciudad del país. Estados Unidos cree que los autores del atentado, aparentemente militantes islamistas, usaron una película publicada en internet que se burlaba del profeta Mahoma como excusa para realizar el ataque.

El atentado hizo que el gobierno libio y EE.UU. aumentaran su persecución de militantes en la región.

Muchos, como el exsecretario de la ONU Kofi Annan, han dicho que la expansión de grupos islamistas en el norte de Mali, que en enero de 2013 llevó a la intervención de Francia en el país centroafricano, es un “daño colateral” del conflicto libio, pues muchos soldados malienses que trabajaban para Gadafi volvieron a su país cargados de un gran poderío militar.

Siria

basharEl levantamiento popular contra el presidente Bashar al Asad, heredero de un partido que gobierna Siria desde 1947, ha dejado más de 60.000 muertos y 2,5 millones de refugiados en países vecinos en 23 meses de enfrentamientos.

Los adversarios del gobierno sirio han tenido dificultades para organizarse, aunque en noviembre pasado en Qatar firmaron un acuerdo de cooperación y se oficializó la creación del Consejo Nacional Sirio, que supuestamente reúne a la mayoría de opositores. Su brazo armado es el Ejército Libre de Siria.

Sin embargo, hay varios grupos que no se consideran parte de dicha coalición pero se oponen a Asad. Un ejemplo es Nusra, un poderoso grupo yijadista con sede en la ciudad Alepo.

Varias iniciativas de paz de la ONU se han visto frustradas. Las potencias occidentales le han exigido al presidente Asad que renuncie y han pedido la intervención de Consejo de Seguridad de la ONU. Sin embargo, Rusia y China, cercanos a Asad, han vetado todo intento de producir una resolución.

El jefe del Consejo Nacional Sirio dio un ultimátum al gobierno esta semana: si no negocian ya, no negocian nunca.

Países del Golfo

El gasto público de los países petroleros del Golfo Pérsico ha logrado mantener a la población de esos países relativamente calmada.

El gasto público de los países petroleros del Golfo Pérsico ha logrado mantener a la población de esos países relativamente calmada.

Varios países árabes del Golfo Pérsico han sido escenario de enfrentamientos originados por protestas en contra de gobiernos que consideran no del todo democráticos.

Aunque Bahréin ha sido testigo de cambios en libertad de expresión y derechos humanos recientemente, en 2011 las manifestaciones inspiradas por la Primavera Árabe y perpetradas por grupos chiitas que aseguran ser discriminados dejaron decenas de muertos.

Los países del Golfo tienen grandes reservas de petróleo y se suelen considerar un bloque homogéneo, aunque no lo son.

Ni en Qatar ni en Arabia Saudita ha habido un movimiento masivo en la calle, en parte porque sus regímenes, que sin embargo no se eligen a través de elecciones generales, han logrado mantener la calma entre la población.

Kuwait, otro países petrolero, ha reprimido manifestaciones de una u otra forma. Varios miembros de la oposición han sido arrestados.

En Yemen hubo un levantamiento en 2011 y el presidente Saleh firmó un acuerdo para dejar a un lado su puesto después de tres décadas en el poder. El país, donde el grupo islamista al Qaeda tiene mucha influencia, tiene un gobierno de transición.

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Cómo fue estar con Donald Trump el día que perdió la carrera por la Casa Blanca

Cómo el presidente que nunca ha dudado de sí mismo se enfrentó a la derrota después de cuatro años en el poder.
8 de noviembre, 2020
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En los últimos cuatro años he visto al presidente de EE. UU. en sus días buenos y en sus días malos.

Pero este 7 de noviembre, el día en que perdió las elecciones, fue un día muy distinto a todos esos otros.

Vestido con una chaqueta negra, pantalón deportivo oscuro y un gorro con la inscripción MAGA (las iniciales de su lema de campaña en inglés, Make America Great Again), Donald Trump dejó la Casa Blanca un poco después de las 10 de la mañana del sábado.

Antes, se la había pasado tuiteando sobre las elecciones y, sobre todo, sobre el fraude electoral que considera tuvo lugar en torno a los comicios generales del 3 de noviembre.

Salió por la puerta de la residencia presidencial y se subió a su vehículo oficial que lo llevó en dirección de su club de golf Trump National, en la ciudad de Sterling, Virginia, a unos 40 kilómetros de Washington.

En ese momento, proyectaba un aire de autoconfianza. Era un día precioso, perfecto para el golf, y por eso decidió que iba a pasarlo en su club.

Trump jugando al goflf.

Getty Images
Trump pasó gran parte del día jugando al golf.

Pero, a la vez, se notaba que las personas que trabajaban con él estaban incómodas. Como al borde de una situación muy tensa.

