Cónclave: las divisiones que se esconden detrás del secreto
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Cónclave: las divisiones que se esconden detrás del secreto

El hermetismo que rodea este evento ofrece una imagen de unidad de la Iglesia Católica. Pero, ¿cuán real es esta percepción?
Por Pablo Esparza *BBC Mundo
13 de marzo, 2013
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El martes 12 de marzo a las 16:30 hora local, el secreto se instaló de nuevo en la Capilla Sixtina. Un secreto que tapa y enmudece los matices -o las líneas de división- internos de la iglesia y que excluye a los fieles de los contenidos del debate electoral.

La única información objetiva de que disponemos en estos momentos es que, en la primera tarde del cónclave, de la chimenea de la Capilla Sixtina surgió una “fumata nera”: es decir, no hubo acuerdo entre los cardenales.

El secreto que rodea a la elección de los papas es quizá la herramienta más antigua de que dispone la Iglesia para proyectar una imagen de unidad sin fisuras.

Sin embargo, lo que sucede en el interior del cónclave es terreno abonado para el análisis y la especulación. Y muchos vaticanistas hablan de un cónclave recorrido por diferencias internas (¿qué proceso electoral no lo es?) que apuntan más a formas diversas de entender el gobierno de la Iglesia que a cuestiones doctrinales.

No se espera -dicen- que cuestiones potencialmente polémicas como el aborto, la homosexualidad o el divorcio centren el debate.

El acuerdo sobre estos puntos entre los cardenales electores -todos ellos nombrados por los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI- es prácticamente unánime.

“Estamos ante un grupo conservador. El elegido podría tener un lenguaje más sutil en estos temas, una imagen más fresca, joven y energética, pero no se esperan cambios profundos”, le dice a BBC Mundo el vaticanista Robert Mickens, autor del libro “The Vatican implosion“.

En cambio, los últimos escándalos -especialmente las acusaciones de corrupción puestas sobre la mesa por el caso Vatileaks- han hecho que muchos se replanteen el propio gobierno de la Iglesia, cómo y quiénes gestionan la institución.

“Hace ocho años, cuando los cardenales se reunieron para elegir al sucesor de Juan Pablo II, la palabra clave era continuidad (…). El arquitecto intelectual del papado de Juan Pablo II, el cardenal Joseph Ratzinger, pareció la elección obvia. Ahora, hay otro tema crucial, aunque podría no llevar a un candidato concreto. En una palabra, el tema central esta vez parece ser la gobernanza”, escribe John L. Allen Jr, corresponsal de National Catholic Report.

Algunos analistas, como Paolo Mastrolilli, editor del diario La Stampa, señalan que a un lado se sitúan los cardenales que defienden una reforma de calado de la Curia, algo así como el aparato del Estado sobre el que se asienta la Santa Sede y la Iglesia.

“Este grupo estaría compuesto principalmente por cardenales no italianos. Las últimas controversias pusieron sobre la mesa la necesidad de reformar el gobierno de la Iglesia.

“El Instituto para las Obras Religiosas, conocido como el banco del Vaticano, necesita un cambio. Y hay quienes defienden un cambio de comportamiento entre quienes dirigen la Iglesia. Una mayor habilidad de comunicación, mayor transparencia y modernización”, le comenta a BBC Mundo Mastrolilli.

Frente a esta tendencia se situarían mayoritariamente cardenales italianos miembros de la curia, quienes prefieren “discutir los escándalos, pero no demasiado”, en palabras del vaticanista italiano.

Paradójicamente, el candidato del primer grupo sería un italiano, Angelo Scola, obispo de Milán, y el del segundo, un latinoamericano, Odilo Scherer, arzobispo de Sao Paulo.

Sin embargo, Mickens considera que esta división en dos grupos enfrentados claramente es “demasiado simplista”.

“Los escándalos de la Iglesia están muy presentes en Italia, no sé si tanto en Brasil, Colombia o Filipinas. Los periódicos hablan de una reforma de la curia que consistiría en alejar del Vaticano a quienes se vieron salpicados por los escándalos. En cambio, para la curia, la reforma pasa más por un mayor reparto del poder y la responsabilidad con los obispos del resto del mundo”, indica Mickens.

