Desaparecidos, 3.5 millones de condones "comprados" por Marín
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Desaparecidos, 3.5 millones de condones "comprados" por Marín

El gobierno de Mario Marín gastó supuestamente 77 millones de pesos en anticonceptivos, pero no hay facturas que comprueben el gasto, ni se encuentran en bodegas.
Por Ernesto Aroche
19 de marzo, 2013
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Tres y medio millones de condones, y millón y medio de inyecciones anticonceptivas supuestamente comprados por el gobierno de Mario Marín, se encuentran desaparecidos.

En 2009, el gobierno de Mario Marín en Puebla destinó 77 millones de pesos para la compra de estos métodos anticonceptivos, sin embargo, no hay facturas o documentos que comprueben el gasto, ni recibos de ingreso a las bodegas de la Secretaría de Salud de Puebla.

Ese mismo año se celebró en Puebla el proceso electoral intermedio en donde se renovaron presidencias municipales y Congreso, unas elecciones en las que el PRI arrasaría con sus adversarios.

En julio de 2009, una semana después de la jornada electoral, fue nombrado como titular de la secretaría de Salud Alfredo Arango García, quien al término del sexenio sería acusado de “enriquecimiento inexplicable” y encarcelado en el penal de San Miguel, el penal estatal.

De acuerdo con versiones periodísticas, la llegada de Arango García a la dependencia se produjo después que su predecesor, Antonio Marín y López, se había negado a apoyar al PRI en el proceso electoral de ese año.

En 2012, ya en el sexenio de Rafael Moreno Valle, la dependencia reconocería a una solicitud de información, que no encontraron en sus archivos huella de los documentos que comprueben que en 2009 ingresaron a las bodegas de la dependencia los 3.5 millones de condones y el 1.6 millones de inyecciones anticonceptivas que supuestamente se compraron con el presupuesto asignado.

A pesar de ello, los diputados de la legislatura pasada –todavía controlada por la mayoría priista— aprobaron de último minuto la cuenta pública 2009 de la Secretaría de Salud, eso sí, con el cuestionamiento del entonces diputado del Partido del Trabajo, José Benigno Pérez Vega, y la abstención de la bancada panista.

Por lo pronto, la Auditoría Superior del Estado ha retrasado la entrega de la documentación comprobatoria mediante la cual se avaló la cuenta pública de Alfredo Arango, con el argumento de que la solicitud no aclara a qué periodo se refiere la solicitud presentada la semana pasada.

ONG descubre el gasto exorbitante

El 15 de abril de 2010, Jasmine Gómez López, integrante del equipo de fiscalización que conformaron la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos de México (Ddeser) y la asociación Equidad de Género, ingresaba una solicitud de información a la Secretaría de Salud de Puebla (folio PUE-2010-000456).

La mujer pidió al gobierno marinista le informara el monto del presupuesto asignado para 2008 y 2009 para la compra de métodos anticonceptivos y las unidades compradas con dichos recursos.

La solicitud formaba parte de un paquete de peticiones de información que el equipo de Ddeser y Equidad de Género presentaron en 10 estados como parte de un proyecto de fiscalización para revisar el abasto y el acceso a usuarios de métodos anticonceptivos.

La respuesta dejaría atónitas a las mujeres del equipo. Era un presupuesto insólito e inédito, en ningún estado  del país se encontraron con una cifra parecida, según explicó a este portal Sofía Román Montes, una de las coordinadoras del proyecto de fiscalización.

“De los estados que hemos detectado que reciben muchos recursos está Guerrero, y recibe en promedio alrededor de 20 millones de pesos para la compra de métodos anticonceptivos, y de los demás varía, pero la situación que encontramos en Puebla sí fue llamativa al encontrar ese incremento exorbitante, que además reportan gastos fuera de lógica, gastaron casi 60 millones en anticonceptivos inyectables”.

De acuerdo con la respuesta que ofreció la coordinadora de planificación familiar de la Secretaría de Salud, María de Jesús Vergara Eumaña, al equipo de fiscalización de las ONG, el presupuesto de 2008 fue de 9.6 millones, un año después el gasto sería de 77.3 millones de pesos y  en 2010 la cifra bajaría a 8.1 millones.

