"Es triste ver que alumnos de primaria corrigen la ortografía a sus profesores"
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"Es triste ver que alumnos de primaria corrigen la ortografía a sus profesores"

Alejandro Domínguez critica en su texto que, en buena medida, el rezago educativo de la juventud en México se debe al papel que juegan en la sociedad los medios masivos de comunicación. "La pésima calidad de los programas televisivos en canales abiertos, no solo dejan mucho que desear, sino que causan mella paulatinamente en los jóvenes que contemplan absortos programas tontos", apunta.
20 de marzo, 2013
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Por: Alejandro Domínguez 

Mi propuesta como trabajador universitario y como padre de familia es abarcar la educación desde varios puntos.

Un aspecto de gran importancia para la educación, en especial la básica es la preparación, actualización y constante capacitación del personal docente, pues es triste ver que hay alumnos de primaria que terminan corrigiendo la ortografía a sus profesores (no es tan remoto como creemos).

Otro aspecto de indispensable importancia es la participación de los padres en la formación de sus hijos EN CASA, pues no es lo mismo enseñar que educar. Desafortunadamente, el ritmo globalizado al que tenemos que ajustarnos hoy en día pocas veces permite dedicar el tiempo necesario o deseado con los hijos. Sin embargo, debe ser menester de los padres buscar un espacio para estar al pendiente de la enseñanza de sus hijos.

Un factor que considero es de gran relevancia en el rezago educativo de la juventud en México son los medios masivos de comunicación, que aunque mucho se ha hablado de ello, es poco o casi nada lo que se ha hecho por contrarrestar el efecto de estos en la juventud mexicana. La pésima calidad de los programas televisivos en canales abiertos, no solo dejan mucho que desear, sino que causan mella paulatinamente en los jóvenes que contemplan absortos programas tontos y sin contenido alguno.

Los grandes magnates de la televisión prefieren inundar a los niños y jóvenes de publicidad y estupideces en los programas, divirtiéndolos mostrando realidades que no son reales, y agrediendo verbal y hasta físicamente a otras personas en su programación, por citar alguno, el de la “abogada”  Laura, la que es amante de invitar a que pase el “desgraciado” entre otros insultos, que generó en los jóvenes euforia por usar el apelativo en todo y para todo. ¿Será tan difícil retomar algún que otro programa con contenido más intelectual, o que por lo menos cause alguna curiosidad en los niños y jóvenes por investigar y aprender más?

El internet, como es más que bien sabido por todos, es una herramienta poderosísima, pero a la vez peligrosísima en las manos equivocadas (en este caso las de niños y jóvenes), pues carecen de criterio y juicio para discriminar la información que pueden encontrar en la amplia red, sin mencionar claro, el acceso a contenido e información no propio o apto para los pequeños; sumamos a esto la falta de supervisión de los padres a lo que los hijos buscan y ven en internet, obtenemos como resultado los comportamientos radicales que observamos hoy a temprana edad en los chiquillos.

La ausencia casi total de una cultura de lectura en nuestro país está generando, entre muchos males, apatía social, conformismo ante los abusos cada vez más evidente de quienes ejercen el poder, y sobre todo, está creando mentes autómatas, que funcionan por mera inercia pre programada y que se alimenta de los medios de comunicación y su contenido soso e inútil.

Por lo tanto, considero que es necesario:

Como padres: Apagar la televisión a nuestros hijos durante un lapso de tiempo mayor, y dedicar un tanto más de tiempo a convivir con ellos e inculcar la lectura, que sin lugar a dudas es el mejor remedio contra el conformismo, la ignorancia y el letargo mental. Asimismo (aunque sé que en algunos resulta casi imposible), tratar de estar más al pendiente de lo que están enseñando a nuestros hijos en la escuela, pues resulta común en los niños no preguntar cuando no entienden algo, y es de vital importancia localizar y aclarar como padres esas dudas, pues de lo contrario generarán tarde o temprano algún incidente en el que el chiquillo quede expuesto a burlas de parte de sus compañeros por desconocer cierta información en clase o por no haberla entendido correctamente, lo que después terminará en inseguridad en el o la pequeña y rechazo por la escuela.