Para este vaticanista estadounidense -además de la mencionada reforma- hay otros temas sobre la mesa: la posibilidad de ceder el trono de Pedro a un no europeo, el impulso evangelizador en una Iglesia que “pierde fieles” y una mayor apertura a la pluralidad.

Encontrar un candidato de unidad en todas estas cuestiones, apunta Mickens, no será fácil.

“Se busca un pastor que sea buen administrador”, afirma.

En la misma línea se pronuncia Andrés Beltrano Álvarez, colaborador de la publicación Vatican Insider.

“No creo que haya dos grupos bien diferenciados. Son más. Pienso que tanto el origen geográfico como la defensa de una reforma son temas transversales. Es cierto que cardenales africanos, latinoamericanos y estadounidenses coinciden en ese punto. Pero también los hay italianos. No es una cuestión de procedencia”, le comenta Beltrano a BBC Mundo.

Si nos situamos en este escenario de mayor complejidad, hablar de dos candidatos únicos es precipitado.

“Creo que al principio habrá una dispersión del voto. Se habla de al menos tres o cuatro nombres: el canadiense Marc Ouellet, quien tiene experiancia pastoral, en la curia y es norteamericano sin ser estadounidense; Scherer, cercano a la curia; y Scola, italiano crítico con el gobierno vaticano. Pero hay más”, concluye Beltrano.

En el primer día de cónclave, es imposible saber quién y cuándo reunirá el consenso necesario de dos tercios de los 115 cardenales electores (77 votos) y se convertirá en Papa.

De momento, sólo una cosa es segura: la sede continúa vacante.

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Enmienda 25 o 'impeachment': ¿puede Trump ser destituido tras el violento asalto al Capitolio?

Demócratas del Comité Judicial de la Cámara de Representantes están pidiendo que se destituyan los poderes del presidente. Hay dos vías para hacerlo.
7 de enero, 2021
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Apenas faltan 13 días para que Donald Trump abandone oficialmente la Casa Blanca y arranque la legislatura del demócrata Joe Biden, cuya victoria electoral fue ratificada por el Congreso de Estados Unidos este jueves.

Pero tras el violento asalto al Capitolio por parte de seguidores de Trump, prolongado durante horas y que dejó cuatro muertos, los demócratas del Comité Judicial de la Cámara de Representantes están pidiendo que se destituyan los poderes del presidente.

Escribieron una carta al vicepresidente Mike Pence en la que le urgían a actuar y sacar a Trump de la presidencia, alegando que había cometido un acto de insurrección y “buscaba socavar” la democracia.

Para destituir al presidente de Estados Unidos hay dos mecanismos: el llamado juicio político –impeachment– o la enmienda número 25 de la Constitución, aseguran expertos.

Sin embargo, ambas vías pueden resultar difíciles e improbables de aplicar dado el poco margen de tiempo que le queda a Trump al mando.

“Creo que la mejor salida es que Trump renuncie, que los de su propio partido lo presionen para que renuncie. Él no lo hará, pero debería”, aseguró el politólogo de la Universidad de Harvard, Steven Levitsky, entrevistado por BBC Mundo.

El vicepresidente Mike Pence y la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi.

Getty Images
Tras los episodios violentos y el desalojo de los seguidores de Trump, el Congreso ratificó este jueves la victoria de Joe Biden en las pasadas elecciones presidenciales del 3 de noviembre.

Tras los violentos acontecimientos del miércoles, Trump ha asegurado que la transición de poder se ejecutará de forma “ordenada”, pero que está en desacuerdo con el resultado de las elecciones presidenciales del pasado 3 de noviembre, las que califica como fraudulentas a pesar de que el Departamento de Justicia estadounidense lo haya descartado.

Pero, ¿en qué consisten las dos vías principales por las que Trump puede ser destituido antes del 20 de enero?

Enmienda 25

Dicha enmienda recogida por la Constitución permite la transferencia de poder desde la presidencia a la vicepresidencia ya sea de forma temporal o permanente.