De acuerdo con la información desglosada por método anticonceptivo comprado, fue en inyecciones hormonales en donde se registró el crecimiento más alto, al aumentar de 3 millones a 59.3 millones de pesos el gasto entre 2008 y 2009, lo que representa un incremento de 1857%, para 2010 el gasto sería de sólo 4.4 millones de pesos.

Román Montes explicó en entrevista que los datos recabados fueron presentados a inicios de 2011 a un subsecretario de la Secretaría de Salud de Puebla, que les prometió darle seguimiento al tema pues acababa de incorporarse a la administración estatal tras el cambio de sexenio.

“Nunca recibimos una explicación oficial sobre esos montos y como tal lo publicamos a finales de 2011, quedamos de darle seguimiento, hicimos una presentación en medios, pero ha habido mucho cambio de funcionarios y prácticamente ya no está ninguno de los que trabajaron con nosotras”.

“El funcionario que nos recibió, que tenía nivel de subsecretario también se sorprendió un poco al conocer las cifras y el incremento en el presupuesto.

Mencionó que tal vez era alguna aportación del recurso del Seguro Popular, pero nos pareció una declaración a bote pronto”.

“A pesar de que presentamos el reporte, él nos notificó que no había como mucha aceptación por parte del ejecutivo ni de su jefe inmediato, el secretario de Salud (Jorge Aguilar Chedraui), y también nos ofreció trabajar en adelante de manera conjunta para lograr que los métodos les llegasen a todos los usuarios, que le enseñáramos estrategias de trabajo y etcétera, sentimos que había apertura, pero fue la única reunión que tuvimos, después ya no hubo encuentro con ellos. Después supimos que el secretario de salud previo (Alfredo Arango) estuvo involucrado en malos manejos”.

Los documentos desaparecen

En marzo de 2012, ya en pleno sexenio morenovallista, la Secretaría de Salud encabezada, por Aguilar Chedraui, respondería a un par de solicitudes de información que presentó este reportero reconociendo que no existían facturas ni documentos que comprobaran el gasto del 2009 y de 2005 –año de inicio del sexenio de Mario Marín–. Pero además ofreció montos totales diversos a los que había reconocido el gobierno marinista.

Así, de acuerdo con el gobierno de Moreno Valle, entre 2005 y 2007 se habrían gastado un promedio anual de 11.5 millones de pesos.  Para 2008 el gasto se triplicó al llegar a 36 millones, para 2009 la cifra prácticamente se duplicó hasta alcanzar los 63 millones para caer a 8.1 millones en el 2010.

Las cifras entre los datos otorgados en una y otra administración sólo coinciden en el gasto de 2010.

Pero a la hora de sustentar el gasto en facturas, las cifras vuelven a cambiar radicalmente (solicitud folio 78512).

En 2006 –en 2005 se declaró inexistente la información— sólo se registraron facturas por 19 mil 225 pesos. En 2007 los documentos prueban un gasto de 90 mil 994 pesos; para 2008 la cifra facturada llegó a 2.8 millones de pesos. En 2010 se justificaron 5.8 millones de pesos.

Año Cifras MMT Cifras RMV Facturado
2005 Sin datos 11 millones No hay facturas
2006 Sin datos 11.4 millones 19 mil 225
2007 Sin datos 11.8 millones 90 mil 994
2008 9.6 millones 36.6 millones 2.8 millones
2009 77.4 millones 63.4 millones No hay facturas
2010 8.1 millones 8.1 millones 5.8 millones

 

A mediados de marzo pasado, la Secretaría de Salud entregó a este reportero versiones digitales de los comprobantes de recepción en bodega de los métodos anticonceptivos comprados en 2008, 2010 y 2011, reconociendo también que no tienen los documentos respectivos a 2009.

“Cabe señalar que del año 2009 no se tiene información referente a la adquisición de métodos anticonceptivos, por lo que se levantó el acuerdo de inexistencia, la cual adjunto para mayor referencia (sic)” (solicitud folio 330712).

Una respuesta que la dependencia tardó en entregar casi medio año, y no fue sino hasta unos días antes de que se dictaminara el recurso de revisión que presentó este reportero en la Comisión de Acceso a la Información Pública (CAIP) cuando finalmente hizo llegar por vía electrónica la documentación respectiva.