“¿Cómo la están pasando?”, le pregunté a una de sus empleadas.

“Bien”, respondió. Y sonrió, pero sus ojos se entrecerraron y bajó rápido la mirada hacia la pantalla de su celular.

Trauma electoral

La Casa Blanca ha estado en una especie de trauma en los días que han pasado desde la elección.

Aunque fue apenas el martes, parece que hubiera ocurrido hace mucho tiempo.

La mayoría de los escritorios del ala oeste de la Casa Blanca estaban vacíos cuando pasé por el edificio en la mañana de este sábado. Muchos miembros del personal han resultado infectados por el covid-19 y no pueden ir a la oficina. Los otros están en cuarentena.

Entonces, a eso de las 11:30 y mientras el presidente estaba jugando al golf, la BBC y varias cadenas comenzaron a proyectar que Joe Biden había ganado las elecciones.

Estaba sentada en un restaurante italiano ubicado a un poco más de un kilómetro de distancia del Trump National cuando recibí el dato.

Trump regresa a la Casa Blanca después de jugar al golf

Reuters
El presidente Trump se enteró de la noticia de la victoria de Joe Biden en su campo de golf en el estado de Virginia.

Yo hago parte del grupo permanente de periodistas que cubren la Casa Blanca, un conjunto de colegas de medios distintos que viajan con el presidente de EE.UU.

Todos estábamos esperando que saliera del club.

“Él es una persona tóxica”, dijo una mujer en las afueras del restaurante. Ella, como muchos de sus vecinos en ese distrito de mayoría demócrata, habían votado por el rival de Trump.

Otros se preguntaban en voz alta cuándo el presidente dejaría el club y volvería a la Casa Blanca.

Pasaron los minutos. Pasaron las horas.

“Se está tomando su tiempo”, le dijo un funcionario a otro.

El presidente no tenía prisa en marcharse. En el club estaba rodeado de amigos. Fuera de esas puertas, sus seguidores me gritaban a mí y a los otros periodistas “Acaben con los medios”.

Una mujer, vestida con tacones altos y un gorro rojo, azul y blanco, llevaba un cartel en el que se leía: “Detengan el robo”.

Un hombre pasó conduciendo su camioneta por enfrente del club mientras hacía ondear varias banderas, incluso una en la que se mostraba al presidente encima de un tanque, como si fuera el comandante de los ejércitos del mundo.

Críticos del presidente.

BBC
Un mensaje claro: “Usted está a punto de perder su trabajo”.

Era una muestra de cómo sus seguidores ven al presidente, e incluso cómo Trump se veía a sí mismo.

Finalmente, el presidente decidió abandonar el club y regresar a la Casa Blanca.

Allí, miles de sus críticos lo esperaban.

“Has perdido. Nosotros hemos ganado”

La caravana presidencial avanzó por Virginia. Yo iba en una camioneta que hacía parte de la caravana, que por poco se estrella en una de las calles del condado de Fairfax. Se encendieron las sirenas.

Entre más cerca estábamos de la Casa Blanca, más grande era el tumulto: la gente estaba en las calles celebrando la derrota del mandatario.

Alguien llevaba en alto un cartel: “Has perdido y todos nosotros hemos ganado”. Había clima festivo y cánticos.

Con un letrero de "Hasta nunca" algunas personas saludaron la caravana de Trump en el Sterling (Virginia).

Getty Images
Con un letrero de “Hasta nunca” algunas personas saludaron la caravana de Trump en el Sterling (Virginia). La campaña del mandatario estadounidense anunció este sábado que no reconocen los resultados y que la “elección está lejos de haber terminado”.

Cuando llegamos a la Casa Blanca, el presidente ingresó por una puerta lateral, una entrada que ha utilizado poco durante sus cuatro años de mandato. Sus hombros estaban hundidos y la cabeza, gacha.

Entonces levantó la vista hacia los periodistas que estábamos allí y levantó su pulgar. Fue un gesto a medias. No levantó su mano ni apretó su puño, como suele hacer.

Tanto en la Casa Blanca como en el club de golf, el presidente nunca vaciló: siempre hizo reclamos sin sustento sobre el fraude electoral e insistió que será reivindicado.

Durante toda esa mañana escribió en su cuenta de Twitter sobre los “votos ilegales” y por la tarde declaró, desafiante y en mayúsculas, “YO GANÉ ESTAS ELECCIONES”.

Pero eso fue Trump en Twitter. El hombre que yo vi me dejó una impresión muy distinta. Cuando entró por la puerta lateral de la Casa Blanca por la tarde, la arrogancia se había ido.

Texto de Tara McKelvey, corresponsal de la BBC en la Casa Blanca

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BBC

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