Convierte al vicepresidente en presidente si este se muestra incapaz de continuar con sus responsabilidades, por ejemplo, si sufre una enfermedad física o mental.

Asaltantes del Congreso.

Getty Images
El asalto al Capitolio y la intervención de las fuerzas de seguridad han dejado al menos cuatro muertos.

La sección número 4 de dicha permite al vicepresidente y la mayoría del gabinete declarar al mandatario incapaz de desarrollar su deber en el cargo.

Para ello necesitarían firmar y remitir una carta a los presidentes de la Cámara de Representantes y el Senado y declarar al presidente como no apto para gobernar o incapaz de desempeñar sus poderes y deberes.

De ser así, el vicepresidente Mike Pence asumiría automáticamente el poder hasta el próximo 20 de enero, cuando empezaría el mandato de Biden.

El presidente tiene la oportunidad de ofrecer una respuesta por escrito, y si impugna el hallazgo, entonces le corresponde al Congreso decidir. Cualquier voto en el Senado y la Cámara de Representantes que ordene la destitución del presidente requiere una mayoría de dos tercios.

Mientras se resuelve el caso, el vicepresidente actuaría como presidente.

Recientemente, cuando Trump fue diagnosticado con COVID-19 el pasado octubre, también hubo discusiones sobre invocar la enmienda 25 ante las preocupaciones de que pudiera estar demasiado enfermo para gobernar el país.

La enmienda 25 fue ratificada en 1967, cuatro años después del asesinato de John F. Kennedy, con el objetivo de resolver las disputas de sucesión presidencial en caso de incapacidad.

Funeral de John F. Kennedy.

Getty Images
La enmienda 25 fue ratificada en 1967, cuatro años después del asesinato de John F. Kennedy.

Por este motivo, varios presidentes han usado esta enmienda, específicamente la sección 3, porque les permite transferir temporalmente el poder a la vicepresidencia.

En 2002 y 2007, el presidente George W. Bush puso a su vicepresidente a cargo al ser sedado durante colonoscopias rutinarias.

El presidente Ronald Reagan hizo lo mismo en 1985, mientras estuvo ingresado en el hospital por una cirugía por cáncer.

Hasta la fecha, ningún presidente ha sido destituido del cargo usando la enmienda 25.

Juicio político o ‘impeachment’

El juicio político, también conocido como impeachment, tiene lugar en el Congreso de EU con el objetivo de llevar a cabo una posible destitución del presidente.

La Constitución estadounidense establece que el presidente “debe ser destituido de su cargo si es acusado de y condenado por traición, soborno, u otros crímenes o delitos graves”.

Es un proceso político, más que penal.

Seguidores de Trump alrededor del Capitolio.

Getty Images
Seguidores de Trump se congregaron e irrumpieron en el Capitolio de Estados Unidos este miércoles, reclamando fraude en las pasadas elecciones presidenciales.

Este proceso tiene lugar en dos etapas.

Tendría que ser iniciado por la Cámara de Representantes y solo necesita una mayoría simple para ser activado.

Luego, el juicio se celebra en el Senado, donde se necesitan dos tercios de los votos para destituir al presidente, y este hito nunca se ha alcanzado en la historia de Estados Unidos.

“Es un proceso bastante largo, a menos que lo hagamos al estilo peruano, de vacar al presidente de la noche a la mañana. Es poco probable que eso pase”, explicó Levitsky a BBC Mundo.

Donald Trump ya ha sido cometido a un proceso de impeachment una vez, y ningún presidente lo fue dos veces durante su mandato.

En diciembre de 2019, la Cámara de Representantes, de mayoría demócrata, aprobó dos artículos de impeachment tras acusar a Trump de abuso de poder y obstrucción al Congreso.

Los demócratas acusaron a Trump de retener US$391 millones en ayuda a Ucrania para presionar y forzar que el país europeo investigara al actual presidente electo, Joe Biden, y a su hijo.

En febrero de 2020, el Senado, de mayoría republicana, votó a favor de absolver a Donald Trump en el juicio político por dicho escándalo.

Si el presidente Trump fuera destituido a través de un juicio político, el vicepresidente Pence se haría cargo de la Oficina Oval.


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