Y aunque se pidió de manera reiterada al enlace de comunicación social de la Secretaría de Salud entrevista con titular de la dependencia, jamás hubo respuesta alguna. También se buscó una entrevista con Antonio Marín y López, el secretario de Salud que antecedió a Alfredo Arango, y aunque hubo comunicación y promesa de un encuentro, este jamás se concretó.

La aprobación de la cuenta pública

Fue una sesión de último minuto. Extraordinaria pues no estaba programada, de hecho tres días antes la mesa directiva del Congreso había declarado “clausurado el Período de Sesiones Ordinarias, comprendido del 3 de enero al 14 de enero del 2011”. Convocada con unas cuantas horas de anticipación, justo al filo de que concluyera la LVII legislatura, la misma que acompañó a Mario Marín Torres durante la segunda mitad de su sexenio.

40 de los 41 diputados se presentaron al pleno del Congreso para aprobar la cuenta pública 2009 de la Secretaría de Salud, al menos la parte que correspondería a Alfredo Arango, y lo hicieron, a decir del entonces diputado del Partido del Trabajo, José Benigno Pérez Vega, con los ojos cerrados por la vía fast track pues el resultado del análisis nunca les fue presentado.

Pérez Vega subió a tribuna para criticar la sesión de último minuto cuestionó que la Legislatura de la que formó parte se despidiera de la ciudadanía con “una puñalada trapera”, pero nada evitó que la cuenta pública de la cual hoy no aparecen las facturas ni documento alguno que pruebe cómo se gastaron millones de pesos en la compra de métodos anticonceptivos se aprobara con los 29 votos de mayoría priísta, seis abstenciones del grupo parlamentario del PAN y cinco votos en contra de diputados de oposición.

Entre los diputados priistas que aprobaron sin chistar la cuenta pública de Arango García se encuentra las actuales diputadas federales: Josefina García Hernández, Rocío García Olmedo y el actual presidente del PRI en el estado, Pablo Fernández del Campo.

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11S: por qué la CIA no detectó los ataques contra las Torres Gemelas (pese a las señales que tuvo)

Cuando la CIA no logró evitar los ataques del 11 de septiembre de 2001, muchos se preguntaron si se pudo haber hecho más, pero este fracaso al parecer fue causado por un problema que va mucho más allá de las agencias de inteligencia.
Getty Images
11 de septiembre, 2021
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El fracaso de la CIA a la hora de detectar las señales que advertían de los ataques del 11 de septiembre de 2001 se ha convertido en uno de los temas más controvertidos en la historia de los servicios de inteligencia. Ha habido comisiones, revisiones, investigaciones internas y más.

Por un lado están los que dicen que la CIA no notó señales de advertencia obvias. Por el otro, aquellos que argumentan que es notoriamente difícil identificar las amenazas de antemano y que la agencia estadounidense hizo todo lo que era razonablemente posible.

Pero, ¿qué pasa si ambos lados están equivocados?

¿Qué pasa si la verdadera razón por la cual la CIA no pudo detectar la trama es más sutil de lo que cualquiera de las partes piensa?

¿Y qué si les digo que este problema se extiende más allá de los servicios de inteligencia y afecta en silencio a miles de organizaciones, gobiernos y equipos hoy en día?

Si bien muchas de las investigaciones se centraron en lo que la agencia hizo o dejó de hacer con la información disponible antes del 11S, pocos dieron un paso atrás para examinar la estructura interna de la propia CIA y, en particular, sus políticas de contratación.

Y desde una perspectiva tradicional, eran inmejorables: los potenciales analistas eran sometidos a una batería de exámenes psicológicos, médicos y de todo tipo. Y no hay duda de que contrataron personas excepcionales.

“Los dos exámenes principales eran uno del tipo de la prueba de acceso a la universidad para determinar la inteligencia de un candidato y un perfil psicológico para examinar su estado mental”, explica un veterano de la CIA.

“Las pruebas eliminaban a cualquiera que no fuera sobresaliente en ambos casos. En el año en que presenté mi solicitud, aceptaron a un candidato por cada 20.000 solicitantes. Cuando la CIA decía que contrataba a los mejores, estaba en lo cierto”, agrega.

Y, sin embargo, la mayoría de estos reclutas también se veían muy similares: hombres, blancos, anglosajones, estadounidenses, de religión protestante.