Como profesores: Preocuparnos más por preparar nuestras clases y la calidad y veracidad de la información que proporcionamos a los alumnos. Debemos desinflar ese ego de “soy maestro y todo lo sé”, porque no es verdad. Somos seres humanos que también cometemos errores, pero en nuestro caso, como en el de los médicos, no se nos tiene permitido equivocarnos. Hemos caído en una apatía por la educación, que últimamente solo preocupa saber cuándo será el próximo paro de labores para exigir aumento en los sueldos, que dejamos de preocuparnos por cuándo será el próximo curso de actualización o de capacitación en nuevas técnicas pedagógicas de enseñanza; por saber si la información que comparto con los pequeños no es ya, letra muerta, es decir, mantener nuestros conocimientos al día de hoy, no al de ayer.

Debemos preocuparnos por sembrar en los pequeños la semilla de la curiosidad y la crítica, debemos enseñarlos a pensar por sí mismos y a dudar,  pero dudar de la información que reciben, para que sepan asimismo investigar aquello que les causa duda o curiosidad. Los tiempos en los que el profesor simplemente hablaba y hablaba todo el día ya quedaron atrás, es necesario invitar a los alumnos a crear sus propios conceptos y opiniones sobre los temas vistos en clase, pues así aprenderán a pensar por ellos mismos, y no a repetir mecánicamente lo que la televisión o el internet les dicten qué deben pensar.

Por último debemos inculcar, tanto padres como maestros, la congruencia a los niños. No es posible ir por la vida diciéndole a los niños que no digan mentira y por otro lado hacerlos que mientan por uno cuando cometemos alguna imprudencia o cuando no deseamos hablar con alguien por el teléfono. No podemos exigir a los niños que no roben o engañen, cuando damos frente a ellos mordida al oficial de tránsito para evitar la infracción, o cuando vamos y les compramos la película más reciente (pirata).  O les exigimos calidad en sus haberes cuando nosotros mismos no nos esforzamos por ofrecerles calidad de vida (que ésta no va ligada a la capacidad económica).

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El caso del hombre con superanticuerpos contra la COVID (y por qué da esperanza a los científicos)

Los anticuerpos de John Hollis son tan potentes que es inmune incluso a las variantes recién descubiertas de la COVID-19.
18 de marzo, 2021
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John Hollis

BBC
Se podrían diluir los anticuerpos de John Hollis al uno por mil y seguirían matando el 99% de los virus, aseguran los expertos.

El escritor estadounidense John Hollis, de 54 años, pensó que iba a contraer la covid-19 cuando un amigo con el que compartía casa se infectó y enfermó gravemente en abril de 2020.

“Fueron dos semanas en las que sentí mucho miedo”, dice John Hollis. “Durante dos semanas esperé que la enfermedad me golpeara, pero nunca ocurrió”.

Hollis simplemente pensó que había tenido suerte por no contraer la enfermedad.

Pero en julio de 2020, de manera absolutamente casual, Hollis mencionó esa convivencia con una persona muy enferma en una conversación con el médico Lance Liotta, profesor de la Universidad George Mason, en Estados Unidos, donde Hollis trabaja en tareas de comunicación.

Liotta, quien investiga formas de combatir el coronavirus, invitó a Hollis a participar como voluntario en un estudio científico sobre el virus que se estaba desarrollando en la universidad.

De este modo, Hollis descubrió que no sólo había contraído la covid-19, sino que su cuerpo tenía superanticuerpos que le hacían permanentemente inmune a la enfermedad, es decir, que los virus entraban en su cuerpo, pero no lograban infectar sus células y hacerle enfermar.