Este es un fenómeno común en el reclutamiento, a veces llamado “homofilia”: las personas tienden a contratar a personas que piensan (y a menudo se ven) como ellos mismos.

Y es que a uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias.

De hecho, los escáneres cerebrales sugieren que cuando otros reflejan nuestros propios pensamientos eso estimula los centros de placer de nuestros cerebros.

Un hombre cruza el lobby de la sede de la CIA

AFP
Para el momento de los ataques, la mayor parte de los analistas de la CIA eran muy similares.

En su estudio sobre la CIA, los expertos en inteligencia Milo Jones y Phillipe Silberzahn escriben: “El primer atributo consistente de la identidad y cultura de la CIA desde 1947 hasta 2001 es la homogeneidad de su personal en términos de raza, sexo, etnia y antecedentes de clase“.

Y un estudio del inspector general sobre prácticas de reclutamiento encontró que en 1964, una rama de la CIA, la Oficina de Estimaciones Nacionales, “no tenía profesionales negros, judíos o mujeres, y solo unos pocos católicos”.

Para 1967, según el informe, había menos de 20 afroamericanos de unos 12.000 empleados no administrativos de la CIA, y la agencia mantuvo la práctica de no contratar minorías desde la década de 1960 hasta la década de 1980.

Y, hasta 1975, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos “prohibió abiertamente el empleo de homosexuales”.

Hablando de su experiencia con la CIA en la década de 1980, una persona con información privilegiada escribió que el proceso de reclutamiento “condujo a nuevos oficiales que se parecían mucho a las personas que los reclutaron: blancos, en su mayoría anglosajones; de clase media y alta; graduados universitarios de artes liberales”. Había pocas mujeres y “pocas etnias, incluso con antecedentes europeos recientes”.

“En otras palabras, ni siquiera tanta diversidad como había entre los que habían ayudado a crear la CIA”, destaca el escrito.

La diversidad se redujo aún más después del final de la Guerra Fría. Un exoficial de operaciones dijo que la CIA tenía una “cultura blanca como el arroz”.

Y en los meses previos al 11 de septiembre, la Revista Internacional de Inteligencia y Contrainteligencia comentó: “Desde su inicio, la comunidad de inteligencia integrada por la élite protestante blanca, no solo porque esa era la clase en el poder, sino porque esa élite se vio a sí misma como garante y protectora de los valores y la ética estadounidenses”.

La sede de la CIA en Langley, Virginia

AFP
La sede de la CIA en Langley, Virginia

¿Pero por qué es un problema esta homogeneidad? Si uno está conformando un equipo de relevos, ¿no quiere simplemente a los corredores más rápidos? ¿Por qué habría de importar si son del mismo color, género, clase social, etc.?

Pues porque esta lógica, aunque irrefutable cuando se aplica a tareas simples como correr, cambia cuando se aplica a tareas complejas como la inteligencia.

¿Por qué? Porque cuando un problema es complejo, ninguna persona tiene todas las respuestas. Todos tenemos puntos ciegos, lagunas en nuestra comprensión.

Y esto significa que si uno reúne a un grupo de personas que comparten perspectivas y antecedentes similares, es probable que compartan los mismos puntos ciegos.

Lo que a su vez significa que lejos de desafiar y abordar estos puntos ciegos, es probable que estos se refuercen.


La ceguera de perspectiva describe el hecho que a menudo no somos capaces de ver a nuestros propios puntos ciegos. Nuestros modos de pensamiento son tan habituales que apenas notamos cómo filtran nuestra percepción de la realidad.

La periodista Reni Eddo-Lodge describe un período en el que tuvo que ir en bicicleta al trabajo: “Una verdad incómoda se me ocurrió cuando cargaba mi bicicleta de arriba a abajo por las escaleras: la mayoría del transporte público no era fácilmente accesible… Antes de tener que transportar mis propias ruedas, nunca me había dado cuenta de este problema. Había sido ajena al hecho de que esta falta de accesibilidad estaba afectando a cientos de personas”.

Este ejemplo no implica necesariamente que todas las estaciones deban estar equipadas con rampas o ascensores. Pero sí muestra que solo podemos realizar un análisis significativo si somos capaces de percibir los costos y beneficios. Y esto depende de la diversidad de perspectiva, de personas que pueden ayudarnos a ver nuestros propios puntos ciegos y a quienes podemos ayudar a ver los suyos.


Osama bin Laden le declaró la guerra a Estados Unidos desde una cueva en Tora Bora en febrero de 1996. Las imágenes mostraban a un hombre con una barba que le llegaba hasta el pecho. Vestía una túnica debajo del uniforme de combate.

Hoy, dado todo lo que sabemos sobre el horror que desencadenó, la declaración parece amenazante.

Pero una fuente de la principal agencia de inteligencia de EE.UU. dijo que la CIA “no podía creer que este saudita alto y con barba, en cuclillas alrededor de una fogata, pudiera ser una amenaza para Estados Unidos”.

Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

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Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

En otras palabras, para una masa crítica de analistas, Bin Laden parecía primitivo y relativamente inofensivo.

Richard Holbrooke, un alto funcionario del gobierno del presidente Clinton, lo expresó de esta manera: “¿Cómo puede un hombre en una cueva superar a los líderes mundiales de la sociedad de la información?“.

Otro dijo: “Simplemente no pudieron justificar la necesidad de destinar recursos para averiguar más sobre Bin Laden y Al Qaeda porque el tipo vivía en una cueva. Para ellos, era la esencia del atraso”.

Ahora, considera cómo alguien más familiarizado con el islam habría percibido las mismas imágenes.

Bin Laden llevaba una túnica no porque fuera primitivo en intelecto o tecnología, sino porque trataba de parecerse al profeta Mahoma. Ayunaba los mismos días que Mahoma ayunó. Sus poses y posturas, que a un público occidental le parecían tan atrasadas, eran las mismas que la tradición islámica atribuye al más sagrado de sus profetas.

Como lo expresó Lawrence Wright en el libro sobre el 11 de septiembre que le valió el Premio Pulitzer, Bin Laden orquestó su operación “invocando imágenes que eran profundamente significativas para muchos musulmanes pero prácticamente invisibles para aquellos que no estaban familiarizados con esa fe“.

Jones escribe: “La anécdota de la barba y la fogata es evidencia de un patrón más amplio en el que los estadounidenses no musulmanes, incluso los consumidores de inteligencia más experimentados, subestimaron a Al Qaeda por razones culturales”.

Osama Bin Laden

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Los analistas de la CIA no dimensionaron la amenaza representada por el millonario saudita.

En cuanto a la cueva, esta tenía un simbolismo aún más profundo.

Como casi cualquier musulmán sabe, Mahoma buscó refugio en una cueva después de escapar de sus perseguidores en La Meca. Para un musulmán, una cueva es sagrada. El arte islámico está lleno de imágenes de estalactitas.

Y Bin Laden modeló su exilio en Tora Bora como su propia hijrah personal, utilizando la cueva como propaganda.

Como dijo un erudito musulmán: “Bin Laden no era primitivo; era estratégico. Sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Los analistas también fueron engañados por el hecho de que Bin Laden a menudo emitía pronunciamientos en forma de poesía.

Para los analistas blancos de clase media, esto parecía excéntrico y reforzaba la idea de un “mullah primitivo en una cueva”.

Para los musulmanes, sin embargo, la poesía tiene un significado diferente. Es sagrada. De hecho, los talibanes se expresan habitualmente en poesía.

La agencia estadounidense, sin embargo, estaba estudiando los pronunciamientos de Bin Laden utilizando un marco de referencia sesgado.

Como lo expresaron Jones y Silberzahn: “La poesía en sí misma no estaba únicamente en un idioma extranjero, el árabe; también provenía de un universo conceptual a años luz de la sede de la CIA”.

Islamistas pro Bin Laden

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“Bin Laden sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Para el año 2000, la “chusma antimoderna y sin educación” que seguía a Bin Laden había crecido hasta alcanzar unas 20.000 personas, en su mayoría con educación universitaria y con un sesgo hacia la ingeniería.

Yazid Sufaat, quien se convertiría en uno de los investigadores de ántrax de Al Qaeda, tenía un título en Química. Y muchos estaban listos para morir por su fe.

Mientras tanto, el alto funcionario de la CIA Paul Pillar (blanco, de mediana edad, educado en una universidad de élite), estaba descartando la posibilidad misma de un gran ataque terrorista.