“Esta ha sido una de las experiencias más surrealistas de mi vida”, reconoce Hollis.

“Una mina de oro”

“Recogimos la sangre de Hollis en diferentes momentos y ahora es una mina de oro para estudiar diferentes formas de atacar el virus”, explica Liotta.

En la mayoría de las personas, los anticuerpos que se generan para combatir el virus atacan las proteínas de las espículas del coronavirus, formaciones puntiagudas en la superficie del Sars-Cov-2 que le ayudan a infectar las células humanas.

virus

Getty Images
Los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

“Los anticuerpos del paciente se adhieren a las espículas y el virus no puede pegarse a las células e infectarlas”, indica Liotta.

El problema es que cuando una persona entra en contacto con el virus por primera vez, su organismo tarda en producir estos anticuerpos específicos, lo que permite la propagación del virus.

Pero los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

Son tan potentes que Hollis es inmune incluso a las nuevas variantes del coronavirus.

“Podrías diluir sus anticuerpos al uno por mil y seguirían matando el 99% del virus”, asevera Liotta.

Los científicos están estudiando estos superanticuerpos de Hollis y de algunos otros pacientes como él con la esperanza de aprender a mejorar las vacunas contra la enfermedad.

“Sé que no soy la única persona que tiene anticuerpos de este tipo, sólo soy una de las pocas personas a quien se le han descubierto“, opina Hollis.

Experimento

BBC
La población negra es poco proclive a participar en estudios por escándalos como el de Tuskegee, una investigación sobre la sífilis en pacientes negros que los tuvo sin tratamiento durante décadas aunque existía el remedio.

Prejuicios raciales en las investigaciones

Sin embargo, este tipo de descubrimientos no suceden algunas veces debido a un sesgo racial en las investigaciones científicas: la mayor parte se realizan con pacientes blancos.

La participación de los individuos negros en los estudios suele ser mucho menor que su representación en la sociedad.

“Hay una larga historia de explotación (de pacientes negros) que hace que la comunidad afroamericana desconfíe a la hora de participar en las investigaciones”, revela Jeff Kahn, profesor del Instituto de Bioética de la Universidad John Hopkins.

“Es comprensible que exista esa desconfianza”, reconoce.

Uno de los experimentos más conocidos en el que participaron afroamericanos es el estudio de la sífilis de Tuskegee: durante más de 40 años, científicos financiados por el gobierno estadounidense estudiaron a hombres negros que tenían sífilis en Alabama sin proporcionarles medicamentos para la enfermedad.

“A lo largo de los años, durante la elaboración del estudio, los antibióticos se volvieron un remedio ampliamente disponible y no se les ofrecieron a estas personas”, relata.

“Los investigadores mintieron sobre lo que se les hacía y se les negó el tratamiento en nombre de la investigación”, sentencia Kahn.

“Cuando el estudio de Tuskegee salió a la luz, se establecieron normas y regulaciones para la investigación con seres humanos, que están en vigor desde los años 70”.

Esta historia es una de las razones por las que un segmento de la población, el cual se ha visto muy afectado por la pandemia, suele ser reacio a participar en los estudios o a vacunarse.

Poblacion negra

Getty Images
La población negra está siendo muy afectada por el coronavirus y hay que asegurarse de que reciban “los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, consideran los expertos.

“Queremos asegurarnos de que las comunidades más afectadas reciban los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, afirma Kahn.

“Y para ello, esas poblaciones también deben formar parte de los estudios”.

“Debemos honrar a esas personas, a las víctimas del estudio de Tuskegee, iniciando un proceso para asegurarnos de que eso no vuelva a ocurrir. Y también para salvar vidas, especialmente en la comunidad afroamericana, que se ha visto muy afectada por la pandemia”, sostiene Hollis.

“Protegernos los unos a los otros es un deber para con nosotros mismos y para con las personas que amamos”, zanja el escritor.


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