“Sería un error redefinir el contraterrorismo como la tarea de lidiar con el terrorismo ‘catastrófico’, ‘grandioso’ o el ‘súperterrorismo’, cuando en realidad esas etiquetas no representan la mayor parte del terrorismo que Estados Unidos probablemente deba enfrentar“, dijo.

Y otro defecto en las deliberaciones de la CIA fue su renuencia a creer que Bin Laden iniciaría un conflicto con Estados Unidos.

¿Por qué comenzar una guerra que no podría ganar?

Póster de búsqueda de Osama Bin Laden

AFP
Cuando EE.UU. reconoció el peligro que representaba Bin Laden, ya era tarde.

Los analistas no habían dado el salto conceptual que permite entender que para los yihadistas la victoria no debe asegurarse en la tierra sino en el paraíso.

De hecho, el nombre en clave de Al Qaeda para la trama era “La gran boda”.

Y es que en la ideología de los suicidas, el día de la muerte de un mártir es también el día de su boda, cuando es recibido por vírgenes en el cielo.

La CIA podría haber asignado más recursos a investigar a Al Qaeda. Podría haber intentado infiltrar la organización. Pero en la agencia fueron incapaces de comprender la urgencia. No asignaron más recursos, porque no percibieron una amenaza.

No buscaron penetrar Al Qaeda porque ignoraban el agujero en su análisis. Y el problema no se limitaba (únicamente) a la incapacidad de conectar los puntos en el otoño de 2001, sino que remitía una falla en todo el ciclo de inteligencia.

La escasez de musulmanes dentro de la CIA es solo un ejemplo de cómo la homogeneidad debilitó a la principal agencia de inteligencia del mundo, da una idea de cómo un grupo más diverso habría posibilitado una comprensión más rica no solo de la amenaza que representaba Al Qaeda, sino también de los peligros en todo el mundo; de cómo diferentes marcos de referencia, diferentes perspectivas, habrían posibilitado una síntesis más completa, matizada y poderosa.

Por ejemplo, una proporción sorprendentemente alta del personal de la CIA había crecido en familias de clase media, soportado pocas dificultades financieras u otros signos de potenciales precursores de la radicalización, o numerosas otras experiencias que podrían haber enriquecido el proceso de inteligencia.

En un equipo más diverso, cada uno de ellos habría sido un valioso activo. Como grupo, sin embargo, tenían defectos.

Gente con traje

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“A uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias”.

El problema, sin embargo, no es solo de la CIA, como se nota al mirar a muchos gabinetes de gobiernos, bufetes de abogados, equipos de liderazgo del ejército, altos funcionarios públicos e incluso ejecutivos de algunas empresas de tecnología.

Y es que nos sentimos inconscientemente atraídos por personas que piensan como nosotros, pero rara vez notamos el peligro porque desconocemos nuestros propios puntos ciegos.

John Cleese, el comediante, lo expresó de esta manera: “Todo el mundo tiene teorías. Las personas peligrosas son aquellas que no conocen sus propias teorías. Es decir, las teorías sobre las que operan son en gran parte inconscientes”.

Obtener la combinación correcta de diversidad en los grupos humanos no es fácil. Reunir las mentes correctas, con perspectivas que desafían, aumentan, divergen y polinizan en lugar de loros, corroboran y restringen, es un verdadera ciencia.

Pero esto se convertirá en una fuente clave de ventaja competitiva para las organizaciones, sin mencionar las agencias de seguridad. Así es como los enteros se vuelven más que la suma de sus partes.

La CIA, por su parte, ha dado importantes pasos hacia una diversidad significativa desde el 11 de septiembre.

Pero el problema continúa persiguiendo a la agencia y un informe interno en 2015 fue bastante crítico.

Como dijo el entonces director, John Brennan: “El grupo de estudio analizó detenidamente nuestra agencia y llegó a una conclusión inequívoca, la CIA simplemente debe hacer más para desarrollar el entorno de liderazgo diverso e inclusivo que requieren nuestros valores y que nuestra misión exige”.

*Matthew Syed es el autor de Rebel Ideas: The Power of Diverse Thinking (“Ideas rebeldes: el poder del pensamiento diverso”).


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